Xtories

Carla folla con los amigos de su novio

El sofá está vacío, pero la cama los espera. Fernando siempre ha sido el tímido del grupo, pero esta noche su voz tiembla al pedir algo prohibido: entrar en ella por detrás, mientras sus amigos no la sueltan. ¿Se atreverá a cruzar la línea?

Victor MartinezFont12K vistas

Carla folla con los amigos de su novio

Han pasado unas cuantas horas desde que el grupito terminó exhausto en la cama. Ahora vuelve a estar en el salón, viendo una película sin mucho interés, con comida y bebida alrededor y una manta desordenada que cubre parcialmente sus cuerpos semidesnudos.

Carla está en el centro del sofá, ladeada en el regazo de Julián y con la cabeza apoyada en el hombro de este. Pedro tiene los pies de la chica a su derecha y los acaricia distraídamente. Fernando está tumbado a junto a la veinteañera y usa sus caderas como almohada.

Entre risas y comentarios graciosos sobre la obra, el novio, en un momento de silencio, le pasa la mano por el pelo a la joven y le pregunta bajito, con esa voz ronca que usa cuando quiere convencerla:

—¿Y si volvemos a la cama, amor? Solo un rato más… Despacito, como te gusta.

Pedro asiente y separa por un momento la vista de la pantalla, con una sonrisa pícara.

—Venga, que aún nos queda algo de gasolina —añade este, animado—. Te lo hacemos suave, prometido.

Carla gira la cabeza hacia Julián, le da un beso suave en la comisura de la boca y niega con una sonrisa dulce pero firme.

—No, preciosos míos… Estoy muy bien aquí. Calentita, llena de vosotros todavía, viendo la peli. Hoy no me apetece más. Mañana, ¿vale?

Los dos asienten sin insistir. Julián le besa la frente, Pedro le aprieta el tobillo con cariño y vuelven a fijar su mirada en el televisor, haciéndose el silencio entre ellos…

… hasta que Fernando, quien ha permanecido callado y casi invisible, levanta la cabeza despacio. Mira a Carla desde abajo, con esa expresión tímida que siempre le sale cuando quiere pedir algo pero le da miedo molestar.

—Carla… —murmura, tan bajo que casi se pierde en el ruido de fondo.

Ella baja la mirada hacia él y le acaricia el pelo con los dedos.

—¿Qué pasa, mi amor?

—Sé que ya has dicho que no, pero… —comienza, tragando saliva y sonrojándose, sin mirarla a los ojos, pero entonces se atreve a hacerlo—. ¿Podemos… Podemos volver a la cama los cuatro? —le pregunta, con la voz temblorosa pero decidida—. Repetir lo de antes… Julián en tu coño, Pedro en tu culo… pero esta vez… yo también… por el culo. Quiero darte por detrás. Si te apetece.

Julián y Pedro se quedan quietos un segundo, sorprendidos. No porque Fernando sea tímido —eso ya lo saben—, sino porque nunca ha sido el que propone algo así de directo, y menos pedir entrar por detrás cuando antes solo lo había lamido.

Carla, que al principio se había negado, siente un calor inmediato subirle por el pecho. No es solo excitación: es emoción pura. Que Fernando, su dulce y tímido Fernando, se atreva a pedirlo así, con esa voz vulnerable pero valiente, le derrite el corazón y le enciende el cuerpo a la vez.

Se muerde el labio inferior, sonríe con ternura infinita y asiente sin dudar ni un segundo.

—Claro que sí, guapísimo —susurra, con la voz suave y cargada de cariño—. Vamos. Quiero sentirte ahí detrás. Venid los tres.

Se levanta del sofá con calma y le tiende la mano a su adorable amigo para ayudarlo a ponerse de pie. Julián y Pedro se miran un instante, sonríen con complicidad y se levantan también.

La joven camina hacia el dormitorio delante de ellos, quitándose la camiseta por el camino y dejando caer las bragas al suelo. Se tumba boca abajo en la cama, apoya la cabeza en los brazos cruzados y mira a Fernando por encima del hombro, sonriéndole.

—Ven aquí, cielo —le invita, moviendo las caderas para él, provocando y ofreciéndose—. Despacito, como siempre. Tú marcas el ritmo.

El chico se arrodilla detrás de ella, con las manos temblorosas pero llenas de determinación. Las curvas de la novia de su amigo le resultan de lo más apetecibles, y piensa para sus adentros que ha de estar a la altura de semejante hembra.

Le separa las nalgas con suavidad, se inclina y le da besos tiernos en la piel, luego lame despacio alrededor del ano hasta que está húmedo y relajado... Carla suspira de placer y cierra los ojos.

—Así… Mmmmmmfff… Fernando… Cariño… Qué bien lo haces… —lo anima, tanto porque genuinamente le nace hacerlo como porque, siendo él el más introvertido de sus amigos allí presentes, quiere motivarlo.

Julián se coloca debajo de ella, la ayuda a subirse encima y entra en su coño con un empujón suave pero profundo.

—Aaaaaahhh… Mis chicos… Pffffff… Qué gustito me dais… —gime bajito, sintiendo cómo la llena por delante.

—Joder, amor… Qué bien encajas siempre —murmura Julián contra su boca, besándola profundo mientras empieza a moverse con embestidas lentas y profundas.

Pedro se arrodilla a su lado, se lubrica bien, le separa las nalgas con las dos manos y entra en su culo con cuidado, centímetro a centímetro, hasta que está completamente dentro, con el morbo añadido de que está follando con su amigo a la misma mujer al mismo tiempo.

—Deja que me adelante, Fer… Así de paso la calentamos: ya sabes que a Carla le va este rollo de la penetración múltiple…

Dicho esto, empieza a follarla por detrás con ritmo constante, con embestidas profundas que hacen que Carla gima contra la boca de Julián, quien, por supuesto, aprovecha para morrearla y sobarla.

Cada empujón desde el ano la hace bajar más sobre la polla de su novio, creando una sincronía perfecta. Carla se pierde en la sensación: el coño lleno, el culo dilatado, el placer acumulándose en oleadas que le suben desde el vientre hasta la garganta.

—Hhhhhhfff… —gruñe de pronto Pedro, saliendo despacio, casi del todo, dejando el culo abierto y brillante—. Ya está, venga: para adentro, tío.

Y entonces Fernando, con la polla dura y temblorosa por los nervios y la excitación, se acerca por detrás y vacila un instante.

La veinteañera gira la cabeza lo justo para mirarlo por encima del hombro, le sonríe con ternura infinita y estira los brazos hacia atrás.

—Ven, Fernando, mi amor… Aaaaaahhh… Métemela… Quiero sentirte con Pedro…

El chico respira hondo y coloca el glande contra el agujero ya abierto y empuja, siendo ayudado por la joven, quien se mueve hacia atrás al mismo tiempo para ayudarlo. Entra centímetro a centímetro, gimiendo bajito cuando siente el calor apretado que lo envuelve junto a la polla de Pedro, que vuelve a entrar inmediatamente después.

La novia de su amigo se tensa un segundo —tres rabos en sus entrañas, dos intentando ocupar el mismo sitio estrecho—, pero respira hondo y se relaja. Por su parte, los tres chicos se quedan quietos un momento, dejando que ella se acostumbre a la plenitud absoluta.

En cuanto les indica que ya pueden moverse, empieza la fiesta: además de, por supuesto, a su novio por delante, tiene a Pedro y Fernando alternándose, rozándose dentro de ella, estirándola hasta el límite. Carla suelta un grito ahogado de placer puro:

—¡Aaaaaahhh…! ¡Cabroneeesss…! ¡Mmmmmmfff…! ¡No paréééisss…! ¡Pfff…! ¡Hhhhhhmmm…! ¡Me matáááisss…!

El ano se le abre más de lo que nunca había sentido, la presión es brutal y deliciosa a partes iguales. Siente cada vena, cada pulso, el roce entre las dos pollas dentro de su culo mientras Julián sigue follándola por el coño con embestidas profundas.

—¡Dios mío…! ¡Aaaaaahhh…! ¡Los tres…! ¡Tan adentro…! Mmmmmmfff… Qué llena estoy…

Su chico le da duro desde abajo, entrando y saliendo casi por completo, manteniendo solo el capullo; y Pedro y Fernando alternándose en el culo, entrando y saliendo con cuidado para no hacerle daño, sincronizados para que uno deje solo la puntita mientras el otro se la mete entera.

Para ayudar a este último, Carla estira las manos hacia atrás, le coge las caderas con firmeza pero con dulzura, y lo guía. Lo atrae hacia sí, empujándolo más profundo, ayudándolo a entrar hasta el fondo cada vez que él empuja.

—Así, precioso… ¡Oooooohhh…! Más adentro… No tengas miedo… ¡Mmmmmmfff…! Quiero sentirte en lo más profundo de mí… —susurra entre gemidos, con la voz ronca y cargada de emoción.

Fernando gime contra su espalda, las manos temblorosas en sus caderas, pero ahora con más confianza gracias a las manos de Carla que lo dirigen. Cada vez que él entra, su amiga aprieta las piernas hacia atrás, sincronizándose perfectamente, haciendo que sienta cómo lo envuelve por completo.

Pedro entra justo después, alternando con precisión, y el culo de Carla se convierte en un vaivén constante de plenitud absoluta, donde la veinteañera se pierde en la sensación: el coño lleno, contraído alrededor del rabo de su novio, el culo estirado al límite con la herramientas de sus amigos, el clítoris latiendo, el vientre temblando de espasmos y, en suma, el calor de tres cuerpos que la adoran. No hay prisa por correrse, solo entrega mutua.

—¡Los tres…! ¡Aaaaaahhh…! ¡Joderrr…! ¡MMMMMMFFF…! ¡Los tres dentro…! ¡OOOOOOHHH…! ¡Mmmfff…! ¡Me estáis volviendo loca…! ¡Ooouuufff…! ¡No paréis, mis amores, no paréis…! ¡AAAAAAHHH…!

Cuando llegan al clímax, uno detrás de otro, es simple y llanamente devastador: Carla se corre la primera con un grito largo y roto, su cuerpo curvándose como un arco tenso.

El coño se contrae con una fuerza brutal alrededor de la polla de Julián, ordeñándolo hasta que su novio se le vacía dentro con chorros potentes y calientes.

—¡AAAAAAHHH…! —chilla él, desbocado—. ¡Cariñooohhh…! ¡Me…! ¡Hhhmmmfff…! ¡Me estrujas el raaabooohhh…!

Su culo, por otra parte, aprieta tanto que Pedro y Fernando gimen al unísono: el primero se corre empujando profundo mientras eyacula abundantemente, soltando una serie de gruñidos más propios de un animal que de una persona —lo cual, sin duda, incrementa el morbo.

Por último, Fernando, guiado por las manos de Carla que aún lo sujetan por las caderas, se tensa y se vacía también: su poquito precioso sale en espasmos suaves pero intensos, mezclándose con el de Pedro dentro del culo sobrecargado.

—¡MMMMMMFFF…! —medio gruñe y medio gime Fernando, sintiendo la placentera presión del orgasmo mezclada, en su caso, con un conducto pequeño que le impide eyacular todo lo que necesita pero que no le impide gozar.

La veinteañera sigue temblando en oleadas residuales, llorando de placer, sonriendo entre sollozos después de sentir cada chorro, cada espasmo, cada pulso, el semen rebosando por sus muslos, el ano dilatado y caliente, el coño lleno hasta el límite… y también lo poquito que su dulce colega introvertido ha liberado y que ella ha recibido con un suspiro de emoción. Nunca había gozado tanto.

Después, su novio y sus amigos se quedan quietos dentro de ella un rato largo, relajados. Finalmente, la chica se pronuncia:

—Mis… Mis preciosos… Qué bien… Qué llena estoy… No saquéis nada todavía… Dejadlo todo dentro de mí…

Obedientes, proceden a sellarla con cuidado, como a ella le gusta: dedos que empujan todo hacia el fondo, besos suaves en la espalda, caricias en el pelo… Una delicia.

En esas están cuando Carla gira la cabeza, busca los ojos de Fernando y le dice bajito:

—Gracias por pedírmelo, guapo. Me ha encantado que fueras tú quien lo propusiera. Me hace muy feliz.

Él le besa la nuca, conmovido.

—Gracias a ti… por dejarme. Por hacerme sentir valiente.

***

Carla, todavía con el cuerpo caliente y el semen de los tres asentándose en su interior como un secreto cálido y pegajoso, está acurrucada entre Julián y Pedro, con Fernando apoyado en su regazo, con la cabeza sobre su muslo y los ojos cerrados, pero no dormido del todo.

Apenas ha pasado un cuarto de hora cuando la joven siente cómo el calor vuelve a subirle desde el vientre, lento pero imparable. El coño le palpita todavía, el culo se contrae en espasmos suaves recordando la doble penetración, y un cosquilleo familiar le recorre la piel.

Está caliente otra vez. Caliente como una barbacoa. No es que necesite más por obligación: es que su cuerpo, joven y hambriento, no se conforma con unas pocas rondas cuando hay tanto amor alrededor.

Se gira un poco hacia Fernando, que sigue con la cabeza en su muslo. Le aparta el pelo de la frente con ternura y se inclina hasta que su boca queda pegada a su oído. Habla bajito, solo para él, con la voz ronca y dulce:

—Fernando, mi amor… Estoy caliente otra vez... Muy caliente... Y me encantaría que me follaras tú solito… solo por el culo. Despacito, como a ti te gusta. Solo nosotros dos.

Su tímido amigo abre los ojos despacio, la mira desde abajo con esa expresión vulnerable que a ella le derrite el corazón. Se sonroja hasta las orejas, pero hay una chispa de deseo en su mirada. Intenta incorporarse un poco, pero su miembro, agotado después de la sesión intensa, cuelga blando y sensible entre sus piernas. Suspira, casi con pena.

—Carla… Me encantaría. De verdad. Pero… estoy muerto. No se me levanta ahora mismo... Necesito descansar un poco más… Lo siento…

Ella sonríe, sin rastro de decepción. Le acaricia la mejilla con el dorso de los dedos y le da un beso suave en la sien.

—No lo sientas, mi niño. Has dado todo lo que tenías. Y ha sido precioso. —Le besa el lóbulo de la oreja y susurra más cerca—: Dentro de un ratito me avisas, ¿vale? Cuando se te despierte un poco… Cuando sientas que puedes. Yo estaré aquí, esperándote. Solo tú y yo, por detrás, despacito. Sin prisa.

Fernando cierra los ojos un segundo, emocionado. Asiente contra su muslo.

—Gracias… Te aviso. Te lo prometo.

Carla le besa la coronilla y lo abraza un poco más fuerte contra sí. Julián, que ha oído todo sin intervenir, le aprieta la cintura desde atrás y le murmura al oído:

—Eres increíble con él.

Pedro, medio dormido, solo sonríe y le acaricia el tobillo.

***

Víctor Martínez de Font

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