Agente inmobiliario
La entrevista no era lo que esperaba. Mientras él intentaba ocultar su excitación bajo la mesa, ella no solo lo vio, sino que decidió convertir la reunión en un juego prohibido donde las reglas laborales se borraban para dar paso al deseo.
Lo que son las cosas, una perdida de trabajo lleva a nuestro amigo Jaime a no solo conseguir otro trabajo, sino que además conocerá a la que será la dueña de sus fantasías.
Hacia 4 meses que había perdido su trabajo, la necesidad de pagar el piso en el que se había metido hacia escasamente 2 años, le apremiaba a conseguir otro trabajo de modo que ahí estaba, en el bar, saboreando un café y haciendo tiempo antes de acudir a una cita que había concertado con una inmobiliaria que buscaba un “AGENTE INMOBILIARIO”.
La agencia inmobiliaria estaba justo enfrente del bar pero todavía le quedaban 20 minutos para la hora concertada, de modo que se dedicó a esperar leyendo el periódico, mirando la tele que se encontraba en una repisa cerca del techo, pero sobre todo contemplando a una estupenda mujer, que sentada en una mesita a unos 3 metros de donde el se encontraba, apuraba un café y leía interesadamente el periódico.
Una minifalda ajustada y una camisa vaporosa escasamente abrochada, bien por descuido bien a propósito, le permitían contemplar buena parte de su cuidada anatomía. Unos 45 años, morena, muy bien arreglada y con muchas joyas (ó bisutería) en manos y muñecas. Con su calenturienta imaginación en ebullición, enseguida empezó a pensar en como sería en la cama, en que tal la sentaría tal o cual ropa interior, etc., Dicho estado de fantaseo mental, le impidió darse cuenta de que ella se había percatado de su interés y le miraba de vez en cuando.
Cuando por fin Jaime se dio cuenta de que ella se había percatado de sus miradas, se ruborizó y apartó su mirada, volviendo a fijarse nuevamente en la televisión, aunque eso si de forma forzada. Cuando faltaban 5 minutos para la hora concertada, pagó su café y al dirigirse a la salida pasó junto a la mesita de la señora y cortésmente le pidió disculpas por su comportamiento anterior y trató de halagarla diciéndola que estaba admirando su belleza, a lo que ella le respondió que no necesitaba disculparse y que para ella era un halago que un hombre se fijase en ella. Se despidieron con una sonrisa y un adiós de complicidad.
Salió nuestro amigo a la calle dando vueltas en la cabeza a lo acaecido en el bar y se encaminó a la inmobiliaria.
Tras presentarse le notificaron que la persona encargada de su entrevista, todavía no había llegado, por lo que se dispuso a esperar en la salita que le indicaron.
No tuvo que esperar ni dos minutos, una voz femenina a su espalda le preguntó si era Jaime, se levantó y al girarse se encontró nuevamente con la morena del bar. Ella con la mano le invitó a entrar en su despacho. Una vez dentro y con la puerta cerrada, el desánimo invadió los pensamientos de Jaime, quien en un intento de limar asperezas, le expresó su esperanza de que el incidente del bar, no fuese un condicionante a la hora de conseguir el trabajo. Ella sonrió y le preguntó:
“¿Podría conocer cuales eran sus pensamientos mientras me observaba tan lujuriosamente?”
A Jaime la entrepierna le dio un brinco dentro del pantalón. ¿Acaso la buena señora estaba buscando además de un vendedor, un hombre que la consolase de vez en cuando? Comenzó con el relato, expresando que “se la había imaginado sentada en un sofá enfrente suyo y con las piernas muy abiertas en clara actitud de provocación y exhibición, dejándole apreciar como no llevaba puestas las bragas y le mostraba directamente la línea vertical de su depilado sexo”.
Ella comprobó con la mirada, que su compañera de inmobiliaria no la podía ver, acto seguido metió sus manos bajo la mesa, después entre sus piernas y ante la asombrada mirada de Jaime que se había quedado callado, se quitó las bragas lentamente y las metió en su bolso. A continuación le pidió que continuase con el relato de sus pensamientos.
A estas alturas Jaime tenía claro el rollo que la señora se traía, de modo que se recostó hacia atrás en la silla y miró bajo la mesa de su entrevistadora la cual abrió sus piernas y agarrando la falda tiró de ella hasta quedar sentada a pelo sobre la silla mostrando a Jaime toda su intimidad.
Jaime con su miembro tieso dentro de su pantalón, dejó volar la imaginación y continuó con su relato, pero esta vez tuteándola:
-“Te imagino apoyada en la mesa con la blusa muy desabrochada y mostrándome tus preciosos pechos colgando delante mío”.
Ella se levantó, abrió la puerta del despacho y se fue al servicio. Regresó apenas 3 minutos más tarde, volviendo a cerrar la puerta tras de sí. Se desabrochó otros tres botones de la camisa y apoyándose en la mesa con las manos, le mostró a nuestro amigo el exagerado escote de su camisa, dentro del cual sus pechos liberados del sujetador, colgaban de forma espectacular.
Jaime ya lanzado continuó con su relato:
-“Te imagino recostada hacia atrás en la silla, tus muslos totalmente separados y yo de rodillas debajo de la mesa, metido entre tus muslos deslizando lentamente mi lengua por todo tu jugosa vulva”.
Ella le paró en seco y le dijo que disimulase la hinchazón que su miembro le producía en el pantalón, seguidamente ella se arregló la ropa y levantándose le dijo que la siguiese. Al pasar junto a su compañera de inmobiliaria, le indicó que le había contratado y que iban a visitar un piso para empezar a trabajar.
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