Olga, mi vecina. Septiembre 2021.
La pandemia encerró a Olga en casa con un marido distante y una frustración acumulada. Cuando la paciencia se agota, no busca la salida habitual: llama a la puerta del vecino que siempre la ha mirado con deseo. Esta vez, él no la dejará irse sola.
Olga, mi vecina. Septiembre 2021.
Cuando vives en una población pequeña cerca de una ciudad digamos que la discreción es incluso un lujo, ya que no es tan fácil como parece ocultarse de posibles habladurías o cotilleos por parte de los vecinos que conviven en la misma localidad, aunque siempre puede haber vecinos interesantes, como es el caso de mi vecina Olga, una mujer casada, enamorada de su marido, aunque a veces me comenta que no sabe de qué se enamoró de él, pero bueno, otras veces si se le nota el porqué de dicho enamoramiento.
Esta historia como todas las que escribo, es real menos el nombre de la protagonista, que no estamos para dar datos concretos.
Todo el mundo sabe lo que hemos pasado con la pandemia, no hay que recordar a nadie cosas que no han vivido, pero en mi caso, digamos que al estar viudo por el covid me ha hecho incluso mirar mejor a esos vecinos que tienes y que cuando te obligan a estar encerrado y sin apenas poder comunicarte mucho, pues te hace incluso hablar y saber más de quien desde un balcón enfrente tuya aplaude (cuando toco hacer dicha acción) o cuando estás en esas tardes de verano casi anocheciendo y hablas con ellos con la separación de unos metros entre ventana y ventana.
Olga no sé si estaba igual de cansada que su marido o es que las circunstancias de estar encerrados les pasaron factura, pero varias tardes o casi noches siempre estaban discutiendo, hasta que una tarde ella ya no aguanto más que su marido llegará del trabajo y se sentará en el sofá para ver fútbol, incluso de otras ligas que no son las nacionales mientras ella no paraba de hacer cosas en casa tras venir también del trabajo (de que me sonará a mí dichas acciones pasadas?) pero como apenas se podía salir al principio de la pandemia y menos irte a algún bar o terraza de bar para tomarte algo y desconectar aunque solo fuera con las amistades, pues nuestra protagonista salió con su mascarilla a dar un paseo, dejando todo por hacer, para eso también estaba una persona tirada en el sofá de su casa que podría hacerlo, tenía y tiene dos manos, dos piernas y un cerebro. Total, que harta y sabiendo que ya no aguantaba más se fue a dar un paseo, sola.
Yo estaba sacando una lavadora, ya que aún no he conseguido enseñar a la ropa a meterse sola en la lavadora, que dicho aparato se ponga solo en funcionamiento junto con el detergente y el suavizante, y sobre todo, que cuando acabe de lavarse, salga la ropa sola, se estire y se cuelgue sola en el tendedero, aunque algún día lo conseguiremos, que sé que hay mentes que estudian cómo hacerlo.
Pues yo siempre que me pongo a hacer cosas de casa lo hago con música relajante o alegre o divertida, pero en un tono bajo para no molestar a los vecinos, no estamos para enfadarlos con gustos musicales distintos, y note que llamaban a mi puerta, raro, pero lo hicieron con insistencia.
Miré por la ventana que tengo cerca de la puerta y vi a Olga. Me extraño, porque no parecía que ocurriera nada malo, pero entonces le abrí la puerta y sin decirme nada, paso hacia delante, entrando en mi salón. Yo, obviamente a gente desconocida no dejo entrar, pero Olga me ayudó mucho cuando mi esposa falleció y la verdad es que creo que ella es la única de las vecinas que tengo que tiene total confianza para entrar y sin decir nada esperar a que yo cierre la puerta y llegue donde ella esté.
Cuando estaba a un metro de ella, me dijo:
— Perdona que entre de repente y también te pido perdón por si estabas ocupado, pero necesito hacer esto sí o sí, y por favor, no digas nada, luego te lo explico, ¿vale?
Yo asentí con mi cabeza, ya que me pidió que no dijera nada, por tanto, cuando vi que se quitó las gafas de sol que llevaba puestas, la mascarilla y note que sus ojos estaban hinchados, estaba claro que había llorado lo no escrito, pero cuando note como se acercaba lentamente hacia mí y posaba sus labios en los míos, la verdad en que no supe que hacer, nada más que pegar los míos a los suyos, abrir mi boca y esperar a que su lengua entrara en mi boca para así juntarlas y hacer ese baile lingual que siempre hacen dos lenguas.
Agarre de la cintura a Olga, apretando su estómago a mi polla, ya que la altura de uno es considerable con la de ella, los dos metros míos contra su metro sesenta pues se nota a veces. Acaricie su culo, que siempre me ha gustado mucho, enfundando en unos leggins negros o mayas de hacer yoga, muy cómodos y discretos y entonces ella me agarro de mi culo, que estaba en un pantalón de baloncesto, ya que no son cortos pero tampoco son unas bermudas, con lo que hizo que nuestras respiraciones se agitaran y entonces, los dos de pie, en mitad del salón y besándonos, tocándonos y sin separarnos, pues hicieron que algunas partes de nuestros cuerpos empezarán a tomar forma y tamaño, en mi caso, la polla dura como una estaca, en su caso, los pezones duros, las tetas hinchadas y su coño muy mojado. Sabía que estaba así su coño porque una de mis manos, la que no tocaba su culo, obvio se metió dentro de su leggins por delante y fue directo a su clítoris y labios, humedecidos rápidamente por lo que hacían arriba nuestras lenguas.
Se separó de mí mirándome a los ojos con una sensación de vicio y deseo que hacía mucho tiempo que no había experimentado en mi vida y sin decir nada, se quitó la chaqueta, la camiseta, el sujetador, se bajó los leggins y el tanga que apenas había notado yo y mientras se quitaba con sus pies las zapatillas de deportes que llevaba, me agarro de mi polla bien dura por fuera de mi pantalón de baloncesto y me llevo al sillón, uno que tengo que le llaman “orejero” porque es solo de una persona, me hizo la señal con su mano de que me sentará mientras ella misma me bajaba mi ropa, y cuando me senté, se puso de rodillas enfrente de mi polla, se recogió la melena que tenía con una goma del pelo y abriendo la boca se la metió toda en su garganta. No digo el placer que sentí, porque es indescriptible.
Estuvo un buen rato tragando y sacando de su boca mi polla que cada vez estaba más dura y brillante por su saliva, hasta que cuando ella se cansó, se levantó, se sentó encima mía y agarrando mi falo se lo fue metiendo lentamente mientras gemía y decía que era una delicia sentirla como le entraba. Cuando ya se pegó su cuerpo al mío, se alzó y mirando al techo movió su cadera como ajustándose más y se levantó un poco separándose escasos centímetros de mi cuerpo sin sacar nada de su vagina para dejarse caer encima de mí.
Ostras.
Me cabalgo fuerte y rápido tras esa sentada bestial y cuando yo empecé a agarrar sus tetas con mis manos fue cuando grito y se quedó sentada en mí. Yo notaba en mi polla las contracciones del interior de su vagina, estaba claro que ella se había corrido y bien, porque estuvo temblando un buen rato y sin moverse, hasta que empezó de nuevo a realizar el vaivén de su cadera, como queriendo más, pero entonces acerco su boca a la mía, mientras intentaba recuperar su aliento y me dijo entonces:
— Gracias, de verdad, gracias por no decir nada y dejarme a mí hacer todo. Ahora me siento llena, deseada y sobre todo, bien follada. Por cierto, luego te cuento porque necesito esto, pero ahora hazme tuya o lo que quieras, pero por favor, no te corras pronto, déjame disfrutar de ti un buen rato, que mi cuerpo hace mucho que no disfruta.
Y sin apenas poder decir yo nada, dejé que me siguiera cabalgando ahora lentamente, mientras acariciaba su clítoris con mis dedos de una mano mientras seguía con la otra pellizcando su teta, la que podía con la mano, su pezón estirándolo y agarrando toda la teta. Ella empezó de nuevo agitando su cuerpo, acelerando sus gemidos, casi gritos y de nuevo esa explosión dentro de su cavidad uterina hizo que volviera a caer encima mía, ahora sin poder decir nada, solo jadeando, solo respirando rápidamente.
Entonces deje que Olga pudiera recuperar algo de fuerza de su cuerpo y cuando note que ya se me salía mi polla de su coño por lo mojada que estaba, por esos orgasmos que había tenido, la separé de mí y entonces ayudando a que no se cayera de las pocas fuerzas que tenía, la deje que se tumbará en el sofá y separando sus piernas, me fui a por su clítoris, a comerlo, a chuparlo y lamerlo para que sintiera lo que un hombre desea muchas veces antes de empezar a follar, deleitarse con su lengua y labios sobre ese músculo tan especial que tienen las mujeres.
Empecé por lamer lentamente pero notando que ella apenas podía hacer nada por las pocas fuerzas, entonces aceleré mi lengua en su clítoris, mientras mis dedos, tres entraban en su cueva para hacerla que gimiera más, que disfrutará como debe de disfrutar una mujer cuando quiere follar, y cuando estaba a punto de nuevo de correrse, succione con mi boca su botón y parpadeando con mi lengua mientras mis dedos la follaban no paré de hacerlo hasta que se tensó su cuerpo, intentando incluso ella de cerrar sus piernas para poder ahogarme con su coño y gritando de nuevo, exploto cayendo su cuerpo en los cojines del sofá.
Entonces todavía ella vibrando su cuerpo por ese orgasmo bestial que acaba de tener, abrí sus piernas y metiendo de un solo golpe mi polla la taladré bestialmente, en la posición de misionero que no me gusta mucho, pero que le entraba a la perfección, hasta que ella volvió a correrse de nuevo y pidiendo que le llenará su coño, que ya lo tenía lleno de carne, pero casi me grito que me corriera dentro de ella, y así lo hice, levantando mi espalda y apoyándome con mis manos en los cojines del sofá, acelerando, metiendo duramente en su coño, incluso me olvide de quien estaba follando, solo metía y sacaba tan rápido y fuerte que cuando ya no pude aguantar mucho más, jadee tan fuerte y casi gritando y solté unos cuantos chorros dentro de su cueva, haciendo que ella volviera a correrse de nuevo.
Me tumbe encima de ella, casi sin poder moverme, porque hacía tiempo que ni follaba ni tenía un orgasmo tan bestial. Pero como si sofá es amplio me gire un poco hacia un lado para no ahogarla con mi peso, tumbándome hacia un lado mientras mi polla salía erecta de su coño aun soltando algo de semen y dejando un hilo desde su vagina y labios hasta su ingle, para así acabar los dos intentando recuperar nuestras respiraciones aceleradas por los orgasmos producidos.
Estuvimos un rato tumbados, casi abrazados y besándonos suavemente. Entonces Olga me dijo:
— Gracias de verdad. Lo necesitaba. Sé que tenía que haberlo hecho de otra forma, no tan brusca, pero desde que te quedaste viudo pensé que como hombre, necesitarías alguna vez algo de sexo y bueno, como sé que eres discreto y más de una vez me has visto a escondidas como solo tú sabes hacerlo, de mirarme con esos ojos de deseo, pues hoy ya estaba harta del que vive conmigo, de que me diga que ya no soy atractiva y que no le pongo y que ningún hombre se fijaría en mí, que te he usado como un objeto sexual, espero que me perdones, pero creo que no he hecho mal, o ¿sí?
Yo, intentando calmarla le conteste:
— Olga, desde siempre me has atraído mucho. Te agradezco y te he agradecido muchas veces como me has ayudado cuando mi esposa murió y lo atenta que estabas para que no me diera ese posible bajón. Es cierto que muchas veces he deseado hacer esto que hemos hecho ahora, pero creí que no era ni el momento ni el lugar o al menos he pensado. Que hayas venido hoy y me hayas usado para tu placer, bueno, otro hombre lo hubiera tomado incluso mal, pero la verdad es que yo no me he sentido usado, si acaso, no sabía al principio porque lo hacías, pero estaba claro que habría un motivo, y si tú has disfrutado como yo, al menos por igual, pues puedes venir cuando quieras a casa a follarnos, porque yo con este polvazo no me he quedado aún satisfecho, pero eso sí, hacía mucho tiempo que no me corría como lo he hecho ahora contigo. ¿Y qué es eso de que no eres atractiva, de que los hombres no te desean? Menuda estupidez, si tú tienes un cuerpo para que todos los hombres deseen follarte y llenarte completamente, vamos, conmigo lo tienes muy claro, cuando a ti te apetezca, me avisas y te hago ver las estrellas, aunque sea mientras dura el partido de fútbol, que creo que son dos horas, lo que hemos tardado en este polvazo. Pero la próxima vez, guapa, lo hacemos en otro sitio, cama, ducha, encima de la lavadora que me has pillado sacando la ropa y sin tenderla, o en la cocina o donde quieras, y en otras posturas, que con el culo tan rico y redondo que tienes, yo quiero ponerte en cuatro a morder almohada o cojines.
Nos reímos, porque ella sabía que tiene un cuerpo que levanta pollas y moja coños y yo sé que, aunque no la tenga larga como muchos creen que las mujeres necesitan, al menos las dejo llenas y aguantando las dos horas de un partido de fútbol como se tiene que follar medio en condiciones a una mujer que lo desea. Mientras, seguíamos besándonos e intentando recuperar nuestros cuerpos.
Luego, ella miro su móvil y viendo que no tenía llamadas, se puso su tanga, su camiseta, se arregló su melena, se puso su leggins y sus zapatillas, y antes de ponerse su chaqueta y despedirse de mí para salir de mi casa e irse a la suya, me dijo:
— Tranquilo, creo que ya tengo amante por una larga temporada e imagínate quien puede ser, bueno, no, no lo imagines, eres tú, pero la próxima vez te mando un mensaje por el móvil y te aviso, al menos para que la ropa de la lavadora no se te quede muy arrugada, jejeje.
Y mientras se iba hacia la puerta de la calle de mi casa, casi riéndose, me metió de nuevo su lengua en mi boca, mientras acariciaba mi polla y diciendo para ella misma, pero oyendo yo:
— Que buena herramienta tiene mi vecino, está tengo que usarla yo y dejarla en forma.
Y se fue a su casa, a escasas dos puertas de la mía.
Continuaremos.
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