Con mi novio y una puta; nuestro primer trío
Con el calor del verano y la ansiedad de la distancia, la fantasía se vuelve realidad: pagar por el placer de una desconocida mientras tu novio te observa. Esta vez, no hay límites, solo la entrega total a un trío que cambiará la dinámica de su relación.
Historia de nuestro primer trío; le pagamos a una puta para cumplir nuestra fantasía en lo que sería el primero de nuestros tríos.
Era una hermosa tarde de verano, mi madre ya había realizado las compras del mes, y al ser domingo no había mucho más que hacer que dejar pasar el día. Como era vísperas de finales de año, no había muchas más responsabilidades que había que hacer.
Esta tarde en particular estaba muy caliente, y no precisamente debido al calor que hacía. Me había pasado la noche masturbándome, viendo películas porno en mi notebook, debido a eso es que tenía mucho sueño, pero mi calentura no se apagaba. Mi pololo Javier llegaría a la mañana siguiente, viajaría desde el sur, sentía que no podía esperar más. Eran constantes además, nuestras video llamadas, en ese entonces por medio de Skype, por el cual nos pajeábamos mutuamente, yo abriéndome bien mi conchita para que él se deleitara, a veces pasábamos días enteros conectados con video, esto debido a la distancia que nos separaba mientras éste se encontraba estudiando en una Universidad lejana. Nos reíamos diciendo que llevábamos un verdadero reality show.
Las veces que Javier venía a verme, pasábamos el resto del día encerrados en mi dormitorio, mi madre nunca puso reparo en ello, sólo de vez en cuando subía y golpeaba la puerta a la vez que me llamaba por mi nombre con la intensión de que bajáramos a comer.
La verdad es que solíamos estar en mi cuarto probando poses nuevas o saboreándonos entero nuestros cuerpos, éramos jóvenes y supongo que era lo que toda pareja joven hacía. Lo que no era tan normal, supongo, es que debido a que siempre nos encontrábamos teniendo sexo, mi madre cada vez que llegaba a buscarnos para comer, yo estaba siendo penetrada por Javier, no han sido pocas veces en las que me vi obligada a responderle mientras estábamos en plena faena, haciendo lo imposible para que no se me notara los énfasis y los gemidos que acompañaban las inflexiones de mi voz cuando le respondía a mi madre. A Javier en tanto parecía gustarle dicha situación, porque no se inmutaba y seguía penetrándome con más dedicación, como desafiándome a no exponer un solo gemido que me delatara.
Ese lunes Javier llegó temprano, me propuso que cumpliéramos nuestra fantasía ese mismo día, sería el primer trío que haríamos, antes del que en esta página relato que fue lo que sucedió con mi hermana, cuando nos envolvimos los tres en un trío espectacular, el relato publicado en esta página se titula “trío con mi esposo y hermana” el cual ya lleva más de 60 mil entradas, les sugiero, si no lo han leído, lo lean luego de el presente testimonio. Leer aquí: https://www.todorelatos.com/relato/205023/
La cuestión es que ya habíamos fantaseado mucho acerca de esa idea, la de hacer un trío con otra mujer, pero no sabíamos con quién ni cómo, fue así, que, un par de días antes de que Javier llegara del sur, llegamos a la conclusión que lo mejor sería comenzar con una Scort, o prostituta, y pagar por un servicio sexual ya que de esa forma la presión no recaería toda sobre nosotros.
Aún recuerdo la primera vez que se nos ocurrió esa idea, fue hace ya bastante tiempo, ambos rondábamos los tiernos 23 años, se terminaba el arduo año 2013, éramos unos completos calientes jovencitos.
Fuimos a un bar, ubicado en pleno centro de Santiago, en República, barrio universitario, nos tomamos unas cervezas y nos pusimos manos a la obra. Buscamos en internet una puta madura que ofreciera sus servicios, la contactamos y le dijimos que era una fantasía que queríamos cumplir, le aclaramos que ambos queríamos de sus servicios en un trío. Luego nos pusimos de acuerdo y así fuimos a su departamento en el que ella disponía para brindar dichos servicios.
Cuando llegamos, lo primero que nos pidieron en la recepción fue nuestra cédula de identidad, luego supimos que la mujer había dado dichas indicaciones como medida de seguridad.
Subimos por el ascensor, nuestro nerviosismo era evidente. Dimos con la numeración del departamento y tocamos el timbre. Abrió una mujer que aparentaba más de los cuarenta años que nos dijo tener. Era una mujer de aspecto mayor, pero con un muy buen cuerpazo, aun así, en su rostro se podía apreciar el paso de la edad.
Nos saludamos con beso en la mejilla y nos hizo pasar, inmediatamente nos ofreció algo para tomar, no recuerdo si fue agua o alguna bebida, pero sin duda no fue alcohol lo que nos ofreció. Nos presentamos y tras una breve conversación inicial, en la que se enteró de nuestras fantasías, recuerdo que nos comentó que tuviéramos precaución con llevar a cabo siempre nuestras fantasías ya que uno siempre iba a querer más. Con el tiempo ahora comprendo la veracidad de aquel consejo, porque fue el primero de 4 tríos que íbamos a hacer a lo largo de nuestra relación.
Después nos dijo -pasemos al dormitorio-.
Ella estaba sorprendida de nuestra decisión, nos comentó que no era muy común que una pareja buscara una prostituta para dichos fines. Y de inmediato, luego de pasar por una breve ducha, nos acomodamos en la cama, no sabíamos cómo empezar, nos dijo - ¿qué quieren hacer? podemos empezar nosotras y tú vernos-. Dijo por fin, dirigiéndose a mi hombre. Por mi parte no me pareció mala idea, miré a Javier quien sólo atinaba a mirar, como bobo pajero, desde su cómoda posición acostado de espalda, con cara de calentura a las dos, las que estábamos frente a frente con las rodillas flectadas arriba de la cama y sin perder más tiempo comenzamos a besarnos, acto seguido, ella empezó a desprenderme de mi polera.
Fue ella quien tomó la iniciativa, y en el fondo eso era lo que buscábamos al optar por una mujer que ofreciera dichos servicios, se estaba consolidando lo que sería nuestro primer trío. La puta, quien aparentaba mucha seguridad, y habría de tenerla por su edad, o quizás sólo era prejuicio mío. La verdad es que pude notar uno que otro signo de nerviosismo, lo pude deducir en la conversación que previamente habíamos tenido, cuando nos comentó que no era común atender a una pareja tan joven.
Ya ambas estábamos sin poleras, yo me estaba soltando y fui directamente a sus tetas. Las agarré, tenía unas bonitas aureolas, no más que las mías, Javier siempre me las admira y alaba diciendo que eran las aureolas más bellas que jamás había visto, las tengo rosaditas, en tan hermosa circunferencia no me crece ni un solo bello, sé de algunas que sí les sale en esa zona, alrededor del pezón y en ocasiones deben depilárselas. En mi caso gozo, además, de unos pezones de color rozado intenso, con una buena y definida forma, especial para ser mamados y saboreados.
Estuve un breve momento mamando de los pezones de esa puta cuando me agarró la cabeza, dejándome llevar, y luego de comprender que quería besarme, juntamos por unos cortos segundos, nuestras lenguas para luego sentir cómo era ella ahora quien bajaba, agarraba mis tetas y se las metía a su boca. Sentía su lengua jugar en mis pezones, los acariciaba con su humedad, estos ya estaban muy duritos y los sentía por completo, dándome un tremendo placer. Mi Javier permanecía mirándonos y ya empezaba a sacarse por sí mismo su bóxer, dejando libre su pico por sólo un momento antes de ser agarrado con su propia mano y empezaba a correrse una rica paja con el espectáculo que le ofrecíamos.
Permanecimos en esa escena el momento justo para considerarse el mejor preámbulo que pudiese existir, el paso siguiente sería terminar de desvestirnos, ambas nos sacamos lo que restaba de ropa en la parte de abajo, yo me desprendí de mi corto short de mezclilla y de mi calzón verde con encaje que estaba vistiendo. La verdad es que no se me había pasado por la cabeza ese día cumplir con la fantasía que tanto habíamos acordado con Javier, quizás por un asunto económico, éramos jóvenes estudiantes universitarios, y debido a eso, no solíamos trabajar sino, dedicarnos a nuestros estudios, por entonces éramos unos mantenidos de nuestras respectivas familias. De haber sabido hubiese ido con ropa algo más provocadora, aunque para Javier siempre me decía que mi forma de vestir era lo más provocadora que pudiera haber, sé que lo decía porque, debido a mi culito tan formado, tenso y redondito, lo que me pusiera me lucía bien. Como dije, esa mañana Javier llegó del sur con un dinero que había recibido a modo de herencia, y embalado por poder permitirse ya mismo dicha fantasía es que no se dio mas vueltas y yo sin duda lo apoyé emocionada, y aquí estaba, sacándome mis calzones mojados por la excitación de saberme en mi primer trío con mi novio y una puta desconocida.
Terminada la tarea de desvestirnos, ya los tres completamente desnudos, la puta no se despegaría de mí, luego conversando con Javier, a modo de reflexión de cómo se había dado la situación, llegamos a la conclusión que, quizás, debido a la costumbre de siempre atender a hombres, es que la puta estuvo disfrutándome mucho más a mí, y vaya que sí se notó… Inmediatamente terminé de sacarme mi húmedo calzoncito verde, esa puta fue bajando rápidamente, dándome cortos besos en mi torso, estómago y caderas, para llegar a mi levemente peludo pubis, y comenzar a pasarme la lengua por la rajita de mi vagina, movía hábilmente su lengua arriba y abajo sin dejar de rozar mi abultado clítoris, lo que provocaba el inicio de un largo concierto de gemidos que duraría poquito más de una hora, que fue el tiempo que pagamos a dicha puta. Nos dijo después que por ser nosotros no estaba tomando el tiempo y, luego, nos dimos cuenta de que nos había regalado varios minutos gratis de placer, o quizás ella misma se los había regalado, porque, insisto, fuimos testigo del placer que también ella sentía.
Mientras yo estaba acostada de espalda, con mis piernas arriba, las que eran sujetadas cada una por las manos de esa puta, iba recibiendo su lengua en mi clítoris y en mi vulva, a veces sentía que la ponía más erecta y la introducía en mi cavidad para aumentar mi placer y el de ella, se esmeraba por hacer bien su trabajo.
Javier se había parado de la cama y, en un descuido, cuando recordé que había venido con él, lo busco con mi mirada y lo veo detrás de la puta, la que seguía a cuatro patas disfrutando de mi vagina, estaba admirando su culo y alistándose para penetrarla, reclamando su cuota de placer en la participación de ese trío por el cual estaba pagando. Le pasa unos dedos por su culo a lo que ésta rápidamente se gira y a modo de consejo, le repasa que siempre debe hacerlo con condón, acto seguido estira uno de sus brazos para alcanzar unos preservativos que, previamente había dejado en una esquina de la amplia cama de dos plazas. Lo abre y se lo pasa a Javier, quedándose unos segundos para corroborar que éste se lo pusiera bien, en un momento lo ayudó. Yo estaba en las nubes, sólo atiné a reírme burlándome de Javier, pero la verdad es que las lamidas y la atención que esa puta me estaba dando me tenían un nivel máximo de placer. Escucho que la puta le dice – ¿por dónde lo vas a meter? – Javier le responde directamente, y con la confianza de quien exige por un servicio pagado, - Por el culo-.
Recuerdo que estuvimos unos 10 minutos más en esa posición, yo boca arriba disfrutando de la chupada de zorra que esa puta me estaba dando con el entusiasmo propio que solo una mujer como ella podía hacerlo, y Javier penetrándola por detrás, sintiendo el aumento de la presión que ejercía la lengua de dicha mujer en mi clítoris producto de cada embestida que Javier le propinaba.
Pasado ese tiempo, Javier se detuvo, queriendo cambiar de posición o de agujero. La puta, preocupada, le recordó que debía cambiar de preservativo, yo nuevamente reí, más por cómo lo trataba esa puta que por otra cosa, ya que realmente ella creía que mi Javier era un ingenuo e inocente jovencito.
Yo aproveché para ir al baño a mear, el baño estaba dentro de la habitación, era un baño bastante decente, el edificio era moderno, construido en la última década y gozaba de una ubicación bastante céntrica, posicionándose a la altura de la comuna de Providencia.
Ya cuando salí del baño, al abrir a puerta de este, me encontré con una de las imágenes más calientes que había visto a esa corta edad. La puta se encontraba encima de mi Javier cabalgándolo fuerte en forma rítmica, sin pausa, cuando me acerqué a ellos mi novio comenzó a gemir, le calentaba un poco más que yo estuviera a su lado mientras él se lo metía a otra mujer. Le di un largo beso con lengua mientras éste a ratos se le escapaban gemidos en mi propia boca buscando el escaso aire por donde salir dicha expresión de placer.
De pronto se me ocurrió algo que constantemente estuvo en mi mente, y que era alimentado por los constantes videos porno que consumía en ese tiempo, no eran pocas las veces que junto a Javier veíamos videos o películas porno mientras lo hacíamos, él se ponía más caliente y la penetración era más firme. – Ya sé – Verbalicé. Y fui a cumplir dicha fantasía.
Me dirigí hacia la parte de los pies de la cama, gozando de la magnífica visión de ver cómo esa puta se comía ese pico que me pertenecía y que tantas veces me hacía gozar, ahora lo estaba compartiendo. El pene de Javier era engullido completamente con cada sentada que esa puta le estaba propinando, sus sentones eran firmes y debido a ese gran culo se sentían fuertes, emitiendo los típicos sonidos al chocar, tanto con la pelvis como con los muslos de mi amado. Gocé un rato con aquella visión, me enloquecía también ese ano de puta, el que poquito antes estuvo llenito con el pico de mi amor.
Despabilé de repente y recordé a lo que iba. Primero agarré ese culo con las dos manos, una en cada cachete y propicié que esos sentones fueran más profundos aún, ayudando en ritmo y fuerza. Luego, me acerqué a los huevos de Javier, los que se movían cada vez que ese culo caía bruscamente tragándose aquel maravilloso miembro, saqué mi lengua y me puse a mamárselos. Pude escuchar el grito de placer que dio mi amado. Pero quería más.
Movía rápidamente mi lengua, acariciándole sus huevos y mojando con mi lengua parte del tronco del pene que a ratos quedaba a la vista justo antes de sufrir el siguiente sentón de esa puta golosa. Quería probar su sabor y lo estaba haciendo, me sentía sucia pero más caliente que nunca. En seguida quería continuar con mi idea, entonces fui bajando más, buscando el culito virginal de mi novio.
Yo solía meterle hasta tres dedos en ocasiones en que teníamos tiempo a solas en mi casa, y recuerdo que siempre eran de esas maratónicas tardes en las que me dedicaba con esmero a pajearlo mientras jugaba con su anito recorriéndolo con la punta de mis dedos ensalivados, a él le encantaba, a veces cuando él se me calentaba mucho le podía meter hasta tres de mis delgados y blancos deditos, lo hacía suave mientras no paraba de correrle la paja, subía y bajaba con mi mano en su pene, Javier siempre me pedía que dejara quieto los dedos dentro de su ano para sólo sentirlos ahí cómo lo llenaba, le dolía a ratos cuando los movía mucho, pero en el fondo le encantaba y le ayudaba a tener acabadas con abundante semen. A veces Javier me reemplazaba en la tarea de pajearlo, y cuando él se agarraba su propio pene y se comenzaba a pajear, era la señal para comenzar a lamer su ano, eso sí que le fascinaba, le encantaba que le comiera su culito e introdujera mi lengua en su ojete anal. Aún recuerdo cuando éramos aún más jóvenes y en nuestras primeras salidas, aunque fuera difícil de creer, Javier me comentó que su ex, Carolina, le solía chupar su culo, lo que no recuerdo era el contexto específico de aquella conversación, pero no era sorprendente poder hablar de cualquier tema e irnos por las ramas en ello sin tapujos con ese estupendo hombre, quien además de abierto en el sexo ya era muy intelectual con gran capital cultural y bagaje. Estas experiencias fueron la antesala de las experiencias que tendríamos posteriormente, relatadas en el testimonio que lleva por título “Trío con el amigo gay de mi esposo en Valparaíso”. Los invito a leerlo. Leer aquí: https://www.todorelatos.com/relato/205186/
En esa oportunidad en que la puta golosa se estaba comiendo con su zorra el pene de mi amado, pensé que ir por el culo de Javier sería lo mejor que se me había ocurrido, y así me lo hizo saber mi hombre, ya que, al primer contacto de mi lengua con su ano, luego de bajar desde sus testículo dejando un camino con mi saliva, se hizo audible el gemido más rico que había escuchado jamás, comenzó a jadear y yo a comerme su culito mientras penetraba a esa puta vieja y barata. No imaginé que podría calentarme más de lo que ya estaba, al darle todavía más placer a mi hombre, quién respondía con gemidos cada vez más fuerte. Cuando teníamos sexo, tanto en su casa como en la mía, solía haber más gente de nuestra familia, por lo que no acostumbrábamos a gritar tanto mientras lo hacíamos, esta vez era distinto, dimos riendas sueltas al concierto de gemidos que genuinamente se escapaban de nuestras bocas, incluso entre ellos se podía escuchar los verdaderos gemidos de la puta que estábamos usando para nuestro trío.
Continué disfrutando el ano de mi enamorado, acariciándole las suaves paredes del ojete de su culo con mi lengua por un rato más (siempre se encontraba muy bien aseado y depilado) mientras habían momentos en que el culo de esa puta golpeaba mi cara, y mi nariz con cada cabalgata que hacía sobre tan duro pene, yo constantemente buscaba la mejor posición para no perder el contacto con ese ano que tantas veces había disfrutado, era mío, sentía que me pertenecía por el derecho de haber sido quien más veces se lo había comido, sentía que debía pensar sólo en mi y en que era mucho mejor que su ex en dicha labor.
Creo que ya llevábamos la mitad del tiempo que habíamos pagado, y sentía que había tanto aun por hacer, pero sabía también que no alcanzaríamos a hacer todo. La verdad es que en ningún momento previo al encuentro habíamos conversado acerca de las poses o las cosas que haríamos. Solo recuerdo que cuando compartíamos unas cerveza en el bar, mientras buscábamos anuncios en internet de servicios sexuales, la ansiedad nos comía, hablábamos de la edad ideal que debía tener nuestra acompañante sexual, llegando al acuerdo que lo mejor sería que rondara los 40 años, esperábamos una Milf. Yo le pedía a mi Javier que no me decepcionara, jajaja y obvio no lo hizo, estuvo cumpliendo en la tarea de penetrarnos durante unos tres cuartos de hora quizás.
Lo que vino después, o quizás hubo otra pose que hicimos que no recuerde ahora, ya que debo confesar que esto sucedió hace ya un poquito más de diez años, actualmente cuento con treinta y cinco años en mi cuerpazo, es la imagen que más se repite de aquella inolvidable jornada…
… Hicimos un tremendo 69 con esa puta a la vez que Javier la penetraba. La puta estaba encima de mí con las patas abiertas dejándome un tremendo coño muy abierto en el que yo repasaba mi lengua, me llamó la atención que sus labios vaginales colgaban y caían por cada lado de mi lengua, eran largos y flácidos labios vaginales. Ella en tanto volvía a apoderarse de mi clítoris tan hinchado por el placer recibido previamente con sus mismas lamidas. Hasta ese momento yo no había recibido la penetración de mi hombre, simplemente seguía recibiendo placer de boca de aquella puta de la misma edad de mi madre.
Esto último lo comento a modo de confesión, ya que en muchas oportunidades en que con Javier teníamos sexo, lo solía complacer con historias placenteras relacionadas al incesto, tanto con su familia como con la mía, en ocasiones llegué a fantasear con las tetas de mi madre e inclusive lo estimulé con un calzón usado de mi progenitora, poniéndolo en su rostro para que lo oliéramos mientras me penetraba con fuerza, y para mi sorpresa, la idea que comenzó sólo con la finalidad de complacerlo, terminó metiéndose en mi cabeza como n virus, descubriendo que las enormes tetas de mi madre sí me provocaba no poco placer.
Mientras pasaba mi lengua por los enormes y estirados labios de esa puta, que parecían sábanas por cómo colgaban a cada lado de mi lengua, busqué a Javier para agarrarle su pene, deseaba ver en primer plano, nuevamente, cómo penetraba a esta puta mientras mi lengua ahora le daba atención a esa zorra. Lo atraje hacia mí, estaba un poco flácido por la ardua tarea que había cumplido, lo miré a los ojos desde abajo sin soltarle la polla, dándole una presión psicológica, ya que la visión que debía tener de mi, con tremendo culo encima y mamando esa conchita de puta, debía bastar para que comenzara a ponerse duro nuevamente. Le susurré, -está muy buena-, y retomé los movimientos en su pene acercándolo más, lo sentí en mi frente, con su húmedo y caliente glande, segué acercándolo a la concha que yo estaba disfrutando, parecía que se resistía un poco, quizás ganaba tiempo o simplemente quería disfrutar más de aquella extasiada visión que tenía desde arriba, lógicamente al acercarse al culo de la puta perdería la visión de cómo yo repasaba mi lengua por entre tan desgastados labios vaginales. Hasta que por fin comenzó a penetrarla.
Yo sentía con mi lengua la humedad de esa puta, quien estaba gozando mientras facturaba la muy perra, le estaba dando placer yo y mi novio al mismo tiempo, seguro no se lo habría imaginado esa mañana al comenzar su día que tendría unos clientes tan morbosos. Yo por mi parte debo confesar que esa comida de coño que ella me estaba propinando superaba con creces las habilidades de Javier, esta puta me chupaba como si la vida se le fuera en ello, sentía sus ganas al hacerlo, era como si estuviera con hambre de coño, con hambre de vagina, como si estuviera falta de zorra. Se comía mi clítoris sin mostrar atisbos de querer desprenderse de mi vulva. Yo me entregaba al placer, sin preocuparme ya de lo que hacía mi pololo.
Luego de un rato sentí nuevamente a mi hombre, pero esta vez incursionando en mi vagina junto con aquella mujer, ambos trataban de chupar mi húmeda conchita, fue tan rico sentir, entre otras cosas, esas cuatro manos afirmando y sosteniendo mis abiertas piernas. Sentía el aliento de dos bocas entre mis piernas, lo que me mató de placer.
Pero hubo una particularidad, no sentí el esmero de Javier por lamer mi vagina, después supe que había comenzado a asomarse muy pequeños restos de sangre, en ese tiempo solía sangrar levemente de vez en cuando, sobre todo cuando me sentía muy caliente, siempre lo asocié a mi sistema anticonceptivo que hacía poco me lo habían puesto, era el implanon, o quizás a un embarazo tubárico (o ectópico), que tuve con un ex hacía casi cuatro años atrás, o por mi embarazo adolescente, me habían extirpado un ovario, no sé exactamente cual era el motivo de mi constante sangrado ese tiempo. El hecho es que mi hombre sí tenía cierto pudor después de todo, pero la puta no, y no sé si fue porque no se percató de ello o simplemente no le importó, mal que mal tenía a su disposición un coñito joven para comerse entero y vaya que parecía disfrutarlo, sin duda, yo también. Mi hombre se dedicó a chupar mis tetas y la mujer siguió comiéndose mi coño.
Finalmente sentí el pene de Javier en mi boca, comencé a chupárselo, devorándomelo con mi boca y acariciándole el glande con mi lengua, estuvimos así un breve tiempo, hasta que sentí que la puta se paraba para dirigirse al baño. Recuerdo, al comienzo de esa tarde, mientras bebíamos unas cervezas para “soltarnos”, haberle pedido una cosa muy clara a Javier, y eso era que acabara dentro de mí, sentía que, si acababa dentro de otra mujer, por mucho que fuera una puta y nuestra acompañante en ese trío, me estaría, en parte, traicionando. Quizás sólo eran tonteras mías y cosa de ego. Ahora asocio a eso el ímpetu que tuvo mi amado para aprovechar ese momento de “intimidad” para montarse sobre mi y penetrarme sin perder tiempo en la pose del misionero.
Para cuando llegó la puta a nuestro lado se quedó mirándonos, como si se conmoviera con nuestra complicidad, mi Javier estaba por fin terminando en una monumental acabada, sentí su semen siendo disparado dentro de mí, una lechita tan caliente que recorrió las suaves paredes de mi vagina. Al mismo tiempo la mujer se recostaba junto a nosotros que estábamos exhaustos, conversamos una que otra banalidad antes de recuperarnos.
Pasaron unos minutos y Javier estaba agarrando vuelo nuevamente jugando con nuestras tetas, pero la puta nos recordaba que ya había pasado el tiempo correspondiente y un adicional “por parte de la casa”. Mi pololo le pidió ai podía darse una breve ducha, y luego de no haber ningún reparo en ello por parte de la mujer, nos metimos muy regalones bajo la regadera. Aprovechamos para fortalecer nuestro amor pasándonos el jabón mutuamente por nuestros cuerpos, apurándonos a conciencia para no hacerle perder tanto tiempo a la mujer que tan satisfecho nos había dejado. Ella nos esperó vestida en el salón del living. Nos vestimos en el dormitorio con mi amado y salimos sólo para despedirnos de aquella mujer, quien no podía esconder su cara de satisfacción, al igual que nosotros.
Finalmente, y antes de marcharnos Javier le comentó el hecho que en conserjería nos pidieran nuestra cédula de identidad antes de entrar, y ella nos comentó que ella misma le había encargado que lo hiciera, ya que, como nos había mencionado, le había parecido muy fuera de lo común la propuesta que le hacíamos por teléfono, -sólo fue cuestión de seguridad, ya que él sabe lo que hago y también me protege -, nos dijo.
Salimos, bajando por el ascensor para finalmente encontrarnos nuevamente con el conserje, de quien nos despedimos, no pudo evitar mirarnos de una forma extraña, nos sentimos un poquito avergonzados ya que era obvio que él sabía en lo que estábamos, además había un importante detalle; se podía apreciar que ambos salíamos del edificio con el pelo mojado, de la mano y muy sonrientes.
Ya satisfechos por la fantasía que habíamos cumplido, y la que había costado un monto de ochenta mil pesos chilenos, - cuarenta por cada uno la hora -, fue el valor que nos indicó por teléfono aquella madura puta, nos fuimos directo de vuelta al barrio universitario de metro República, al bar que acostumbrábamos “quiero mi chela ahora”. Ahí hicimos un recuento y repasamos los mejores momento de lo que había sido nuestro primer trío.
Javier me hizo saber que había algo que quería hacer y que no hicimos, era que las dos le chupáramos la vega al mismo tiempo, de hecho, creo que ni si quiera lo hizo una vez esa mujer, probablemente aburrida de hacerlo a hombres sólo aprovechó la oportunidad para disfrutar de mí, que era “la novedad”. – No importa amor, haremos otro trío y con la que sea te lameremos muy bien ese tremendo pico que tienes -, le dije con cara de caliente. Tratábamos de adivinar el motivo, si es que había alguno, de la causa de tan largos labios vaginales que tenía aquella puta, Javier me comentaba que nunca había visto algo igual, era como si, literal, los hubieran agarrado y se le hubieran estirado de tal forma que tomaran dicha apariencia. Hasta el día de hoy, que ya han pasado varias conchitas por mi lengua, no he visto labios vaginales tan largo como los de aquella mujer. Pensábamos con Javier, ingenuamente, que se podía tratar del trabajo propio al que se dedicaba, pero ahora, con la experiencia sé que no tiene relación con “lo gastado” que pueda estar la vagina.
Fin.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi novia con una pareja
Anni siempre soñó con ser dominada por una mujer, pero nunca imaginó que su novio la llevaría a la cama de otra pareja.
Comparte:Trio fffTrio mffVoyeurismo oculto
- Hetero: General
Una partidita de cartas
Solo una baraja de cartas separa la rutina de la locura. Cada carta perdida es una orden que deben cumplir, y cada pregunta revela un deseo que…
Comparte:Trio fffVoyeurismo ocultoFantasia cumplida
- Trios
Mi primera experiencia en un trio con Anita y Tony
Anita siempre fue diferente, y ese beso en el colegio reavivó llamas que creía apagadas. Cuando le confieso a mi esposo la traición, su respuesta no…
Comparte:Trio fffPrimera vezHeterosexual general
- Hetero: General
Chicas de instituto (3)
La noche anterior fue solo el comienzo. Esta vez, no estará solo: su joven amante trae a su mejor amiga con una curiosidad insaciable.
Comparte:Trio fffVoyeurismo ocultoPrimera vez
- Hetero: General
Chicas de instituto (4: Fiesta de despedida)
A sus cuarenta y tantos, la vida le había reservado un último regalo antes de marchar: tres chicas jóvenes, dispuestas y sin tabúes.
Comparte:Trio fffTrio mffPrimera vez
- Orgías
Mi primera orgia. Parte 1
Silvia le prometió una noche inolvidable, pero nada lo preparaba para el caos de cuerpos y deseos que lo esperaba.
Comparte:Heterosexual generalVoyeurismo ocultoFantasia cumplida