Sexo en blanco y negro
Julia lleva meses soñando con él, pero Pedro solo tiene ojos para otras. Sin embargo, una confesión borracha y un sueño prohibido encienden una chispa que nadie podía apagar. Esta noche, la oficina se convierte en su lecho, y el deseo supera cualquier límite.
Como cualquier pareja Julia y Pedro se conocieron en un proyecto. Las miradas se cruzaban cada vez que se encontraban pero nadie daba un paso adelante. Julia lo deseaba más que nunca, mientras que Pedro solo tenía tiempo para su proyecto y para Yamile, una mujer inquieta y que nunca se compromete con nadie. Así era ella, hoy tú mejor amiga, mañana quizás tú peor enemiga. Pero un buen día Julia logró cautivar la atención de Pedro; bastó solamente decirle que había tenido un sueño y allí este hombre de cuerpo escultural, sonrisa cautivadora y mirada penetrante, se concentró en Julia y no pudo volver atrás.
Estaban en la oficina durante jornadas extensas hasta que una noche decidieron tomar una pausa y tomarse unos tragos, y discutir acerca de aquel sueño que Julia había sembrado en Pedro. Y fue así en medio de tantos tragos que Ella le contó que había logrado disfrutar del sexo con el mientras dormía en ese sueño profundo. Pedro no podía creerlo y entre tragos comenzó a besarla y Julia accedió sin ningún reparo; tiraron su ropa, el quedó semidesnudo y Julia apenas pudo dejarse una pequeña falda que permitía acceder a los lugares más recónditos. Se besaron intensamente y calentaron sus cuerpos a tal punto que estaban embriagados de pasión y solo querían poder recrear un sueño de verdad. Donde solo el y ella eran los protagonistas. Pedro solo quería tenerla para el, era un tanto egoísta, pero quería que ella saboreara su cuerpo de ébano, el contraste era único y resplandecía en aquel lugar. Entre besos y caricias Pedro llevó a Julia a descubrir su pene con su boca, para que comenzara a derramar todo el placer que podía darle; la química de ellos era tan fuerte que no les importaba nada, solo sus cuerpos desnudos llenos de ganas de sexo incontrolable.
Julia siguió cada paso que Pedro le pidió hacer, era una obediencia casi de esclava, y eso era lo que más disfrutaba él. Ella siguió chupando su pene una y otra vez y cuando ya él estuvo listo la agarró entre sus brazos y la llevó contra la pared y la sujetó con fuerza y la penetró sin dudarlo una y otra vez. Julia estaba llena de placer y no podía ser más feliz en ese momento; sin embargo, el egoísmo de Pedro invadió la alcoba y sin dudarlo acabó dentro de Julia y suspiró fuertemente se dejó caer por unos minutos y cuando tuvo alientos besó a Julia y se fue del lugar.
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