Un delicioso chico
El bar era solo el pretexto; ella ya sabía lo que buscaba al verlo. Y cuando la puerta del departamento se cerró, la curiosidad se convirtió en una necesidad insaciable que ninguno de los dos pudo ni quiso frenar.
Salimos en plan de conocernos por primera vez a un bar en mi ciudad, muy cercano a mi domicilio, me encantó desde que me lo presentó mi amiga un par de días antes y presentía que su miembro era grande, de acuerdo a su complexión y no me equivoqué.
Llegamos al bar, platicamos un rato mientras bebíamos unas cervezas, la plática se hizo más íntima, el me decía que era muy atractiva y que quería experimentar si había química entre nosotros, yo no lo hice esperar y me acerqué a él, ofreciéndole mi boca, no dudó y me besó, literalmente me comió la boca y exploró con su lengua, me prendió sobremanera y yo le propuse buscar un lugar donde pudiéramos estar solos, fuimos a su departamento y al entrar nos comimos a besos, me tocaba la cara y yo no perdí la oportunidad de tocar sus brazos fuertes y su abdomen, queriendo llegar más abajo, me urgía averiguar si lo que pensaba sobre su virilidad era cierto, pero esperé a que el diera el siguiente paso, no tardó y me agarró de las nalgas, pegándome a él y no desaproveché la oportunidad y toque su verga por encima de su pantalón, era exactamente lo que esperaba: grande, gruesa y dura, me mojé de inmediato y decidí dejarme llevar hasta donde el quisiera, el me levantó de las nalgas mientras me deboraba con la boca y yo ya gemia y deseaba comerle la verga.
Me llevó a la cama y de inmediato me despojó de mi ropa, dándome vuelta para chupar mi espalda, hombros, nalgas, mi rajita y mi culito, yo bramaba con ganas de sentir su verga dentro de mí, me dió vuelta y chupó mis pechos, yo le arrancaba la playera y lamía su pecho y brazos, desendi a su abdomen y forcejie con su pantalón, el me ayudó y lo desabrochó, le bajé el boxer y allí estaba, grande, gruesa, dura, mirando hacia arriba, levemente curveada y brillante, con líquido preseminal, la toqué y mi mano no alcanzaba a cerrarse en su verga, sentí punzadas en mi vagina y me abrí de piernas para rogarle que me penetrara, no dudó y me la metió duro y entera, me comí ese miembro enorme y grueso a la primera, me llenaba totalmente, lo que dificultó al principio la fricción, pero rápidamente se adaptó a mi cavidad y me mojé a chorros, lo que facilitó su increíble y placentero trabajo, me cogió sin tregua, duro, rápido y profundo, yo gozaba y le gritaba que me diera toda su verga, duro..duro, el me complació, yo le decía que tenía una verga deliciosa y disfrute cómo pocas veces, pasaron como 20 minutos a la misma intensidad y profundidad y tuve un orgasmo casi doloroso, pero prolongado y rico, el se vacío dentro de mí y sentí las contracciones de su verga y sus chorros, fue increíble.
Me acurruque a su lado, desnudos y sudorosos, nos besamos mucho y nos toqueteamos, para quedar dormidos y rendidos, pero con mi esperanza de continuar comiendo esa deliciosa y bien manejada verga.
Al despertar,,,, continuamos nuestra deliciosa noche, yo le agarré y acaricié su verga y no resistí, bajé a lamerla y succionarla, no me cabía en la boca a pesar de estar aún semierecta, la babie mucho y lo motivé, me puso a cuatro y me lamió en un rico 69, me vine en su boca y me movió de lado, metiendomela duro nuevamente de manera deliciosa, no tarde en venirme nuevamente, pero mis ganas no menguaban, me puso de perrito y continúo, duro y profundo, sentía que desfallecia y pedía más y más duro, el me complació y se vino nuevamente dentro de mí, caímos rendidos y nos abrazamos para descansar y yo deseaba más, de verdad me volvió su perra hambrienta.
Descansamos un poco y me levanté, dirigiéndome a la regadera, me metí y me alcanzó, me besó y tocó muy rico, lo que me prendió instantaneamente, lo abracé y besé, tocando su verga y motivandolo, yo quería más verga. Me levantó la pierna y me la metió, cogiéndome parados un rato, me volteó y me penetró de espaldas, me provocó otro orgasmo y se vino dentro de mí por tercera ocasión, me inqué y se la lami, limpiando la y comiéndome los restos de nuestras venidas, nos bañamos acariciándonos y salimos de la regadera, me vestí y me despedí.
Repetimos muchas veces y siempre me encantó.
Saludos
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