La visita
Nacho se fue a Sevilla con su familia, pero dejó atrás una tentación que el narrador no pudo ignorar. Con el marido ausente y los niños dormidos, la frontera entre la hospitalidad y el deseo se desdibuja en la oscuridad de una casa que ya no es solo de su amigo.
Hacía dos años que no veía a mi amigo Nacho. Se fue a vivir a Sevilla con su pareja. Había hecho su vida allí con Dina y había tenido dos hijos con ella.
Tras tanto tiempo hablando solo por WhatsApp, conseguí arreglar mis vacaciones unos días para pasar allí 3 días y estar con él y su familia.
Tras 5 horas de tren y un taxi llegué a su casa a eso de las 19:00 de la tarde. Tras tocar al timbre fue su mujer quien me abrió la puerta. Dina era una belleza árabe de ojos verdes y pelo ondulado negro, piel color café y unos pechos generosos. Estaba embarazada de 5 meses. Cuando me abrió la puerta iba vestida con unos shorts azules y una camiseta blanca que dejaba su abultado abdomen a la vista. Sus gruesos pezones marrones se marcaban bajo la tela. Hice de tripas corazón y le mantuve la mirada tratando de ignorar toda esa piel desnuda y sus curvas.
Me recibió con la alegría que la caracterizaba y me dijo que Nacho estaba trabajando y vendría en unas horas.
Sus hijos vinieron corriendo a recibirme. Apenas conocía a los retoños de mi amigo de 5 y 3 años respectivamente. Primero tenían cierta vergüenza pero tras darles unos regalos que había comprado para ellos me los gané enseguida. Estuve jugando con ellos mientras Dina hacía la cena. Mientras entretenía a sus hijos, no pude evitar lanzar miradas de soslayo al culo de su madre. A pesar de sus dos embarazos precios y el que tenía ahora, mantenía una figura de escándalo, y su culo era un auténtico objeto de deseo.
Cuando fueron las 9:00 de la noche llegó la hora de cenar. Dina había preparado un plato de arroz con carne y especias propio de su tierra que estaba ríquisimo. Durante la cena le ayudé con el mayor, Javi, a comer pues no quería comerse su plato. Con la pequeña,una pequeña belleza calco de su madre, fue fácil hacer que se comiera la cena. Tras eso, recogimos todo y me puse a fregar los platos. Ella insistió en que no lo hiciera pues era un invitado pero insistí. Mientras estaba en plena faena se acercó por detrás. Noté sus pechos apretándose contra mi brazo y me susurró dándome las gracias. Yo le quité importancia y seguí a lo mío a pesar de la tremenda erección que se chocaba contra el banco de la cocina.
Cuando estuvo todo recogido y los niños con el pijama puesto, pusimos una peli a los peques de dibujos. Nos sentamos al sofá con los niños en medio. La verdad es que no podía evitar echar de vez en cuando una morada a Dina de soslayo. Envidiaba la vida de mi amigo. Tenía una mujer preciosa y una familia increíble, y yo estaba experimentando una pequeña parte de ello.
Cuando la peli acabó los niños estaban ya medio dormidos. Dina se fue a acostar los mientras yo me hacía la cama en el sofá. En esas llegó Nacho de trabajar. Nos saludamos con un abrazo y nos pusimos al día bebiendo una cerveza. Se disculpó por su ausencia y me dijo que lamentablemente no iba a poder estar con nosotros estos tres días
Le habían salido servicios que tenía que hacer y no podía decir que no, por lo que no podría estar el tiempo que le gustaría con nosotros. Se había guardado la noche del día siguiente pero no tenía más huecos. Yo sonreí y le dije que no pasaba nada. Que lo entendía, pero en el fondo me daba rabia. Por mucho que quisiera a su familia, él era mi amigo de toda la vida y me había arreglado los días para estar con él. Pero tampoco podía enfadarme. El trabajo es trabajo y no puedes culpar a alguien por sacar adelante a su familia. Nos bebimos las cervezas los tres juntos brindando por el futuro y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente cuando desperté Nacho ya se había ido a trabajar. Desayuné con su familia y pasé el día con ellos ejerciendo de padre. Fuimos al parque. Ayude a Dina con las rabietas de su hijo. Jugué con sus críos y comimos juntos en un bar.
Mientras los críos jugaban, Dina y yo nos pusimos al día. Me contó sobre su trabajo y su vida juntos. Y cuando le pregunté por el curro de Nacho, no pudo evitar que se le escapara una lágrima. Nacho trabajaba como un loco para sacar a la familia adelante, pero apenas estaba en casa y me dijo que lo echaba de menos. Le abracé para consolarla. Ella se puso a llorar en mi hombro y cuando nos separamos, nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos. Tenía una mirada preciosa con esos ojos verdes y su tez morena. Era una mujer realmente preciosa.
Y de pronto, rompiendo ese momento, se acercó y me plantó un beso en los labios. Fue un beso largo e intenso por su parte. Yo me quedé congelado. Y no supe reaccionar. Por un lado era la mujer de mi amigo, había estado en su boda hablando como padrino. Pero por el otro mis hormonas hablaban y aquel bellezon me estaba dando un beso con una intensidad como nunca antes me habían dado.
Ella misma fue quien se apartó disculpándose con lágrimas en los ojos. Le quise quitar importancia pero de pronto llegó su hijo mayor y rompió el momento.
Por la tarde nos fuimos los 4 a un centro comercial. Viendo tiendas y comprando helados para todos. Mientras sus hijos degustaban el cono que habíamos comprado en un banco, ella me agarró de la mano. No hubo ninguna palabra de por medio. Yo le mantuve la mano agarrada y ella se apoyó en mi hombro. Sentía que estaba viviendo la vida que debía estar viviendo Nacho. Me sentí bien rodeado de esa familia, pero también un intruso como si estuviera robando algo que no era mío.
Volvimos a casa para esperar a Nacho y salir todos a cenar, pero cuando llegó, nos dijo que tenía que irse. Le habían llamado para un servicio esa noche y tenía que irse a currar. Apenas estuvo media hora en la que Dina y él prepararon todo para el trabajo que tenía que hacer y, tras eso se fue. Cené con Dina y los críos y, tras ver una peli, nos fuimos todos a dormir.
Yo estaba en mi sofá sin pegar ojo pensando en el día que había pasado con Dina y los críos cuando alguien abríó la puerta corredera del salón. Era Dina. Iba vestida como cuando me abrió la puerta el día de antes. Una camiseta blanca que dejaba al aire su incipiente embarazo y unos shorts azul claro. En la oscuridad de la noche su silueta se recortaba con la luz de la ciudad que entraba por la ventana. Tras un vistazo muy rápido, me hice el dormido pensando que iría a la cocina a por un vaso de agua.
Pero para mí sorpresa noté como se apollaba en el sofá y una mano me acarició el costado. Abrí los ojos y vi a Dina a apenas un palmo de mi rostro. Me hizo un gesto llevándose un dedo a la boca indicándome que no hablara y me mantuviera en silencio y me dio un beso en los labios con una pasión como nunca me habían dado antes.
Fue un beso largo y húmedo. Nuestras lenguas se entrelazaron en una orgía de saliva y mi pene daba saltos de alegría llenándose de sangre y preparándose para la acción. Pero pepito grillo vino a estropearlo y me aparté.
-No podemos hacer esto Dina.- Susurré a la vez que mis instintos me decían todo lo contrario.
-He visto como me miras desde que entraste por la puerta. Cómo me miras desde que nos vimos la primera vez. - me cogió la mano y la llevó hacia su entrepierna. - Hace tiempo que no veo esa mirada en mi marido y hoy me has hecho sentir cosas que hacía tiempo que no sentía. Olvídalo todo y disfruta este momento.
Mi mano podía notar la húmedad de su entrepierna a través del short. Sus pezones gruesos me señalaban a través de la tela de su camiseta y sus ojos verdes se clavaban en los míos. Todas mis barreras morales fueron derrumbadas y mi única respuesta fue comerle la boca. Nuestra saliva se mezclaba a la vez que masajeaba su entrepierna con una mano y con la otra agarraba uno de esos maravillosos pechos. Durante unos minutos estuvimos dejándonos llevar como adolescentes besándonos y palpando nuestros cuerpos. Ella se puso a horcajadas sobre mí, sexo contra sexo, solo separados por la tela de nuestros pantalones y agarrando con sus manos su camiseta se llevó los brazos por encima de la cabeza quitándose la fina prenda blanca. Sus pechos color café cayeron rebotando libres al fin. Dos gruesos pezones con pequeñas aureolas señalaban a los lados invitándome a devorarlos con avidez. Y eso hice.
Me deleité con esos pezones duros y marrones como si fuera un perro que no ha comido en tres días a la vez que agarraba sus turgentes memas con ambas manos. Ella soltó un débil gemido y comenzó a mover sus caderas, frotando su sexo contra la erección más dura que he tenido en mi vida. Podía notar la humedad de su coño que permeaba a través de la tela de nuestros pijamas.
Mientras succionaba sus pechos, para mí sorpresa, unas gotas de una leche cremosa cayeron sobre mi lengua. Tenía un sabor dulce y suave. Me parece por un segundo pero ella me acarició la cabeza invitándome a seguir sin parar sus sensuales movimientos de cadera. Seguí succionando uno de sus pechos y bebiendo el maná que brotaba de sus morenas ubres a la vez que ella gemía con los ojos cerrados. Podía notar su vientre hinchado por el embarazo frotándose contra el mío.
En mi cabeza, cualquier rastro de raciocinio había desaparecido y ahora sólo quería disfrutar del cuerpo de esa diosa embarazada de piel de ámbar persa que bailaba la danza del vientre sobre mi desesperado miembro.
Agarrándola de la cintura la invité a tumbarse bocarriba girando sobre ella. Bajé besando su vientre en cinta acariciándolo con las manos hasta llegar a su moreno coño. Abriéndolo con los dedos para exponer su clítoris, le dediqué varios lametones e inicié una danza con mi lengua. Agudos y suaves gemidos de placer salían de su boca y me volvían loco, inspirándome a devorar esa concha con más avidez llenando mi boca con sus fluidos, los cuales maridaban bien con el sabor dulzón de su leche. Tras unos pocos minutos no pude soportarlo más acerqué mi miembro a su húmedo sexo. Apoye el glande sobre su clítoris y me detuve deleitándome con su visión. Dina estaba tumbada bocarriba mirándome completamente desnuda, con las piernas abiertas. Las curvas de su cuerpo contorneadas por la luz dorada de las farolas que entraba por la ventana. Con una mano se agarraba uno de sus pechos y se mordía el labio devolviéndome una mirada lujuriosa.
-Metemela de una vez cabrón. -Creo que es la primera vez que escuchaba a la dulce y maternal Dina decir una mala palabra. Pero obedecí sin rechistar gustosamente. Mi glande se escurrió entre sus labios vaginales y con un empujón lento y suave de mis caderas, mi miembro se introdujo en las entrañas de la exótica mujer de mi mejor amigo.
Dina soltó un largo y profundo suspiro a la vez que su interior se frotaba con cada milímetro de mi miembro. Un escalofrío de placer recorría mi glande a cada roce de su aterciopelado útero, sorprendentemente estrecho tras dos partos y la nueva criatura que llevaba en su interior. De pronto mi glande hizo tope y un pequeño grito salió de entre sus labios llevándose la mano a la boca. Los dos nos reímos tapandonos la boca para no hacer ruido y yo empecé a follarmela en serio. Los ojos verdes de Dina no me quitaban la vista de encima en ningún momento mientras se estrujaba un pezón con una mano y se sujetaba la abultada barriga con la otra. Yo continué con un lento mete saca, queriendo disfrutar de ese momento que la vida me había regalado y paladeando cada sensación.
Fui acelerando el ritmo poco a poco. Dina no podía contener ya la fuerza de sus gemidos y se llevó una mano a la boca para amortiguar el ruido y no despertar a sus hijos. El orgasmo no tardó en llegarle. Envolvió sus piernas alrededor de mis caderas con fuerza haciéndome caer suavemente sobre ella y buscando una penetración más profunda. Notaba sus muslos temblando a mí elrededor a la vez que su piel se erizaba bajo mis manos. Espasmos de placer estrujaban mi miembro llevándome al borde del orgasmo. Pero me resistía a acabar ahí. Tenia que alargar el momento. Una vez más estrujé con mis labios uno de sus pezones llenando mi boca de leche a la vez que ella se corría de placer.
Cuando el fugaz orgasmo pasó de largo, ella me apartó y se puso a cuatro patas, con sus pechos y vientre colgando libres por la gravedad e invitándome a tomarla desde atrás. No me hice esperar mucho. Ya sin ningún miramiento perforé su sexo con fuerza. Con fuertes embestidas taladré su negroy húmedo coño haciendo tope. Sus pechos bamboleaban locos y ella mordía el reposabrazos del sofá amortiguando sus gritos de placer. Oleadas de escalofríos me recorría. La columna vertebral y notaba mi glande a punto de explotar, pero una breve y estúpida cuestión moral me pasó por la mente. ¿Me corro dentro?
No sé si debí parar el ritmo, pero como si hubiera leído mi mente dijo.
-No me vas a preñar más de lo que ya estoy. Date el gusto.
No necesité más. Un largo chorro de leche llenó el interior de Dina a la vez que oleadas de placer orgásmico recorrieron mi cuerpo. Ella movía sus caderas exprimiendo mi miembro para que cada gota se vaciará en su interior. Me dejé caer hacia atrás sacando mi feliz polla de su sexo a la vez que jadeaba por el cansancio. Ella se giró mirándome como una leona satisfecha y me dio un último beso. Se levantó y cogiendo su ropa se marchó sigilosamente.
Esa noche dormí como un bendito y tuve sueños húmedos con una desconocida. Una mujer pelirroja cabalgaba sobre mí hasta que de pronto desperté sin llegar a abrir los ojos. El sueño se esfumó pero el placer no. Estaba empalmado y una calidez húmeda recorría mi miembro. Al abrir los ojos, allí estaba Dina con su esmeralda mirada clavada en mí y mi miembro clavado en su garganta. El sol entraba por la ventana dándole un tono dorado a su cabello y su exótica piel.
La razón volvió a mi mente. ¡¡Nacho!! ¿Qué había hecho?! ¿¡Y qué estaba haciendo?! Seguramente estaría en casa. Y los críos se despertarían en cualquier momento!
Leyéndome la mente una vez más se sacó mi hinchado sexo de la boca y dijo:
-Nacho se acaba de ir a trabajar. Y los críos aún no han despertado. Tenemos media hora.- Y volvió a engullir mi miembro con una habilidad pasmosa haciendo que desapareciera entero.
Ufff. El calor de su boca envoliendome y la estrechez de su garganta era una exquisitez solo comparable a la belleza de esa mujer que se apartaba el pelo con una elegancia impropia de alguien que hacía esas felaciones.
En apenas dos minutos no pude soportarlo más y me corrí en su boca. Ella repelaba con su lengua cada milímetro de mi sexo sin sacárselo de la boca. Cuando estuvo satisfecha liberó mi miembro aún erecto y se hirguio de rodillas relamiendo el semen que le brotaba de las comisuras. Ya no llevaba su camiseta blanca sino que vestía únivamente un top de gimnasio negro que ceñía sus pechos dejando y concha peluda y su vientre preñado desnudos ¡Dios! Me excitaba mucho esa barriga incipiente de embarazada.
Se me acercó susurrándome al oído:
-Mi esposo ha tenido el descaro de usar mi coño está mañana antes de irse, pero me ha dejado a medias. ¿Tendrías la bondad de darme un orgasmo antes del desayuno?
Mi polla que no se creía lo que estaba oyendo reanimó automáticamente. Levantándola por las nalgas la senté sobre uno de los reposabrazos y sujetando con fuerza sus tersos muslos le clave mi miembro en su húmedo coño. Nuestros labios también se fundieron en un beso pasional donde nuestras lenguas luchaban por entrar en la boca del otro. La ternura y delicadeza de su furtiva visita nocturna habían desaparecido sustituídas por un sexo salvaje y guarro. Yo le embestía con fuerza haciendo salpicar su sexo. Sus pechos saltaban a cada embite y ella gemía pidiéndome que la perforará con más fuerza. Lleve una mano abierta a su clítoris y la frote si palpitante órgano sin piedad. Dina me mordió el hombro conteniendo sus agudos gemidos y se corrió enseguida. Las convulsiones de su cuerpo abrazado al mío me hicieron estallar por segunda vez esa mañana llenando su coño con mi calor por segunda vez en menos de 12 horas.
Tras esto nos tumbamos unos minutos en la cama, sin decir nada, solo abrazados. Unos minutos que fueron oro y en los que me deleité viendo sus formas que parecían dunas del desierto iluminadas por el sol de la mañana.
Hasta que ella reaccionó y se puso en marcha vistiéndose y poniéndose a hacer cafés mientras yo plegaba el sofá cama.
-Toma. El tuyo va con la leche condensada que tanto te gustó ayer -dijo guiñándome el ojo.
El día transcurrió como el anterior. Fuimos con los niños a pasear y ver la ciudad. Me llevo en esta ocasión al paseo marítimo donde jugamos con los críos en una pirámide de cuerdas y luego buscamos una terraza en un parque para comer y que los críos pudieran jugar. Durante toda la mañana, nos cruzábamos miradas, nos acariciábamos y nos cogíamos de la mano cuando los críos no miraban. Cuando los críos se fueron al parque y nos quedamos solos en la mesa aproveché el momento para escurrir mi mano bajo su falda acariciando sus muslos. Ella se sobresaltó y miró alrededor. Yo le hice el mismo gesto que me hizo ella cuando vino a visitarme esa noche llevándome un dedo a la mano en señal de silencio. Ella me cogió la mano con fuerza al notar que mis dedos llegaban atocar su sexo por encima de las bragas.
-Por favor, que vergüenza. Nos van a ver. Están los críos allí enfrente-Decía nerviosa apollada en su otro brazo y mirándo alrededor.
-No pasa. Nada. Disfruta el momento. Nadie nos conoce y yo estoy pendiente de los críos.
Mis dedos frotaban su sexo por encima de la tela que se humedecía por momentos.
-Qué vergüenza... Susurró mirando hacia abajo.
-¿Quieres qué pare?- dije deslizando mis dedos arriba y abajo.
Ella me apretó con fuerza la mano y susurró autoritariamente.
-Ni se te ocurra.
Ese fue el escopetazo de salida para escurrir mis dedos dentro de sus bragas y chapotear en su humedad.
Un pequeño gemido de le escapó haciendo que una señora que tenía detrás se girara extrañada.
-Esta usted bien? -dijo.
-Si gracias. Un bostezo nada más. - la mujer volvió a su comida no muy convencida. - Estás loco.
-Tú me vuelves loco.- dije a la vez que mi dedo corazón se introducía en su vagina.
Durante 5 minutos estuve masturbando a la mujer de mi amigo hasta hacerla correrse. Ella entre sudores y una respiración agitada disimuló el orgasmo con una elegancia sorprendente. Yo saqué la mano de debajo de la mesa y me rechupé los dedos.
-En casa te voy a matar. -dijo estrujando la mano que aún agarraba con sus aún temblorosos dedos a causa del orgasmo.
Luego relajó su agarré y nos quedamos así un rato mientras mirábamos a los críos jugar.
-Gracias por estos días. Me encantaría poder hacer todo esto con Nacho pero con el trabajo no tiene apenas tiempo, y parece que mi vida se ha reducido a ser solo una madre. - una lágrima se le escapó del ojo. -Tú me has hecho sentir deseada por unas horas y me he vuelto a sentir como no lo hacía desde hace años. Antes de los críos.
-Nacho te quiere con locura.
- Desde luego. Y todo lo que hace es por mí y los niños. No puedo reprocharle nada porque yo también lo quiero muchísimo. Pero cuando hay hijos de por medio la vida cambia mucho y lo que antes era mágico ahora es rutina. Cómo lo de esta mañana antes de irse a trabajar. Lamento que no hayas podido estar con tu amigo estos días. Pero gracias a eso hemos podido conocernos mejor y me he podido permitir este pequeño desahogo. Siento haberte usado así está noche y haberte puesto en este compromiso.
-No tienes nada que sentir. Somos adultos y los dos lo hemos hecho sabiendo lo que significaba. Guardemoslo como un recuerdo único y disfrutemos del día que nos queda antes de irme mañana.
Ella me sonrió y tras comprobar que sus hijos no miraban me dio un tierno beso.
Esa tarde volvimos a casa. Nacho llamó diciendo que ya no volvería hasta la 1:00 y disculpándose mil veces por no poder estar. Le dije que no pasaba nada. El primer día me tocó las narices pero me había encantado estar con su mujer y sus hijos esos días que eran encantadores.
Esa tarde en casa jugamos un poco con los críos y ella me pidió que le echara una mano duchandolos mientras ella hacía la cena.Cenamos los cuatro juntos y luego la ayude a recoger y a acostar a los críos. Luego nos cambiamos yo me puse mi pijama y Dina una camiseta ancha de Nacho y unas bragas normalitas para estar cómoda.
Estábamos los dos derrotados. Nos pusimos una peli para esperar asu marido que aún le quedaba una hora y media para volver. Nos sentamos en el sofá, yo rodeándola por el hombro y ella apoyada en mí. Apenas llevábamos 5 minutos de película noté una mano abriéndose camino entre mi pantalón de pijama y mi miembro. Abrazó mi paquete con toda la mano, jugueteando con mi escroto y los testículos. Poco a poco, mi pene fue creciendo en tamaño y dureza. Yo acompañé su masaje agarrando su pecho derecho con la mano que tenía por encima de su hombro y masajeándolo. Así estuvimos un rato, mirando la película sin verla y jugueteando con el cuerpo del otro como si nada pasara.
Ella finalmente agarró mi miembro ya liberado del pantalón, donde ya no cabía, y ella lo masajeaba de arriba a abajo con suavidad. Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones. Deslicé mi mano por dentro de sus bragas y le devolví el tratamiento masturbando su hinchado clítoris con dos dedos. Por más de 15 minutos jugueteamos con nuestros sexos, ella variando el ritmo y la cadencia de su mano y yo deslizando, pellizcando y penetrando su vagina con mis dedos. Escuchar su respiración agitada a mí lado me encendía muchísimo. Finalmente ella se vino en mi mano empapándola con sus fluidos y enterrando su cara en mi pecho para ahogar el grito de placer que se le escapó.
Tras recuperarse, se recogió el pelo en una coleta y se arrodilló en el suelo frente a mí disponiéndose a darme la mamada de mi vida. Empezó lamiendo mis testículos y el tronco de mi pene haciéndome rabiar, hasta que finalmente lamió mi glande como si fuera un polo con grandes lametones. Luego lo succionó como un calipo lentamente mientras masajeaba mis testículos y con la lengua jugueteaba en la punta. Me llevaba al límite y luego se la sacaba de la boca y me masturbaba un poco con la mano lentamente para volver de nuevo a introducírsela en la boca. Repitió esta maniobra 3 veces hasta que finalmente no pude más y en una de esas en qué se la sacaba de la boca, mi pene escubió su blanco néctar sobre su cara y su camiseta. Ella repeló mi miembro engullendo los últimos chorros que quedaban por salir y se relamió lo que tenía en el rostro hasta quedar limpia. Yo me puse de nuevo el pantalón y ella se acurrucó a mi lado tumbada en posición fetal usando mis piernas de almohada yo le pasé el brazo por encima acariciando su vientre hinchado. Y así nos quedamos dormidos hasta que oí el ruido de la puerta y me desperté. Dina seguía durmiendo en mi regazo pero no había nada sospechoso en ello. Mi amigo se asomó.
-Se ha quedado dormida. -dije susurrando y vocalizando mucho para no despertarla y que el me entendiera.
Él sonrió, me hizo una señal con el pulgar hacia arriba y me dijo que se iba a dormir que estaba derrotado. Al volver a cerrar la puerta con cuidado, Dina se revolvió desperezándose.
-¿Qué hora es?
-La 01:30. Acaba de volver Nacho.
-¿Ya ha vuelto?- Dijo sobresaltada. -¿Y nos ha visto así?
-Solo te ha visto durmiendo en mis rodillas. No ha visto nada raro. Dice que se iba a dormir, que estaba derrotado y no quería despertarte. Y la verdad yo tampoco. Parecías un ángel durmiendo tan a gusto.
-No seas pelota. -Dijo levantándose.
Se fue a la pila de la cocina a por un vaso de agua. Su ancha camiseta hizo tope sobre su repingón trasero dejandome ver una panorámica perfecta de su culo. Una de sus nalgas estaba completamente descubierta pues se le había metido parte de la braguita entre los glúteos. Yo no pude quitarle la mirada del trasero y notaba cómo algo crecía dentro de mi pantalón una vez más.
Me levanté y con sigilo me acerqué tras ella clavando el bulto de mi entrepierna entre sus nalgas y abrazándola desde atrás. Agarrando uno de sus pechos.
-Me apetece un polvo de despedida. Posiblemente no volvamos a vernos en años.
Ella ladeó la cabeza sería.
-Nacho está al final del pasillo. Ha sido divertido pero no quiero arriesgarlo todo por una calentura.
Acerqué mis labios a su oído.
-15 minutos entre tus piernas bien valen una amistad de toda una vida.
Ella se giró contrariada
-¿Lo dices en serio?
-En este momento la mujer que ha abierto las puertas de su casa a un práctico desconocido y me ha hecho sentir como en mi casa me importa más que un tío que no ha sido capaz de encontrar 30 minutos para ver a un amigo que ha venido a drede a verle desde la otra punta del pais.
Ella se giró quedando cara a cara frente a mí. Durante unos segundos se quedó mirándome seria taladrándome con esos profundos ojos esmeralda que me volvían loco. No sabía si iba a partirme la cara, a llorar o a besarme. Finalmente dijo:
-A la mierda. Fóllame aquí mismo. -Y de un salto se sentó sobre la encimera y me atrapó con sus piernas apretándome contra ella y fundiéndonos en un beso.
Mi entrepierna chocaba contra la suya a través de la tela de mi pijama y sus bragas, luchando por atravesar esa barrera y encontrar refugio al otro lado. Mis manos tuvieron más suerte colándose bajo la camiseta de mi amigo y encontrando las tetas de Dina. Aquellos dos gloriosos sacos de carne y leche me volvían loco y empecé a devorarlos por encima de la tela. Ella echaba su cabeza para atrás dejándose hacer mientras con una mano intentaba liberar a ciegas mi palpitante miembro.
Yo devoraba y estrujaba sus senos mientras ella me masturbaba con pericia. Finalmente le arranqué las bragas de un tirón y fundidos en un abrazo me sumergí en su cálida humedad. Ella me recibió con un suspiro de bienvenida en el oído que acabó convertido en un largo y sutil gemido apenas audible. Su vientre de embarazada se apretaba contra el mío y eso me volvía loco. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Por momentos nos abrazábamos y nos fundíamos en apasionados besos mientras movía mi cadera en círculos acariciando cada rincón de su interior con mi glande. Pero en cuestión de segundos nos mordíamos y lamiamos como dos babuinos en celo a la vez que la penetraba con un martilleo de cadera torpe y desesperado. Los orgasmos parecían no llegar nunca y tampoco queríamos que lo hicieran. El reloj parecía haberse detenido en esa habitación, ajenos a todo a nuestro alrededor, ambos queríamos que durará lo máximo posible.
En un momento dado ella me detuvo y se bajó de la encimera.
-Perdona, no estaba cómoda y me dolía la espalda. Túmbate en el suelo.
-¿No prefieres el sofá?
-Hace mucho ruido.
Así que me tumbé en el suelo de piedra. Estaba frío pero eso no bajó mi erección pues Dina se quitó entonces la camiseta dejando libres aquellas dos maravillosas ubres color canela. Sujetándose la barriga, Dina se acuclilló sentándose sobre la barra de hierro que en ese momento era mi pene y que lentamente se clavaba en su entrepierna.
Ufff. Menuda mujer tenía saltando sobre mis piernas. Sus ojos verdes, su pelo largo y hondulado saltando sobre sus hombros, su sempiterna sonrisa, su piel tostada, sus curvas, sus caricias en mi pecho, sus suaves gemidos, el roce de sus cálidas entrañas. Esa mujer era el cocktail perfecto para llegar al orgasmo en segundos. Pero me resistía. Sí nos corríamos, no volvería a estar con ella nunca más. Pero ella rompió el embrujo clavando sus uñas en mi pecho. Sus piernas tensas empezaron a convulsionar levemente. Se llevó una mano a la boca para ahogar el orgasmo que lanzaba contra el techo. Aquello desarmó toda precaución y vacié todo el semen que tenía dentro de su palpitante coño. Ella movió sus caderas en círculos para exprimir hasta la última gota. El roce de su interior me provocaba pequeños conatos de placer haciendo que mi miembro vomitara todo lo que tenía en su interior.
Dina se tumbó sobre mí, reposando sus pechos y su barriga sobre mi cuerpo y me dio un tierno beso.
-¿Sabes que dicen que aunque es muy difícil y apenas ha pasado unas pocas veces, una mujer embarazada puede quedar embarazada de nuevo?
-¿En serio?
-Sí. Pero es muy, muy improbable. Tendría que pasar un milagro casi. -Acercó su cara a la mía. - Me encantaría que hoy se diera ese milagro.
Aquello me desarmó por completo. La abracé besándola con toda la pasión de la que soy capaz notando como mi miembro recobraba de golpe sus fuerzas milagrosamente aún en su interior.
-¿En serio?- Dijo sorprendida con una sonrisa
-Muy en serio.
Nos levantamos del suelo y apollandose con los brazos contra la encimera, la penetré una vez más desde atrás. La embestí sin ninguna consideración. Una y otra vez, agarrando sus carnosas nalgas color café para penetrarla con más fuerza como si de esa manera fuera a quedar embarazada como ella quería. Dina se corrió una vez más y yo con ella llenando su útero con mi leche hasta el punto de que rebosaba entre mi miembro y la entrada de su útero. Finalmente saqué mi miembro de su interior. Cómo si hubiera quitado el tapón de una presa, un líquido blanco y espeso brotó de su sexo tras él escurriendo entre sus piernas.
Tras un último beso y una tierna sonrisa ella se puso la camiseta de nuevo y se fue a la cama con su marido mientras yo me iba solo a mi sofá cama. Apenas pude dormir esa noche sabiendo que a escasos metros estaba ella. De hecho pude oír el crujir de los muelles de su cama. Nacho había vuelto con ganas de marcha según parece a pesar de estar molido.
Esa mañana no hubo despertar feliz. Por fin Nacho había conseguido una mañana sin trabajar, aunque tristemente era la mañana en que yo me marchaba. Me despedí de todos tras el desayuno. Dina guiñándome el ojo me dijo que el mío llevaba leche condensada como me gustaba.
Un mes después, recibí un mensaje de Alejandro. En contra de toda probabilidad, Dina estaba embarazada de un segundo bebé. Solo había diez casos registrados de embarazos así en la historia.
Escribí a Dina dándole
la enhorabuena y por respuesta obtuve un:
-Enhorabuena a ti también papi.
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