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Historias del complejo turístico (11)

Silvia creía tenerlo todo: un amor correspondido, una boda soñada y una vida en común. Pero cuando Marisa aparece en su puerta con carpetas y miradas que no encajan, la confianza se resquebraja. ¿Es solo trabajo o hay algo más en ese departamento que ya no es solo suyo?

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La historia de Silvia

Segunda parte

Estaba exhausta, mi cuerpo pedía un descanso, me besó, nos abrazamos y nos quedamos dormidos.

Al despertar en la mañana, me encontré sola en la cama, fui al baño y me volví a acostar, minutos después, entró Lucio desnudo con la bandeja del desayuno.

-LUCIO: Buen día, vida mía! ¿Dormiste bien?

-SILVIA: Hola lindo! Muy bien! Cómo si me hubiera pasado un tren por encima! Pero feliz!

-LUCIO: Te amo Silvia! Cómo no he amado a nadie en mi vida!

-SILVIA: Yo también amor mío! Me hacés la mujer más feliz del mundo!

Desayunamos en la cama, después nos bañamos y salimos a pasear un rato, hasta la hora de entrar a trabajar en el bar.

Tomamos ese día como el comienzo de nuestra relación, incluso lo celebramos como aniversario.

A partir de allí, nuestros encuentros fueron mucho más seguido, todas las noches me iba a buscar al bar, y de allí nos íbamos a mi casa o a su departamento, cenábamos y dormíamos juntos en su cama o en la mía.

En alguna de nuestras conversaciones, le conté de Cristian y Leandro, no quería ocultarle nada, que supiera todo de mi pasado.

Él me contó de una novia qué había tenido durante casi tres años, al terminar la escuela secundaria, y algunas chicas con las que había estado, pero no en una relación formal.

Casi un mes después, me presentó oficialmente como su novia a su familia, Ernesto su padre, Fiorella su mamá y sus hermanas mellizas tres años más chicas que Lucio, Zoe y Luna, ambas estudiantes de arquitectura.

La verdad es que esa noche en su casa, me trataron muy bien, la cena estuvo formidable y luego del café Nos despedimos de su familia, lo hicieron muy amablemente invitándonos a que los visitáramos seguido.

Lamentablemente, yo no tenía familia que presentarle a Lucio.

Ese año terminé de cursar todas las materias, solo me quedaban dos finales por rendir.

Aprobé el primer final en noviembre, y en la mesa de diciembre, me recibí de profesora.

Me esperaban para felicitarme luego del examen, la mamá y las hermanas de Lucio.

Cómo es tradición, me hicieron estallar huevos en la cabeza y me llenaron de papel picado de cotillón.

Junto conmigo, también se había recibido Leonardo, enchasatrados los dos, nos dimos un abrazo felicitándonos y aproveché la ocasión para presentarle a Lucio.

Nos sacamos un montón de fotos, los flamantes profesores y sus familias y amigos.

Nos despedimos de su familia, y enchastrada cómo estaba, fuimos para mi casa.

Al llegar me sorprendió un pasacalle, esos carteles que van de vereda a vereda, en la cuadra de mi casa, el cartel decía con letras grandes "Felicidades profe Silvia" y debajo con letras un poco más chicas, " el amor de mi vida" y en la parte de abajo, decía Lucio y la fecha.

Toda llena de huevo y papel cómo estaba, Lucio me pidió que me parara debajo del cartel, extendí mis manos con felicidad, y me sacó varias fotos.

No podía estar más enamorada de ese hombre.

Entramos en casa, y nos sacamos toda la ropa, nos bañamos juntos, nos cambiamos y nos fuimos a cenar para festejar.

Cuando entré en el dormitorio, me encontré una bolsa de una casa de ropa.

-LUCIO: Espero haber acertado con el talle!

-SILVIA: ¿Y esto?

-LUCIO: Regalito para mí flamante profe!

Abrir la bolsa y dentro había un hermoso vestido, casi de fiesta diría yo. Color salmón, con bordados y con mangas caídas, qué dejaba los hombros al descubierto. También había una hermosa cartera blanca con una cadenita plateada, y en el fondo de la bolsa, una caja con unas sandalias blancas de taco alto.

-LUCIO: Para que te lo estrenes esta noche, hoy es un día especial y hay que festejarlo!

-SILVIA: Es hermoso mi vida! Me encantas! Sos un amor!

Lo abracé y le di un buen beso de agradecimiento.

Era una noche de calor y podría salir solo con el vestido.

Lucio se puso una camisa blanca, un pantalón color marrón y unos náuticos blancos, estaba hermoso, él es hermoso!

Me puse un conjunto de ropa interior blanco y el vestido me quedaba pintado, cómo los hombros que daban al descubierto, los breteles del corpiño, quedaban espantosos, entonces decidí probármelo sin corpiño, nunca había salido sin corpiño a la calle, me volví a colocar el vestido, y como no se me notaban demasiado las tetas, decidí ir sin corpiño.

Me peiné y me maquillé para mi Lucio, me puse las sandalias y fui al estar donde me estaba esperando.

-LUCIO: Sos hermosa mi vida! Y así vestida sos más hermosa aún! Muchos hombres me van a envidiar esta noche!

-SILVIA: Gracias corazón! Me encanta arreglarme para vos! Solo para vos!

Fuimos a un restaurante de lo más coqueto, Lucio ya había hecho reserva allí.

Por supuesto la cena estuvo fantástica, entre los dos nos tomamos una botella de vino.

De ahí nos fuimos a un pub de estilo inglés, a tomarnos un trago.

Mientras conversábamos me preguntó sí tendría vacaciones en el bar, y le dije que seguramente tendría las dos primeras semanas de enero.

-LUCIO: ¿Qué te parece si nos vamos a alguna playa?

-SILVIA: Me encantaría! Si es con vos voy a donde sea!

-LUCIO: ¿Punta del Este te gustaría?

-SILVIA: Por supuesto mi amor! Nunca fui, no conozco!

-LUCIO: Fuimos un par de veces con mi familia y a mí me encantó!

El pub se empezó a llenar de gente, y le tuve que dar la razón a Lucio, no pasaba desapercibida, y no es que tenga un cuerpo escultural, ni tetas ni culo importantes, pero con el vestido llamaba la atención, incluso de algunas mujeres.

Nos tomamos un par de tragos, bailamos, nos reímos, y cerca de las cuatro de la mañana nos fuimos para su casa.

Allí siguieron las sorpresas, cuando entramos sobre la mesa del comedor, había un paquete prolijamente envuelto.

-LUCIO: Esto también es para vos!

-SILVIA: No hacían falta tantos regalos mi vida, con tu amor es suficiente!

Abrir cuidadosamente el paquete y me encontré con una Notebook.

Me lo comí a besos!

-LUCIO: Una profe tiene que tener su propia notebook!

-SILVIA: Sos un loco amor mío!

Nos abrazamos y nos besamos, qué mejor manera de terminar el día, que haciendo el amor con el amor de mi vida!

Nos fuimos al dormitorio, entre besos nos desnudamos y nos acostamos.

Además de ser un buen hombre, con buen carácter, considerado, cariñoso y atento, era el mejor amante qué había tenido, si con Leonardo mi sexualidad había florecido, con Lucio tocaba el cielo con las manos.

Sabía darme placer, de formas que hasta ese momento no había experimentado, recorría mi cuerpo como si lo conociera más que yo, su lengua hacía maravillas en mi piel, en mis pezones, en mi vulva, en mi esfínter, sabía perfectamente como encenderme.

También aprendí a darle placer, conocí la sensibilidad de sus testículos, de sus tetillas, de los lóbulos de sus orejas, del placer que le daba mi boca alrededor de su glande, hasta me gustó recibir su semen en mi boca.

Nunca creí que podía dar y recibir tanto placer, nuestros encuentros eran interminables, cuando teníamos tiempo, comenzaban con caricias, besos, mucha lengua, le encanta hacer el sesenta y nueve conmigo arriba y recorrer con su legua desde mi pubis hasta el ano, me vuelve loca!

Estaba tan feliz con él, que no podía pedir nada más.

Con su familia la relación fue cada vez mejor, me llevaba muy bien con sus hermanas y me sentía querida por todos, me sentía en familia.

Para ese fin de año, cenamos para navidad y fin de año en casa de sus padres, y realmente la pasamos muy bien.

Finalmente, mis vacaciones en el bar, fueron la segunda y tercera semana de enero y Lucio hizo todas las gestiones para irnos a Punta del Este.

Decidimos ir en el auto, para poder recorrer un poco de Uruguay.

Salimos el nueve de enero, cruzamos a Uruguay por Gualeguaychú y estuvimos un par de días en Colonia.

Después fuimos a Montevideo donde estuvimos tres días y de allí a Punta del Este.

No podía pedirle más a la vida, era la primera vez que estábamos todo el tiempo juntos, y me sentía realmente plena, amo tanto a Lucio y me siento tan amada por él, que no le puedo pedir más a la vida.

Conocimos varias playas, recorrimos mucho, conocimos la noche de Punta del este, varios restaurantes y bares, la pasamos muy bien, nos reímos mucho y por supuesto hicimos mucho el amor.

Una noche me dijo que nos pusiéramos elegantes que iríamos a cenar a un restaurante muy coqueto.

Cuando llegamos, me sorprendí, era realmente coqueto, nos ubicaron en una mesa y nos atendieron excelentemente, comimos riquísimos platos de pescado, un delicioso postre y un momento después, el mozo se acercó y apoyó en nuestra mesa un balde con una botella de champagne dentro y dos copas muy elegantes. Destapó la botella envuelta en un lienzo blanco, sirvió ambas copas y se retiró.

-SILVIA: ¿Y esto amor?

-LUCIO: Para que hagamos un brindis por este amor!

-SILVIA: Que lindo que sos!

Levantó su copa y yo hice lo propio con la mía, me miró a los ojos y girando su otra mano, pude ver una pequeña cajita, que hábilmente abrió con esa mano únicamente y la hizo girar lentamente mirándome a los ojos.

-LUCIO: Me harías el hombre más feliz del mundo, si aceptaras ser mi esposa.

Me sorprendí, la emoción me inundó y se me llenaron los ojos de lágrimas.

-SILVIA: Claro que sí mi amor! Con vos quiero pasar el resto de mi vida! Claro que acepto ser tu esposa! Nada me haría más feliz en esta vida!

Se levantó de su silla y se acercó a mí, yo también me puse de pie y nos abrazamos y besamos sin importarnos que la gente nos estuviera mirando.

De la pequeña cajita, tomó el anillo y me lo colocó en el dedo ante mis lágrimas de emoción.

Nos volvimos a besar y nos sentamos para volver a brindar.

Después de tan feliz momento volvimos al hotel y nos amamos apasionadamente.

Cuando volvimos a Buenos Aires, estaba deseando ver a su familia, Lucio me dijo que nadie lo sabía y quería ver la reacción que tendrían al recibir la noticia.

Creo que fue mejor de lo que me esperaba, Fiorella y las chicas no paraban de llorar y de abrazarme, y Ernesto me llamó “hija” mientras me abrazaba.

En verdad me sentía plena, cuanto me hubiera gustado que mi madre me viera tan feliz.

Por comentarios de amigas del pueblo, supe que mi hermano andaba con mala gente y en tema de drogas. Me apenó saber eso, mi padre lo había consentido tanto, que había escogido un mal camino.

Una tarde hablando con Lucio para decidir la fecha del casamiento, me dijo si no quería que fuéramos a 9 de Julio para ver a mi padre y decirle que me había recibido y que me iba a casar.

Le dije que no estaba segura de verlo, aquello que me había dicho mi padre, me había dolido mucho y ya no podía verlo ni quererlo como mi papá.

Pero después de pensarlo un poco, decidí ir a verlo, quizás hubiera cambiado de opinión y por sentirse mal no se atrevía a contactarme.

Fuimos con Lucio un fin de semana que me tocaba franco el domingo, llegamos a 9 de Julio después del mediodía, los domingos mi padre no trabajaba y seguramente estaría en la que fuera mi casa.

Llegamos y bajamos los dos, no lo podía negar, estaba un poco nerviosa, no sabía con que me iba a encontrar.

Toqué el timbre y luego de un momento, una mujer de unos cincuenta años, abrió la puerta.

Al no conocerme, me preguntó quién era.

-SILVIA: Buenas tardes, ¿Luis se encuentra?

-MUJER: Está durmiendo, ¿quién lo busca?

-SILVIA: Soy Silvia, su hija.

-MUJER: ¿Qué hija? Si Luis no tiene una hija!

-SILVIA: Perdón señora, ¿usted quién es?

-MUJER: La mujer de Luis! Pero él tiene solo a Mario! Nunca me dijo que tuviera una hija!

Seguramente al escuchar la conversación, desde adentro se lo escuchó gritar.

-LUIS: ¿Quién es Mabel?

Y girando para contestarle, dijo:

-MABEL: Dice que es Silvia, tu hija! ¿Desde cuándo tenés una hija vos?

-LUIS: Yo no tengo ninguna hija! Decile a esa mujer que se vaya!

La mujer volvió a mirarme, sin terminar de entender lo que estaba pasando y bajando el tono de voz, como para que no se escuchara de adentro, me dijo:

-MABEL: ¿En serio sos hija de Luis?

-SILVIA: Y hermana de Mario, pero me doy cuenta que nada ha cambiado, cuando me fui a Buenos Aires a estudiar, me dijo que si me iba, ya no era su hija, y veo que sigue tan energúmeno como entonces, ¿Usted tiene hijos?

-MABEL: Sí, dos de mi primer matrimonio, pero no viven aquí, estudiaron y trabajan los dos en Buenos Aires.

-SILVIA: ¿Y usted se sintió bien por el progreso de sus hijos?

-MABEL: Sí, por supuesto, son dos buenos hombres y muy trabajadores.

-SILVIA: Entonces permítame decirle que no entiendo cómo está con Luis, es un pobre tipo, un egoísta y desalmado sin sentimientos.

-MABEL: Lo siento por vos, pero si querés, dejame un teléfono, quizás si hablo con él, lo haga entrar en razones.

-SILVIA: En verdad, por mi no lo sienta, pude estudiar, recibirme, trabajar y tener una vida feliz.

Ha sido un gusto conocerla.

Me di la vuelta y caminamos con Lucio hacia el auto.

-MABEL: Silvia, dejame tu teléfono, por cualquier cosa.

Anoté en un papel mi teléfono y se lo di, aunque estando así las cosas, prefería que no me llamara.

Subimos al auto y cuando hicimos un par de cuadras, no pude evitar las lágrimas, ¿cómo podía ser que a mi padre no le importara nada de mi vida?

Lucio paró el auto y me abrazó.

-LUCIO: Es un boludo tu viejo! No sabe la hija que se está perdiendo!

Decidimos con Lucio, casarnos dentro de unos meses, yo quería intentar conseguir trabajo como profesora y dejar el bar.

Lucio tenía un buen sueldo como responsable financiero de la empresa y algunos ahorros, pondría en venta su departamento para comprar uno un poco más grande, solicitando algún préstamo bancario.

Trajimos todas sus cosas y se vino a vivir a casa.

Cuando le otorgaron el préstamo, entrego su departamento como parte de la operación y la diferencia la cubrió con el dinero del crédito.

Casi dos meses después, nos mudamos al nuevo departamento, un quinto piso en el barrio de Caballito, con un amplio estar comedor, cocina, tres dormitorios y dos baños.

Decidimos no vender la casa que me había dejado mi tía, ya veríamos después qué hacer con ella, sí ponerla en alquiler o remodelarla para irnos a vivir allí, pero eso sería después de terminar de pagar el préstamo.

Por un conocido de Ernesto, el papá de Lucio, conseguí trabajo como profesora de Educación Física en una escuela primaria y secundaria privada.

Dejé el trabajo en el bar y empecé a trabajar en el mes de marzo, al comienzo de las clases, iba dos días por semana en el turno de mañana, y a mediados del mes de abril, por la renuncia de otro profesor, me ofrecieron otros cursos, y a partir de ahí iba cuatro días a la semana a la escuela, los jueves me quedaba en casa.

Lucio algunos días trabajaba también desde casa, si no tenía reuniones o compromisos en persona, se quedaba todo el día en el departamento.

Un mes después, me ofrecieron ser la entrenadora del equipo de handball de las chicas de la escuela, después de consultarlo con Lucio, acepte Encantada. Entrenábamos dos veces por semana, y los partidos se jugaban los sábados por la mañana.

Yo estaba muy contenta con mi trabajo y Lucio me apoyaba en todo, incluso no sé perdía ningún partido del equipo.

Lucio me enseñó a manejar y me dijo si no quería que compráramos otro auto, pero por el momento le dije que prefería seguir con la bicicleta, ya más adelante veríamos.

En la escuela éramos seis profesores de educación física, cuatro hombres y dos mujeres, y una vez por mes, teníamos una reunión del departamento de educación física, salud y convivencia.

Entre los profesores nos llevábamos muy bien, en varias ocasiones organizamos actividades en común para los diferentes cursos.

Con Anita, la otra profesora, nos llevamos muy bien desde el principio, y tiempo después ya éramos como amigas, aunque su forma bastante extrovertida de ser, contrastaba un poco con la mía.

Estaba casada con un abogado y cuando entramos en confianza, me di cuenta que la fidelidad a su esposo, no era una de sus virtudes. Me llegó a contar, qué tenía encuentros íntimos con un profesor, también casado y con hijos, pero sin decirme quién era.

Julián, uno de los compañeros, unos años más grande que yo, se empezó a acercar a mí, cada vez que me veía, me venía a saludar y se quedaba conversando conmigo.

Después de un tiempo, por algunos comentarios, algunas indirectas y por la forma en que me miraba, me pareció que su acercamiento hacia mí, tenía alguna otra intención.

Por supuesto, nunca le di pie a nada, yo estaba perdidamente enamorada de Lucio, y no sé me pasaba por la cabeza, ningún otro hombre.

En las vacaciones de invierno de ese año, Lucio me sorprendió con un viaje a Las leñas, para conocer la nieve y para esquiar.

Estuvimos una semana, y me di cuenta que el esquí no es lo mío, estaba más tiempo desparramada en la nieve, qué parada sobre los esquíes, pero la pasamos muy bien, nos reímos mucho y por supuesto en el calor del hotel, nos amamos mucho.

Fue en esas vacaciones, qué incursionamos en el sexo anal, hacia un tiempo se lo había comentado a mi amado, y en aquel hotel, decidimos probarlo.

Habíamos comprado un lubricante y él fue muy paciente preparando mi culito para recibir su hermosa pija, costó algo de tiempo, pero logró meterlo por completo, lentamente y lubricándonos bien y la verdad es que lo terminamos disfrutando mucho, ahora sí, me sentía completamente suya,

y a partir de allí, fue una práctica habitual en nuestros íntimos y apasionados encuentros.

Esos días en Mendoza fueron maravillosos, lo disfrutamos mucho, y estábamos cada vez más unidos.

Después de las vacaciones, ya en confianza, Anita me empezó a contar sus andanzas con el profesor.

-ANA: No sabes Silvia lo que es este hombre en la cama! Una bestia! Hay días en que no nos alcanza un turno en el hotel!

-SILVIA: ¿Y tu esposo no sospecha nada?

-ANA: Ya lo enganché una vez siéndome infiel, si él se puede divertir con otra mujer, yo también me puedo divertir con otro hombre, y qué hombre nena! No solo tiene terrible instrumento, sino que además lo sabe usar muy bien, y lo mejor es el aguante que tiene! Lo tendrías que probar Silvia! Yo no me pondría celosa!

-SILVIA: No, gracias Anita! Tengo un buen amante en casa!

-ANA: Yo también creía que mi esposo era buen amante, hasta que conocí lo que es un macho de verdad! En serio Silvia, lo tenés que probar, no te vas a arrepentir! No te digo que dejes a tu marido, solo que pruebes otra cosa, es solo sexo y del bueno!

-SILVIA: Te agradezco Anita, con lo que tengo en casa, estoy más que conforme! No necesito probar otra cosa.

-ANA: Te digo más, siempre me dice que tiene ganas de hacer un trío con otra mujer, y estoy segura qué nos dejaría satisfechas a las dos!

Aquellas intimas confesiones de Anita, me hicieron pensar que quizás su intención, era que yo participará en ese trío, pero lejos de mí, estaba pensar en hacerle algo así a mi Lucio, jamás le podría hacer algo así, con el amor que le tengo.

Llegó el fin del año escolar, y como me habían comentado los compañeros, todos los años, el colegio organizaba la fiesta de fin de año, habitualmente el segundo viernes de diciembre. Le pregunté a los compañeros, si se podía asistir acompañados, quería compartir ese momento con Lucio, pero me dijeron que era solo para los trabajadores de colegio.

La reunión se haría en un salón de fiestas, que incluía cena, música, baile y barra libre de tragos.

Para esa noche no sabía que ponerme, como ir vestida, Anita me decía que en esas fiestas, todos aprovechaban para mostrar sus galas.

Lucio me dijo de ir a comprar algo lindo para esa noche, y esa misma semana, me acompañó.

Yo quería comprar algo elegante, pero que no fuera ni revelador, ni sexy, así solo me visto para salir con mi Lucio.

Me probé un par de cosas y él me iba diciendo como me quedaba.

Me decidí, ante su insistencia, por un vestido color marrón tostado, hasta las rodillas, ceñido en la cintura, sin mangas y con un escote recatado. En verdad me quedaba muy bien, a Lucio le encantaba, no mostraba nada, pero marcaba bien mi silueta. Me lo pondría con las sandalias blancas y la cartera blanca.

Ese viernes estábamos citados a las nueve de la noche, me bañé, me cambié, y cuando me vio, mi amado me dijo que estaba hermosa, pero yo hubiera querido estar hermosa para él.

A las nueve en punto, me dejó en la puerta del salón, aún había varios profesores en la vereda fumándose un cigarrillo, me despedí de Lucio en el auto.

-LUCIO: Avísame corazón y te vengo a buscar!

-SILVIA: Yo te aviso, si algún compañero me lleva, no te hago venir hasta acá.

-LUCIO: Sabes que no tengo problema!

-SILVIA: Lo sé mi vida! Te amo mi amor!

-LUCIO: Pásalo bien corazón! Yo también te amo!

Le volví a dar otro beso y bajé del auto.

Saludé a los compañeros que estaban en la vereda y entré al salón. Fui saludando a los presentes, había muchas mujeres y hombres que no conocía, seguramente de la escuela primaria, calculé que habría alrededor de doscientas personas o más.

Ubiqué a mis compañeros y me acerqué a saludarlos, Anita conversaba con Julián y cuando ambos me vieron, me llenaron de halagos, diciéndome que estaba hermosa.

Anita tenía una minifalda bastante corta de color negro y una camisa gris ajustada que dejaba ver a través de la tela la ropa interior blanca.

Julián y los demás profesores, estaban de pantalón de vestir, camisa y saco, sin corbata, en verdad todos muy elegantes.

Por supuesto nos ubicamos todos juntos en una de las mesas redondas como para diez personas, Anita se sentó a mi derecha y Julián a mi izquierda.

Todo el servicio era de primera, el colegio no había escatimado en gastos, canapés y bocaditos fríos y calientes como entrada, bebidas de todo tipo y una suave música de fondo.

Los compañeros decidieron cenar con champagne, yo tomé alguna copa, pero después me pedí una botella de agua, no quería emborracharme.

Era Julián el que todo el tiempo, se ocupaba de que mi copa estuviera llena, aunque yo tomaba de a poco.

Estábamos pasando un buen momento, la conversación entre todos era muy divertida, intercambiando anécdotas del trabajo y de la vida.

Después del plato principal, se apagaron las luces y empezó a sonar la música para bailar, el ambiente estaba bastante distendido, hasta los directivos salieron efusivamente a bailar, supongo que incentivados por el alcohol.

Anita me tomó de la mano y me llevó a bailar entre toda la gente.

-SILVIA: ¿Vino el profesor secreto?

-ANA: Si, por supuesto! Y esta noche cuando nos vayamos seguramente la vamos a pasar muy bien! Pero también podría prestártelo esta noche si vos querés! Estoy segura que la pasarían muy bien!

-SILVIA: Ya te dije Anita, la paso muy bien en casa!

Seguimos bailando entre nosotras, se nos acercaron los otros profes y bailamos entre todos, cuando Julián bailó conmigo, me tomó de la cintura y me sujetaba mientras bailábamos, me decía cosas cerca del oído, como que estaba muy linda esa noche, que no me hacía falta mostrar nada para que se fijaran en mí, la suerte que tenía mi marido, y no sé qué otras cosas.

Por suerte se volvieron a prender las luces y volvimos a las mesas para los postres, ya me sentía algo incómoda bailando con mi compañero.

Julián me volvió a llenar la copa de champagne y con el calor del baile y lo frio que estaba, me la fui tomando.

Después de los deliciosos postres, volvió la música para bailar, Anita me pidió que la acompañara al baño y fuimos conversando.

-ANA: Silvia, en serio te lo digo, ¿por qué no lo aprovechas esta noche que estás sola? Podés salir un rato de la fiesta, nadie se va a dar cuenta, y te podés echar flor de polvo, haceme caso nena! Lo vas a disfrutar! No sabés que macho!

Ya me estaba poniendo incómoda con su insistencia, pero no quería poner tensa la situación con ella, al fin y al cabo, nos seguiríamos viendo.

-SILVIA: Basta Anita! Ya te dije que tengo a mi hombre en casa y también es flor de macho!

-ANA: No dudo de eso, pero insisto en que tendrías que probarlo! Es más, si querés nos podríamos ir las dos con él y pasarla muy bien los tres, ¿Qué decís?

-SILVIA: Te agradezco la oferta, pero quizás puedan encontrar alguna otra chica que se enganche en ese juego!

-ANA: Eso es justamente! Un juego! Y muy divertido! Pero tengo que decirte algo, él tiene muchas ganas de hacerte gozar, ya me lo ha dicho! Pensalo un rato, nadie tiene por qué enterarse! Podemos ser bien discretos.

-SILVIA: ¿A vos te van las mujeres también?

-ANA: Nunca estuve con una, pero la verdad que de solo imaginarme estando con él y con otra mujer, el morbo me puede!

Volvimos al salón y fuimos a la mesa, mi copa volvía a estar llena y Julián me la ofreció.

Los demás se fueron a bailar y nos quedamos los tres, en ese momento me imaginé que era Julián el amante de Anita y por eso se había acercado a mí, intentando conseguir algo.

-ANITA: Silvia, él es el macho del que te estuve hablando, ¿Por qué no nos vamos los tres a pasarla bien? Ya me tiene excitada pensar en eso!

-JULIAN: Dale Silvia, sabés que me tenés loco, estoy deseando hacerte gozar como nunca, tu cola me tiene enfermo y estoy loco por probarla!

-ANITA: Dale nena, vamos a pasarla bien, a echarnos un buen polvo! Si pobrás esa pija no te vas a arrepentir!

Y antes de que pudiera reaccionar, Julián me tomó de la cintura y acercó su cuerpo al mío, y acercó su cara a mi oído.

-JULIAN: Dale nena, no lo pienses demasiado, la vas a pasar bien, no te vas a arrepentir!

Y en ese momento, se acercó Anita también, quizás amparados por la oscuridad del salón, estaban intentando acorralarme y convencerme de irme con ellos.

No quería ser grosera, creo que el alcohol, la oscuridad y la situación los había envalentonado y ya no tenían reparo en proponer tales cosas.

-SILVIA: Chicos no quiero ponerme mal con ustedes! Por favor no insistan! Pero espero que entiendan mis razones, no estoy interesada en hacer un trío con ustedes, ni tener un encuentro con vos, Julián, y menos que menos siendo compañeros de trabajo. Mi sexualidad está completa con mi esposo, y no busco ninguna relación por fuera de Lucio.

Me separé de ellos, haciendo que Julián soltara la cintura, aunque siguió insistiendo.

-JULIAN: Eso lo decís porque no has probado otra cosa, estoy convencido que si llegaras a probar un buen polvo conmigo, no te arrepentirías! Si no, preguntale a Anita, que se hizo adicta a esto.

Dijo apoyando la mano en su bragueta.

-ANA: Es verdad nena, coge como los dioses! Esa pija es una locura! Con él me dejo hacer de todo! Hasta me la mete por el culo, que a mi marido nunca lo había dejado! Y me vuelve loca!

-JULIAN: Dale Silvia! Anita también tiene ganas de probarte! Imaginate el placer que podríamos darte!

-SILVIA: Bueno basta chicos! Hagan lo que ustedes quieran, yo no opino ni los juzgo, pero no cuenten conmigo!

Y diciendo eso, me alejé de ellos caminando hacia la barra a buscar un jugo de naranja.

Eran casi las dos de la mañana y cuando volví a la mesa con el jugo, ya no volví a verlos, seguramente ya se habrían ido a algún lado a hacer sus cosas.

Me quedé conversando con otros profesores, con la vice directora, tomando algo más y bailando un rato con otros profesores.

Pasadas las tres y media de la mañana, le mandé un mensaje a Lucio para que me viniera a buscar.

Casi a las cuatro de la mañana, los vi entrar nuevamente al salón, primero entró Anita y minutos después Julián. Yo ya estaba con todas mis cosas, saludando a la gente y esperando el mensaje de Lucio al llegar.

Se acercaron los dos, hacia donde yo estaba, y me dijeron:

-JULIAN: Perdón Silvia, necesitaba intentarlo, espero que esto no haga que cambie nuestra buena relación.

-ANA: Nos ganó el morbo! Perdón amiga! No volverá a pasar.

-SILVIA: Tranquilos, nadie se va a enterar por mí de lo que tienen ustedes, pero ya no insistan más!

Me despedí de ellos cuando me llegó el mensaje de Lucio, diciéndome que ya estaba en la puerta.

Durante el viaje de regreso a casa, le conté a Lucio todo lo ocurrido con Ana y Julián, no tengo secretos con él.

Preparamos todo para la boda y nos casamos en el mes de agosto de ese año.

Ese viernes para la ceremonia en el registro civil, me puse un trajecito blanco de pollera y saco, y mi futuro esposo, un hermoso traje negro con camisa blanca y corbata Rosa, estaba hermoso.

Para la ceremonia religiosa, un vestido de novia sencillo, sin cola y con los hombros descubiertos, no quería hacer ostentación. Lucio uso un traje gris, con una camisa blanca y corbata roja.

Luego de la ceremonia, hicimos una fiesta en la noche para la familia y los amigos, en parte me sentí triste, porque nadie de mi familia estuviera compartiendo mi felicidad en ese momento, pero la familia de Lucio y los amigos hicieron que todo estuviera muy bien. Incluso invité a Leandro, por supuesto con el consentimiento de Lucio, más allá de lo que había pasado entre nosotros, seguíamos siendo amigos.

No hicimos viaje de bodas, decidimos con Lucio que en el verano nos iríamos un par de semanas al Caribe, pero esa noche, la pasamos en un hotel de cinco estrellas, regalo de mis suegros.

Por supuesto, terminamos la noche haciéndonos el amor apasionadamente.

Nuestra vida no cambió demasiado con el casamiento, ya vivíamos juntos y nos amábamos con locura, pero ahora éramos marido y mujer.

A Lucio le pareció buena idea, enseñarme algo de taekwondo, algunos movimientos para, en caso de ser necesario, poder sacarme una persona de encima o poder defenderme ante una agresión. Me enseñó cómo defenderme si me agarraban desde atrás, como sacarle el arma a alguien que me estuviera apuntando, donde golpear y como en una agresión y varias cosas más. No estaba segura de poder hacerlo llagado el caso, pero cada vez que estábamos los dos temprano en casa, lo practicábamos, y me gustó tanto que iría a aprenderlo en alguna academia.

Varias veces fui a Milenia, la empresa de Lucio, cuando quedábamos para almorzar juntos, y allí conocí a Yolanda, su secretaria, una mujer muy agradable de unos cuarenta y cinco años, qué siempre me ha tratado muy bien, personalmente o por teléfono, nos hemos quedado conversando varias veces mientras esperaba a Lucio, incluso un día almorzamos juntas, porque Lucio estaba en una reunión.

Una tarde mientras tomábamos un café en casa, Lucio me contó que tenía que preparar un proyecto, una estimación de gastos, y los análisis financieros para la adquisición de una empresa, Milenia estaba buscando expandir sus negocios. Para la adquisición de esa empresa, la de Lucio, en una primera instancia, se asociaría con la empresa Corfen. Para esto, se tendría que reunir con un representante de la otra parte compradora, para analizar todos los detalles y elaborar una propuesta.

Un mediodía, al llegar a casa, dejé la bicicleta en la cochera del subsuelo y subí a nuestro piso, al entrar, me encontré a Lucio con una mujer, sentados en la mesa del comedor, varias carpetas abiertas, al verme entrar, se levantó para saludarme.

-LUCIO: Hola mi amor, te presento a Marisa Monteagudo, ella es la representante de Corfen, la empresa que se asociará con nosotros.

Me acerqué a ella cuando se puso de pie y nos saludamos con un beso.

-LUCIO: Marisa, ella es Silvia mi esposa!

-SILVIA: Mucho gusto! Encantada!

-MARISA: El gusto es mío! Lucio ya me contó de vos!

Luego de un momento, comenzaron a juntar todas las carpetas, y saludándome amablemente, se retiró.

No sé porqué, será el instinto de mujer, pero su mirada parecía esconder algo, no me dio buena espina esa mujer.

Lo que si debo reconocer, es que era una mujer atractiva, elegantemente vestida con un trajecito de pollera y casaca y zapatos de taco alto. En cuanto a su figura, se la veía imponente, la casaca, no podía ocultar el tamaño de sus pechos, bastante más grandes que los míos, y su pollera, dejaba a las claras, las dimensiones de su culo, bastante más voluminoso que el mío, y porque no decirlo, muy linda de cara y con unas buenas piernas.

Cuándo nos sentamos a almorzar, Lucio me dijo que se habían puesto a trabajar en casa, porque hasta no terminar las evaluaciones financieras y el análisis de riesgos, no se diría nada en ninguna de las dos empresas.

Por supuesto no tuve problema de que lo hicieran en casa, tenía plena confianza en mi Lucio, aunque no tanta en esa mujer.

En la semana siguiente, al llegar un miércoles del colegio, Lucio me contó que habían vuelto a trabajar con esa mujer en casa.

En mi interior, sin decírselo a Lucio, esa mujer no me daba buena espina.

El jueves, al salir del colegio, fui para la empresa de Lucio, habíamos quedado en almorzar juntos.

Cuando llegué, él estaba en una reunión, lo esperé conversando un poco con Yolanda.

Por curiosidad, les pregunté:

-SILVIA: Yoli, ¿conoces a Marisa Monteagudo?

-YOLANDA: Sí, estuvo acá un par de veces, la primera vez, se reunieron los directores con Lucio y ella, y la segunda, solo con Lucio. ¿Vos la conoces?

-SILVIA: La semana pasada cuando llegué a casa estaban trabajando, y después me dijo Lucio que se reunieron otra vez en casa. Pero te digo la verdad, por muy atractiva que sea, me dio mala espina!

-YOLANDA: La verdad a mí tampoco me cayó muy bien, es un poco engreída. Tengo algunas referencias de ella, por una vecina que trabaja en Corfen, dijo que es bastante seca, bastante exigente y un poco malhumorada.

-SILVIA: No sabría decirte por qué, pero no me gustó nada esa mujer, espero qué no le traiga problemas a Lucio.

Cuándo terminó su reunión, fuimos a almorzar, durante la comida le comenté a Lucio que me gustaría comprarme una moto, de esas eléctricas, no abandonaría la bicicleta, pero con la moto, podría ahorrar tiempo en los traslados.

Cuando salimos del restaurante, fuimos a ver las motos a una agencia, averiguamos todo, le dije cual me gustaba y nos fuimos para casa.

Al día siguiente, al llegar a casa me encontré que Lucio ese día había trabajado desde casa y antes de almorzar, me pidió que lo acompañara al subsuelo, necesitaba que lo ayudara a bajar unas cosas del auto.

Cuando llegamos al auto, una sonrisa apareció en su cara, detrás de una de las columnas, a unos metros de nuestro auto, la vi, la moto que me había gustado, con un casco sobre el asiento y un gran moño de regalo sobre el volante. Mi cara de sorpresa y mi alegría, me hicieron colgarme de su cuello y besarlo.

-LUCIO: Para el amor de mi vida! Para que vuelva más rápido a casa!

-SILVIA: Gracias amor mío! No tenía tanto apuro!

-LUCIO: Si te gustó!, ¿por qué no tenerla ya?

-SILVIA: Gracias mi cielo! Cómo te amo amor mío!

-LUCIO: Y yo corazón! Con el alma!

A partir de ese día, usaba la bicicleta o la moto, si solo iba a la escuela, iba en la bicicleta, si tenía que hacer algo más, me iba en la moto, es mucho más ágil en el tránsito.

La semana siguiente, salí más temprano del colegio, uno de mis cursos, había salido de visita al Museo de Arte contemporáneo. Llegué a casa a eso de las diez y media de la mañana, y la volví a encontrar trabajando con Lucio, y sobre la mesa había un par de tazas de café.

Saludé amablemente, y le dije a Lucio que iría a preparar el almuerzo.

Cerca del mediodía, Lucio me avisó que esa mujer ya se iba, y me acerqué a saludarla, su mirada decía algo más, como si me estuviera estudiando, y una leve sonrisa, qué no pude entender, como de sobradora, no me gustó para nada. Durante el almuerzo Lucio me fue contando del trabajo.

-SILVIA: ¿Qué onda amor con esta chica? ¿Macanuda?

-LUCIO: En verdad no la conozco demasiado, las veces que nos encontramos, ha sido para trabajar, solo la primera vez, hablamos un momento de otros temas, fue cuando le conté que estaba casado con vos.

-SILVIA: ¿Y cómo va el proyecto?

-LUCIO: Ya le venimos dando forma, hemos analizado todos los estados contables de la empresa que se comprará, niveles de producción, ventas, cantidad de personal, y las deudas que tiene. Pero supongo que en unos días estaremos en condiciones de presentar la propuesta.

Ese fin de semana, no había partido de hándbol de las chicas, y aprovechamos con Lucio para irnos a Pinamar, salimos el viernes a la tarde, y volvimos el domingo a la noche. Aunque el tiempo no estuvo lindo, de todas formas la pasamos muy bien, caminamos por la playa, salimos a cenar, descansamos bastante y por supuesto hicimos mucho el amor.

La semana después del viaje, Lucio me contó que todo estaba encaminado, y que seguramente la semana próxima, presentarían la propuesta.

El jueves de esa semana, Lucio me volvió a decir que había estado trabajando en casa con Marisa, pero cuando llegué ya se había ido.

Ya quería que terminaran con ese trabajo, no sé porqué, ya no quería a esa mujer en mi casa, y no como una cuestión de celos, era otra cosa.

El jueves siguiente, cuando llegue a la escuela, estaba todo el mundo en la vereda, profesores y alumnos, sin saber que había pasado, me acerqué y los compañeros me dijeron que habían detectado una escape de gas y que por ese día se suspendieron las actividades, los padres venían a retirar a los pequeños, y los chicos de secundaria se retiraban solos.

Nos quedamos hasta que todos los niños fueron retirados por sus padres y casi una hora y media después volví para casa.

Hice algunas compras de camino y llegué pasada las nueve y media de la mañana, dejé la bicicleta en la cochera y subí por el ascensor de servicio, el que da al hall trasero, para entrar por la puerta de servicio con las bolsas de las compras.

Dejé las bolsas en la cocina, no sabía si Lucio estaba en casa, pero cuando fui al comedor, vi las carpetas abiertas sobre la mesa, y en el sillón, una cartera de mujer y un saco. Nada bueno vino a mi mente, si sus cosas estaban allí, ¿dónde estaban ellos? Me detuve tratando de escuchar algo y caminé sin hacer ruido por el pasillo que va a los dormitorios, quizás estuvieran en el estudio dónde Lucio tiene su computadora, no estaban allí, ni tampoco en nuestro dormitorio, el único ambiente que quedaba, era el dormitorio que lo utilizábamos como habitación para invitados, en ese momento el corazón se me empezó a acelerar, me transpiraban las manos y me temblaban las piernas, no quería encontrarme con lo que mi cabeza estaba pensando, trataba a cada paso de creer que eso no pasaría.

Continuará…

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