Xtories

El Conserje

Bajo la fachada de un servicio técnico rutinario, Pedro descubre que la verdadera avería no está en los enchufes, sino en la soledad de las mujeres del edificio. Una llamada, un masaje y la promesa de discreción abren la puerta a una noche que cambiará sus vidas.

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Capítulo 3

A la mañana siguiente cruzó Fernando sin ni mirarme. Buscaría su divorcio.

Era jueves; como siempre hoy vendría Ingrid. Para mí era la más hermosa de las mujeres con las que últimamente me acostaba, tanta hermosura en un ser femenino, siendo varón.

Llego Fina de la guardia.

- Buenos días Pedro.

- Buenos días Fina.

- Ayer por lo que se ve se fue de nuevo la luz.

- Yo, lo que le quería comentar Fina, si usted quiere, le pasaré un comprobador de enchufes, para ver si pillamos la avería. Hay que saber que enchufe lo provoca.

- Se cuidaría usted mismo Pedro.

- Usted sabe que sí, así se ahorran un profesional, a mí con una propina me vale.

- Bien, pero ahora me voy a la cama a descansar, que hoy las urgencias han ido a tope.

- Tranquila después por la noche me ayuda María Jesús, tampoco estaremos mucho, así la tengo entretenida, ja, ja, ja...

- Ja, ja, ja, entretenida, ja, ja, ja…

- Sabe, el piso que le comenté se lo guardo para usted, ayer vino el propietario, en un mes lo tiene listo, ósea que repare la mudanza. y quizás tengo otro para su asistente. Dos habitaciones, dos baños, salón y cocina. Caray que bien, aunque dudo que ella lo pueda pagar, quizás una habitación sería lo conveniente.

- Bien, veremos si alguien le interesa compartir piso.

- No lo olvide, esta noche a ver si encuentra el fallo.

Una vez arriba, se lo comentó a María Jesús, que está moche subiría a ver los enchufes por si hay algún cortocircuito.

- Pedro vendrá luego a ver los enchufes.

- No sabes lo que me pasó ayer.

- No.

- ¡Si yo te contará! Baje a la conserjería. Porque el teléfono no funcionaba, al no haber luz, baje a su piso. Y no creas lo que vi…

- No, que…

- Pedro, en realidad es un hombre fuerte, y tiene un cuerpo diez…sí.

- Bueno el hombre lo que paso que es calvo, pero el cuerpo, no se le ve nunca por la bata de trabajo que lleva… ¿Y?

- No te lo vas a creer, tiene un pene enorme…

- ¿Se lo has visto?

- Bueno, cuando me abrió e iba con bóxer, y se nota.

- Chica, tu llevas muchos días aquí sola, más de lo que imagino, ja, ja, ja…

- En serio, es verdad, tiene un pene enorme.

- Pues esta noche cuando venga, ¿a ver qué pasa contigo? ja, ja, ja…

- Estas tonta, no lo digo por eso, sino porque me ha hecho gracia.

- Sí, gracia, ja, ja, ja…

Pilar me llamo. Salí para ver lo que necesitaba.

- Hola Pilar

- Hola Pedro. Después vendrá mi nuera a dejarte unos folletos, a ver si nos hace propaganda, ja, ja, ja…

- Por cierto Lupe una vecina, me ha peguntado, le dije que a mí me sentó muy bien el masaje, me ha pedido si me puedes dar hora. Solo quiere masaje.

- Espera, ya se la daré, a la que mi nuera me lleve la publicidad, ahí vendrá todo.

- Vale, esperare.

- Mira, ya llega mi nuera, a ver si lo coordinamos todo, ja, ja, ja…

Legó Isabel con un montón de publicidad. Cogió unos cuantos y me los dejó en la conserjería.

- Hola Isabel.

- Hola Pedro. Mira te dejo un poco de publicidad, si necesitas más mi suegra te los da.

- Mira, precisamente comentábamos ahora que una vecina; me ha comentado que está interesada en un masaje.

- ¡Ah! Perfecto, mira ves, aquí hay el teléfono, para consulta de fisioterapia y para los masajes. Mi suegra controla lo de los masajes. Para mi consulta de fisioterapia, los tres días de la semana. De todas maneras, todo está bajo control de Pilar, ja ja, ja…

- Ya ves, Pedro, trabajo para mí, ja, ja, ja…

- La verdad es que tenéis una manos maravillosas, os haré publicidad, no veas hoy lo bien que me siento.

- Claro Pedro, no hay nada mejor que un buen masaje y mi suegra es la número uno.

- No sabía yo que tuvieras estas manos.

- Antiguamente los daba, de recuperación y de relax, pero lo dejé cuando me case.- Dijo Pilar

- Estoy animada Pedro, creo que nos va a funcionar muy bien. Bien, ya que he visto a mi suegra aquí, le dejo la publicidad, yo me tengo que ir. Así que Pilar, donde vayas dejas unos cuantos, en el barrio principalmente. Bien, adiós, que tengo prisa.

- Siempre con prisas, esta nuera mía no para.

- Ja, ja, ja… es una máquina.

- Pedro, te quería comentar una cosa. Tengo un aceite nuevo, y me tendrías que hacer de conejillo de indias, ja, ja, ja… mira si después de comer, subes te lo aplicaré. Mi marido es su hora de siesta y mi nuera no estará esta tarde.

- No sé, no quiero abusar.

- No es abuso, verás lo bien que te sentará, un masaje que te dejaré como nuevo con este aceite. Además así practico un poco más.

- Bien cuando lo crea oportuno, me llama y subo.

- No comas mucho, ja, ja, ja… para que no te entre una indigestión, ja, ja, ja…

- Así lo hare Pilar.

No sé qué me daba a mí que Pilar buscaba rollo. La verdad es que me sorprendió su cuerpo, además eran dos tetas enormes. Nunca me había follado a una mujer con unas tetas así.

A pareció Jeremías siempre sonriendo.

- Buenas Pedro.

- Hola Jeremías ¿Qué te trae por aquí?

- A echar un vistazo por si me necesitabas para algo.

- Dentro de poco, ya te avisaré, voy a desalojar dos pisos, seguro que hay alguna cosa que te irá bien.

- ¡Joder! Dos pisos, seguro que hay algún mueble y demás para mis mercados de segunda mano. ¿Qué te pareció el otro día con el cornudo?

- Bien, muy bien, le diste un buen repaso, no me extrañaría que te buscara. De todas formas aquello no lo vamos a repetir, Lupe se divorcia ya.

- Pues a este, algún día, hago como si por casualidad, me pille. Así por casualidad, y si paga, le doy bien de rabo. Ja, ja, ja…

- Bien quedamos así, ya te aviso con lo de los pisos.

- Adió Pedro.

Una mujer que no conocía, al ver que terminamos la conversación con Jeremías, se acercó.

- Buenas tardes.

- Buenas señora ¿Usted dirá?

- Mire, soy nueva en la ciudad, y estoy buscando una vivienda por esta zona ¿Sabría usted de alguna?

- Pues, sí, dentro de un mes habrá una para alquilar. Ayer me lo comentó el propietario. Está usted de suerte, pues es la primera persona que se lo comentó.

- ¡Ay que ilusión! Yo creía que no encontraba nada, ni una inmobiliaria, nada, en alquiler no hay nada en la zona.

- Bueno, ahora tendrá que ser a su gusto, por amplitud y lo demás...

- ¿Cuántos dormitorios tiene?

- Son cuatro dormitorios, tres baños, terraza, cocina y salón amplio…

- Estos pisos del edificio son muy amplios ¿no?

- En aquellos tiempos, hace veinte años, era un edificio emblemático, tanto en construcción, como en amplitud, buenos acabados, de calidad vaya, no como los que hacen ahora.

- Sí, por lo que se ve, hasta tienen conserje, ja, ja, ja… ¿cuánto piden de alquiler?

- Pues bien poco por lo que es la zona, me dijo que les mantuviera el precio, mil trescientos euros.

- Me interesa. Mire soy viuda de hace poco, y mi hija está recién separada con un hijo. Hemos decidido que yo me venga a vivir a la capital, así cuido a su hijo, y ella, como tiene el trabajo aquí cerca, pues perfecto. Yo también pondré en alquiler mi casa del pueblo y entre las dos nos apañamos bien. Yo también sola en el pueblo, aquí con mis nietos me distraigo.

- ¿No es muy joven para ser abuela?

- Ja, ja, ja… tengo ya cincuenta años.

- Pues los lleva muy bien, permítame que se lo diga. Mi nombre es Pedro.

- Yo Micaela.

- Vuélvase mañana, que le diré a los que viven ahí, si puedo enseñarlo. No hace falta que venga, me llama a este número y le diré un hora, y si les gusta, después ya hablamos con el propietario.

- De acuerdo Pedro, hasta mañana.

- Adiós Micaela.

Mira por donde, Micaela me gustó, tenía las medidas exactas, ni más peso ni menos, ni joven ni muy vieja, ni mucha teta ni poca, no era guapa, peo si atractiva, y además tenía una pinta de echada para adelante, que me gustaba. Ocuparía el Piso de Fina y así trescientos euros más para mi. Empecé hacer cuentas de los pisos: Pepe, en el recién adquirido y Fina ocuparía el suyo. María Jesús, ya me encargaría yo de que compartieran piso con Lupe.

Llegó el correo y la paquetería. Puse las cosas en orden y me fui a mi piso. No sin antes darle a los plomos de Fina.

No tardó María Jesús en bajar.

- La luz Pedro. Fina duerme. Espero que esta noche lo arreglemos, esto es un engorro.

- Repetiremos la acción, suba arriba. Esta noche lo miraremos bien eso. Cuando usted quiera me baja a buscar, quitaremos los plomos y nos subiremos arriba a ver eso.

- Vale ¿Bajo yo?

- Sí, cuando lo encuentre preciso a partir de las nueve y media, diez, es buena hora. Después de cenar.

- Vale, ja, ja, ja… acción…

- Sí, acción, vera como usted y yo apañamos esto en un momento.

- Bien, adiós Pedro.

- Adiós, María Jesús.

Ya me metí en mi piso a comer algo y descansar.

Llamó a la hora de la siesta tal y como habíamos quedado Pilar. Me puse el bóxer, ajustado y subí.

- Hola Pilar.

- Hola Pedro. Mi marido está durmiendo la siesta, e Isabel no vendrá esta tarde.

- Bien, yo como conejillo de indias. Hágame lo que desee, aplícame los aceites que quiera, yo me dejo, el otro día estaba un poco cortado, ja,ja, ja…

- Bien, desnúdate y túmbate en la camilla.

Ella se marchó en el momento de desnudarme, a por los aceites decía. Yo me desnudé, en pelota picada y la espere en la camilla boca abajo. Ella entró. No podía ver su cara, pero su respiración denotaba nervios.

Empezó a extenderme los aceites. Sus manos eran, de verdad, la gloria. Desde las cervicales hasta mi culo. Pasaba por las piernas y los dedos del pie ¡vaya delicia! Qué bueno pensé que eran los masajes en los pies. Hubiera querido que aquello durara eternamente, pero ella me mando a darme la vuelta.

Ahí mi pito se encontraba en reposo, a medida de darme los masajes; mi erección no tuvo compasión, y se me puso el pito derecho como un mástil.

- Hay que ver Pedro, que cuerpo tienes.

- La verdad es que uno intenta cuidarse.

Sin más me agarró el rabo y empezó a pajearme, literalmente, me jalaba el pito. Aquello no era ya un masaje, aquello era sexo. Me envalentoné y empecé a hacerle caricias en su culo. Ella no dijo nada, lo hicimos en silencio. También al estar su marido durmiendo, para no despertarlo, no musitábamos palabras.

Le empecé a quitar las bragas, mis dedos recorrían su abultada raja, hasta que un dedo se metió hacia adentro y empecé a hacerla vibrar. Me incorporé, cuando me la chupó. Estaba haciéndome una mamada y le saqué la bata que llevaba. Aquellas ubres, dentro de un sujetador inmenso aparecieron. Le desabroche el sujetador, entonces empezó a hacerme un masaje con sus pechos, sin dejar de jalarme el pito.

- Pedro, mi marido lleva mucho tiempo sin tocarme, al pobre no se le levanta, y esto…

- No digas nada Pilar, entiendo, y hoy vas a echar el polvo de tu vida.

- Es que vaya polla tienes ¡Qué maravilla!

- Pues… a ti Pilar, estas tetas que tienes si son una maravilla.

Rápido la tuve a ella montada encima de la camilla. Empecé haciéndole silbar los labios del coño, me lo comí a conciencia, hasta que llegó su primer orgasmo. Me levante y le puse las piernas en “V”, refregando mi capullo en sus labios inferiores; hasta que puesto ahí, en tres sacudidas se la metí entera.

Estuve un buen rato dándole así; lo mismo chupaba sus tetas, que la besaba. Los besos le gustaron al igual que a mí. La hice girar sin sacarle el pito de dentro y desde atrás volví a la carga. Se volvió a correr, con espasmos, se aguantaba los chillidos y no dejaba de gemir. La incorporé y a lo perrito fui tocándole y amasándole los pechos ¡Enormes! Le fui dando por detrás veinte minutos largos, ella volvió a correrse, y yo casi.

La incorpore de rodillas en el suelo y entre tetas y chupadas me corrí. Creo que esta mujer nunca había visto una corrida como la que escupí. Le moje el morro, la boca, los ojos y un rastro de semen se diluía en sus pechos. Ella no dejaba de saborearme y degustar mi rabo.

- ¡Dios mío! ¡Qué polla tan hermosa!

- Me alegra que te haya gustado.

- Que polvo me has echado y mira, aun la tienes tiesa ¡Dios mío!

- Podemos repetir, pero me parece que tu marido ya no hace la siesta, me ha parecido oír un ruido en la cocina.

- Dios, nos hemos tirado una hora y media follando, ni en sueños, ja, ja, ja…

- Habrá que terminar un día esto, que hemos bien empezado, ja, ja, ja…

- Cuando quieras y podamos Pedro, que suerte haber descubierto esto en ti, me alegra y alivia la vida. Creo que ya no podría vivir sin tu rabo, ja, ja, ja… Sobre todo discreción ¿Eh?

- Tú sabes que soy discreto, nunca nada se sabrá.

- Gracias Pedro, gracias por todo.

- A ti por el masaje.

En la conserjería ya me esperaba Lupe.

- Hola Lupe.

- ¡Oh Pedro! Creía que hoy vendrías a comer, te he estado esperando. Aún estoy ovulando.

- Ja, ja, ja…tranquila Lupe, ya no es importante que te quedes preñada, aunque seguramente ya lo estarás.

- ¿No es importante?

- Mira Lupe, tal como le hemos dicho a tu marido, vas y te divorcias; ahora ya no quiero darle un hijo. Será un niño o niña, para nosotros, en caso que estés preñada. Tú serás madre soltera y yo te ayudaré en lo que necesites. Prefiero perder de vista a Fernando. Tampoco lo vamos a humillar delante de su familia, al final seremos buenos con él. Eso sí, pasado mañana lo quiero fuera de tu piso.

- Vale. Que buena gente eres Pedro, pero yo no sé si podré continuar pagando el alquiler, con mi sueldo a media jornada.

- Tranquila, todo se arregla.

- Por favor, no me dejes ahora, te necesito, además yo te amo con locura, te amo…

Tranquila, que todo irá bien, pero dile a tu marido que pasado mañana ya no duerme aquí.

Continuará.

Quien sea seguidor de esta serie los demás capítulos se los enviaré por e-mail. uguibesalux @ gmail.com

Deido a que el relato no esta gustando demasiado, los que sean seguidores de él, les enviaré por e-mail uguibesalux @ gmail.com, hasta los seis / siete, capitulos que cuenta.