Xtories

Doble vida II

La noche cae sobre Washington y el silencio es una advertencia. Lo que Cloe y Michael descubren detrás de esa ventana no es solo una traición, es una degradación que cruza el umbral de lo soportable. Ahora, la pregunta no es si lo verán, sino cuánto pueden soportar antes de que el mundo entero lo haga.

Peter2819K vistas9.6· 55 votos

Doble vida II

La noche había caído sin estrellas. Washington parecía contener la respiración.

Cloe apagó el coche a dos cuadras de la casa. El motor se extinguió con un suspiro mecánico y, durante unos segundos, ninguno de los dos se movió. El silencio era tan espeso que parecía una advertencia.

—El coche está ahí —susurró ella, señalando con la barbilla—. No se han ido.

Michael asintió.

—Mejor rodeamos por detrás. Si entramos por el frente nos verán.

Caminaron rápido, pegados a las sombras. A las 11:30 de la noche el barrio estaba dormido, o fingía estarlo. Ninguna ventana encendida. Ningún perro. Solo el crujido leve de la grava bajo sus zapatillas y el latido desbocado de Cloe golpeándole los oídos.

La parte trasera de la propiedad estaba delimitada por una cerca de madera de dos metros. En una esquina, tal como habían visto por la tarde, una tabla rota dejaba un hueco irregular.

Michael tiró con cuidado. La madera cedió con un gemido seco.

—Ahora —murmuró.

Se colaron agachados, rozándose las manos sin mirarse. La hierba y la tierra estaban húmedas. Cloe sintió el frío filtrársele por los jeans, pero no se detuvo. Avanzaron despacio, contando los pasos, evitando cualquier rama traicionera.

La ventana del cuarto principal estaba a pocos metros. Oscura.

Se quedaron quietos. Esperando.

El tiempo se estiró como una cuerda tensa.

Entonces, la luz se encendió.

Cloe contuvo el aliento. El corazón le golpeó tan fuerte que temió que alguien pudiera oírlo desde dentro. Michael se acercó primero, con la espalda pegada al muro. Ella lo imitó, sintiendo el cemento frío en los omóplatos.

Desde dentro llegó una voz conocida. Demasiado conocida.

—¿Está dormido el niño?

—Sí —respondió la otra voz—. Ya lo dejé en su cama.

Cloe cerró los ojos un segundo. No necesitaba ver para saber quién hablaba.

—Perfecto.

Un silencio breve. Luego palabras sueltas, triviales. La venta de la casa. El precio. La espera.

Cloe levantó el móvil con manos temblorosas. No lo acercó del todo. Solo lo suficiente. Lo apoyó en una esquina de la ventana rota, cuidando que no reflejara la luz. La cámara quedó fija, mirando hacia dentro.

Michael la observaba, pálido.

Las voces cambiaron de tono.

Risas bajas. Frases que no necesitaban contexto. Una intimidad que no era doméstica, sino cargada de algo crudo, distinto, ajeno. La mujer que hablaba ya no era la madre que preparaba desayunos ni la ejecutiva que viajaba con maleta de mano. Era otra. Más desinhibida. Más promiscua. Más irreconocible.

Cloe sintió que algo se le rompía por dentro.

No miró la pantalla. No pudo. Se limitó a sostener el teléfono mientras las palabras seguían, mientras el aire del cuarto parecía espesarse, mientras la escena —aunque invisible para ella— se volvía insoportable.

Michael apretó la mandíbula. Sabía que aquello no debía grabarse, pero también sabía que ya no había marcha atrás.

En un momento, Cloe sintió un mareo súbito. La mano le tembló. Michael la sujetó del antebrazo, firme, silencioso, ayudándola a mantener el móvil en su sitio.

No hubo imágenes que ella pudiera procesar conscientemente. Solo sonidos apagados. Risas. Frases entrecortadas. El ruido moviéndose. Nada explícito. Todo devastador. Salieron, ellos se escondieron y la pareja se lo hizo en el patio.

Cuando las voces se diluyeron y la luz se atenuó, Michael y Cloe se retiraron con cuidado.

—Ya está —susurró.

Cloe asintió, pero no respondió.

Se fueron como habían llegado. En silencio. Agachados. Con el mismo cuidado, pero con un peso nuevo sobre los hombros. La cerca volvió a crujir al cerrarse detrás de ellos. Ninguno miró atrás.

En el coche, Cloe no dijo una palabra. Miraba al frente, con los ojos secos, como si ya hubiera llorado todo lo que podía llorar en otra vida.

El trayecto hasta el hotel fue irreal. Las luces de la ciudad pasaban como manchas borrosas.

Al llegar, se bajó sin despedirse. Caminó rígida hasta el ascensor. No miró a Michael. No necesitaba hacerlo.

Oliver la vio entrar al vestíbulo y supo, sin preguntas, que algo se había quebrado del todo.

—Cloe… —alcanzó a decir.

Ella pasó de largo. Se metió en su habitación y cerró la puerta. Luego el baño. El pestillo sonó definitivo.

—¿Qué pasó? —preguntó Oliver, con la voz rota.

Michael tragó saliva.

—La grabamos, señor.

—¿Qué grabaron?

— ellos,… en la cama.

Oliver cerró los ojos.

—¿Para qué?

—Cloe dijo que era la prueba definitiva.

Hubo un silencio espeso.

—¿Tienes el video?

—No —respondió Michael—. Está en el móvil de Cloe.

Oliver respiró hondo.

—Pídeselo. Quiero verlo.

Michael negó con la cabeza, casi suplicante.

—Señor… no creo que…

—Por favor —interrumpió Oliver—. Pídeselo.

Minutos después, Michael regresó con el teléfono en la mano. No levantó la vista al entregarlo.

—No es agradable de ver —dijo en voz baja.

Oliver sostuvo el móvil. Pesaba más de lo que debería.

Y supo, antes de tocar la pantalla, que nada volvería a ser igual.

El video empezaba sin rostros, solo el sonido

- El niño está dormido

- Si cariño

- Perfecto, quítate la ropa zorra

- Mar pero

- Desnúdate, coño.

Silencio

Así me gusta perra

Ven gateando

Luego el sonido de algo arrastrándose

Glup, glu, glup, inconfundible, se la estaba mamando

Cómo te la devoras, ja ja ¿la extrañaste?

Arghh, grrr, grrr. Sí, gluuuup gluuup

La de tu marido, no te gusta? Ya.

Si, pero no puedo hacer esto

Jajajaja dime la verdad es pequeñita y no te satisface

Silencio. — perra, cuando te hablo me respondes

Me gusta la tuya. Vale. —- dejemos a Oliver, no me gusta hablar de él

¿Es más grande que la del cornudo?

Gluuuup gluuuu No, y para ya., gluuuup gluuup

Jajajaj el puto cornudo. Vamos para afuera

Nooooo Mar, nos pueden ver.

Atrás no hay casas

-y si alguien nos escucha y se asoma.

Me da igual, a mi perra la follo donde quiera-

No, por favor. —- Te atreves a contradecirme. Plash, plash, plash, plash

Se oyeron 4 fuertes nalgadas. —- Ayyyyy, ¡oye! te estás pasando

Plash, plash. Ponte el collar. — No, no por,… plash, plash

Vale, vale,

Se escuchó una puerta lateral abrirse y abruptamente la imagen se interrumpió.

Michael. – Cariño casi nos pillan

Cloe — baja la voz que nos van a oír

- vámonos

– No, detrás de este tanque de agua no nos ven

- ¡hostia! están saliendo

- Espera, si estiro el brazo entre el tanque y la pared creo que puedo seguir grabando.

La imagen regresó. Melisa gateaba atada con un collar cual perra, iba totalmente desnuda y a su lado con la polla erguida caminaba Marcus con chulería.

Ponte en cuclillas y apoya la espalda al árbol

Fue horrible ver como su mujer permanecía en cuclillas frotándose el clítoris mientras Marcus usaba su boca como si de un coño se trataste

Aquel pollon negro entraba y salía hasta la campanilla produciéndole arcadas, Arghh, grrr, slurp glup, glup,

Las babas que resbalaban por su barbilla caían en las tetas haciéndolas brillantes bajo la luna llena.

De perfil se observaba como Marcus apretaba el culo, al tiempo que empujaba toda la polla dentro de la boca de Melisa y esta se empotraba en el tronco del árbol aguantando las embestidas.

Cuando se cansó la agarró del pelo haciéndola levantar, acto seguido posó su mano derecha en el coño, apretándolo como si le sacara el jugo a una naranja.

-Aaaaaasshhhh —- gimió Melisa

La morreó a lo guarro, lamiéndole la cara, introduciéndole la lengua a manera de pene, escupiendo le la boca

Ponte a cuatro.—- ordenó

Ya follame — dijo ella suplicante

Jajajaja, y no te importa que estemos afuera?

Nooooo, follame donde quieras. Soy tu puta, tu perra

¿Y tu marido que es?

Un puto cornudo de mierda que no sabe follar

Jajajaja. Ok, ahora si te lo has ganado

El tipejo la puso a cuatro en la tierra, se colocó detrás arrodillado, luego alzó la pierna derecha por encima de la espalda de Melisa y acto seguido apoyó la planta del pie en la cabeza de ella. De esta forma hizo que su cara quedara pegada al suelo.

De lado le introdujo el pollote en el ano arrancándole un chillido

AAAAyyyyyy unmnnmmm uuuuuuuumm

Te duele o te gusta

Las dos cosas, mi amor

Jajaja eres una cerda asquerosa

Siiiiii, folla a tu cerda.

Las súplicas de Melisa no se hicieron de rogar

Aquel tío con una mano apoyada a las caderas se levantaba para dejar caer toda la polla dentro de su ano, una, otra y otra, cada ves más fuerte. Se la sacaba para introducirla de golpe.

Melisa se quejó —- cariño ya me duele la cara de tenerla pegada al suelo, por fa, quítame el pie.

Cállate puta. Marcus se lo pensó. Finalmente, lo hizo, pero no se dió prisa en quitárselo.

La agarró del pelo haciéndola levantar

El tío se acostó. Ella sin mediar palabra se sentó encima volviéndose a meter la polla en el culo. Se notó que lo habían hecho antes. Melisa con los pies de puntillas colocó las palmas de las manos hacia atrás para sujetarse y de espalda a él, comenzó a cabalgarlo.

Desde la posición de los chicos se la veía mover el culo arriba y abajo, ensartándose el pene de Marcus. También se le veía el coño y las tetas totalmente húmedos. Más arriba la cara roja con barro pegado, producto de las babas mezclada con la tierra de cuando estuvo apoyada al suelo.

Ahhhhhhh me corroooooo, anunció Marcus hooooooo toma mi leche eeeeeeh

Melisa alzó las caderas sacándose el pene, para girar rápidamente a chupárselo

Mientras lo hacía a cuatro patas la cámara del teléfono de Cloe hizo zoom

Claramente se vio las grandes nalgas de Melisa blancas como la luna que las iluminaba, ambas marcadas con las manos de Marcus y para inmortalizar la escena, del ano le comenzó a brotar semen. Melisa loca de lujuria se llevó la mano al coño masturbandose con frenesí y en un rápido movimiento se untó tres dedos en la lefa que resbalaba, para introducirlos de nuevo en el coño. Todo esto sin dejar de mamarle la polla a su amante.

Aaaaaaaahhhhhh amor me vengo hoooooo

Córrete perrita, córrete para tu amo

Melisa quedó tendida en la tierra de aquel patio con 3 dedos metidos en el coño

Estaba casi desfallecida

Tras un par de minutos Melisa dijo que quería entrar porque se estaba orinando. El tío se levantó de golpe y tomándola del pelo tiró de ella para llevarla gateando dentro de la casa, pero se paró antes de cruzar la puerta.

Orina aquí y ladra como una perra satisfecha

Melisa lo hizo— levantó una pata simulando a un perro y orinó al tiempo que ladraba - Guau, guau, guau

Cuando entraron, terminó el video

Oliver se levantó, se fue al balcón de la habitación y respiró profundo

Perfecto Melisa. A partir de hoy me encargaré de destruir todo tu mundo. Lo haré de forma sistemática hasta que no quede nada de ti ni de tu mierda de amante.

Antes de abandonar el hotel los tres planificaron la estrategia. Sabían que al regresar tenían que mantener la calma. Recuerda son solo 10 días— dijo Oliver a Cloe

No sé si pueda papá.

-Podrás, porque prefieres exponerla delante de todos y el lugar perfecto es en la celebración de sus 44 cumpleaños.

Regresamos a casa con una Melisa claramente nerviosa, la cual fue especialmente atenta. La primera noche ayudó en todo. Ya de noche intentó hacerme el amor, pero le dije que estaba cansado. Aquello la puso peor, yo rara vez la rechazaba.

-Oliver estás muy raro

-No me he sentido bien. Tengo el cuerpo cansado. Estoy pensando en hacerme un chequeo

Amor, tienes demasiado trabajo, toma unos días y yo te cuido

Gracias, pero tengo un proyecto importante que no puedo dejar.

tres días más tarde revisamos las cámaras. Otra vez vimos a Melisa hablando con Marcus

Melisa al teléfono donde solo se el escucha a ella:

-Hablo en serio. No me voy a acostar contigo. Se acabó

-Se que te lo he dicho antes, pero esta vez es definitivo

-El apartamento va, pero cuando esté en Washington voy a contratar alguien que revise el inventario, no pienso verte en el trabajo.

-El niño me lo llevarás al hotel donde me quede y saldré con él yo sola

-que no me lo dejas ver, te despido y te saco del apartamento

-No te lo voy a poner a tu nombre. Soy puta pero no tonta

-Mira Mar, estoy cansada de tus amenazas, si quieres decírselo a mi marido adelante. Tú te quedas sin nada igual que yo y después a ver cómo mantienes a noah.

-Más hijo de puta serás tu.

-¿vas a venir? No te atrevas

-Vete a la mierda tu. Te crees lo máximo.

-Marcus pollones hay en todos lados, me busco a otro y a tomar por el culo.

Melisa cortó la llamada visiblemente molesta.

Murmuró para si: maldita la hora que tuve un hijo con esa escoria

A Oliver se le dibujó una sonrisa. El castillo de arena de su mujer comenzaba a desmoronarse

Y llegó el día del evento, Melisa cumplía 44 años

Sábado 6 de la tarde

La hermana 4 años mayor que Melisa llegó acompañada de su esposo y su hijo de 19 años, el cual vino con su novia. Luego llegó su hermano, 3 años menor el cual también venía acompañado de la novia.

A las 7 pm llegaron los orgullosos padres de Melisa. Juan de 74 años y Celia de 68

El evento se realizó en el jardín de la casa, en el cual había música, un catering, una torre de champán, mesas de manteles blancos decorados con flores y cubierteria elegante y hasta una estatua de hielo. De fondo un escenario con luces y un pastel de tres pisos y justo detrás un fondo blanco de 3 x 3 metros, donde un proyector colocado en lo alto mostraba videos musicales y fotos de los 18 años de casados. Bastante irónico si se piensa

Poco a poco llegaron los invitados, entre ellos el jefe de Melisa con su esposa. Algo que a ella le sorprendió pero que Oliver insistió alegando que tras tantos años trabajando juntos y siendo este conocido de la pareja, era necesario

Al final el grupo quedó con unas 46 personas entre amigos y familiares.

Oliver se aseguró de invitar a gente que no tuviera niños pequeños. Sin embargo, hubo dos que no pudo evitar. Su mejor amiga Claire vino con su esposo y sus dos hijos. 13 y 15 respectivamente

Cloe de forma astuta los llevó a la sala de entretenimiento, donde les colocó la play con los últimos juegos. Uno en especial les voló la cabeza al tener un simulador de vuelo con volante y pedales reales.

Ella sabía que se quedarían allí por siglos.

Regresó a la fiesta

El banquete se animó con la música, varias parejas bailaron y Melisa buscó a Oliver por todas partes hasta que por fin lo vio bailando con su amiga.

- Meli tu marido baila divino

- Me tienes celosa. Dámelo

- Jajaja se lo decía a Oliver, “Meli te está buscando y está de los nervios”

- Amiga, por qué eres tú sé que no tengo problema, pero cuando veo a otra mujer cerca de mi hombre me enfermo

- Jajajaja vale, vale, todo tuyo

Melisa bailó con Oliver pero este no se acercó mucho. Ella notó la distancia, su rostro impasible y su forma de esquivarle la mirada hizo que por dentro temblara de miedo.

Pensó en el imprudente de Marcus, que 3 días antes de la fiesta se había presentado en su casa.

Será que me vio. Su mente era un torbellino. Maquinó rápidamente: el lunes renuncio a mi trabajo, me voy a otra empresa. No iré a Washington jamás. A Marcus le ofreceré dinero para que se vaya lejos. Mierda y como veo a mi hijo. Sumida en sus pensamientos no se dio cuenta que la música había parado

Se quedó sola viendo como Oliver se alejaba

Celia se acercó

¿Hija está todo bien?

Si mamá, por qué lo preguntas

Oliver apenas te mira.

Solo está cansado.

Eso es raro, no.

Melisa fue tras de Oliver como el que persigue una ambulancia. Sin embargo, cuando estaba a punto de alcanzarlo, escuchó a su hija micrófono en mano anunciar el cumpleaños

- Melisa, papá, por favor vengan que vamos a cantar el cumpleaños

Su hija la había llamado Melisa pero con los nervios no se percató.

Oliver se colocó al lado de ella y en un intento desesperado quiso tomarle la mano. Oliver se la quitó de forma brusca y sacando una toalla se la limpió delante de todos. Melisa de los nervios se le aguaron los ojos. Con la voz rota, preguntó

-Por, porque Oliver.

-Porque me das asco. Dicho esto, detrás de ella se reprodujo el video. primero el de 3 días atrás en su casa

Marcus llamando a la puerta, ella intentando quitárselo de encima. Luego, desnuda arrodillada frente a él, mamandole la polla, seguido de Melisa subíendo las escaleras a gatas hasta el cuarto principal. (las partes íntimas fueron pixeladas, no así los rostros). Todo mientras se escuchaba claramente como insultaban a Oliver, en el lecho familiar. Plosf, plosf, plosh, el silencio del jardín interrumpido por la pelvis de Marcus en el culo de Melisa a cuatro patas, mientras se corría a toda voz en ella sin preservativo

Me vengo oooohhhh puta, ufff que ricoo es, ooooh, follarte en la cama del cornudoooooo

La imagen cambió. Ahora estaban buscando al niño en el colegio y después besándose en el parque.

Cloe se acercó para con todas sus fuerzas darle una bofetada.

-Maldita puta — gritó delante de todos

Melisa entre sollozos respondió —— no soy una puta

El karma la cayó con la follada en el patio de la casa de Washington. Todos escucharon cuando le decía a Marcus. — Soy tu puta, tú cerda, aahhhhhh, siiiiiiii, follame como una maldita perra. La depravacion de las escenas al aire libre fue tan asquerosa que algunos comenzaron a vomitar, otros en cambio, miraban con morbo como melisa le mamaba la polla a su amante mientras en un primer plano, quedaba un precioso culo enrojecido, expulsando lefa.

Melisa tras la bofetada cayó de rodillas suplicando perdón, pero padre e hija abandonaron el jardín y luego la casa

Tras 10 minutos el DJ quitó el cable del proyector. Lo hizo en un acto de compasión por la mujer que arrodillada lloraba a mares en el escenario. El video que se había reproducido completamente volvía a comenzar, momento que, para alivio de la protagonista, se apagó.

Cuando giró la vista estaba sola, los presentes se habían ido y el pastel a su lado permanecía intacto. La vela extinta humeaba tras haberse consumido, como su esperanza.

Un camarero se acercó

-Señora su marido le dejó esto

Un sobre negro con letras doradas.

Era del bufete de su suegro, el padre de Oliver. El cual se había excusado a última hora alegando que no podía ir..

Por fuera decía: Hamilton y asociados

Dentro estaba la demanda de divorcio. En ella, en negrillas, se mencionaba la cláusula de infidelidad penal del estado de Florida.

Sabía que estaba muy, pero que muy jodida, y lo peor estaba por llegar.

Continuará…

Un capítulo más y termina.

Doble vida, Soda Stereo:

https://youtu.be/lxWYAUF-mak?si=wnkyP4hnvyLQHkFe