Y sí, soy una puta mamona (02)
Ramón cree que es la única mujer en su vida, pero bajo la mesa de la cena, sus manos y su boca ya están trabajando para otro. Mientras él la espera con preocupación, ella decide si merece o no su atención, recordando que un hombre bien servido es un hombre esclavo.
Y sí, soy una puta mamona (02)
Por Bajos Instintos 4
Mi novio Ramón ni sospecha la de pollas que me mamo. Él cree que se la mamo sólo a él. Pobre inocente.
Pero me las ingenio bastante bien para que él no se entere. Aunque a veces me arriesgo. Pero una buena polla bien lo vale.
Y la polla de Gustavo me tenía obsesionada. Siempre estaba mirándole el bulto bajo el pantalón. Qué bultazo, madre mía. Y no me faltaban ocasiones para mirárselo porque andaban siempre juntos con Ramón. Tenía que hacerme de esa polla.
La ocasión vino durante una cena de festejo de no se qué. La mesa estaba cubierta con un mantel enorme, que llegaba hasta el piso. Era la oportunidad que había estado esperando. Cuando Ramón se fue para el baño, le hice una sonrisa pícara a Gustavo, y me metí bajo la mesa. El pobre parecía no entender nada, pero yo haría que entendiera. ¡Al fin ese bulto sería mío!
Me acomodé frente a Gustavo y le abrí las rodillas con un movimiento decidido.
Cuando Ramón volvió a la mesa, encontró a su amigo con la cara bastante ruborizada. Es que yo había acercado mi cara a su bragueta y le estaba oliendo el bulto a través del pantalón. No me preocupaba en absoluto Ramón, ya que de eso se ocuparía seguramente Gustavo, que estaba desarrollando una erección propia de las circunstancias. No me equivoqué con el tamaño de su polla. Y cuando se la empecé a chupar a través de la tela del pantalón, la polla se le empinó completamente.
Y ahí estaba yo, bajo la mesa entre las piernas de Gustavo, chupándole la polla al amigo de mi novio. Se que suena un poco perverso eso de chuparle la polla a través de la tela del pantalón, pero así soy yo, un poco perversa. Y cuando le brotó el semen, succioné con fuerza para hacerlo atravesar la tela. Estaba muy rico y era mucho.
Entonces, con mucha parsimonia, le saqué la polla del pantalón y me puse a limpiársela de semen con la boca. Me divertía pensar en las que estaba pasando el pobre de Gustavo, tratando de disimular frente a mi novio. Pero lo importante es que yo podía chuparle nuevamente su poronga, que estaba a mi entera disposición.
Así que, tranquilamente, y mientras se la mamaba, empecé a hacerle una soberbia paja. ¡Qué lindo olor y qué poronga más gorda...!
Me di el gusto de hacerle tres pajas, y de tragarme sus tres acabadas.
Cuando Ramón se fue a buscarme, intrigado por mi tardanza y con temor de que me hubiera pasado algo, me salí de debajo de la mesa y volví a ocupar mi asiento, frente a un Gustavo pálido y con la cara desencajada por los estupendos momentos que le había hecho pasar. Las ojeras le llegaban hasta las rodillas, pero yo había conseguido mi alimento con creces.
De ahí en más no tuve problemas para mamársela a Gustavo. Una vez que están cebados, no me cuesta nada tenerlos a mi disposición. Es que conseguir que un hombre se eche tres polvos al hilo no es cualquier cosa. Y un hombre bien mamado es un hombre muy agradecido a su mamadora, y una especie de esclavo de ahí en más. Tal cual como lo tenía a Ramón. Con tantas y tan buenas mamadas que le hago, Ramón vive flotando entre nubes, y tengo su polla a mi servicio cuando y como quiera.
Así que entre Ramón y Gustavo tenía mi litro de semen semanal. Porque yo soy muy voluntariosa en lo que a ordeñar machos se refiere.
Además siempre tengo a mano a Rafael, el adolescente del tercer piso, que tiene una gran producción de leche, que le extraigo con toda facilidad, ya que de sólo verme se le para. Creo que Pavlov lo llamaba reflejos condicionados. A Rafael se la mamo en el cuartito de limpieza del edificio de Ramón, porque ahí me resulta más fácil arrinconarlo. Y una vez que me le arrodillo enfrente, está perdido. Y ya sabe que me tendrá que entregar por lo menos dos acabadas bien abundantes, de las suyas. Eso sí, al final tengo que dejar que me monte, porque con las mamadas no le basta. Y bueno, mejor.
Cuando llego a lo de Ramón siempre llego bien garchada por Rafael y con el gusto a semen en la boca. Así que lo primero que hago es mamársela a Ramón, para que no me sienta el gusto que me dejó Rafael. Y de paso le hago otra mamada, y si lo veo muy caliente una o dos más.
No entiendo a esas mujeres que a lo sumo cuentan con una sola pija, y encima que a veces ni siquiera la maman.
Son mujeres de pocos recursos, yo siempre me las he ingeniado para que me entreguen sus pollas para mamarlas. Es cuestión de saber ingeniárselas. A veces hasta he llegado a mantener dos novios, si sus pollas valían la pena. Y algún extra cuando se me daba. Los amigos de los novios son buenos para eso, porque siempre le tienen ganas a una.
Y un roce como al descuido sobre sus bultos con la mano, o con la cola suelen bastar para motivarlos. Especialmente si una pone énfasis en el rozamiento, como para que entiendan que la cosa fue intencional.
Así que leche no me falta, gracias a Dios. Y garchadas tampoco.
Si alguno de los amables lectores quiere enviarme una fotografía de su polla, tal vez tenga un premio. Erecta, por favor, a menos que sea tan grande que aún en estado de flacidez pueda motivarme. Las cartas por favor a [email protected]. Escriban tranquilos, Ramón ni idea tiene de la existencia de esta página.
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