Xtories

Mi primera y única infidelidad, parte segunda.

Vanessa intenta resistirse, pero la vergüenza se disuelve ante el peso de su deseo prohibido. Marcus no solo toma lo que quiere, sino que le recuerda quién es la verdadera dueña de su cuerpo. Cuando despierta, cree que fue un sueño, pero la realidad la espera en la estación.

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Un saludo queridos lectores, para una mejor comprensión de la historia os sugiero la lectura del capítulo anterior.

Una sonrisa se dibujo en la cara de Marcus mientras su rostro lentamente se acercaba al mío, sus sugerentes labios carnosos lamieron el lóbulo de mi oreja mientras sus enormes brazos aprisionaban mi frágil cuerpo contra el suyo.

Su mano derecha, con lentitud pasmosa, descendió por mi espalda hasta llegar a la cintura.

-Estás temblando Vanessa - susurró el joven-

-Esto,..., esto no está bien, suéltame..., suéltame por favor - imploré-.

Marcus se separó de mí, con un rápido movimiento bajo su bóxer rojo manchado de precum. Su verga era tremenda, casi unos veinte centímetros, ligeramente curvada hacia arriba. Los testículo tremendos y totalmente depiladas colgaban de su entrepierna.

El negro llevó su mano al pollón masturbándose muy lentamente.

-Mira Vanessa como me tienes desde que he llegado a casa y te he visto tirada con Sonia en el sofá.

No podía apartar la mirada de su cuerpo, sus desarrollados pectorales, los poderosos y enormes brazos y en especial su descomunal verga que se movía al ritmo de la mano de su dueño.

Ardía de calor como si tuviese fiebre, la boca seca y pastosa, mis pezones empitonados sensibles al fino roce del camisón y mi vagina, totalmente lubricada.

-¿Habías visto alguna así?,..., seguro que la de tu querido esposo no es ni siquiera la mitad.

Balbuceé como una estúpida sin poder articular palabra, mientras unas leves punzadas, que nunca antes había sentido, atravesaban mi sexo.

Marcus volvió a acercarse.

-Yo,... yo,...., Sonia podría,..., podría volver - atiné a decir-.

-Vas a disfrutar tanto como la putita de tu prima, quítate el camisón Vanessa, quítatelo y muéstrate para mí - ordenó el joven-.

Como un autómata y sin control de mi cuerpo, mis manos descendieron hasta la cintura asiendo la delicada prenda y tirando hacia arriba lo saqué por la cabeza.

Por primera vez y, pese a llevar puesto mi tanguita, estaba prácticamente desnuda ante otro hombre que no fuese mi marido.

Los ojos de Marcus directamente fueron a mis pechos, quise cubrirlos pero mi cuerpo no me obedeció. Las manazas de Marcus muy lentamente se acercaron. Mi respiración era entrecortada, al sentir su contacto, muy avergonzada, cerré los ojos.

No había vuelta atrás, el saberme deseada por un joven al que doblaba en edad, la lejanía de mi casa, el morbo y el deseo se impusieron a la fidelidad a mi marido.

Las grandes y ásperas manos del negro sobraban mis tetas, su lengua lamió mis enormes areolas mordisqueando los duros y tiesos pezones. Mis manos, inertes hasta ese momento, asieron la cabeza del joven que tanto placer me estaba proporcionando. Un gemido de placer se escapó de mí boca.

-Ahhhh gimoteé débilmente

-Que tetas, - exclamó Marcus -, son perfectas, son las tetazas de una madre que han alimentado a sus hijitos.

-Te,..., te..., ¿te gustan mis tetas? - pregunté orgullosa-.

El joven dejó de mordisquear mis pezones, sus manazas continuaron amasando mis pechos mientras su rostro se acercaba al mío.

-¿Cuántos hijitos tienes Vanessa?, - preguntó Marcus morbosamente-.

No tuve ocasión de contestar, nuestras bocas se fundieron en un sucio y profundo beso. Su lengua profanó mi boca mientras las lenguas se enroscaban intercambiando la salba.

Me sentí totalmente desfallecida, mis manos se aferraron a sus anchas espaldas para no caer al suelo, mientras las suyas descendieron hasta mis nalgas, sobándolas y tomando posesión de éllas. Su tremenda virilidad se apoyo en mi estómago manchándolo de líquido precoital.

-Menudo culo tienes Vanessa,..., que culazo, - farfullaba el joven- mientras lo sobaba sin oposición alguna por mi parte.

Repentinamente, Marcus me giró quedando mi espalda apoyada sobre su trabajado torso. En ese instante sentí su tremenda virilidad punteado mis nalgas mientras sus manos, por debajo de mis axilas, tomaban nuevamente posesión de mis pechos.

-Voy a follarte Vanessa,...., voy a follarte como nunca lo han hecho en tu puta vida,...., como nunca te ha follado tu marido,...., vas a ser la esclava blanca de una polla negra - se jactó el joven.

Marcus me inclinó sobre la mesa de la cocina poniéndome en forma de L, sentí el frío cristal del mueble en mis sensibles tetas. Sentí sus manazas retirar el fino hilo de mi tanga negra quedando expuesto mi arreglado y húmedo sexo a la entera disposición de ese joven macho negro.

Su enorme y poderosa verga jugó durante interminables segundos con mis labios vaginales.. Fuertes contracciones que nunca antes había sentido atravesaron mi húmedo coño provocándole gemido y espasmos de placer. Moví las caderas buscando que el negro me penetrase peto Marcus se retiraba retrasando la penetración.

-Pídelo Vanessa,...., súplica que te folle,...., ya no te acuerdas de tu fiel marido,..., ojalá te oyese suplicar a un negro que te folle, - se ufanaba el joven mientras restregaba su enorme verga por mi culo y los labios vaginales.

En un último rasgo de dignidad no quise suplicar a Marcus, estaba poniendo una tremenda cornamenta a mi amado esposo, pero no iba a darle ese capricho a un joven al que doblaba en edad.

El negro no aguantó más y con un poderoso golpe de su pelvis me empaló hasta lo más profundo de mi sexo. Pese a estar lubricada un grito de dolor se escapó de mí boca ante la carcajada y satisfacción del negro.

Su tremenda verga llegó hasta lo más profundo de mi útero, dilatándo y abriendo mi coño como antes nunca lo había estado mientras sus testículo chocaban contra mis nalgas.

Tras breves segundos para que mi sexo aceptase la verga de otro hombre que no era mi esposo Marcus comenzó a aparearse conmigo. Me sentía llena y atravesada por su verga mientras en la cocina se escuchaba el chof chof de sus cojones chocando contra mis nalgas.

-Te gusta mami,..., te gusta joder con negros,... verdad Vanessa,..., te excita ponerle los cuernos a tu marido con un verdadero macho..., - se jactó Marcus -.

No aguanté más, sus humillantes palabras fueron el detonante, las punzadas y contracciones de mi sexo se extendieron por todo el cuerpo, llevé la mano a mi sexo, un tremendo y profundo vergazo de Marcus y una leve caricia en mi clítoris hizo que estallase.

Mi espalda se arqueó, mientras mi cuerpo temblaba sin control alguno ordeñando la tremenda virilidad del negro. Unos breves orgasmos fueron el detonante del estallido final, el orgasmo más largo y placentero de toda mi vida.

-La buena esposa,..., la modélica madre de familia se ha corrido como una verdadera zorra,... eres igual de puta que tu primita Sonia - se vanaglorió el joven-.

Marcus era inagotable, sus humillaciones para con mi familia no hacían que disminuyese el ritmo de su penetración, durante más de veinte minutos estuvo empalando mi dilatado sexo haciéndome correr otras dos veces, cosa que nunca ha logrado mi marido.

Gritando desesperadamente Marcus sacó su pollón de mi sexo. Vacía y desesperada giré mi cabeza. El negro se masturbaba compulsivamente de forma desesperada.

-ME CORRO,..., ZORRA ME CORRO,..., me corro sobre el cuerpo de una esposa blanca.

Mi espalda y mis nalgas ardieron al sentir los tremendos trallazos de la caliente semilla del joven.

Apenas tuve tiempo de recuperarme, los poderosos brazos de Marcus me levantaron llevándome a su habitación. En su cama aquella noche volvió a follarme en otras tres ocasiones.

-Despierta Vanessa,..., despierta o llegaremos tarde a la estación.

Totalmente desorientada abrí los ojos. Mi prima Sonia me miraba divertida.

Ha sido una pesadilla pensé aliviada, menudo sueño, me he dejado llevar por una fantasía.

En ese instante un cuerpo se agitó al otro lado de la cama.

La conversación con mi prima camino de la estación la dejo a vuestra imaginación.