Cristina
Cristina no suele salir sin su novio, pero esta noche la terraza del bar está vacía y ella está sola, ebria y desesperada por ser tocada. Cuando te invita a subir a su coche, sabes que las reglas del juego han cambiado para siempre.
CRISTINA
Aquella noche de sábado yo y mi amigo David después de cenar algo en el bar de costumbre fuimos a tomar una copa al local donde habitualmente vamos, un sitio con una gran terraza lejos de vecinos porculeros. La noche avanzaba de lo más habitual posible, a eso de las dos de la madrugada David me propuso ir a un bar musical en el pueblo de al lado, digamos que es donde vamos cuando se hace tarde y no vamos a salir lo que se dice de fiesta, sino a tomar la ultima, vamos, que nunca es la ultima…
El local es el típico sitio de pueblo, billar, dianas y futbolines, por suerte los fines de semana hay un dj que pone buena música. Entramos y pedimos un par de copas, después de jugar un billar la vi, Cristina… una diosa rubia, la conozco desde hace años, media melena rubia, alta, más de metro setenta, unas grandes tetas siliconadas, un culo perfecto, respingón y a todas luces duro como una piedra gracias a horas de gimnasio. Como siempre lucia un moreno perfecto que resaltaba las perfectas piernas que habitualmente lucia gracias a las minifaldas y los vestidos que siempre llevaba. Esa noche llevaba un vestido verde claro super corto. Desde mi posición junto al billar pude ver perfectamente el triangulito de su tanga cuando se sentó en un sofá con su amiga, a la que también conozco pero de la que en ese momento no recordaba el nombre. Me extrañó que Cristina no estuviera acompañada por su inseparable novio Jorge. Son la típica pareja que llevan toda la vida juntos, la rumorología dice desde siempre que ella le ha puesto infinidad de veces los cuernos, aunque nadie podía decirlo a con certeza, hasta esa noche… Lo que siempre ha estado claro es que es una calienta braguetas que después de poner cachondo a todo el personal siempre acaba yéndose con su novio.
Cristina es la típica pija que ha crecido en una urbanización en una casa con piscina y unos padres que para ir al super cogen el ferrari, en más o menos los diez años que la conozco nunca he sabido a que se dedica aparte de tunearse y enseñar escotazo.
Levanté mi mano saludándola desde la distancia, ella me vio y me devolvió el saludo. Como no tenía nada que perder decidí acercarme y saludarla más de cerca.
-Buenas noches Cristina, ¿Cómo tu por aquí sin tu inseparable novio? –Le pregunté tanteando el terreno.
-Se ha quedado en casa durmiendo, yo tenía ganas de fiesta y he salido un rato con María, –refiriéndose a su amiga, que por cierto estaba igual de buena que ella pero era morena en lugar de rubia- pero Juan, siéntate, no te quedes ahí de pie. –Me dijo haciéndome un hueco entre las dos. Me senté y en ese momento me sentí el rey del mudo rodeado de aquellas cuatro piernas y el olor a perfume caro. David ausente totalmente a lo que yo estaba haciendo se había puesto a jugar en una diana con otros clientes.
-Así que habéis salido las dos solitas a tomar una copa.
-Pues sí, ella lo ha dejado con su novio y el mío está durmiendo, como comprenderás dos tías buenas como nosotras no íbamos a quedarnos un sábado por la noche en casa. –Me dijo dejándome alucinado, acariciándose las tetas por encima del vestido descaradamente.
-Cristina, que te has tomado una copa de mas y se te va la cabeza. –Le dijo María.
-Pues que se me vaya, necesito que me echen un buen polvo y no la mierda de folladas que me mete el marica de mi novio. –Le contestó agarrándome la polla por encima del pantalón dejándome más alucinado de lo que ya estaba.
-Joder Cristina, me la estas poniendo muy dura.
-Tranquilo, sé que tengo fama de calienta pollas, pero esta noche es mi coño el que está caliente, así que no te preocupes que hoy me la vas a meter entre las piernas. –Me dijo sin dejar de palparme la polla por encima del pantalón.
-Tía, se te va la olla, una cosa es que le pongas los cuernos a tu novio como siempre, y otra es que lo hagas aquí delante de todo el pueblo. –Le recriminó María.
-Joder María, mira que eres pesada, qué más da, que digan lo que quieran. Pero bueno, vamos a irnos, no por el qué dirán, si no porque voy salida como una perra y estoy deseando follar ya.
Cristina se puso de pie y alargó su mano invitándome a ponerme también de pie. Me levanté y los tres salimos a la calle en dirección al coche de María. Por el camino le envié un mensaje a David diciéndole que me había ido, cosa que supuse que no le importaría, ya que habíamos ido con su coche y él vivía apenas a dos minutos de allí.
Me senté detrás sin saber muy bien a donde nos dirigíamos.
-María, no te importa que vayamos a tu casa, ¿Verdad? –Le preguntó Cristina.
-Coño, a ti que te parece, si quieres te dejo en la tuya y folláis en el comedor mientras tu novio duerme en la habitación. –Le contestó irónicamente.
Unos cinco minutos después llegamos a casa de María, era un chalet a cuatro vientos, apenas a tres calles de donde vivía Cristina.
-Coño, María, menuda pedazo de casa tienes. –Le dije.
-No está mal, mis padres me la han dejado para mí, ellos se trasladaron hará seis meses a la calle de abajo a una más grande. –Me contestó parando el coche en el jardín frente a la puerta.
Bajándome del coche no pude evitar pensar en el nivelazo de vida que llevaban aquellas dos pijas. Las observé mientras caminaban hacia la puerta, las dos con sus vestidos cortos y sus perfectos culos, pensé que sería la hostia montarnos un trío, pero decidí callarme y no tentar a la suerte, ya que estaba a punto de tirarme a Cristina, la tía mas buena que he visto en mi puta vida.
Entramos y nos dirigimos al comedor, solo esa estancia ya era más grande que toda mi casa.
-Chicos, me voy a dormir, coger algo de beber y lo que queráis de la nevera. Si os lo montáis aquí no manchéis nada, así que apunta bien, -me dijo dirigiéndose a mi- golfa, ya sabes que en el disco duro hay porno para aburrir, por si os queréis poner a tono. –Le dijo a Cristina mientras se iba guiñándole un ojo.
Me senté en el sofá, Cristina se dirigió a la cocina y volvió con dos botellas de agua dándome una a mí.
-¿Agua? –Le pregunté extrañado.
-Sí, es para que te hidrates bien, porque te voy a dejar seco. –Me dijo sentándose sobre mí besándome metiéndome la lengua en la boca.
Con mis manos le subí su corto vestido y se lo quité por la cabeza. La agarré del culo con mi mano derecha mientras que con la izquierda la liberaba del sujetador dejando sus grandes y siliconadas tetas a la altura de mi boca. Durante un par de minutos estuve chupándole los pezones, escupiendo sobre ese par de tetas perfectas, lamiéndoselas mientras ella se retorcía de placer.
-Eso es cabrón, chúpame las tetas. Vamos sácate la polla que te voy a hacer la mejor mamada que te hayan hecho nunca.
En menos de cinco segundos me abrí la cremallera y me bajé los pantalones y los gallumbos, ella se puso de rodillas en el suelo y se metió mi polla en la boca de un golpe tragándosela hasta la garganta. –En ese momento supe que aquella pija era una maquina de follar y no la típica chica que se abre de piernas esperando que tú hagas todo el trabajo.
-Eso es Cristinita, chúpamela bien, así, así, ensalívamela bien. Muy bien, trágatela entera, ¡Uffff! Eso es zorrita hasta que te atragantes. ¡Joder, que bien lo haces, que gusto!
Por un momento se sacó mi polla de la boca y me miró con ojos de verdadero vicio.
-Claro que lo hago bien, soy una pija que no me acabaría el dinero ni pegándole fuego, así que llevo años preocupándome solo de follar, follar y follar, soy una verdadera viciosa, solo pienso en correrme a todas horas.
Sus palabas hicieron que me enloqueciera más aun de lo que ya estaba.
-Ven aquí golfa que te la voy a meter en el coño.
Cristina se puso de pie, rápidamente se bajo el tanga y se sentó sobre mi clavándose mi polla hasta el fondo del coño.
-¡Haaaa! ¡Eso es! Clávamela en el coñito.
Durante unos cinco minutos me estuvo cabalgando mientras yo la agarraba del culo y le chupaba las tetas.
-Toma polla en tu coño de pija. ¡Joder, que mojado lo tienes!
-¡No pares, no pares! ¡Joder, que gusto! ¡Me corro!
Cristina se corrió encharcándome la polla con sus fluidos. Tuve que apretar los dientes para no llenarle el coño de leche ya que no sabía si tomaba la pastilla.
-¡Joder Cristina! ¡Estoy al límite, me voy a correr! –Le grite estrujándole el culo con mis manos.
Ella sin decir nada se sacó la polla del coño y se arrodilló metiéndosela en la boca, succionándomela con verdadero vicio.
-¡Eso es viciosa! ¡No pares que ya viene la corrida! ¡Haaaa! ¡Haaaa! ¡Toma leche caliente zorra! Eso es, buena chica, trágatelo todo, así, así, hasta la última gota.
Cristina se tragó mi abundante corrida y durante un par de minutos me la siguió chupando, estaba claro que sabía que los hombres tenemos la polla super sensible después de corrernos, por si tenía alguna duda me quedó claro que aquella pija sabia como dar placer a un hombre.
Durante unos segundos me quedé extasiado sentado en el sofá. Cristina cogió el mando del televisor y lo puso en marcha, navegó por una infinidad de menús hasta que puso una película porno. En la pantalla había una chica rubia de rodillas en el suelo con un montón de hombres a su alrededor, ella les chupaba las pollas con verdadero vicio, la verdad es que mejor dicho ellos le follaban la boca con brutalidad haciendo que la chica emanara abundante saliva. La escena era tan caliente que la polla se me volvió a poner dura como una barra de hierro.
-Es una actriz alemana, está considerada la mejor chupa pollas del porno, se las traga dobladas, yo he perfeccionado mi técnica viéndola a ella. –Me dijo Cristina mirándome.
-Vamos a comprobar si es verdad.
La cogí por detrás de la cabeza e hice que se amorrara al pilón. Cogiéndola del pelo empecé a hacer que su cabeza subiera y bajara follándole la boca sin compasión. En ese momento pensé que nunca me lo había pasado tan bien, no me podía creer que aquella zorrita estuviera allí, a cuatro patas sobre el sofá con mi polla en la boca haciéndome una mamada. En la pantalla habían puesto a la chica a cuatro patas y los tíos se turnaban dándole por el culo.
-Dime Cristinita, ¿Eres una verdadera zorra?
-Sí, sí que lo soy. –Me dijo lamiéndome los huevos.
-Me refiero a si eres una verdadera viciosa, de esas a las que les va el sexo duro de verdad.
-Claro que sí, soy una verdadera guarra viciosa, –me dijo mirando la pantalla y después mirándome a mí sonriéndome- sin decir nada se puso a cuatro patas sobre el sofá con el culo en pompa, con sus manos se abrió las nalgas dejándome ver el agujero de su glorioso ojete- ¡Vamos cabrón! Métemela en culo que se que lo estas deseando.
-Joder, así, en seco, sin vaselina ni nada. –Le dije agarrándome la polla mirando su perfecto culo.
-Sí, quiero que me hagas daño, me encanta correrme mientras me masturbo y me dan duro por el culo.
-Joder, que pedazo de guarra estás hecha. –Le dije mientras se la enchufaba en el culo sin compasión.
-¡Haaaaa! ¡Joder! ¡Qué daño! ¡Eso es, rómpelo bien! ¡Como me gusta que me den por el culo!
-¡Hostia puta! ¡Qué viciosa eres! ¡Toma polla por el culo puta!
-Sí, eso es insúltame, joder, como me gusta ser tan guarra.
Mientras le reventaba el culo con todas mis fuerzas ella se masturbó estallando en un orgasmo brutal.
-¡Sí, sí! ¡Me corro como una perra! ¡Haaaaaa! ¡Ahora tu, quiero que me llenes el culo de semen!
No pude mas, la agarre de las caderas y se la clave con todas mis fuerzas en su glorioso culo.
-¡Toma semen puta! –Le grité con la boca abierta suspirando de placer mientras descargaba los chorros de mi corrida dentro de su culo- ¡Joder que placer!
Cristina se dio la vuelta y durante unos segundos me chupó y lamio la polla dándome un placer increíble, después se sentó a mi lado. En el televisor la chica estaba de rodillas en el suelo mientras un montón de pollas se corrían en su cara en una verdadera catarata de semen.
-Que morbazo, que cabrones como se lo están pasando con ella. –Dijo Cristina humedeciéndose los labios mientras se acariciaba el coño.
-Joder Cristina eres insaciable.
-Me encanta follar, estaría a todas horas metiéndome pollas por todos lados. Pajéate para que se te ponga dura. -Me dijo sin dejar de acariciarse el coño.
La visión de aquella zorrita masturbándose hizo que no me costara mucho que mi polla luciera totalmente empalmada en pocos segundos.
-Ven ponte de pie. –Me dijo arrodillándose en el suelo.
La obedecí, me puse de pie y empuñándome la polla por la base se la metí en la boca clavándosela hasta los huevos, cogiéndola por detrás de la cabeza empecé a follarle la boca salvajemente haciendo que soltara gran cantidad se saliva que caía por su barbilla sobre sus tetas, resbalando hacia abajo hasta su coño donde ella seguía masturbándose.
-Joder que gusto, eso es babosa, ¡Dios! Que pedazo de mamadas haces zorra, te estaría follando la boca todo el día.
Mis dos corridas anteriores hicieron que pudiera disfrutar de su boca un buen rato sintiendo un placer descomunal hasta que note que la lechada se acercaba.
-¡Huffff! ¡Joder! ¡Pedazo de puta, me voy a correr! ¡Haaaaaaa!
Le saqué la polla de la boca y me la pajee unos segundos frente a su cara, mientras que ella sumisa seguía masturbándose entre suspiros con la boca abierta y la lengua fuera. Justo cuando el primer chorro de semen cayó en su lengua y su cara ella estallo en un orgasmo entre gritos.
-¡Sí joder si! ¡Córrete en mi cara!
-¡Haaaa! ¡Dios que gusto! ¡Hostia puta que guarra eres! ¡Vamos puta chúpamela! -Cristina se metió mi polla en la boca justo en el momento en que solté mi último chorro de semen en su garganta- Eso es puta trágatelo.
Cuando me quedé a gusto le saqué la polla de la boca y con la punta del glande fui llevando toda la leche que había sobre su cara hasta la lengua, ella gustosa se lo tragó todo.
-Huffff, para ser mi tercera corrida no ha estado nada mal. –Le dije sacudiéndomela sobre su lengua haciendo que un par de gotas mas cayeran sobre ella.
Nos dimos una ducha y nos tumbamos en el gran sofá tapados con una manta. Dormimos hasta media mañana. Cuando nos despertamos Cristina llamó a su novio y le dijo que se había quedado a dormir en casa de María. Después desayunamos los tres y acabamos haciendo un trío en la cama de María, pero eso es otra historia.
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