Xtories

A grandes males, grandes remedios. 2

Él observa desde la sombra mientras ella se entrega a un desconocido. El dinero es la excusa, pero el placer es la adicción. Esta noche, la regla cambia: ya no basta con mirar.

Antonio2K vistas9.5· 8 votos

—Estás guapísima, muy sexy, me gusta cómo te ves con ese antifaz, te luce mejor la lencería.

—Gracias, amor. Vamos hay que ser puntuales.

Misma dinámica de ayer, solo cambiaba el actor, esta vez mi esposa no quiso probar alcohol, yo sí le acepté una copita, me volví a sentar en el mismo sitio, mi mujer se quitó el abrigo, traía puesto un conjunto de lencería transparente azul marino, el joven la acostó, y le fue quitando el sujetador y luego las braguitas, le abrió las piernas y su cabeza se dirigió hacia lo que hasta ayer era prohibido para cualquier hombre.

Mi mujer musitó algo, el ruido de la música opacaba cualquier otro sonido, se agarraba sus tetas, empezó a pellizcar sus pezones, eso le excita demasiado. El joven estaba haciendo bien su trabajo, podía ver el rostro de mi mujer, adueñada de la situación gozaba de esa lengua nueva, volvió a gemir.

El hombre joven dejó de mamarle su coñito, metió su polla en la rajita sin más, no quiso perder más el tiempo, el olor impregnado a sexo me volvía loco, los gestos de placer de mi mujer cautivaban mis pensamientos eróticos, mi miembro desconocia la mujer fiel y se endureció con la puta que estaba follando con un jovencito, que sensación rara, no me ponía nada celoso, estaba al mil de nuevo con mis pulsaciones.

Se la estaba follando mejor que el de ayer o sería el grado de excitación de hoy, del coño de mi mujer estaba saliendo líquido, como si estuviera orinando. Este sin palabras y con una mejor polla estaba haciendo que mi mujer se corriera más pronto que ayer.

-Sí, sí, qué perra soy, follame cabrón, ensartame toda tu polla.

Los tres lo estábamos viviendo a tope, cada quién en su papel, uno joven disfrutando de una hembra madura, seguramente una de las mejores folladas de su corta vida, desquitando cada euro. Una madura, con un cuerpo de diosa y una cara angelical, apoyada sobre la cama, recibiendo una polla de un desconocido.

El segundo desconocido yo, un señor maduro también, viendo la escena en vivo, no por medio de una pantalla como de costumbre lo hacíamos con mi mujer, esta vez mirando de cerca el polla de otro, y mi miembro recibiendo mi propia paja, duro, muy duro como si quisiera participar, o como si estuviera reclamando su lugar.

Éste joven no pudo aguantar más y el tiempo cobró factura, se quitó el preservativo para correrse apenas alcanzando los pechos y cara de mi mujer.

Agitada mi mujer pedía más, el joven nos dijo pueden continuar ustedes, todo está en orden. Sin pensarlo le dije a mi mujer que nos metiéramos al baño, necesitaba follarmela, estaba reventando de la calentura.

—Mira como estoy, mi putita hermosa.

—Si, ¿te pones caliente al verme como una puta? Follame amor, pero follame duro.

—¿Qué polla te gustó más?

—Las dos, las dos… pollas, están, me gusta

sentir otra polla y después la tuya, así como ahora.

—Bueno, los dejo, todo muy bien. Adiós. Nos gritaba el joven desde la habitación.

Me la estaba follando más duro de lo normal, le pellizcaba más fuerte los pezones, los gritos de satisfacción de ella me excitaban más, golpeaba sus nalgas con tanta fuerza que la marca quedaba en su piel.

—Por Dios, que bien, follame más, méteme más tu polla, lléname de leche, follame por el culo, ese solo es tuyo amor, ese es para tu polla nada más, no pares.

—Que delicia mi amor, me voy a correr.

—Sí échalo dentro, quiero sentir tu leche, mi cuerpo lo desea, quiere tu leche dentro, dale, más, más, hasta que me rompas el culo, ¡ay qué rico! Ricoooooo, sí.

Sus piernas temblaban, su culo palpitaba, su corazón a mil, mi polla corriéndose en ella.

Abrimos la ducha y nos bañamos juntos, nos besamos como si fuésemos novios.

Ya tenemos más dinero me dijo emocionada.

—Follada, pero con dinero, es mucho mejor, no crees, cariño.

—Vamos a salir de esto mi amor y todo volverá a la normalidad, de acuerdo.

—De acuerdo.

—¡Wow! Nunca había follado tanto. Vamos a descansar.

Ya no había enseñado la galería de mi esposa, quería que descansara y asimilara lo que estábamos haciendo, el cambio de rutina, el cuidado de los hijos y todo tenía que estar en equilibrio.

Pero el tiempo avanzaba y teníamos menos días y aún nos faltaba para el pago parcial.

Llevaba en el coche aun señor de unos 50 años o quizá más, con una panza abultada, barba canosa, de esos que debian de tener una mujer, o muy joven o madura de su misma edad, de cualquier forma quizá tenían el mismo objetivo, mal gastar el dinero en cualquier cosa.

—¿Todo bien joven? Me arrebató de mis pensamientos.

—Sí, todo bien señor.

—¿Qué tal las mujeres por la zona de Fleming?

—Hay de todo señor, depende del plan que tenga en mente.

—Estoy cansado de mi mujer y sus gritos, de mis hijos holgazanes, de los falsos amigos, es por eso que llamé a Javier, para que me mandara a alguien para ir a Costa Fleming.

En ese momento supe que el señor Hernando se llamaba Javier.

—Oiga, discúlpeme el atrevimiento. Sé que el señor Hernando ya le tiene preparada la fiesta en Fleming, pero… ¿No le gustaría algo más casero? ¿Algo más natural?

—No te entiendo, explícate.

—Lo que pasa que no puedo hacer lo que estoy haciendo, porque si se llega a enterar el señor Hernando, se podría molestar.

—No te preocupes por el señor Hernando, como tú le llamas, somos amigos desde hace años y cuando quiero estar solo de fiesta le llamo a él, a veces también me enfada tanta hipocresía en ese ambiente.

Hice una pausa, dudaba en decirle.

—Adelante, ¿tienes algo que proponerme?, antes de llegar.

—Sí, mire. Le di mi móvil.

—¡Wow! Nada mal.

—Es…

—No me interesa quién sea, me interesa pasármelo lo mejor posible.

Sin dejarme terminar la frase de quien era la mujer que le presentaba por fotografía.

Le expliqué la dinámica, tiempos, detalles y sin preguntas y sin ninguna duda, aceptó.

Esta vez no sería en un hotel, me pidió que lo llevara a su chalet de la Moraleja y ahí nos esperaría. Hizo la cancelación con el señor Hernando, y yo llamé a mi mujer.

Dos horas después, ya estábamos en el chalet, mi mujer se llevó un vestido muy ajustado y corto, apenas se agacha y se le ve su tanguita, en este caso hilo dental, y como ya de costumbre su antifaz,

El señor Garrido nos hizo entrar en confianza, nos invitó a pasar a una gran sala, tenía su propia barra, en esta ocasión mi esposa sí quiso una copa.

La verdad es que el señor Garrido, parecía ser un gran hombre, nos empezó a contar algo de su vida, parecía una reunión de amigos, entramos en confianza de inmediato.

Me pidió permiso para bailar un par de canciones románticas con Silvia, yo le dije que por supuesto.

Nos lo estábamos pasando muy bien, comenzamos con juegos de preguntas, dados, cartas. Eso nos ponía calientes y seguimos un rato.

—Nos lo estamos pasando de lujo, son muy agradables, Antonio. No sé a ustedes, pero tanta pregunta y juego me ha puesto cachondo.

—Sí, también nosotros nos hemos calentado. Le respondí.

Seguimos con los juegos

Los tres nos quitamos la ropa, perdió el señor Ortega, se le acercó a mi esposa y comenzaron a bailar así desnudos, sus manos fueron directo a las nalgas de mi mujer, yo sentado, observando y calentándome.

Mi mujer así de pronto sin que nadie se lo pidiera, se agachó y fue directo al pene del señor Garrido, una polla gorda, de buen tamaño. Dos lamidas y ya apuntaba a su barriga. Mi mujer se la estaba comiendo con avaricia,le lamía y absorbía los huevos, eso le excitaba al hombre, estaba dándole una mamada genial.

—Ven, acércate Antoniol, que nos la mame a los dos.

Su propuesta me tomó por sorpresa.