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Fantasías sexuales de españolas 2 (Vicky 4) XIV

Alba siempre tuvo un lugar en la cama de su hermana, pero ahora su propia cama está vacía. Mientras él duerme a su lado sin tocarla, ella busca respuestas en el único lugar donde el deseo sí existe: con los amantes de su hermana.

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El tiempo pasó y esto volvió a repetirse. Alba pudo ser entonces testigo de muchos de esos polvos auténticos, no se limitaba a masturbarse e irse, sino que se quedaba allí observando y compartiendo con nosotros los momentos de relajación y de cariño después de cada orgasmo. También perdió del todo la vergüenza a exhibirse ella misma y era frecuente que se desnudara por completo, que sus manos recurrieran no solo su clítoris, sino también sus pechos, su vientre, la cara interna a sus muslos…

En esa época yo fantaseaba también con ella, para qué ocultarlo. Tener tan cerca a la chica guapa del barrio, verla satisfacerse, contemplarla desnuda mirándonos unas veces con deseo, otras con envidia, otras cerrando los ojos para montarse su propia película en forma de fantasía (quién sabe si viéndose en el lugar de su hermana mientras yo la penetraba), gozando como gozaba ella, corriéndose de gusto mientras me derramaba dentro… sí, tengo que reconocer que todas estas cosas pasaban por mi cabeza. Todos tenemos nuestras fantasías y ponerlas por escrito y reconocerlas no me hace más culpable, si es que debemos sentir culpa por aquello que se crea en nuestra mente con el único objetivo de acercarnos al placer. Porque fantasear no es necesariamente querer que se cumpla lo que sueñas, o al menos eso creía yo por entonces. En aquel momento no se me hubiera ocurrido intentar nada con Alba. Para mí la prioridad siempre fue Paqui a pesar de las fantasías que me pudiera montar. Que este juego nos gustara los tres no implicaba necesariamente que fuéramos más allá. Habíamos establecido un equilibrio: le abríamos nuestra intimidad y ella la disfrutaba de la misma forma que a nosotros nos ponía tenerla de espectadora.

Pensé que aquello había llegado a su fin el día que por fin Alba se echó un novio formal de verdad, que era el único tipo de novio que su madre concebía que pudiera echarse. Otra vez un chico de buena familia, quizás con un apellido no tan ilustre ni de tan rancio abolengo pero que había conseguido hacerse un hueco entre la alta sociedad de la ciudad. Todo gracias al chaval que había despuntado como niño prodigio al piano. Su padre era cantaor flamenco que se ganaba razonablemente bien la vida porque tenía oficio y voz, aunque no fama. Medio gitano, medio payo. Su madre una chica bien, hija de un empresario sabía lo suficiente de discriminación y había pasado los suficientes berrinches con su familia por su elección amorosa, como para ponerle pegas a su hijo a la hora de elegir novia. Alba cumplía a la perfección ese papel de novia ideal. Una chica aparentemente dócil y disciplinada que todavía no había tenido relaciones con ningún chico, de familia humilde pero respetable.

Cuando Alba le comentó a su madre (porque su padre no pintaba nada a la hora de tomar las decisiones en casa) que salía con un músico, está torció el gesto. Pero en cuanto hizo sus averiguaciones y comprobó que era pianista y que tenía éxito además de un puesto fijo en la orquesta de la ciudad, que era joven y guapo y con una prometedora carrera por delante, dio el visto bueno. Más aún entusiasmada se mostró cuando vio en qué ambientes selectos se movía el chico, tocando en teatros, conservatorios, llamado para cubrir eventos en el Ayuntamiento, relacionándose con los grandes artistas locales, políticos, empresarios, etcétera…y al conocer a sus padres, muy al contrario de lo que había sucedido con el Mode, comprobó que sus suegros no eran nada clasistas, como cabía suponer teniendo en cuenta su propia historia. La acogieron con los brazos abiertos de modo que cualquier prevención que tuviera contra el chaval, quedaba diluida y a partir de entonces no había conversación en el mercado, con las vecinas o con la familia, en la que no saliera a reducir el partidazo de novio que se había echado su hija, su talento, lo guapo que era y lo bien relacionado que estaba. Todo parecía augurar que se iban a cumplir los sueños de madre e hija y al principio así pareció ser.

A Alba se la veía contenta y feliz pero una cosa que me extrañó es que no dejó de asistir a nuestros encuentros. Nuestro trío secreto no se rompió, muy al contrario, ella continuó buscándonos para satisfacer su morbo y sus ganas.

- Pero ¿esta no tiene ya novio? - le preguntaba yo a Paqui. Que extraño me resultaba que no fuera el destinatario de sus apetitos.

- Sí, pero no hace nada.

- ¿Cómo que nada? No creía que tu hermana fuera tan estrecha, visto lo visto…

- No, si ella tiene ganas, es él que es muy tradicional. Dice que cuando se casen.

Paqui se moría de risa al ver la cara que puse.

- ¿Me estás bacilando?

- ¡Que no, que es en serio!

Durante un rato todavía creí que se estaba riendo de mí hasta que más tarde, en plan más serio, me lo reafirmó. Y más adelante, Alba corroboró punto por punto la información.

¡Joder! ¡Vaya racha que llevaba la pobre! para ella, estar tan buena acabó siendo casi un problema, tenía las mismas ganas que cualquier otra chica, pero hasta entonces no había podido consumar. Su primer posible novio se echó para atrás por su madre y este que sí que podía y contaba con casi todos los beneplácitos, no se la follaba porque entendía que lo correcto era reservarse para el matrimonio. A mí aquello no me olía nada bien y no acababa de entenderlo por muy pijo que fuera el chaval. Que realmente no lo era: cuando me lo presentaron me causó buena impresión. Abierto, agradable, un tío simpático y chistoso muy alejado de la imagen de niño repelente que yo le suponía, con cultura y mucho gusto a la hora de vestir y desenvolverse. Un auténtico dandi que entiendo que conquistara a Alba. Por eso se me hacía aún más extraño que según me contaba su hermana, sus escarceos se limitaran a algún beso con lengua y algún toqueteo por encima de la ropa. Alba, por un lado, estaba feliz y contaba con entusiasmo como y a quien había conocido en las distintas fiestas a las que su novio era invitado, los lugares donde habían estado y el éxito interpretando música clásica que ella ni entendía ni sentía, pero que intuía era cosa seria y esforzada. Algo de categoría.

Mientras, nosotros éramos el espejo en que se miraba soñando y suponiendo que ella repetiría preliminares, posturas y orgasmos que nos veía obtener, cuando le llegara por fin el momento. Y el momento pareció llegar porque pronto fijaron fecha de boda. Todos padecían interesados en que la cosa fuera rápida. Todo el mundo quería ver un matrimonio feliz y perfecto. Sin embargo, la fecha se pospuso al menos en un par de ocasiones. Retrasos relacionados con la agenda de conciertos de Emil (el novio de Alba se llamaba Emilio, pero todos en casa le llamaban Emil). Al final resultó que Paqui y yo le cogimos la vez porque, aunque no teníamos pensado casarnos tan pronto, por cuestiones laborales tuve que aceptar un empleo fuera de nuestra ciudad. Aunque no se tardaba mucho (un par de horas en coche), el ir y venir y el hecho de que los fines de semana tuviera que trabajar en algunas ocasiones, nos pusieron cuesta arriba la relación ya que estábamos acostumbrados a vernos casi a diario. De forma que decidimos que para qué esperar más. Alquilamos un apartamento y como era impensable que la madre la dejara venirse a vivir conmigo sin más, optamos por la boda.

Por un lado, aquello le restó un poco de morbo a nuestra relación puesto que ya no teníamos que escondernos, todo lo contrario, disfrutábamos de un sitio donde cada minuto que pasábamos juntos podíamos hacer lo que quisiéramos. Y la verdad es que no lo desaprovechábamos. Ese era el lado bueno del asunto: follábamos mucho y no parecíamos aburrirnos, no nos cansábamos el uno del otro. Aquellos primeros meses juntos nos reafirmaron en que lo nuestro había sido un acierto. La convivencia no nos desgastaba, al contrario, nos sentíamos más unidos, disponíamos de más tiempo y espacio para desarrollar ese cariño que a veces poníamos en duda si era solo cariño o amor, pero que todo indicaba que evolucionaba hacia esto último.

Durante estos primeros meses fueron escasas las visitas que Alba nos hizo sola. Casi siempre venía acompañada de sus padres que querían ver como vivía su hija. Supe por Paqui que la situación con su novio seguía igual. No consumaban y el poco sexo que tenían la dejaba más insatisfecha que otra cosa, caliente y sin llegar al orgasmo que ella debía procurarse por sus propios medios. A pesar de todo esto, se la veía ilusionada porque (esta vez sí) la boda estaba próxima.

Al final el día llegó. Apenas pudieron estar una semana de viaje de novios porque él tenía compromisos de trabajo. Ella había supuesto que la llevaría de gira y a todos los conciertos donde tocara, pero esto no fue así, él se resistía diciendo que era cuestión de trabajo y solo le permitía acompañarlo cuando se trataba de eventos en la misma ciudad, o tan cerca que iba y volvía en el día. No pasaron muchas semanas desde su matrimonio, apenas un mes y medio, cuando Alba decidió visitarnos. Se vino a pasar unos días con nosotros. Quería estar con su hermana ya que en su casa se aburría.

Cuando la fuimos a recoger a la estación, vi por su cara que no era solo aburrimiento, algo más le pasaba. Una expresión algo cenicienta, como contrariada. Cuando le pregunté por su marido me comentó: “está de gira” con un evidente tono de hastío. “Joder, pues sí que le ha sentado mal a esta el matrimonio” pensé yo.

Paqui, por entonces no trabajaba, así que rápidamente las dos hermanas hicieron piña y pasaban juntas la mañana, saliendo de tiendas, a pasear o hacer turismo por la ciudad. Esa noche, cuando nos reunimos los tres para cenar, noté un ambiente un poco extraño. Las dos hermanas parecían contentas de reencontrarse y de haberse podido poner al día, pero alba se mostraba un poco distraída y apática. En algún momento me pareció que la sombra de la tristeza la recorría y parecía abstraerse de la conversación, como si su mente estuviera en otro sitio. El día había sido largo y fatigoso, de manera que nos metimos pronto en la cama. Pero no lo suficientemente cansado como que para que yo no quisiera abrazar a Paqui y estrecharla entre mis brazos como todas las noches. El abrazo, como solía suceder, se convirtió en un roce más íntimo, la temperatura fue subiendo y como otras veces acabamos enrollados. Al principio no parecía muy dispuesta, algo la preocupaba a ella también, algo que no me había contado, casi con total seguridad relacionado con su hermana, pero no era momento ahora para presionarla. Yo la conocía bien y sabía que ella acababa contándomelo todo, pero debía dejarle su espacio hasta que lo decidiera, así que me centré en lo más inmediato que era satisfacer el deseo que nos recorría, porque tras mis caricias ella se había puesto también en situación.

Pronto estuvimos revueltos con las sábanas. Las lanzamos hacia atrás empujadas por nuestros pies. Bajé entre sus piernas dándome un festín por el camino con sus pechos que cada día me gustaban más, no me cansaba de acariciarlos, de besarlos ni de morderlos y por fin la volví de costado y haciendo la cucharita, la penetré desde atrás. Era una postura cómoda que nos gustaba a los dos y nos permitía fornicar durante mucho rato sin cansarnos. El golpeteo de mi ingle contra sus nalgas pronto comenzó a sonar cada vez más fuerte, a medida que le iba dando vergazos en el interior de su vagina.

Entonces se abrió la puerta del dormitorio y para mi sorpresa Alba entró. Llevaba un camisón largo, sin nada debajo, que se levantó al sentarse en el sofá de una plaza que teníamos frente a la cama. Yo me detuve sorprendido, no tanto porque adivinaba lo que iba a pasar, que era un ritual muchas veces repetido (nosotros follando y ella masturbándose), sino porque pensaba que desde su boda ya no se iba a volver a repetir. Creía que ella por fin ya habría satisfecho de sobra sus impulsos, había calmado su sed y que no necesitaba utilizarnos para excitarse. Pero al parecer estaba equivocado. Como si no hubiera transcurrido el tiempo desde la última vez, de nuevo se abrió de piernas dejando su sexo a la vista y comenzó a acariciarse con la mirada fija en nosotros.

Yo me quedé un poco cortado y creo que Paqui también. Fue ella la primera en reaccionar y pegando su culo contra mí, facilitó que la penetrara hasta el fondo. Volviendo la cara, me cogió del cuello, me besó y me pidió que continuara.

- Sigue por favor, no te pares.

Entonces la aferré con fuerza y me mantuve dentro de ella pero sin mover mi pene. Una vez más me estaba perdiendo algo y no sabía el qué.

- Lo hemos hecho otras veces, no importa - me susurró mientras de nuevo buscaba mis labios para besarme - no se encuentra bien, no quiero echarla…

Contemplé a Alba. Su mirada esta vez no era de morbo, de deseo y de curiosidad como las otras, había más, había como pena, tristeza y también un destello de rabia. Entendí a Paqui: ella estaba muy sensible y si la echábamos del cuarto se sentiría todavía peor.

- Vale - dije muy bajito y luego, más alto para que ella lo pudiera oír, afirmé - no estás sola.

Continuamos por donde lo habíamos dejado, un poco tensos al principio, pero poco a poco la pasión y el deseo se fue apoderando de nuevo de nosotros, como si al tener de nuevo público hubiésemos lanzado un chorro de gasolina al fuego. Mi verga se deslizaba en la vagina de Paqui, muy húmeda y mojada, que la tragaba hasta el final. No tardó mucho en ser ella la que me follaba dando culeadas fuertes, moviendo sus caderas y haciendo que sus nalgas rebotaran contra mí.

Me corrí agarrado a ella, apretándole las tetas y empujando hasta el fondo mientras Paqui cerraba las piernas, estirándolas un poco y manteniendo mi falo dentro. Se ayudaba con la mano para acabar, sus jadeos, los míos y los de Alba se entremezclaron formando una cacofonía en la que los orgasmos se sucedieron en cascada. Primero yo, después Paqui y finalmente su hermana a la que ahora ya pude prestar atención. Obtenía su orgasmo con la boca torcida, casi con furia, como si en vez de placer le produjera dolor, mientras se frotaba furiosamente la almeja, tanto que pensé que se debía estar haciendo daño. Cuando la sorprendió el clímax, el rictus habitual de su boca que ya conocía de otras veces y que indicaba que había obtenido un placer intenso y que estaba agotada por el orgasmo, se convirtió en una mueca dolorida en la que el labio superior empezó a temblar. Alba arrancó a hipar, un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas y los ojos se le anegaron de humedad. Cerrando las piernas se levantó y dejó caer el camisón, marchándose mientras lloraba.

Hice ademán de incorporarme pero mi mujer me retuvo.

- Déjame, yo voy - me dijo y poniéndose una bata fue en busca de su hermana. Yo la seguí un poco después, tras lavarme la cara y ponerme unos boxers. Las encontré sentadas a la mesa del salón. Cogí tres vasos de chupito, los llené de anís que sabía que les gustaba y me senté frente a ellas.

- ¿Qué sucede? ¿Es Emil? ¿Algo no va bien?

Alba apareció pensárselo. Estaba contándole algo a su hermana y por un momento dudó si incluirme en ese asunto tan íntimo. Pero al final se decidió, el vínculo era tan fuerte que me atañía a mí también. Sabía que yo estaba por su hermana y que era de total confianza, y en lo que intimidades se refiere (al menos intimidades físicas), entre nosotros tres no había secretos después de tantas sesiones de sexo con ella de espectadora.

- Te puedes imaginar qué es lo que no va bien - respondió ya sin lágrimas y con más enfado que tristeza en su expresión.

- ¿No os entendéis en la cama? – Aventuré…

Ella hizo un gesto de fastidio que confirmó de dónde venía el problema.

- Llevamos un mes y medio casados y apenas hemos follado. Y lo que es peor, ya no sé si quiero volver a tener sexo con él. Me desespera.

- ¿Es que no te trata bien? ¿Te hace daño? Si es inexperto las primeras veces puede ser un poco doloroso...

- No es eso...

Me quedé un poco dubitativo, no acababa de entender cuál era la cuestión.

- A ver, cuéntanos todo desde el principio y así me entero yo también bien, que solo me has contado algunos trozos. Desahógate hermana y a ver si entre todos podemos encontrar solución al problema, sea cual sea – la animó Paqui.

Alba se aclaró la garganta tras tomarse un segundo chupito que le infundió valor.

- Tenía muchas ganas de estar con él. Lo quiero y además físicamente está muy bien, ya lo sabéis. Me había hecho muchas ilusiones y, para empezar, la noche de bodas me quedé con las ganas. Es cierto que habíamos bebido y él me comentó que mejor dejarlo para el día siguiente. Nos metimos en la cama muy tarde, era una cosa lógica. Pero a la mañana siguiente me lo encontré al despertar ya vestido. Se había duchado y estaba arreglado para ir a desayunar. Es cierto que se nos hacía tarde, ya sabes que yo soy muy dormilona, y teníamos que volver a casa a por las maletas para irnos de viaje. Yo intenté tirar de él hacia la cama poniéndome juguetona, pero Emil me comentó que eso no había que hacerlo con prisas, sino con más tranquilidad, que mejor cuando estuviéramos en el hotel, que teníamos toda una semana por delante…Una vez más me quedé con las ganas, aunque tuve que reconocer que tenía razón. Por fin, a la noche siguiente pudo ser. Ninguna excusa podía evitar ya que folláramos de una puñetera vez.

Alba se tomó unos segundos, apuró el poco anís que quedaba y movió el paso el vaso hacia mí reclamando un nuevo chupito.

- Nada salió como yo había pensado. Creía que nuestra primera vez sería algo, no digo ya que apoteósico, no soy tan tonta como para no darme cuenta que con el dolor, los nervios y la inexperiencia muchas cosas pueden salir mal, pero al menos pensaba que ese día sería para los dos algo muy erótico a la vez que cariñoso. Al principio todo parecía ir bien, Emil me acariciaba con mucho cuidado, recreándose en los mimos, quizás demasiado porque no acababa de entrar a matar. Tuve que ser yo (que ya estaba muy mojada) la que al final me abriera de piernas y lo atrajera hacia dentro de mí. No atinaba, tuve que ayudarlo con mi mano y luego empezamos a empujar. Yo os he visto vosotros y sé que “funcionáis” de otra forma.

Alba movió en la cabeza de un lado a otro apesadumbrada.

- Sentí una molestia aguda, pero de verdad que eso no me hubiese importado: Paqui me explico cómo había sido su primera vez y yo esperaba que aquello fuera doloroso, pero que fuera una mezcla de placer y daño. No sé, que hubiera pasión, deseo, todo lo que debe haber entre una pareja que se quiere y que lo hace por primera vez, todo lo que he visto en vosotros. Pero aquello era simplemente un acto mecánico. Emil solo estaba concentrado en empujar, muy tenso, nervioso, esperando que no se saliera, metiéndomela sin más, intentando que llegara a estar toda dentro y ese parecía ser su único objetivo porque cuando me la introdujo del todo se limitó a dejarla ahí. Yo lo tenía irritado, me dolía. Se me pasaron de golpe las ganas de tener un orgasmo, solo quería que me la sacara.

>>Él pareció casi aliviado cuando se lo dije. Fui a lavarme. Estuve un buen rato bajo la ducha. “Mi primera vez ha sido una mierda” pensaba, pero tenía toda una vida por delante para mejorarlo. Me decía a mí misma que más adelante sería diferente, que aquello no podía ser el sexo que me esperaba. A la vuelta, Emil, había quitado la sábana de arriba y la había tirado en la esquina más alejada de la habitación. Sobre la de abajo me hizo poner una toalla para que no se vieran las manchas de sangre.

>>Tarde tres días en plantearme volver a hacerlo. Él se mostraba cariñoso conmigo todo el tiempo, incluso dormíamos abrazados, pero no insistió en ningún momento en intentarlo de nuevo y casi pareció decepcionado cuando se lo pedí.

>>Esta vez apenas dolió: fue, como decirlo… fue dulce.

Pero Alba pronunció dulce con una entonación que no se correspondía demasiado con la palabra.

- ¿Qué quieres decir? - le pregunté.

- Digo que fue demasiado dulce, empalagoso diría yo. En ningún momento las caricias se transformaron en pasión. Follamos algo mejor, yo me encargué de estar muy lubricada con un gel que compré y esta vez no hubo dolor ni problema, aunque todavía me escoció un poco. Pero nuevamente os lo digo: no me hubiera importado que me hubiera hecho daño, cualquier cosa mejor que simplemente verlo hacer flexiones sobre mí como si estuviera en el gimnasio, pensando que con solo dejarla dentro unos segundos y volver a sacarla una y otra vez, era suficiente para que yo llegara al orgasmo. Tuve que masturbarme y eso pareció sentarle mal. Parecía furioso consigo mismo más que conmigo. Le dije que era normal, que la mayoría de las veces una chica para llegar tiene que tocarse, pero yo creo que estaba enfadado porque no acabábamos de… bueno, de eso, de conectar bien.

Sabía lo que quería explicar Alba. En realidad, su gesto abatido lo decía todo. No es solo que no conectaran, es que él no estaba en absoluto por la labor. Ese era en realidad el pensamiento que la recorría y que no se atrevía a expresar en voz alta por no dejar mal a su recién estrenado marido.

- Pero bueno, a lo mejor es por los nervios de la boda y todo eso. A los chicos primerizos hay que darles tiempo - contemporizó Paqui tratando de animar a su hermana - después del viaje de novios ¿cómo ha ido la cosa?

- Igual. Lo hemos hecho en tres ocasiones en un mes. El resto del tiempo parecía que me rehuía. La última hace una semana. Igual de frustrante. Me enfadé, no entendía por qué funcionamos tan bien fuera de la cama y tan mal dentro. Estaba un poco alterada así que le dije que mejor lo dejábamos estar un tiempo, que era preferible no volver a intentarlo hasta que pasen unos días y nos tranquilicemos los dos un poco. Pareció recibir la noticia con alivio… demasiado alivio diría yo - comentó con un deje de rencor en la voz.

- Igual es buena idea – comentó mi mujer.

- Pues yo no lo entiendo - repliqué - a ver si va a ser que no les gustan las mujeres.

Lo dije casi sin pensar y al instante me arrepentí. Paqui me echó una mirada asesina y yo traté de arreglarlo, aunque en realidad creo que lo empeoré aún más.

- A ver, que no quiero decir que sea homosexual, me refiero a que hay chicos que son asexuales, que no les llama la atención el sexo. A lo mejor es un problema hormonal o algo así.

- Sí, sí, acuérdate de Mario - intervino Paqui. Se refería a un amigo que tenían en el instituto. Aparentemente no le interesaba nada relacionado con el sexo, era el bicho raro del grupo. No reaccionaba ante hombres, mujeres, ni nada, era como un niño grande. Hasta parecía que le costaba tirar de su cuerpo y la voz apenas había adquirido un tinte algo más grave a pesar de sus veinte años. No me cuadraba en absoluto la comparación, pero, en fin, pudiera ser…

- Quizás sea algo que se cure con el tiempo o con alguna terapia. Deberíais ir a ver a un...

- Alex tiene razón - cortó brusca - el problema es que no le gustan las mujeres: creo que mi marido es homosexual.

Los dos nos quedamos callados. Esta vez no teníamos argumentos ante lo inapelable de su afirmación.

- Emil es guapo, de buena familia y tiene éxito. He visto como lo miran el resto de las mujeres, siempre hay alguna lagarta detrás de él, pero también he comprobado como las ignora. Al principio me sentía muy orgullosa porque pensaba que era por mí, pero no soy tan tonta como para no darme cuenta que a ningún hombre, por muy enamorado que esté, no se le van alguna vez los ojos detrás de una chica y más cuando la chica intenta agradarle. Emil no es así. Es atento, cariñoso, tiene buena conversación, es culto, me da todo lo que le pido… pero en la cama sigue sin hacerme demasiado caso, parece más preocupado por quedar bien que por hacer algo que realmente le guste. No puede ser que tenga una chica (como me ha tenido a mí) ofreciéndose entera y no le hayan brillado ni una vez los ojos de deseo. Hasta Alejandro me ha mirado en alguna ocasión así mientras hacíais el amor. Yo sé que él te quiere, que está enamorado de ti y fíjate, sin embargo, hasta a él se le van alguna vez los ojos. Un hombre no puede evitarlo…

Me sentí pillado en falta y miré a Paqui, pero ella pareció no tenérmelo en cuenta. Era tan consciente como su hermana de que eso pasaba. Aquí el único que parecía que no se enteraba era yo. Me hizo un gesto como quitándole importancia y pidió a Alba que continuara.

- Él nunca me ha mirado de esa manera - remachó convencida - Solo ha mirado así a una persona: hace cinco días, a un compañero de la orquesta. También es músico y se conocen desde hace mucho tiempo, estudiaron juntos en el conservatorio. El otro día coincidimos y vi cómo le miraba…y también como lo miraba el otro a él.

- Pero ¡solo se han mirado!

- Mira hermana, sé de lo que hablo igual que lo sabrías tú también si te pasara a ti. Llevo un mes y medio conviviendo a todas horas con mi marido. No es una persona afeminada, eso ya lo sé, todas las apariencias indican que es heterosexual, pero está claro que no le gustan las mujeres y el motivo no es falta de hormonas ni que no haya madurado, no soy tan tonta como para no darme cuenta. Lo sé y él sabe que lo sé, porque le pregunté por ese amigo y se puso enseguida a la defensiva.

>> Paqui, hace muchos días que no tenemos sexo. Desde nuestra boda apenas nos hemos acostado seis veces, eso no es normal en una pareja recién casada que llega virgen al matrimonio. Llevamos días sin tocarnos a pesar de dormir juntos y ¿sabes lo peor de todo? ¡Que él está contento! ¿Qué marido que no fuera de la otra acera, estaría contento porque su mujer le dice que es mejor no tener sexo en una temporada? y ¿qué marido se pone nervioso cuando le preguntas por su aparentemente mejor amigo, del que curiosamente nunca te ha hablado?

Paqui y yo nos quedamos mudos. Ella se limitó a pasarle el brazo a su hermana por el hombro y yo le cogí la mano que acababa de soltar el vaso vacío del chupito de anís

- ¿Qué vas a hacer?

- ¿Qué quieres que haga? estoy casada ¡recién casada! mi matrimonio es casi perfecto si no fuera por esto. De momento solo puedo esperar.

- ¿Esperar a qué? - contesté yo - ¿sigues enamorada de él?

A mí no me cabía en la cabeza estar con una persona con la que no pudiera tener sexo o a la que no quisiera ¿quería ella todavía a su marido?

- No lo sé. Estoy muy confundida. Creo que lo mejor es que espere, quizás las cosas cambien más adelante.

Paqui afirmaba, su educación y la influencia de sus padres se dejaban notar. A ambas les parecía inconcebible plantear un divorcio como primera opción y llevando tan poco tiempo casadas.

- Sí, dejemos pasar un poco el tiempo, es mejor no tomar decisiones en caliente. Más adelante y con la cabeza más despejada podréis hablarlo y tratar de darle alguna solución.

Alba asintió y se levantó.

- Vámonos para la cama que Alex tendrá que madrugar mañana y os estoy dando la paliza.

- No, no tienes que preocuparte por nosotros. Estamos contigo para lo que haga falta.

Así dimos por concluida aquella reunión, con más deseos y esperanzas de que aquello se arreglara por sí mismo que con ideas claras y firmes de lo que sucedía y cómo afrontarlo. Cuando me encaminaba al dormitorio, Paqui me indicó con la cabeza la otra habitación, la de invitados.

- Mi hermana duerme conmigo esta noche.

- No quiero molestaros, estoy bien, de verdad.

- Tú duermes hoy conmigo, como cuando había tormenta en casa y nos metíamos juntas en la misma cama. A Alex no le importa ¿verdad?

- ¡Claro que no! Así, además, podéis quedaros durmiendo hasta tarde y no os despierto cuando me vaya.

A la mañana siguiente Paqui se levantó para despedirse de mí. Yo ya estaba listo para salir al trabajo, no me había parado ni a desayunar. Normalmente no me entraba nada a primera hora, ni siquiera café: lo tomaba con los compañeros al llegar al curro. Nos dimos un beso y un abrazo, como si nos echáramos de menos desde hacía mucho tiempo, cuando solo habíamos pasado una noche separados.

- Te quiero - le dije, y ella sonrió satisfecha. Le gustaba oírlo, aunque fuera algo obvio.