Xtories

El marido de mi mejor amiga (2)

Sabía que cruzar esa línea significaba perderlo todo. Pero cuando sus labios tocaron los míos, la lealtad dejó de importar. Ahora, en la oscuridad del taxi, solo queda el deseo.

rubita37K vistas8.2· 12 votos
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Me senté esperando a que viniera y me pudiera decir el por qué de esa reacción. Cuando salió me buscó y se acercó a mí algo más relajado. - Perdona Paula - me dijo cogiéndome la barbilla y levantando mi cara - no tengo derecho a portarme así contigo.

- Pero qué te pasa Luis? Con lo bien que estábamos hasta que no sentamos aquí? - le dije acariciando la mano que aún tenía en mi barbilla. - sólo estaba bailando.

- Nada Paula, es el cansancio de toda la semana - me dijo con una caricia y apartando la mano. Se sentó al lado mío con una sonrisa culpable - Llevo una semana de locos y en vez de disfrutar de tu compañía me cabreo sin motivo.

Dio un trago a la copa y se levantó - Quieres otra? Recuerda que ahora me toca a mí.

- Vale beberé lo mismo, pero primero voy al baño. - Recogí mi abrigo y bolso y fui directa. Volví a notar su mirada en mí, no podía dejar de recordar la caricia en mi barbilla mientras me retocaba un poco y salía.

Me lo encontré apoyado en la pared al lado del baño esperándome. - Espera a alguien caballero? - le dije cogiendo una de las copas y bebiendo sin apartar mi mirada de la suya.

- Estaba esperando a una bella dama que entró hace poco, la ha visto? - me dijo sonriendo de nuevo.

- Uff entraron muchas, seguro que sale ahora y está con usted toda la noche.

- Toda la noche? Ojalá fuera así - susurró con un suspiro mirándome.

Aún no sé cómo pasó, no sé si fue el alcohol o qué pero antes de que me diera cuenta, me agarró por la cintura y me llevó hasta él, pegándome a su pecho y bajando su boca a la mía. Empezamos a besarnos con pasión, con fuerza, dejando las copas a un lado y acariciándonos sin soltar las bocas. Nuestras lenguas no dejaban de jugar entre ellas, con rapidez y desespero, mientras él me pegaba más hacia su pecho.

Nos separamos entre jadeos, no me atrevía a mirarle porque sabía que si lo hacía lo besaría de nuevo. - Joder Paula no sabes las ganas que tenía de besarte - me susurró enterrando su cabeza en mi cuello y dándome pequeños besitos que me electrizaban entera.

- Luis esto no está bien, somos amigos y tú eres el marido de Carlota... - susurré mirándole. No me dejó acabar la frase, volvió a besarme con ansia devoradora, agarrándome un poco del pelo para llevarme más a su boca. Su otra mano recorría mi contorno, dibujando mis pechos con sus dedos mientras yo me abandonaba en su boca y deslizaba las mías por su camisa.

Volvimos a separarnos apoyado él en la pared y yo en su pecho, respirando jadeantes. Me dio la vuelta, pegando mi espalda en su pecho y separando mi pelo a un lado para pasar su lengua desde el hombro hasta la oreja donde me mordía y bajaba de nuevo, sin soltar mi cintura.

- Esto no está bien Luis - le susurré entre gemiditos

- Es verdad, estamos montando un escándalo público - me dijo mordiendo en el hueco entre el cuello y el hombro - vamos a tu casa y estaremos más cómodos.

Me arqueé un poco al sentir cómo me mordía y me separé de él. Ése era mi momento, podía tenerlo en mi cama toda la noche si quería y vaya si quería. Agarrándole por la mano lo llevé a la puerta, donde salimos agarrados y caminando hacia la parada de taxis.

Nos subimos al primero y nada más darle mi dirección, Luis volvió a llevarme hasta él besándome con más ganas que antes. Me volvió a agarrar la barbilla levantándola y recorrió mi cuello con su boca, dando besitos de arriba abajo despacito y volviendo a mi boca para besarme. No dejaba de recorrer mi cuello y el inicio de mi escote con su boca mientras yo jadeaba y me arqueaba buscando que llegara más abajo. Con una sonrisa pícara me susurró a oído: - todo a su tiempo nena, no querrás montarle un espectáculo al taxista.

Busqué su boca y fui yo quien le besó esta vez, con ganas, deseo. Mordía sus labios y pasaba mi lengua despacito por la marca, succionando su labio y soltándolo, mientras él jadeaba.