Xtories
Dominaciónfeb 2026

Una señora decente (parte 2)

Cesar no la dejó llorar ni suplicar. La tomó del cabello, la obligó a mirar hacia abajo y le exigió que admitiera quién era realmente. No era su esposa decente; era su propiedad. Y esa noche, el castigo sería tan intenso que olvidaría hasta su propio nombre.

Ana Garcia7.3K vistas8.8· 13 votos

Vi en el cel que mi esposo había recibido y leído el mensaje con el video. No me contestó nada en más de una hora. Después de ese tiempo me manda un escueto “voy para allá”. Sentí pánico escénico. Temblaba pensando en que me diría. Si tal vez estuviera furioso, si me había equivocado en todo en las últimas horas.

Llamé a un taxi y regresé a casa a medianoche. Dayana, mi hija, había invitado a su novio a pasar la noche. Luego les cuento más de esa historia. Mi esposo llegaría por la tarde del siguiente día y decidí tomarme una pastilla para dormir que mezclada con el alcohol pronto me tenían roncando. Soñé con la cogida que me había metido Vicente esa tarde y desperté super mojada deseando su verga.

UNA SERIE DE CHARLAS

Fueron unos días difíciles. En las historias inventadas lo hacen parecer como que rápido nos ponemos de acuerdo y felices de coger con otros y vivimos una vida llena de sexo. ¡No es para nada parecido en la vida real! Tardamos días discutiendo, peleando, llorando. Aclarando nuestros sentimientos y lo que queríamos. Hablamos de divorcio. De traición. Piénsenlo bien cuando quieran tomar un paso así. No es nada fácil y están arriesgando la relación. Casi nunca vale la pena.

DÍA 1

El primer día lo importante para mí era lastimar a Cesar lo más posible y que se sintiera mal por lo que hizo. Distraerlo de lo que yo hice. No lo logré del todo, pero sí admitió su culpa hasta cierto punto.

- No sé qué voy a hacer, Melissa. No esperaba que me engañaras. Quizás me equivoqué contigo.

- Ya vi lo que piensas de mí. Se lo dijiste a mas de 20. ¿Te acuerdas? “mi esposa es bien caliente”, “me pide verga a diario”, “ya no la lleno”…

- Creo que con tu traición me has dado la razón en todo eso.

- Te di tu gusto. Siempre te obedezco (dije irónicamente tratando de herirlo más).

- Antes me obedecías. Cuando te conocí eras une perrita obediente. Nunca ha sido mi gusto que andes de puta a mis espaldas.

- A tus espaldas no, pero si me exhibes con desconocidos a mis espaldas está super bien.

- Eso estuvo mal y me disculpo. Te debí involucrar desde el principio. Solo estaba explorando ciertas opciones de forma segura.

- Tan segura que todos en el pueblo me conocen las nalgas.

- Nunca compartí fotos de tu cara ni di tu nombre, Melissa. Los que piensen que te identificaron en esas fotos tendrán la duda. Pero el wey que ya te cogió si tiene la certeza de lo ramera que eres y lo pendejo que soy yo.

- Compartiste lo suficiente para que el que tenga esas fotos eche a volar su imaginación. Tu eres el responsable de todo el que se quiera propasar pensando que soy una zorra. ¿Y qué buscabas con esas conversaciones?

- Conocer gente de confianza con las mismas inquietudes. Nadie de por aquí. Llegado el momento correcto, presentártelos de forma virtual y si te atraían lo suficiente organizar un encuentro en unas vacaciones. Solo cuando tu estuvieras lista y lo desearas. Pero aquella noche que hablamos me sacaste el cuento de la “señora decente” y te pusiste a llorar.

- Soy una señora decente.

- Mira este video que tengo de “alguien” mamando verga en un coche. ¿Sigues pensando que eres señora o decente?

- Tal vez ya no. Pero tu tendrás la culpa de los que me busquen.

- Deberías estar orgullosa que llamar la atención. Mostrarles a todos tu cuerpo pero que sepan que eres mía. Antojarlos.

- ¿Y qué gano yo con eso?

- Ni te imaginas el poder que tendrías sobre los hombres si fueras coqueta y resbalosa en vez de decente.

DÍA 2

Las noches eran lo peor. De día de cualquier forma convivíamos, pero de noche me moría de ganas de besar a mi esposo. De abrazarlo y que nos olvidáramos de todo. Pero nada. Estaba muy resentido. Estaba distante y frío y era mi culpa. Cuando Dayana se encerraba en su cuarto con su novio retomábamos el tema. Otro desastre.

- Ya estoy harta de que estés con tu carota todo el día. ¿Cuánto vas a tardar así?

- ¿Cuánto tarda el semen ajeno en secarse?

- Así me querías ver, ¿no? ¿Esa era tu fantasía?

- Ya te dije que no es esa mi fantasía. Solo te amo demasiado y quiero que seas feliz.

- (Esa frase me desarmó. Me empecé a sentir mal por lo que hice). ¿No se te hace enfermo que me quieras ver con otros? Valórame chingao.

- Yo lo que quería es que gozaras tu sexualidad sin límites. Que no tengas barreras y seas libre. Y si estoy ahí para compartirlo y protegerte mejor. Pero ahora, el ser traicionado si está cabrón y pienso más en dejarte que en disfrutarte.

- Juraste que nunca me dejarías Cesar.

- Y tu me juraste fidelidad y obediencia Melissa.

- Desde que te conocí te he amado. Solo a ti. (ya no podía más…) Perdóname. Me equivoqué.

- El día que nos conocimos me decías igual que eras una mujer decente, una maestra de pueblo y a los 10 minutos ya me habrías las patas para dedearte por debajo de la mesa. ¿Te acuerdas? Ese día en el hotel solo podía pensar “ufff que rico mama la verga esta zorra, la voy a hacer mi putita”. Acepta lo que eres.

- ¿Cómo lo que soy?

- Eres bien putona. Eso fue lo que me enamoro de ti.

- Se me hace imposible que alguien valore eso…

- No es común. Lo viví desde niño. Algún día te contare las puterias de mi mamá o mi hermana. Las amo igual.

- ¿¿¿¿Igual????

- No vamos a hablar de eso. Buenas noches.

DÍA 3.

Cesar salió unas horas. Tuve tiempo de contarle a Dayana lo que estaba pasando, aunque obvio “se me olvidó” contarle lo que yo hice. Ella no se sorprendió con lo de las fotos ni con los chats que le mostré, pero me recordó que Cesar pagaba todo desde que nos casamos. No solo renta y servicios, también abundante ropa y maquillaje para ambas. Mi salario de maestra no alcanzaba para nada. Además de pendejearme terminó diciendo “ya sabes como se arregla todo con un hombre Melissa”.

Antes de que volviera Cesar me arreglé como le gusta. No me atreví a ponerme el disfraz de colegiala, pero si me puse una microfalda ajustada que el me compró y con la que nunca me he atrevido a salir a la calle. Tanga negra sin bra. Un top blanco muy ajustado de Dayana con el que se marcaban mucho mis pezones. Cesar llegó un poco tomado.

- ¿A dónde fuiste?

- Al bar.

- ¿Solo?

- Que te importa.

- ¡Cesar!

- Me encontré con tus compañeros de la primaria y tu jefe el director celebrando no sé qué. Me pidieron saludar a la maestra Melissa. Date por saludada.

- ¿Cómo crees? ¿No habrás hablado de más? No quiero problemas en mi trabajo.

- No te voy a contar mi vida pendeja. Veo que al fin te vistes como la ramera que eres.

- ¿Me dices eso para ofenderme?

- No. Te lo digo porque me gusta tratarte así. ¿Te ofende o más bien te moja?

- (no le quería dar el gusto, pero mis pezones hablaron por mi).

- Puta.

- (Empecé a llorar ante la posibilidad de que lo nuestro terminara). Dime la verdad… tú te estas cogiendo a otras…

- Eres bien pinche necia. Ya te dije que YO nunca te traicionaría. Aunque ahora no se. Debería pagarte ojo por ojo. Pero con alguien que te duela. Alguien que te conozca.

- (Llorando más fuerte)… es así como termina lo nuestro?

- ¿Por qué terminaría? Me engañaste, te engaño. Y ya estando parejos podemos trabajar en fortalecer lo nuestro.

- Creo que no podría aceptar eso. Nunca te aceptaría de vuelta si te vas con otra.

- ¿Y yo sí tengo que aceptar que cojas con otros?

- ¿Cuál es la diferencia de hacerlo sola o contigo presente?

- No entendiste nada pendeja. No es el coger con otro. Ya sé que eres una puta barata. La diferencia es que eres MI puta barata. No soy un cornudo sumiso. Yo soy tu dueño y tu cuerpo me pertenece. ¿Entiendes?

- (Me quede pensando en cómo Cesar me cogía. Fuerte y con cierta violencia. Cosa que me encantaba) Honestamente, me gusta ser tuya.

- Honestamente si me gustó verte. Gracias a ese video mamando otra verga ya comprobé que tanto me excita.

Cesar se levantó muy lentamente y jalándome del cabello me hizo poner de rodillas en el suelo. Sin violencia. Pero con la mano firme y mostrándome quien manda. Lo vi desde abajo excitada y algo asustada.

- Dime que eres.

- Soy tuya.

- No pendeja. Dime que eres.

- Soy tu esposa.

Sentí una bofetada cruzando mi cara.

- Soy tu perra.

- Exacto putita. Eres mi perra. Dime si me vas a obedecer.

- Haré siempre lo que digas.

- ¿Incluso atreverte a ser tu misma y aceptar tu putez?

- No te quiero perder…

- Dime que tal te gusto la verga que te comiste.

- Ayy no…

(otra bofetada)

- Pendeja. Se te veía bien caliente mientras mamabas. Te conozco.

- Si… si me gustó su verga.

- ¿Por qué?

- La tiene bien gruesa y cabezona.

- ¿Te la comiste hasta la garganta verdad?

- Así como me has enseñado. Disfrutando cada centímetro.

- ¿Y cómo te cogió?

- Me quería coger de perrita, pero no se podía en el coche así que me puse de lado.

- ¿Le diste el ano?

- Nooo. Estaba muy gruesa. Solo la panochita.

- ¿Y dónde te los echó? ¿En tu cara de puta?

- Dentro.

- ¿No uso condón verdad? ¿Me estas trayendo enfermedades a mi casa?

- No. Es de confianza. Fue…

- No quiero saber quién es. Déjame disfrutar imaginando cualquiera de tus amigos cogiéndote. Quizás hasta alguno de los maestros con los que estuve tomando hoy fue el que te cogió. Abre la boca puta.

Cesar se saco la verga y comenzó a cogerme la boca. Fuerte y profundo. Asfixiándome de pito con cada empujón. Nunca lo había sentido tan erecto como en ese momento que me obligaba a contarle como me había cogido otro. Me controlaba jalándome el cabello y me escupía en la cara cuando me dejaba tomar aire. Me sentí usada. Un objeto de placer.

- ¿Quién fue Melissa? ¿Uno de esos maestros te cogió? ¿o tu amigo el licenciado? ¿uno de tus taxistas? ¿uno de los papás de tus alumnos? ¿alguno de los picadores de tus pirujas hermanas? ¿cualquiera que nos salude en el parque podría ser el que te abrió de patas?

- Mmmh mmh (seguí mamando ya que entendí que no esperaba que le contestara)

- Así perra. Así disfrutaron tu boca, ¿verdad?

- Mmmh (solo asentí con la cabeza babeando su verga)

- Ni el anillo de matrimonio te quitaste. Con ese anillo puesto le agarraste la verga a tu amigo en ese video.

Esas palabras me excitaron tanto que no pude evitar tocar mi sexo. Mis dedos buscando mi humedad. La tanga escurriendo ya.

- ¿Quién te dio permiso de tocarte idiota? (dijo cesar jalándome el cabello)

Con fuerza me arrojo al sofá de la sala y se me subió la microfalda. Mi diminuta tanga resaltando los cachetes de mis nalgas. Me doblo sobre sus rodillas, bajándome un poco la tanga y me empezó a nalguear.

- Zas, zas, zas… este es tu castigo, pendeja. Así se trata a las putas que cogen sin permiso.

Con cada nalgada sentía su verga más dura contra mi abdomen y mi raja más mojada.

- ¿Cuántos orgasmos tuviste perra?

- Dos

- Zas, zas, zas, zas… zas, zas, zas.

Afortunadamente paró las nalgadas y su mano comenzó a sobarme los cachetes bajando completamente mi prenda. Llegando al centro, comenzó a abrirme el ano…

- Al menos me dijiste la verdad. Sigues bien cerradita del ano. Te voy a estrenar por ahí un día especial. Un día que te lo ganes.

Sentía las nalgas ardiendo y lagrimas rondando por mis mejillas.

- Perdóname te juro que no lo vuelvo a hacer…

- Claro que lo vas a volver a hacer. Pero esta vez yo te diré con quién.

De pronto con fuerza me giró y me puso de espaldas en el sofá. Mis piernas abiertas para él. Puso mis pies en sus hombros y me clavo con fuerza. Casi nunca me coge en esta posición. Ver mis pies en sus hombros me hace sentir como una piruja.

Con cada empujón me hacia gritar y gemir de placer. ¡Que cogida más intensa! Me cogía con coraje. Casi con odio. Queriendo destruir mi panocha con cada embestida. No pude evitar pensar en la verga de Vicente. En como me hizo disfrutar ese día y lo diferente que se sentía Cesar en mi panocha. Pensé por un momento en tener las dos vergas al mismo tiempo. Este pensamiento me hizo perder el control. Me vino uno de los orgasmos mas fuertes de mi vida. Al principio Cesar estaba de pie cogiéndome, pero conforme aumentaba la intensidad se inclinó sobre mi llevando mis rodillas hasta mis orejas. Que puta me sentía siendo usada así. Me mordió los labios con fuerza al mismo tiempo que me taladraba. Unos cuantos empujones más y Cesar también terminaría…

- Si amor. ¡¡¡¡Soy tu puta!!!! Dame más fuerte ahhhh... te amo Cesar, ¡te amooo!

- Serás mi perra por siempre, ¿verdad amor?

- Tu perra, tu puta, tu funda y de quien tú quieras amor. Pero lléname de semen por favor…

- No... no voy a venirme donde se vino tu macho. Estas sucia de ahí, puerca.

Me saco la verga de pronto y apuntando con cuidado se vino abundantemente en mi cara y pecho. Yo estaba casi desmayada de la cogida. El olor a mecos llenaba todo. Cesar tomando fotos de como me dejo la cara. Esto era nuevo, nunca se había venido en mi cara. Algunas veces lo hice terminar en mi boca y me los tragaba. Pero en la cara no. Y menos dejarme tomar fotos.

- Te ves muy sexy así. Mándasela a tu amigo quien quiera que sea.

Me fui desnuda al baño a asearme pensando en tantas cosas. Hasta donde sería capaz de llevarme mi esposo y hasta donde lo iba a obedecer. Deseaba que solo fuera hablador y no se atreviera. Me miré en el espejo toda emputecida y con semen en la cara. Quizás si quería que mi esposo me llevara al límite. Había visto en su mirada el deseo y en su voz la autoridad del que manda.