Xtories

Quiero ser cornudo (Cap. 19)

La puerta de la habitación 212 se cierra y el mundo exterior desaparece. Miguel no espera ni un segundo: su mano domina la muñeca de Lidia y su deseo es una fuerza bruta que no admite negativas. Esta noche, la traición sabe a placer prohibido.

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NOTA DEL AUTOR:

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CAPÍTULO 19

LIDIA Y MIGUEL

Lidia siguió a Miguel que la agarraba con fuerza de la muñeca escaleras arriba. Ni siquiera tuvo tiempo de mirar atrás ni despedirse de Nando que atónito veía como su esposa se alejaba de él.

–¿Cuál es tu habitación? – preguntó Miguel.

–212– respondió sin aliento.

–Abre– ordenó Miguel.

Lidia sacó la llave electrónica del bolso, abrió la puerta y, juntos, entraron en la habitación.

Sin esperar ni un instante, Miguel se lanzó a besar a Lidia que, excitada, no fue capaz de rechazarlo.

–¡Ummmmm!!!! – jadearon cuando sus lenguas se enroscaron en un morreo sucio y húmedo.

–¡Por fin! – exclamó Miguel aprovechando para arrancarle el sujetador y liberar por fin sus turgentes pechos.

–¡Ummmmm!!!! – volvió Lidia a jadear cuando los labios de Miguel mordisquearon sus pezones mientras que con las manos masajeaba sus tetas levantándolas.

Entonces Miguel, separándose un metro de Lidia se detuvo a observarla y admirar aquel espléndido cuerpo coronado con unas tetas espectaculares.

–Te deseo – dijo innecesariamente y se quitó la camiseta mostrando un pecho fuerte y atlético. Luego se bajó los pantalones liberando su demencial polla que ya estaba completamente dura y de la que, en la punta, rezumaban unas pocas gotas de precum.

Volvieron a acercarse uno al otro y se abrazaron compartiendo el calor de sus torsos desnudos. Miguel desabrochó el pantalón de Lidia y este se deslizó hasta el suelo.

Se unieron en un lascivo morreo mientras sus manos, ávidas, exploraban sus cuerpos. Lidia sentía sus pechos aplastados sobre el atlético cuerpo de Miguel y sus manos descendieron de los hombros hasta la cintura para luego, desviarse hasta el culo y agarrarlo con fuerza.

También Miguel exploraba el cuerpo de Lidia y mientras que una mano masajeaba aquellas deliciosas tetas, la otra agarraba a Lidia por la nalga apretándola con los dedos.

–¡Ummmmm!!!!

Sus bocas no se separaban y con la respiración acelerada apenas podían respirar. Finalmente, la mano de Lidia acarició la polla de Miguel provocándole un escalofrío. Ya la había tenido en sus manos anteriormente, aun así continuaba sorprendiéndose de su tamaño, dureza y, sobre todo, temperatura. Aquella polla ardía en sus manos pero no podía soltarla.

La descapulló y acarició el sensible glande con delicadeza. Entonces, sintió un incontenible deseo de saborear aquella polla así que se arrodilló a los pies de Miguel y, sujetándosela con una mano, con la punta de la lengua lamió el glande saboreando las primeras gotas de precum.

–¡Ohhhhh!!!!

–¡Por fin! – volvió a exclamar Miguel cuando la boca de Lidia envolvió completamente su polla y empezó a engullirla.

Pero era completamente imposible tragarse una polla de aquel tamaño y Lidia apenas pudo meterse en su boca la mitad. Aun así, le pareció la sensación más deliciosa y excitante de su vida.

–Así, chúpamela, hasta el fondo– la animaba Miguel aunque a pesar de que Lidia ponía en ello todo su empeño era incapaz de tragársela entera.

Entonces, Miguel, sujetando la cabeza de Lidia empezó a follarse su boca, sacando la polla completamente e introduciéndola con fuerza hasta alcanzar la campanilla, momento en el cual, Lidia, empezaba a escupir saliva y estornudar para no ahogarse.

–No te preocupes, – la calmó Miguel, –con el tiempo lograrás tragártela entera, solo es cuestión de tiempo.

Miguel continuó follándose la boca de Lidia hasta que las náuseas la obligaron a detenerse, respiraba entrecortadamente, boqueando para conseguir aire pero sin soltar aquella deliciosa polla ni un instante.

Cuando recuperó el aliento volvió a la carga y se la metió tan profundamente como le fue posible pero sin lograr alcanzar el pubis de Miguel.

–Ya falta poco– insistió Miguel al notar como apenas faltaban unos pocos centímetros.

Esta vez, sujetando la cabeza con fuerza volvió a clavarle la polla al fondo de la garganta de Lidia que tuvo que esforzarse al máximo para aguantar la arcada.

–Respira por la nariz– le dijo Miguel manteniendo la polla en esa posición durante unos segundos.

Inicialmente Lidia, cambió de color, pasó del rojo al morado y cuando parecía que fuera a desmayarse consiguió respirar por la nariz y aguantar con la polla clavada casi hasta su base.

–Ya lo tienes– la animó Miguel que volviendo a sujetar a Lidia por la cabeza dio una última nalgada incrustando su polla, esta vez, hasta el fondo.

–¡ugggghhh! – gruñó Lidia aguantando estoicamente hasta que no pudo resistirlo por más tiempo y sacándose la polla de la boca, se dejó caer al suelo respirando con dificultad y escupiendo saliva.

–¡Ahhhhh! No puedo más... – dijo entre estornudos y dejando caer saliva al suelo.

–No pasa nada Lidia, eres una diosa– insistió Miguel, –y por un instante has conseguido tragártela entera. El próximo día ya no costará tanto.

Y cariñosamente, la ayudó a incorporarse, la tumbó sobre la cama con las piernas colgando, agarró sus bragas por la cintura y las deslizó piernas abajo.

Pero el coño de Lidia estaba tan encharcado que las bragas quedaron enganchadas y unidas por el pegajoso líquido vaginal hasta que, finalmente, quedaron libres y Miguel se las quitó tirándolas sobre la mesita de noche.

Lidia se quedó tumbada, quieta, completamente desnuda esperando con ansia el contacto con Miguel.

La humedad de su coño brillaba bajo la luz de la bombilla y lanzaba intermitentes destellos que Miguel se lanzó a saborear. Se arrodilló al pie de la cama, situó las piernas de Lidia sobre sus hombros y lamió sus labios externos con lujuria.

El delicioso sabor de los líquidos vaginales impregnó las papilas gustativas de Miguel que, ayudándose de un dedo, empezó a acariciar el clítoris de Lidia.

–¡Ummmmm!!!! – gimió Lidia al sentir como un dedo se adentraba en su coño activando todos los nervios sensitivos. Una oleada de placer la invadió y, cerrando las piernas, se abandonó al placer.

En toda su vida, solo Nando le había chupado la vagina y la hacía disfrutar, pero sin duda, Miguel lo hacía mucho mejor. Tal vez fuera por su habilidad o por la transgresión de realizar una fantasía prohibida pero tras pocos minutos empezó a sentir como se acercaba su orgasmo.

–¡Ahhhhh!!! Joder... que bueno… ¡Ahhhhh!!! Así, así... ¡Ahhhhh!!!

Sujetó con fuerza la cabeza de Miguel para que lamiera más profundamente. Sentía la humedad de la lengua, su calor, el aliento cálido de la respiración de Miguel y dos dedos entrando y saliendo de su lubricado coño con una facilidad pasmosa.

–¡Ahhhhh!!! Que bien lo haces... ¡Ahhhhh!!!

Satisfecho por la respuesta de Lidia, a Miguel ya no le cupo ninguna duda de que esta misma noche no tardaría en correrse dentro de ese mismo coño que estaba lamiendo.

–¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Ahhhhh!!! – gritó Lidia tan fuerte que todos los habitantes de la casa rural pudieron oír sus gemidos.

–¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Me corroooo!!! – volvió a gritar Lidia agarrando con tanta fuerza la cabeza de Miguel que por poco no se la arranca del cuerpo.

Y entonces, un chorro de squirt salpicó la boca y la cara de Miguel dejándole empapado mientras Lidia, sin poder contenerse, no paraba de gritar.

–¡Ahhhhh!!! Siiiii, siiii, siiii, siiii... ¡Ahhhhh!!!

Hasta que, finalmente, liberó la cabeza de Miguel y dejando caer sus extremidades cayó sumida en un trance increíblemente placentero y relajante.

–Ohhhhh... – jadeó, –nunca me había corrido así... Ahhhhh... que vergüenza, casi me meo.

Miguel tuvo que secarse la cara con las sábanas y, haciéndole cosquillas con la yema de sus dedos fue recorriendo su cuerpo, desde el coño hasta la mejilla pasando por la barriga, las tetas y el cuello.

–¿Te ha gustado? – preguntó tumbándose junto a ella y acariciándole amorosamente la mejilla.

–Sí – respondió, mucho.

–Pues esto no ha hecho más que empezar. Ahora, por fin, voy a follarte.

Miguel se situó entre sus piernas y colocando su polla sobre el coño de Lidia empezó a propinarle pequeños azotes.

–¡Ummmmm!!! – gemía Lidia cuando sentía los golpes de la polla de Miguel chocando contra su vagina.

¡PLASSSS!

El azote de la polla de Miguel sonó como si fuera una bofetada y provocaba que Lidia se retorciera de placer agarrando con fuerza las sábanas.

¡PLASSSS! ¡PLASSSS!

Miguel aceleró el ritmo de los azotes hasta que la polla quedó situada junto la entrada del coño y, de un empujón, la metió entera.

–¡Ahhhhhhhhhh!!!! – chilló Lidia cuando sintió como su coño se dilataba para dar cabida a aquella inmensa polla.

Con la berga en su interior, Miguel se detuvo unos segundos, dándole tiempo al coño para adaptarse a su tamaño y luego volvió a sacarla.

–¡Ohhhhh!!! – jadeó Lidia al sentirse vacía, –métela, por favor– suplicó.

Pero Miguel sujetándosela con la mano, la restregó por entre los labios mayores estimulando el clítoris.

–Estas empapada– dijo al notar en su glande la gran cantidad de flujo vaginal.

Volvió a situar la polla en la entrada del coño de Lidia y satisfaciendo sus súplicas volvió a metérsela pero, esta vez, poco a poco, disfrutando de cada centímetro de penetración.

–¡Ummmmm!!! – gimió Lidia a medida que aquella polla volvía a introducirse en su coño.

–¡Ummmmm!!!

Era la primera vez que una polla distinta a la de su marido se adentraba en su interior y, por primera vez, se sintió realmente llena. El consolador con el que desde hacía unos meses jugaban, tal vez, era un poco mayor, pero era frio, le faltaba la textura y el calor de la carne humana.

Miguel quería ir poco a poco, dejar que el cuerpo de Lidia se adaptara a su polla y que la disfrutara aunque llegados a ese punto, ya no pudo aguantar más y empezó a follársela como Dios manda.

Primero poco a poco para, después, ir acelerando hasta que el ritmo de las estocadas se convirtió en demencial.

–¡Ahhhhh!!!!! ¡Ahhhhh!!!! – gritaba Lidia cada vez que aquella polla la atravesaba de punta a punta produciéndole un placer inaudito y nunca experimentado.

–¡Ahhhhh!!!!! DIOSSSSS!!!! ¡Ahhhhh!!!!! Qué maravilla...

–¡Ahhhhh!!!!! No pares... no pares... ¡Ahhhhhhhhhh!!!!!

Lidia ya no gemía, ya no chillaba, berreaba desesperadamente gozando de un modo que jamás creyó posible.

–Siiiii!!! Siiiii!!! Siiiii!!!

Mientras tanto Miguel no paraba de percutir aquel coño cebándose en una follada memorable.

¡chof! ¡chof! ¡chof! ¡chof! ¡chof!

El coño de Lidia estaba tan húmedo que los golpes de cadera de Miguel producían un sonido acuosos como si un niño jugara en un estanque de agua; chapoteaba con cada embestida dejando tras de sí una inconfundible mancha de líquido en las sábanas.

¡chof! ¡chof! ¡chof!

–¡Ahhhhh!!!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! – gritaba Lidia completamente fuera de sí, a punto de alcanzar un orgasmo de una intensidad disparatada.

No podía contenerse, no podía detenerse, necesitaba más y más. Lidia estaba experimentando un nivel de placer inaudito y que jamás hubiera creído posible.

–¡DIOS MÍO!!!! ¡Que polla!!!! ¡Ahhhhhhhhhh! ¡Que gusto!!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!!