Xtories

Breve historia de mi tía política

La reunión familiar era solo el pretexto; la verdadera cena servía para otro apetito. Cuando la casa se vacía, el tío no cierra la puerta, sino que la abre de par en par para que el sobrino y la nueva esposa demuestren de qué están hechas sus ganas.

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Eduardo nos la presentó, la llevaba para lucirla. Era una mujerona madura con unos pechos desbordantes, alta, con un pedazo de piernas prietas con un culazo ovalado. Al pasar al comedor era como si entrara una tigresa en la selva. De cara angulosa y ojos grandes, morena de pómulos marcados y boca carnosa. Aunque no era lo que se dice una mujer guapa, tenía el don de parecerlo, y de esta suerte, siempre pasaba por guapa mientras que otras mujeres verdaderamente guapas por naturaleza pasaban inadvertidas. Tiempo después deduje que era una mujer que, ante un buen macho siempre estaba alerta, como un toro de lidia ante un paño rojo Eduardo sorprendió con su reciente boda sin avisar. El hermano de mi padre tenía 58 años, era ingeniero, había pasado un año fuera y volvía con su trofeo.

Estábamos reunidos todos, el otro tío, hermano de mi padre por lo bajo junto a su mujer, mi tía, una vaca y su ternera, su hija, echaban pestes sobre mi tío Eduardo, su hijo medio atontado. Ella se llamaba Esmeralda y desde que la vi sentía intensamente su presencia: una especie de emanación victoriosa, desafiadora. Era una mujer potente, salvaje y envarada. Era la comidilla de la familia, caminaba nerviosa y ágil. Llevaba un vestido negro ajustado, crucé miradas con ella, la suya era firme y tajante, con un relámpago de desafió. Ni que decir tiene que nada más verla tuve una perturbadora erección.

Mi abuela nos hizo una caldereta de pescado de cojones, nos chupamos los dedos. Mi mujer y el pequeño retoño fueron la conversación general junto con la nueva esposa de mi tío. Hubo chascarrillos al salir al jardín por parte de mi tío mismo y mis primos, los clásicos chismorreos “Vaya descarada” “Pedazo hembra, no es para él” “Menudo putón” por parte de mis primos.

Salí a fumar al jardín cuando los otros se habían ido, era de los pocos que fumaba junto con mi tío Eduardo, también salió con Esmeralda.

-Qué familia más maja tenéis, y tu hijo está para comérselo, tu mujer preciosa.

-Es mi sobrino Víctor, mi preferido, 30 añitos, el más macho -al mismo tiempo miró si nadie nos veía y me agarró la bragueta.

-Eduardo, compórtate -dijo riendo Esmeralda.

Yo hice amago de pelear con él, lo agarré del cuello.

Ella se había quitado la chaquetilla y no pude evitar mirar el escote.

-Esto es muy bonito, todo esto es de tus padres.

-Si, Esmeralda, hasta la verja de enfrente, puedes ir si quieres -dijo mi tío.

Al caminar hacía el fondo del jardín vi su balanceo de culo. No pasó desapercibido a mi tío.

-¿Te gusta la hembra?

-Una buena madura -conteste.

-45 recién cumplidos. Debo haber sido la comidilla -dijo tocándose la coronilla ya que le faltaba bastante pelo. Su barba era canosa y usaba gafas. Había puesto un poco de barriga- me habrán puesto a parir, como siempre. Pero te aseguro que lo vale. Sabe usar un rabo, Víctor.

Con mi tío había mucha confianza, siempre soltero, mujeriego y putero, al cumplir mis 18 lo primero que hizo fue llevarme de putas. Yo ya había follado a esa edad, pero me buscó una brava hembra que la flipé.

-¿La has conocido allí donde tenías el proyecto?

-Sí. Un compañero, el Gerardo, otro ingeniero, me la aconsejó. El se ocupaba de las telecomunicaciones y su mujer estaba preñada, me dijo que lo valía, y vaya si fue cierto. Si vieras como se mata arriba, se acaballa, noto el peso de su cuerpo, me domina.

-Bufffff. Brutal tío. Has hecho bien en recuperarla.

-Si, ya que nada más irse el Gerardo una mañana al amanecer me gustaba dar el paseo matinal cerca del mar. Pude ver como un tío de esos, un operario que lo había visto conduciendo un camión, tatuado, portentosamente musculado, tostado por el sol, su cabeza redonda, rapado reluciente como si lo hubieran encerado la montaba de forma rotunda sobre una hamaca. El tío me vio, era de temperamento salvaje, como si yo fuera el inteligente ingeniero, pero él me ganaba en cuanto a varonilidad. Me miró con sus ojos negros y furiosos, la boca con gesto de desdén y sin ningún pudor volvió a follarla. A partir de ahí supe que no había tiempo que perder.

Vi como al alejarse su cuerpo se movía con sensualidad femenina, el bamboleo de las nalgas era una delicia.

-¡Menudo culazo! Lo debes disfrutar, tío.

-Si, Víctor, y encima lo tiene hecho. Le va la enculada.

-¡Enhorabuena!

Una vez en el coche con mi mujer y el niño dormido en su sillita.

-Menuda tía nueva, ¿no Víctor? No la dejabas de vista, ni tú, ni tu puta familia.

-Tu tampoco le hacías ascos, que digamos. O es demasiado madura, quizás no sea tu tipo, no es precisamente como la Ester.

Lorena, mi mujer es una mujer delgada, rubia natural, pecho pequeño, culo que se agarra con las dos manos, muy mona. Tiene 29 años y es bollera.

La conocí hace dos años, decía que se quería desintoxicar de las chicas, filosofadas suyas y verborrea barata. Siempre me la tiraba a condón, pero una noche de juerga me la cepillé a PELAKO dejándola preñada. Todo hubiera terminado aquí, pero yo siendo hijo de un adinerado arquitecto y constructor cambió la cosa. Yo también me conformé, mi padre estaba encantado, ella es profesora, vivía con sus viejos de alquiler. Yo tampoco estoy mal, mi metro ochenta y siete, mi constitución fuerte, y por qué no decirlo, mi polla de 18cms ayudaron a convivir juntos. Follábamos, pero si nos salía algo no lo dudábamos. Yo era aparejador, no tuve ganas de estudiar arquitectura como quería mi viejo, lo mismo que él, demasiado complejo y en 7 años me saqué el titulo de aparejador no sin dificultad y con una nota baja. Y es que hay que vivir la vida, señores.

Al cabo de cinco días mi tío nos invitó a cenar. Mi mujer se excusó que tenía que ir a casa de sus padres, en el pueblo cercano.

-Justamente el sábado, Lorena.

-Oye, conociendo el puto vicioso de tu tío casi lo deseas.

-¡Si tu lo dices! Además podréis lameros el coño con alguna de tus novietas. Así no tendrás que llevarlas aquí.

-¡Que hijo’eputa eres! No será porque tu no aproveches.

Venía a cuento porque no hacía muchos días, había llevado una jovencita y pude ver como mi mujer le dedeaba el coño y la morreaba. La chica al darse cuenta que las miraba se puso roja como un tomate. Una anécdota más.

Nada más llegar me excusé.

-Lo siento, pero Lore ha tenido que…

-Ya me habías avisado, tranquilo, Esmeralda se está cambiando. Hemos pedido comida hecha de un conocido restaurante. Cocinar no es el fuerte de mi mujer.

-Tienes un ático de cojones, tío.

-Bueno, me alegro que te guste.

Nos sentamos, vi la mesa preparada solo para dos comensales yo oía ruido en la cocina y una voz que dijo:

-Ahora os traigo el aperitivo.

-Tenemos una asistenta que viene por horas, pero no hemos querido molestarla, habrá más intimidad -dijo guiñándome un ojo- Esmeralda nos va a servir.

-¿Pero?

-Tranquilo, nunca cena mucho, lo hace encantada.

La entrada de Esmeralda fue impresionante. Su cabellera negra recogida en una coleta. Llevaba una delantal traslucido con peto negro y medias negras hasta el muslo y zapatos negros de tacón alto. Yo la devoré con la mirada.

-Me han dicho que no venía tu mujer y tu hijo -dijo dándome dos besos en las mejillas, al mismo tiempo que exhibía unos rotundos pechos con unas aureolas oscuras a escasos centímetros de mi cara. Al moverse se movían como dos grandes campanas que repicaran. Iba desbragada, llevaba un coño con pelambrera cortada y marcada en triangulo, en la ingle, tatuado el conejito de playboy. Al darse la vuelta para volver a la cocina no fue menos impresionante. Un despampanante y potente culazo, en una de sus nalgas llevaba otro tatuaje, la pica de corazones. Sus piernas con medias negras eran dos columnas de carne fuerte. Era una madura de mil pares de cojones.

-Has sido el primero que he invitado, lástima de tu mujer y hijo, pero no hay mal que por bien no venga.

-Sabes que es tortillera -dije dándome igual que me oyera Esmeralda- llevamos cada cual nuestra vida desde la discreción, dentro de lo que cabe. Es más, ya sabía yo de antemano que no vendría. Supongo que ella lo sabe -dije mirando a la cocina-, por cierto está de muerte, todo un detallazo el delantal. ¿Liberada?

-Veo que te has fijado en el tatuaje. Sí, aún no he empezado a cederla, pero estoy en un momento de mi vida que tengo una edad que disfruto más mirando, y eso del amor, pues ya te digo, sabes que siempre he pasado de chorradas sentimentales. Ya me entiendes, y eso que sabes que el follamenta nadie me ganaba.

Comimos una buena langosta, bebimos. Esmeralda iba y venía, mi bragueta iba a reventar, mi empalme era serio. Nos sentamos a tomar el café en ambos sofás.

-¿Te ha gustado la cena, Víctor? -preguntó Esmeralda agachándose y pude ver las potentes tetazas. Los latidos de mi corazón hacian clop-clop-clop. Para rematar la faena ella de espaldas a mi sirvió a mi tío. Pude ver un culazo con un apetecible coño.

Consciente de mi estado de aceleración mi tío echaba miradas a mi bragueta, hasta que por fin dijo:

-Bueno, voy a ponerme ropa cómoda, si queréis podéis sentaros en el sofá, es grande -y me guiño un ojo.

Me senté, ella venía de la cocina. Tenía los ojos almendrados húmedos y turbios, como embriagados. Caminaba nervioso y ágil hacía mi, contoneando el cuerpazo en cada movimiento. Me levanté quedamos los dos de pie de cara en silencio, me puso las manos encima y me quitó la camisa.

-Ponte cómodo en el sofá.

Una vez sentado me quitó los zapatos. Sus manos me desabrocharon los pantalones, me los bajaron, después mi slip. Mi polla salió disparada en un violento enrabe. Acarició mis muslos, su aliento se volvió rápido, sus ojos estaban desorbitados. Se arrodilló. La cogí del pelo, le quité el delantal. Aparecieron pletóricas sus tetazas. Le comí la boca con ganas, ella enrosco mi lengua con la mía. Le chupé con deleite los pezones

Volvió mi tío Eduardo, iba con una bata roja larga cruzada. Me paré unos instantes mirándolo.

-No os preocupéis por mi -dijo al mismo tiempo que se desabrochaba la bata. Debajo iba desnudo al completo, su polla estaba medio enrabada.

Yo seguía chupando con deleite sus aureolas. Esmeralda me empujó hacía atrás. Vi como mi tío se sentó en la butaca delante nuestro, se tocaba los testículos.

-Deja que te prepare un poco, ponte al borde de la butaca, cariño.

Me dobló las piernas a la altura de las rodillas y empezó a hacerme una mamada cojonera. Succionaba huevo por huevo y tiraba del escroto. Era alucinate, yo me estremecía de placer y me sumía en un profundo éxtasis. Sus movimientos bucales eran admirables.

Mi tío también estaba abierto de piernas y machacándose la polla,sus cojones peludos le colgaban. Su rostro estaba encendido. Era como una jaula de barro dentro de la cual se hubiera encendido una lampara. Esmeralda empezó a lamerme el tronco de la polla de arriba abajo. Yo gruñía como un poseso.

-¡Ohhhhhhhhhhhhh! ¡Que bueno!

Me levantó más las piernas, vi sus intenciones. Era buena la jodida. Con una decidida furia de impaciencia me agarré con los codos las rodillas y levanté más mi culo.

-Así me gusta sobrino, cuanto más te abras, más te lo puedo comer.

-Flípalo, Víctor -dijo mi tío con los dientes apretados y levantando más su cintura para dejar bien patente que se pajeaba a full.

Sentí un cosquilleo intenso y placentero en mi culo en mi culo.

-¡Dios, dios, dios! ¡No pares, no pares! ¡Ohhhhhhh!

Estiraba toda la lengua en mi culo, como si me lo follara. Era una comida de culo monumental. Incluso para llegar más adentro con sus pulgares me lo abría. Yo había perdido el sentido de la orientación, estaba en otra dimensión. Sus movimientos de lengua humedecida se volvieron rotacionales en el interior de mi culo. Me subió como una tenue descarga eléctrica haciendo que saliera de mi garganta un bramido sonoro.

Cambió de movimiento abarcando mi pollaza en su boca, era la clásica mamada al mismo tiempo que me metía el dedo indice en mi culo. Volví a bramar de gusto:

-¡Ohhhh! ¡Grrrrr! ¡Sííí!

Mi tío había ralentizado su pajeo y dijo sudoroso:

-Para un poco, lo vas a deslechar a las primeras de cambio.

Ella apartó la mesita y se tumbó de espaldas sobre la alfombra. Yo me levanté y furia del deseo la morreé con intensidad. Le levanté las piernas y se las doble por las rodillas hasta dejarlas a ambos lados de su cabeza. Lo que vi me trajo poderosas sensaciones visuales, un coño abierto ante mis ojos tan detalladamente que podía ver su interior. Me transmuté en succionador y empecé a saborear el coño, iba moviendo su piernas arriba y abajo como si fuera un balancín para poder combinar culo y coño. Lo hacía con intensidad y hasta donde me llegaba la lengua.

-¡Ohhhhh! ¡Qué bueno eres, sobrino! -dijo ronroneando después.

Miré a mi tío y se había empezado a machacarla otra vez, tenía una mano en su polla y con la otra se masajeaba los cojonazos.

-De… casta... le viene al galgo -dijo con voz entrecortada.

Pasé a una llave de loro vaginal y anal-dedo indice en el culo entrando y sacándolo y pulgar masajeando el coño con las piernas aún a ambos lados- mientras le chupaba los pezones y nos morreabamos. Su coño estaba chorreando. Era grande y rosado. Pasé a dedicación exclusiva vaginal, metiendo dos dedos, después tres, al final cuatro. Empezó a salpicar. Gemía, me agarraba del brazo. Entonces con los flujos del coño y mis dedos empapados pasé a su culo, un dedo, dos dedos, el tercero necesito más engrase que recogí de su coño. Miré a mi tío que se había parado de pajear:

-Dos buenos agujeros, elige el que quieras, sobrino.

Cogí posición y la monté en patitas en hombros. Clave polla de una tacada, entro toda. La respiración de ella parecía la de un animal. Empecé a bombearla, zim, zam, zim, zam. Ahora si mi tío se la machaba con rabia. Cambié de conducto con mi polla empapada de flujo vaginal. Se notaba más estrecha la zona anal, pera mi polla entraba. Me salí, cogí flujos de su coño y los metí dentro del conducto y metí mis 18 en su culo. Empecé sin moverme pero al poco rato ya bombeaba con golpes secos, ella se masajeaba su coño.

Esmeralda tenía su cuerpo que obedecía a otra escala, a una medida de longitud y de esplendor de la experiencia, de transito, de provocación, indiferencia helada y aventura, como las folladoras natas.

La situación me enloquecía, gemía como un poseso, ella también. Estabamos en trance. Pude ver como mi tío Eduardo se levantaba. Veía el contrapicado de sus cojones bamboleantes y su polla erecta. Estaba claro que esperaba turno, no quería trío. Yo tenía mi lefa justo abajo de mis cojones que iba a subirme de un momento a otro. Como el rugido de un león salió de la garganta de Esmeralda tras un:

-¡Me… me… me vengooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!

Se vino con todo, mi ingle depilada quedo mojada, había squirtado. Yo tampoco me pude contener y lo hice con corrida explosiva en su culo. Los dos quedamos inmóviles, ella volvió sus piernas a su posición sobre la alfombra, oí como mi jadeante tío decía:

-¡Déjame!

Se tumbó encima de ella y la ensartó en vaginal. Bastaron unos cuantos mete-sacas y ya pude ver sus espasmos de contracción de nalgas. Dio un fuerte rugido y quedó parado. Yo busqué mi tabaco mientras. Pero aún faltaba la escena final. Eduardo le levantó las piernas como yo, se las dobló y le lamió con intensidad ambos agujeros llenos de lefada. Después se besaron. Después mi tío Eduardo cogió un cigarrillo, estábamos sentados todos desnudos, en su barba había restos de semen.