En invierno
El frío de enero no era nada comparado con la tensión que se respiraba en el baño. Ella sabía que él estaba casado, y él sabía que ella era la esposa de su mejor amigo, pero esa noche las reglas cambiaron. Solo quedaba ver quién se atrevería a cruzar la línea.
El invierno siempre fue mi estación favorita. Cuando la nieve comienza todos los fines de semana me traslado desde Huesca a Candanchú. Mis padres compraron allí un apartamento hace más de veinte años por culpa de mi hermano que iba para profesional del esquí. Pero como siempre a una edad tus prioridades cambian y ahora ni siquiera sube. Pero por mi parte no me suponía un trauma. En mi caso a diferencia de mi hermano mayor el esquí no me daba más y con los años si me fue picando el gusanillo, en parte por mis amigos. Casi todos allí arriba nos conocíamos desde pequeños lo que definía el tipo de amistad que nos unía. Con el tiempo nueva gente llegó al grupo, nuevos amigos, novias.... Pero todo seguía igual.
La historia que os quiero contar se forjo un día de enero. Era viernes y a diferencia de otros yo ya estaba en la estación. Me había quedado toda la semana con la excusa de estudiar, pero el buen tiempo me arrastro a las pistas y apenas hice nada. El día anterior el tiempo había cambiado y comenzó a nevar copiosamente.Con lo cual no fue una sorpresa que cerraran el puerto. Aquello era una verdadera putada, mi novia no podía subir y a saber que gente estaría en la estación. Tras unas llamadas para comprobar quien había podido subir, me dirigí al apartamento de Manu y Maria. A Manu le conocía desde pequeño, el había sido siempre el mejor amigo de mi hermano,y como este ya no subía su amistad se había enfriado un poco. Todavía recuerdo la juerga en la boda de Manu un año atrás. Su apartamento era el centro de reunión de todos. Cuando llegue estaban también Raúl y Borja. En vista de que nadie más podría subir decidimos preparar una cena y tomar unas copas después mientras jugábamos al trivial.
Llevaba saliendo con Tati más de cuatro años, la verdad que es la mujer de mi vida. Nunca le había sido infiel y tras esto tampoco considero que lo haya sido. Hay que tener en cuenta que a pesar de tener pareja nuestros instintos no desaparecen. Mi atracción por Maria la mujer de Manu había ido evolucionando con los años. Siempre he sido una persona que me gusta cuidarme, y también me gusta sentirme mirado por una mujer. Es la manera de sentir que aún estoy bien. Maria siempre se llevo bien conmigo y desde un principio presentí que yo le gustaba como hombre. Era una chica de 1:70 de altura con el pelo arrubiado y con un cuerpo delgado pero no en demasía. A sus treinta años mantenía un bonito culo envidia de cualquier adolescente.Pese a su delgadez presentaba unos buenos pechos firmes que numerosas veces había imaginado. Teníamos como un pequeño juego. A mi me gustaba sentir que a ella le gustaba y a ella creo que le pasaba lo mismo, así que tonteabamos con frecuencia.
Pero aquel día algo cambio. Mi borrachera era tal que Raúl me tubo que subir al baño para mojarme la cabeza. Así que me quito la camiseta y puso la cabeza bajo el grifo mientras se reía al verme en ese estado. Apareció en ese momento Maria también sonriendo. Raúl con un gesto le indico que bajaba de nuevo, y allí nos quedamos los dos. Maria se acerco a mi y coloco su mano en mi pelo y comenzó a masajearme la cabeza mientras el agua fría caía sobre mi. Note como su otra mano acariciaba mi espalda desnuda. Tras unos segundo y como si yo fuese un niño cerro el grifo me levanto y comenzó a secarme con una toalla mientras me miraba sonriendo. Yo siguiendo este juego alargue mi mano para coger mi camiseta apretándola contra la pared. Sentí sus pechos firmen en mi cuerpo y un poco llevado por mi estado comencé un gesto para besarla pero una voz surgió desde abajo y ambos bajamos. Creo que ella tenia la misma sensación que yo de que algo había quedado en el aire.
Al día siguiente el tiempo mejoro un poco y abrieron la estación. Todos menos Maria fuimos a esquiar. Yo no paraba de pensar en lo sucedido la noche anterior. Así con la excusa de que había esquiado toda la semana me marche de las pistas sabiendo que ellos no volverían hasta que cerraran a las cinco.
Me dirigí a casa para darme una ducha y cambiarme de ropa. Sabia que era en ese momento o nunca, mi novia y los demás llegarían por la tarde y no podría pasar nada.
Cuando aún estaba en la ducha sonó el timbre. Ante mi asombro vi que era Maria. Sin darme cuenta salí con un albornoz que era de mi madre, horrible por cierto. Maria se percato y bromeo conmigo de mi atuendo. Le dije que entrara y que me esperara mientras terminaba de ducharme. Recorrí el pasillo y entre en el baño cuando me quite el albornoz note tras de mi una ligera brisa y me di la vuelta. Era la puerta abriéndose y tras ella Maria. Miraba mi cuerpo desnudo de arriba abajo. Yo me quede parado como si a la hora de la verdad no pudiera. Se acerco a mi y con un gesto recogió con su lengua una gota de agua que caía por mi cuerpo. Fue entonces cuando reaccione. La agarre fuertemente y la coloque contra la pared mientras nuestras lenguas se enzarzaban como poseídas. A duras penas le quite la camisa y comencé a lametear la parte de sus pechos que salía del sujetador. Ya no podía más deseaba ver lo que tantas veces me había imaginado. Estire mi mano y con un pequeño movimientos deje sus pechos desnudos ante mis ojos. Eran hermosos, tenia un aureola que formaba un circulo casi perfecto de color oscuro y un bonito pezón. Comencé a chuparlos con desenfreno como un niño hambriento. Mientras Maria me tocaba mi pené y mis testículos con gran maestría. Desabroché los pantalones e introduje mis manos por detrás dentro de sus bragas y apreté su culo con fuerza.
Con un gesto las senté en un pequeño banco de madera que había en el baño y comencé a bajar sus pantalones y l bragas con la intención de lamer su sexo. Al pasar las rodillas me di cuenta que llevaba unas botas altas. Esto me agrado y decidí dejárselas puestas. Maria estaba como a la expectativa dejándome hacer lo que quisiera.
Allí la tenia frente a mí con las botas marrones como única ropa. En mi posición arrodillada comencé a lamerle el coño, haciendo especial hincapié en su clítoris. Ella gemía cada vez más, hasta que comenzó a contornearse. Se estaba corriendo. La mire a la cara, tenia los coloretes subidos e incluso los ojos enrojecidos. Ella me miraba como esperando lo que le pudiera hacer y aprovechando mi superioridad me levante y agarre su cabeza y la acerque a mi pené. Ella comenzó a chuparmeló. Me hizo retrasarme un paso y ella se arrodilló ante mí. Debido a mí excitación decidí coger su cabeza y hacer fuerza para introducir todo mi pené en su boca. Así fue, ella siguió siendo sumisa y esa imagen me hizo llegar al clímax. Me corrí en su boca cosa que Maria acogió complacida.
Era hora de follar, tenia la sensación de que ella quería algo distinto a lo que le podía dar su marido. Así que la eleve colocando su espalda contra la pared e introduje mi polla, comenzamos a follar de pie ella me rodeaba con los brazos y las piernas. Decidí que nos trasladaríamos a mi habitación así que saque mi sexo y la cogí de la mano. Note un gesto de ella como de rabia por haber sacado mi miembro de dentro de ella. Comenzamos a subir la escalera, pero ella me freno y comenzó a besarme con vigor a la vez que entrecortadamente, me exigía que se la volviera a meter. La tumbe en las escaleras y la abrí de piernas. Las escaleras eran de moqueta lo cual contribuyo a crear un clima acogedor en ese sitio. Me arrodille un escalón por debajo y se la volvía meter. Cada vez le daba con más violencia, notaba cono mis huevos chocaban con su culo con gran fuerza. Ella no paraba de gemir, echando su cabeza hacia atrás y abriendo su boca. Yo quería mecérsela hasta el fondo así que cogí sus tobillos por la parte trasera colocando prácticamente sus pies a la altura de su cara. Sentí como mi pené no encontraba obstáculo alguno y entraba hasta el final. Ella daba pequeños gritos entre placer y dolor. Saque mi polla y la puse a cuatro patas. Mis manos sujetaban sus hombros firmemente mientras yo la envestía con fuerza.
La posición me dejaba ver su culito, lo que me hizo desear darle por el culo. Era algo que nunca antes había practicado, y eso me excitaba aún más. Moje mis dedos con saliva y comencé a acariciar su orificio a la vez que seguía follandola. Al principio su culito ofrecía resistencia a mis dedos pero poco a poco se amoldaban a ellos. Hasta tres introduje totalmente, mientras note que ella se volvía a correr. Una vez que recupero el resuello me susurro que la siguiera follando pero esta vez por el culo.
Sus palabras fueron ordenes para mi, e introduje mi polla en su culo. Yo notaba que le dolía bastante e intente retirar me pero su mano derecha apretó mi trasero en señal de que no la sacará. Volví a darle duro. Ella seguía gritando, esta vez creo que más de dolor que de placer. Eso me excitaba así que la agarre por el pelo y seguí follandola. Poco después ya no podía más y me corrí. Quedamos los dos echados en la escalera recuperando la respiración.
Por fin habíamos satisfecho aquella tensión sexual que nos unía. Y en nuestras palabras dejábamos la posibilidad de más encuentros en el futuro, dejando claro que el sexo solo es sexo.
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