Una mujer distinta
El pretexto académico es solo el comienzo de una tensión que se enciende con cada llamada telefónica. Cuando la puerta se cierra y la luz se apaga, las barreras físicas desaparecen ante el deseo urgente de dos jóvenes que buscan placer en la clandestinidad.
Después de unas merecidas vacaciones volvimos a la universidad, ya estaba en tercer año de ingeniería. Ese año, mi hermana menor también ingresó a la universidad y se mudo conmigo a mi departamento. Al principio la idea no me gustó para nada, pero poco a poco fui viendo la ventaja de esta situación. Ella también ingresó a Ingeniería y como nuestro departamento estaba cerca de la universidad, por lo general las compañeras de ella estudiaban en el depto.
Un día que regrese de jugar football, mi hermana se encontraba con tres compañeras estudiando matemáticas. Me presentó con sus compañeras, que la verdad estaban muy buenas, sin embargo una de ellas, la mas bonita de todas, estaba postrada en una silla de ruedas. Me disponía a ver televisión, cuando Cony (mi hermana), entra a mi habitación a pedirme si las podía ayudar ya que no entendían los ejercicios. Estaban bastante confundidas, y la verdad esa materia siempre me resulto fácil y no me molestó enseñarles. Al marcharse, le pregunte por Consuelo, la muchacha de la silla de ruedas. Mi hermana me dijo que había perdido sus piernas en un accidente automovilístico, y que vivía en el edificio del frente.
Seguí enseñándoles y resulte ser un excelente profesor, ya que a todas ellas le iba muy bien. Un día estaba viendo televisión, cuando suena el teléfono. Era Consuelo. Llamaba para conversar con mi hermana, pero ambos sabíamos perfectamente que mi hermana, al igual que ella, tenía clases solo hasta el día jueves y que ese mismo día en la noche viajaba a nuestra casa, en Rancagua.(yo tenía clases hasta los dias sábados y por lo general me quedaba en Santiago los fines de semana). Conversamos largo rato. Al otro día también me llamó y la noche siguiente también. Un día jueves como a las 6 de la tarde, suena el teléfono, era Consuelo. Me preguntó si estaba ocupado, y si podía cruzar ya que necesitaba que le aclarará unas dudas que tenía en unos ejercicios.
Al poco rato, estaba en mi departamento. Nos pusimos a ver los ejercicios y me dí cuenta que solo era un excusa, ya que esos ejercicios ya los habíamos revisado junto con sus compañeras y ella fue la que mas entendió con la explicación. Mientras le explicaba, pude sorprenderla en varias ocasiones mirándome a mi y no al cuaderno. Aclaradas sus dudas nos pusimos a conversar, a beber una cervezas y poco a poco, sin darnos cuenta empezamos a hablar de sexo. Me comento que había tenido un pololo por dos años y luego uno por cinco, por lo que dí por echo que no era virgen.
La cerveza, la conversación, el ambiente me fue elevando la temperatura. Pensaba para mis adentros como sería estar con una mujer asi. Además Consuelo estaba muy buena, sus pechos eran grandes, sus labios sensuales, su olor exquisito, y su mirada era muy seductora. Me acerqué a ella, y la besé. Fue un beso largo y muy apasionado, ambos nos teníamos ganas. Al estar en la silla, me impedía abrazarla. La tomé en mis brasos y la lleve a mi habitación. La recosté en la cama, bese sus cuello mientras con mi otra mano, desabrochaba sus blusa, bese el borde de sus pechos. Ella solo cerraba los ojos y se dejaba tocar. Saqué uno de sus pecho por sobre el brasier. Eran preciosos, una piel suave, pesones grandes, duros y razados. Los chupe hasta que le hice gemir. Mis manos bajaron hasta su pantalón, le acaricie su pelvis sobre la tela. Ella me pidio que apagara la luz. Una vez con la luz apagada, ella cambio, se volvio una hembra ardiente, me empezó ella a tocar y a desnudar, me lebante a sacarme mi ropa. Pude ver a través de la luz que se filtraba por la ventana como ella se desnudaba completamente. Nuevamente nos besamos apasionadamente, mis manos la recorrian entera, su cuerpo, a pesar de su defecto era espectacular, cuando mis manos bajaban hasta su culo, ella las tomaba como prohibiéndome seguir mas abajo. Ella bajo, besándome el estomago, mis piernas, alrededor de mi pene pero sin tocarlo, por largo rato, me volvia loco, le pedia que me lo tocara y ella como haciendome sufrir no lo hacía, podía sentir su pelo rozandomi pene, su respiración. Suavemente apoyo sus labio en el, con muchos besos suaves logro en mi una sensación que nunca antes había sentido. Cuando todo estaba al rojo vivo, ella se detuvo y se acosto a mi lado y calmo la situación. Lo hizo como tres veces, me exitaba y luego me detenía. Me permitia solo acariciarla suavemente. Llego la hora de irse. Con la luz apagada, se vistio. La lleve a su silla y la acompañe a su casa.
Nada paso ese día, pero volvimos a juntarnos a la noche siguiente. Nuevamente el ritual de la luz, los beso suaves, caricias leves en mi pene y nada mas. El sábado era nuestra ultima noche antes que llegara mi hermana. El mismo ritual, pero esta vez no le permití estar arriba, la tome fuerte por sus muñecas y bajando, aunque ella opuso resistencia, logre ubicarme con mi boca en su coño, besándolo rapidamente, ella se resistia, pero lo disfrutaba, al poco rato, sus manos acariciaban mi cabeza, moviéndola a su ritmo, Me dejo tocarle sus piernas, era una sensación rara, pero excitante, me levante y juntando sus dos muñones la penetre lentamente. Ella se dejaba llevar completamente, la falta de sus piernas fue una ventaja para mi, ya que las movia de un lado a otro entregándole distinta penetradas. Al poco rato ella acabo y yo también.
Desde ese día mantenemos relaciones todos los dias jueves y viernes cuando mi hermana se marcha, ella no sabe lo que pasa con su compañera.
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