Xtories

Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 30 - 1ra PARTE)

Atado al sofá, sin poder mover un solo dedo, Carlos solo puede mirar. La noche promete ser larga, y la realidad que se despliega ante sus ojos no tiene nada que ver con la cena que imaginaba.

Lapica6.3K vistas9.5· 16 votos

NOTA DEL AUTOR:

Puedes encontrar la novela completa en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0FMYHRVN5

CAPÍTULO 30 - PRIMERA PARTE

–¿En serio te vas a poner eso para ir a casa de Edu? – pregunté al verla salir con el vestido negro.

–¿No te gusta?

–Claro que me gusta, pero se te ve todo… ¿Y además sin bragas? – exclamé cuando al sentarse pude verle perfectamente su sonrojado coñito.

–¿Se ve? – preguntó.

–¡Que si se ve! ¡Pues claro que se ve!

–Pues entonces no podré sentarme– fue su simple respuesta.

–O sea, ¿cenaremos de pie?

–No, cenar no. La mesa me tapará.

–Venga– dije ahora poniéndome serio, –como mínimo ponte bragas.

–También se van a ver.

–Ya, –respondí, –pero no es lo mismo ver unas bragas que un coño chorreando.

–De todos modos, debo ponerme el vestido rojo. – dijo quitándose el vestido negro y descolgando del armario el rojo.

–¿Y vas a hacerles caso?

–No tenemos más remedio. Te recuerdo que tú apostaste y perdimos por tú culpa –respondió, –además, me da un poco de morbo.

¡Dios mío! Que mal empezaba la cena.

* * * * *

Cuando Marisa abrió la puerta y vio a Laura con el vestido rojo no pudo hacer nada más que exclamar.

–¡Que belleza!

Y cuando al entrar al comedor y la vio Edu se levantó disparado para darle dos afectuosos besos en la mejilla mientras la abrazaba cariñosamente por la cintura. Después, tomándola con una mano la hizo girar sobre sí misma, del mismo modo como lo había hecho José el día de la graduación, y se alejó un poco para admirarla en todo su esplendor.

–Laura, estás espléndida– admitió.

Cualquiera diría que yo no existía, porque nadie reparó en mi presencia. Hasta que Edu, dirigiéndose a mi dijo:

–Carlos, tienes una esposa absolutamente increíble.

La cena fue deliciosa y ligera; una ensalada, un poco de pescado y después de los postres sacaron una botella de orujo. Edu sirvió un chupito a cada uno y levantó la mano para brindar.

–Esto hay que celebrarlo.

–¡Por la insignia de hotwife! – gritó Marisa y todos vaciamos el vaso de un trago.

–¡Y la insignia de slutwife! – gritó ahora Edu.

–¿Qué tal si jugamos al “Yo nunca, nunca”? – propuso Marisa.

–¿Cómo se juega? – preguntó Laura.

–Es muy simple, – intervino Edu, –quien tiene el turno dice “yo nunca, nunca he hecho tal cosa” y los que si lo hayan hecho deben beber un trago.

–Para que veáis cómo funciona empiezo yo, – dijo Marisa tomando la iniciativa, – yo nunca, nunca he hecho pellas.

Edu se la miró, tomó un chupito y de un trago lo vació.

–¿Tu nunca has hecho pellas, Laura? – preguntó Edu.

–No– respondió.

–¿Y tú Carlos? Tu sí que has hecho pellas.

–Alguna vez– respondí tomando un vaso y vaciándolo.

–Bien, veo que ya lo habéis pillado. Por cierto, si alguien no bebe cuando debería será castigado. Ahora le toca a Edu.

La primera ronda fue de toma de contacto con preguntas poco embarazosas, aunque cuando le volvió a tocar el turno a Marisa se lanzó con las preguntas fuertes.

–Yo nunca, nunca he tenido sexo anal. Y ahora, los que si hayáis disfrutado del sexo anal tenéis que beber un trago.

Laura tomó su chupito y lo vació sin pensárselo.

–Yo nunca, nunca,… me he comido una polla. – dijo Edu. Laura y Marisa tomaron sus chupitos y los vaciaron.

–¿Y tú? – dijo Laura, –¿no tomas tu chupito?

–¿Yo? – pregunté confuso, –nunca he chupado una polla.

–¿A no? ¿Y en la fiesta de graduación? ¿Qué creíste, qué no me daría cuenta? Se la chupaste a José. – Era cierto, aquella noche no sólo me metió la polla en mi boca, sino que casi se corre dentro; así que me bebí mi chupito.

–¿Le comiste la polla a José? ¡Jajajaja!… Pues por mentir te ganas tu primer castigo: ¡Dos chupitos! – dijo Marisa entre carcajadas.

–Yo nunca, nunca, – empezó Laura, pero se detuvo, –he fumado mariguana.

Esta vez, Edu y Marisa bebieron su chupito.

–Carlos, Carlos, ¿no te acuerdas de los porros que nos metíamos en la Universidad? – dijo Edu recordándome nuestras anécdotas pasadas.

–Pero no era “maría” – aunque mi impugnación no fue aceptada y también tuve que beber doble ración.

El juego continuó hasta que los cuatro perdimos completamente la compostura. Y al final todo se descontroló.

–El ganador ha sido Edu– proclamó Marisa que había contabilizado todos los chupitos, –y el perdedor Carlos.

–¿Cuál será el castigo? – preguntó Laura.

–Amarrarlo al sillón– ordenó Marisa riéndose y con la ayuda de Laura me ataron al sofá.

Aturdido por todo el alcohol ingerido me dejé atar sin resistencia y me convertí en un mero espectador que veía pasar la realidad por delante de sus ojos sin poder interactuar con ella.

–A ver Laura, explícanos como fue tu graduación. – dijo Marisa arrastrando la voz.

–Ya lo sabes cabrona… te lo conté por whats.

–Pero a Edu no, venga, no te hagas la remolona, levántate y nos lo explicas.

Laura se levantó y bailando sensualmente empezó su relato.

–Como ya sabéis, fuimos a la sala VIP y después de unas copas José me agarró para bailar. – Justo en ese momento, Edu se levantó y la tomó en brazos. Marisa puso música relajante y bajó la intensidad de la luz generando una atmósfera íntima y cálida. Yo permanecí casi desvanecido en el sillón mirando como Edu abrazaba a mi esposa y posaba la mano en su culo.

–José bailaba muy bien y me empezó a manosear. – explicó Laura.

Siguiendo las instrucciones, Edu metió su mano derecha por entre la raja de la falda y acarició directamente el culo de Laura que no pudo reprimir un sentido gemido.

–Ummmmmm.

¿Cómo podía ser que me encontrara de nuevo en esa situación? ¿Por qué era incapaz de levantarme? Estaba absorto viendo como Edu, poco a poco, acariciaba a Laura sin olvidar ningún rincón.

–Entonces…– continuó Laura, – los otros invitados se turnaron para bailar conmigo.

Y como si ya estuviera todo previsto, Marisa se acercó a la pareja y dijo:

–¿Me permites? –replicando exactamente las mismas palabras que en su momento dijo el gordo, calvo y barrigón el día de la graduación.

Edu cedió paso dejando que Marisa abrazara a Laura y se unieran en un baile de sensualidad y erotismo. Las manos de Marisa no tardaron en colarse por entre la ropa de Laura y acariciar sus nalgas y su pecho para, luego, unir sus caras y empezar un beso excitante.

Laura reaccionó al beso y a las caricias abrazando a Marisa y acariciándola a su vez. Era la primera vez que veía a Laura con una mujer y me pareció la cosa más hermosa que había visto en mi vida.

–Entonces, – continuó su relato Laura, –José volvió a agarrarme y me ofreció a los otros. Les sacó 500$ a cada uno y 500$ más por darme por el culo.

Mientras explicaba eso, Edu volvió a abrazarla e iniciaron un sinuoso baile.

–Y le ordenó a Carlos que me desnudara.

Marisa se acercó a Laura y como si volviera a ser el día de la graduación desató su tirante y dejó caer el vestido dejándola completamente desnuda; después, la propia Marisa se desnudó y abrazó a Laura por la espalda agarrándole los pechos y lamiendo su cuello. Con las dos espléndidas mujeres a su alcance, Edu, delicadamente, las empujó hacia el sofá donde se tumbaron una encima de otra, y empezaron a besarse intensamente mientras se acariciaban libidinosamente los pechos; una a la otra.

De pie frente a las dos musas, Edu, se desnudó completamente y acercó su polla a las chicas que, al verla, se incorporaron para chupársela. La escena era delirante, Edu de pie y las dos mujeres, arrodilladas, compartiendo el pene como si fuera un helado. Y cuando lo soltaban se morreaban entre ellas.

Cuando Edu se giró, pude ver que su polla no era como la mía, todo lo contrario, era un pollón que perfectamente podía compararse con los pollones de los machos alfa. Y las dos mujeres, prácticamente, se peleaban para chupársela.

Pero mientras Marisa apenas podía tragarse la mitad, Laura, haciendo acopio de todas sus fuerzas logró tragársela entera.

–¡chup! ¡chup! ¡chup! ¡ugggghhhh!

Finalmente, Edu se centró en la boca de Laura y empezó a follársela con desespero.

–¡chup! ¡chup! ¡chup! ¡ugggghhhh!

Cada pocas envestidas, Laura tenía que apartarse un poco para tomar aire y, cuando lo hacía, un hilo de líquido preseminal colgaba desde la punta de la polla hasta su boca. Pero apenas recuperaba el aire, volvía a la carga y, de nuevo, se la tragaba hasta la raíz.

–¡AHHHHHH!!!– jadeaba Edu, –¿has visto cariño como se la traga toda? Ya te había dicho que se la podía tragar entera.

–Sí amor, me gustaría saber cómo lo hace.

Entonces, Marisa, sujetando a Laura por la cabeza la empujó para que se tragara toda la polla y una vez la tuvo dentro impidió que Laura retrocediera. Uno, dos, tres, cuatro… hasta diez angustiosos segundos. Laura se estaba ahogando y forcejeó con las manos intentando, infructuosamente, zafarse.

Y poco antes de ahogarse Marisa la liberó permitiendo que Laura tomara aire. Tosió, escupió babas y boqueó como pez fuera del agua.

–¡Cabrona! Casi me ahogas.

Pero apenas terminó de recriminarla, Marisa repitió el movimiento y la polla de Edu quedó clavada en el fondo de la garganta de Laura. Esta vez fueron casi veinte segundos y Laura, estoicamente, los aguantó.

–Venga puta, trágatela sin protestar.

A la tercera vez, Edu empezó a follarse la boca de Laura con tanta fuerza que no pudo evitar correrse en su garganta ahogando a Laura que expulsó todo el semen por la boca y la nariz.

Entonces, aún arrodillada y con la polla chorreando semen volvió a tragársela y a lamer todo el tronco, restregándosela por la cara y lamiéndola con auténtica devoción. La polla de Edu perdió fuerza, pero a pesar de estar morcillona conservaba un tamaño nada despreciable.

Pero Laura no se detuvo; continuó restregándose la polla de Edu por la mejilla, lamiendo el tronco, los testículos y tragándosela con auténtica devoción. Su cara estaba pringosa con una mezcla de semen, babas, saliva y otros fluidos corporales.

No tardó la polla de Edu a volver a endurecerse y cuando alcanzó su máximo esplendor, Laura, se tumbó en el suelo, sobre la alfombra, y, abriéndose impúdicamente de piernas, invitó a que, mi otrora amigo, la poseyese.

Pero fue Marisa la que se sentó sobre la cara de Laura y poniéndole el coño a la altura de la boca esperó a que se lo lamiera. Sorprendida, Laura, empezó a lamer el clítoris de Marisa como si lo hubiera hecho toda la vida.

–Ummmmmm, también sabe chupar coños – dijo Marisa entre jadeo y jadeo.

Intenté levantarme pero no pude, estaba como amarrado al sillón. De hecho, cuando miré mis manos estaban atadas al respaldo con una cuerda. ¿Cuándo me habían atado? ¿Quién lo había hecho? Y mis piernas también, estaba completamente inmovilizado.

¡A si!, ¡había perdido el juego! ¿y el castigo era ser atado? Los recuerdos del juego eran borrosos... tenía la boca seca y todo giraba a mi alrededor. Mi único cometido en ese descarnado juego era asumir el papel de espectador involuntario.

Mientras tanto, Marisa empezó a mover su pelvis adelante y atrás buscando el máximo contacto con la lengua de Laura que lamia aquel delicioso coño.

–¿Has visto que maravilla? – me dijo Edu abrazándome por los hombros como si fuéramos dos colegas viendo una película porno.

–A Laura también le va el tema bollo. Se lo pasará de lujo con Marisa. Buf… –exclamó, – La tengo dura otra vez. Creo que ha llegado el momento de follarme a Laura.

–¡Noooo! – intenté suplicar sin éxito.

Y con la polla totalmente erecta, se arrodilló entre sus piernas de Laura y la penetró.

–AHHHHHH– exclamó Laura al sentir aquel trozo de carne en su interior.

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!! ¡AHHHH!!!! ¡Ummmmmm!!! Jadeaban al unísono Laura y Marisa.

–¡ASÍ!!!! ¡ASÍ!!! ¡Fóllame!!!! ¡Fóllame!!!! DIOS que maravilla– chillaba Laura.

¡plof! ¡plof! ¡plof!

Nunca había visto algo parecido. Laura estaba gozando como una perra, disfrutando tanto como lo había hecho con José, o incluso más porque cuando Edu empezó a acelerar Laura se rindió a los sentidos y al placer.

–¡Ahhhh! Que gusto… Ahhhh!!! Dame más, más... – suplicaba Laura.

Y Edu obedeció ya que, sin reducir lo más mínimo el ritmo, continuó penetrando el enrojecido coño de Laura.

Por su parte, Marisa, estaba recibiendo un cunnilingus delicioso y, con los dedos, empezó a estimular su clítoris buscando un orgasmo que no tardaría en alcanzar.

–¡Ahhhh! Me corrroooo ¡Ahhhhhhhh!!!! ¡SIIIIIIII! ¡SIIII! ¡SIIII! que bueno!!! no pares!!! No pares!!! – repetía Marisa.

–¡Ohhhhhh!!!! – gruñó Edu que, incansable, continuaba follándose a Laura con dureza.

¡plof! ¡plof! ¡plof!

Los gritos de Laura y Marisa se entremezclaban; no sabía quién decía que y, simultáneamente, se corrieron los tres.

–¡Ahhhh!!!! – gritaron los tres.

Edu se corrió en el coño de Laura llenándola de semen y Marisa, entre gemidos, expulsó un squirt que dejó a Laura completamente empapada.

Uno al lado de otro, los tres se quedaron tumbados sobre la alfombra, respirando rápida e irregularmente.

–Ha sido una pasada– dijo Marisa rompiendo el silencio.

–Carlos, ¿Cómo estás? – preguntó Laura acordándose de mí.

–¡Dios mío! Aún estás atado, perdona amor mío. Deja que te desate– y levantándose torpemente se acercó y me desató.

Estaba hecha un desastre, el pelo revuelto, la cara llena de semen y flujo vaginal de Marisa y del coño rezumaba un líquido viscoso.

–¡Eh! – saltó de súbito Marisa – déjame ver su pollita a ver si es tan lamentable como me habías dicho.

Y sin pedir permiso empezó a desnudarme. Primero la camiseta, los zapatos, los calcetines y finalmente el pantalón y los calzoncillos.

No pude oponer ningún tipo de resistencia y tuve que ser testigo pasivo de esta nueva humillación.

–¡Dios mío! – exclamó Marisa, – ¿Cuánto mide este cinturón? ¿4 centímetros?

–Tres. – respondió Laura, –venga dejadlo en paz.

–¡Carlos! Despierta Carlos – me zarandeó Laura.

–Creo que deberíamos irnos– dijo Laura dirigiéndose a Edu y Marisa, –Gracias por la cena y… lo demás. ¿Me ayudáis a incorporar a Carlos?

–Ni hablar– dijo Edu sujetándola del brazo, –ahora viene lo mejor.

–Además, tal y como está, no llega ni a la esquina. – añadió Edu como argumento, – déjale durmiendo la mona.

–Venga ven– dijo zanjando el tema y tomándola de la mano.

Y Laura se dejó arrastrar hasta su dormitorio. Yo, a pesar de ya no estar atado, no pude moverme, me sentía débil, mareado e incapaz de incorporarme.

Pronto, desde el interior de la habitación me llegaron susurros y jadeos.

–Ummmm, siiii, oh siiii

–Ahhhhh

Algunos eran claramente de Laura, otros de Marisa y otros eran indistinguibles. Haciendo acopio de todas mis fuerzas me incorporé, pero al apoyar mi peso sobre mis piernas, estas se doblaron y caí pesadamente sobre la alfombra donde unos pocos minutos antes se habían follado a Laura.

¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!! ¡AHH!!!! ¡Ummmmmm!!!

Sin poder incorporarme me arrastré, poco a poco, hasta llegar a la puerta del dormitorio que estaba entornada.

–¡ASI!!!! ¡ASI!!! ¡Folladme!!!! ¡AHHHH!!! ¡folladme!!!! ¡Qué bueno!!! ¡AHHHHHH!!!!

Como pude empujé la puerta y apoyándome en el marco me incorporé hasta quedar sobre mis rodillas. Lo que vi superaba de largo mis expectativas.

Marisa estaba tumbada sobre la cama equipada con un arnés y un pollón negro follándose el coño de Laura que, tumbada sobre Marisa, estaba besándole los pechos. Por detrás, Edu, la sodomizaba con su enorme y gorda polla haciéndola chillar de placer.

¡plof! ¡plof! ¡plof!

–¡AHHHHHH!!!! ¡SIIII!!!! ¡DIOOOOS!!!!

No tuve fuerzas para incorporarme más y caí de lado apoyándome sobre el marco viendo, sin querer, como le arrancaban un orgasmo tras otro a Laura.

–¡Ahhhh! ¡Me corrroooo!!! ¡Ahhhhhhhh!!!! ¡SIIIIIIII! ¡SIIII! ¡SIIII!! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!! ¡Me corrroooo!!!

Las sábanas estaban empapadas por los interminables squirts de Laura mientras yo, impotente, caí al suelo desorientado.

–¿Vas a hacer lo que te ha pedido la doctora Álvarez? – dijo Edu, –te mueres de ganas, lo sé.

–¡SIIII SIIII SIIII!!!! Haré lo que me pides… Todo.

–¿Aceptarás la oferta? – insistió Edu.

–¡SIIII!! ¡SIIII!! ¡SIIII!!!! Lo haré, lo haré, pero no pares… ¡AHHHHHH!

Edu aceleró aún más el ritmo y estirando todos sus músculos empezó a correrse dentro de Laura.

–¡Ahhhh! ¡Así me gusta puta! ¡Obediente! ¡AHHHH!

Y entonces todo empezó a oscurecerse, los gritos de placer se amortiguaron como la luz y me desvanecí.