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Hilda. Una novia complaciente con todos. Parte 1

Hilda sabe exactamente qué miraba el profesor Izan cuando la vio por primera vez. Y aunque lleva un anillo de compromiso en el dedo, no tiene intención de guardarle la fidelidad a su novio esta noche. El baño del bar está vacío, y ella está dispuesta a demostrarle que ya no es la niña de 2017.

Ronald Amundsen6.6K vistas

Me encontraba sentado en el sofá del salón con una copa de vino tinto en la mano preguntándome cómo coño había llegado a esta situación. Mi vida era idílica. Casado con una mujer maravillosa y padre de una hija increíblemente responsable. Sin embargo, seis meses atrás mi mujer decidió que todo había terminado y me pidió que me marchara de casa. Tenía una nueva pareja con pasta y me dió la patada como si fuera basura. Mi gran fortuna es que, gracias a mi trabajo, no tuve problemas en encontrar un pequeño apartamento en el que quedarme a vivir. Aunque con una sola habitación, era bastante acogedor y sus dueños me permitieron decorarlo a mi gusto.

Sin embargo, no conseguía levantar cabeza. Si bien la vuelta al instituto en septiembre había conseguido que me centrase un poco, los ratos de soledad en mi casa se hacían eternos. Caí en el onanismo permanente viendo porno e imágenes de instagram. Salía poco y cada vez me sentía más y más aislado. A mis 45 años me preguntaba qué iba a ser de mi vida.

Estaba tirado cuando sonó el móvil. Miré extrañado porque no conocía el número y, aunque no suelo contestar a desconocidos descolgué:

- ¿Dígame?

- Izan, ¿Eres tú?

- Errrh, sí, ¿Quién eres?

- Soy Jorge, el profe nuevo de Francés del Instituto.

- Ah, sí, buenas. Perdona, es wue no tenía tu número.

- Ya, ya. Es que se lo he pedido a la Dire. Verás, es que soy nuevo rn la ciudad, ya sabes, y al no conocer a nadie he pensado que igual te apetecía tomar una cerveza.

- Bueno... ufff, venga sí, me vendrá bien.

Media hora después estábamos tomando una caña en un bar del varrio, ya que él había alquilado también un piso cerca del mío. Su historia se parecía bastante a la mía, solo que él al pedir nuevo destino le había salido la opción de cambiar de ciudad y se había venido sin pensarlo.

Jorge y yo conectamos en seguido. Teníamos una edad similar, gustos afines y necesitábamos salir de casa, así que nos hicimos inseparables tanto dentro como fuera de casa. Tanto es así que, incluso, comenzamos a salir de marcha por las noches como si fuéramos un par de veinteañeros. Y así bos comportábamos, de hecho. Íbamos de caza aunque a él se le daba mucho mejor que a mí.

La cosa siguió así hasta una noche de viernes de un par de meses después. Estábamos en un bar con varias copas ya en lo alto y, mientras Jorge estaba ya metiéndole la lengua hasta la campanilla a una rubia yo intentaba llevarme algo parecido de su amiga. Tendría unos veinticinco años, con un pelo castaño larguísimo, delgadita pero con un culo redondito más que apetecible, un pecho pequeño pero perfectamente dispuesto y una mirada arrebatadora que te invitaba a sumergirte en sus ojos y hacer cumplir cualquier orden que te diera.

Allí estaba yo pico y pala pensando wue lo tenía medio hecho porque continuamente sonreía con cualquier cosa que le decía hasta que, de repente, no recuerdo que le dije, me espetó:

-Joder, profe Izan, nunca te imaginé así. - Mi cara tuvo que cambiar por completo y mi tono de voz sonó más ronco.

- Perdona, ¿Cómo me has llamado?

- Profe Izan.

- Pero...

- Me parece increíble que no te acuerdes de mí.

- Perdona pero... sinceramente no te ubico.

- Soy Hilda. Me diste clase en el Instituto.

- ¿Cuándo?

- En 2017.

- Hilda... ¿Hilda? Pero... si eras una cría y... joder, estás hecha toda una mujer. No es posible... si eres muy joven

- Tengo ya 25. Y sí, estoy hecha toda una mujer a la que quieres empotrar como a una perra.

- No, a ver, verás...

- No pasa nada. Era una cría y ahora doy una mujer, soy guapa y te he puesto cachondo. No hay problema. Aunque eres un poco mayor para entrándole a yogurines, ¿No crees?

- Bueno, errrh, sí, la verdad es que...

- ¿Ahora te vas a quedar sin palabras? Si lo sé no te digo nada y dejo que me arrastres al coche JAJAJAJAJ

- ¿Es una propuesta en firme?

- JAJAJAJAJA ¡NO! ¿Qué tipo de chica crees que soy?

- Pues.... bueno, perdona. Pero, cuéntame, ¿Qué es de tu vida?

Hilda, sonriente, levantó su mano izquierda mientras sorbía sensualmente de la pajita de su copa, mostrando un anillo con un diamante bastante llamativo.

- ¿Eso es lo que parece?

- Sí, felizmente comprometida. Me caso dentro de un mes.

- Joder, podrías habérmelo dicho sntes.

- ¿Por qué? Si me lo estaba pasando genial.

- ¿Y ya no?

No contestó. Simplemente sonrió y comenzó a bailar a mi alrededor lentamente la canción que acababa de comenzar a sonar.

- ¿Y tú? - Me preguntó después de unos minutos de bailes sensuales y roces eróticos.- ¿No estabas casado? ¿Tu mujer sabe ésto? ¿Vas a ponerle los cuernos con una jovencita? - De reojo vi como la amiga de Hilda y Jorge se marchaban, despidiéndose el con la mano, saliendo del bar. El hijo puta iba a calzársela, sin duda. Volví mi cara hacia Hilda quién, tras morderse el labio, me dijo- Esos dos van a follar. A ver si el madurito aguanta a la puta de la Jessi. Es una devoradora de cuarentones.- No pude más que carcajear.

- Bueno, creo que él será feliz entonces. Que disfruten... - Paré y deje una última frase en el aire.

- ¿Y?- Gesticulé de manera interrogativa

- Ibas a decir algo más.

- No, no... qué va.

- Ya... de todas formas no me has contestado.

- No, mi ex-mujer no lo sabe. Ni tiene por qué saberlo.

- ¿Por eso estás aquí? ¿Para ver si te pinchas a alguna jovencita un poco golfa?

- Pues te diría que no porque está feo... pero la verdad es que llevo tiempo que solo me desahogo conmigo mismo.

Hilda soltó una carcajada mientras acariciaba mi brazo. - Ay, los hombres sois tan previsibles...

Continuamos hablando durante una media hora Hilda preguntaba y preguntaba constantemente sobre mi vida personal y, sobre todo, sexual, hasta que, en un momento dado, me agarró de la mano y me arrastró hasta los servicios de mujeres, empujándome dentro de uno de los cubículos, y lanzándose a comerme la boca totalmente desatada mientras sus brazos rodeaban mi cuello. Antes de que mis manos pudieran acariciar y apretar aquel culito que llevaba calentándome desde que se cruzó en mi camino, Hilda se puso de cuclillas antes mí y, con un desparpajo y una habilidad fuera de lo normal, desabrochó la bragueta de mis vaqueros y sacó mi enhiesta verga sin separar su mirada de mí. Una vez fuera y sujetándola firmemente volvió su vista hacia ella...

- Uhmmm... así me gustan a mí las pollas, gordas y duras por mi culpa... - y le espetó un lametón desde los huevos hasta la punta, volviendo a mirarme a los ojos, sacando la lengua y golpeándose en ella con mi duro cipote.

- Hilda, para... estás prometida... ¿Sabes lo que estás haciendo?

- Ya sabes, yo soy la amiga que cuando estás triste o aburrido te hace una mamada para mejorarte el ánimo...

Y sin darme tiempo a contestar, engulló mi rabo hasta que hizo tope con su garganta, quedando aún una buena porción de carne fuera que ella acarició con su mano izquierda, en donde brillaba el brillante de su anillo de compromiso...

- Hilda... tu novio. Para, recuerda que vas a casarte... no deberías... ufff joder! No deberías serle infiel... arrghhuufff - Hilda me soltó un chupón en la polla que casi me hace derramarme entero, pero supe controlarlo.

- Es solo una mamada. Esto no es infidelidad. Además - engulló y chupó parcialmente mi verga- No me digas que no te apetece una mamada de tu alumna preferida. - Volvió a mamármela. - Porque, además, no vas a reconocerlo, pero yo sé cómo me mirabas. Y sé cómo me has estado mirando desde que me has visto en el bar. Estabas deseando que me pusiera de rodillas y te comiera la polla como una zorra... - otro chupón fuerte...

- aurrrgfffhhhh

- Así es que ahora no te hagas el bueno conmigo, que sé que estás deseando esto tanto como yo.

No sé si sería tanto como ella pero, efectivamente, deseaba tenerla así comiéndome el rabo. Inconscientemente, o no, mi mano se posó en su cabeza y comencé a bombear suavemente mi polla y su boca, como el pistón de un cilindro que ha cogido temperatura y sube de revoluciones. Hilda era una jodida campeona de chupar vergas. No recordaba nada parecido a aquello, ni por técnica, ni por vicio, ni por profundidad, ni por ganas. Era una auténtica comepollas y, en aquel momento, era mía. Enrosque su pelo alrededor de mi mano, retiré con cierta brusquedad su mano de mi cipote y, agarrándole de la nuca le invité a que abriera bien la boca y a que se preparase para lo que venía. Ella era joven, altiva y un auténtico volcán, pero iba a empezar a saber lo que era un madurito que sabe lo que se hace y que tiene energía de sobra para aguantar varios asaltos. Sujeta firmemente, comencé a bombear, ahora sí, con fuerza, follándome la boca de aquella princesita. Hilda apoyó sus manos en mis muslos, intentando mantener el equilibrio sobre sus pies, pero la violencia de mis empujones hizo que finalmente patinara y acabara cayendo de rodillas en el suelo de aquellos baños que, afortunadamente, no estaban demasiado sucios.

- Así, joder, así se come una buena polla, de rodillas y siendo agradecida... - le dije mientras clavaba profundamente mi verga hasta su garganta y aguantaba su cabeza para que no pudiera escaparse. Segundos después comenzó a toser, dejándole un poco de espacio y sacndo mi verga de su boca mientras seguía tosiendo y restos de saliva y liquido preseminal caían de su boca resbalando por si barbilla, su cuello y perdiéndose por entre sus juveniles pechos....

- Casi me ahogas.

- Te jodes. Esto es lo que me cambia el ánimo.

- Jajajajaj que cabrón el profe... - y volví a clavársela.

- No voy a aguantar mucho, Hilda... dime, ¿Dónde lo quieres?

Hilda se mordió el labio, se repasó la boca con la lengua y comenzó a masturbarme agachando la cabeza por debajo de mi polla. Estaba claro. Comenzó a sacudirme la verga con fuerza, dando algún lametón y algún chupón. No me quedaban fuerzas, pero, cuando estaba a punto de terminar, cogí su mano izquierda y la puse junto a su cara. Ella lo entendió y sonrió. Fue entonces cuando tuve claro que aquella chica iba a darme muchos ratos de placer.

Comencé a correrme soltando varios latigazos en la cara y en el anillo y la lano de Hilda mientras ella, con la boca abierta y la lengua sacada intentaba alcanzar algún chorro sin mucho acierto. Al terminar, Hilda estaba hecha un desastre. A parte del sudor tenía el pelo totalmente desvencijado y ella estaba cubierta de leche por toda su cara, cayendo también por sus pechos, sus manos e incluso su vestido. Pero lo mejor fue lo que vino después. Mirándome fijamente con el único ojo que podía abrir, el otro lo tenía completamente lefado, comenzó a relamer, como una gatita, el anillo de su mano completamente cubierto de la leche, convirtiéndose en símbolo de unión e infidelidad al mismo tiempo.

Hulda sacó del bolsito que llevaba unos pañuelos de papel, con la clara intención de limpiarse, pero se lo impedí. Le hice levantarse.

- Estás preciosa. No quiero que te quites nada. - Y, sin rechistar, acepto el beso que le di y se vino tras de mí agarrando la mano que le ofrecía.

Afortunadamente, el bar estaba con la luz muy baja, y difícilmente alguien podría ver como llevaba el rostro lleno de lefa. Igualmente, al salir, la zona estaba vacía y mi coche aparcado cerca, por lo que llegamos hasta sin cruzarnos con nadie. Tenía la intención de llevarla a mi casa, pero me dijo que era imposible porque era tarde y no estaría bien llegar al amanecer a dormir con su novio.

- Claro, está mucho mejor hacerle una mamada de rodillas a un tipo que te dobla la edad en un bar.

- La culpa es de los maduritos, que me ponéis cachonda y no puedo resistirme a nada...

- ¿A nada? - pregunté esbozando una sonrisa pícara y mirándola de reojo.

- A-na-da. - Repitió selalando cada sílaba mientras se mordía su labio inferior.

Llegamos a su casa y, me pasó un papel con su número de teléfono.

- No tardes en llamarme. Ya sabes que me caso en un mes y...

Se bajó del coche sin terminar la frase dejándome pensativo. La vi entrar en el portal y, allí, vi como se limpiaba de restos de mi semen la cara, el pelo y oo que pudo del vestido. Daba igual, iba a tener que ducharse si no quería que su prometido se enterase de todo...

Antes de llegar a casa escuché que sonaba algún aviso del móvil. En el primer semáforo que me paré vi que era un md de Twitter. Una foto de ella de espaldas reflejada en un espejo y con un diminuto tanga negro y un mensaje: Es una pena que no hayas podido disfrutar de esto hoy, pero el próximo día vas a poder hacer con él lo que quieras.

Continuará...