Pedro 13
Creía que lo había perdido todo al verla en brazos de otro. Pero cuando llega a su casa, la realidad es mucho más compleja de lo que sus ojos le mostraron. La libertad, por fin, tiene su nombre.
Cuando está mañana se fue a su casa, la mujer que amo desde que la conocí siendo adolescente, se dejó una carpeta con trabajo que había hecho en mi casa, había salido de prisa por qué el jardinero llegaría a arreglar el jardín y no quería que supiera que había dormido fuera, ya que era un trabajador de muchos años y su marido lo conocía.
Me metí a la ducha, dispuesto a acercarselo en cuanto saliera al trabajo, hoy tres grupos tenían excursión y eso me dejaba libre muchas horas de la mañana, quería ir a alguna tienda como Ikea por cosas que ella siempre echaba en falta, como más almohadas, algunas mantas mullidas y más vajilla, que reconozco tener lo mínimo y eso solo si estoy solo.
Cuando me subí al coche, una melodía que a ambos nos gustaba estaba en la radio, tararea recordando como ella al escucharla, me deleitaba con un personal concierto donde más que talento y buena voz, había actitud y sentimiento.
Conforme llegaba a su casa, algo no me parecía del todo normal, un coche que no conocía estaba en el aparcamiento de afuera, a lado del suyo, y eso me avisaba que no estaba sola y un sentimiento me recorrió el cuerpo entero, pensé que mi temor mas grande se estaba haciendo realidad antes de tiempo y que su marido había regresado, no tenía idea alguna de cómo ella manejaría la situación y que le diría con respecto al hijo que esperaba, habíamos hablado de ello y me decía que se divorciaria, por qué quería empezar conmigo esta aventura, pero que no sabía cómo se lo diría y como Esteban lo tomaría.
Me acerqué a la ventana por si veía a algo y entonces mi corazón se partió en mil pedazos, la mujer que en esa misma mañana tenía en mis brazos, y le hacía el amor, estaba en brazos de otro hombre y este parecía saber que necesitaba ella por qué la veía completamente relajada, note la cercania, la complicidad y la confianza en ese abrazo, el cuello de el parecía el sitio perfecto para que ella pudiera posar la frente, y una mano le acariciaba lentamente la espalda, y no pude soportar más y salí de ahí, cagando leches, como si la velocidad pudiera llevarse lo que mis ojos tenían grabado.
Mientras me acomodaba el cinturón de seguridad, las lágrimas anegaron mis ojos, pensé en ella y en mi, en como sus manos, delicadas y fuertes al mismo tiempo me apretaban contra ella como si pudiera estar más dentro suyo mientras follabamos en mi cama, en mi sofá y en la encimera de la cocina, pensé en sus piernas a ambos lados de mi cabeza, temblorosas y débiles, mientras me comía su coño y no paraba de gemir, o de cómo me pedía más fuerza cuando la tenía a 4 patas y en ese preciso momento yo me sentía el hombre más viril del mundo, ¿ Acaso todo había sido sexo?
No niego que me encantaba hacerlo con ella, jamás había tenido mamadas como las que ella me hacía donde no tardaba ni 5 minutos en correrme, o cuando me montaba, sus movimientos eran tan sensuales que tenía que concentrarme en no terminar antes de tiempo, pero para mí nunca fue solo sexo, era también esos momentos donde veíamos alguna tontería que nos hacía charlas por horas, cambiando de tema una y otra vez.
Pensé en todas las mañanas que desperté muy temprano para observarla dormir, y disfrutar su espalda, con 6 lunares repartidos en toda su extensión, en su cadera contundente y totalmente femenina, en sus pechos que dentro de nada se verían hinchados y llenos, preparándose para ser alimento, de lo que yo creía que sería, el resultado de amarnos, por qué ¡ Joder! Yo la amo y ella decía amarme a mí.
Fui a trabajar y agradecí poder salir antes, no había recibido ningún WhatsApp suyo y no parecía que lo hubiera abierto en todo el día, todo me daba tan malos augurios, pensaba en ir a verla y confrontarlos a ambos y que me dijeran si habían arreglado sus problemas, quizás estos meses fuera, le habían hecho recapacitar a Esteban sobre la mujer tan maravillosa que estaba dejando escapar, pero ante todo no podía volver a casa, porque mi casa estaba llena de ella, de su olor, de sus zapatillas en cualquier sitio y de un perfume, una crema de manos, su taza favorita, fotos que nos hacíamos con una Polaroid moderna que le regale por qué recordé su afición a la fotografía, mi casa que antes era mi refugio personal, ahora era nuestro hogar y llegar a el, sin la certeza de que ella volvería en algún momento, me dolía físicamente.
Fui a Ikea, en una tonta estrategia de seguir con mi normalidad y compré 4 almohadas más, cojines, tres mantas, juegos de sábanas nuevos, platos., Vasos, una ensaladera que jamás habría comprado honestamente, cucharas, tenedores, cuchillos, y todas las tonterías que se que ella querría comprar si viniese conmigo, pensé en como alguna de esas mantas nos cubriría mientras veíamos alguna película y como decoraria la habitación con los cambios que llevaba.
Pague y luego fui al súper mercado, siempre se quejaba de mi cafetera y de lo que tardabamos haciendo los cafés, cuando con las cápsulas sería un instante, cogí una nesspreso y sus cápsulas con el café que ella prefiere, largo y profundo, como el sexo, se qué le gusta y como hacerla ver las estrellas, mientras mi polla esta enterrada en su coño.
Postergue lo más posible llegar a mi casa, mi móvil se quedó sin batería en algún momento pero no tenía ganas de hablar con nadie, así que no me importó mucho y cuando fue inevitable, enfile hacia ella, cogí todo lo que pude y en un primer viaje subí al ascensor, cuando abrí la puerta, me quedé helado, por qué la vi, con dos maletas, un ficus y dos macetas que no se decir que plantas las habitaban, pero la vi a ella, hermosa, decidida y libre, por qué en sus ojos había libertad y amor, deje todo en el suelo y cerrando la puerta con el pie, la bese, la bese mientras recorría con mis manos su espalda, sus caderas, y queriendo comprobar con todo mi cuerpo que la tenía allí mismo, esperándome.
Ella me correspondio, desabotonando mi camisa y quedando de rodillas frente a mí, con toda la sensualidad posible, me quitó el cinturón, bajo el vaquero y el bóxer, y comenzó a chuparme la polla, que salía y entraba con un ritmo perfecto y que sólo paraba para acariciarme y verme a los ojos, le acariciaba con los dedos la mejilla y la veía hacerme suyo mediante una posición donde más que estar vulnerable y a mi disposición, era justo lo contrario, ya podía haberme pedido una estrella en ese momento que yo sé la habría bajado a saltos.
No podía aguantar mucho más y se lo dije, que estaba a punto y no se apartó y cuando no pude más, mi semen lleno su garganta y sin más, me dijo al levantarse: Soy Libre, pero también amor mío, soy tuya
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