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DominaciónOct 2026

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 09

Jane Cassey Mourin1.6K vistas
<p>Contrario a lo que pensé que pasaría durante el resto del congreso, las cosas no se pusieron tan sensuales entre Morris y yo, pues más allá de lo que pasó ese primer día, el resto de nuestra estancia transitó entre conferencias, ponencias, reuniones con directivos de otras sedes, y un sinfín de compromisos que fuimos adquiriendo con el paso de los días, siendo nuestras jornadas tan pesadas que cuando llegaba la hora de dormir apenas teníamos la energía suficiente como para tirarnos en la cama y no despertar hasta el siguiente día cuando todo comenzaría de nuevo.</p> <p>Sí, la verdad es que fue un poco decepcionante que las cosas ocurrieran de esa forma, porque si bien aprendí muchísimo acerca del puesto para el que me estaban entrenando y también hice muchas conexiones de suma importancia, creo que ambos nos quedamos con ganas de hacer más cositas en la intimidad de nuestra habitación.</p> <p>- Diste una gran impresión entre la gente del corporativo, al parecer todos confían en que harás un buen trabajo. Eso me alegra mucho, porque seguramente en cuanto asumas el cargo tendrás muchísimo apoyo - comentó mi jefe después del largo y aterrador viaje en avión que acabábamos de tener, mientras caminábamos por los pasillos del aeropuerto en dirección a la salida, donde ya nos estaba esperando una camioneta de la empresa.</p> <p>- Sí, gracias, me siento muy motivada después de recibir tantas muestras de apoyo. No tenía idea de que tanta gente estuviera al tanto de mí, eso fue un poco abrumador.</p> <p>- Parte de ello fue porque tu anterior jefe dejó muy buenas referencias de ti, pero ese reconocimiento se debe en mayor medida a que tu trabajo ha hablado por sí solo, porque no creas que pasó por desapercibido el hecho de que al final de la carrera de mi predecesor, fuiste tú quien se encargó de todo - comentó con un cierto aire de orgullo con el que me hizo sonreír un poco apenada ante sus halagos - en fin es hora de ir a casa y descansar, pero, antes de que nos vayamos, me gustaría platicar de algo contigo, nada de trabajo, algo de índole personal, si no te molesta darme unos minutos, claro.</p> <p>- Sí, por supuesto - respondí nerviosa, después de escuchar esas palabras que me hicieron suponer que aquella conversación tendría algo que ver con lo que estaba pasando entre los dos, una charla que tuvimos sentados en unas bancas que encontramos de camino a la salida.</p> <p>- No me voy a extender porque sé que debes estar exhausta pero, después de todo lo que hemos pasado, quiero saber qué es lo que piensas y qué es lo que quieres de esta relación, porque hasta ahora solamente hemos dejado que las cosas pasen y no hemos hablado al respecto, así que… mira, no quiero que me malentiendas, si esto solamente es una forma de entretenernos y pasar momentos lindos entre los dos, por mí está bien, pero necesito entender a dónde nos dirigimos para saber qué clase de cosas me puedo permitir y que clase de cosas debo dejar fuera del juego - dijo, empleando ese carisma tan encantador y atractivo que solía distinguirlo, hablando con seguridad, dejándome en claro que quería que estableciéramos de una buena vez las reglas del juego, haciendo que de pronto me pusiera muy nerviosa cuando entendí que en realidad no tenía idea de lo lejos que quería llegar con él, porque en serio me gustaba y adoraba pasar tiempo a su lado, sin embargo, estaba el asunto de mi marido, algo de lo que yo no le había hablado, un detalle que omití y que resultaba tan importante que probablemente si se lo decía en ese momento todo terminaría entre los dos, una carga que en aquel instante se sentía como un ancla que me impedía soñar con algo más allá de lo que tenía con mi jefe, un hecho que me sentó mal, que me hizo experimentar esa molestia en el estómago al tener que decirle que solo quería divertirme porque no podría ofrecerle más, teniéndome que tragar todo lo que estaba sintiendo por él y conformarme con las pocas migajas que podría recoger en esa relación que empezó de esa manera tan encantadora, o al menos eso fue lo que pretendía hacer, porque antes de que pudiera decirle esa sarta de mentiras con las que trataría de esconder la incómoda verdad que suponía estar casada con un patán, algo pasó que me impidió decir más de un par de palabras.</p> <p>- Morris, yo… - comencé a decir cuando de pronto mi celular sonó, viendo con algo de angustia que el nombre de mi esposo aparecía en la pantalla, una imagen que me hizo sobresaltar y levantarme de inmediato de la banca donde estábamos sentados - lo siento, tengo que contestar - me disculpé y me desplacé de inmediato a un pasillo que llevaba a los baños, un lugar en el que no había demasiado ruido, donde podría hablar sin despertar las sospechas de mi esposo - hola, cariño. Justo ahora estaba por… - respondí temblando de nervios, hasta que de pronto escuché una risa enloquecida, ese sonido furioso que me hizo sentir un horrible escalofrío recorriéndome la espalda al tiempo que el susurro del llanto de una mujer se escuchaba como fondo de las palabras que mi esposo me dijo.</p> <p>- ¿Sabes algo? Después de que te fuiste me sentí un poco mal por no haberte preguntado acerca del estado de tu mamá, así que decidí hablar con ella para saber cómo estaba - comentó, con esa voz cargada de una ira que ni siquiera trató de disimular - ya te imaginarás mi sorpresa cuando me dijo que se sentía muy bien y que desde que entró a clases de pilates se ha sentido increíble, pero ¿Sabes que fue lo que más me sorprendió? Que después de que me agradeciera por la atención de llamarla, me pidió que te dijera que le hables más seguido, pues tiene tiempo que no sabe nada de ti y le gustaría ponerse al día con su hija - explicó, provocando que esa molestia en el estómago se hiciera más intensa mientras mi cuerpo temblaba de pies a cabeza - te quiero en casa de inmediato, cariño, porque no sabes las ganas que tengo de tener una larga charla contigo, mi amor - me ordenó, sin que aquello de cariño o mi amor suavizaran siquiera un poco el tono amenazante con el que me hablaba.</p> <p>Él colgó el teléfono antes de que pudiera decir algo más, provocando que temblara de pies a cabeza, sintiendo tanto miedo que ni siquiera estoy segura de cómo pude mantenerme en pie por aquellos minutos que me tomó recuperar un poco de compostura y salir de ese lugar tan aprisa como pude, sintiendo la necesidad de regresar cuanto antes a casa a pesar de saber lo mal que lo pasaría cuando estuviera al alcance de mi marido.</p> <p>- ¿Estás bien? ¡Te ves muy pálida! - exclamó Morris mientras tomaba mis cosas apresurada, sin que lo quisiera ver a los ojos, sintiendo cómo el corazón me palpitaba de esa manera tan irregular mientras las manos me sudaban y mi respiración se agitaba más y más conforme avanzaba a la salida.</p> <p>- Yo… algo pasó en casa y… tengo que darme prisa, debo irme cuanto antes - dije a las prisas, sin dejar de caminar, acelerando el paso cada vez más hasta que de pronto me vi a mí misma corriendo.</p> <p>- ¡Está bien! ¡Te llevaré en la camioneta y…!</p> <p>- ¡No! - levanté la voz, aterrada ante la posibilidad que suponían sus palabras - antes de que me detuviera por un momento y respirara para tratar de calmarme, sabiendo que debía darle una explicación a ese comportamiento que en aquel momento seguramente lo había desconcertado, pero sin levantar la cabeza del suelo, porque no me atreví a mirarlo a los ojos mientras le decía aquellas mentiras - no es necesario… yo… tomaré un taxi y… - le respondí apresurada, sintiendo cómo mi miedo se incrementaba ante la idea de que Morris me dejara afuera de mi hogar y mi marido lo notara, sabiendo que algo como eso solo provocaría que Oscar perdiera el control y probablemente decidiera terminar conmigo de una buena vez.</p> <p>- ¡No, de eso nada! ¡Te llevaré a casa! ¡Estás demasiado alterada! - me interrumpió, sonando muy preocupado, haciéndome suspirar desesperada y devastada al entender que solo diciéndole la verdad podría detener sus intenciones de llevarme.</p> <p>- No, no puedes llevarme a casa porque… porque mi esposo acaba de enterarse de que estos días no estuve con mi madre como le dije que lo haría y… y si él te ve ahí… - solté de pronto, sintiéndome tan aterrada y abrumada por todo lo que estaba pasando que apenas me di cuenta de lo que estaba diciendo hasta que de pronto Morris me interrumpió.</p> <p>- ¿Tu esposo? ¿Eres casada? - preguntó, con un tono de voz que no le conocía, que me hizo sentir cómo todo lo que pasó entre nosotros se estaba cayendo a pedazos, haciendo que tragara saliva, sintiendo cómo esos pequeños arroyos de lágrimas comenzaban a correr por mis mejillas, respirando profundamente antes de levantar la mirada y encontrarme con la sorprendida expresión de Morris, quien en aquel momento me observaba como si no tuviera idea de quién era la mujer a quien tenía enfrente.</p> <p>- Lo siento mucho. Sé que debí decirlo, pero… no estoy tratando de justificarme, pero las cosas con mi esposo no han ido bien y cuando te conocí… fuiste una bocanada de vida, el que de nuevo sintiera que podía despertar el deseo de un hombre me hizo sentir atractiva, me hizo sentir que aún valía como mujer, que no era nada más una… - mi llanto detuvo mis palabras mientras Morris me miraba a los ojos, casi sin parpadear, sin decir una sola palabra ni mover un dedo - lo siento, de verdad lo siento mucho - dije al final, antes de reanudar mi marcha a la salida a un paso desesperado, sintiéndome aterrada ante la posibilidad de que el demorarme demasiado pudiera empeorar las cosas con mi marido, pretendiendo subirme a un taxi en cuanto viera uno libre, sin querer mirar atrás hasta que de pronto sentí que alguien tomaba mi maleta y volteé a un lado para encontrarme con mi jefe, el mismo hombre que tomó mis cosas y las llevó a la camioneta que ya nos esperaba, haciendo que el conductor las metiera en el maletero.</p> <p>- No, no lo entiendes, él…</p> <p>- Llévela a donde le indique, por favor; debe llegar cuanto antes a su destino - instruyó al conductor antes de mirarme, manteniendo en su rostro esa expresión que no pude descifrar - ve a casa y arregla tus asuntos, yo me iré en un taxi y nos veremos el lunes en la oficina.</p> <p>- Morris, yo…</p> <p>- Nunca hablamos de tu situación. Tú no dijiste nada, pero yo tampoco pregunté. Así que las cosas están bien entre nosotros. Ahora vete, regresa a casa y trata de arreglar las cosas. Y si necesitas algo de mí, solo házmelo saber - me dijo, dándome una mano para ayudarme a subir en el auto, antes de que lo mirara ahí parado afuera de la camioneta - tal vez esto sea un atrevimiento, pero… perdón si me estoy entrometiendo en algo que no debería, pero nadie tiene por qué estar con alguien que le hace sentir tanto miedo. Eres una mujer increíble con un futuro muy prometedor y no necesitas absolutamente de nadie para lograr el éxito y llegar tan lejos como quieras llegar. Lo entiendes ¿Cierto? - comentó, sin que yo le respondiera de alguna manera ni dejara de observarlo con los ojos muy abiertos, viendo cómo cerraba la puerta y se despedía de mí con un gesto de su mano mientras el auto comenzaba a moverse.</p> <p>- ¿A dónde la llevo, señorita? - preguntó el conductor, obligándome a salir de mi estupor y sacar mi celular para mostrarle el camino, antes de que me recargara en mi asiento y pensara detenidamente en las palabras que me dijo Morris, haciendo que de pronto me preguntara ¿Qué era lo que me tenía ligada a mi esposo? ¿Por qué me aferraba a una versión de Oscar que era evidente que no regresaría? ¿Qué era lo que me hacía seguir a su lado después de todas las humillaciones y maltratos que ya había soportado de su parte?</p> <p>Obviamente ninguna de las respuestas a esas preguntas apuntaba en dirección a seguir con él, a prolongar ese estado en el que me veía obligada a soportarlo y dejar que hiciera conmigo lo que quisiera, pero aun así, el miedo que ese hombre me provocaba no era poca cosa y a pesar de todo lo malo que ya me había hecho, no sabía si tendría el valor de enfrentarlo, de decirle que ya no quería estar con él, de pedirle el divorcio y lidiar con las consecuencias que eso podría conllevar.</p> <p>No, el solo pensar en hacerlo me aterraba, porque no tenía idea de lo lejos que podría llegar si le decía que ya no quería estar con él y… no, tenía que inventarme algo y debía de hacerlo de inmediato, porque el momento de regresar a su lado se acercaba más y más a cada segundo que pasaba y ya no tenía tiempo que perder.</p> <p>***</p> <p>La puerta apenas terminó de cerrarse cuando escuché algunos pasos provenientes del salón y Oscar apareció frente a mí, mirándome de esa forma aterradora mientras yo repasaba aquella historia que ensayé durante los últimos minutos de mi viaje de vuelta a casa, queriéndome convencer de que ese cuento le bastaría para dejarme en paz y no hacer todas las cosas malas que solía hacerme cuando decidía que debía castigarme.</p> <p>- ¿Te divertiste? - me preguntó, apretando sus puños con fuerza mientras sentía cómo mi corazón palpitaba enloquecido ante el peligro que me acechaba, no obstante, y para sorpresa mía, cuando le respondí, en mi voz no había titubeos ni el más mínimo atisbo de ese miedo que me estaba carcomiendo por dentro, un hallazgo que me hizo preguntarme si ¿Acaso las palabras de Morris hicieron que en mi interior naciera un valor que no recordaba tener? O quizás ¿Fue el simple hecho de que mi jefe supiera que estaba casada y que no me repudiara lo que me dio el valor que en aquel momento reflejó el tono de voz con el que le respondí a mi esposo?</p> <p>- No, en realidad no lo hice - contesté, sacando de mi abrigo un panfleto del congreso al que asistí con Morris, uno que de alguna manera adquirió una importancia significativa cuando al buscar mis llaves en mi bolso me lo encontré por accidente, porque esa era la prueba de donde había estado, una que podría librarme de las consecuencias que tendría el haberle ocultado la verdad - hace unas semanas me dijeron que me darán la dirección de mi departamento, desde entonces me han estado entrenando para asumir el cargo y ese congreso fue parte del entrenamiento - respondí, con una seguridad que no parecía pertenecerme, haciendo que mi esposo mirara ese panfleto por unos segundos mientras el llanto de Candy seguía llegando a mis oídos desde la sala.</p> <p>- Es mentira - espetó mi esposo después de analizar el volante, rompiéndolo en pedazos que luego tiró al suelo - dime a dónde te largaste, hazlo ahora - me ordenó, con un tono de voz calmado que no parecía corresponder con esa expresión enloquecida que mantenía en su rostro, pero que lograba hacerlo ver mucho más peligroso.</p> <p>- Ya te lo dije, es la… - mis palabras se ahogaron en la tremenda bofetada que me dio, haciendo que trastabillara hasta detenerme con mis manos contra la pared, mientras ese desgraciado se quitaba el cinturón.</p> <p>- ¡Dime a dónde te largaste y con quién estuviste! ¡No permitiré que me veas la cara! ¡No dejaré que vayas por ahí revolcándote con algún hijo de puta que…!</p> <p>- ¡¿Es en serio?! ¡¿Te molesta la idea de que me haya acostado con alguien más?! ¡¿Y por qué no te encabronaste así en cada ocasión en que me lanzabas a los brazos de tus amigos o de tus clientes?! ¡¿Cuál es la puta diferencia?!- le grité enloquecida, furiosa, levantando la voz tanto como jamás lo había hecho al discutir con Oscar, sin saber aún de dónde estaba saliendo el valor que me permitió hablarle sin cortarme, viendo cómo ese hombre parecía sorprenderse ante ese inesperado valor que estaba demostrando, una actitud que para mi sorpresa no se vio alterada por la forma como mi esposo me tomó del cabello, obligándome a que lo mirara con odio mientras él me hablaba con su cara demasiado cerca de la mía.</p> <p>- ¡La diferencia es que yo les ordené que lo hicieran! - una bofetada sacudió mi rostro - ¡La diferencia es que cada vez que te acostabas con ellos era porque yo así lo quería! ¡Porque tú eres mía y yo puedo hacer lo que se me dé la gana contigo!</p> <p> - ¡Yo no soy tuya! ¡No soy de nadie! ¡No soy un puto objeto al que puedas usar como quieras! ¡Soy tu esposa! ¡Deberías cuidarme y no entregarme a cualquier hijo de puta que…! - nuevamente mis palabras se ahogaron en el dolor, en esa nueva ocasión, provocado por el fuerte golpe que me dio en el estómago, haciéndome caer al suelo después de que me sacara el aire, tratando a marchas forzadas de respirar mientras él daba un paso al frente para pararse a unos pocos centímetros de mí.</p> <p>- Mi esposa ¿Eh? Así que debería cuidarte ¿No? ¿Por qué lo haría si hace mucho tiempo dejaste de servir como mujer? Nunca pudiste darme un hijo cuando estabas a tiempo y luego… - me espetó con un coraje y una rabia que incluso tratándose de él no me sonaba del todo familiar.</p> <p>- ¡Luego me tuvieron que operar después de la madriza que me diste y de todas las veces que me violaron por tu culpa! ¡Tú fuiste el responsable de que no pudiera tener hijos! ¡Tú me quitaste el sueño de ser madre! ¡Maldito cobarde! ¡Maldito bastardo! ¡Te odio! ¡No quiero estar más a tu lado! ¡Quiero el divorcio! - grité entre lágrimas, explotando mientras me agarraba el estómago, sintiendo esa extraña mezcla de dolor y rabia que me hizo gritar esas palabras con toda la ira que había reprimido en los últimos años.</p> <p>La rabia de Oscar fue descargada en la forma como me golpeó con ese cinturón en las costillas, la cara, los brazos y las piernas, una tarea a la que le dedicó un par de minutos antes de que me tomara del cabello y me llevara a rastras por la casa, soltándome solamente cuando llegamos a la sala, donde Candy se encontraba escondida en un rincón sentada en el suelo, abrazando sus piernas, llorando aterrada, con el rostro lleno de golpes y la ropa rasgada.</p> <p>- ¡Pon mucha atención, Candy! ¡Porque esto es lo que pasa cuando una puta me traiciona! ¡Así que más te vale que estés en el lado correcto siempre! - le gritó a esa pobre chica, antes de que me arrancara la ropa a jalones, dejándome al final desnuda en el suelo, sintiendo cómo me pateaba las piernas para que las abriera, estando boca abajo, sufriendo de pronto la forma tan salvaje y desconsiderara como me metió los dedos en el coño y empezó a penetrarme con ellos, provocando que de mi boca salieran esos gritos de dolor que lo motivaron a lastimarme con más energía hasta que de pronto sentí su cuerpo en mi espalda, al tiempo que su pene hurgaba entre mis labios.</p> <p>- ¡¿A dónde te largaste?! ¡¿Con quién estuviste todos estos días?! - gritó cerca de mi oído.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gemí sin poder contenerme cuando lo sentí entrando en mi cuerpo por la fuerza, restirando las paredes de mi vientre de una forma dolorosa, mucho más sádica que en cualquier otra ocasión en la que ese bastardo me hubiera tomado por la fuerza.</p> <p>- ¡Dímelo, puta! ¡Voy a partirle la madre a ese pendejo! ¡¿Con quién te largaste?! ¡¿A dónde fuiste?! - me exigió enloquecido, a pesar de que algo en su forma de hablar me decía que en realidad aquello solo era el pretexto que usaría para justificar la manera como estaba abusando de mi cuerpo, un pretexto que usó para tirar de mi cabello y luego estrellarme la cara contra el suelo, haciendo que me sintiera aturdida y mareada mientras un fuerte dolor en mi frente me hizo saber que ese animal me acababa de abrir la cabeza.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - escuché aquellos gemidos que salieron de mi boca en un tono apagado y carente de vida, sintiendo las manos de ese animal metiéndose debajo de mi cuerpo para apretarme los senos de esa manera tan dolorosa, experimentando esa aterradora oleada de cansancio que me sacudió mientras escuchaba los gritos enloquecidos de Candy.</p> <p>- ¡Detente! ¡Está sangrando mucho! ¡Vas a matarla! - gritó la pobre muchacha sin que Oscar le hiciera caso, sin que dejara de concentrarse en esa manera tan salvaje como me estaba penetrando, obligándome a sentir su pene entrando y saliendo de mi vagina por no sé cuánto tiempo, hasta que escuché cómo Candy se echó a correr y Oscar al fin salió de mi cuerpo, poco después de que esa chica asustada abriera la puerta de la casa y echara a correr hacia la calle, sintiendo la brisa fresca que se coló por la entrada, escuchando gritos a las afueras mientras pensaba que quizás morir en ese lugar no sería tan malo, pues a pesar de que mi vida terminara de esa manera tan injusta, al menos ya no volvería a sufrir los maltratos de ese canalla ni volvería a tener tanto miedo, pensamientos que se fueron enmudeciendo en la misma medida en la que los gritos provenientes de la calle dejaron de escucharse, el dolor se desvaneció de un momento a otro y repentinamente la oscuridad se apoderó de todo.</p> <p>***</p> <p>Un bip persistente fue lo primero que me hizo saber que estaba viva, un sonido al que de pronto se unieron las sensaciones de dolor que torturaban mi cuerpo y un calor agradable que al parecer era provocado por una manta bastante gruesa.</p> <p>- ¡Ahhh! - me quejé cuando traté de moverme, queriendo abrir mis ojos sin poder hacerlo bien, dándome cuenta demasiado pronto de que uno de ellos estaba tan hinchado que era mejor no tratar de forzarlo, mientras que el otro me mostró la imagen de esa muchachita sentada en el sillón de lo que parecía ser la habitación de un hospital, abrazando sus piernas, con los pies descalzos y algunos vendajes en su cara.</p> <p>- ¿Qué…? ¿Dónde…? - balbuceé.</p> <p>- ¡Al fin despertaste! - exclamó Candy con un aire de alivio antes de que saliera corriendo, regresando poco después con un pequeño grupo de médicos y enfermeras que me hicieron un montón de preguntas para saber si mis facultades mentales estaban intactas y descartar algún daño neurológico, una tarea que les llevó un buen rato hasta que al fin se marcharon y me dejaron de nuevo a solas con Candy.</p> <p>- ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué a este lugar? - le pregunté, porque si bien el doctor me dio un pequeño resumen de lo que pasó, la verdad es que no entendí nada en medio de todo el ruido que hicieron esas personas y la sobreestimulación a la que me expusieron al estarme tocando todos al mismo tiempo.</p> <p>- Después de que me logré escapar de la casa, Oscar salió corriendo detrás de mí y casi me atrapa de no ser porque un chico se lo impidió. Luego salieron los vecinos gracias al escándalo que armé y… entre todo lo que dije, les pedí que llamaran a una ambulancia porque estabas muy mal, les grité que te estabas desangrando y llamaron a emergencias. Por fortuna la ambulancia no tardó tanto y luego nos trajeron aquí, después de eso… - comentó la chica, mostrándose tan asustada al recordar lo que ocurrió como creo que lo estuvo en el momento en el que todo pasó.</p> <p>- ¿Y… Oscar? - pregunté con miedo.</p> <p>- Él está detenido. La policía se lo llevó después de que les dije que me golpeó y que intentó matarte. Hace unos días Morris me llevó a la comisaría para levantar una denuncia en su contra y que así lo pudieran procesar, así que…</p> <p>- ¿Morris? ¿Él estuvo aquí? ¿Cuánto tiempo llevo en este lugar? - pregunté tan asombrada por el hecho de que mi jefe hubiera estado ahí como por la noticia de que al parecer llevaba algo de tiempo en esa cama de hospital.</p> <p>- Casi dos semanas. Todos estábamos muy preocupados por ti, porque el doctor dijo que si no lograbas despertar en unos días… también estuvo por acá Carmen, esa mujer es muy simpática, pero estuvo llorando mucho cuando te vio y no ha dejado de venir todos los días después del trabajo, de hecho…</p> <p>- ¿Cómo supieron que estaba aquí? - le pregunté, sintiéndome abrumada ante tanta información, pero necesitando desesperadamente entender todo lo que pasó mientras estuve dormida.</p> <p>- Ah, sí, eso… bueno, es que la primera noche, Morris te llamó al teléfono, cuando respondí se disculpó y dijo que no quería causar problemas, dijo algo como que sentía algunas cosas por ti y… bueno, es que se puso a hablar mucho y cuando trataba de interrumpirlo no me dejaba y… él pensaba que eras tú - comentó con un tono de picardía que luego la hizo sonreír - pero en cuanto al fin me dejó hablar, le conté lo que pasó y vino de inmediato. Él me ha estado ayudando con las cosas de los abogados y… ¡Diablos! ¡Lo olvidé! - exclamó antes de que sacara su celular e hiciera algo con él - ¡Le prometí que le hablaría en cuanto despertaras! - dijo un poco alterada al tiempo que escribía algo en el celular.</p> <p>- ¿Qué dijo cuando me vio así?</p> <p>- Lloró un poco. Se asustó mucho, pero luego salió a hablar con los doctores, dijo que era tu jefe y que se haría cargo de los gastos del hospital. Después hablamos y me dijo que sus abogados se encargarían de Oscar, aunque en realidad no sabía qué quería decir con eso, ¿Sabes algo? Ese tipo me agradó y se ve que te quiere mucho… pero bueno, él se está ocupando de los asuntos legales y me dijo que era muy importante que lo llamara en cuanto despertaras, lo que pasa es que quiere hablar contigo, me dijo que necesitaba saber qué era lo que tú querías hacer antes de dar un paso en falso, así que… bueno, es que no sé, pero… sí te vas a divorciar de Oscar ¿No? Porque después de lo que te hizo - preguntó con un tono desconfiado, cómo si de alguna forma en su cabeza cupiera la duda de que el no divorciarme de ese canalla fuera una posibilidad real.</p> <p>- Por supuesto. Es todo tuyo si lo quieres - bromeé, pero pagué un precio muy alto pues al reírme provoqué que todo mi cuerpo temblara de dolor.</p> <p>- No, gracias, preferiría regresar al lugar del que me sacó, y ahora que lo pienso… quizás ese sea el único sitio al que pueda ir después de todo - respondió, al principio sonriendo un poco, hasta que su rostro volvió a adoptar esa expresión preocupada y temerosa.</p> <p>- No te dejaré sola, Candy - le aseguré, viendo cómo esa chica asentía sin que al parecer estuviera convencida de que decía la verdad, antes de que ambas nos quedáramos calladas, pues creo que en aquel momento las dos nos estábamos preguntando qué pasaría a partir de ese instante, porque ella no tenía a dónde ir y ciertamente yo tampoco pues a pesar de todo la casa estaba a nombre de Oscar y no estaba segura del tiempo que pasaría antes de que pudiera sacar mis cosas de ese lugar, una incertidumbre que me dejó en silencio durante algunos minutos hasta que la puerta se abrió de pronto y por ella entró Morris, luciendo preocupado, mirándome con los ojos muy abiertos, llevando en su mano una carpeta que puso en el sillón antes de acercarse a mí.</p> <p>- Lo siento - escapó de mi boca con palabras entrecortadas mientras las lágrimas se aglomeraban en mis ojos y él negaba con la cabeza.</p> <p>- Nada de esto fue culpa tuya, pero debiste decirme cómo eran las cosas con tu esposo, así yo te hubiera ayudado y… lamento mucho que esto pasara - dijo al tiempo que me acariciaba una mano y mi cuerpo respondía con llanto ante esa clase de cariño y atenciones que de pronto entendí lo mucho que las necesitaba.</p> <p>- ¿Qué ha pasado con él? Candy me dijo que está detenido y me dijo que querías hablar de algo importante conmigo - le pregunté, sintiendo cómo mi voz se iba apagando a medida que hablaba y la vergüenza se iba apoderando de mí.</p> <p>- Sí, es verdad - comentó, como si de pronto se acordara de algo - bueno, tu esposo está detenido y mañana se lo llevarán a la prisión. Una vez que Candy me contó lo que pasó y me dio algunos nombres, muchos de sus amigos y trabajadores se mostraron muy motivados por ayudarnos atestiguando en su contra a cambio de que no se les acuse también a ellos. Espero que eso no te moleste. Así que ese tipo pasará algunos años fuera de las calles, por otro lado, necesito saber qué es lo que tú quieres hacer, porque si quieres divorciarte de él…</p> <p>- Por supuesto que lo quiero, no hay nada que quiera más en este mundo que alejarme tanto como pueda de él - respondí de inmediato, pero sin poder ser muy efusiva pues mi estado no me lo permitía.</p> <p>- Me alegra escuchar eso y siendo así las cosas, voy a necesitar que me firmes algunos papeles - dijo, soltándome la mano para ir por aquella carpeta - mis abogados le dedicaron un cierto tiempo a un acuerdo de divorcio que te permitirá quedarte con todo lo que tiene, desde la casa hasta su empresa de seguridad, todo será tuyo, también lo hablamos con él y su abogado, te entregará todo sin pelear a cambio de una sentencia menos severa, aun así estará encerrado al menos 20 años entre los cargos por el intento de homicidio y todo lo que le hizo a Candy. Ese acuerdo también comprende algunas restricciones en su contra, de tal manera que para cuando salga de la cárcel no podrá acercarse a ti, ni tampoco podrá contactarte por ningún medio a distancia.</p> <p>- ¿Es en serio? ¿Puedo conservar mi casa? - él no dijo nada, solamente asintió con la cabeza, dibujando una tímida sonrisa en sus labios antes de que tomara esos papeles - dame una pluma.</p> <p>- No tienes que firmarlos ahora, Teresa, acabas de despertar y quizás quieras leerlos antes de que… - me atajó, dejando ver que el que no leyera los documentos lo hacía sentir incómodo.</p> <p>- Confío más en ti que en mi marido. Venga esa pluma - le respondí, firmando el documento en cuanto pude hacerlo, antes de que suspirara aliviada, sintiendo esas lágrimas que recorrieron mis inflamadas mejillas al tener que aceptar que mi matrimonio había fracasado, que no logré que regresara ese hombre de quien me enamoré años atrás, sintiendo mucho dolor cuando sus palabras resonaron en mi cabeza diciéndome que ya no servía como mujer, sufriendo al revivir todo lo que me hizo aquella última vez que lo vi, una serie de recuerdos que solo se detuvieron cuando Morris volvió a acariciar mi mano.</p> <p>- Todo estará bien a partir de ahora. Confía en mí, haré todo lo que pueda para lograrlo - comentó en un intento por consolarme.</p> <p>- Morris, yo… lamento no haber sido honesta contigo, todo lo que hubo entre nosotros… ¡Ahhh! - un gemido de dolor se me escapó cuando traté de enderezarme.</p> <p>- No te preocupes por eso. No me debes nada y como te lo dije en el aeropuerto, estamos bien. Por ahora solo preocúpate por recuperarte ¿Está bien? - me dijo y yo asentí, o lo intenté, pues en cuanto traté de mover la cabeza sentí un pinchazo de dolor con el que decidí que lo mejor que podía hacer era no moverme más.</p> <p>- Oiga, Morris ¿Sería posible que me consiguiera un trabajo? Ahora que ya no tengo a mi proveedor, voy a necesitar ganar dinero de alguna forma y ya no quiero estar con más hombres por dinero. Además, necesito un lugar donde vivir y…</p> <p>- De eso ni hablar, niña, te quedarás en mi casa. Me salvaste la vida. Lo menos que puedo hacer es darte un techo donde dormir, aunque conseguirte un trabajo no es una mala idea - le respondí, viendo cómo sus ojos brillaban humedecidos por esas lágrimas que no se atrevieron a salir, antes de que mirara a Morris y él me sonriera.</p> <p>- Descanse, señorita Teresa, ahora estará en buenas manos - comentó, antes de que me permitiera sonreír un poco y cerrara los ojos, necesitando dormir, pero sabiendo que al despertar el mundo sería diferente y mucho mejor de aquel al que le dije adiós el día en el que todo entre Oscar y yo terminó.</p> <p>               </p> <p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha terminado) o adquiriendo el ÚLTIMO tomo de la serie en AMAZON (capítulos 6 - FINAL) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.</strong></p>