La fiesta que lo cambió todo 2
Celeste creía que su matrimonio era un refugio seguro, pero una noche en un almacén descubre que el deseo puede ser más fuerte que la moral. Mientras Juancar la rechaza por 'demasiado buena', Maribel la invita a ser testigo de una depravación que cambiará su vida para siempre.
«Para, Juancar, para por favor. Somos personas casadas y esto no puede ser… bueno… está claro que sí puede ser, pero no debemos seguir adelante…» ya no sabía qué decirle para salir de esta.
No soné nada convincente porque se me notaba que me había puesto muy caliente. Perdí el control y mi mano se fue directa a abrirle la bragueta y a tocarle la picha por encima del calzoncillo. El bulto era enorme y no podía meterle mano por la abertura de la bragueta, así que desabroché el botón y le bajé los vaqueros, el glande totalmente descapullado y un buen trozo de polla sobresalían por encima del slip, estaba muy claro que aquella picha era muy grande. Mis manos seguían actuando por su cuenta y le bajé el slip, entonces la polla saltó como un resorte y quedó a la vista. Y sí que era grandota, sí, muy larga y además gorda y llena de venas, con un glande cabezón y oscuro. Una polla enorme, preciosa y muy apetecible, la verdad. Ah, y un par de huevos gordos y colgantes a juego con el tamaño de la polla.
Estuve unos segundos mirando embobada aquella maravilla hasta que la cogí y empecé a acariciarla y masturbarla muy suavemente. Se me hacía la boca agua y mi siguiente impulso fue el de arrodillarme y ponerme a chupar esa preciosidad, pero me contuve, recordé que mi marido y mis hijos estaban allí afuera a poca distancia, y que la mujer de Juancar estaría más cerca todavía. Aquello no podía ser por ninguna de los dos partes y, aunque me moría de ganas de mamar el pollón de Juancar, hice un tremendo esfuerzo para soltarle la picha y apartarle la boca de mis pezones y las manos de mis tetas.
«Que no, que no… que esto no está bien... paremos esto ya…» le pedí a Juancar
«¡Chúpame la polla, zorra, que te estás muriendo de ganas!» fue su respuesta.
Estaba muy mojada y con un gran calentón encima mientras sentía varias cosas contradictorias al mismo tiempo: enfado por mi vaivén de emociones, ganas tremendas de mamar y follar a Juancar, morbo por estar ante mi primera infidelidad, culpa precisamente por eso… En mi cabeza empezó a martillear la palabra “infiel” una y otra vez.
«Siiiii… me muero de ganas de mamarte la picha… pero noooo… por favor…»
«Venga, tía… no me jodas ahora, no me jodas…»
«Juancar, por favor te lo pido…» le dije soltándole la picha
«Pues tú te lo pierdes. Tengo todas las tías que quiero y no voy a rogarle a una abuela calientapollas como tú. Aclárate con tu vicio» me dijo Juancar con resquemor.
Rápidamente se subió el slip y los pantalones, me dio la llave para que yo cerrara la puerta cuando él saliera y se fue del almacén dando un portazo fuerte.
Cerré la puerta y me quedé allí dentro con un considerable calentón en el cuerpo y muy rayada. Estaba intentando ordenar todos mis pensamientos cuando oí unos gemidos que venían del fondo del almacén, me había olvidado por completo de Maribel y Kiko. Caminé en dirección al fondo con el sujetador en la mano y el vestido bajado hasta el ombligo, los gemidos se oían cada vez más alto. Dejé atrás un armario alto y entonces vi a Maribel sentada frente a mí sobre una pila de cajas de bebida, con su vestido subido hasta la cintura y la cabeza de Kiko moviéndose en medio de sus piernas totalmente abiertas. Estaba claro que le estaba comiendo el coño, y muy bien lo debía estar haciendo por cómo gemía y se retorcía Maribel. La verdad es que me pareció muy morboso ver a dos personas tener sexo en directo.
«Kiko, cariño, tenemos una mirona, ja-ja-ja»
Kiko se giró y al verme empezó a reírse.
«Pues hay que darle un buen espectáculo a esta mirona tetona, ja-ja-ja» rio Juancar, abriéndole completamente el coño a Maribel con sus dos manos para que yo pudiera ver con todo detalle como le metía toda la lengua dentro del coño.
«Entra, cariño, ven y acércate todo lo que quieras» me dijo Maribel sin ningún pudor, yo entré y me acerqué a la parejita sin dudarlo.
«¿Te gusta el coño de tu amiga? Vaya chochazo que tiene ¿eh?» me dijo Kiko manteniendo el chocho de Maribel bien abierto para que yo pudiera verlo en todo su esplendor.
«S… s… sí… tienes un chocho precioso, Maribel» respondí tragando saliva, contemplando su espectacular coño grande y rosado, coronado por un triángulo de pelo castaño, del agujero salía abundante flujo que ya le llegaba a los muslos.
Maribel no me respondió nada, me miró con una increíble cara de vicio y enseguida cogió con sus dos manos la cabeza de Kiko para colocarla de nuevo delante de su chocho y que él volviera a comérselo. Ella no tardó nada en empezar a jadear y a gemir, cada vez más fuerte hasta que tuvo un orgasmo, pero él no paró de comerle el coño y la hizo correrse otra vez en pocos minutos. Maribel se retorcía de placer y a punto estuvo de desmontar la pila de cajas sobre la que estaba sentada y caerse de un porrazo.
Yo estaba muy excitada, me subí el vestido por abajo hasta poder meterme la mano por dentro de las braguitas y comencé a tocarme el chocho.
«Mmmmm… qué bueno que está este coño, ¿no te gustaría comértelo?» intentó provocarme Kiko
«E… e… es… es que no me van las tías» respondí a Kiko un poco desubicada.
«Tú no has probado con ninguna tía… yo tampoco, no te creas. No sabemos si nos va el rollo bollo...» dijo Maribel tirando hacia arriba de su vestido hasta sacárselo por la cabeza.
Tiró el vestido al suelo y enseguida se quitó el sujetador, tirándolo también al suelo y quedándose solo con sus zapatos de tacón de aguja puestos.
A la vista quedaron sus tetas, preciosas y muy grandes (108 de busto, copa H) en forma de aguacate, con unas areolas grandes y alargadas de color marrón claro y unos pezones rosa oscuro no demasiado grandes para el gran tamaño de las domingas y las areolas. Enseguida Kiko se lanzó como un poseso a magrearle las tetas primero y a chupárselas después. Hay que ver con qué ganas le chupaba los pezones el cabrón, parecía un bebé hambriento, y Maribel encantada y gozando a tope.
Yo estaba embobada mirando aquella peli porno en vivo y he de reconocer lo buena que está Maribel. Además de tener un cuerpazo, es guapísima, con un par de ojazos verdes, labios carnosos y melena corta rizada de color cobrizo-claro miel.
«Joder, Maribel, estás buenísima. Por lo que decías antes… si tuviera que montármelo con una tía no me importaría que fueras tú, ja-ja-ja» se me escapó mientras seguía tocándome el coño.
«Mmmmm… yo también me lo montaría contigo… Me encantan tus tetazas…»
«Claro que sí… con las dos. ¿Por qué no nos montamos un trío? Tengo polla de sobra para daros caña a las dos, ja-ja-ja» dijo Kiko con chulería, bajándose los pantalones y los slips y enseñándonos su picha totalmente descapullada, de color claro, tirando a grande (pero sin pasarse) y con un capullo rosado. Muy chula y apetecible también, aunque mucho menos espectacular y aparatosa que la de su amigo Juancar.
«Yo me apunto a lo del trío, Celeste… ¿tú qué dices?, ¿te atreves?» me sugirió morbosamente Maribel, que ya le había cogido la polla a Kiko y se la estaba pajeando.
«Joder, un trío debe ser la leche, pero la verdad es que ahora mismo no me veo teniendo sexo con otras personas» respondí atropelladamente para acallar la parte de mí que pedía morbo y quería decir que “sí”.
«Vaaaaale… Celeste es una santa esposa y madre que no quiere ponerle los cuernos a su maridito, ja-ja-ja» le decía la cabrona de Maribel a Kiko con toda la intención de picarme.
«Muy bien, señora casada. Pues si quieres ver cómo me follo a la zorra de tu amiga tendrás que acabar de quitarte el vestido y enseñarnos todo lo que tienes, si no… puerta» me dijo autoritariamente Kiko
Desnudarme por completo delante de Maribel y Kiko no era lo correcto, en realidad nada era lo correcto desde que nos habíamos arrimado a ese grupito de malotes. Para confundirme más todavía un agradable cosquilleo me recorría toda la espalda desde la nuca hasta el culo mientras me taladraba la cabeza la idea de que tengo un cuerpo muy atractivo y puedo lucirlo cuando quiera sin complejos ni pudores.
Movida por esa idea y el cosquilleo que sentía, solté encima de una caja el sujetador que aún llevaba en la mano, con las dos manos cogí el vestido, que ya tenía bajado hasta el ombligo, y lo bajé un poquito más hasta la cintura. Hice una pequeña pausa para mantener en tensión a Kiko y Maribel que me miraban atentamente, ella no soltaba ni un solo segundo la polla de Kiko y la pajeaba sin parar. De nuevo cogí el vestido con las dos manos y, desde la cintura, lo fui bajando cada vez más hasta que rebasó mis nalgas y él solo cayó al suelo. Saqué las piernas del vestido, que se quedó en el suelo.
«¡Las bragas también fuera! ¡Quiero ver bien ese culazo!» me gritó Kiko
«Solo puedes quedarte con los zapatos de tacón puestos, ja-ja-ja» reía Maribel
Yo les hice la señal de negación con el dedo para desesperarles un poquito.
«¡Pues ya te puedes largar de aquí!» me ordenó Kiko
Mientras me reía de él llevé mis manos a las braguitas y las bajé lentamente hasta que cayeron a mis tobillos. Tenía que sacarme las braguitas por los pies para que no se enredaran con los zapatos. Levanté una pierna y saqué el primer pie, con toda la intención me di la vuelta y doblé el cuerpo para sacar el segundo pie, abrí las piernas todo lo que pude y me hice mucho la remolona hasta que saqué el segundo pie. Así pudieron verme bien todo el chocho y también el agujero del culo, y parece que les gustó mucho por los gritos que daban Kiko y Maribel.
Y así quedé, en pelota picada delante de una de mis mejores clientas y de un malote desconocido 25 años más joven que ella para ver cómo se la follaba.
«¡Hostias! ¡Qué buena estás! ¡Menudo culazo!» gritó Kiko mirándome embobado mientras se quitaba toda la ropa.
«¡Y el coño “tó” peludo y negro! Ya lo dice la sabiduría popular “rubia de bote… chocho morenote”, ja-ja-ja» siguió gritando el capullo de Kiko
«¡Madre mía, vaya culazo! Pero me quedo con tus tetas. ¡Qué tetonas tienes! Mira que las mías son grandes, pero las tuyas… Además de grandes y gordas son preciosas y están en su sitio. No sé si me va la bollería, pero tú me estás haciendo dudar mucho, estás tremenda, Celeste… ja-ja-ja ¡Joder, qué caliente estoy!»
Dijo Maribel, que rápidamente se levantó de la pila de cajas para ponerse de rodillas y empezar a chuparle la polla a Kiko con unas ganas tremendas. Debía ser verdad que hacía tiempo que no follaba con el marido porque Maribel le comía la picha y los huevos a Kiko como si no hubiera un mañana. Él de vez en cuando la cogía del pelo y le movía la cabeza adelante y atrás para meterle la polla más adentro en la boca. Maribel babeaba bastante, pero mamaba la polla de Kiko con tanta ansia que no daba tiempo a que las babas cayeran, su boca se tragaba polla, huevos, babas… todo.
Y allí estaba yo de pie, solo con mis tacones puestos, contemplando ese maravilloso espectáculo de porno en vivo que la casualidad me había regalado y que estaba haciendo que empezara a masturbarme en serio.
«¡Ufffffff!... ¡Me cago en “tó”, chupas la polla de puta madre! ¡Te podrías venir a casa y darle lecciones a la Sole!» resopló Kiko al mismo tiempo que apartaba la picha de la boca de Maribel porque se notaba que le faltaba nada para correrse.
«Otro que está casado, ja-ja-ja» exclamé con ironía
Mientras Kiko se tomaba un respiro Maribel se acostó de espaldas sobre una mesa grande y se abrió de piernas. Kiko se acercó a ella, le cogió las piernas y se las levantó sosteniéndolas con sus brazos, arrimó su picha al pubis de Maribel y a la primera embestida ya se la había metido toda dentro del coño, lo tenía tan mojado y lubricado que la polla de Kiko entraba y salía con mucha facilidad. Maribel gemía cada vez más fuerte y Kiko le estaba dando un ritmo muy bueno a la follada. Ella tardó muy poco en tener un fuerte orgasmo.
Kiko no bajó el ritmo y siguió de pie follando a Maribel acostada sobre la mesa, sosteniéndole las piernas en el aire con sus brazos. Daba gusto ver a Kiko follándose así a Maribel, ella solo con sus zapatos de tacón de aguja puestos que se movían al ritmo de las fuertes embestidas de él. En esa postura Maribel tuvo otro orgasmo más, y debió ser bastante potente por la forma en la que gritó.
Yo seguía masturbándome con ganas y me corrí viendo aquel espectáculo.
Cambiaron de postura, Kiko se acostó encima de la mesa y Maribel se le sentó encima de rodillas para cabalgarlo. La cabalgada de Maribel fue bastante salvaje, su pelvis subía y bajaba con fuerza y velocidad sobre la polla de Kiko que la miraba embelesado y de vez en cuando levantaba la cabeza para lamerle las tetas y chuparle los pezones, aunque eso no era fácil porque las tetazas de Maribel saltaban locas hacia todos los lados.
Yo estaba flipando con Maribel, ¡cómo folla esta tía! Se estaba follando vivo a Kiko. Me había dicho que llevaba tiempo sin sexo, pero daba la impresión de que follaba todos los días. No pude aguantar más y me volví a correr, disfrutando de ver a esa diosa de 56 años, con ese cuerpazo, follándose a su antojo y de esa manera tan salvaje a un tío 25 años más joven que ella.
Al cabo de unos minutos de cabalgada Maribel tuvo otro orgasmo, y creo que este fue todavía más fuerte que los anteriores. Gritaba de tal manera que yo temía que, a pesar del ruido y alboroto de las dos fiestas, alguien pudiera oírla.
«Hostias, no me aprietes tanto la polla con el coño, puta, que no quiero correrme todavía» le dijo Kiko
Por lo que se ve, Maribel le estaba exprimiendo la polla a Kiko, que aguantaba como un campeón. Si nos hubiéramos montado el trío creo que nos hubiera dado caña a las dos sin ningún problema, ja-ja-ja.
Ahora Kiko se sentó sobre una silla y le pidió a Maribel que se sentara de espaldas a él. Ella obedeció sin pestañear, se sentó de espaldas a Kiko, le cogió la picha, brillante de flujo vaginal, y ella misma se la metió dentro del chocho.
«¡Ahora te voy a follar yo a ti, zorra!» le espetó
Maribel permanecía quieta sentada sobre Kiko con las manos apoyadas en los muslos de él. Kiko desde detrás movía su pelvis adelante y atrás, follando sin descanso el coño encharcado de Maribel, los goterones de flujo vaginal se le salían sin parar y le corrían muslos abajo. Las manos de Kiko se habían agarrado como lapas a las domingas de Maribel, magreándolas y apretándolas con fuerza.
Kiko aumentó la intensidad de la follada, no solo embestía más fuerte y rápido el coño de Maribel, sino que le soltó las tetas para empezar a palmeárselas. Cada palmada sonaba cada vez más fuerte y las tetas de Maribel se movían hacia los lados cada vez que recibían una palmada de Kiko. A Maribel todo eso la estaba volviendo loca y tuvo un orgasmazo que me contagió a mí y me volví a correr poco después que ella.
Kiko siguió follando a Maribel desde atrás y abofeteando sus tetas, y la tía aun tuvo otro orgasmo más. Maribel quería seguir follando más rato en esa postura, pero Kiko ya no aguantaba más, con fuerza la cogió de la cintura y se la quitó de encima, los muslos de ella estaban relucientes de todo el flujo vaginal que le había salido del coño y le estaba resbalado hasta las rodillas. Rápidamente se levantó y le ordenó a Maribel que se pusiera de rodillas y abriera la boca.
«¡No por favor, quietos, eso no! ¡Ay, qué ascoooo!» les grité
Evidentemente no me hicieron ni puto caso. Maribel, de rodillas, abrió la boca de par en par y el cipote de Kiko empezó a descargar ráfagas espesas de semen. Pude contar hasta siete, 5 entraron directamente en la boca de Maribel y las otras dos le cayeron en el labio inferior, vaya portento este Kiko, aunque no sé qué narices hacía yo contemplando una corrida en la boca. Maribel cerró la boca y me miró con una sonrisa de viciosa, saboreó el semen durante un rato largo, tragó y después me mostró su boca abierta para que yo pudiera ver que no quedaba nada, la muy guarra se había tragado todo el semen. Las dos ráfagas que habían caído en el labio le resbalaban por la barbilla, pero Maribel las empujó con los dedos adentro de la boca y volvió a tragar, ahora sí se había tragado la corrida entera.
Yo había parado de masturbarme, el semen en la boca nunca me había excitado, pero no sé por qué esta era la primera vez que no me desagradó verlo, incluso tenía su puntito ver a Maribel con esa risa de puta después de tragarse la abundante corrida de Kiko y con su barbilla brillante por el semen que le había goteado por allí.
«La madre que te parió… follas de puta madre. Tú te vienes a casa… que voy a cambiar de mujer, ja-ja-ja» le decía Kiko a Maribel.
«No se lo digas dos veces, que ella también quiere cambiar de marido, ja-ja-ja» dije yo divertida
Nos reímos y empezamos a vestirnos, cruzando muchas sonrisas y miradas de complicidad.
«¡Vaya polvazo que habéis echado!, ¿no? ¡Yo también quiero follar así!» le dije a Maribel
«Ha sido increíble. Tú mejor que nadie has visto lo bien que lo he pasado follando duro con Kiko. ¡No sé las veces que me he corrido! ¡Qué fuerteeee!»
«Te has corrido muchas veces, y habéis hecho que yo también me corra unas cuantas. Es imposible veros follar de esa manera y no correrse, lo habéis hecho de puta madre. Parece que estés todos los días dándole al tema, me has hecho dudar con eso de que no te comes un rosco con tu marido, ja-ja-ja» le dije.
«A ver… follar es como montar en bicicleta, nunca se te olvida, ja-ja-ja. Ya he visto que te hemos puesto caliente y te has estado pajeando todo el rato. Lástima que no hayas querido follarte a Juancar, seguro que te habría echado un buen polvo y habrías gozado como hace tiempo, ja-ja-ja»
«Seguro que sí, Juancar tiene pinta de ser todo un empotrador y reconozco que me ha puesto muy cachonda. Pero bueno, también me alegro de no haber caído en la infidelidad.»
«Ay Celeste, ahora no me seas santurrona con eso de la infidelidad. Pues yo lo siento por mi marido, pero repetiré esto más veces si él sigue pasando de mí.»
Terminamos de vestirnos y salimos del almacén. Kiko cerró la puerta con llave, intercambió su número de móvil y el de Juancar con Maribel y luego se fue a buscar a la encargada para devolverle las llaves y supongo que a darle infinitas gracias, ja-ja-ja
Maribel y yo entramos al lavabo, yo me recompuse pronto el pelo y el color de labios, pero ella había sudado bastante y tuve que ayudarla a recomponerse el maquillaje y el pelo rizado, estuvimos un buen rato y al final Maribel quedó guapísima como si casi nada hubiera pasado.
«¿Has visto cómo me he tragado toda la corrida de Kiko? A ver si te animas a hacer tú lo mismo, seguro que se te iría toda esa tontería que tienes con el semen. Mmmmm… estaba deliciosamente amargo, caliente y tan espeso… mmmmm… tragar semen es todo un placer, anímate» me susurraba Maribel al oído relamiéndose.
«¡Noooo!, ¡calla, no seas guarra!, ¡qué ascoooo! Esperemos que Kiko esté sano… porque te has tragado hasta la última gota de su lechada»
«¡Pues claro que Kiko está sano! Ay, Celeste, no me seas aguafiestas ahora…»
«Vale, vale, y hasta reconozco que no me ha disgustado del todo ver cómo Kiko se te corría en la boca y te tragabas toda la corrida. Eso es lo que te mereces por ser una zorra infiel, ja-ja-ja» le espeté
«Oyeeeee… Serás hija de puta, ja-ja-ja. Vale, yo soy una zorra infiel, pero tú también. Aunque al final Juancar no te haya follado has estado zorreado mucho rato con él. Y te has quedado delante nuestra en pelota picada en plan stripper, pajeándote y corriéndote mientras mirabas sin parpadear cómo follábamos. ¿Qué?... ¿no es eso de ser un poco zorrita infiel? ja-ja-ja-ja.
«Sí, igual un poquito sí. Y encima el cabrón de Juancar me ha dicho que estoy llena de vicio y que lo tengo que dejar salir de dentro, ji-ji-ji-ji»
«Ah, amiga… Pues igual no eres la esposa tan ejemplar que le echa la bronca a su marido porque el pobre no me ha respondido hace un rato con la corrección que tú querías que me respondiera, ja-ja-ja»
«Sí, ya lo sé, ya lo sé, no hace falta que me lo recuerdes. Ahora mismo tengo un tutti-frutti en la cabeza con el sexo y la infidelidad que no me aclaro, ja-ja-ja» respondí con sinceridad.
Salimos del lavabo y por un momento recordamos que habíamos venido a la fiesta del 56 cumpleaños de Maribel, así que había que volver allí ya mismo. Nos dirigimos enseguida hacia donde estaba mi marido.
«Por fin te veo, cariño, ¿dónde estabas? Llevo rato buscándote»
«He salido un rato con Maribel a tomar el aire y charlando con la gente que había afuera se nos ha ido el santo al cielo» se me ocurrió responderle.
«Sí, sí… charlando. Pues entonces que te cuente tu mujer con quiénes hemos estado charlado, ja-ja-ja» dijo graciosilla Maribel
«No entiendo, ¿qué me tienes que contar?» me preguntó Toni
«Nada, no le hagas caso a Maribel, que es su fiesta y está un poco alterada»
Maribel nos miraba a Toni y a mí y se partía de risa. Y siguió pinchando.
«Por cierto, Toni, si a tu mujer le fuera mal el negocio podría ganarse la vida como stripper, ja-ja-ja-ja» dijo la muy cabrona.
«¡Maribeeeeeel… cállate un poquito!»
«¿Qué pasa? ¿Qué es eso de stripper? Estáis muy raras las dos, sobre todo tú, cariño» me decía Toni con cara de sorpresa.
«No te preocupes que ya te lo cuento en casa, ahora vamos a bailar y a disfrutar de la fiesta»
Maribel se fue con sus amigas y Toni y yo bailamos juntos lo que quedaba de fiesta. Cuando terminó nos despedimos de Maribel, que está vez no dijo ninguna tontería, pero sí nos dedicó una gran sonrisa y le dio dos sonoros besos a Toni en la mejilla, a mí me estampó dos picos en la boca. Entre los cubatas que se había bebido y que no entendía nada, la cara de mi marido era un poema.
«Es que hoy ha pasado algo que nos va a unir mucho a las dos, ja-ja-ja. Bueno, ya te lo contará Celeste» le dijo Maribel dejándolo todavía más intrigado.
Nuestros hijos se fueron con un grupo de chavales a seguir la fiesta en otro lado y mi marido y yo volvimos a casa paseando con otro matrimonio.
«Bueno, cariño, estoy muy intrigado, ¿qué te traes entre manos con Maribel?, ¿qué es todo eso que tienes que contarme?» me preguntó Toni nada más llegar a casa.
Yo seguía hecha un lío y no sabía qué cosas contar a mi marido y qué cosas no contarle para que no se armara la mundial. Lo único que tenía muy claro es que algo se estaba removiendo a lo bestia dentro de mí y que nuestra vida sexual, por lo menos la mía, ya no podía seguir igual de plana que hasta ahora, y menos después de lo que acababa de presenciar.
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