Xtories

Mi amigo Dani

Lleva diez años sabiendo que él la desea, pero nunca se atrevió a cruzar la línea. Esta vez, la puerta de su casa está cerrada y la tensión acumulada estalla en besos húmedos y manos que ya no se contienen.

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....Es mi primer relato acepto críticas....

Hola, me llamo Serena, tengo 24 años. Me considero una persona gordita pero con curvas; tengo un buen trasero, buenos pechos y me siento atraída físicamente por el hermano de mi amigo.

Él se llama Daniel, tiene 21 años, mide 1,70, siempre está con buen corte de pelo, es tierno y tiene una carita de bebé. Lo conozco hace 10 años; siempre se me insinuó. Desde hace mucho pasa y me toca el trasero, es algo que me calienta.

Hace unos meses empecé a ir a su casa otra vez y cada vez que nos cruzamos y estamos solos nos besamos de una forma que parece que en cualquier momento me quita la ropa y lo hacemos en el lugar.

La primera vez que estuvimos fue en su casa. Llegué, él se acerca, me abraza y me empieza a besar suavemente. Mientras me besa, me agarra la nuca y su otra mano toca cada parte de mi cuerpo, desde el trasero hasta los pechos. Me quita el jean, me sube a la mesa y abre mis piernas, dejando a la vista mi tanga ya mojada. Me la corre a un costado y empieza a besar; suavemente inserta un dedo mientras me mira, luego mete el segundo. Yo agarro su pelo para que no pare mientras gimo sin importar quién me escuche.

Me quito la remera y dejo al aire mis pechos. Él me baja, dándome vuelta y dejando mis pechos contra la mesa. En ese momento empieza a chupar desenfrenadamente y, tras un fuerte gemido, mis jugos salen mojando todo el piso.

Me besa mientras le quito los shorts de fútbol torpemente, intentando dejar su miembro por fuera. Bajo y le doy la mejor mamada que di. Él agarra mi pelo empujando su pene a lo más profundo de mi garganta, lo cual hace que me den arcadas y mis ojos lloren. Cada vez siento el vaivén más y más rápido hasta que me ahoga un líquido caliente que me hace levantar y mirarlo. Saco la lengua para que vea todo su semen en mi boca y me lo trago, algo que a él lo calienta tanto que me lleva a la cama.

Ahora sí, me pone en cuatro patas, se pone el preservativo, me escupe la vagina mientras intento que mi culo quede lo más abierto posible. Él mete su pene, me pega en el trasero haciendo que todo en mí se excite mucho más.

Siento cómo entra y sale. Pone sus dedos en mi vagina, luego me los mete en la boca para que pruebe mis jugos, y esos mismos dedos los mete por mi ano, lo cual me hace sobresaltarme, pero no me niego. Estaba tan excitada que no noté que su pene estaba en la entrada de mi ano. Lo miré y él estaba esperando mi consentimiento; yo solo asentí.

Un grito me hizo darme cuenta de que estaba por venirme, que ya no iba a aguantar más. Le grité: “¡Me voy a venir, no pares!”. Él me agarró del pelo. Volví a rogarle que no parara y, como esperaba, me vine mojando la cama.

Él me dio la vuelta y me preguntó: “¿Puedo?”, haciendo referencia al preservativo. Me acerqué, se lo quité y él, sin más, comenzó a penetrarme nuevamente. Con sus manos en mi pecho, yo gemía de satisfacción. Me besó y susurró: “Ya me vengo”. Crucé mis piernas alrededor de su espalda y le dije: “Termina adentro”.

Él, sin dudarlo, comenzó a penetrarme fuertemente y sentí su pene palpitar hasta la última gota de semen. Se tumbó sobre mi pecho, me miró y preguntó si me gustó, lo cual afirmé besándolo suavemente.