Aventuras de una noche
La ciudad era extraña, el idioma era una barrera y él estaba lejos. Pero cuando la noche cayó y el vino corrió, la tentación de un joven de 23 años fue demasiado fuerte para resistir. Esta vez, no había reglas, solo el deseo de cruzar la línea.
Me gustaría platicarles lo que me ocurrió cuando estaba mi pareja de viaje y yo me quedé sola 8 días en una ciudad extraña, ya que sólo estamos aquí por 6 meses; él vino a trabajar y bueno, con tantos viajes de trabajo que tiene que hacer creo que tenía que ocurrir esto.
Nosotros somos una pareja swinger; desde hace dos años siempre lo hacemos en grupo. También hemos hecho tríos, pero esta vez fue diferente. En la ciudad donde vivimos actualmente no hay clubs, así que es un poco difícil contactar parejas sw. Le echamos el ojo a un muchacho que no es sw, sino que es el novio de nuestra vecina. A mí no me terminaba de convencer así que todo quedó ahí, sólo en plática. Siempre estamos de acuerdo con quien vamos a estar, pero esta vez mi pareja tuvo que irse de viaje de imprevisto y yo no lo pude acompañar. Mi vecina que es muy amable me dijo que podía estar con ella todos los días, al fin que no tenía nada que hacer y yo no conozco a nadie; aquí donde estamos hablan otro idioma y yo no lo sé muy bien todavía. Mientras mi pareja estaba de viaje algunos días comíamos, otros cenábamos, etc.
Una noche que era un poco tarde Cristian (su novio) se ofreció a acompañarme a mi casa, que está como a 100 m. de la suya con el pretexto de que ya era muy tarde. Ahí me di cuenta que no le era indiferente, se despidió de mí y casi me besa; yo no dije nada. Al día siguiente él estaba muy risueño conmigo y muy atento, yo sólo le sonreía, pues tenía a su novia enfrente. Se ponía un poco complicado el asunto. A mí ya no me parecía tan indiferente, y yo también empecé a coquetearle un poco.
Al día siguiente me invitaron a tomar unas copas a un bar, yo estaba un poco cansada pero al final terminé aceptando y aquí empezó todo. Él brindaba conmigo y me veía con un toque de malicia, un poco pícaro que a mí me estaba poniendo nerviosa. Daniela, mi vecina, ni se imaginaba lo que estaba pasando a su alrededor con nosotros, parecía que no entendía nuestras frases en doble sentido, ella sólo sonreía.
Así pasaron un par de horas y circularon por nuestra mesa tres botellas de vino blanco, yo ya me sentía un poco mareada, regularmente no paso de cuatro copas pero esta vez el vino era buenísimo y la compañía mejor, empezaba a sentir cierto cosquilleo por todo el cuerpo; fui al baño y ya me sentía un poco pasada de copas, así que se me ocurrió refrescarme un poco poniéndome agua helada en el cuello, cuando sonó la puerta del baño y abrí. Era Cristian que me estaba apurando para irnos, yo salí de inmediato, pero cuando estuve cerca de él bastó para que me besara; mi primera reacción fue separarme de él, pero enseguida lo volvió a intentar y ya fue demasiado para mis fuerzas así que le correspondí, me dijo que lo esperara en mi casa, que sólo iba a dejar a Daniela y regresaba. Ya en mi casa sólo me dio tiempo de ponerme un poco cómoda: me puse algo transparente, pensando de qué manera lo podía excitar más; esta vez era diferente, en un club conoces a las personas casi desnudas y esto no era así, yo ya traía un toque de más malicia; la verdad él es mucho más joven que yo, tiene 23 años y yo tengo 31. Me sentía tan excitada, era como una fantasía para mí estar con un joven no muy experto, poder tener yo el dominio de la situación, eso me pone un poco caliente sólo el hecho de pensarlo.
Cuando abrí la puerta yo sólo traía puesta una diminuta pijama de nylon transparente, un mini short, y una camisetita pegadísima que deja ver mis formas en su totalidad. Como era de esperarse él se vino sobre mí para tenerme entre sus brazos, no faltó decirnos nada, entre las copas que ya traíamos encima y nuestros besos. Nos tocamos todo, él inmediatamente subió mi short para poder acariciarme las nalgas, yo lo abrazaba más fuerte contra mí para que sintiera mis tetas en su pecho, me besaba en el cuello, los hombros, las tetas. Abrazados, besándonos y acariciándonos llegamos a la recámara, yo estaba que escurría de lo caliente que estaba, le pasaba la mano encima de su pantalón para tocar su verga, la tenía grande y bien parada lista para que yo me la comiera; cuál iba a ser mi sorpresa que cuando yo pensaba montarme en él para empezar a desvestirlo él me tiraría en la cama, se puso sobre mí dejando caer todo su peso, yo sentía su verga y cada vez estaba más caliente, me sentía incluso impaciente porque me penetrara, seguíamos besándonos y cachondeándonos, me quitó la parte de arriba de mi sexy pijama dejando al descubierto mis redondas y suculentas tetas, se las quería comer todas, iba de una a otra rápidamente parando mis pezones de inmediato y calentándome cada vez más, yo le agarraba las nalgas apretándolo contra mí, poco a poco fui desvistiéndolo él seguía recorriendo mi cuerpo, ya me había dejado desnuda, comenzó a acariciarme entre las piernas yo se las fui abriendo cada vez más; estaba tan caliente que quería estallar, me tocaba tan rico, sus dedos eran muy ágiles, hacían que me mojara más, y yo gemía de placer, quería su verga, lo quería a él dentro de mí, él me giró y me puso boca abajo alzándome las nalgas para comenzar a chuparme, sentía su lengua por todas mis partes, haciéndome que yo me moviera junto con su lengua, qué rico me chupó, yo seguía deseando su verga así que me senté en la orilla de la cama y lo puse frente a mí para comerme entera su verga, él se puso tan caliente, le gustaba como lo hacía, él empujaba mi cabeza para que cada vez me la comiera más, estaba toda en mi boca, le agarraba los huevos y las nalgas, estaba a punto de venirse en mi boca pero se contuvo, me empujó otra vez a la cama yo le abrí las piernas para que viera lo que tenía entre ellas, no lo pensó más y se dejo caer sobre mí para penetrarme de un jalón yo lo sentí tan adentro, sus huevos pegaban en mí con su entrar y salir, empecé a gemir más fuerte, él lo hacía cada vez más rápido, sentía su verga dura, grande cómo entraba y se clavaba más fuerte cuando regresaba, qué placer, qué caliente estaba, nos comíamos a besos, yo empujaba mi cadera contra él, estaba a punto de venirme, él se hincó colocando mis piernas alrededor de su cuello, qué manera de coger, qué rico mete su verga en mí, ya no puedo más, me quiero venir, voy a estallar, no pares le decía, hasta que hizo que me viniera, él se salió de mí y empezó a jalársela tan rápido y fuerte que acabó en un grito viniéndose sobre mis tetas que se las junté para que mojara las dos, se vino delicioso, me besó otra vez mientras se vestía, me dio un beso más de despedida.
Al día siguiente recordé mi noche de copas y en lo que había terminado, sólo pensaba cómo se lo confesaría a Manuel, mi pareja; no sabía qué tal le caería la noticia, para mí era como una puesta de cuernos, era la primera vez que lo hacía con otro sin él. Cuando regresó quise platicarle de inmediato lo que había sucedido, él me escuchó detenidamente y muy comprensivo, sólo me dijo ¿por qué no me esperaste? Ese día hicimos el amor como locos por horas, y me decía 'cuéntame la historia otra vez'.
María del Val.
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