A grandes males, grandes remedios 3
La deuda los empujó a la puerta de un hombre rico, pero fue la primera vez que lo hicieron que descubrieron que el dinero era solo el pretexto. Ahora, entre chalets y mansiones, la línea entre la supervivencia y el placer se ha borrado por completo.
Sin pensarlo más me levanté y caminé hacia ellos, mi esposa estiró la mano para agarrarme el pene, el cual ya estaba erguido.
Arrodillada mi esposa y nosotros de pie, disfrutando de una buena mamada, su lengua daba saltos de los huevos peludos de Garrido y luego a los míos, esta escena tridimensional no estaba en el guión ni en el presupuesto, mientras se entretenía con una con la boca, con la mano masajeaba la otra.
Simultáneamente recibíamos placer, ya no tenía que pajearme solamente, estaba siendo partícipe.
De pronto se metió las dos pollas en la boca, abrió todo lo que pudo y los dos troncos apenas cabían, rozaban cabeza con cabeza, ensalivados al mismo tiempo, nos la lamia, nos chupaba, nos mordía, era un vaivén, primero izquierda luego derecha, toda una profesional en mamar dos pollas al mismo tiempo.
Ellos se acostaron para hacer un 69, Garrido me dijo que me la follara, le hice caso y le metí mi polla, me acoplé sin ningún problema, en el mete y saca mis huevos tocaban la nariz del hombre, él seguía con su lengua jugando con el clítoris de mi mujer.
—Nunca había sentido nada igual, seguid así, no vayáis a parar, ¡Ah, ¡Ay Dios mío qué placer!, esto me está matando. Comiendome y metiéndome la polla al mismo tiempo es genial.
Duramos unos minutos así, hasta que salió demasiado flujo de mi mujer, se estaba corriendo como nunca, estaba gimiendo tanto que seguramente se le escuchaba en todo el chalet.
—Mamasela a tu marido.
Empezó a chuparmela como me gusta, con mordiscos suaves en los huevos, chupando el glande.
En eso el Garrido se arrodilló también junto a ella, y nos dijo:
-Pagaré más si me dejáis participar.
Nos miramos sin saber que responder, miré hacia arriba, cerré los ojos y le dije adelante.
Estaba sintiendo dos lenguas, una en mi miembro y otra en mis huevos, las manos también amasaban mis testículos, de pronto sentí las dos bocas en mi polla, los dos comenzaron una guerra de saliva por mi erguido tronco, había similitud en los movimientos, pero no era momento de juzgar…
Dicen que el fin justifica los medios, ojalá valga la pena, solo pensaba en eso, mi mujer me la seguía mamando junto al hombre. Después de unos minutos dijo que se la volviera a meter a mi mujer, pero esta vez, en lo que introducía mi polla, él me masturbaba y me la mamaba. Se la metí y él seguía acariciando mis huevos. De forma poco ortodoxa metía su cabeza para intentar chupar mientras yo penetraba a mi mujer, él le abría las nalgas más y más, se estaba masturbando y se deleitaba con la acción entre mi mujer y yo.
Me la volvió a sacar y me la chupó de nuevo mientras mi mujer se quedó en una espera caliente observando cómo un hombre me chupaba la polla.
Quizás yo ya había vivido tanto que quería probar algo nuevo o quizás siempre había sido bi, era algo que en ese momento no me importaba.
Me automatice y seguí órdenes, se giró mi mujer boca arriba, Garrido amenazó con aplastar a mi mujer, su panza reposaba en el cuerpo de Silvia, ella se la chupaba, él
metía su lengua entre su vagina y mi polla, yo no dejaba de darle a mi mujer.
Ahora sí era una completa locura, extasiados los tres, cada uno, en su papel, mi mujer se volvió a correr, Garrido y yo estábamos a punto.
Mi mujer se sentó para recibir la leche de los dos en su cara, en su boca, donde fuese, pero que fuera lo más pervertido posible.
Acabamos los tres cansados, agotados. El hombre con una sonrisa de satisfacción total, nos sirvió más whisky.
Con la copa en la mano recuperé la noción y vi a mi mujer sin su antifaz, me guiñó un ojo, todo estaba bien, el millonario era buena persona, su intuición femenina lo decía.
Las horas pasaban y seguíamos hablando y bebiendo como viejos amigos.
—Me habéis causado muy grata impresión, y con todo lo que me habéis contado, aparte de todo este rollo, aquí tenéis a un amigo.
—¿No se te antojan dos pollas dentro Silvia? Le decía Garrido a mi mujer.
Ella se me quedó mirando.
—Pero la de mi esposo en el culito, porque la tuya no me va a caber ahí, de acuerdo.
—De acuerdo.
Dijo Garrido y nos fuimos a una de las habitaciones.
El anfitrión estaba delante de mi mujer, acariciando sus tetas, chupandolas, yo por detrás besándole la nuca, la espalda, agarrándole las nalgas, esas que me gustan tanto.
A los pocos minutos ya estábamos calientes de nuevo. Garrido se tumbó en la cama y mi mujer fue como una cazadora a su pene gordo y velludo, se lo comía una y otra vez, hacía una pausa y seguía con sus huevos, Garrido gemía.
Yo puse en pie de guerra mi nabo en la puerta de ese preciado esfínter, despacio, muy despacio, como a ella le gustaba, fácil entraba, ya estaba más que acostumbrado a mi polla, se vuelve una puta al tenerlo dentro. Muchas veces simulabamos con un juguete lo que ahora estaba a punto de suceder, ahora iba a tener dos pollas de carne y hueso, se montó sedienta de la otra polla, sin sacarsela yo.
Lo primero que hizo fue decir, que bárbaros, como se siente tener dos pollas de verdad, ¡Wow! Qué maravilla.
Empoderada, gobernaba a esos dos esclavos erguidos con movimientos sutiles, delicados y engalanados con unos gemidos que subían los decibelios.
Sensualmente distraía a sus presas, no dejaba respiro alguno, como si no hubiera mañana, el gordo acaparaba su flor delicada, el esbelto atracaba su retaguardia, uno bandido, el otro el fiel.
Sonreía sudorosa y nosotros dos pensando en lo que nos estábamos follando, vaya hembra, convertida en segundos en una fiera, luego en una mansa perra. De todo pasaba, pero no dejaba de comerse las dos juntas, intercambiamos de lugar.
—¡Wow!, no entra, es muy gruesa tu polla.
Otro intento y acabó metiéndosela sin importarle el grito de dolor inmenso de mi mujer. Le faltaba el aire, le faltaba la respiración, pero se aferró a él, golpeaba sus nalgas, yo le metía hasta el fondo mi polla, ella no tenía ni tiempo de ver por dónde le llegaba la follada, el papel había cambiado, sin tiempo de arrepentimiento.
Garrido aceleró sus embestidas, ella clavaba sus uñas en mi pecho, gemía, gemía, de dolor, de placer, de esquizofrenia sexual. Lo que si era seguro es que le estaban rompiendo su precioso culo.
—No, no, no aguanto más, sacamela por favor, Garrido, tu polla es demasiado grue…
Yo seguía follándola, Garrido se hizo el sordo y continúo con las embestidas. Se estaba corriendo en el culo de mi mujer, por eso la ignoraba. Yo seguía, no le daba tregua, ella se recuperó en segundos y me empezó a cabalgar, de pronto sentí la lengua de Garrido en mis huevos, me los estaba chupando mientras cabalgaba mi mujer sobre mí, cada vez que podía le daba azotes en su culo
—Qué bestias sois, me estáis dando un folladon. Que bárbaros.
Nos gritaba mientras, a chorros se corría en mi estómago y en la cara de Garrido.
Ella se quitó y yo estaba a punto de correrme pero Garrido se arrimó como si fuese a tomar agua. Ni mi esposa ni yo nos lo esperábamos, nos cogió de sorpresa y vacíe mi polla en la boca del hombre, me sentía raro, sin embargo, continúe descargando todo.
Cuando las palpitaciones bajaron, la cordura poquito a poco regresaba a nosotros, los cuerpos mojados de sudor, de sémen, de corridas, de todo, Garrido en su paladar aún disfrutaba de mi corrida.
—Garrido, tiene un paquete súper gordo, no me puedo ni sentar. Jajaja
Los tres nos empezamos a reír, aprovechamos la distracción para ponernos la ropa, tomar unas copas más, el reloj marcaba las 5:45 am.
Garrido estaba encantado con nosotros dos, él se quedó en su chalet y nosotros nos fuimos, igual que las otras ocasiones, en silencio.
Llegamos a casa, nos abrazamos, contamos el dinero… uno, dos, tres, cuatro.
La alegría de los dos no podíamos ocultarla, se pasó de generoso Garrido.
Cubrimos el pago parcial de la deuda, descansamos un par de semanas, todo parecía volver a la normalidad, ya solo trabajaba por las mañanas y tardes. Mi mujer comenzó un pequeño negocio de pastelería.
—¡Bueno! Antonio ¿Cómo estás? Del otro lado del teléfono escuchaba la voz de Garrido.
—Garrido, que alegría, dígame en qué le puedo ayudar.
—Te quiero proponer algo que les va a convenir a ti y a tu mujer… antes de decirte, quiero que sepas que todo lo hice lo más discreto posible, no revelé su identidad ni nada personal.
—Lo escucho.
—Son dos amigos, socios míos…
La entrada principal era del tamaño de nuestra casa, todo estaba impoluto, en total silencio, jarrones antiguos de porcelana, grandes cortinas cubriendo los ventanales, alfombras sin una sola huella de pisadas, como si estuviéramos en un templo enorme donde el silencio tiene eco.
Silvia me tomó de la mano, detrás de nosotros el joven apuesto que nos abrió la puerta, dejamos de escucharlo al ver tan impresionante mansión, tragamos saliva un par de veces, me preguntaba si estábamos haciendo lo correcto, la escena era la misma que una película de terror de millonarios sádicos.
Aquí estábamos los dos protagonistas del guión, helados, como si fuésemos dos maniquíes en exhibición en una sala de ricos, mi mujer vestida con un vestido rojo, bueno, para mí era rojo, aunque la discusión la había ganado ella al decir que era color vino tinto, en una sola pieza, desde el cuello hasta centímetros debajo de las rodillas. Yo iba con un elegante traje completamente negro, incluso la corbata, parecía que iba a un entierro, lo sé, me pasé con ese sarcasmo. Mi vida ya me daba para bromear, sonreír y deleitarme con la silueta sexy de mi mujer. Su cara la cubría con un hermoso antifaz, me gustaba esa faceta. Después del minuto de asombro y mirando todo a nuestro alrededor el joven nos invitó a seguirlos, conforme avanzábamos, se hacía audible lo que parecía ser sonido de violín, al fin llegamos, después de un pasillo largo y una escalera,
No sé si era el fondo de la mansión, pero, sí estábamos lejos de la entrada, el joven nos invitó a pasar a la habitación que de igual forma no decepcionaba de grande, a media luz, seguíamos sin entender. Garrido nos dijo que confiáramos en él, sin embargo, teníamos curiosidad, miedo, inquietud, no conocíamos esa zona residencial, no conocíamos más que a Garrido y ni siquiera sabíamos si él iba a estar aquí, vaya aventura.
—Siéntense señores por favor.
Obedecimos sin chistar.
Nos sentamos en las sillas que nos indicó el joven, de pronto llegó otra persona y nos sirvió una copa a cada uno, todo seguía siendo muy misterioso.
No podíamos distinguir muy bien el lugar donde nos encontrábamos, parecía que estábamos rodeados de cortinas negras.
El joven se acercó a mi mujer y le dio un papel, lo leímos y mi mujer fue hacia adelante donde se encendió una luz. Yo sentía movimiento a mi alrededor, las luces se atenuaron, distinguí a Garrido que me dio un apretón de mano, tranquilizandome de toda esa incertidumbre, la música empezó a sonar, una melodía calmada, alentaba a los movimientos sexys.
Mi mujer meneaba con nervios su hermoso cuerpo, a mi lado izquierdo pude observar a dos hombres de silueta esbelta, sus cuerpos desnudos, sus caras escondidas completamente con antifaces tipo carnaval, unas plumas extravagantes, el miembro de cada uno yacía flácido, atentos a los movimientos aun timoratos de mi mujer.
—Desnúdate lentamente. Al fin un personaje de mi mano izquierda habló.
Mi esposa al ritmo de la música obedeció, fue deshaciéndose de su vestido y después de su ropa interior.
Ante los ojos de todos los caballeros allí presentes mostraba sus atributos maduros, muy bien formados, excitantes. Como imanes mantenían la mirada de los presentes en sus grandiosos pechos y ahí, justo ahí donde nace la lujuria, donde se emerge el rigor del hombre y donde se ablanda hasta el más feroz ser de la tierra.
¿Quién no se vuelve loco con su aroma, con su sabor?, el pudor se perdió hace semanas, con una descarga emocional de miles de euros, ahora nos sentiamos sin presión, sin pensar en el dinero, al menos yo.
Empiezo a disfrutar o más bien trato de pensar que todo está bien, hemos ganado algo que nos gusta hacer, aparte dinero. No lo sé, pero si no estuviéramos endeudados, pienso si seríamos capaces de hacer esto sin algo a cambio, solo por satisfacer nuestras más perversas fantasías.
Mientras navego por la mente del pasado, en el presente mi esposa ya está montada en el hombre que está a mi izquierda, y el otro caballero le puso el pene en la boca.
Inconscientemente mi mano derecha está sobre el que era el único pene que entraba en el rico coño de esa mujer madura. Garrido con su polla apuntando hacia el techo se la frotaba como sediento del gran culo de mi esposa.
Cabalgaba como nunca la había visto mientras se comía la otra polla. Los dos caballeros seguían enmascarados, mi esposa gemía, murmuraba, sollozaba, se retorcía. El caballero al que le estaba haciendo una rica mamada mi esposa, se fue hacia atrás de ella, vi cómo se arqueaba, entendió perfectamente la jugada. Mi mujer no dudó y de golpe ayudó a ese hombre enmascarado que apuntaba a su ya demasiado usado ano.
Brincó y jadeo, gritó de dolor y, a los pocos segundos de placer, Garrido con su polla erecta fue directo a la boca de mi mujer. Incrédulo me quedé, estaba ardiendo de calentura, un hombre sentado le ensartaba su polla por su exquisito coño, otro desconocido penetraba su hoyo casi impoluto, y esa boca de labios carnosos saboreaban el pene ya conocido Garrido.
¿Hacia dónde iba yo?, no sabía si participar o correrme a chorros con la paja que me estaba haciendo.
El calor se hacía presente, la música sonaba cada vez más lejos, los gritos y gemidos de todos los presentes retumbaban, se impregnaban en mis latidos para acelerarlos, mi sangre corría a todo galope, mi esposa estaba siendo follada por tres hombres.
¿y yo?, solo veía como lo gozaba, intercambiaban pero ninguno claudicaba, estaban dispuestos a disfrutar cada agujero de mi esposa, los tres hombres hacían y deshacían a su antojo. Ella estaba poseída como nunca, en un momento sentía que me ignoraba como si ella estuviera sola.
Quizá pensando en la mejor follada que le han dado en toda su vida y yo, yo se lo había puesto en bandeja. Quizás cada propuesta despierta más y más lo puta que es o quiere ser.
Nos olvidamos de lo material y comenzamos a sentir cosas extrañas, raras.
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