La señora del autobús.
El autobús de las afueras es el escenario de un encuentro que no debería ocurrir. Ella tiene su edad, su familia y un marido; él tiene la juventud y la inexperiencia que ella extraña. Cuando la rutina del trayecto diario se rompe con un beso, la línea entre lo correcto y lo prohibido se desdibuja, invitando a una pasión que la familia entera parece esperar.
Acababa de mudarme a un nueva ciudad, a un nuevo puesto dentro de la compañía, con solo 24 años se podía decir que era un trotamundos, pues había estado muchos lugares, siempre me decía que iba a ser el ultimo y definitivo. También era cierto que había conocido a muchas personas, sobretodo mujeres, que formaban parte de mi pasado, algunas de mi presente y todas de mi futuro.
Aquel nuevo destino no iba a ser diferente. O tal vez si, para empezar era la primera vez que viviría en las afueras de la ciudad, pues no había encontrado ninguna estancia cerca del trabajo acorde con mi economía, era una urbanización en las afueras de la ciudad. Por lo pronto la utilización del coche era casi prohibitiva, no solo por el consumo sino por el aparcamiento cerca del trabajo. Un compañero me dijo que desde la urbanización había un autobús que dejaba cerca del trabajo. Aquel mismo día a la hora de comer me pase por la parada y mire los horarios, eran bastante compatibles. Así que decidí probar, comenzando el lunes siguiente.
El lunes a las ocho de la mañana estaba en la parada del autobús, cuando llegue había 3 personas, un hombre y dos mujeres, el hombre y una de las mujeres estaban juntos y por su edad avanzada podría decir que eran matrimonio, la otra mujer que hablaba con el matrimonio, debería tener unos 40 años, era bastante guapa y una buena figura por lo que podía intuir, llevaba puesto un abrigo largo, salude al llegar, todos me respondieron con unos “buenos días”.
Poco después llego un muchacho con un maletón de deporte, que también saludo.
- Manu que hicisteis ayer – dijo la mujer de 40 años – mi hijo no me dice nada.
- Poca cosa, vimos un par de películas – dijo el joven.
Deduje que el joven y el hijo de la mujer eran amigos. Entonces llego el bus, deje que subieran los cuatro delante mío. El matrimonio se sentó en medio, justo delante de una puerta de salida, el joven se sentó en el fondo mientras que la mujer se situó detrás del matrimonio. Yo me senté delante. Al mirar hacia tras vi la sonrisa de la mujer de 40 años, yo a mi vez le sonreí, se había quitado el abrigo, efectivamente tenia una figura envídiale, aunque los pechos eran algo voluminosos, destacaban mas al llevar ropa ajustada.
El autobús se puso en marcha, la siguiente parada estaba en otra urbanización, allí subieron bastantes personas, que saludaron a los que estábamos dentro, el saludo fue mas para los que otros que para mi, aunque todos me miraban, pensé en los animales de los zoológicos, yo era el bicho raro.
En las siguientes paradas, continuaron subiendo gente, hasta llenarse, yo cedí mi sitio a un hombre mayor. Cuando entro en la ciudad empezó a dejar gente con cuentagotas, hasta que llegamos a la parada cerca de mi trabajo, donde parecía que la mayoria se bajaba, de los que subieron conmigo al autobús solo estaba la mujer de 40 años que bajo rápidamente, a mi me costo mas salir, comprendí el porque de ponerse cerca de la salida. Al estar fuera la vi alejarse en dirección contraria a la mía. Salí de la oficina antes de las ocho, para coger el autobús de vuelta, sino debía esperar una hora. Cuando llegue había bastante gente esperando, incluida la mujer de 40 años. Subimos al autobús, y mientras el autobús circulo por la ciudad se fue subiendo gente, pero al salir de la ciudad fue todo lo contrario. Al llegar a mi parada solo quedábamos la mujer de 40 años y yo, que fuimos los que bajamos.
- Buenas noches – me atreví a decir a la mujer.
- Buenas noches – contesto ella.
Cuando llegue a casa, me duche y cene, no se porque se me vino a la cabeza la mujer de 40 años.
A la mañana siguiente, volví a la parada del autobús, allí estaban el matrimonio y la mujer de 40, que me sonrío.
- Buenos días – dije.
- Buenos días – contestaron los tres al unísono.
Llego el autobús, mire hacia donde llego el joven el día anterior. Pensé en decirle al conductor que esperase.
- No te preocupes, no vendrá – dijo la mujer de 40.
- ¡Como! – dije algo sorprendido.
- Me refiero a Manu, el joven de ayer – dijo.
- A bueno, pensé...
- Entrena los lunes, miércoles y viernes antes de ir al instituto.
Sonreí.
- Pues si, estaba preocupado por si perdía el autobús. El siguiente pasa dentro de una hora.
- Es cierto. Es bueno que la gente se preocupe de nosotros aunque no nos conozcamos. Me llamo Mari Paz, aunque todos me llaman Paz.
- Yo José Antonio, y todos me llaman José Antonio.
Sonrió ante mi salida, en lo referente al nombre. Estrechamos las manos, las suyas eran verdaderamente suaves. Subimos al autobús. No sabia donde ponerme, fue Paz la que me indico el asiento a su lado.
- Si te sientas delante después te cuesta mas salir.
Sonreí.
- Hace mucho que coges este autobús.
- Veamos, creo que de siempre, nací en la ciudad y me mude a la urbanización hace 12 años.
- Esta claro.
- No te había visto antes – dijo, poniéndose nerviosa – bueno si te vi ayer, me refería...
- Me mude hace unas semanas, al principio iba en coche, pero era una lata, no por el gasto, es que después no hay sitio donde aparcar.
- Eso nos sucede a todos. Entonces conoces poco de la ciudad.
- Muy poco, porque entre el trabajo y vivir alejado no he tenido tiempo.
Estábamos apunto de llegar a la siguiente parada.
- Te voy a presentar a los García.
Supuse acertadamente, que se refería al matrimonio mayor que estaba delante.
- Miguel – dijo Paz haciendo que el mencionado y su mujer se girasen – este es José Antonio, ellos son los García, Miguel y Paquita.
Nos saludamos dándonos la mano.
- Ellos llevan viviendo en la urbanización desde antes de que fuera urbanización.
- Si, casi todos los terrenos eran de mi familia. Teníamos una granja, cuando murió mi padre, se dividió entre los hermanos, y se construyeron varias casas – dijo Miguel.
Ahora comprendía porque la urbanización se llamaba “La granja”
- Hará unos 20 años, nos compraron los terrenos, para hacer la urbanización.
- ¿La urbanización lleva unos 20 años? – pregunte.
- Cuando se comenzó ha hacer, terminada lleva unos 10 años – dijo Paz.
Como ya comenzaba haber mucha gente, decidimos dejar de hablar, además comenzaba a faltar asientos, yo le cedí el mío a una señora mayor. Que me lo agradeció con un “que dios te lo pague con muchos hijos”, pude ver la cara sonriente de Paz.
Cuando llegamos me despedí de Paz.
- Hasta la noche – dije.
- Hasta la noche – dijo ella sonriendo.
Sabia por lo sucedido el día anterior que la volvería a ver a la vuelta. No pude dejar de pensar en Paz durante mi trabajo, pensamiento con cierta carga sexual.
A la vuelta, en la parada del autobús, nos volvimos a encontrar, y tras un saludo no pusimos ha hablar, como si nos conociéramos de siempre. Paz no solo era cara bonita y tenia un físico espectacular, además era simpática y agradable.
Por lo que hablamos supe que estaba casada, tenia 2 hijos el mayor Javier de 18 años y el menor Daniel. Saque la conclusión que tenia 42 años, no me había equivocado a pronosticar los 40 años.
A la llegada del autobús a la urbanización nos bajamos y nos despedimos hasta el día siguiente. Aquella noche, estando en la cama, al pensar en Paz, y sobretodo en sus pechos, me masturbe.
Los dos siguientes días nos volvimos a ver a la ida y a la vuelta, continuamos hablando tanto de ella como de mi, así como las anécdotas que nos habían sucedido. El jueves a la vuelta nuestra conversación parecía la de dos personas que se conocían de siempre, hasta el punto que ella contó un chiste algo subido de tono, que incluso se llego a ruborizar. Por mi parte me atreví a contarle lo que me sucedió, estando en la universidad esperando el autobús. “Un hombre bien vestido, se acercaba a las mujeres y les preguntaba si querían acostarse con el. La respuesta de las mujeres era un sonoro bofetón. Un compañero se atrevió a decirle: por las noches se acostara calentito. A lo que el hombre le contesto: pues si, pero nunca solo”. A ella, contra todo pronostico, le pareció muy gracioso. Al despedirnos lo hicimos con dos besos en las mejillas, sentí su cuerpo rozarse con el mío, aquello me excitó mucho, tanto que la paja nocturna fue especial.
El viernes, al salir de casa estaba seguro que no la vería pues era una hora antes. Mi sorpresa, y la de ella, fue que nos vimos, al ser tan temprano solo estábamos los dos
- Buenos días – dije.
- Buenos días – dijo ella acercándose.
Nos dimos un par de besos en las mejillas.
- No esperaba encontrarte aquí, es casi una hora antes – dije.
- Ni yo, en mi empresa entramos los viernes antes y con las horas extras que hacemos los otros días podemos salir a las 3.
- Pues tienes un horario es parecido al mío, lo que sucede que muchos viernes me quedo repasando números en la empresa.
- Que casualidad, yo también aunque son los menos, porque con dos niños...
- Lo comprendo...
Ya en el autobús, hicimos el trayecto casi solos, seguimos hablando. No se porque salió a relucir la edad. Cuando le dije que tenia 24 años, ella se sorprendió.
- ¡Tan joven! – dijo – pareces mayor. Comparado conmigo eres muy bebe.
Pensé, un bebe, pero con una gran polla.
- No hay tanta diferencia de edad. ¿Cuantos habrías dicho que tengo?
- No se unos 30 ó 35 - dijo
- Claro – dije – esta barbita engaña mucho. Pensabas que tenia mas o menos tu edad.
- Cuantos dirías que tengo yo.
Sabia, o mejor dicho había intuido los 42.
- Unos 32, como mucho unos 35.
- Gracias, lo cierto es que tengo 42, mejor dicho 41, hasta la semana que viene no cumplo los 42 – dijo sonriendo.
- Lo dicho una chiquilla – dije.
Aunque pensé con dos buenas tetas, se le había desabrochado un botón de la blusa y desde mi posición lateral me permitía ver algo mas que el canalillo de los pechos.
Ya en el ultimo tramo de nuestro viaje, le conté que me quedaba a comer al medio día en un restaurante cercano, “El Pincipe”.
- Buen restaurante pero algo caro.
- Me lo paga la empresa. ¿Y tu?
- Yo lo hago en casa de mi madre, que vive cerca.
Como habíamos llegado bajamos.
- Nos vemos a la vuelta a eso de las 3 - dije.
- No, los viernes si no me quedo viene a buscarme Daniel.
Daniel era su marido.
- Bueno, entonces nos veremos el lunes por la mañana – dije despidiéndome de ella.
- Si hasta el lunes – dijo mientras se alejaba.
Cuando salí de trabajar a las 3 pensé, “Si cojo el autobús llegare a casa muy tarde para comer, así que me fui a comer al “El príncipe”. Al salir del restaurante me encontré con Paz, iba con una mujer mayor.
- Buenas tardes, ¿No te ibas en coche?
- Si pero a Daniel le surgió un imprevisto, y me he quedado a comer en casa de mi madre, perdona es mi madre.
- Señora madre – dije extendiendo la mano.
- Llámame Fina – dijo mirando a Paz – señora madre, ni que tuviera los años de Matusalén.
Le calcule que tendría unos 65 o 66 años
- Perdone que le diga, pero esta mas guapa que Matusalén. Yo soy José Antonio
- Gracias, muchacho eres un adulador. ¿Es un compañero de trabajo?
- José Antonio, no, diríamos que es un compañero de viaje.
- ¡Compañero de viaje! Ni que fuera tu... marido – dijo Fina.
- Perdona mal expresado por mi parte. Vive en la “la Granja”, cogemos el bus a la vez.
- ¿Hoy viernes no coincide el horario? – pregunto Fina.
- Todo lo contrario, pero como su hija se va con su marido. Yo me quedo a comer en este restaurante.
- No esta mal, pero yo cocino mejor – dijo Fina.
- Me lo imagino – dije.
- Sabes, no tienes que imaginarlo, porque no vienes el lunes a comer a casa.
- ¡Mama!
- Si es tu compañero de viaje, es como si fuera de la familia.
- Seguro que el tiene algo que hacer...
- Pues realmente, comer aquí...
- Pues lo dicho el lunes vienes a comer.
Fue como una despedida. Al separarse Paz le recrimino a su madre el invitarme, aunque lo dijo en voz baja, lo escuche.
El lunes por la mañana en la parada del autobús, coincidimos, la verdad es que Paz estaba algo fría conmigo, supuse que seria por la invitación de la madre a mi persona.
- Buenos días, oye dile a tu madre que no puede ser hoy, lo de comer en su casa, pues tengo una reunión.
- Buenos días – dijo alegrando la cara – ¿De verdad?
- No, pero es una excusa perfecta para no ir.
Soltó una carcajada.
- ¿Y eso?
- Te iba a pedir que buscaras una excusa para no comer con nosotras, pero veo que tu te has adelantado.
- Entonces perfecto, creí que te enfadarías.
- Pues ahora soy yo la que quiere que vengas.
- Entonces...
- Sales a las 2, pues quedamos en la parada y vamos a casa de mi madre.
No sabia que pensar, pero me gustaba estar con ella, y eso comenzaba a preocuparme.
No habían pasado 5 minutos de las 2 cuando llegue a la parada, Paz llego unos minutos después.
De camino a casa de su madre me contó que su madre se había jubilado justo un año antes, de la misma empresa que ella. Lo que había dicho tendría unos 66 años.
Realmente estaba cerca la casa, nada mas llegar ya teníamos la mesa puesta con la comida. Al finalizar, tanto madre como hija se empeñaron en que me sentara en el sofa, para tomar un café.
- No me dirás que no tomas café después de comer – dijo Fina.
- Si, pero la comida suele ser mas ligera.
- Pues ponte cómodo, te preparo un café. Mientras Paz termina la cocina.
Me puse cómodo, y me empezó a entrar morriña, posiblemente me habría dormido, pero llego Fina con el café. Y se sentó a mi lado.
- Y Paz – dije.
- Terminando – dijo - tu y yo debemos hablar.
- ¡Hablar!
- Si, ¿Te gusta Paz?
- No se que responder... si que me gusta, es simpática.
- No me refiero a eso, sino ya sabes al Ñaca-ñaca.
- ¡Como!, yo tengo 24 y ella...
- Lo se, 42, os lleváis 18 años. Me lo contó mi hija,
- La conocí hace una semana.
- Yo al día siguiente de conocer a mi marido me acosté con el.
- Pero ella esta casada...
- Si con Daniel, un picha-floja, no se como ha podido dejarla embarazada dos veces, algunas veces hasta lo dudo.
En eso apareció Paz.
- De que estáis hablando.
No podía decirle de que pues ni yo mismo me lo Queria.
- De que puede hablar un joven de 24 con una vieja como yo pues de eso – dijo haciendo el gesto de meter un dedo en un circulo hecho con los dedos de la otra mano.
- ¡Mama! – dijo casi gritando Paz – no le hagas caso siempre a sido....
- No grites que se que soy tu madre. Y te conozco. Con lo que me dijiste el viernes se que te gusta José Antonio.
- Claro, es un buen conversador – dijo Paz.
- Como tu padre era un gran conversador, pero también un buen follador, lo que no es tu maridito.
- Perdona José Antonio, creo que a mi madre se le ha ido la olla.
- La olla se me fue en los 35 años que estuve casada con tu padre, de las folladas.
Era surrealista lo que estaba escuchando. Como decía Paz a su madre se le debía haber ido la olla.
- José Antonio será mejor que nos vayamos.
- Será mejor. Gracias por la comida - dije.
- De nada muchacho, y ya sabes aquí siempre tendrás una cama para lo que quieras.
Salimos de casa de la madre de Paz, me acompaño hasta la parada.
- Perdona a mi madre, voy a tener que hablar muy en serio con ella.
- No seas muy dura, piensa que ella siempre quiere lo mejor para ti.
- Me voy al trabajo, ¿Luego nos vemos?
- Pues no se, tal vez decida volver andando.
Se quedo muy seria, hasta que se dio cuenta y sonrió.
- Hasta luego.
Ella se fue a su trabajo y yo al mío. Toda la tarde estuve pensando en lo sucedido, y por mas que le daba vueltas, solo había una explicación que Fina tuviera razón. A la hora de volver solo pensaba en ello, y cuando llegue a la parada del autobús, allí estaba Paz.
- Buenas – dijo.
- Buenas – le respondí.
- Cada vez que pienso en lo sucedido... dijo ella.
- No le des mas vueltas, es tu madre.
No pudimos hablar mucho mas, pues llego el autobús, y como siempre iba muy lleno, y no podíamos hablar y menos de lo sucedido. La gente fue bajando en las paradas del trayecto, hasta que llegamos a la nuestra, solo quedábamos los dos Paz y yo. Nos bajamos, al despedirnos, acerque mi boca a la suya y la bese. Fue un simple roce. Ella en un primer momento se quedo sorprendida.
- ¿Por qué lo has hecho?
- Pues no lo se, vi tus labios y me apeteció.
Hubo unos segundos de silencio, entonces ella fue la que acerco su boca a la mía, nos besamos pero en esta ocasión fue un verdadero morreo. Al separarse de mi me miro y salió corriendo. Podía haberla seguido, pero no quise complicar las cosas.
Ya en casa no dejaba de pensar en Paz, me costo dormirme.
Esperaba verla al día siguiente para aclararlo, pero no la vi, ni a la ida del autobús ni a la vuelta. Tampoco en los siguientes días. Fue el viernes, por la mañana, cuando nos encontramos en la parada del autobús.
- Buenos días – dije – que te ha pasado estos días.
- Buenos días – dijo – nada que no me encontraba bien.
- Ya lo estas...
- Si, creo que si – me sonrió – creo que nunca he estado mejor.
No podíamos hablar de lo que sucedió pues estaban Miguel y su mujer. Y al subir del autobús tampoco. Cuando llegamos a nuestra parada, bajamos, en el trayecto no habíamos hablado nada. La vi marcharse pero de pronto se giro.
- Te espero aquí a las 3. Tenemos que hablar.
- Vale.
Era verdad teníamos mucho de que hablar. Así que a la salida de la oficina, me fui a la parada, allí estaba Paz, esperándome.
- Donde vamos – dije.
- Ya lo veras, sígueme.
En silencio la seguí. Pronto me di cuenta que la dirección era la casa de la madre.
- Vamos a ver a tu madre... - dije.
- No, aunque vamos a su casa, ella no esta.
Fuimos efectivamente a casa de Fina, y ella no estaba. Nada mas entrar, me beso, nuevamente fue un beso pasional.
- Tal vez mi madre tenga razón, me gustas, mas de lo que me gusta o me ha gustado cualquier otra persona. Te deseo.
Volvimos a besarnos.
- Lo se, dirás que nos separan 18 años, soy casada y nos conocemos hace dos semanas, pero... como dijo mi madre para desear a una persona no importa ni la edad, ni si esta casado o soltero, ni el tiempo que se conozcan. Eso me pasa a mi.
- Estoy de acuerdo...
- Estas de acuerdo, no es que me este volviendo loca.
- No... – dije y la bese
Al separarnos nos miramos a los ojos, pude ver en ella la felicidad.
- Ven – dijo cogiéndome de la mano y llevándome a una habitación
Por el tamaño y decoración supuse que seria la de su madre.
- Estoy tan nerviosa como una adolescente en su primera cita.
- Tranquilízate, no eres una adolescente, ni es tu primera cita.
- Me estas llamando... vieja... – dijo sonriendo.
Nos volvimos a besar, entre caricias nos fuimos desnudando. Cuando estábamos casi desnudos, solo nos quedaba a ella las bragas y a mi el slip.
- Estarás acostumbrado a mujeres mas jóvenes... – dijo.
- Puede pero no tan deseables como tu.
Nos dejamos caer en la cama, nos terminamos de desnudar, mientras ella me cogía la polla, y la aplastaba contra su muslo, yo acariciaba sus pechos, chupaba y mordía sus pezones. Baje mi mano a su entrepierna, comprobé la humedad de su coño.
- Estas...
- Muy excitada, desde el primer día que te vi.
- Si no me conocías.
- No te conocía, pero increíblemente me excite – dijo jadeando.
Mi mano acariciaba su clítoris, y los labios vaginales. Sus gemidos fueron en aumento, no tardo en decirme que estaba llegando al orgasmo, fue cuando decidí colocarme entre sus piernas, mi polla acaricio su clítoris y los labios vaginales, para seguidamente penetrarla, su respuesta fue alcanzar el primer orgasmo que fue bastante largo, mas que gemidos eran gritos de placer, aunque yo no pare de entrar y salir de su coño, ella alcanzo un cierto relajamiento, hice que pusiera sus piernas sobre mis hombros, haciendo que las penetraciones fuesen mas profundas, alcanzando según ella mayor placer. Hasta que alcanzo su segundo orgasmo, mas largo que el primero. Yo sin haber llegado me sentía algo cansado me deje caer a su lado.
- Ha sido increíble – dijo.
- ¿El que?
- Todo, el que termináramos en la cama... follando, han sido orgasmos...
- Con tu marido ¿No?
- Al principio si, después se convirtió en rutina, se diría que lo hacemos de vez en cuando para no perder la practica.
Sonreí, yo estaba boca arriba, ella tenia su muslo sobre mi polla, moviéndose, haciendo que mi polla siguiera eréctil. Entonces ella se sentó encima de mi polla, la cogio con una mano y la direcciono a la entrada de su vagina.
Sus tetas, aquellas tetas que me gustaron desde el primer día, ahora sin sujetador, y tras dos maternidades, la gravedad tiraba de ellas, dejándolas algo caídas, pero apetitosas, con los pezones duros y sonrojados, muy apetecibles de chupar. Durante unos minutos estuvo moviéndose hacía adelante y hacia atrás como si estuviera cabalgando.
- No me falta mucho – dije.
- Aguanta, a mi tampoco.
Efectivamente unos minutos después, ella se dejaba caer sobre mi alcanzando un nuevo orgasmo, mientras yo me corría.
- No puedo creer, siempre pensé que si me acostaba con otro hombre seria por amor, nunca por deseo.
- ¿En los años de casada?
- Veinte.
- No has estado con otro hombre que no fuese tu marido.
- Ni antes...
- ¿El fue el primero?
- El primero y pensé que el ultimo. Pero por ti siento es un deseo imparable.
Comencé a acariciarla nuevamente.
- ¿Quieres mas?
- Porque no.
- Primero comamos algo para recuperar fuerzas, tenemos tiempo, le he dicho a mi marido que estaría toda la tarde trabajando.
- Y tu madre...
- Fue ella, la impulsora. Siempre me preguntaba como íbamos mi marido y yo en la cama, y me decía que lo mejor para la rutina era un amante. Yo reia de las ocurrencias de ella.
- Que te ha hecho cambiar de opinión.
- Yo siempre pensé que la relación de mis padre había sido idílica, y yo queria lo mismo para mi, pero ayer me confeso que después de unos años casados, cuando llego la rutina, busco un amante.
- Y tu padre lo sabia.
- Si, pero el también tuvo amantes. Así perduro el matrimonio.
Pensé, no era a la primera pareja que le sucedía.
Aunque la comida ya estaba hecha, tuvo que calentarla. Mientras comíamos me dijo que el primer día que me vio, se excito, y que por la noche lo hizo con su marido, fue uno de los polvos mejores. Por eso al día siguiente estaba dispuesta a conocerme.
Tras la comida, volvimos a la cama, pasamos toda la tarde follando, con mayor y menor intensidad. Cuando nos fuimos de la casa de Fina esta aun no había vuelto.
La semana siguiente, el lunes quedamos para comer en el restaurante donde yo iba siempre. Fue el martes cuando volvimos a casa de la madre, pero en esta ocasión estaba Fina, eso me sorprendió.
- La comida esta casi lista, os he preparado la cama por si decidís “descansar” antes de comer.
Paz me miro, sonrió y me cogio dela mano.
- Ven, prefiero “descansar” primero, aunque después tengamos que comer rápidamente.
- Asi se dice niña – dijo Fina.
Y nos fuimos a la habitación, y allí “descansamos” mucho, en un par de ocasiones me pareció ver a la madre viéndonos desde la puerta.
Durante el siguiente mes, follabamos a diario incluso los fines de semana, quedábamos en casa de Fina o venia a mi casa. Fue un viernes, cuando llegamos a casa de Fina nos encontramos a Daniel. Fina dijo que yo era el hijo de unos antiguos amigos, y que me había reconocido y me había invitado a comer, lo difícil de explicar era que hubiéramos llegado juntos, aunque Fina supo salir airosa.
Aquel fin de semana no pudimos quedar, y el lunes al llegar a casa de Fina.
- Mama, ¿Por qué invitaste a Daniel el viernes?
- Fue tu madre – dije sorprendido.
- Si fue ella, lo que pasa es que dijo que también habría un amigo de la familia.
- Lo hice para que tu marido abriera los ojos.
- No se si los abrió, pero por la noche fue... demasiado.
- ¿Quieres que lo dejemos? – dije.
- De eso ni hablar he pasado todo el fin de semana pensando en hacerlo.
Y lo hicimos, efectivamente ella estaba muy excitada.
Durante los dos meses siguientes, los viernes venia Daniel a comer a casa de Fina, cortándonos el rollo, por eso quedábamos los sábados en mi casa, para poder follar. Daniel, incluso, me invito un par de veces a cenar a su casa, conociendo así a sus hijos.
Un sábado por la mañana, estaba esperando a Paz en casa, el que se presento fue Daniel.
- Buenos días, ¿Que haces aquí? – pregunte.
- Buenos días – dijo el.
- Es la primera vez que vienes.
- Si, espero no robarte mucho tiempo.
- Todo el que quieras – dije.
Aunque no era verdad, por que Paz podría presentarse en cualquier momento.
- Paz tiene un amante – dijo.
Como lo dijo, me cogio por sorpresa, no sabia que decirle.
- Te sorprende, a mi también, ayer me confeso que tenia un amante.
La cosa se ponía difícil, un marido que descubre los cuernos.
- Te dijo quien podía ser.
- No me lo dijo.
Si no se lo había dicho, la cosa cambiaba, pero que quería de mi. Como consejero precisamente en esa cuestión era el menos indicado.
- Pero tirando del hilo, he llegado a la conclusión... que eres tu.
- ¿Por qué yo? – pude decir.
- Vamos hombre, aunque solo te conozco hace unos meses, pero el comportamiento de mi mujer cambio justo cuando parece ser que os conocisteis.
- Lo siento, no se que decirte.
Esperaba su reacción, pero no sucedió, al contrario se relajo.
- No me tienes que decir nada. Ayer me lo dejo claro, me quiere, pero necesita un amante.
Que podía decir yo, “el hombre que se follaba a su mujer”.
- He pasado toda la noche pensando en ello.
Hubo un silencio.
- ¿Que puedo hacer yo? Aceptarlo.
Se levanto y se dirigió a la puerta, antes de salir se giro.
- Lo único que os pido es que seáis discretos. Que los cuernos por muy grandes que yo los note, que sean que permanezcan invisibles. No por mi sino por mis hijos.
Aquella misma tarde vino a mi piso Paz. Al terminar de follar.
- Se lo he dicho a mi marido – dijo.
- ¿El que? – dije.
- Que tengo un amante, pero no le he dicho quien.
- El lo sabe – dije.
- ¡Como lo va a saber! – dijo sorprendida.
- Esta mañana ha estado aquí.
- ¿Y?
- Nada, nos pide discreción.
- ¡Discreción!
- Si que los cuernos sean invisibles.
Paz se levanto, se vistió.
- Mañana puedes venir después de comer, mandare a los niños con mi madre, y podremos hablar los tres.
Al día siguiente, después de comer me acerque, allí estaba Paz y su marido Daniel. El fue el sorprendido al verme.
- Le he pedido a José Antonio que viniera pues tenemos que hablar.
- ¿De que? – dijo Daniel.
Seguro que pensaría “Hablar, si el cornudo soy yo”
- No te pongas nervioso. Como te dije ayer soy muy feliz.
- ¡Feliz!
- Antes lo era, pero ahora lo soy mas. Me gusta follar con el.
- Y conmigo no.
- También, pero mejor dos que uno. Por eso quería hablarlo dejándolo claro. Y ahora me voy a ir con el.
Daniel se quedo callado.
Desde aquel día nuestros encuentros diríamos que se formalizaron, incluso sus hijos llegaron a llamarme tío.
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