Xtories

Cuernos y jaula de castidad 2(y orgasmo frustrado)

La jaula aprieta, la humillación arde, pero el placer es incontrolable. Mientras ella regresa de una noche de placer con otro, él espera encerrado en su propia frustración, sabiendo que cada gota de su semen es un tributo a la traición que ama.

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Yo estaba perplejo. La jaula estaba a punto de explotar y notaba la punta húmeda. Nunca la había visto así de desatada follando. Sonriendo, lamiendo los dedos de otro hombre. Entró el siguiente vídeo.

Este era un vídeo de minuto y medio, estaba grabado en vertical (como odio que la gente grabe así). Pero lo que vi era su cuerpo a cuatro patas en la cama chupando su polla. Estaba claro que era él el que grababa la escena. Él se regodeaba grabando todo su cuerpo, ella estaba desnuda salvo las braguitas con blonda abierta, las medias y los tacones que le regalé. Se oía a él jadear y cuando enfocó a su entrepierna vi como ella sujetaba con una mano su polla. Su mano agarraba fuertemente el pollón, destacaban sus largas uñas rojas recién pintadas, mientras metía la punta lentamente en su boca. Ella le descapullaba el pollón y lo chupaba con deleite, sin levantar la cabeza, concentrada en la tarea de dar placer y obtenerlo con la mamada. Con la mano agarraba toda su polla mientras con la boca chupaba el resto de lo que alcanzaba, se la oía hacer suaves sonidos con la lengua mientras chupaba. Él le preguntó: “¿Te gusta chupar?” y ella sin sacarse la polla de la boca gimió un si. Apoyó la cabeza en una pierna de él y siguió chupando lentamente mientras él la acariciaba con delicadeza. Era una escena extraña para mi, ella se relajaba recostando su cabeza en su muslo y sin soltar su polla le lamía el glande mientras él con una mano la acariciaba sin dejar de grabarla. En un momento dado ella miró para arriba mientras recorría con la lengua la polla de arriba abajo, se sonreía, le gustaba la sensación que provocaba en los hombres al chuparles la polla.

Su polla era prácticamente el doble de larga que la mía y mucho más gruesa. En un momento dado, la salivó entera, se puso a cuatro patas y se escuchó a él decir: “Venga vamos, así hasta el fondo”. La posición era super erótica, ella a cuatro patas en la cama con su polla en la boca, empujaba todo su cuerpo para que su boca pudiera tragar todo ese trozo de carne. El le daba instrucciones diciéndole que siguiera mientras le acariciaba el pelo y la espalda. Ambos gemían, aunque ella no se la sacó de la boca ni un solo instante mientras la chupaba con glotonería. Le gustaba chuparla así, lentamente para luego intentar tragársela entera, pero con él no lo conseguía. Lo intentaba una y otra vez pero no le entraba entera, demasiado larga y gruesa. Aún recuerdo cuando me la chupaba a mi y su nariz tocaba el pubis con facilidad, metiéndosela entera. El no dejaba de acariciarla con la mano izquierda mientras seguía grabando con la derecha. En un momento mientras ella le chupaba el glande, él acercó el móvil y le preguntó: “¿Te gusta venir aquí a follar?” y ella sin sacarse la polla de la boca hizo un sonido con la boca que sonó a un si. Luego empezó a recorrer con sus labios de arriba a abajo la polla mientras gemía. Empezó a masturbarlo sin dejar de lamer el glande con deleite, concentrada en seguir dando todo el placer que podía. Él suspiraba mientras ella apretaba los labios incrementando la intensidad de la mamada. Él volvió a suspirar y apagó el móvil.

El siguiente vídeo estaba muy oscuro, un minuto y cincuenta segundos. Él volvía a grabar y lo primero que se veía era como con su mano derecha azotaba con su pollón su culo con un sonoro plas plas. El preguntó: “¿Quieres que te la meta en el culo?” “Si, por favor” respondió ella soltando un gemido y estando a cuatro patas dándole la espalda. Él con una risa entre dientes repitió: “¿Si por favor?” y empezó a metersela lentamente hasta el fondo. Ella se masturbaba mientras no dejaba de gemir, él hablaba entre dientes pero no se le entendía que decía. Siguió metiéndosela hasta el fondo iniciando un lento mete y saca, con la mano izquierda grababa y con la derecha empezó a darle azotes en el culo, el móvil se agitaba y la calidad no era la mejor. Ella gemía sin parar. Él se inclinó sobre ella sin parar de penetrarla mientras ella ladeaba la cabeza. Le acariciaba la cara y el pelo y acabó colocando la mano en torno a su cuello y apretando un poco le preguntó en susurro: “¿te gusta que te diga que eres una puta?” Ella no respondió. Él siguió follándosela por el culo más fuerte y de pronto ella medio ida y jadeando dijo: “Creo que me voy a correr.” Y él respondió: “Correte puta” y empezó a repetirlo mientras la agarraba por el cuello y ella seguía gimiendo sin parar. Las penetraciones de él era más largas y profundas, como dándole tiempo a ella para que se corriera, amplío el objetivo del móvil y se regodeo en grabar como su polla larga y gruesa entraba lentamente en su culo desde la punta hasta el fondo. En ese momento ella se corrió y él se la metió entera de golpe. Se acabó el vídeo.

Llegaron un par de vídeos más pero era muy cortos y completamente oscuros. Apenas en total habían 5 minutos de grabaciones. En ese tiempo había visto a otro hombre que la hacia disfrutar más que yo, la llamaba puta y ella se corría. Tenía claro que mi pareja era una puta y yo un cornudo. Algo dentro de mi sintió que ella ya no era mía, que me quería pero que su placer ya no era mío, era suyo y de quién ella quisiera, yo tendría que conformarme y disfrutar con eso. La jaula, su jaula estaba hinchada. Me desnudé completamente y me fui al cuarto de baño a prepararle una bañera de agua caliente y sales. Preparé una botella de vino blanco y esperé.

Al poco rato escuché la puerta del ascensor abrirse. Me acerqué a la puerta y la abrí, ella entró en silencio y la besé en la boca, me arrodillé y le lamí los píes. Ella me levantó y me volvió a besar. La guíe al dormitorio en silencio y la empecé a desnudar, ella se dejaba hacer. Ninguno pronunció palabra, ella se tumbó boca arriba y yo comencé a besarla y a ir lamiendo su cuerpo, pasando por sus senos, su cadera hasta llegar a su entrepierna y lamerle el coño lentamente, el mismo coño que él había follado minutos antes. Después de un rato lamiendo, ella se inclinó y se dio la vuelta poniendose a cuatro patas mostrandome su trasero, quería le lamiera el culo. Lo tenía abierto, yo acababa de ver como era follado por una polla el doble de grande que la mía, si es que lo mío era polla en ese momento. Vi su culo enrojecido con marcas de azotes en su glúteos, con dedos de otro marcados en su cintura. Lamí su culo sintiendo el sabor del lubricante, metí la lengua lo más profundo que pude escuchándola a ella gemir, un gemido suave, mucho más suave que el mismo que había escuchado de sus labios minutos antes cuando un pollón entraba en ese mismo culo. Ella se dio la vuelta y me dijo: “ven, abrazame”. Me tumbé en la cama encima suya y empezó a besarme mientras la abrazaba. La besé en la boca y nuestras lenguas se hicieron una, sabía que él se había corrido en su boca pero no me importó y a ella tampoco. Su lengua invadía mi boca y sus dientes mordían suavemente mi lengua. Ella siempre acababa tragándose el semen de sus amantes y yo estaba ahora besando esos labios que minutos antes tenían una polla entre ellos. Yo me coloqué encima de ella a horcajadas para no hacerle daño con la jaula de metal que estaba completamente hinchada, dura. Situé la jaula encima de su coño todavía húmedo, sentía su calor y humedad en mi pequeño pene a través del acero. Ella me sonrió y me dijo: “Te gusta, ¿verdad?” Yo no respondí.

Me levanté y la llevé al cuarto de baño. Ella terminó de desnudarse del todo. Vi que estaba cansada. Su maquillaje casi había desaparecido, se metió en la bañera y exclamo: “mmm, que bien” yo me acerqué a la cocina y le preparé una copa de vino blanco, volví al baño y le dí la copa, me puse a su espalda y le empecé a pasar una esponja por la espalda. El vapor llenaba el cuarto de baño, cambié la posición y me puse al otro extremo de la bañera. Ella levantó un pie y yo lo cogí y empecé a masajearlo y luego cambié al otro. Ella volvió a gemir. Le encantaban los tacones altos pero se cobraban su factura y un pequeño masaje venía bien. Estaba concentrado en eso cuando de pronto vi las braguitas con blonda, ella no las había estrenado conmigo, no eran para mi, eran para él. Lo mismo pasaba con su liguero y sus medias. Los tacones estaban ahora en el suelo, me quedé mirándolos, me acordé del día que se los regalé. Ella me dijo que eran muy caros y yo le dije que qué importaba. Ahora los había visto puestos al mismo tiempo que otro hombre se la follaba mejor de lo que yo nunca podría. La jaula volvió a endurecerse y levantarse. Me sentí raro. Ella estaba con la cabeza reclinada hacia atrás mientras yo le masajeaba los pies y ella soltaba un leve gemido de placer. Dejé suavemente los pies y me levanté. Ella me dijo: “ven, entra conmigo.” Yo sin levantar la cabeza respondí: “No gracias, esto es para ti, te espero en la cama, tomate todo el tiempo que quieras.” “¿Bien?” le pregunté. Ella me miró y asintió.

Salí del baño y me senté en la cama. Mi cabeza iba acelerada. Las imágenes, sentimientos y sensaciones se agolpaban en mi mente. La excitación continua que me provocaba la jaula hacía que todo se multiplicara por cien y me costará tranquilizarme. Intenté respirar profundamente, temí desmayarme si me ventilaba demasiado. Miré a la jaula, estaba hinchada, la punta húmeda. Tuve la tentación de tocarla pero temí eyacular por accidente. Ella seguía en el baño, el tiempo se paró para mi, bajé la cabeza hacia mi entrepierna. La jaula seguía hinchada, la punta húmeda, volví a ser plenamente consciente del plug penetrándome. Me maldije por la traición de mi cuerpo. Quería dejar de sentir ese placer contenido, un placer infinito sin llegar a ningún sitio. Pero no, la excitación no bajaba y la jaula seguía dura, inflada por la carne de mi pene, impidiendo la erección.

No sé cuanto tiempo pasó, pero ella apareció al borde de la cama secándose con una toalla. Se inclinó sobre la cama y volvió a besarme suavemente esta vez. Yo salí de mi ensimismamiento que ella siempre identificaba con momentos de mal rollo.”¿Estas bien? Se que esto tiene que estar siendo fuerte para ti.” Yo la miré sin saber que decir, sólo asentí. Me sentía completamente indefenso, ella me empujó suavemente hasta tumbarme totalmente en la cama. Empezó a besarme suavemente mientras agarraba la jaula. Ella olía a recién duchada, las puntas de su pelo mojado. Mientras gemía dijo: “mmmm, me encanta sentirla así de dura, hinchada, palpitando sin poder crecer, una polla para follar y una jaula para jugar, ¿verdad?” Yo volví a asentir. “Te lo has pasado bien” pregunté. Ella me miró y dijo sonriendo: “Si, muy bien. La verdad es que tenía muchas ganas de follar y él lo hace muy bien.” Fue bajando con su lengua por mi torso. Me mordió los pezones hasta que yo lancé un pequeño quejido. Su mano no soltaba la jaula, apretaba los testículos suavemente y seguía acariciando la jaula. Cerré los ojos y de pronto sentí como su lengua empezaba a lamer los huecos de carne marcada que dejaba la jaula en mi pene. También empecé a sentir como su mano empujaba el plug hacia dentro follándome el culo. “¿Te gusta?” preguntó. Dije un cobarde “si” apenas audible y ella sonrió y siguió. Apretaba la jaula y la movía de un lado para otro, yo notaba que iba a explotar. Entonces paró y cogió un vibrador. Se arrodilló a mi lado me cogió una mano y me la puso en su coño, estaba mojado. “Tocame, no quiero que estés así de parado.” Me indicó. Yo lo hice como en una ensoñación, su humedad llenó mi mano, era insaciable, se habría corrido unas 4 o 5 veces con su amante en las últimas horas y seguía chorreando. La jaula empezaba a tirar fuertemente, el aro de metal se clavaba en la base de los testículos mientras el pene intentaba crecer y empujaba la jaula hacia arriba. Pinchazos de dolor pero la jaula no se relajaba, era parte de mi cuerpo. Ella encendió el vibrador y empezó con un ritmo suave colocandola sobre la jaula. Yo gemí un poco. Ella cogió el móvil y puso a reproducir los vídeos que había grabado, luego colocó el vibrador sobre el pubis. Me mostraba con una mano el móvil, mientras con la otra recorría con el vibrador el pubis y los testículos. Intenté aguantar todo lo que pude pero era inutil.

Unos minutos después empece a sentirme mojado. Me recliné un poco y vi como un liquido espeso y blanquecino brotaba lentamente por el hueco frontal de la jaula de castidad. Estaba eyaculando, un orgasmo frustrado, ella me miraba y siguió sin parecer darse cuenta. Sentí un poco como salía el esperma de mi cuerpo, calor y humedad, nada más; ella ahora la miraba fascinada como la jaula apretada, con la carne marcándose en los barrotes, seguía saliendo el liquido blanquecino que chorreaba lentamente mojándome la entrepierna. Yo no podía hacer nada salvo esperar que acabara. Ella siguió mirando, luego me miró a mi y sonrió. Y dijo: “Bueno, ya está, ¿estás bien, verdad?” se acercó a la jaula, le dio un beso, con la punta de un dedo cogió un poco de esperma y se lo llevó a los labios mientras me miraba, se levantó y se fue al baño. Volvió con un paquete de toallitas húmedas y me lo lanzó. Bueno limpiate, quitate el plug y vamos a cenar algo que estoy muerta de hambre. Se puso el pijama en un momento y salió del dormitorio.

Yo permanecí todavía un rato tumbado, jadeando, intentando no pensar. Pensaba en tantas cosas, al mismo tiempo, una era su pequeño besito a la punta, los mismos labios que hace unas horas devoraban con ansia un pollón y que luego tragaba su esperma mientras que yo tenía un besito después de un orgasmo frustrado. Pasé la toallita por encima de la jaula. La verdad es que había eyaculado bastante, se notaba que llevaba más o menos un mes sin eyacular. Me concentré y mi pene fue relajándose dentro de la jaula hasta que dejó de apretarme el aro. Me levanté, terminé de limpiarme con las toallitas y me puse el pijama. Eran casi las 11 de la noche y la escuchaba al otro lado de la casa, en la cocina preparando un picoteo. Cenariamos poco y rápido para irnos a la cama. Un rato en el sillón, yo sentado a la izquierda desnudo y ella recostando la cabeza sobre mi muslo derecho mientras su mano derecha acariciaba la jaula, manteniendome en tensión. Apenas estuvimos así un rato. Ella estaba muy cansada y nos fuimos a la cama. Los dos desnudos, yo a la derecha y ella a la izquierda, mi brazo izquierdo abrazandola, ella abrazada a mi mientras con su mano izquierda agarraba su jaula. En la oscuridad sentí como apretaba la jaula y la recorría diciendo: “Es mía.”