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Amor filialabr 2022

Historias del complejo turístico (16)

La casa era grande, pero el silencio entre ellos era más pesado. Él la miraba con la devoción de un devoto y ella, cansada de ser la prisionera de su propio padre, comenzó a mirar de vuelta. No era solo admiración; era una llama que esperaba la primera chispa para arder.

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Prólogo

Revisando las reservas como todos los días, fui aceptándolas una por una, asignando las unidades y registrando los nombres de los visitantes.

Cómo en otras ocasiones, me llamó la atención, una reserva para un hombre solo para dos semanas, como siempre, me dio por pensar que quizás ese hombre tendría algún problema o un mal de amor.

Cuando llegó el día de su entrada, lo vi llegar en un taxi, entró al complejo y se presentó, me llamó la atención que siendo un chico tan joven, no viniera con amigos o con alguna chica.

Pero luego de unos días, estuvimos conversando y pude saber la razón.

Seguramente a muchas personas les pasa y se sienten incomprendidos, marginados o señalados como los desviados del sistema, pero amigos míos, el amor se salta todos los cánones sociales y culturales, cuando un corazón ama,….ama!

Historia de Javier

Primera Parte

No lo pude evitar, al principio me sentía muy bien con ella, pero a medida que fui creciendo, me fui enamorando perdidamente, hasta el punto de que mi vida diera un vuelco de trescientos sesenta grados.

Siempre sentí que no era lo correcto, pero no lo pude evitar, y por supuesto tuvo sus consecuencias, unas para mal, las otras para bien.

Me llamo Javier Villalba, estudiante de licenciatura en informática, hijo del escribano Laureano Villalba, dueño de la escribanía Villalba y Asociados, y de Mirta Saucedo, mi querida madre, la persona más dulce y preocupada por mí en toda mi vida.

Nací y vivo en Mar del Plata, nuestra situación económica siempre fue holgada y a pesar de eso siempre he tratado de ser un chico normal, nunca hice alarde de mi posición, sobre todo con los amigos y conocidos.

Cuando cumplí los trece años, mi madre enfermó, y ocho meses después, un cáncer de colon, se la llevó a sus treinta y cuatro años.

A partir de su muerte, mi vida cambió irremediablemente, la relación que tenía con ella era maravillosa, siempre preocupada por mí y por mis cosas, incansablemente cariñosa conmigo, a pesar de mi edad, me seguía diciendo mi bebé, Incluso en alguna oportunidad, sentí vergüenza de que me dijera así, delante de mis amigos, pero de todas formas, era la persona más cariñosa que había conocido.

Mi padre, catorce años mayor que ella, es de esos hombres a los que no se le puede decir a nada que no, ni discutirle nada, en casa, su palabra era siempre la última palabra, se hacían las cosas cuando él quería, como él quería.

Mi madre intercedió por mí en infinidad de ocasiones, cuando era un niño, aunque no siempre con éxito.

Fui a la escuela que decidió mi padre, también a un instituto de inglés, que también decidió mi padre, y cuando dije en casa qué me gustaría aprender a jugar al tenis o ir a natación, mi padre dijo que tenía que hacer algún deporte de hombres, como el fútbol o el rugby, el tenis era un deporte de maricones y la natación era para las mujeres.

Esa fue y sigue siendo la forma de pensar de mi padre, por supuesto no me permitió jugar tenis, ni nadar.

Luego de la muerte de mi madre, las cosas se pusieron peor, no tenía quien intercediera por mí, como ella lo hacía.

Mi padre trabajaba todo el día, y contrató a Norma, una mujer de unos cincuenta y tantos años que trabajaba en casa, haciendo las tareas y ocupándose de mí cuando mi padre no estaba.

Era una mujer poco simpática, seca, de pocas palabras, no recuerdo haber tenido una conversación con ella, mi padre le daba todas las directivas en lo que tenía que ver conmigo, mis horarios, mis actividades y hasta lo que me tenía que cocinar. A pesar de eso siempre me trató bien, siempre que se dirigía a mí, sus primeras palabras, eran, “su padre ha dicho que”, “su padre quiere que”, “su padre dice que”.

Comencé la escuela secundaria, por supuesto en la escuela elegida por mi padre, era de jornada extendida, entraba a las ocho de la mañana y salía a las cuatro de la tarde.

Nunca hubo necesidad de qué mi padre me exigiera en la escuela, me gustaba estudiar y siempre tuve buenas calificaciones.

Cuando tenía casi los diecisiete años y estaba en el cuarto año, una mujer empezó a frecuentar nuestra casa, mi padre me decía que era una amiga suya.

En ese momento no le daba mucha importancia, aunque ella siempre me preguntaba cosas y era muy amable conmigo, siempre me preguntaba cómo iban mis estudios, me preguntaba por mis amigos y esas cosas.

Su nombre es Leila, y lo que me llamó la atención, fue que era una mujer muy joven, tenía veintitrés años, y no lo voy a negar en ese momento me parecía una mujer hermosa, y a esa edad, le dediqué varias pajas.

La mayoría de las veces, venía con mi padre y se quedaba a cenar en casa, luego de cenar mi padre la llevaba a la suya.

Unos meses después, una noche después de la cena de un sábado, mi padre me dijo qué Leila era su novia.

Recuerdo que en ese momento, no me gustó nada oír eso, era demasiado joven para mi padre, y cuando mi padre dijo aquello, no vi felicidad en el rostro de ella.

No podría explicar la sensación de ese momento, era como si yo no quisiera que ella fuera la mujer de mi padre.

Siempre fue muy amable conmigo, siempre me trató muy bien, en ese momento creía que lo hacía para llevarse bien conmigo, ya que sería mi “madrastra”.

Tres meses después, una noche también después de cenar, mi padre me dijo que en unos días, Leila vendría a vivir a casa con nosotros.

Por supuesto no me estaba consultando, solo me avisaba, sus decisiones siempre fueron incuestionables.

Unos días después, Leila llegó a casa con una maleta y un bolso con su ropa, eso fue lo único que trajo.

Yo llegaba a casa todas las tardes a eso de las cuatro y media, y Leila me esperaba todas las tardes con la merienda preparada, siempre me preguntaba cómo iban mis cosas, si necesitaba ayuda en algo, me preguntaba por mis amigos, y también por las chicas.

Yo siempre le decía, qué no pasaba nada con ninguna chica, aunque hubiera alguna qué me gustara, nunca fui muy lanzado, seguramente por mí timidez.

Mi padre solía llegar a eso de las seis o seis y media de la tarde, salvo cuando tenía alguna de sus famosas reuniones, casi siempre los jueves o los viernes. En esos días volvía después de cenar, incluso muchas veces de madrugada.

Durante esas horas, hablábamos mucho con Leila, y siempre se interesaba por mis cosas.

Siempre tuvo buen trato conmigo y luego de un tiempo, nuestras conversaciones, eran cada vez más interesantes, al punto que deseaba llegar a casa para poder hablar con ella.

Me gustaban tanto nuestras charlas, qué esas horas de la tarde, llegaron a ser, para mí, el mejor momento del día.

Una tarde mientras merendábamos, me dijo:

-LEILA: Javi, Nunca pienses que mi intención es reemplazar a tu madre, vos tuviste una madre, y ella tiene que estar siempre en tu corazón, yo solo pretendo que tengamos una buena relación, además no soy mucho mayor que vos, y me gusta que nos entendamos y nos llevemos bien.

-JAVIER: Yo creo que nos entendemos bien, y en muchas cosas me haces recordar a mi madre. Viste cómo es mi padre, ser cariñoso no es una de sus virtudes, y eso es lo que más extraño de mi madre.

-LEILA: Me imagino, yo no podría pensar el no tener a mi madre, me voy a morir de tristeza, el día que no la tenga.

-JAVIER: Me hubiera gustado tenerla un tiempo más, la relación que teníamos, era maravillosa, me puso muy mal su partida, y en verdad la extraño mucho, pero quedate tranquila, me hace muy bien que estés acá, y creo que nos llevamos bien, ¿o no?

-LEILA: Claro que sí!

En ese momento tomó mi mano y me miró a los ojos con una sonrisa, como haciéndome notar que sentía mi aceptación.

Y por supuesto que la aceptaba, tenía perfectamente en claro que no era mi madre, pero después de ella, era con Leila con quién más confianza tenía, quién mejor me trataba y quién más se preocupaba por mí.

Luego de un tiempo, ya en confianza, me contó cosas de su vida, una tarde mientras merendábamos me contó:

-LEILA: Mis padres toda la vida, tuvieron la zapatería, desde antes de que yo naciera, no hemos tenido una vida de lujos, pero se puede decir que tanto mi hermana como yo, no hemos tenido privaciones. Hemos estudiado, hemos salido, tenemos amigos, hemos practicado deportes y también tuve un novio. Hasta el año pasado estaba estudiando el profesorado de historia, siempre me gustó la historia y me encantaría ser profesora.

-JAVIER: ¿Te puedo preguntar algo?

-LEILA: Sí Javi, lo que quieras!

-JAVIER: Espero no te moleste mi pregunta, pero, ¿porque estás con mi papá? Por la diferencia de edad, digo.

-LEILA: Sí me prometes que no decís nada, te lo cuento.

-JAVIER: Te lo prometo! Nada de lo que me cuentes saldrá de mí.

-LEILA: Ni siquiera a tu padre!

-JAVIER: Eso descontalo, ya te habrás dado cuenta qué las conversaciones con mi padre, son inexistentes.

-LEILA: Sí, ya lo he visto, y en verdad no lo entiendo, tanto mi hermana como yo, tenemos muy buena comunicación con nuestros padres.

-JAVIER: Siempre fue así, para lo único que me habla es para darme alguna orden, o para que haga algo que él quiere que haga. Pero quedate tranquila, con él es con quien menos comparto cosas de mi vida.

-LEILA: La zapatería de mis viejos, siempre fue el único ingreso de la familia, mi papá siempre anheló tener su propia casa y fue ahorrando a medida que ha podido, cuando sobraban algunos pesos, iba comprando dólares como forma de ahorro. Un tiempo después, por un amigo que lo conocía, se contactó con un hombre que invertía dinero, en un primer momento, mi papá no estaba seguro, pero el amigo lo convenció, diciéndole que ya había invertido con ese hombre y había tenido buena rentabilidad.

Mi papá primero le dio unos dólares, y a los tres meses, se los devolvió con los intereses correspondientes. Así lo hico varias veces, hasta que un día decidió darle todos los dólares que tenía, no eran muchos, pero le había llevado un tiempo poder juntarlos, en ese momento eran doce mil dólares, y al cabo de los tres meses, recibiría, trece mil doscientos.

Como siempre, al tercer mes, cuando los fue a retirar, este hombre le dijo que si los dejaba tres meses más, obtendría catorce mil quinientos. Mi papá dudó en ese momento, pero como hasta ese entonces, no había tenido ningún problema, decidió dejarlos tres meses más.

El problema fue a los tres meses cuando mi padre fue a buscar su dinero, la oficina hacía más de un mes que estaba vacía y el tipo se había fugado. Estafó a un montón de personas, que al igual que mi padre, habían confiado en él.

Esto deprimió mucho a papá, de un día para el otro, se había quedado sin sus ahorros, y para colmo de males, en el descalabro económico del año dos mil uno, le pidieron una suma exorbitante de dinero para renovar el contrato de alquiler del local.

Como era la única fuente de ingreso, papá pidió un préstamo en el bando para seguir con el local.

Pero esa época fue tan mala económicamente, que las ventas habían caído y la inflación complicaba las ventas.

Se empezó a retrasar con las cuotas del préstamo, hasta que llegó el momento que el banco lo intimó judicialmente, si no saldaba su deuda, el banco remataría la casa, que era la garantía del crédito.

En ese entonces, papá estaba desesperado, nosotras aún éramos chicas para trabajar, y solo pudo salir a trabajar mamá, que consiguió un empleo como vendedora en una casa de ropa.

La zapatería no levantaba las ventas, y papá conoció a un hombre que prestaba dinero, con intereses más altos que los bancos, pero con menos requisitos.

Ese dinero prestado, le sirvió para mantenerse a flote en el negocio, pero las cuotas también había que saldarlas.

En los primeros meses, ese hombre era algo flexible, si papá no llegaba a juntar el dinero de la cuota, el prestamista le aceptaba lo que mi papá tenía, y lo que faltaba lo refinanciaba con el resto de la deuda.

La situación y los intereses bastante usureros del prestamista, hicieron que la deuda de papá, se tornara impagable.

Después de un año, a pesar de haber entregado dinero todos los meses, papá debía casi la misma suma que le había prestado.

-JAVIER: Pobre! Que desesperado que debe haber estado!

-LEILA: Para colmo ese hombre después de unos meses, empezó a presionar a papá con la deuda, Jazmín, mi hermana mayor, a los diecinueve años empezó a trabajar como acompañante de una señora mayor, no era mucho, pero aportaba su sueldo a la casa.

Al año siguiente, dejé la facultad y empecé a trabajar yo también, como moza en un bar, pero la deuda se había tornado impagable y ese hombre cada vez apretaba más y más a papá.

-JAVIER: Que tipo hijo de puta! ¿Y todavía tiene esa deuda tu familia?

-LEILA: Así es, pero llegamos a un acuerdo, la deuda dejaría de tener esos tremendos intereses, pero no dejaría de existir y él no embargaría la casa ni el negocio.

-JAVIER: ¿Y quién es ese tipo? ¡No se lo puede denunciar o hacer algo?

-LEILA: Ese hombre es tu padre!

-JAVIER: ¿Cómo? ¿Mi padre? ¿Desde cuándo es prestamista mi padre?

-LEILA: Desde cuando no lo sé, pero un día pasó por casa y nos conoció, después de eso, un día no sé como supo donde trabajaba, y pasó por el bar para hablar conmigo. Me dijo que yo le gustaba y que le gustaría que tengamos una relación, que si yo aceptaba, no dejaría a mi familia en la calle.

Te imaginás que para mí fue como un balde de agua fría, me dio una semana para pensarlo, pero no tenía que decirles nada a mis padres, de lo contrario, ejecutaría la deuda y nos quedaríamos sin casa. Por supuesto que lo tuve que pensar, veía tan desesperados a papá y a mamá, que decidí aceptar la propuesta.

-JAVIER: O sea que no estás con mi padre por amor, sino que lo hacés para salvar a tu familia.

-LEILA: Así es, no me enorgullece esto, pero por lo menos dejó de apretar a mi viejo y acepta el pago mensual que mi viejo puede juntar.

-JAVIER: Que hijo de puta! Te puso entre la espada y la pared, no te dio opción!

-LEILA: Mis padres no lo saben, les dije que me había enamorado de tu papá, a mi viejo en un principio no le gustó nada, sobre todo por la diferencia de edad, pero lo terminó entendiendo y aceptando.

Tu papá empezó a frecuentar mi casa, y en ese tiempo, fue cuando me empezó a traer aquí, supongo que para que te conociera y viera si te llevabas bien conmigo, para traerme a vivir aquí con él.

-JAVIER: ¿Y cómo es con vos? ¿Te trata bien?

-LEILA: Yo le he sido completamente sincera, le dije que aceptaba la propuesta para que mi familia no quedara en la calle, pero que, a pesar de ser un hombre bastante atractivo, no estaba enamorada de él, que sería su mujer ante todo el mundo y que conviviría con él. En verdad me trata bien, pero vos ya lo conocés, tiene su carácter, pero trato de no hacerlo enojar.

-JAVIER: Y si en algún momento tu familia puede saldar la deuda, ¿te vas a separar de él?

-LEILA: Seguramente! En verdad me gustaría tener una vida con el hombre del que me enamore, formar una familia, tener hijos, ser feliz al lado del hombre que elija, y creo que eso tu padre se lo debe imaginar.

-JAVIER: Espero que pronto puedan pagarle, así quedás libre!

A partir del día que supe que Leila, sería la mujer de mi padre, deje de fantasear con ella, aunque nunca tuve una real dimensión de su cuerpo, solo lo imaginaba.

En casa siempre vestida ropa cómoda, un jean o un jogging sueltos y remeras o camisas, también sueltas, hasta que una tarde, salí dos horas antes de la escuela, porque había faltado un profesor.

Al llegar a casa, creí que estaba solo, qué Leila habría salido a hacer alguna compra, dejé todas mis cosas en mi habitación, y fui para la cocina a tomar un vaso de jugo, era un día de calor de primavera, y había llegado con sed.

Al entrar en la cocina, y mirar por la ventana hacia el jardín, la vi a Leila tomando sol, estaba tumbada en una reposera al costado de la pileta, con una bikini amarilla, que aunque no era pequeña, me permitió ver la forma de su cuerpo, siempre me pareció delgada, con pocas curvas, pero ahora viéndola tan solo con la bikini, me pareció más hermosa aún, nada exuberante, un cuerpo normal pero realmente, una bella mujer.

No quería que se sintiera incómoda al encontrarme en casa, entonces volví a mi habitación y me puse a estudiar, aunque no podía dejar de pensar en su cuerpo.

Un rato después, no la escuché subir, y me sorprendió, cuando me habló desde la puerta de mi habitación.

-LEILA: Hola Javi, ¿saliste más temprano hoy?

-JAVIER: Hola Leila, si falto un profesor. No te vi y creí que no estabas.

-LEILA: Aproveché que ya tenía todo listo y me fui a la pileta a tomar un rato de sol.

-JAVIER: No me di cuenta que estabas en el jardín.

-LEILA: ¿Tenés hambre? Ya te preparo la merienda!

-JAVIER: Ya bajo y te ayudo!

-LEILA: Dale!

Bajé tras ella, qué sobre la bikini, tenía una remera larga, casi hasta las rodillas, y estaba descalza, por eso no la había escuchado subir.

Entre los dos preparamos todo, y nos sentamos a merendar.

Como siempre me encantaba conversar con ella, creo el tiempo que llevaba de conocerla, sabía más cosas de mí, qué las que sabía mi padre en toda mi vida.

-LEILA: Contame de las chicas Javi! Estoy segura que debes tener varias admiradoras!

-JAVIER: Digamos que no soy muy popular entre las chicas de la escuela, hay una que me gusta, pero sale con otro compañero, y ni siquiera me registra.

-LEILA: ¿Me permites un consejo?

-JAVIER: Sí claro!

-LEILA: Ante todo, se amable con las chicas, aunque a muchas le gustan los más zarpados o guarros, muy pocas se enamoran de ellos.

-JAVIER: Siempre trato de ser amable con todo el mundo, de tener buen trato con la gente, creo que para no parecerme a mi padre, al menos la imagen que tengo de él, es de un tipo autoritario, no sé cómo trata a sus empleados o a la gente en general, ¿con vos tiene un buen trato?

-LEILA: No quiero que lo tomes a mal, pero en verdad no es todo lo amable que quisiera, conmigo tiene actitudes dominantes también.

-JAVIER: Leila quiero decirte algo, si en algún momento, no soy amable con vos, o digo algo que te moleste, por favor házmelo saber, no quiero parecerme a mi padre en el trato con las personas.

-LEILA: Quédate tranquilo, en eso no te pareces en nada a tu papá, desde que te conozco, has sido muy amable y respetuoso, sos un sol! Estoy seguro que salís a tu madre, aunque no la he conocido.

-JAVIER: Puede ser, mamá era lo más dulce y cariñosa que te puedas imaginar, no entiendo como estaba con mi papá.

-LEILA: Seguramente lo amaba, y por eso seguía con él.

-JAVIER: Lo debe haber querido mucho entonces!

Después de merendar, ordenamos todo entre los dos, y me fui a estudiar un rato.

Esa noche, mi padre avisó que no vendría a cenar, tenía una reunión.

Después de un rato, cuando terminé las tareas, bajé a la cocina. Leila estaba por preparar la cena.

-LEILA: Esta noche cenamos nosotros dos solos, ¿qué te gustaría comer?

-JAVIER: Lo que quieras, yo como cualquier cosa!

-LEILA: Decime algo que tengas ganas de comer y yo te lo preparo, ya habrás visto qué la cocina se me da muy bien, siempre me gustó cocinar y mamá me enseñó desde chica. Pensá, Dale!

-JAVIER: Mmm..., déjame pensar..., ¿te gusta el pollo al horno?

-LEILA: Con papas me encanta! Nunca hago porque a tu papá no le gusta!

-JAVIER: Ya sé, pero a mí me encanta!

-LEILA: Lo que sí, voy a tener que ir a comprar pollo!

-JAVIER: Yo voy!

-LEILA: Esperar que me cambio y vamos los dos, de paso compro otras cosas que hacen falta.

Subió a cambiarse y yo la espere en la cocina.

Un rato después salimos los dos a hacer las compras.

Nos causó gracia, cuando el empleado, del mercado nos dijo, "¿qué anda precisando la parejita?

Hicimos todas las compras y volvimos para casa, Mientras ella sazonaba el pollo, yo pelé las papas.

-LEILA: Si te viera tu padre, te diría que pelar papás no es cosa de hombres, que para eso están las mujeres!

-JAVIER: Seguro! Tiene esa mentalidad del siglo dieciocho! Para mí, cocinar o lavar la ropa o limpiar, es cosa de mujeres o de hombres, ¿si no cómo hacen los que viven solos?

Y nos reímos los dos a carcajadas. Cómo me gusta hacerla reír! Le cambia la cara, pocas veces la he visto sonreír estando con mi padre.

Cenamos los dos charlando, además, se puede hablar de cualquier tema, y en muchas cosas estamos de acuerdo.

Una tarde después de merendar, como no tenía tarea, me fui a escuchar música a mi habitación, estaba escuchando El amor después del amor de Fito Paez, cuando de repente, escuché a Leila, que me hablaba desde la puerta de mi habitación.

-LEILA: Me encanta esa canción!

-JAVIER: ¿Te gusta Fito?

-LEILA: Me encanta! y este es uno de los discos que más me gusta! Qué raro escuchando vos esta música!

-JAVIER: Lo que más escucho es rock nacional, Fito, Charly García, el flaco Spinetta, Soda Stereo, Andrés Calamaro, Lo Redondos...

-LEILA: ¿Los abuelos de la nada? ¿Y Serú Giran?

-JAVIER: También! de Serú tengo toda la discografía!

-LEILA: Me los vas a tener que prestar!

-JAVIER: Cuando quieras! Si no estoy, los venís a escuchar acá, o te los llevás al equipo de abajo! En serio, cuando quieras!

-LEILA: Ay dale, para escuchar a la mañana mientras limpio!

-JAVIER: Llevate lo que quieras!

-LEILA: Que bueno! tu padre odia la música que a mí me gusta! Lo único que es música para él, es la música clásica, no te digo que no me guste, pero otras cosas también me gustan y sobre todo el rock nacional

-JAVIER: ¿Que querés escuchar?

-LEILA: A los jóvenes de ayer!

-JAVIER: Que tema! Uno de los mejores temas de Serú!

Se acercó y se sentó en mi cama, estuvimos más de dos horas escuchando música, hasta que dijo que bajaba a preparar la comida.

-JAVIER: Ahora bajo y te ayudo.

Se fue de mi habitación y me quedé pensando un rato en la complicidad que estábamos teniendo, por supuesto a espaldas de mi padre.

Para los primeros días de diciembre, estábamos invitados al casamiento de un amigo de mi padre. Yo no tenía un traje para ponerme y mi padre me mandó a comprar uno, por supuesto donde el compra los suyos, y le pidió a Leila que me acompañara para que yo no comprara cualquier cosa.

Como ya habían terminado las clases, fuimos después de desayunar, mi padre nos dejó en la casa de ropa y se fue al estudio.

Me probé varios trajes, azul, gris y negro. El que más me gustaba era el gris, con un corte más moderno.

Cuando le pregunté a Leila cuál le gustaba más, me dijo que con el que estaba más lindo era con el gris, o sea, me llevé el gris.

Salimos de la casa de ropa y me dijo de ir a tomar un café.

Por supuesto acepté y entramos en un bar, nos tomamos un café y nos comimos un tostado entre los dos.

Después del café, fuimos a comprar un vestido para ella, entramos en un local y estuvo mirando varios modelos, había uno negro que me gustaba, pero me dijo que era demasiado corto, que a mi padre no le iba a caer bien que usara algo así.

Se terminó decidiendo por un vestido largo, de color negro, largo hasta los tobillos, con un tajo hasta las rodillas y con un escote no muy pronunciado.

Cuando se lo puso y me lo mostró, no pude dejar de admirarla, le quedaba perfecto, a la medida, marcaba el contorno de su cuerpo, sin mostrar nada.

Le dije que le quedaba perfecto y lo llevó.

Después volvimos a la hora de almorzar.

Preparamos unos fideos con crema, y almorzamos juntos.

El día de la fiesta, mi padre nos avisó que estaba demorado y que llegaría casi a la hora de irnos, que nosotros lo esperemos ya preparados, que él llegaba, se cambiaba y nos íbamos.

Me fui a bañar y cambiar, mientras que Leila hacía lo propio en su dormitorio.

Salí de mi habitación con el traje puesto, pero me faltaba ponerme la corbata, no tenía ni idea de cómo hacer el nudo.

Cuando bajó Leila, me morí, con el vestido puesto, sandalias de taco alto negras, el pelo recogido, accesorios plateados, maquillada y perfumada. Realmente toda una diosa.

-JAVIER: Guauu Leila! Realmente estás hermosa!

-LEILA: Gracias Javi! Vos también estás muy lindo, ese traje te queda muy bien!

En ese momento llegó mi padre, entró apurado, nos saludó a la pasada y subió para cambiarse.

Me molestó que al ver a su mujer, hermosa como estaba, no le haya dicho nada, no puede ser tan tarado.

Quince minutos después bajó con otro traje puesto y preguntó cómo estaba, los dos le dijimos que bien, pero él no nos dijo nada.

Llegamos a la Iglesia donde se casaba el amigo de mi padre y entramos justo a tiempo, minutos después entró la novia.

A diferencia de otros matrimonios que miraba durante la ceremonia, mi padre parecía que estaba solo, no tomaba de la mano, ni abrazaba, ni siquiera la miraba.

Terminó la ceremonia y luego de las fotos de rigor en la puerta de la iglesia, nos dirigimos al impresionante salón donde sería la fiesta.

Nos sentamos en una mesa, donde ni Leila ni yo, conocíamos a nadie.

Mi padre se la pasó saludando y conversando con un montón de personas, y Leila y yo conversábamos entre nosotros.

Quizás por mi fisonomía y mi tamaño, un matrimonio mayor se acercó a saludar a mi padre, y la mujer preguntó si éramos sus hijos, nos miramos con Leila y nos reímos, y tuvo que ser mi padre, quien diera las explicaciones.

Durante la cena, se podría decir que mi padre nos ignoró, habló con cuanta persona se cruzó en la fiesta, menos con nosotros dos.

De todos modos, no nos hicimos problemas, la pasamos bien entre nosotros.

A la hora de irnos, mi padre estaba bastante picadito y por suerte, Leila tiene licencia de conducir, fue ella quien manejó el auto hasta casa.

Al llegar, acompañó a mi padre a su habitación, luego de que cayera dormido en su cama bajó.

Yo me había quedado en la cocina tomando un vaso de agua y mirando mis redes sociales.

Diez minutos después, apareció Leila en la cocina, seguía con el vestido puesto, pero venía descalza.

También se sirvió un vaso de agua y mientras lo tomaba, nos quedamos conversando.

-LEILA: Menos mal que fuiste a la fiesta, si hubiera estado sola, me habría muerto del aburrimiento, por lo menos con vos la pasé bien!

-JAVIER: Yo también la verdad! Pero qué manera de caretearla la gente!

-LEILA: Yo me río, seguramente saludan a Laureano como si fueran amigos, y después lo deben criticar por la espalda!

-JAVIER: Seguro!

Eran como las cinco de la mañana, y en verdad ninguno de los dos teníamos sueño, nos quedamos un rato en la cocina.

-JAVIER: ¿Te dijo mi viejo en algún momento que estaba muy linda esta noche?

-LEILA: Javi, el olmo no da peras! En verdad ni lo esperaba! Pero vos fuiste muy caballero y me lo dijiste! Con eso me conformo!

Su mirada y su sonrisa al decir eso, me hicieron sonrojar, y ella lo notó.

-LEILA: No tengas vergüenza tonto! Fue lo más lindo de esta noche! Me encantó que me lo dijeras! A las mujeres nos gusta que nos digan que estamos lindas cuando nos arreglamos!

Después nos fuimos a dormir, ya acostado en la cama no pude evitar pensar en ella, en lo linda que estaba y en lo que le había gustado que se lo haya dicho.

En el mes de enero, mi papá y Leila se fueron dos semanas a una playa de Brasil y yo me quedé en casa yo solo, bueno en realidad, con Norma que vino el día que se fueron y se quedaría en casa hasta que volvieran.

Seguramente mi padre habrá pensado que si me quedaba solo en casa, podría traer amigos, amigas, que me armaría flor de fiesta, no sé.

Pero lejos de eso, esas dos semanas, me la pasé encerrado en casa, me acostumbré tanto a convivir con Leila, que la extrañaba muchísimo.

Y para que mentir, me daba un poco de bronca que estuviera todo el tiempo con mi padre.

El día que volvieron, a eso de las cuatro de la tarde, yo por supuesto estaba en casa, entraron, mi papá apenas me dijo, “hola Javier, ¿estuvo todo bien? Y Leila me saludó con un beso, como si me hubiera visto hace tres horas.

Les ayudé a subir las maletas y mi padre dijo que estaba reventado y se iba a dormir una siesta.

Los dos habían entrado en su dormitorio, y yo volví a bajar.

Despedí a Norma que ya se iba, y me quedé en la cocina, pensando en cómo había sido de distante el saludo de Leila, yo la había extrañado mucho, pero al parecer, ella no, incluso se fue a dormir la siesta con mi papá.

Un rato después entró Leila corriendo hacia mí y me abrazó, dándome un sonoro beso en la mejilla!

-LEILA: Ahora si te puedo saludar bien! Hola Javito lindo! Cuanto te extrañé!

Y en ese momento, me volvió el alma al cuerpo, creí que nuestra relación había cambiado después del viaje, pero por suerte me equivoqué.

-JAVIER: Yo también! Y mucho! Contame como les fue!

-LEILA: El hotel y la playa eran muy lindos, pero tu padre es bastante aburrido, solo salimos a cenar un par de veces, una sola a pasear y después íbamos de la playa a la habitación.

-JAVIER: Se nota que estuviste mucho en la playa, estás re bronceada, te queda muy bien!

-LEILA: Gracias Javi, que lindo que sos! Pero Contame que hiciste vos!

-JAVIER: En verdad, nada, me aburrí como un hongo, estuve todos los días acá.

-LEILA: ¿Y no vinieron amigos o chicas, teniendo la casa toda para vos?

-JAVIER: Pero no la tenía toda para mí, Norma se quedó acá todos los días!

-LEILA: ¿A la noche también?

-JAVIER: Todo el día! Un embole! De todas formas, no hubiera traído a mis amigos, son todos un poco zarpados y por ahí rompían algo y después me lo hubiera tenido que bancar a mi viejo a las puteadas!

-LEILA: Una chica al menos! No sé…, después de que se dormía Norma!

-JAVIER: De todas formas no tenía ninguna chica para traer, y menos para quedarse conmigo en la noche!

-LEILA: Ya las vas a tener! Y haciendo fila seguramente! Te traje un regalito, lo compré sin que se entere tu padre.

-JAVIER: ¿Sí?

-LEILA: Espero que te guste! Cuando lo vi, pensé en vos! Esperame acá que lo tengo en mi maleta.

Subió y a los minutos volvió con un paquete perfectamente envuelto.

-LEILA: Para vos!

Abrí el paquete y me encontré con la discografía completa de Os paralamas do sucesso en DVD. Me encantó, y sobre todo que lo haya visto y haya pensado en mí. Esta vez fui yo quien la abrazó.

-JAVIER: Gracias Lei! Me encantó! Esto acá no se consigue!

-LEILA: Lo vi y dije, esto es para mí Javito!

Aquella forma de decirlo, “mi Javito” me hizo sentir algo extraño.

-LEILA: Me gusta que me digas Lei!

-JAVIER: Me salió! Pero delante de mi viejo te voy a decir Leila!

-LEILA: ¿Por qué? Que se acostumbre! Después de todo vivimos en la misma casa! Yo te voy a decir Javito!

Conversamos un rato más y yo estaba con la curiosidad de saber si en esas dos semanas, mi padre se la había cogido de lo lindo.

-JAVIER: ¿Y con mi padre, qué onda? ¿Bien?

-LEILA: ¿Vos me estás queriendo preguntar si en estos días hicimos mucho el amor?

-JAVIER: En realidad nunca te preguntaría cosas de tu intimidad, decía si te había tratado bien, si habías disfrutado con él las vacaciones, y eso…

-LEILA: No estuvo mal, conocí Brasil que nunca había ido, comimos en buenos restaurantes y te voy a ser sincera, tuvimos intimidad un par de veces, pero si tu papá me hubiera preguntado, hubiera querido que vengas con nosotros, seguramente con vos la hubiera pasado mejor.

Cada comentario suyo me hacía sentir mejor a su lado.

Ese año era mi último año de secundaria, me iba más que bien en todas las materias y por las tardes, me quedaba bastante tiempo libre.

Siempre me gustó la informática, y ese año empecé a mirar tutoriales de programación y empecé a practicar, ya había decidido que estudiaría Informática y fui aprendiendo, en verdad muy rápido, entendía todo perfectamente y empecé a programar algunas cosas pequeñas.

Después de un tiempo, también me puse a investigar sobre páginas web, y en un par de semanas hice un sitio web para mí.

Mi intención era poder estudiar, pero a la vez poder trabajar para solventarme los estudios, no quería que mi padre me los pagara, quizás por orgullo, o por dejar de depender de él, de sus órdenes y de sus caprichos.

A mitad de ese año tuve mi primer trabajo, hice una página web para un instituto de belleza y spa.

Tuve que investigar un poco más el tema de publicarlo en Internet y sobre todo cuanto cobrar por el trabajo.

Con el dinero de ese primer trabajo, decidí abrir una cuenta en un banco para que sirviera como ahorro. Cómo aún era menor, se me ocurrió pedirle a Leila.

Una tarde mientras merendábamos, le comenté que ya había terminado mi primer trabajo y que ya lo había cobrado.

-JAVIER: Lei, necesito pedirte algo!

-LEILA: Si Javito decime!

-JAVIER: Quiero guardar lo que vaya ganando con los trabajos en una cuenta de banco, pero como soy menor, puedo tenerla pero a través de mi padre, y en verdad no quiero pedirle nada, ni que sepa cuánto dinero tengo en esa cuenta. ¿Podríamos abrir una cuenta a tu nombre?

-LEILA: Claro corazón! Decime cuando querés que vayamos y en que banco y la abrimos, y cuando seas mayor, la transfería a una a tu nombre.

-JAVIER: Yo decía en el banco de Independencia y Alberti, que nos queda cerca.

-LEILA: Dale, vos decime y vamos!

-JAVIER: ¿Te parece mañana al mediodía? En vez de almorzar en la escuela, vamos al banco.

-LEILA: Perfecto! Si querés nos encontramos en la puerta del banco.

-JAVIER: Dale! Hacemos así! Gracias Lei!

-LEILA: No tenés nada que agradecer!

Al día siguiente, abrimos la cuenta en el banco, y como hicimos bastante rápido, nos comimos juntos una hamburguesa en un local de comida rápida, antes de la hora de volver al colegio.

A ese primer trabajo, le siguió un sistema de control de stock para una casa de repuestos de autos y luego una nueva página web para la misma empresa.

Casi sin quererlo, iba engrosando los fondos de esa cuenta.

Estaba más que entusiasmado con estos trabajos, lo único malo, es que tenía menos tiempo para conversar con Leila, aunque casi siempre, bajaba a la mesa del comedor con la notebook y trabajaba ahí mientras Leila me cebaba unos mates.

-JAVIER: Lei, ¿no te gustaría retomar la carrera?

-LEILA: Siempre lo pienso! Tengo bastante tiempo libre en las mañanas y seguramente podría hacerlo, pero no sé si tu padre estará de acuerdo.

-JAVIER: ¿Querés que yo se lo diga? No tengo problemas!

-LEILA: Preferiría decírselo yo, no quiero que tengas problemas con él.

Esa idea me quedó picando en la cabeza, era su derecho el seguir estudiando y buscaría la forma de que pudiera conseguirlo, esperaría el momento en que mi padre no estuviera contrariado.

Pasaron un par de semanas y una noche mientras cenábamos, mi padre increíblemente no estaba de mal humor y aproveché la ocasión.

-JAVIER: Leila, ¿Hasta qué año cursaste la carrera?

Creo que en ese momento, Leila se dio cuenta por donde iba mi pregunta.

-LEILA: Hasta tercer año.

-JAVIER: ¿Cuántos te faltarían para recibirte?

-LEILA: Dos más, son cinco años.

-JAVIER: ¿Y no te gustaría terminarla?

-LEILA: Algún día, si Dios quiere, la voy a terminar!

-JAVIER: ¿Y por qué no aprovechas ahora? Podrías cursar por las mañanas! ¿O no papá?

-LAUREANO: ¿Y la casa?

-JAVIER: Se podría ocupar de la casa por la tarde, y si hace falta puede venir Norma, o alguna otra persona para ayudarla! ¿O no?

-LAUREANO: ¿Y tendrías que cursar todos los días?

-LEILA: Los años que cursé, lo hacía todas las mañanas.

-JAVIER: ¿Se podría inscribir para el año que viene? ¿O no papá?

Tardó un momento en contestar, supongo que evaluando su respuesta, no sabía si en verdad quería que Leila siguiera estudiando.

-JAVIER: ¿No estaría bien que se reciba de profesora?

-LAUREANO: Si, claro!

-JAVIER: Entonces te tenés que inscribir para el año que viene!

-LAUREANO: Momento! Yo no he dicho que sí aún!

-JAVIER: Bueno papá, estamos en el siglo veintiuno, tu mujer no tendría que pedirte permiso para estudiar, tiene el derecho, ¿o no? Si hace falta, con las cosas de la casa la puedo ayudar yo también!

-LAUREANO: No hablés boludeces Javier! Lo único que falta es que hagas de ama de casa!

-JAVIER: ¿Y cuál sería el problema? No dejo de ser hombre por eso. ¿Cómo hacen los hombres que viven solos y no pueden pagar a una mujer que les haga las tareas de la casa? Las tienen que hacer ellos mismos!

-LAUREANO: Pero ese no es tu caso, habiendo una mujer en la casa, tiene que ser ella la que se ocupe de todo.

-JAVIER: Perdón papá, pero, ¿cómo hace Leticia, tu socia? Es mujer y seguramente tenga un marido o una persona que la ayude en su casa!

Me di cuenta que se iba quedando sin argumentos, y decidí ir hasta el fondo.

-JAVIER: Bueno, habría que probar, si Leila no puede con todo, puede venir Norma algunos días por semana y listo! ¿O no?

La cara de mi padre era un poema, ya no tenía más excusas para negarse.

-LAUREANO: Bueno, lo pienso.

Terminamos de cenar y mi padre dijo que iba a su estudio. Ayudé a Leila a juntar todo y a ordenar.

-LEILA: Estás loco! ¿Cómo sacás así el tema de la galera?

-JAVIER: Aproveché que hoy no estaba tan cabreado! Seguro que te dice que sí! Ya se había quedado sin excusas! ¿Por qué te lo iba a prohibir?

-LEILA: Sos un loco! Pero un loco lindo con buen corazón!

Subimos juntos y cada uno fue a su habitación.

Dos días después, también en la cena, mi padre le dijo a Leila que podría continuar con la carrera el año siguiente, pero con la condición de que no descuidara la casa.

Como casi todas las noches, mi padre después de cenar, se fue a su estudio y nos quedamos con Leila juntando todo. En un momento estábamos los dos en la cocina, y sin esperármelo, se acercó a mí y me abrazó.

-LEILA: Gracias Javito! Sos un sol! La mujer que se enamore de vos, va a tener mucha suerte!

-JAVIER: Te lo merecés Lei! Qué estés con mi papá por tu familia, no quiere decir que no puedas decidir sobre tu vida, el no es tu dueño!

-LEILA: Que diferente sos a tu padre! A pesar de ser tan joven tenés las cosas bien claras y por sobre todo, tenés buenos sentimientos.

Estando en el último año de secundaria, se acercaba el viaje de fin de curso a San Carlos de Bariloche y pensaba en lo que serían esos días, son diez días de excursiones, boliches, alcohol y chicas, aunque mi cabeza iba a estar en otro lado.

Conseguí varios trabajos de programación, qué fueron engrosando mi cuenta en el banco, algunos importantes, otros más chicos, pero en ese momento, mi capital estaba en doscientos cuarenta y dos mil pesos.

Días antes del viaje a Bariloche, mientras merendábamos con Leila, me dijo:

-LEILA: Te voy a extrañar! Seguro que volvés con novia!

-JAVIER: No creo! La chica que yo quiero, no está disponible!

-LEILA: Bueno, quizás alguna otra chica, para pasar un buen momento!

-JAVIER: No lo creo, hace tiempo que la quiero a ella, y quizás en algún momento, sí así la vida lo quiere, pueda estar con ella.

-LEILA: Está bien, pero mientras tanto, te podés dar una alegría!

Cómo decirle que desde hace tiempo me había enamorado perdidamente de ella, siendo casi seis años mayor que yo, y como si poco fuera, siendo la mujer de mi padre…

Continuará…

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