Toneta: ¿Trabajo o infedelidad? - 2
Juanma solo quería grabar un video. Pero cuando vio a su novia entregarse al placer con otro hombre, la cámara dejó de ser una herramienta y se convirtió en un espejo de sus propios deseos más oscuros. ¿Podrá él soportar verla feliz con otro, o el celos lo consumirá?
El sol de la tarde se cernía sobre Sevilla, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. Marta ajustó el tirante de su pequeña falda negra, que apenas cubría el nacimiento de sus muslos, con un hilo de tanga asomando como una promesa. Las botas negras de tacón bajo ceñían sus tobillos, y la camiseta escotada se estiraba sobre su pecho firme, sin sujetador, dejando adivinar la curva perfecta de sus senos. Juanma observaba, una punzada familiar de orgullo y nerviosismo revolviéndose en su estómago.
«¿Estás lista?» Su voz sonó un poco más áspera de lo que pretendía.
Marta se giró, su larga melena morena ondeando. «Siempre. ¿Y tú? ¿Has cargado las baterías de la cámara?» Una sonrisa pícara iluminó su rostro.
«Por supuesto.» Juanma palmeó la mochila donde guardaba el equipo. «Raúl dijo que nos esperaba en la entrada del hotel.»
Bajaron a la recepción, el aire acondicionado un alivio contra el calor sevillano. Raúl ya estaba allí, un muro de músculo tatuado apoyado contra una columna. Su sonrisa era amplia, sus ojos oscuros brillaban con anticipación.
«¡Guapos! ¿Listos para la segunda parte?» La voz de Raúl era profunda, con un acento sevillano marcado.
«Deseando, compi,» Marta respondió, extendiendo los brazos para un abrazo.
Raúl la envolvió, sus manos grandes rozando su espalda baja. Juanma notó la facilidad con la que se movían juntos, una química que no tardó en formarse entre ellos.
«El sitio que os decía es una pasada. Nadie molesta, vistas increíbles. La luz al atardecer será magia pura.» Raúl se separó de Marta, con sus ojos encontrándose con los de Juanma. «¿Traéis el equipo? He pensado en un par de tomas que os van a encantar.»
«Todo listo,» Juanma afirmó, asintiendo.
Subieron al coche de Raúl, un SUV espacioso. El viaje fue corto, serpenteando por calles estrechas antes de ascender por una colina que se abría a una vista panorámica de la ciudad. El Guadalquivir brillaba como una cinta de plata bajo el sol poniente.
«Aquí es,» Raúl anunció, apagando el motor. El silencio se instaló, roto solo por el murmullo lejano de la ciudad.
Marta salió del coche, estirándose, sus caderas balanceándose con un ritmo natural. «Impresionante, Raúl. Tenías razón.»
Juanma sacó la cámara y el trípode del maletero. «¿Dónde crees que sería mejor la luz?»
Raúl se acercó a Marta, con sus ojos recorriendo su figura. «Podemos empezar con el coche. Unas tomas en el capó, luego dentro. La falda te queda de vicio, Marta. Ese tanga… este vídeo va a ser un éxito.»
Marta se rió, un sonido ligero y juguetón. «Para eso estamos, ¿no?»
«Exacto,» Raúl se volvió hacia Juanma. «He estado pensando en la secuencia. En muchos rodajes, para asegurar la continuidad, a veces grabamos primero la eyaculación. Así, si luego la cosa se alarga y hay que unir varias posturas, parece todo del mismo polvo. La magia del montaje, ¿sabes?»
Juanma parpadeó. Era una lógica aplastante, pero la idea de ver a su novia llevando a Raúl al clímax antes de que la "acción principal" comenzara, le revolvió el estómago de una forma extraña. «Claro, sí… tiene sentido.»
Marta, ajena a la lucha interna de Juanma, ya se había inclinado sobre el capó del coche, sus manos apoyadas en la chapa tibia.
«¿Cómo quieres que empiece, entonces?»
«Ven aquí, nena.» Raúl la tomó de la cintura, sus pulgares estaban rozando la piel expuesta de su cadera. «Vamos a hacerlo sensual, provocador. La falda arriba, que se vea bien ese culito.»
Juanma ajustó el trípode, con su mente tratando de enfocarse en la composición, en la luz. El sol caía rápido, cada minuto era oro.
Marta se inclinó más, su espalda arqueada, el culo lo tenía levantado y el tanga de hilo negro casi desapareciendo entre sus nalgas firmes. Raúl se arrodilló frente a ella, su mirada fija en el espacio entre sus muslos.
«Juanma, ¿estás grabando?» La voz de Marta sonó un poco más grave, ya metida en el personaje.
«Sí, sí. Estoy grabando.» La voz de Juanma era tensa, sus dedos apretando los botones de la cámara.
Raúl le dedicó una última mirada a Juanma, una especie de sonrisa cómplice que hizo que a Juanma se le encogiera el estómago. Luego, sin más preámbulos, se agachó y besó el muslo interno de Marta, su lengua trazó una línea húmeda hacia arriba.
Marta gimió, un sonido gutural que Juanma reconoció al instante, pero que ahora estaba dirigido a otro hombre. Raúl subió la falda un poco más, revelando la entrada de su vagina, ya húmeda y brillante. El hilo del tanga se deslizó a un lado con la punta de su lengua.
«Joder, Marta…» La voz de Raúl se ahogó, su rostro ya enterrado entre sus piernas.
Juanma apretó los dientes, manteniendo el encuadre. La imagen en la pantalla de la cámara era clara, demasiado clara. Veía la cabeza de Raúl moviéndose, su boca trabajando. Escuchaba los gemidos de Marta, cada vez más fuertes, más desesperados.
«Ah… mmm… sí…» Marta se arqueó, sus dedos aferrándose al capó. Su cuerpo se tensaba y relajaba con cada embestida de la lengua de Raúl.
Juanma sintió un calor subir por su cuello. Era su novia, su Marta, y estaba disfrutando de una forma que rara vez había visto, y con otro. Una extraña mezcla de celos y excitación se apoderó de él.
Raúl levantó la cabeza un instante, el mentón goteando saliva, sus ojos oscuros fijos en los de Marta. «Estás increíble, nena. Vas a hacer que me corra en tu boca.»
Marta jadeó, su respiración entrecortada. «Hazlo… hazlo ya…»
Raúl obedeció, su lengua y labios trabajando con una precisión devastadora. Sus dedos se abrieron paso entre sus nalgas, acariciando su ano, añadiendo otra capa de placer a la mezcla. Marta se retorció, su espalda arqueada, su piercing del ombligo brillando bajo la luz del atardecer.
«¡Ah! ¡Dios! ¡Raúl! ¡Sí!» Su voz se quebró en un grito, y en ese mismo instante, Raúl se levantó de golpe, con su pene ya erecto y pulsante, su punta brillante con el líquido preseminal.
Marta, con los ojos cerrados, apenas consciente, se tambaleó. Raúl la sostuvo, y en un movimiento fluido, la giró, la apoyó contra el coche y se arrodilló de nuevo. Su polla, dura y gruesa, se presentó ante su rostro.
«Ábrela, nena. Ábrela y trágatelo todo.» La voz de Raúl era un ronroneo profundo.
Marta abrió la boca, sus labios temblaron ligeramente. Raúl la guio, metiendo la punta de su pene en su boca. Ella lo tomó con una lentitud que a Juanma le pareció una eternidad, sus labios rodeando el glande, su lengua lamiendo la cabeza.
Juanma sentía un nudo en el estómago. La escena era tan cruda, tan real. Era su novia, tragando la polla de otro hombre. Una ola de calor le recorrió el cuerpo, mezclando la rabia con una excitación innegable.
Raúl empujó más, su pene deslizándose más profundo en la boca de Marta. Ella gemía, sus ojos llorosos, asfixiándose un poco con el tamaño. Su garganta se contraía, pero ella seguía.
«¡Más! ¡Traga más!» Raúl gruñó, sus caderas empujando con un ritmo imparable.
Marta obedeció, su cabeza moviéndose arriba y abajo, su boca trabajando la polla de Raúl. Juanma escuchaba los sonidos húmedos, el *shlick shlick* de la polla entrando y saliendo de su boca, los gemidos ahogados de Marta.
De repente, Raúl se tensó, un gruñido gutural escapó de su garganta. Su cuerpo se sacudió. «¡Ah! ¡Mierda! ¡Me corro!»
Un chorro espeso y blanco brotó de la punta de su pene, llenando la boca de Marta. Ella lo tragó, sus ojos aún cerrados, su cuerpo temblando. Raúl se quedó quieto un momento, sus caderas aún pegadas a su rostro, su semen aún goteando.
Cuando se separó, Marta tosió un poco, limpiándose los labios con el dorso de la mano, su mirada se encontró con la de Juanma. Había una mezcla de vergüenza y triunfo en sus ojos.
«Joder, eso ha sido… intenso,» dijo Juanma, bajando la cámara por un segundo para ajustar el trípode, tratando de recomponerse.
«Lo ha sido,» Raúl sonrió, limpiándose la punta de su polla con un pañuelo. «¿Qué tal la toma, Juanma? ¿Ha quedado bien?»
«Perfecta,» Juanma respondió, su voz aún un poco ronca.
«Ahora, a la faena de verdad,» Marta dijo, su voz recuperando su tono habitual, aunque con un matiz de satisfacción. «¿Empezamos con ella encima?»
Juanma asintió, su mente ya procesando la siguiente toma, intentando ignorar el nudo en su garganta.
La tarde se convirtió en un torbellino de cuerpos entrelazados, gemidos y el clic constante de la cámara de Juanma. Marta y Raúl se movían con una sincronía asombrosa, cada postura una obra de arte pornográfica.
Empezaron con Marta a horcajadas sobre Raúl en el capó del coche, sus caderas rebotando con cada embestida. La falda se había subido hasta la cintura, y el tanga ya era un recuerdo lejano. Juanma grababa, su lente capturando la expresión de puro placer en el rostro de su novia. El sol se estaba poniendo, tiñendo sus cuerpos de un dorado rojizo.
«¡Más fuerte, Raúl! ¡Vamos!» Marta jadeaba, sus manos aferradas a los hombros musculosos de Raúl.
Los músculos de Raúl se contraían y relajaban bajo la piel tatuada, su pene entrando y saliendo de Marta con una fuerza que hacía temblar el coche. Juanma escuchaba el *shlicking* húmedo de sus cuerpos, el sonido de las nalgas de Marta golpeando los muslos de Raúl.
Luego, cambiaron. Raúl la levantó, la apoyó contra el lateral del coche, sus piernas rodeando su cintura. Él la penetraba de pie, sus cuerpos pegados, la espalda de Marta arqueada contra la chapa. El viento de la tarde acariciaba sus pieles sudorosas.
«¡Así! ¡Así me gusta!» Marta gritaba, su voz mezclada con el gemido profundo de Raúl.
Juanma se movía alrededor, buscando los mejores ángulos, la luz perfecta. Veía la cara de su novia, la boca abierta en un grito silencioso de placer, sus ojos cerrados, su cuerpo entregado por completo. Y, sí, una parte de él se excitaba, un calor creciente en su entrepierna. Pero otra parte, la más profunda, observaba con una punzada de dolor, de celos.
Después, se movieron al interior del coche, los asientos traseros. Marta a cuatro patas, sus caderas ofrecidas a Raúl, quien la penetraba desde atrás. Juanma se las arregló para grabar desde el exterior, la ventana empañada por el calor de sus cuerpos.
«¡Oh, dios mío! ¡Sí! ¡Más profundo!» Marta gritaba, su voz resonando en el espacio cerrado.
Raúl la embestía con una fuerza animal, sus testículos golpeando rítmicamente contra las nalgas de Marta. Juanma imaginaba el sonido, el impacto. Sentía su propia polla endurecerse, dolorosamente tensa dentro de sus pantalones.
Pasaron casi cuarenta minutos, seis o siete posturas diferentes. La falda de Marta estaba arrugada en el suelo del coche, su camiseta desabrochada, revelando más de lo que cubría. Sus cuerpos brillaban con sudor, sus gemidos llenaban el aire.
Juanma, con el hombro dolorido de cargar la cámara, se dio cuenta de que tenía suficiente material, y de sobra.
«¡Vale! ¡Ya tenemos suficiente!» Juanma gritó, su voz un poco tensa. «¡Podéis parar!»
En ese momento, Marta estaba encima de Raúl, a horcajadas, sus pechos rebotando con cada embestida, sus manos entrelazadas con las de él. Ella levantó la cabeza, su pelo pegado a la frente, sus ojos brillantes de placer. Miró a Juanma, su expresión de una pena casi infantil.
«Cariño,» su voz era un jadeo. «Terminamos en un momento y paramos, ¿vale?»
Juanma se quedó inmóvil. Su mente tardó un segundo en procesar lo que había escuchado. Terminamos en un momento. La realidad de la situación le golpeó. Estaban en medio de una sesión de sexo intensa, ambos al borde del colapso, y ella no quería parar.
Una oleada de celos le recorrió el cuerpo, fría y caliente a la vez. Pero luego, vio la urgencia en sus ojos, el deseo crudo que sentía. Entendió que el calentón que debían tener era descomunal, que parar en ese momento sería una tortura.
«Claro,» Juanma dijo, su voz un poco ahogada. «Adelante. No os preocupéis. Yo… yo recojo el equipo.»
Y ahí estuvo su error. Él pensó que serían cinco minutos más, un rápido final.
Marta sonrió, una sonrisa de alivio y gratitud. Se giró hacia Raúl, sus ojos brillando con una determinación renovada. «Tenemos vía libre.»
Raúl le devolvió la sonrisa, sus manos apretando las caderas de Marta. «Pues vamos a darle caña.»
Juanma, con el corazón latiéndole desbocado, empezó a desmontar el trípode, a guardar los objetivos. Intentó concentrarse en la tarea, en el sonido de los cierres de la mochila, pero era imposible. Los gemidos de Marta eran ahora más salvajes, más desinhibidos. Ya no había una cámara grabándolos, solo ellos, perdidos en el placer.
Marta y Raúl empezaron a probar posturas nuevas, más arriesgadas. Se movieron al exterior de nuevo, apoyados contra el capó, las piernas de Marta alrededor de la cintura de Raúl, sus cuerpos formando una silueta perfecta contra el cielo crepuscular. Él la alzaba y la bajaba, la penetraba con una ferocidad que Juanma nunca le había visto con él.
«¡Ah! ¡Mierda! ¡Así! ¡Más!» Marta gritaba, su voz casi un aullido.
Juanma se sentó en el suelo, un poco apartado del coche, sacando su móvil, intentando evadirse con las redes sociales. Pero sus ojos seguían desviándose. No podía evitarlo. Veía las nalgas de Marta rebotando contra la pelvis de Raúl, los músculos de su espalda tensos, el pelo de ella agitándose con cada embestida. Veía la forma en que se miraban, la conexión que se había formado entre ellos, una conexión puramente física, sí, pero innegable.
La excitación de Juanma se mezclaba con una sensación de vacío. Era su novia, siendo poseída por otro hombre, y él lo estaba presenciando. Era lo que habían acordado, lo que él había permitido, pero la realidad era mucho más visceral de lo que había imaginado.
Marta y Raúl se movieron al asiento trasero de nuevo. Juanma escuchaba los sonidos amortiguados, los golpes de los cuerpos, los gemidos cada vez más fuertes. Imaginaba las posturas, la forma en que se entrelazaban, la piel contra la piel.
«¡Me corro! ¡Me corro, Raúl!» El grito de Marta resonó en el coche.
Juanma cerró los ojos, apretando los puños. Sentía su propia erección pulsando, dolorosa. Una mezcla de celos, rabia y una excitación incontrolable le consumía.
Casi media hora después, el silencio se instaló. Un silencio pesado, roto solo por la respiración agitada de Marta y Raúl. Juanma abrió los ojos. Los vio. Marta se estaba arreglando la falda, su pelo revuelto, sus labios hinchados. Raúl, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, se abrochaba los pantalones.
«Uff…» Marta se estiró, sus músculos adoloridos. «Eso ha sido… no tengo palabras.»
Raúl se acercó a Juanma, una mano en su hombro. «Lo siento, tío. Nos hemos pasado un poco. El calentón… ya sabes.»
Juanma asintió, su voz aún no del todo recuperada. «No, no te preocupes. Lo entiendo. Yo… yo habría hecho lo mismo.» Era una mentira piadosa, pero necesaria.
Se dirigieron a un bar cercano, un lugar animado con música flamenca. Pidieron unas cervezas, el frío del vaso un alivio en sus manos. La conversación fluyó, hablando de las tomas, de la química que tenían Marta y Raúl. Juanma intentó parecer relajado, pero por dentro, la imagen de su novia con Raúl se repetía una y otra vez en su mente.
Más tarde, de vuelta en el apartamento de Raúl, ya sin Marta, Juanma se sentó en el sofá, el silencio de la habitación pesado.
«¿Estás bien, Juanma?» Raúl preguntó, un tono de preocupación en su voz.
Juanma suspiró. «Sí. Es… es un poco raro. Verla con otro… aunque sea para el trabajo…»
Marta, más tarde, se acercó a él, sentándose a su lado a solas. Su mano buscó la entrepierna de Juanma, sus dedos rozaron la tela de sus pantalones. Sintió la dureza de su polla.
«¿Raro, cariño?» Marta susurró, sus ojos brillantes. «O… ¿excitante?»
Juanma la miró, sus ojos fijos en los de ella. La confesión salió de sus labios antes de que pudiera detenerla. «Me puse celoso, Marta. Joder, me puse muy celoso. Pero… al mismo tiempo… me excitó. Mucho.»
Marta sonrió, una sonrisa de conocimiento. Su mano apretó la entrepierna de Juanma, sintiendo la polla dura y palpitante bajo su toque.
«Parece que ahora el que va a tener que soportar mis gemidos es Raúl,» bromeó Marta, con su voz baja y seductora. «Soy toda tuya.»
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Si has llegado hasta aquí, GRACIAS por leer el relato. Sé que debo mejorarlos, especialmente en el formato, y en ello estoy mientras voy aprendiendo.Agradecería cualquier tipo de comentario o sugerencias, siempre son bien recibidos.
Todos los relatos están basados o inspirados en historias reales, algunas contadas tal y como ocurrieron y muchas otras adaptando algunas experiencias para darle un aspecto más de relato.
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