24 Horas
La ducha de cristal reveló más de lo que Elena pretendía esconder. Ahora, bajo el sol de Granada, dos hombres la persiguen con la misma mirada: uno que la guía hacia el pecado oculto y otro que la espera en la oscuridad. Un día para perder el control y otro para recuperar la mentira.
Era una tarde inusualmente cálida para el mes de Abril.
Habíamos hecho un largo recorrido en coche desde nuestra ciudad de residencia en el Norte de España, para llegar al pueblecito de Granada, cercano a la capital, donde además estaba la casa que mi novio y yo hablamos alquilado para esos días de merecido descanso.
Eran en realidad dos casas enfrentadas, idénticas y simétricas, separadas por un huerto precioso de unos 50 metros, una la nuestra y la otra en la que vivían los propios dueños, una pareja madurita muy agradable y su hijo en edad universitaria, que se encontraba esos días de vacaciones. Estaban situadas en la parte más alta del pueblo, dominando las vistas a la sierra, en un enclave aéreo y espectacular.
Nos aposentamos en apenas unos minutos, tampoco teníamos un equipaje gigante, porque realmente veníamos para disfrutar tan solo 3 días y especialmente de sus noches. Mario y yo llevábamos 4 años de relación estable, pero todavía vivíamos cada uno en casa de nuestros respectivos Padres, de manera que la oportunidad de estar solos y dormir juntos era un sueño. No obstante, la cosa pintó mal desde el principio, porque mi novio descubrió que se había dejado los preservativos en casa y sabía a ciencia cierta que sin ellos no habría fiesta… por aquel entonces yo estaba muy formal con el asunto, no solo porque era muy joven y quería evitar a todas costa un embarazo, sino porque pese a estar en una relación sería, de vez en cuando había tenido algún desliz y no era tan ingenua para no sospechar que Mario también habría tenido los suyos, de manera que protegerse era la mejor forma de evitar meter algo no deseado en la pareja. A esas horas, en ese pueblo tan pequeño, era imposible conseguirlos y no nos quedaba otra opción que comprarlos en una farmacia de la capital, durante la visita que teníamos planeado al día siguiente.
En fin, me propuse darme un baño… me vendría bien para refrescarme del camino, pero también para quitarme el calentón y el disgusto. El baño estaba situado en la planta alta de la casa y era una estancia espectacular, de planta rectangular, con una ducha gigante en un extremo y en el otro una cristalera enorme, que te permitía tener unas vistas privilegiadas de la sierra y del huerto, mientras te estabas duchando. El agua resbalaba por mi cuerpo de manera sedosa y despertaba mis sentidos y de manera instintiva me empecé a acariciar el sexo, aprovechando la suavidad que aportaba la espuma y el calor que brindaba el torrente de agua que se deslizaba como una cascada cálida sobre mi cabeza y parecía confluir en mis labios, formando un meandro de placer. De repente, al abrir un instante los ojos, a través de la cristalera y en el huerto, le vi… era el hijo de los dueños, que se entretenía podando unas viñas destartaladas. Me sobresalté y detuve mi ritual; no parecía que me hubiera visto, aunque si alzase la mirada sí podría hacerlo, porque la cristalera era de todo menos discreta. Me entretuve contemplándolo, la verdad es que era un portento, moreno, musculado, de altura media y cara de púber que no cuadraba con su cuerpo de hombre. Decidí acabar de ducharme y no dar un espectáculo, de manera que me jaboné por ultima vez mi larga cabellera y al acabar de aclararme y volver a abrir los ojos allí seguía el, pero esta vez era evidente que los suyos estaban clavados en mí. Intenté disimular y continue dejando que el agua recorriera mi cuerpo, como en una danza, dando vueltas sobre mi misma de manera rítmica, adivinando que me exponía, corroborándolo a tientas por el rabillo del ojo….. y sin meditarlo, ni sopesar consecuencias, me empecé de nuevo a tocar, exagerando teatralmente mis reacciones, pero totalmente entregada a esa circunstancia en la que me sentía observada y deseada. Aunque seguía mirando de forma furtiva para no delatarme, podía comprobar que era evidente que el también se estaba tocando, de manera que ambos nos abandonábamos a un encuentro voyeur, el mío disimulado, el suyo furtivo, ambos unidos por un hilo fino en el que nuestras manos eran sus nexos… y de repente mi novio tocó a la puerta del baño y todo el momento se derrumbó, como se deshace un sueño del que te despiertan de manera abrupta.
Elena, ¿estás ahí? - preguntó Mario
Si claro amor, estoy duchándome… ahora mismo acabo - respondí y salté de la ducha para evitar ser atrapada en esa circunstancia morbosa y culpable. Salí al instante, apenas tapada por una toalla.
¿Estás bien? - preguntó mi novio - pareces acalorada.
Sí, gracias…. No te preocupes, el agua estaba muy caliente y le di un beso y corrí hacía la habitación dispuesta a que no se percatara de mi calentura.
Aquella fue una noche larga, cálida y de sueños tumultuosos y húmedos.
Despertamos pronto y nos entretuvimos poco, porque teníamos contratada una visita guiada de la Alhambra, temprano, esa misma mañana. Un autobús de cercanías nos dejó cerca de la Gran Vía y de allí caminamos hacía la Plaza nueva. En el camino encontramos una Farmacia.
Mira Elena, una Farmacia - me dijo Mario guiñándome un ojo - habrá que aprovisionarse.
Sí, pero está cerrada cariño, a la vuelta volvemos pasar.
Nos dirigimos andando hasta la puerta de acceso de la Alhambra, la cuesta me pasaba factura en las piernas y sentía cada paso en el latido del corazón, pero todavía se podía disfrutar del fresco de la hora temprana. Allí nos dirigimos a un meeting point donde nos esperaba el guía. No era una visita particular, aunque el grupo no era muy numeroso, apenas de una docena de personas, la mayor parte de ellas jubiladas. Lo que al instante llamó mi atención fue nuestro guía: era un hombre algo mayor que yo, como de unos 30 años, más alto que Mario, pero por muy poco, un cuerpo espigado y elegante, con unos ademanes muy masculinos, pelo corto, casi estilo militar y barba cuidada y una cara y tono de piel con cierto cariz árabe, aunque con unos ojos azul cerúleo como el cielo. Tenía un encanto arrebatador, casi embriagador… no podía comprender que me pasaba… ayer flirteando con un jovencito y ahora embobada con ese hombre… ¡tenía que ser algo hormonal o la falta de sexo o ambos, pero no me reconocía a mí misma. No podía dejar de mirarle y era evidente que él se sentía observado y cuando se cruzaban nuestras miradas el la mantenía, retándome y a mi me parecía que me podría ahogar en el mar de sus ojos.
La visita transcurrió de manera agradable, el tiempo acompañaba y había un olor especial en el aire, como de jazmín a punto de marchitarse. Llevábamos unos auriculares para escuchar las explicaciones del guía, que las transmitía a través de un micrófono y el hablaba con un tono bajo, inaudible para el resto del público y perfecto para la gente de nuestro grupo…. pero a mi me parecía que hablaba solo para mi y su voz era profunda, modulada y sensual. Llegamos al patio de los Comares y nos explico que el pabellón de la izquierda, con las ventanas cargadas de celosias, era el destinado al harén del Sultán… cuando lo dijo me miró de forma directa a los ojos y sostuvo la mirada de forma altiva y erótica y yo me ahogaba en el azul de sus ojos y aparté mi mirada para no descubrirme, de la misma manera que lo hacían mis mejillas ruborizadas.
¿Te encuentras bien? - preguntó Mario - pareces acalorada.
Si.. gracias, amor… un poco cansada.
Y entonces continuó contando el amor prohibido entre una de las mujeres del Sultán y un caballero Abencerraje, perteneciente a una familia noble y las represalias horribles a las que condujo y yo seguía clavada en sus ojos y borracha de su voz grave, mientras describía las aventuras amorosas que habían poblado esos pasillos hacía más de 1000 años. Y por algún hechizo de su persona y de ese lugar increíble que estábamos visitando, no podía evitar pensar que yo era esa princesa adúltera y él ese caballero.
Finalmente salimos al patio exterior, correspondiente con la entrada al propio complejo histórico.
Bien, tenemos 30 minutos de descanso - nos informó el guía - podéis aprovechar para tomar un café, hay baños en ese extremo o en las propias tiendas de recuerdos, en el caso de que os interesa echar un vistazo a alguna. Nos volveremos a ver aquí todos a las 12:00 en punto - y de nuevo me volvió a mirar de forma sería, como si me quisiera decir algo.
Buah… - exclamó Mario - yo voy a ir al baño, que no aguanto más y después saldré fuera a fumarme un cigarro.
Aprovecharé para echar un vistazo a la tiendas - contesté.
Perfecto, marcho y te busco luego - y me dio un beso y se fue.
Giré en redondo y le vi. El guía me miraba de manera intensa, a una distancia de unos 50 metros, en una de las esquinas del palacio de Carlos Y; al instante me hizo una seña con la cabeza, como invitándome a seguirle. Miré hacía atrás… ¿estaría dirigiéndose a otra persona?… pero no, era imposible. Volvió a repetir el gesto y se dio la vuelta y comenzó a andar a lo largo del extremo izquierdo del palacio. Instintivamente le seguí, mirando a mis espaldas, como el que intuye que está haciendo algo que no debe. Cuando llegué a la esquina en la que estaba, vi cómo se encontraba ya en la esquina del otro extremo y se metía en una puerta vigilada por un guarda. Dudé un momento, avancé hacia la esquina y giré en redondo, pero me detuve al instante… volví a avanzar, cuando me acercaba vi un letrero sobre la puerta que indicaba “acceso restringido”.
Señorita… puede pasar… - me indicó de manera natural el vigilante. No entendí nada, pero lo hice. Ya dentro del palacio, dentro de una pasillo privado estrecho puede verle de nuevo al final de una largo corredor y me dirigía allí y al hacerlo llegué a una estancia que no contaba con mas salidas, era una habitación grande, con paredes sobrias de mampostería. En un extremo sin embargo había una especie de puerta, perfectamente disimulada, salvo por el hecho de que estaba solo muy ligeramente abierta en un extremo. La empuje con cierto miedo, pesaba como si estuviera moviendo un tramo de pared. El interior estaba oscuro y era angosto, con unas escaleras que descendían, en total penumbra y de una altura también escasa. Comencé a descender las escaleras. Las manos apoyadas en las paredes, que estaban congeladas, como la piel de un muerto y con miedo a resbalar y caerme; al fondo se adivinaba una luz y ruidos de voces.
De repente, como si hubiera atravesado un agujero de gusano, accedí a una habitación grande, iluminada de manera artificial, sin ventanas, con aspecto de cueva, en la que había media docena de personas, supuestamente vigilantes o guías y sentados en mesas, aparentemente descansando, charlando y tomando café de manera despreocupada.
Sigue por aquella puerta cariño… no tiene pérdida - me dijo de repente una mujer, de manera desapasionada, de hecho el resto no me prestaron ni siquiera atención.
Era una puerta en el otro extremo, atravesé casi de un salto la habitación dándome la sensación de estar donde no debía. De nuevo unas escaleras, todavía más angostas y oscuras, estas ascendentes. Avanzaba prácticamente agachada a tientas y los latidos de mi corazón retumbaban en mis oídos, mi cabeza luchando entre una voz que le pedía seguir y otras que le preguntaba ¿qué haces?. Y después de un tramo empinado y agónico de nuevo la luz al fondo y al salir una nueva habitación, luminosa, con unos bellos artesonados árabes en las paredes, blanca radiante y en el centro, justo delante de una ventana sin cristal enmarcada por unos arcos bellísimos estaba él, de espalda, mirando hacía la ventana sobre la que se adivinaba el Albaicín, su ropa tirada en el suelo, descalzo y vestido únicamente como con una especie de chilaba de seda, finísima, blanca como la nieve y translúcida como un velo, a través de la cual se adivinaba su cuerpo, su espalda musculada, sus glúteos y sus piernas como dos columnas de mármol….. me quedé paralizada… mi corazón saltaba en el pecho, la boca seca, con miedo pero con ansia, con una mezcla extraña de sentimientos y a la vez muy húmeda, respirando de forma audible y entrecortada.
Y sin pensarlo, sin meditarlo, sin sopesar las consecuencias, casi de forma autómata me desnudé, quitándome las deportivas, la falda, la chaqueta, la camiseta de tirantes y el sujetador, deslizándolos al suelo y dejándome solo cubierta y protegida por mis mínimas lisas bragas blancas…. Me acerqué a él, sintiendo el frio suelo en los pies y el aire en el resto del cuerpo, contrastando con mi sexo húmedo y caliente. Y sin dudarlo me pegué a su espalda, abrazándole a la altura de su abdomen torneado y velludo, sintiendo al momento el calor proveniente del infierno de su cuerpo. Ni se inmutó, parecía ajeno y distante. Mis manos descendieron hacia su pene, todavía flácido y lo agarré, tímidamente, casi con respeto, sopesando su peso y como si fuera el pomo de la puerta del paraíso y al instante noté su reacción, en su respiración y en su cuerpo y de repente se tensó y su miembro comenzó a crecer de manera ostensible, mientras seguía atrapado en la jaula de mi mano.
Entonces se volvió y de nuevo me miró con esos ojos hipnotizadores que me hechizaban… se quitó la chilaba y la colocó de manera delicada sobre un altar de piedra, una especie de banco alto, pero de aspecto litúrgico, que apenas estaba separado un metro de la ventana. Como si fuera una muñeca de trapo me tumbó sobe el altar de mármol las piernas flexionadas, los pies apoyados y mi sexo húmedo e hinchado cercano al borde y en todo momento era consciente de que lo iba a pasar a continuación y fui incapaz de resistirme o de negociar condiciones. Retiró de manera brusca hacía un lado mis bragas y apoyó su glande en mis labios, generando una descarga eléctrica que me erizó el cabello y mirándome a los ojos de nuevo de esa forma atávica, comenzó a empujar y yo lo notaba todo, como su polla avanzaba en mi interior y como me ajustaba a ella, su contorno, su sangre y como mis flujos resbalaban por su tallo, facilitando el acople, hasta que llegó al final, como quien se da de bruces con una pared, pero continuando con la presión, de forma que notaba su pene doblarse y hacerse más ancho dentro de mi, mi cabeza dando vueltas y mi boca dando una bocanada larga, intentando robar con urgencia oxígeno a la atmósfera. Comenzó a bombear y yo era la mujer más feliz del mundo cuando entraba y me sentía desvalida y abandonada cuando salía, como si se fuera a escapar… su ritmo era profundo y sereno, como su voz pero sus ojos, clavados de manera alternativa en mis ojos, mi cuerpo y nuestros sexos acoplados seguían siendo salvajes… amenazadores…. Tras unos minutos deliciosos, sin mediar aviso paró. De un golpe me arrancó, más que quitarme las bragas y me las metió en la boca… al instante me dio la vuelta, mi tórax y mis pechos apoyados en el altar de piedra y os pies en el frío suelo, mientras con una mano me empujaba y aprisionaba contra la piedra y con la otra llevaba su capullo hacía mi culo… dí un respingo, consciente de lo que pasaría….. aunque yo tenía poca experiencia por esa vía, fuera como fuera me moría por volver a tenerlo dentro de mi. Sin dilación empezó de nuevo a empujar su polla por el culo…. muy fuerte, pero con control. De mi boca brotaban sonidos guturales, ahogados por la mordaza que suponían mis bragas en mi boca.… era violento y excitante, sentirme usada por un cabrón como aquel, que lamía mi cara de forma salvaje, sin dejar de encularme. Al instante, aceleró el movimiento de su cadera, mi esfínter plenamente rendido al paso de su polla, de manera que con cada percusión mi sexo se rozaba contra la chilaba de seda que me separaba de la fría roca, produciéndome un extraño placer.
De repente salió de mi culo…. Y en menos de una fracción de segundo me volvió a dar la vuelta, manejando mi cuerpo como si para el la ley de la gravedad no contara, me libró la boca de la presa de mis bragas y me sentó justo al borde del altar, elevando mis piernas a la altura de sus caderas y de un movimiento hábil volvió a entrar en mi coño y justo en ese mismo momento, en el preciso instante en que su polla de nuevo avanzaba en el interior de mi vagina, como quien aprieta un interruptor, sentí mi sexo vibrar y licuarse, mi boca llenarse de saliva y mis sentidos erizarse, sintiendo todo como de forma animal, el fresco del aire, la dureza de la piedra y de su pene que parecían interconectados, ese olor dulzón e incluso una mezcla de sonidos indistinguibles, pero bellos y me corrí como nunca, al borde de la conciencia, como cayendo a un pozo del placer, mientas apretaba su cuerpo con mis piernas entrelazadas y el comenzaba una embestida de ritmo frenético. Y todavía aturdida pude notar que él estaba a punto. Y sabía lo que venía después y aunque tuve un instante de terror por estar sin condón, mi cuerpo me rogaba que dejara que pasara. Y al instante se tensó, como una vara de avellana formado un arco y ya era el punto de no retorno y además sus manos prácticamente estaban clavadas en mis caderas y su pene jugando con mi sexo en una cadencia de ritmo menor y de profundidad mayor… y seguidamente una marea cálida, espesa, que la playa de mi cuerpo nunca había alojado y que me hizo sentir completa.
Permanecimos unos segundos abrazados, de forma cálida y agradable, manteniendo la postura. Entonces se separó y de nuevo me miró y por primera vez me beso y su lengua luchaba con la mía y nuestra saliva se mezclaba y entonces, como quien suelta una ventosa, su pene flácido salió de mi vagina y podia notar claramente como su simiente huía de mi, cayendo hacía al suelo, santificando aquella habitación en honor de Venus….. y era tan agradable sentir su saliva en mi boca y su semen en mi cuerpo, que me hubiera quedado allí varada contemplando pasar los siglos.
Vete… tienes que marchar…. Es casi la hora… solo tienes que volver por el camino por el que has venido - y me di cuenta que fueron la primeras y únicas palabras que directamente me había dicho y se separó a un lado. Fue como si me despertaran de un sueño precioso para tener que ir al colegio. En un minuto me coloqué la falda y la camiseta, los zapatos y la chaqueta. Las bragas no eran aprovechables y regresé por aquellos angostos pasillos, sin salir por completo del trance y con una mezcla de horror, copla y éxtasis.
Al llegar al exterior miré hacía la explanada…. Allí estaba Mario, se notaba que me estaba buscando. Me deslicé un poco hacía un camino a cubierto detrás de unos setos, no quería que me viera salir de esa zona que no correspondía con la visita y avancé por él, hasta llegar a un punto más alto, a la altura de la tiendas de regalos. Entré en una de ellas sin que me viera y me dirigí al baño. Tenía que recomponerme un poco, no reconocía la imagen que el espejo me devolvía, con el pelo alborotado y la mejillas rojas…. Me lavé y me peine… también tuve que limpiarme el sexo, húmedo de lo mio y el vello, los labios y los muslos pegajosos de lo suyo.
¿Cómo he podido dejar que se corriera dentro?…. pensaba martirizándome.
Salí al encuentro de Mario.
Madre mía, ¿donde te habías metido? - se le notaba preocupado
Sin más me he liado en las tiendas - contesté sin poder mirarle a los ojos
¿Estás bien? - me dijo - nos estamos perdiendo la segunda parte de la visita, ya ha venido el guía y ha comenzado el tour.
Uffff….. estoy cansada Mario, ¿y si lo dejamos?.
No fastidies…. Bufff… Bueno en fin, como quieras.
Bajamos andando hacía la Plaza Nueva por un camino precioso, los dos de la mano, prácticamente en silencio. Mi cabeza no paraba de dar vueltas y estaba preocupada. En apenas un cuarto de hora habíamos llegado abajo.
Mira Elena, la Farmacia - me dijo Mario haciendo un guiño - espera que voy a por condones.
No, espera voy yo - dije con urgencia, cuando me vino como un flash una solución
Y eso…. ¿Si tú nunca quieres comprar los condones? Si siempre dices que te da mucho palo…
Ya, pero necesito comprar otra cosa - le dije - cosas de chicas.
Entre en la farmacia, gracias al cielo no había nadie. Cogí una caja de condones de una balda y me acerqué al mostrador. Detrás un hombre adulto, para más delito bastante atractivo.
Te cobro los preservativos- dijo el farmacéutico
Eh.. no, perdón si - contesté
Pero… ¿necesitas algo más?.
Si la verdad es que sí.
Bien dime…
Bueno, he tenido relaciones sexuales… y en fin… se han corrid… vaya que han eyaculado dentro y me estaba preguntando si podría comprar sin receta la píldora del día después.
Sí, unas de las prescripciones sí es libre sin receta - contestó el de manera profesional - ¿cuándo has tenido exactamente las relaciones?.
Bueno… pues… no creo que haya pasado una hora - probablemente fueron cosas mías, pero pude sentir como el farmacéutico me miraba de manera morbosa durante una fracción de segundo.
Bien, pues te daré esta y tecleó algo en el ordenador, tienes que tener en cuenta tomarla dentro de las primeras 24 horas desde la relación y yo te aconsejo que lo hagas esta noche, porque en las primeras 8 horas puede generar algún síntoma leve, pero incómodo.
Fantástico - dije
El resto del día transcurrió de forma sencilla. Comimos en un restaurante árabe de la Calle Elvira y después paseamos por el centro. Aproveché para entrar en un Zara y me compré unas bragas que me coloqué en el baño de una cafeteria…. Parecía que estaba más tranquila, pero todavía tenía muy vívido lo ocurrido, especialmente en mi culo, un poco molesto.
Volvimos al pueblecito… la media hora en el autobús de linea la pasé dormida, arrullada por el traqueteo del motor y el calor del sol que atravesaba la ventana.
Y por fin en la casa….
Igual habría que estrenar esa caja de condones, ¿no? - dijo Mario mientras metía la mano en la bolsa de la farmacia…. Pero sacando sin querer y antes de que pudiera remediarlo, la caja de la píldora del días después…. Su cara expresaba su incertidumbre - Y ¿esto?…
Ya… pues…. Verás - no sabía qué contestar, estaba en shock. De repente la mirada de Mario se iluminó
No me jodas que por fin me vas a dejar que me corra dentro - dijo exultante…
Si eso es.. amor - mentí - era una sorpresa - sonreía de manera artificial
Joderrr… gracias…. - me dijo abrazándome - ¿puede ser ya?
Mejor me doy una ducha y después, ¿no? - contesté a sabiendas de cómo tendría lo de abajo
Nooooooo - respondió y me agarró de la mano empujándome escaleras arriba.
En 2 minutos estaba acostada en la cama, con mi novio entre las piernas, con una excitación propia de un búfalo que auguraba que la cosa sería corta… aparentemente no se había dado cuenta de nada y había tomado posesión de su castillo sin saber que otro príncipe había regado anteriormente el jardín de su princesa….. y efectivamente en cuestión de unos minutos se derramó dentro de mi…. De nuevo esa sensación que experimentaba por segunda vez, pero esta vez más delicada, aunque no pude disfrutarla del agobio de pensar que por algún motivo, él se diera cuenta…. Y nos quedamos dormidos abrazados, de manera suave y dulce…
Desperté sobresaltada…. Mi novio seguía profundamente dormido… miré el reloj, había anochecido, pero eran solo las 10 de la noche. Decidí levantarme, sobre todo darme una ducha porque me daba la sensación de estar pringosa y cenar algo para reponer fuerzas. No quería despertar a Marío, así que me vestí solo con su camiseta, que me quedaba como un vestido mini y unas chanclas y salí a hurtadillas de la habitación.
Pensé en primero echarme un cigarro antes de la ducha… fumaba muy poco, pero este lo tenía merecido. Salí por la puerta de atrás de la casa, en la parte contraria al huerto y a la casa de los dueños, que daba a una terraza pequeña, acotada con un pequeño muro de ladrillo francés. Las vistas de este lado, también eran aéreas y espectaculares…. El cigarro me mareaba, pero también me reconfortaba……. Todavía notaba claramente las heridas del día de hoy y especialmente mi sexo parecía esponjoso y extraño y era una gozada sentir la brisa que se colaba por debajo de la camiseta y acababa formando remolinos en los labios. Entonces sentí que me agarraban por las caderas y me sobresalté y se me cayó el cigarro de los dedos.
¿Qué vaquero?…. ganas del segundo round - le dije sin darme la vuelta y meneando en círculos como una gata en celo mi culo para restregarlo en su paquete. Entonces levantó la camiseta hacia mis caderas, mientras yo le ofrecía mi grupa.
Buahhhhh….. ¡si no llevas bragas! - y esas palabras rebotaron en mi cabeza como si no fueran reales…… joderrr no era Mario. Me di la vuelta asustada e instintivamente, con todas mis fuerzas empujé al extraño, que no se lo esperaba y retrocedió unos metros, para quedar justo debajo de la única tenia luz que alumbraba la terraza.
Peo tu….. - dije anotada - pero si eres el hijo de los dueños ¿no?.
Si, claro - respondió - pensaba que podíamos acabar lo de ayer
¿Pero tú estás loco?¿acabar qué?…. si te pilla mi novio te parte por la mitad - el pobre tenía una cara que era un poema… apenas tendría 20 años recién cumplidos… de cerca era más bajo de lo que me había parecido, pero también más guapo.
Hostias… lo siento… de verdad… ha sido un malentendido.. no se lo digas a mis Padres por favor - daba mucha lástima, con los ojos casi llorosos… sin embargo su paquete no estaba al tanto, se notaba que estaba a tope y a su aire.
Bueno tranquilo, que no ha pasado nada - le dije intentando no hacer leña del árbol caído.
Es que desde que te ví ayer en la ducha…. No he podido dejar de pensar en ti… estás buenísima… yo pensaba que tu sabías que te estaba mirando… lo siento mucho - hasta temblaba un poco.
Que sí, tranquilo…. Que en realidad fue culpa mía… porque un poco de tonteo ya hubo - le dije intentando poner paz - de todas formas el soldadito lo tienes preparado para la guerra ¿no? - le dije divertida, señalando su paquete
Ufff… sí perdón - dijo e intentó a la vez como tapar el bulto con las manos.
No te habrás estado pajeando hoy a mi cuenta… ¿no? - le dije empezando a divertirme y excitarme la situación…
No….. - dijo
NO me mientas - le grité
Bueno si…. Un par de veces… - confesó sin mirarme a los ojos.
Pero buenoooo - le dije como si le regañara, pero con una curiosidad insana y una excitación creciente por momentos y de nuevo en un mismo día sabía que debía dejarme llevar y que además ya no tenía importancia - vamos aver que tienes ahí… - y me adelanté a hasta él y tirando del elástico de su bermuda y calzoncillo liberé a su polla….. o a la bestia…. Me quedé perpleja sin poder articular palabras, mirando esa polla que parecía irreal, prácticamente del grosor de un vaso de tubo y que le llegaba al tío hasta el ombligo…..
Madre mía - dije… a la que le temblaba la voz entonces era a mí - ¿pero todo esto es tuyo?… - no me lo podía creer, como demonios podía haberme metido otra vez en una situación así….. Aquella polla tenía gravedad propia y no pude remediar adelantar la mano derecha y agarrarla y al hacerlo sentir un trallazo.
Bufff… mira hagamos una cosa, te voy a dejar dar un viaje, pero como te vayas de la lengua o me des la chapa el resto de días que me quedan aquí te echo a los perros - le amenazaba con el dedo índice de la mano izquierda sobre su nariz, mientras que con la derecha seguía agarrada a aquel bate.
Ven aquí anda… - le ordené y me quité la camiseta y baje sus bermudas y calzoncillos, volviéndome a poner como estaba al principio de espaldas cara al muro bajo, con la mano izquierda apoyada en su borde y con la derecha intentando maniobrar con su polla hacía mi sexo.
Agáchate… porque si no no va a haber forma de aparcar este trailer - le sugerí y al hacerlo por fin teníamos ángulo y de nuevo, en un mismo día, tenía una polla llamando a la puerta y solo liberando mi peso, fui descendiendo durante muchos segundos infinitos por aquel poste, esperando a que mi lubricación me fuera echando una mano y hasta que me di cuenta de que más allá me rompería…. Y como si hubieran dado un pistoletazo de salida, el chaval empezó a empujar de manera frenética, simulando un terremoto, agarrado con ambas manos a mi culo, haciéndome botar de manera bestial y mis tetas saltando de forma sincopada.
No, no, no….. - le dije mientras me giré un poco para mirarle a los ojos y acariciarle la cara - schhhhh…. Tranquilo…. Déjame a mi amor, no hagas nada, que manejar esto requiere experiencia…. tranquilo - y dicho esto empecé a moverme suavemente, con un vaivén ligero, circular, de fantasía… increíble la manera en la que me llenaba, la confirmación de que el tamaño importa por la vía del método experimental, literalmente como follar con un caballo…. Y como un caballo el tío se le notaba a punto de desbocarse…. Y paré…..
Espera cariño….. tranquilo….- volví a girarme hacía el y le dije cariñosamente, besándole en los labios - respira… se que te gusta y que estás a punto, pero te voy a pedir un favor… schhhhh…. Aguanta un par de minutos… piensa en otra cosa….o mira para otro lado….. pero dame dos minutos porque algo así solo se prueba una vez en la vida…. Y te aseguro que si me corro te vas a sentir un macho alfa.
Va.. vale - dijo temblando
Y de nuevo me concentré en lo mio, era una sensación grandiosa y plena y para ganar estímulo con mi mano derecha acariciaba mi clitoris para avanzar más deprisa e intentaba mantener un ritmo calmado acorde al apaciguamiento de las ansías del vecino, pero conforme empezaban a sonar los tambores en mi cabeza, signo de que venía una ola, yo también estaba desbocada y empecé a botar sobe ella, al límite del dolor, en la frontera de la elasticidad y la plasticidad y estaba claro que el se vendría en segundos, como la cuenta de atrás de un cohete, pero yo seguía luchando por llegar a la meta y estaba tan cerca, lo notaba tensarse detrás de mi, empujando también, cuando se lo había prohibido por completo y esta vez fue fácil interpretarlo, no en vano era mi tercera vez en un día y noté como se hinchaba y empezaba a vibrar y al hacerlo, como si mi sexo y mi cuerpo hubiera entrado en resonancia un orgasmo gigante, diferente, explosivo y ondulante recorrió todo mi cuerpo, corto e intenso como un portazo, mientras de aquella polla no dejaba de manar leche como de una fuente silente…. Salí al instante, liberando mi sexo y aquella polla seguía dando espasmos, botando y soltando todavía algún trallazo, como con vida propia… en los ultimo estertores….
Me abracé a él, no por pasión, por el simple hecho de mantenerme en pie y entre los dos descansaba su pene, con una presencia todavía imponente y pensé que podía hacer de aquel día el mejor día de su vida, de manera que me arrodille y agarré su polla con la mano y empecé a lamerla, limpiando sus restos y los míos, lanzando miradas furtivas hacía arriba, para comprobar sus reacciones y cuando acabé el trabajo me incorporé muy digna.
Tenemos un trato - le dije
Lo tenemos - me dijo mucho más calmado - aunque ahora que has empezado podrías seguir un poco y acabar de comerme la polla ¿no?
¡Anda no te flipes!, mantén tu palabra - y sin más me puse la camiseta y corrí hacía la casa, escaleras arriba… directa hasta la ducha, dejando un reguero de lo suyo a lo largo del camino.
Al salir de la ducha estaba derrotada…. ¿Qué coño me pasaba?¿a qué venía esa locura de día? Pensaba mientras me secaba el cabello con una toalla y miraba la imagen desnuda que me devolvía el espejo… la verdad es que estoy muy buena… y en la esquina al lado del neceser estaba la bolsa de la farmacia con la píldora. La saque del envoltorio y me preparé un vaso de agua… la miré antes de tragarla como quien mira al héroe que va a la batalla.
Ánimo - dije en voz alta y tragar aquella píldora fue como haber tomado la pastilla azul de la mano de Morfeo.
Y el resto de nuestros días allí fueron felices para los tres: mi novio, los condones y yo.
PD: Dedicado a Hansverbille
Relatos similares
- Hetero: General
La doctora
La consulta era un pretexto frío, pero los dedos de la doctora ardían al tocarlo. Él creía ir por hongos; ella lo esperaba con la cama preparada y…
Comparte:Relacion medico pacienteRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada
- Hetero: Infidelidad
Con mi jefe
Nunca imaginé que mi rutina de secretaria de 48 años terminaría arrodillada frente a la mesa de mi jefe, mientras la chica de la limpieza barría a mi…
Comparte:Voyeurismo ocultoRelacion profesor alumnaRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
La vecina mas linda que jamas tuve
Llevaba años mirándola pasar, imaginando lo que sería esa niña convertida en mujer. Pero cuando sus piernas se expusieron al aire del auto y sus…
Comparte:Relacion profesor alumnaRelacion medico pacienteRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
El cliente de Francisco
Elsa acepta el encargo más lucrativo de su carrera: pasar dos días a disposición de un poderoso ejecutivo y su socio.
Comparte:Relacion profesor alumnaRelacion jefe subordinadaRelacion medico paciente
- Hetero: General
Crucero de lujo (2)
La suite del crucero es un mundo aparte, pero los espejos del baño no mienten. Ella sabe que la observa, y él sabe que ella lo sabe.
Comparte:Voyeurismo ocultoRelacion profesor alumnaRelacion medico paciente
- Grandes Relatos
Caballo loco (3)
El patrón de la estancia no busca un domador, sino un placer prohibido. Cuando las puertas del despacho se cierran, la jerarquía laboral se desvanece…
Comparte:Relacion profesor alumnaRelacion medico pacienteRelacion jefe subordinada