Xtories

Desayunos con Lujuria VII

La pantalla proyecta una película X, pero la verdadera acción comienza en el pasillo central. Con el vestido subido y el cuerpo expuesto, ella espera la señal de su amo para convertirse en el juguete público de la sala. ¿Hasta dónde llegará su sumisión cuando cada mirada sea una invitación y cada tacto, una orden?

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Un cine de película. El abandono al éxtasis

Al salir de nuevo el sol ya se había ocultado tras los edificios, seguía haciendo calor, Rafa se acercó con la bolsa.

—Vamos, camina delante de mi hasta el hotel. Quiero que te muevas como la zorra que tienes que representar. Sin exageraciones, pero sexy.

Me paseé con mis zapatillas de esparto de media cuña lo más sexy que pude, hasta el hotel, subimos directamente a la habitación y allí descubrí que mi amo, estaba enfadado. Nada más entrar me azotó el culo con dos palmadas que buscaban hacerme daño.

—Si no quieres seguir, lo dejamos ahora mismo – me acusó –

—Mi amo, - traté de estar en mi papel – lo que ha sucedido no tiene nada que ver, ellos han querido humillarme por haberme ofrecido de esa forma, quizás no he sabido hacerlo, pero ruego tu perdón amo mío, prometo que no quería fallarte en esta prueba, y que estoy encantada de seguir haciendo mi papel de esclava sumisa.

Para demostrárselo me arrodillé delante de él, soltándome los tirantes del vestido y dejándolo caer a mis rodillas, me quité el sujetador y dejé que mis tetas se bamboleasen ante sus rodillas rozándolas y erizando mis pezones. Empecé a desabrocharle el pantalón para quedarme con su verga, medio erecta al descubrirla, que me introduje en la boca sin pudor. Me dio un empellón que me hizo atragantarme, no era por larga sino por ancha, pero aquel empujón casi me tocó la campanilla porque no me pilló preparada, me dio un golpe de tos, pero él me agarró la cabeza y no me dejó otra opción que mamársela forzada con las lágrimas saltadas por no poder toser. Me tuvo así un par de minutos y luego me soltó.

—Levanta puta, no quiero correrme aún, tendrás que pasar una prueba más hoy, si no la ejecutas correctamente suspenderemos todo y nos volvemos.

—Te prometo que no te fallaré mi amo.

—Pues en marcha, ponte uno de los vestidos que te has comprado hoy. Como ya es de noche puedes ponerte encima ese guardapolvo ligero que te has traído, llévate unos de los zapatos también en el bolso grande, y por si acaso llévate también el vibrador negro que he comprado.

—Puedo preguntar ¿dónde iremos mi señor?

—Sí, pero no te lo diré hasta que no estemos cerca.

En diez minutos estaba lista y andando de nuevo por Gran Vía, llegamos a Callao y cortamos por la plaza de la Luna, iba viendo algunas prostitutas callejeras al paso, pero como esta vez iba del brazo de mi amo, me sentía protegida, el ambiente no era malo, pero tampoco agradable. La calle que tomamos era Corredera de San Pablo, pero no recuerdo bien. Casi al final de la calle apareció el luminoso de un cine.

—Allí es donde vamos.

—Si mi amo, encantada de compartir un rato de cine contigo

—Si ya lo veremos. – me contestó con una sonrisa muy ladina que me excitó, pero también me asustó un poco.

Un cine era, pero al acercarnos a la entrada vi que era uno de esos cines X, y nada más que ver la taquilla y la puerta de acceso ya daba un poquito de repelús. Pagó dos entradas, pasamos al pasillo de acceso a la sala y me dijo en un susurro:

—Déjame el guardapolvo, vete al servicio y ponte los tacones luego vente a la sala y búscame. Si no me ves te pones en la zona central, pegada al pasillo que hay en medio de las butacas. Es una zona de paso que es más ancha, no tiene pérdida.

—Muy bien amo y señor.

Me encaminé al aseo de señoras, estaba junto al de caballeros, pero ambas puertas estaban abiertas, una frente a la otra. Al ir a meterme en el que me correspondía unos grititos de placer salían del de caballeros. Al girarme, a través del espejo, vi a dos tiarrones enculándose sobre los lavabos. Allí había una fauna muy gay.

El de señoras estaba vacío, olía a mezcla de tabaco y semen reseco, me quité las sandalias y me calcé los taconazos. Ahora salía pletórica camino de la sala mientras en el aseo contrario uno de los dos tiarrones estaba arrodillado chupando la verga colosal del otro. Desde luego no sé si la película X sería igual de fuerte que lo que se veía fuera.

El vestido dejaba poco a la imaginación, me llegaba muy cerca del borde del culo y con los tacones supongo que desde atrás se me vería el nacimiento de las nalgas. Abrí la puerta de la sala de proyección y el olor a humanidad sudada me envolvió, solo el halo de mi perfume me salvó la respiración hasta que se me acostumbró el olfato. La vista tardó algo más, la pantalla proyectaba una luz mortecina de una escena de cama en la que dos negros se la metían a la actriz por sus dos orificios principales, tanta negrura apenas iluminaba aquel antro.

Vi el pasillo central y me fui hacia él, apenas seis o siete cabezas pude distinguir en todo el espacio. Al llegar a donde me había dicho mi amo, no vi a nadie que se le pareciera, pero es que tampoco había nadie situado en ese pasillo que era más ancho. Anduve unos metros a paso vacilante hasta llegar al cruce con el pasillo longitudinal, Rafa no estaba allí, pero me había dicho que me sentara en ese sitio. Al sentarme un silbido se oyó desde la parte de atrás:

— ¡Vaya jaca! – atronó la voz de algún salido de aquellos.

El vestido se subió un poco más con lo que prácticamente me senté con mi culo desnudo en el asiento áspero, a saber de qué. No tenía a nadie ni delante ni a mi derecha, estaban los pasillos, solo podían acercárseme por detrás y por la izquierda. Porque me imaginé que mi amo lo que quería era que le ofreciese un espectáculo en esa sala. Rafael se sentó rápidamente a mi izquierda y me recogió las zapatillas metiéndolas en el bolso.

—Estas espectacular. Qué entrada triunfal has hecho. Tienes a todo el público pendiente de ti. Se han olvidado de la película.

—Si mi amo, ¿qué pretendes de mí?

—De momento esperar a ver cómo se desarrolla la situación. Y según suceda quiero una entrega sexual completa a estos tipos.

Sentí moverse los asientos, los chirridos de las bisagras mal lubricadas sonaron por casi toda la sala, el público se aprestaba a la acción. En la butaca de atrás se sentó alguien que con voz cavernosa me susurró al oído;

—Vaya hembra guapa y buena, ¿me permites que te acaricie?

Un tipo educado, se lo comenté a mi amo, que me dijo que no dijese a nada que no, que si el veía que alguien se sobrepasaba ya intervendría, por lo que asentí a mi vecino. Una mano regordeta y pequeña intentó abarcar mi pecho derecho, el bufido que se le escapó, denotó que no esperaba tanta masa para acariciar. Rafa me ordenó quitarme el sujetador de forma que se notase, así es que me lo desabroché y me lo saqué por el escote en una maniobra que me delataba a todas luces como una calentona a la espera de marcha. Con el pecho suelto las manos de aquel primer atrevido entraron a saco en mi vestido, una por el hombro izquierdo y otra por la axila derecha, posesionándose de mis pezones que empezó a pellizcar primero suavemente y poco a poco apretando algo más.

Mi señor no contento con aquello me ordenó levantar el culo un poco para sacarme el tanga que llevaba, lo hice y el vestido ya no volvió a su posición dejándome el coño expuesto para cualquiera que pasase por el pasillo central. El vecino de atrás envalentonado trató de meterme mano al coño ya levantado de su asiento y en cuclillas en el pasillo, me decía al oído:

—Que buena estas, putona, vaya tetas de infarto que tienes, este coño se merece un homenaje.

—A tu disposición lo tienes - le dije yo.

—No tienes derecho a hablarle a nadie solo a asentir, zorra -me replicó mi amo desde la izquierda, mientras me apretaba el pezón de esa teta como castigo.

—Ahhh! – mi quejido pareció alertar al resto de inquilinos de la sala, porque empecé a notar mucho más calor a mi alrededor.

A partir de ahí todo fue un devenir pornográfico que dejó en pañales a la proyección, mi amo se retiró del asiento, que rápidamente fue ocupado por otro cinéfilo, por delante llegaron dos buenos ejemplares de macho que juraría que eran los mismos que vi en el aseo, debían de darle a todos los palos de la baraja. Me abrieron las piernas y se turnaron en comerme el clítoris con una maestría sin igual. Los tirantes del vestido me los bajaron y solo quedé con la prenda enrollada en mi cintura mientras mi desnudez se ofrecía a los espectadores con los reflejos de la pantalla.

Me corrí al menos tres veces con los sobeteos y las mamadas de pechos y coño que me estaban haciendo, mis jugos se escurrían entre la butaca y el suelo. Tenía a un vecino por la izquierda al que se la mamaba de vez en cuando, por detrás dos tipos se empeñaban en acercarme sus nabos también, pero no podía girarme tanto y me daban con ellos en mis hombros y en las mejillas mientras se masturbaban. El primero se había adueñado de mis tetas desde el pasillo y se había sacado también su polla que me metía con brusquedad cuando giraba la cabeza para ese lado. Y mis dos lamedores de coño me estaban llevando al cielo.

Seis tipos para mi sola, una fantasía que mi amo quería ver satisfecha. Mis gemidos y gritos de placer enardecían el ambiente. El resto de la sala quedó huérfana. Mis lamedores se irguieron y uno de ellos me tomó de las piernas. Me las alzó dejándome el culo en el aire, bajándose sus pantalones se aprestó a meterme el primero de aquellos penes que veía erectos con el juego de contraluz de la pantalla. Era largo, pero no demasiado grueso, me llegó hasta el cuello del útero por lo menos, y lo manejaba con tal arte que su roce me empezó a provocar un nuevo orgasmo al rozarme mi punto g deliciosamente, cuando empezó a notar que me corría él hizo lo propio empezando a caer nuestros fluidos al suelo del pasillo.

Mientras, apontocada con los brazos en los reposabrazos de la butaca, dos pollas luchaban por mi boca, las tetas eran amasadas desde atrás y los lados por cuatro manos. Tanto roce en los pezones me los tenía erizados y doloridos. Los dos de los laterales empezaron a soltar lefa como si no hubiesen descargado en años, logrando que los compañeros de atrás me liberaran el pecho, gritándose entre ellos que los estaban mojando. El pecho quedó en una cascada blanquecina que resbalaba en gruesos canalones hasta desembocar en el vestido enrollado en la cintura.

El otro lamedor cogió el relevo de su compañero y con mi vagina aun chorreante de mi anterior visitante me dijo que, si podía encularme, hice un gesto de dolor agite mi cabeza con un no permanente y con los ojos supliqué lo mismo, para no saltarme la norma de mi amo, pero por allí no podía hacerlo, tenía problemas graves y podría fastidiarse todo si lo intentaba, pero no podía hablar. El tipo empezó a masajear mi esfínter mientras yo me resistía cerrando las piernas.

Rafa se acercó por detrás del tipo y le susurró algo al oído, lo que hizo que dejase de intentar aquella vía. Lo agradecí infinito, y me preparé para acogerlo en mi interior, este tenía un glande descomunal, que me hizo daño al meterse pese a la lubricación extra que ya tenía, pero una vez dentro me hizo ver el paraíso terrenal en aquella sala X de mala muerte.

Los dos de atrás tomaron el relevo de los anteriores laterales y se masturbaban frenéticamente mientras veían aquel nabo entrar y salir con fuerza, mi cuerpo chorreando de semen estaba casi horizontal porque mi follador se había arrodillado, yo apoyada la espalda lo que podía en la butaca y con las piernas en ángulo recto por las rodillas sujeta sobre mis tacones me abría lo que podía para albergar a aquel pequeño monstruo.

En unos instantes los dos pajeadores laterales empezaron a bufar y relinchar de gusto mientras de nuevo dos oleadas de semen fresco saltaban desde sus hinchadas pollas a mi cara y cuerpo haciéndome estremecer de placer, placer que hizo que mi vagina se contrajera de gusto haciendo que mi invasor me enviase de vuelta al orgasmo celestial mientras se derrumbaba sobre sus tobillos y yo me dejaba caer hasta el suelo, jadeando y gritando:

—Me corro, me corro, dios que bueno, que placer, que rico…

Algunos de mis partenaires, me dieron las gracias mientras se arreglaban y se marchaban, otros solo hicieron algún gesto vagamente amable mientras yo trataba de recuperar el resuello y localizar a mi amo en aquella oscuridad a la que me había acostumbrado. Contemplaba todo mi cuerpo embadurnado de semen cuando alcance a distinguir la figura de mi señor acercándose con mi bolso y mi ropa. Se sentó en la butaca y me dijo:

—Ahora vete tal como estás al cuarto de baño y trata de limpiarte un poco, yo me llego en unos minutos para darte el bolso y el resto de ropa.

— Si mi señor, ¿no deseas que te satisfaga a ti también?

— De momento no, haz lo que te digo que nos vamos.

Me puse en pie orgullosa de haber cumplido con las expectativas y me fui de vuelta por el pasillo, abrí la puerta de la sala al recibidor del cine y el aire más fresco me dio un poco de frío, no vi a nadie en medio de aquella estancia llena de carteleras de películas triple X. Me fui tranquilamente al fondo a la derecha para los aseos exhibiendo mi desnudez mancillada de semen. Cuando iba a meterme en el de señoras, un garrulo salía del de caballeros, con barba de cinco días y cara de bruto. No lo distinguí como uno de los de la sala, él no se cortó en mirarme y yo tampoco me corté en disimular nada, con lo que llevaba encima no podía ponerme nada digna.

— Anda tú eres la puta que ha estado liándola en la sala, eh, vaya juerga. Tienes un cuerpazo y desde la cabina se oía casi todo, me has puesto el nabo a reventar.

Yo siguiendo el mandato de mi amo solo sonreí y asentí.

— Anda ven un momentito y me das un arreglo con esa boquita que tienes

Me paré y me giré en la misma puerta del aseo, el tipo me cogió de la mano y tiró de mi hacia dentro, haciéndome trastabillar con los tacones. Una vez allí me agarró de la nuca y me hizo arrodillarme mientras se sacaba un pene fláccido y con olor corporal a falta de aseo. En dos minutos estaba mamándole aquel trozo de carne que surgió de entre los pellejos con un tamaño nada despreciable. Se aferró a mi cabeza con las dos manos y empezó un mete saca muy agitado hasta que se corrió en mi garganta haciéndome toser y escupir su corrida. Sin darse ni media vuelta se enjuagó en el lavabo y se despidió.

—Gracias putita, tienes una boca muy acogedora.

Fue el segundo de los momentos en los que me sentí mal. Una cierta vergüenza mezclada con desprecio por mí misma. Estaba siendo una sumisa extremadamente complaciente con las fantasías de mi amo, y aunque pactadas, la verdad es que tras el trato recibido me quedaba como vacía. El disfrute había estado ahí, pero sentirme tan despreciada por los que habían obtenido placer a mi costa me dejaba un regusto amargo. Me arreglé como pude, quitando lo más posible de mi cuerpo, me limpié con papel y agua, pero los lamparones en el vestido al desplegarlo estaban ahí. Me lo recoloqué sin ropa interior y salí para afuera.

Rafa estaba allí, sonriente, me ofreció el guardapolvo, que me puse por encima y no me dejó cambiar los tacones por las zapatillas de esparto. Eso hizo que la vuelta al hotel fuese un pequeño calvario, los tacones están bien para salón, pero no para caminar, tuve que pedirle un par de paradas en el camino, antes de llegar al hotel. Una vez en él, me metí en la ducha para limpiarme a fondo, me quité como pude todo rastro de la lujuria acontecida, y con mi pelo recogido con una toalla salí a la habitación, que había quedado en penumbra con unas velas colocadas por mi señor.

Un “plop” en el momento de mi salida del baño anunció el descorche de una botella de champán del que me ofreció una copa mientras me sentaba en el borde de la cama. La noche fue preciosa, no hubo ninguna acción que no fuese la de dos amantes enredados entre las sabanas frescas y perfumadas, donde dimos rienda suelta a la satisfacción de ambos, me corrí las veces que quiso, porque supo hacerme llegar a límites de locura. Utilizamos el consolador negro haciendo que cupiese en mi seno tras ese largo día de sexo y lujuria. Me hizo prometerle que al día siguiente aún sería más guarra y atrevida. Había sobrepasado el punto de no retorno. Los besos y su lengua enroscada en la mía ahogaron mis gemidos mientras la madrugada y el amanecer nos sorprendían acurrucados en aquella inmensa cama.

El desayuno fue espectacular, casi a la hora del cierre del buffet, el cansancio nos pasó factura y despertamos muy cerca de las 11, aturrullados y sonrientes bajamos al comedor donde me puse de salmón y cava, fina filipina. Rafa se metió una buena ración de huevos revueltos y luego seguimos con jamón y demás entrantes porque el día sería largo, y yo me había quedado vaciada.