¿Quién mató y se folló a mi gallina?
Sancho llega tarde con el corazón acelerado y una confesión que desafía todas las reglas que Rubén le enseñó. ¿Qué secretos esconde la mujer casada y qué precio pagará la curiosidad del joven?
Miré el reloj. ¡Va Sancho! ¡Hoy llegas tarde! -Pensé para mis adentros.
Como cada mañana había quedado con mi compañero Sancho en nuestro bar de amarre de referencia para tomarnos nuestro primer café de la mañana. Era uno de aquellos bares cutres de abuelos, pero cercano a nuestras oficinas. La verdad es que estaba siempre bastante concurrido y era el punto de encuentro de los madrugadores que como a mí, nos encantaba disfrutar del primer café de la mañana entre el bullicio y el jolgorio de la gente.
El café que hacían no era muy bueno pero, se podría decir que al ser ya un cliente asiduo ya sabían cómo preparármelo. Un café con leche largo de café y corto de leche en vaso de cristal y con un buen chorro de whisky. Un café con amor como yo solía pedírselo a las camareras. Siempre había alguna de ellas que era más simpática que la otra. Siempre alguna con la que intercambiar una miradita, una palmadita en el trasero y si se terciaba, una noche sin compromiso de sábanas calientes. Esos ratitos en los que el juego de la conquista era el que me hacía sentir vivo, atractivo y aun joven, no obstante mi edad.
Sancho estaba llegando tarde aquella mañana y en menos de tres cuartos de hora empezaba nuestro turno. Como si me hubiera leído el pensamiento, recibí un whatsapp de él en el que me decía:
< Rubén, lo siento llego tarde. Me demoro 5 minutos. He tenido una noche movidita;) >
Por el tono del mensaje y la carita sonriente que lo acompañaba, supe que no tenía por qué preocuparme. Que nada malo le había pasado. ¡Todo al contrario!. Seguramente aquella noche había tenido juerga y al llegar al café, como mutuamente siempre hacíamos, me lo explicaría con pelos y señales.
Juntos hacíamos un buen equipo. Desde que mi antiguo compañero y casi mentor Antonio se jubiló, él había pasado a ser mi mano derecha. Desde que entró de jovencito en el cuerpo y al ser más joven que yo, lo había adoptado como a un hermano. Le había visto crecer, evolucionar y formarse, sintiéndome orgulloso de él. Hacía unos años que se había separado y desde entonces, iba de relación en relación, sin buscar nada serio. Pero solo unos días atrás, le empecé a notar más despistado y absorto en sus cosas.
Al llegar, lo hizo acalorado, un poco más nervioso de lo que era habitual en él, pero con una amplia sonrisa en su boca.
- ¡Hola Rubén! ¡Lo siento tío! Siento llegar tarde -Fue lo primero que me dijo disculpándose, al tiempo que se quitaba la chaqueta y se acomodaba.
Todas las mañanas nos sentábamos en la misma mesa, la que estaba más cercana a la ventana. Así podíamos cotillear y ver a la gente que entraba en el bar o a la que pasaba por la calle. Siempre los dos situados de forma estratégica de cara a la puerta. Nunca dándole la espalda a la misma, en parte por deformación profesional.
- ¡No te preocupes, chico! -Le respondí quitándole hierro al asunto. Le llamaba "Chico" muchas veces de forma cariñosa.
- ¡Uff, tío! ¡Qué nochecita! -Me empezó a contar con una sonrisa pícara.
- ¡Va! ¡Cuéntame ya! ¡Ya vas tarde! -Le contesté, dándole pie para que empezara.
- ¡No sé por dónde empezar, tío! Me da apuro, ya que todo es bastante complicado, pero creo que me estoy metiendo en un berenjenal. Ya he cruzado el límite con ella y mira que te critiqué en su momento cuando tú hiciste lo mismo.
-Siguió diciéndome, bajando el tono de su voz a modo de confidencia.
- ¿En serio Sancho? ¡No me jodas tío! ¿No me digas que te has liado con esa mujer? ¿Se puede saber por qué no sigues mis consejos? -Le reproché, subiendo sin ser consciente el tono de voz.
Hacía varias semanas que habíamos hablado de ello. Me explicó que había estado flirteando con una mujer que parecía que ambos conectaban. Que creía que él a ella también le gustaba, pero el principal problema era que estaba casada. Me pidió asesoramiento y se lo di, aunque por lo visto había hecho caso omiso del mismo.
Le di mi consejo como amigo y por mi propia experiencia personal. Pero, realmente ¿quién era yo para juzgarle? ¿Quién era yo para darle mi opinión sobre precisamente ese tema? ¿Quién era yo para decirle que no se metiera en esa relación? ¡Nadie! Yo no era nadie para darle un consejo así. Pues ni yo mismo durante años, había sabido que hacer con mi propia vida.
Cuando durante años, había mantenido una relación clandestina de aquel tipo. ¿Quién era yo para advertirle de la soledad que comportaba una relación así? Una soledad que aparecía cuando después de cada encuentro sexual semanal, ella marchaba a su casa con su marido y su familia.
Siempre entre mentiras, manteniendo las apariencias o haciendo tripijuegos para no ser descubiertos. Siempre cambiando nuestro lugar de encuentro al cabo de no más de unos meses para que los vecinos no empezaran a sospechar. Siempre siendo yo quien la llamaba a las horas convenidas o borrando nuestras conversaciones de whatsapp, para que su marido no sospechara.
Me acostumbré a vivir así. Me acomodé a esa situación con la cual me sentía seguro. Con la cual tenía lo mejor de los dos mundos. Asegurando la adrenalina de lo prohibido y la aventura de saber que podíamos ser descubiertos. Pero, al mismo tiempo conservando mi libertad. No le tenía que dar explicaciones a nadie y podía salirme del guión tantas veces como quisiera.
- Sancho, ¿Estás seguro de lo que haces? ¿Sabes dónde te metes? Ya sabes mi experiencia. Pero si tu lo ves claro ¡adelante!...
Y hasta aquí el fragmento de este relato que publico por aquí, si te apetece continuar leyéndolo, lo encontrarás en su integridad publicado en mi Blog. Y quizás te preguntes ¿Cúal es mi Blog?
Pues econtrarás la dirección del mismo en mi presentación de mi perfil de la NINYAMALA de Todorelatos y en el enlace web allí en esa misma página.
¿Te animas a continuar leyéndolo, a descubrir la parte más erótica del mismo y a adentrarte en mi mundo?
Yo te espero allí, en elmundo de la NinyaMala.
Un Beso
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