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El Hombre Moderno: 3.- La Novia Parte 2

Él no es el protagonista de su propia historia de amor, sino el espectador de la de ella. Mientras Renata explora su lujuria con otros hombres en la convención, él se sienta en la silla, no por cobardía, sino por devoción. ¿Cuánto puede aguantar un hombre antes de que la sumisión se convierta en su única verdad?

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Sé muy bien lo que deben de estar pensando de mí. Que soy un cornudo, o algo peor que eso. Que soy un niño soya, un enclenque y debilucho. No es algo que yo no hubiera escuchado antes, y, a decir verdad, sé que es algo que no dejaré de escuchar en mucho tiempo. La mayoría de las personas que me llaman todo tipo de cosas no tienen la valentía de decírmelo a la cara, tienen su satisfacción inmediata con esconderse a mis espaldas. Y las personas que me lo han dicho de frente, bueno, son personas que no valen la pena mantener en cualquier círculo social, o de amigos.

Los tiempos han cambiado, y por ende, la forma de pensar también tiene que cambiar. Los hombres hemos tomado todas las decisiones que han definido el rumbo del mundo, y vean a donde nos ha llevado eso. Creo que es el tiempo en que más mujeres se levanten y tomen las riendas no solo de sus vidas, sino las de otras personas que están claramente necesitadas de dirección en sus propias vidas. Yo estoy perfectamente en paz con ello, no tengo ningún problema con el cambio de paradigmas sociales, sé muy bien lo que son mis fortalezas y mis talentos.

Por eso cuando Renata abrió la puerta a su habitación, permanecí inmutable, estoico incluso. Yo tengo toda la confianza, todo el amor, y toda la fe en mi chica, y ella lo sabe. Claro, eso no significa que no tuviese yo un conflicto muy dentro de mí. Ellos dos estaban todavía en la puerta, Jan tenía una gran sonrisa en su rostro y Renata hablaba animadamente con él. Después de unos minutos, ella tomó su mano y lo hizo pasar.

La punzada que sentí en el pecho en ese momento no eran celos ni mucho menos, solo era una reacción completamente natural a lo que estaba pasando, ¿Saben? Es una situación nueva para mí, y aún no tenía muy en claro como reaccionar.

Jan es una persona agradable, al menos eso es lo que piensa Renata. Después de saludarme, comenzó a platicar de sus experiencias con el cosplay y las convenciones, y sí, tal como lo dijo mi chica, él comenzó a darle consejos. Debo decir que aunque yo no hago cosplay, consideré sus consejos como innecesarios, sexistas, y hasta retrógradas. Sí, Jan de nuevo invocó la máxima “El sexo vende” como una excusa para propagar la objectificación y la misoginia. Citó a un par de cosplayers famosas que yo no conozco, pero que obviamente Renata sí. Lo peor de todo fue que Renata estuvo de acuerdo con él en todo. Yo comencé a molestarme porque pensé que sus consejos serían, no sé, referentes al maquillaje, o a la calidad de los disfraces, y ahora estaba escuchando todo tipo de estupideces como “Haz la versión sexy del personaje” o “Considera incrementar el escote, y vestir prendas que sean una o dos tallas más pequeñas”. Sí, obviamente mi chica tendría mucha más atención sobre ella si hiciera eso, pero, ¿Dónde queda la apreciación por un disfraz hecho manualmente? ¿Por qué no evaluar lo fiel que un cosplay es comparado con un personaje? A medida que Renata lo seguía escuchando, más de acuerdo parecía estar con él.

No quería arruinar la plática, pero la verdad es que estaba molesto con lo que estaba escuchando. Me excusé y me dirigí al sanitario. Necesitaba echarme agua al rostro para calmarme un poco. Si esta conversación fuera en cualquier otro lado, les aseguro que Jan ya hubiera escuchado mi parecer, y yo ya estuviera expresando mi desconcierto con sus puntos de vista. El tipo es un cosplayer reconocido, debería estar usando su plataforma para dar mensajes de tolerancia e inclusión, no promover la misoginia de esa manera. No todo mundo está hambreado por atención y dinero. En cuanto regresé a la habitación, Renata estaba en los brazos de Jan y se estaban besando. Me congelé por unos instantes sin saber como reaccionar, o si debería de decir algo.

Jan había comenzado a abrir la bata de Renata y ella lo dejaba hacer lo que él quisiera. Pareciera como si ambos hubieran querido la misma cosa y no había nadie que los detuviera. Lo más problemático para mí era el pensar que yo no había llegado tan lejos con mi chica, y ahora ella estaba a un paso de que Jan la desnudara por completo.

Mirando alrededor del cuarto, vi una silla en la esquina. Sin hacer ruido, me acerqué a la silla y tomé asiento. Sí, ya sé, cualquier otro hombre se hubiera marchado de ahí, o hubiera hecho un espectáculo. Pero ya he dicho muchas veces que yo soy mejor que eso, yo tenía que estar ahí, cuidar y apoyar a Renata, y eso fue lo que terminé haciendo.

Renata también tenía sus manos ocupadas, ya le había quitado la camisa a Jan y estaba acariciando su bien trabajado torso. Yo podía escuchar los suspiros y los sonidos húmedos de sus besos. Renata y yo nos habíamos besado varias veces, eran besos inocentes, pero honestos, sin embargo, me sorprendí de ver la clase de besos que se estaban dando frente a mí. Seguramente Jan era el responsable de eso de alguna forma, ya que mi chica deslizaba su lengua contra la suya y hasta se dejaba morder por él. Sus ojos no dejaba de mirar los de Jan, y pude adivinar que los deseos del cosplayer habían sido perversos y lujuriosos desde que nos acercamos a él hacía apenas unas horas.

Jan finalmente le quitó la bata a Renata, ella se veía preciosa. No es por objetificar a mi propia novia, pero entendí el porqué Jan estaba haciendo lo que estaba haciendo con ella. Sus senos eran grandes, llenos, se veían pesados. Eran hipnotizantes, y lo mejor es que unos pezones rosas posaban como una corona a algo que ya era perfecto para mí. El cosplayer no perdió la oportunidad y comenzó a besarlos y lamerlos, Renata dejó que hiciera lo que quisiera. En ese momento, mis ojos se encontraron con los de ella, su mirada era, no sé. Diferente, muy intensa, ardiente, quizás. Ella tomó la cabeza del cosplayer y jugó con su cabello sin dejar de verme.

Yo entendí que esa era su manera de involucrarme, de hacerme parte de lo que estaba pasando. Yo estaba decidido a estar con ella en todo momento y a cuidarla de la mejor manera también, y esa era su forma de reconocerlo, y de agradecerme. No podía ser otra cosa.

Un gemido profundo rompió la concentración de mi chica. Jan había mordido sus pezones y tenía sus manos sobre las nalgas de Renata. Años de practicar la natación y la gimnasia la habían dejado con un físico envidiable, con un cuerpo hermoso, con curvas perfectas. Y el cosplayer lo estaba disfrutando al máximo. Renata finalmente perdió la paciencia y comenzó a desabrochar el pantalón de Jan. Lo hacía con movimientos rápidos y desesperados. Seguramente, lo que ella quería era terminar con todo esto lo más pronto posible para que ella y yo por fin pudiéramos tener un par de horas para nosotros. Cuando mi chica finalmente le bajó los pantalones a Jan, suspiró por sorpresa, y después de unos segundos, sonrió con malicia. Era claro que no esperaba que la verga del cosplayer se viera de esa manera.

No era nada especial, ¿De acuerdo? Era una cosa grotesca, bastante grande, venosa, y estaba hasta pulsando. Digo, la mía no se ve de esa manera, porque soy un hombre normal. Seguramente Jan estaba tomando algún tipo de droga y esos eran los resultados. Algo que era demasiado grande, estorboso, y completamente horrendo. Para mi sorpresa, sin embargo, Renata comenzó a menearla mientras veía a Jan a los ojos. Era como si estuviese hipnotizada. El cosplayer sonreía, dejándola hacer lo que ella quisiera. Sus suaves manos lo estaban tocando de forma directa. Mientras que con su mano derecha meneaba ese falo grotesco, con su mano izquierda, ella sobaba sus pesadas bolas.

Ese había sido otro “consejo” que Jan le había dado a mi chica, la depilación. Su excusa había sido que había muchos trajes que eran más ajustados que otros, y la depilación hacía las cosas más sencillas. Por ende, este tipo se había depilado completamente. No sé si eso dice más de su vanidad, o de su higiene. Para mi sorpresa, Renata también estaba completamente depilada. No soy nadie para juzgar sus hábitos de limpieza, quizás era una costumbre que ya tenía, aunque a una parte de mí le gustaría pensar que ella lo había hecho por mí.

Renata se mordió el labio inferior, sus movimientos no habían disminuido, y ella alternaba entre ver a Jan a los ojos, y ver a su verga. Finalmente, el cosplayer sonrió y con toda naturalidad hizo una vulgar pregunta. “¿Y si le das un besito o dos?” Él sonaba arrogante y prepotente, cualquier chica lo hubiera mandado a volar, pero Renata simplemente sonrió mientras se inclinaba hacia adelante. El gemido de satisfacción de Jan no tardó en llegar, y con él, los sonidos obscenos que mi chica hacía mientras mamaba ese miembro. Por supuesto que ella lo hacía como una chica experimentada, ella ya había perdido su virginidad después de todo, y había tenido novios también. Pero una cosa era imaginar de lo que Renata podía ser capaz, y otra muy diferente era verlo en vivo.

La cabeza de mi chica comenzó a moverse más rápido, Jan le puso su mano en su cabeza mientras gemía una vez más. “Así, chiquilla… Sigue así, lo haces de maravilla…” Sus palabras parecían alentar a Renata cada vez más, sus movimientos eran rápidos, pero también más intensos. Los gemidos de Jan se convirtieron en quejidos, y en un momento, él hizo que ella se sacara su verga de la boca y la besó lenta y lujuriosamente.

“Te quiero coger” Él le dijo de forma directa, sin tapujos, y sin consideraciones. ¿De dónde saca este tipo que así se le tiene que hablar a una dama? Por más intensa que sea la situación, él debería de ser un poco más considerado y de tener el mínimo tacto. Renata estaba sonrojada, más que eso, yo diría que hasta avergonzada al no saber exactamente que decir a eso. Me volteó a ver, ¿Estaba buscando mi consentimiento? Solo bastaba una palabra suya para definir el rumbo que la noche iba a tomar.

“No te preocupes por tu fotógrafo, se puede quedar para el resto de nuestra plática, si quieres”. Mi corazón dio un vuelco más, y parece que las palabras de Jan tuvieron un efecto inmediato en Renata, quien comenzó a besarlo de nuevo, acercándose a él cada vez más. Yo me alarmé, porque finalmente entendí que ella no me estaba pidiendo consentimiento alguno, la decisión ya había sido tomada, pero no me tomó mucho entender lo que iba a pasar.

Me levanté de la silla de inmediato y me dirigí a toda velocidad a mi habitación. Desesperadamente, me puse a buscar entre mis cosas hasta que encontré la caja de preservativos que había comprado. Era la misma que me había llevado pensando que este fin de semana sería para Renata y para mí nada más. Regresé a la habitación de Renata justo a tiempo, ya que el tipo ese estaba a punto de montar a mi chica. Sin decir nada, tomé un preservativo de la caja y se lo ofrecí.

El cosplayer me vio con incredulidad, después sonrió y tomó el preservativo, volteando a ver a mi chica. “Vaya, tu fotógrafo sí que te tiene bien cuidada…” Renata volteó a verme, su rostro solo reflejaba la lujuria y el deseo que estaba experimentando en ese momento. ¿Me estaba agradeciendo? O quizás era un reproche. Yo tenía la esperanza que ella entendiera por qué había hecho eso, era para minimizar riesgos, no solamente un embarazo no deseado, ya que nadie sabe con cuantas personas Jan se ha involucrado, lo último que Renata necesitaba era alguna infección o enfermedad que arruinara su vida.

“Pónmelo” Me sorprendí de nuevo al escuchar a Jan dirigirse a Renata de esa manera. Él ya había sacado el preservativo del envoltorio, y lo puso frente a mi chica. Con una sonrisa pícara, ella lo tomó y se acercó a Jan. “Con tu boquita” Con una risita, Renata lo miró a los ojos, poniéndose el preservativo en su boca, y lentamente deslizando el miembro de Jan. ¿Acaso era algo que ya había hecho ella? Me costaba pensar que ella ya hubiera hecho algo así de grotesco, pero la habilidad con lo que lo estaba haciendo dejó muy poco espacio para dudar. Se escuchó el sonido de una nalgada, Jan ya tenía el preservativo puesto. “Date la vuelta” Con una pícara sonrisa, mi chica hizo lo que el cosplayer le pidió, incluso levantó sus caderas y bajó su cabeza. Todo pasó solo en unos segundos, Jan toqueteó el culo de Renata con su verga, y después, sin avisar, y sin tener consideración alguna, la penetró de golpe.

El grito de mi chica me alarmó, ¿La estaba lastimando este tipo? Pero segundos después, el grito de incomodidad se transformó en una serie de gemidos que iban incrementando su sonido poco a poco. Jan jaló el cabello de mi chica, quien pareció disfrutar ese gesto agresivo, e incrementó la velocidad de sus embestidas. Los gemidos se hicieron más frecuentes y más intensos, incluso llegué a temer que alguien reportara la habitación por exceso de ruido. Pero eso no pasó.

“¡Me vengo!” Mi chica finalmente gimió, sus palabras solo envalentonaron al cosplayer quien la seguía embistiendo desde atrás. “¡Córrete en mi verga, pinche putita!” Esas palabras soeces me hicieron enfurecer, incluso me levanté de la silla, pero al ver como Renata reaccionaba, me controlé de último momento, quizás era por la situación, o el calor del momento, pero incluso los movimientos de mi chica se hicieron más frenéticos. “¡Sí!” Ella chilló al llegar su orgasmo, sus espasmos fueron tan intensos, que provocó que Jan también se vaciara en el preservativo. “¡No mames!” Pude ver la musculatura del cosplayer tensarse por completo, su espalda se había arqueado, y su última embestida había sido la más fuerte. Segundos después, él caía rendido junto a mi chica.

En ese momento fue difícil para mí procesar lo que estaba pasando frente a mis ojos. Esto no era lo que yo tenía planeado, ni siquiera lo que había pensado que iba a suceder en lo absoluto. Se suponía que iba a ser el fin de semana perfecto para Renata y para mí. Algo de cosplay, un poco de exploración en la convención, tomarse unas fotos, y después, pasar un par de noches románticas juntos, sin que nadie nos interrumpiera. Pero en lugar de eso, mi chica estaba tendida en la cama, boca abajo, rendida ante los embates de Jan Soto. Por su cuenta, Jan estaba todo sudoroso y estaba recuperándose. Con una arrogante sonrisa, se quitó el condón, lo ató, y lo dejó frente a mi chica. “Para que me recuerdes, mamacita” Renata simplemente sonrió, incapaz de decir algo. Después de vestirse, Jan se acercó a mí y me tendió la mano. “Renata ya tiene mi información de contacto por sí… Por si quiere hacer alguna colaboración en el futuro, o si quiere… Ya sabes, que nos juntemos para otra plática como esta, ahí nos vemos”.

Estreché su mano a regañadientes, y después de que el cosplayer se fuera, puse el seguro a la puerta y de inmediato me dirigí a Renata. Acariciarle los hombros causó una reacción inesperada, ya que gimió de una manera que no esperaba. Girándose sobre la cama, me vio con una gran sonrisa en sus ojos. Extendiendo sus manos hacia mí, me besó tiernamente. No como había besado a Jan, y aunque aún tenía su esencia en ella, no me importó. Ese era un beso de amor verdadero, no un beso lujurioso y húmedo. “Gracias, Migue” Sus palabras me arrancaron una sonrisa. Quizás no tendría la noche romántica que yo hubiera querido, pero al final de cuentas, yo podría decir que pasé la noche con Renata, incluso si solo habíamos dormido.

Al día siguiente, Renata insistió en participar en la convención una vez más. ¿Y por qué no? A eso habíamos venido, ¿Cierto? Esta vez no se vistió de Cammy, ella quería tener variación y diversidad en sus disfraces, esta vez se disfrazó de Tifa Lockhart del afamado juego Final Fantasy VII. Debo decir que con su físico, el disfraz le quedó muy bien. Había pasado gran parte de la mañana haciéndole un par de modificaciones aquí y ahí. Pude darme cuenta de la influencia de Jan, la falda era más corta de lo que yo recordaba, y no estaba usando brasier por debajo del top. “De esta manera, es más fiel al personaje” Esa había sido el razonamiento de mi chica, y digo, ella sabía más que yo acerca del personaje, así que no puse objeción alguna. Después que le hizo los toques finales a la peluca de Tifa, salimos de la habitación y nos integramos a la convención una vez más, yo tomé el rol de fotógrafo de nuevo.

Había muchas más personas que el día anterior, e incluso se había programado un concurso de baile en el cual mi chica se inscribió. No ganó el primer lugar, ni siquiera el segundo, pero para haber participado por primera vez, un tercer lugar no era nada despreciable. Su participación también atrajo a un montón de personas que quisieron tomarse fotos con ella. Todo iba a excelente, había hecho muchos contactos nuevos también.

Cuando salimos a comer, ella no podía disimular lo emocionada que estaba y lo bien que se lo estaba pasando. El tercer lugar del concurso de baile le concedió un modesto premio en efectivo, así como mercancía del evento. Ella estaba muy agradecida conmigo por haber hecho el viaje posible. La verdad, era muy difícil que no me sintiera bien al escuchar sus palabras, en lo que a mí concernía, la única validación que yo necesitaba era la de ella.

Seguimos explorando la convención hasta que comenzó a anochecer, justo cuando íbamos a irnos de regreso a nuestras habitaciones, nos encontramos con otro cosplayer. “¡Hey, Tifa! Me alegra verte, ¿Has visto a Cloud?” El cosplay en sí, era el de Barret Wallace, también de Final Fantasy VII, pero el cosplayer era mayor, aunque supongo que tiene sentido, ya que Barret, en el juego, es mayor que Tifa. El cosplay era de muy buena calidad, los pantalones, las botas, el chaleco, hasta la utilería para el brazo del personaje eran geniales. Y para crédito del cosplayer, su voz era lo que esperabas escuchar del personaje.

Renata no tardó en pedirme que le tomara algunas fotos con Barret, y una vez más, Barret aprovechó las circunstancias para tocar a mi chica entre foto y foto. Sin embargo, esta vez Renata no sintió la necesidad de pedirme que me alejara, o de mentir acerca de no traer su teléfono con ella. Mi alivio se evaporó cuando ella me dijo con una sonrisa que Barret nos iba a acompañar de regreso a nuestras habitaciones.

No recuerdo el nombre del tipo, no vale la pena recordarlo. Pero a diferencia de Jan, este tipo era más descarado y parecía importarle poco si mi chica lo descubría mirándole el culo o las tetas de forma desvergonzada. También noté que esta vez no estaba la excusa de “la plática” y “los consejos” de un cosplayer profesional a una cosplayer que acababa de empezar en la industria. Ellos dos caminaron por delante de mí y hablaban animadamente entre ellos. Yo me adelanté para abrir la puerta, al verlos de nuevo, Barret ya había decidido dejar de perder el tiempo, estaba acariciando las nalgas de mi chica de forma descarada, y ella, lejos de molestarse, parecía más emocionada que nada.

Al entrar a la habitación, todas las pretensiones salieron por la ventana, Barret abrazó y cargó a mi chica mientras la besaba, ella puso sus brazos alrededor de sus hombros, y sus piernas alrededor de su torso. La ropa comenzó a volar, y ambos estaban semidesnudos para cuando llegaron a la cama.

Por increíble que parezca, Barret me hacía extrañar a Jan. Sí, el tipo es arrogante, y no tuvo consideraciones para con mi chica, pero Barret era muchísimo peor. Al igual que Jan, Barret tenía su cuerpo trabajado, pero a diferencia del cosplayer profesional, el cuerpo de Barret no era de gimnasio, el tipo estaba acostumbrado al trabajo duro, de la misma manera que el Barret original. Mi chica gimió cuando él forzó un beso y sus manos se apoderaron de su culo. Emocionada, ella se quitó el pequeño top que llevaba, para el deleite de Barret. “Ya era hora de ver a las chicas en acción” Después de unos segundos, él me miró, y después miró a Renata. “¿Qué te parece si jugamos un juego?” Renata estaba completamente extasiada, sin pensarlo, dijo que sí. Claro que a mí no se me dio la oportunidad de aceptar o rechazar la oferta.

“Bien, el juego es un juego de rol… Yo soy Barret, tú eres Tifa, y estás esperando a que llegue Cloud de una misión. Pero como se está tardando, pues…” Antes de que el tipo pudiera completar la oración, mi chica asintió como si se tratara de la mejor idea del mundo. ¿En serio? Un juego de rol basado en otro juego de rol parece la idea menos creativa que yo hubiese escuchado, pero después me recordé a mí mismo, no importa lo que yo pensara, era lo que Renata quería, y si ella quería que Tifa y Barret jugaran, entonces no había nada que yo pudiera hacer o decir.

Ella de inmediato se puso en su papel. “Barret, ¡No! ¿Qué estás haciendo? Cloud puede llegar en cualquier momento” Con una sonrisa en su rostro, Barret continuó. “Vamos, Tifa… Te la pasas usando esas faldas tan cortas, con ese top tan pequeño, y sin nada por debajo. ¿De verdad crees que iba a aguantar mucho?” Al decir eso, él comenzó a besar el cuello de mi chica, un gemido salió de su boca. “Barret… No… ¡No podemos! Cloud es tu amigo” Barret sonrió de una forma arrogante, juraría que había volteado a verme a mí. “Es mi amigo, sí, pero también deja a su chica ardiente sola, eso no es justo para ti, Tifa… Vamos, déjame hacerte feliz, déjame mostrar como un hombre de verdad toma cargo”.

Las protestas de “Tifa” comenzaron a disminuir a medida que Barret tomaba cargo. La besaba, la manoseaba, y terminó de quitarle el par de prendas que aún tenía puestas. Sin perder el tiempo, ella hizo lo mismo, y al momento de desabrocharle los pantalones, se dio cuenta del tremendo bulto que el bóxer de Barret estaba ocultando. Al notar su silencio, Barret sonrió de forma arrogante una vez más. “Vamos, Tifa, ¿Me vas a decir que Cloud tiene algo así de grande?” Renata tragó saliva, y nerviosamente me volteó a ver por unos instantes, antes de ver el bulto de Barret una vez más. “P-pues la verdad es que… No” Barret se rio burlonamente. “Bueno, ¿Por qué no abres tu regalo? De seguro te va a gustar”.

Renata no desperdició un segundo más, y con un movimiento rápido, bajó el bóxer de Barret. Esa verga negra y peluda estaba semi erecta, y era más grande que la de Jan. Esta vez, ella no dudó ni esperó, le puso las manos a la verga de Barret e incluso le comenzó a dar besos, haciendo que poco a poco se endureciera. “Veo que Cloud te tiene desesperada por sexo, no te preocupes, Tifa, te voy a dejar tan llena de verga, que te irás a la cama feliz”.

Mientras Renata le besaba y lamía las bolas a Barret, yo tenía dificultades el reconciliar lo que estaba pasando frente a mis ojos, y lo que sentía por Renata. No tenía duda que mis sentimientos hacia ella eran genuinos, y yo sabía que me quería también. Pero con Barret, ya eran dos hombres los que se la llevaban a la cama antes que yo pudiera tener la oportunidad. Era algo que nunca me había pedido, y yo no iba a insinuar nada hasta que ella me dijera que era lo que quería. Forzar a una mujer a hacer algo que no quiera hacer, rara vez termina en algo bueno. Y a pesar de lo que dicen, ser espontáneo como hombre no siempre da buenos resultados, así que lo mejor es esperar por su consentimiento. O eso era lo que yo pensaba.

A medida que mi chica lamía sus bolas, Barret se jalaba su verga, era una cosa exagerada, ni de lejos comparado con lo que yo tengo, pero Renata parecía estar hipnotizada por lo que estaba viendo, sintiendo, besando, y oliendo. “Ven, Tifa, te voy a enseñar a domar un chocobo salvaje” No entendí bien a lo que se refería, pero cuando vi que estaba jalando a mi chica hacia su regazo, de inmediato intervine. Un preservativo más, con movimientos temblorosos, se lo presenté a Barret. Volteando a ver a mi chica, ella simplemente le sonrió “Sin globito no hay fiesta” Barret se rio y sacudió la cabeza, tomando unos segundos para ponerse el preservativo. “Ahora sí, puta, ven para acá, le vamos a enseñar a Cloud como se coge de verdad”.

Con un poco más de emoción de lo que yo hubiera querido ver, mi chica se sentó a horcajadas en el regazo de Barret, su verga violentamente penetrando la vagina de Renata. La reacción de mi chica no se hizo esperar: Una mezcla entre dolor y placer. Y, mostrando una carencia de consideración que es tan prevalente en los llamados “machos alfa”, Barret simplemente se concentró en su propio placer. Sus manos exploraron el culo de mi chica, separando sus glúteos mientras que enterraba su verga cada vez más.

Renata se abrazó de él como pudo, para su mayor sorpresa y placer, Barret se levantó de la cama, todavía cargando a mi chica, y comenzó a bombearla de pie. Ella no pudo procesar el tipo de placer que estaba experimentando, y más considerando que este tipo la nalgueaba a cada rato. Los gemidos de mi chica se hicieron guturales, Barret forzó un beso una vez más, aunque no se sintió tan forzado como el primero. Renata alcanzó su orgasmo en segundos, y con quejidos y gruñidos, Barret hizo lo propio.

Parecía que esa visita estaba por terminar. Al menos era una bendición discreta, eso me daría tiempo de consentir y cuidar a mi chica. Pero para mi sorpresa, Barret siguió besándola, y Renata contestaba el lujurioso gesto sin problemas. Ella misma le quitó el condón y lo ató, mirándome con una sonrisa burlona, Barret me dirigió la palabra. “Date prisa, “Cloud”, otro condón, o de lo contrario no me hago responsable de lo que pueda pasar”.

El tono burlón fue más hiriente que sus acciones, y me desconcertó el ver la reacción de mi chica: Burla y lujuria. Pero no me quedó otra alternativa más que obedecer. La noche se llenó de gemidos, gruñidos, y quejidos. Y yo lo presencié todo. Tenía el mejor asiento, y llegó el punto en el que ya no podía disimular mi excitación. Perdí la cuenta de cuantas veces Renata llegó al orgasmo, y cuantos condones usó Barret. Renata estaba tan fuera de sí, que cuando Barret estaba por alcanzar su último orgasmo, ella le quitó el condón y le jaló la verga de forma frenética, causando que el tipo terminara en su rostro. La sonrisa burlesca no desapareció del rostro de Barret, ni siquiera tuvo la decencia de despedirse, simplemente se vistió, y se fue de la habitación.

Era muy tarde, no recuerdo a qué hora habíamos comenzado, pero apenas estaba por anochecer, y ahora ya era de madrugada. Mi chica estaba exhausta, pero aun así, extendió sus brazos hacia mí y se acurrucó conmigo. Y así, con su carita manchada y su cuerpo exhausto, cayó dormida a mi lado.

Para cuando desperté, mi chica estaba en la ducha, era media mañana. Por un lado, pensé que después de la sesión de la noche anterior, Renata querría pasar el tiempo restante de nuestra estadía en la cama, pero, por otro lado, su fortaleza era innegable. Era algo digno de admirarse, ya que como hombre, seguramente no podría levantarme de haber pasado por lo que mi novia pasó y continuar con mi día como si nada. De pronto, se me ocurrió una idea, mientras Renata se bañaba, yo podría darme una escapada a la convención y comprar algún regalo para ella. Sería la sorpresa perfecta para terminar nuestra estadía. Le dije que simplemente iría a caminar un rato y que volvería pronto. Ella solo me dijo que me tomara mi tiempo, que seguramente pasaría el resto de la mañana en la habitación.

Era el crimen perfecto, ella no lo esperaba, así que tan rápido como pude, me dirigí a donde los vendedores estaban aún ofreciendo sus productos. Pósteres, películas, álbumes de series, artículos autografiados, así como estatuas y figuras de acción. Me tomó cerca de una hora recorrer todos los puestos y encontrar el regalo perfecto: Una estatua de edición limitada de Cammy haciendo la misma pose de victoria que Renata había hecho con Jan. Era un poco más cara de lo que yo tenía anticipado, pero mi chica valía todo sacrificio que yo pudiera hacer. Me las arreglé incluso para ponerla en una bolsa que se veía de lo más disimulado. Pondría la estatua en mi mochila, y ya cuando llegáramos a casa, le daría el regalo a Renata. Como dije, el crimen perfecto.

Decidí que la mejor manera de ser disimulado era continuar con la rutina normal. Llegué a la puerta de la habitación de Renata, pero estaba cerrada con llave y seguro. Fruncí el ceño, porque mientras yo cerré la puerta cerrada con llave, el seguro solo se puede poner desde adentro. No era problema, como nuestras habitaciones se comunicaban, simplemente entraría a la mía y de ahí iría a su habitación. Eso hacía las cosas más sencillas para mí, no había riesgo de que Renata me viera con la bolsa e hiciera preguntas incómodas. Después de guardar la bolsa en mi mochila, me dirigí a la puerta que comunicaba mi habitación con la de ella, y para mi sorpresa, también tenía puesto el seguro.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza dentro de mi pecho, porque pensé lo peor. Renata se encerró por accidente en su habitación, ¿Y si algo le pasaba? ¿Y si necesitaba mi ayuda? Toqué a la puerta varias veces, pero no había respuesta. Pero al poner el oído a la puerta, pude escucharlo: Gemidos, gruñidos, y el sonido del sube y baja de la cama. Toqué a la puerta una vez más, pero lo único que escuché fueron más gemidos. Desde luego que no iba a hacer un escándalo, y tampoco iba a llamar a la administración para que abrieran la puerta, no iba a humillar a mi chica de esa manera. Solo que pensé que yo estaría presente para cuidarla.

De pronto, algo me llamó la atención en el piso alfombrado: La caja de preservativos. Estaba completamente vacía, Renata seguramente debe haber decidido usarlos todos. No es como si hubieran quedado muchos, después de la visita de Barret.

Me senté en el piso, junto a la puerta, afinando mi oído lo más que pude para no perder detalle de lo que estaba pasando, mientras me imaginaba el resto. Después de unos minutos, no solo mi chica seguía gimiendo, sino que ahora, hasta suplicaba. Al principio, pensé que mi mente me estaba jugando una broma, pero escuchando con cuidado, pude escucharlo más claro.

“¡Más duro! ¡Cógeme más duro! ¡Hazme venir!” Mi erección fue inmediata y dolorosa, pero también fue muy placentera. El ruido de la cama se hizo más fuerte, así como los gemidos de mi chica. “¡Así! ¡Así! ¡Justo ahí!”. No quería hacerlo, juro que no tenía la menor intención de degradarme de esa manera, pero pudo más mi primitiva forma de pensar de hombre que otra cosa. Me desabroché mis pantalones y comencé a tocarme mientras alguien más se cogía a mi novia. Lo único que nos separaba era una puerta, y la única frustración que yo sentía era no poder ver con mis propios ojos lo que estaba pasando.

La imaginación es una herramienta poderosa, créanme que sé eso muy bien, pero nada se iguala a la realidad. Pero me puse a pensar, ¿Cómo reaccionaría mi chica si me viera masturbarme de esta manera? Seguramente sabe que todos los hombres nos masturbamos con frecuencia, y existía la confianza entre ella y yo como para decirnos estas cosas, pero lo último que yo quería es que ella pensara que yo era un pervertido o degenerado.

“¡Dame tu pito! ¡Ya, ya, rápido, dámelo! ¡Quiero mamarlo!” Escucharla hablar de esa manera tan baja y vulgar fue, para vergüenza mía, lo que hizo que me masturbara lo más fuerte posible, Renata era una chica propia, linda, generosa también, de muchas amigas y amigos, lo que yo estaba escuchando no era ella, esa no podía ser ella. Es como si mi chica tuviera una vida secreta la cual yo apenas estaba descubriendo.

En cuestión de minutos, yo me había venido, manchando mi mano y mi dignidad. Tomó cerca de una hora para que el ruido en la habitación de Renata cesara. Momentos después, escuché la puerta de su habitación abrirse y cerrarse. Tomé mi oportunidad y salí de mi habitación para poder entrar en la de ella. La cama era un desastre, su ropa estaba en el piso, y sí, en la mesita de noche estaban tres condones usados y atados. El sonido de la regadera me hizo entender que Renata ya había terminado con lo que sea que había hecho, y se estaba preparando para irnos. A final de cuentas, el que se llevó la sorpresa inesperada fui yo.

Comimos juntos, y ella actuaba como si nada. Igual de linda y amorosa conmigo, igual de atenta y sonriente. Cuando llegamos de regreso a casa, unas tres horas después, encaminé a Renata a su casa, y ahí le entregué la estatua, ella se emocionó, me abrazó, me besó, y me llamó el mejor novio del mundo, instantes antes de que se despidiera y entrara a su casa.

¿Y saben qué? Así es como se tiene que manejar una relación, con entendimiento, con compromiso, con comunicación y con mucho amor. Así es como hacemos las cosas Renata y yo. Yo estoy ahí para ella, y ella siempre está ahí para mí. Y eso lo seguiría viendo, y viviendo, por mucho tiempo más.