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July y yo 15

Raquel es una ginecóloga profesional, pero su visita al local de Rafa tiene un propósito muy distinto al médico. Entre especulums y promesas de trueque, la doctora descubre que su propia salud sexual requiere una atención... práctica. ¿Podrá resistir la tentación de pasar de la camilla de exploración a la fila de los clientes?

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CAPITULO XVI

SIGUEN LAS OBRAS

CONTACTO CON RAQUEL LA GINECOLOGA

En cuanto tuve ocasión le conté a Azucena lo que había pasado.

“Algo me temía. Esta Claudia, no se puede con ella, pero irse una semana con un mendigo, es rizar el rizo. Bueno es mayorcita, ella sabrá lo que hace”, me dijo demostrando que estaban acostumbradas a las excentricidades de la aristócrata, “pero quédate con sus cosas, tendrá que llevarlas cuando vuelva a casa”, me dijo con buen criterio.

Terminamos la jornada, y había dos entre las VIPS, que me interesaban, no tanto para el fuckhole, sino por sus profesiones. Y eran Raquel, la ginecóloga, y Paula, la informática.

Aproveché según iban saliendo para preguntarles que tal.

Todas encantadas de haberse conocido, incluso alguna con comentarios jocosos el sobre trabajo que iba a tener su esteticien para relajarla las zonas bajas.

Cuando vía a Raquel, la dije,

“Que tal Raquel?”, le pegunté a la ginecóloga.

“A ver, jaja, si digo que bien miento, y si digo que mal también. Como experiencia, ha sido tremenda, nunca pensé que me pudieran penetrar tantos chicos en una sola tarde, ni que yo pudiera tener orgasmos del nivel que he tenido, pero mal, por dos cosas, primero porque estoy molida, muerta, y segundo porque esto no se pude repetir todos los días”, me dijo.

“Ya claro, pero bueno alguna vez si puedes repetir, si quieres”, le dije.

“Si, claro, pero no es tan fácil escaquearse toda la tarde así, ya sabes, maridos, pacientes, esas cosas”, me dijo ella sacando a relucir su picaresca.

“Bueno, de eso último también quería hablarte. Ya has visto que las chicas aquí están sometidas a un estrés intenso de, bueno, del coño. Nos vendría genial una ginecóloga de confianza”, le dije.

“Ah, vaya, no esperaba sacar clientas aquí, más bien lo contrario, pero bueno es una oferta tentadora. Déjame pensarlo, darle unas vueltas y si me das tu número te llamo y te digo algo”, me dijo ella.

“Ok, guapa, quedo a la espera de tu llamada”, le dije.

Busqué con la mirada a Paula, la informática, pero no la vi. Bueno habría ocasión de contactar con ella en otro momento.

Los días fueron pasando, y al final recibimos la licencia para las obras. Podíamos empezar a crear el Fantasy Place. Diego y su gente, esperó a recibir la puerta de entrada trasera, la nueva, para aprovechar y meter por ahí todo el material.

A cada sala le habíamos añadido un baño. En el fuck hole, irían dos, uno para los clientes, y otro para las chicas. En el Laboratorio, la Sala de los deseos y la Mazmorra, un aseo en cada uno con inodoro, ducha y lavabo. Con eso nos asegurábamos tener la instalación tanto de agua como de desagüe en toda la planta baja.

A mitad de la semana me llamó Raquel, la ginecóloga

“Hola Rafa, soy Raquel, ¿te acuerdas de mí?, me dijo.

“Si, claro, mi ginecóloga favorita, ¿cómo no me voy a acordar? Que tal Claudia, ¿sabéis algo de ella?”, le dije. Yo había visto a Irene, y le había entregado los otros 500 euros para Nikolai, y su ropa porque algo tendría que ponerse para volver a casa

“La verdad es que me dijeron que había vuelto, pero no la he visto, y quedaron en traérmela para que la hiciera un reconocimiento, pero aun nada”, me contestó.

“Bueno no estará muy mala entonces”, le dije.

“Ja, ja, bueno que he estado mirando la agenda, y podría hacer huecos a tus chicas para atender a dos por semana”, me dijo.

“Ya, bueno yo tenía otra idea, pero bueno yo creo que lo mejor es que nos veamos, y lo comentamos en directo”, le dije.

“Me parece bien”, dijo ella.

“Podemos quedar en la hora de la comida, comemos algo rápido y charlamos, así no interrumpimos tus consultas”, le dije.

“Me parece genial. Yo podría comer contigo hoy, o el miércoles que viene, no paso consulta por las tardes.”, me dijo.

“Pues si te parece comemos hoy, estará también July, mi mujer, y quedamos a las 14 horas en el restaurante de la esquina. Hay buena comida”, le dije.

“Genial, pues a las 14 horas estoy allí”, me dijo colgando.

A la hora acordada, July y yo estábamos en el restaurante. Raquel, se retrasó unos minutos.

Cuando llegó, me levanté para acompañarla a la mesa. Nos dimos dos besos y lo mismo hizo con July.

Mientras nos servían el aperitivo y nos tomaban la comanda, hablamos de banalidades, sin profundizar para que no nos interrumpiera el camarero cada dos por tres.

Una vez ya con la comida delante, empecé a decirle a Raquel,

“Muestra empresa, es una empresa familiar, podríamos decir. Tenemos las chicas justas para ocupar los respectivos puestos. Luego están las reglas, enfermedades, asuntos familiares….No podemos perder a una chica más para ir a tu consulta. Por eso, hemos pensado que quizás una solución ideal, sería que tú te reservaras una tarde al mes para pasarte por el local y hacerlas allí la revisión. Seguro que podías hacérsela si no a todas, a la mayoría”, le dije.

“Yo no he descartado esa idea, que también se me pasó por la cabeza, pero pensé que era mejor no mover el instrumental, pero bueno se puede solucionar. Realmente lo que se tarda, y solo en el primer reconocimiento, es en hacer la ficha, porque el reconocimiento en sí no son más de 10 o 15 minutos, con lo que se pueden ver a todas las chicas en un par de horas”, me dijo Raquel.

“Bien, estamos en honda entonces. ¿Y cuánto cuesta el reconocimiento?”, le pregunté.

“Sin tener que hacer ninguna prueba especial, entre 100 y 150 euros, aunque pondríamos precio de grupo, yo creo que 80 euros por chica estaría bien”, me dijo.

"Lógicamente el reconocimiento lo pagaran las chicas, aunque también se te podría pagar en puestos", le dije.

"En puestos?", preguntó Raquel.

"Si, por ejemplo, siete días al mes gratis en una cabina", le dije.

"Un trueque, no es mala idea, aunque quizás siete días al mes es mucho, no podría venir tantos días, pero podríamos cambiar días por cabinas", me dijo.

"A qué te refieres", pregunté.

"Pues que pueda disponer de una cabina por chica atendida, para usarla yo o gente que yo pueda traer", me dijo.

"Si, ¿porque no?, que opinas July?", pregunté.

"Pues que, seguro que Raquel ya tiene candidatas para traer", me dijo.

"No concretamente, pero si es cierto que a veces vienen a consulta mujeres con problemas para mantener relaciones sexuales satisfactorias, y quizás una tarde en un puesto, la ayude a descubrir su propio placer", nos dijo Raquel.

"Bien pensado, lo único ya sabes avisando para tener cabina libre", le dije.

Ya habíamos terminado de comer.

"Vente si quieres ahora al local y ves donde podrías hacer los reconocimientos y de paso le echas un vistazo a July que hace tiempo que no va al ginecólogo, desde que se la follo, vamos", le dije a Raquel.

"No me digas, no me lo puedo creer, ¿y no lo habéis denunciado?", preguntó Raquel.

"No, le estás poniendo la golosina delante, y es lógico que al final se la coma", le dije.

"Decirme el nombre y le denunció al colegio de médicos", nos insistió Raquel.

"No, vamos para el local, y de camino que te cuente ella", le dije.

July le fue contando sus aventuras con Mamadou y sus colegas y el esfuerzo a que someten sus agujeros, y Raquel, después de sorprenderse le dijo que por supuesto quería echarla un vistazo.

Cuando llegamos al local, Raquel sacó del coche, un maletín que según nos dijo lo llevaba por si visitaba a alguna clienta en su casa.

Como aún era pronto, empezamos por que viera a July. Se desnudó, se tumbó en una camilla y empezó la exploración.

Empezó por los pechos y las axilas, buscando algún bulto que pudiera delatar algo. Luego la estuvo palpando por la zona de los ovarios y por último la metió un especulo desechable, y la estuvo explorando por dentro.

Cuando terminó, le dijo que todo lo veía bien, que efectivamente el cérvix lo veía más dilatado de lo normal, pero que no estaba ni hinchado ni rojo, que podría indicar algún tipo de anomalía.

“Bueno, mejor así”, le dije yo, “realmente ha sido rápido. Pero ahora te toca a ti el reconocimiento”

“¿A mí?, y ¿quién me lo va a hacer?”, preguntó ya con voz de pícara.

“Pues si se anima July, entre los dos, si no, yo solito”, la dije.

Le consulté a July con la mirada, y asintió.

“Donde me pongo ahí mismo?”, preguntó Raquel señalando a la camilla en la que había estado July.

Le dije que si, se desnudó y se tumbó en la camilla. Raquel tenía un cuerpo muy apetecible. Dos tetitas yo calculo que una 90, figura bastante estilizada, y un coñito totalmente depilado que no parecía muy trabajado.

July, ni corta ni perezosa, empezó a morrearla. Había cogido una gran experiencia con mujeres y ella mejor que nadie, sabía dónde buscarla los puntos más sensibles.

Durante el morreo, al que Raquel respondía sin problemas. A la vez, la iba pellizcando la punta de los pezones, con las uñas, sin llegar a clavarlas con fuerza, pero haciendo que sintiera un tacto diferente al que estaba acostumbrada cuando la acariciaban los pezones.

Yo por mi parte, estaba entretenido con su coño. Tenía los labios mayores carnosos, y los menores finos y alargados. El clítoris, era como un grano de arroz, y sentí curiosidad por saber si aquello se agrandaba o no con la excitación.

Empecé a pasarla la mano por la raja, haciendo esporádicas apariciones con la lengua. Al menos en su respiración y jadeos, mostraba que empezaba a excitarse.

Me centré en su clítoris, a ver si aquello crecía un poco.

Y vaya que si lo hizo. Pasó de un grano de arroz, a un garbanzo medio, aflorando por el capuchón, cual capullo que lo recoge.

No había mucho más que hacer que follarla y es lo que empecé a hacer, mientras July, le ponía el coño en la boca para que se lo comiera.

Estuve un rato follándola coño y culo hasta que se corrió bien corrida.

Cuando lo hizo y después de dejarla descansar unos instantes, le pregunté si quería seguir, quedarse en un puesto o lo dejaba por hoy.

“Hombre, ya que estoy colocada…..”, me respondió.

Bueno pues ya teníamos otro puesto cubierto esa tarde.

Y tan bien que se lo pasó Raquel follándola 37 tíos y en ningún momento pidió descansar.

Cuando terminó me dijo, que genial, que ya hablaríamos de cuando empezar el reconocimiento a las demás. Le dije que sí y que, si veía o hablaba con Paula, le dijera que me gustaría hablar con ella sobre sus conocimientos de informática. Aproveché mientras se aseaba y vestía para decirle que se me había ocurrido en el nuevo Fuck hole, poner una cabina VIP. A esa cabina serían la que irían ellas cuando vinieran, ya que casi todas habían mostrado deseos de repetir, y que había que aprovecharlo.

Que como esa cabina iba a ser más cara, para que, a los clientes, les quedara un buen recuero, había pensado darles una especie de certificado, con una foto sin cara de la VIP, y sus datos más intrascendentes.

Así se picarían para follarse a todas y poder llenar el álbum, que por cierto ahora que lo menciono, podía hacer un álbum de verdad. Sería un incentivo para los clientes, que les animaría a follarse a más para llenar todo el álbum.

Le pareció una locura divertida, y me dijo que lo hablaría con las otras a ver que les parecía.

Las obras del nuevo local, iban a muy buen ritmo. Para la mazmorra, al margen de que Diego me había dicho que con hormigón impreso, simularía las piedras de una mazmorra medieval, no tenía nada, y supongo que el mobiliario tampoco sería barato. Decidí hablar con Diego, para que intentara el fabricar todos los muebles que pudiéramos.

CONTINUARA

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