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Revisión de Pagando por sexo o mi primera vez ...

La espalda le dolía, pero el masaje de Virginia le encendió algo más profundo. Al salir de la clínica, no sabía si ir a casa con su marido o quedarse con la terapeuta. La puerta se abrió y un joven musculoso la esperaba para cumplir su fantasía más prohibida.

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Las últimas jornadas de trabajo habían dejado mi espalda hecha un cuadro. Ni estiramientos, ni gimnasia. Necesitaba un fisio urgentemente. Menos mal que mi amiga Eva me indicó una chica de confianza que trabajaba en una clínica cerca de la oficina así que allí me fui.

- Hola, tenía cita con Virginia.

- Soy yo. ¿Eres Inés? Estupendo, pasa. En seguida estoy contigo. Puedes pasar a la cabina y desnudarte completa. Ponte la bata y pasa al despacho número 2.

- ¿No me dejo la ropa interior?

- No nada. Te relajarás mucho más.

Pues nada a cumplir órdenes. Muy guapa esta chica, la verdad. En pocos minutos estaba en el despacho

- Quítate la bata y túmbate boca abajo.

Curioso. En pelota picada sobre la camilla. En fin, ella es la profesional.

El masaje fue extraordinariamente suave. La masajista comenzó acariciando toda la espalda de forma que se me ponía el vello de punta. -Ejercía una ligera presión sobre mis músculos de forma que se iba relajando lumbares y dorsal. Pasado un rato, cuando ya tenía toda la espalda relajada comenzó por las piernas, desde los tobillos subiendo por las pantorrillas, hasta terminar en mis glúteos. Comenzó a disminuir la presión conforme masajeaba mis glúteos y allí terminó mi relajación porque comencé a excitarme de una forma increíble. La verdad es que llevaba semanas sin sexo y el masaje suave por todo el culo me estaba poniendo muy muy caliente. Cuando acabó el masaje y me mandó levantarme, estaba totalmente excitada y, lo que más vergüenza me daba era que podían percibirse mis pezones totalmente endurecidos. Creo que se dio cuenta pero no dijo nada, quizá una leve sonrisa.

Al acabar el masaje me fui a la cabina y me estaba vistiendo pensando en llegar a casa por la tarde y desquitarme con mi marido. Era muy curioso, nunca había tenido experiencias con otras chicas pero las caricias de Virginia me habían puesto a mil.

- Bueno Virginia, me voy. Te llamo para otra sesión.

- Sí cuando quieras. Creo que te hace falta alguna sesión más porque tienes mucha tensión física y mental acumulada.

De repente bajó la voz.

- Mira, no lo comentes aquí que soy empleada pero soy socia con otros compañeros un centro de masajes que ofrecemos fisioterapia y masajes de todo tipo, más libres, buscando el bienestar físico y mental en absoluta libertad. Solo atendemos clientes escogidos y discretos. Creo que te ayudará mucho a soltar tensión. Si quieres te paso la dirección.

- Sí claro. ¿Tu estarás allí?

- Sí, con otros compañeros. Si te pasas a partir de las 5 nos vemos.

Salí a la calle confundida. No se exactamente qué me ofrecía Virginia. No tenía claro si al salir del trabajo irme a follar con mi marido o a que Virginia me volviese a tocar. Estaba echa un lío.

Al final, salí de la oficina y fui donde Virginia. No se muy a qué iba. Tenía una rara sensación de ir a ser infiel a mi pareja y con una mujer; ambas cosas por primera vez. Pero nadie me había dado motivos para pensar así; ella no había mostrado interés sexual por mi, al menos claramente. En cualquier caso, estaba absolutamente dispuesta a montármelo con ella. No sé, todo algo confuso pero excitante.

Llamé a la puerta. Me abrió la puerta ataviada con una bata más corta que la que se usaba en el consultorio, prácticamente una camisa larga.

- Adelante, ¿Qué tal?

- Bien, dispuesta a continuar la terapia. Aunque, en realidad, no se si la idea que tengo coincide con la realidad.

- ¿Qué idea tienes?

- Que esto es algo parecido a una cita entre tu y yo. Me da pudor reconocerlo pero esta mañana me he excitado con tu masaje y quiero más.

- ¡Ja, ja, ja! No vas mal encaminada. Este centro terapéutico mezcla la fisioterapia, con profesionales y el sexo, también con profesionales. Es parte tapadera, parte un complemento a lo que mucha gente necesita hoy en día, liberar tensión. Mucha gente tiene en casa una pareja con la que podría liberar tensión y están más preocupados por otras cosas que por aprovecharse de esa situación.

- Osea que esto es algo como un puti-club

- Si quieres llamarlo así. Solo que te aviso, yo no atiendo chicas. Solo hombres.

- Vaya. Me había hecho ilusión de tener mi primera experiencia con una chica.

- Pasa mucho. En mi otro trabajo cuando veo algún posible cliente le hago un masaje intencionadamente erótico. En tu caso vi tus pezones que podían cortar cristal y me quedé con ganas de tocar tu entrepierna, seguro que estabas húmeda.

- No, ¡¡chorreando!!

- No sabes las erecciones que he visto en hombres. Ellos lo tienen más difícil para disimular, je, je.

- ¡Qué fuerte! Y ¿Qué me ofreces?

- En este local tenemos soluciones para todo. Tengo compañeros para atender a chicas. He pensado en Germán para ti. Es un tipo de 30 años, musculado, con un miembro de tamaño más que generoso y un culo espectacular.Serán 250 Euros el servicio completo y tenemos bonos de 5 servicios por 900. Sin limite de tiempo, cuando estés exhausta tu dirás de terminar.

- Esto es una locura. Yo nunca había pensado en pagar por sexo. No me hace falta.

- No pagas por sexo, sino por una experiencia extraordinaria. Pagas por un puto, un tio espectacula que te va a follar de todas las formas que imagines por dinero. Te va a dar más placer del que hayas tenido nunca.

Estaba alucinando. El simple hecho de pensar en a situación me estaba poniendo a mil. Primera vez infiel y pagando. Nunca en mi vida había pensado pagar por sexo. Yo toda mi vida entraba a una discoteca y elegía a quién me tiraba; y seguro que ahora también lo haría. El caso es que la situación me emocionaba.

- Bueno ¿Podría ver al tierno efebo?

- Sí claro. Está en la sala de al lado. Vamos allí, puedes desnudarlo, tocarle todo lo que quieras y si te gusta adelante.

- Entramos y estaba allí. Un tío espectacular en shorts y camiseta. Tal como lo había descrito. Alto, musculoso pero no demasiado, perfectamente afeitado y con una sonrisa muy atractiva.

- Hola, soy Germán.

Se quitó la camiseta y la dejó en un sofá que había en la sala, junto a una camilla y a un sillón tántrico, esos sillones con forma de S que sirven para posturas sexuales variadas.

Se acercó a mí y yo comencé a tocar sus abdominales, pectorales, hombros. ¡Vaya tío! Tenía todo duro y firme. Sin mediar palabra se quitó los calzoncillos y me puso su miembro en la mano.

- ¿Te parece bien la mercancía?

Yo no pude ni articular palabra, porque el corazón se me salía por la boca de la excitación.

Virginia se había ido discretamente y yo empecé a disfrutar del joven cuerpo, le recorrí el pecho con la lengua, mientras con la mano le repasaba el resto, comprobé que su torso era puro músculo, pectorales y abdominales de acero. Un miembro bien grande que poco a poco iba poniéndose enhiesto.

Comenzó a besarme, a inundar mi boca con una lengua húmeda y carnosa mientras mis manos repasaban su anatomía. Ese torso, un culo prieto, de vez en cuando le masajeaba el rabo con la mano o sopesaba sus huevos. Mientras él, con algún gemido que otro, me comía la boca,

Yo iba a quitarme la ropa y me detuvo.

- Ese es mi trabajo.

Me empezó a desnudar poco a poco llenando todo mi cuerpo de besos y caricias. Iba muy lentamente pero en seguida estaba en ropa interior. Me hizo recostar en el sillón tántrico. Se cogió el miembro con la mano y se acercó a mí. Soltó mi sujetador y rozaba mis pezones con la polla mientras me comía la boca.

Mi excitación era brutal. Hacía mucho tiempo que no estaba con un tío tan espectacular en el físico y el manejo de su boca y manos, sobre lo que tenía entre las piernas ni hablamos.

De repente se detuvo, me quitó las braguitas y me tumbó en el sillón boca abajo y comenzó a darme un masaje con un cepillo de cerdas muy finas, como una brocha de afeitar, que pasaba arriba y abajo por todo mi cuerpo. Me abrió suavemente las piernas y comenzó a pasar su mano delicadamente cerca de mi vulva, pero teniendo mucho cuidado de no rozarla. Yo me iba a morir. Intenté darme la vuelta, pero me lo impidió cogiéndome con sus fuertes brazos.

Me mantuvo boca abajo y ya sí empezó a masajear, muy suavemente rozó mi vulva por todo su exterior, provocándome un enorme gemido. Por fin llegó al clítoris provocándome un grito de placer pero se detuvo muy pronto.

Comenzó a acariciarme todo mi coño con una mano, mientras la otra me acariciaba el culo y me empezaba a meter el dedo índice por el ano. Esto me puso a morir. Siguió un rato y empezó a jugar con su lengua en mi ano. ¡¡¡Diossss!!! Eso es el famoso beso negro del que siempre había oído hablar. Me encantaaaaaaaaaaa.

Siguió u rato hasta que, de repente, me dio la vuelta subió junto a mi boca y se me quedó mirando con esa sonrisa maravillosa. Me incorporé y le comí la boca, aunque pronto me empujo y otra vez recostada en el sofá se puso de pie al lado y me dejó la polla junto a mi boca.

Me tiré a comerle el rabo como pocas veces en mi vida. ¡¡Qué rabo!! ¡¡Qué duro!! ¡¡Qué hermosura!! Jugaba con mi lengua y el me miraba sonriendo, entornando los ojos, gimiendo.

- Como sigas así seré yo quien te pague.

Me encantaba comérsela y cada vez que mi lengua recorría su mástil la humedad en mi entrepierna crecía.

Comencé a rogarle que me follara, que no podía más.

- No tenemos prisa.

Se fue al otro lado del sofá, me separó las piernas e metió toda su cara en mi húmedo coño mientras con cada una de sus manos me manoseaba los pechos. Parecía que quería arrancarme los pezones, pero el dolor se mezclaba con el placer que subía de mi entrepierna. Sentía orgasmo se acercaba y mi cuerpo empezaba a temblar.

En eso se detuvo en seco y se puso un condón. Esta tregua me hizo recuperarme un poco, estaba con los ojos cerrados y con la respiración entrecortada cuando noté que se subía encima de mí. Abrí los ojos y le vi con una sonrisa diciéndome, “Te voy a follar como nadie lo ha hecho”.

De un golpe metió todo lo que tenía dentro de mí sin encontrar oposición porque yo estaba totalmente mojada y abierta, comenzó a moverse de una forma frenética. Mientras su rabo entraba en mí, yo le agarraba el culo, le tocaba los huevos, los hombros.

- Grita si quieres, no hay vecinos

Comencé a gritar como una posesa, los pollazos me estaban volviendo loca.

Estuvimos así un rato hasta que me vino mi orgasmo. Mi cuerpo temblaba, me estremecía, gritaba,… El seguía empujando.

- Dios, para un poco. Ya me he corrido.

- Aunque tu pagas y tu mandas, no te voy a hacer caso en eso. No hay tregua y me lo agradecerás.

La verdad es que hirió un poco mi orgullo y entonces fui yo quien lo tumbó a él en la cama y me puse a cabalgar encima como una loca. Yo me volví a excitar rápidamente y estaba como una loca. Veía que el chaval iba subiendo de tono, me había cogido los dos pechos con las manos al mismo tiempo que nos movíamos como locos. Le eché una mano a los huevos acariciándoselos con suavidad. Esto le hico ponerse frenético, me mordisqueaba los pezones, me apretabas las tetas, me apretaba el culo contra sí. Intensifiqué el masaje y se comenzó a correr. Al verlo yo también me fui.

Yo caí totalmente abatida en un sofá que había en la sala, cerca de la camilla.

- Descansa si quieres que yo tardo poco en recuperarme. En breves minutos estaré encantado de continuar

Yo no dije nada, estaba exhausta la verdad, pero me lo estaba pasando tan bien. No se si percibió mi duda.

- Haremos lo que tu quieras pero vas a pagar por mi deberías exprimirme hasta que no quede una gota de semen en mi cuerpo.