Mi fantasía loca I - Tatiana
Silvia siempre soñó con ver a su marido con otra mujer, pero Juan es demasiado fiel para imaginarlo. Hasta que decide que la fantasía debe convertirse en realidad, invitando a una joven vecina a posar desnuda bajo su cámara, mientras Juan observa desde las sombras.
A Ray, con todo el cariño, donde quiera que estés… disfruta de esta historia que empezamos a construir juntos.
Mi fantasía loca
Ray & Sylke
Capítulo 1 - Tatiana
Siempre he soñado con ver a mi marido con otra mujer... es decir, es mi fantasía, aunque también he pensado que nunca se cumpliría pues Juan es hombre honesto, educado y sobre todo fiel, excesivamente fiel.
De siempre he querido imaginar cómo se besa con otra, lo que siente al abrazarla, cómo debe ser lo que es verle penetrando otro coño que no sea el mío.
Mi marido, a pesar de los años, está buenísimo y tengo un sexo activo y placentero al máximo con él, cero quejas, al contrario, me siento más que satisfecha, esa es la verdad, pero no sé, pienso que siempre me falta algo con más vértigo, más locura. La otra noche, mientras comenzábamos a acariciarnos en la cama, decidí que era el momento de lanzar sutilmente mi propuesta. No era la primera vez que fantaseábamos en la cama hablando de otra mujer o de otro hombre, pero tenía la necesidad de que aquello fuera más allá de la fantasía.
- Oye Juan, ¿Puedo hacerte una pregunta y prometes no mosquearte? -. Comencé a hablar mientras acariciaba su fuerte abdomen.
- ¡Ay, madre, Silvia!, ¡Qué miedo me das!, ¡Adelante! -. dijo mirándome a los ojos mientras comenzaba a jugar con el borde de mis braguitas.
- ¿Alguna vez has fantaseado con acostarte con otra mujer? -. Pregunté de manera inocente.
- Lo hemos hecho muchas veces con nuestros juegos.
- Ya, pero no digo eso. Fuera de nuestra fantasía, algo real, ¿lo has pensado?
Mi marido guardó silencio, que era un sí en toda regla, porque supongo que eso lo ha hecho todo el mundo, fantasear con una tercera persona.
- Tu silencio es cómplice. - dije riendo.
- ¿Quieres jarana o qué? - respondió sonriéndome, creyendo que hablaba de otro de esos juegos.
- No, Juan, hablo en serio.
- No, cariño. Sabes que nunca te sería infiel -. Respondió de manera contundente.
Aunque me esperaba la respuesta y la conversación no había comenzado muy bien, introduje mi mano en el interior de sus calzoncillos y comencé a acariciarle lentamente su miembro que rápidamente creció entre mis dedos. Aguardé unos segundos sabiendo que con mis suaves caricias enseguida se le ponía completamente dura, quizá en caliente, pensé, fuera más sincero conmigo. Si hay algo que se me da muy bien es convencerle con ese tipo de juegos, aunque ese reto era bastante fuerte.
- ¿Y si yo te diera permiso? - Continué preguntando y notando la dureza de ese miembro en mi mano.
- Vamos, cielo, no sería capaz. Ya lo hemos hablado - respondía suspirando.
- Yo creo que sí, imagina que yo te autorizo a hacerlo, es más, que te animo a hacerlo.
- Creo que no podría, Silvia - Volvió a contestar mientras comenzaba a jugar con sus dedos en mi coño.
- ¿Crees en serio que no? - Insistí.
Juan se incorporó en la cama para terminar de quitarme las bragas y se posicionó sobre mí.
- Contigo tengo más que suficiente Silvia. Estás buenísima, no tengo ojos para otras - añadió besándome mientras introducía su polla en mi interior.
Sin duda esa conversación le puso bastante cachondo y a mí no digamos así que no fue más allá de un juego de palabras, pero comenzó a follarme de manera intensa, con delicadeza, pero con firmeza, como siempre lo hacía. Cerré los ojos y me comencé a disfrutar de ese increíble sexo.
- Me encanta como follas, cariño -. Le susurré entre gemidos.
En ese instante mi mente comenzó a volar. Me imaginé viendo a mi marido disfrutar con una boca femenina chupándole la polla y agarrándole los huevos o como una imponente rubia cabalgaba sobre su cuerpo. Viendo como sodomizaba a una hembra cachonda mientras yo me masturbaba observándolo todo.
- ¡Dame duro, Juan! -. Casi le supliqué cuando esas imágenes en mi cabeza hicieron que mi excitación llegara al máximo.
A los pocos segundos sentí como ese macho que tenía por marido descargaba toda su leche en mi interior, esa leche que estaba deseosa de que derramara en otra mujer y esos pensamientos hicieron que tuviera un orgasmo increíble.
- ¿Ves? Solo te necesito a ti. - Respondió exhausto, tumbándose a mi lado.
- Lo sé - apunté pensativa, acurrucada a su lado hasta quedarme dormida.
Quedaba claro que él tenía conmigo más que suficiente, por eso que mi fantasía acababa siempre en eso, en nada más que un sueño, efímero, que me llevaba a gozar como una loca y creo que, a él, como fantasía también, pero yo siempre quería algo más.
Al poco rato, él se quedó dormido, respirando profundamente y yo me quedé con la cosa de cómo podría ser eso en realidad, si incluso me molestaría llevándolo a cabo en realidad. Lo que estaba claro es que me excitaba cuando saludaba a una de mis amigas, le daba dos besos o se quedaba mirando a una chica pasar o a otra enseñando las tetas en la playa. No hace falta mucho para darme cuenta de que le gustan las mujeres, otras mujeres, aparte de yo.
Cuando me desperté a la mañana siguiente, en mi día libre y ver mi cama vacía, ya que Juan había salido a trabajar, en mi mente aún seguían esos pensamientos de la noche anterior. Me levanté decidida para tener que allanar el camino para que eso se cumpliera de una vez. Me fui a tomarme una ducha y empecé a pensar en que esa fantasía se hiciera realidad y de qué manera podría ir acercándole a ese momento. Pensé en la idea de provocarle, ya que de "motu propio" él no lo va a hacer... incluso a mi mente vinieron varias candidatas. Mi vecina del 3º que es una monada y que es de nuestra edad, es realmente atractiva y está separada. De fijo que no le haría ascos a un hombre como mi esposo, más bien al contrario. Juan está muy bueno y me doy cuenta de cómo ella le mira y por supuesto las miradas son recíprocas por parte de él. Mientras me duchaba y me calentaba imaginando cosas, me saltaban a la cabeza un montón de mujeres, como alguna compañera suya de trabajo, de las que siempre me habla. Incluso pensé en alguna de mis amigas, pero sabía que él ni lo intentaría y eso que podría convencer a más de una, pero eso era poco probable. Pensé en una amiga de nuestra sobrina a la de la cual me había contado que le chiflan los maduritos y creo que ella le atacaría, porque es un pibón ¿pero él? Yo creo que se quedaría pasmado y empalmado, pero no me sería infiel, ni tan siquiera "consentidamente infiel".
Se que Juan no se dejaría embaucar tan fácilmente y no porque no le gusten las mujeres, al contrario, le vuelven loco, como a muchos hombres, la vista se les va y posiblemente los pensamientos, no hay más que ver como mira las piernas de las jovencitas, el culo de esa mamá en la puerta del cole o la frutera cuando muestra el escote, sin embargo, yo sé que él no lo haría jamás.
Comencé a masturbarme en la ducha y curiosamente no me veía a mí follando con otro, pero si a Juan haciéndolo con otra, sin embargo, algo detuvo mis tocamientos, recordar las palabras de mi marido la otra noche, diciéndome que no sería capaz, hicieron que me sintiera frustrada.
Entonces recordé a la chica de la cafetería que habían puesto enfrente de casa unas semanas atrás. Me di cuenta de que Juan no le quitaba ojo cuando fuimos a la inauguración y la verdad es que no era para menos, esa chica era una preciosidad. Me vestí a toda prisa, nerviosa y me decidí a atacar, tenía que ir facilitando las cosas, ningún hombre se podría resistir a una chica como esa y además algo que me llamó la atención es que ella también se fijó en él, no es de extrañar, Juan está fuerte, es guapo, en una edad perfecta... muchas tías ya le han tirado los tejos, lo sé y tengo claro que ni con esas, pero, no sé por qué pensé que esa monada de chica podría ser factible. A Juan le gustan las jovencitas, por mucho que él me lo niegue.
Entré en la cafetería, que a esas horas estaba vacía pues casi todo el mundo se había ido a trabajar. Ella estaba limpiando la cafetera. Su culo redondo era todo un reclamo con esos ajustados vaqueros y no digamos ese top blanco que remarcaba una buena delantera.
- Hola Tatiana. - saludé y ella se volvió con su bonita sonrisa.
- Hola Silvia. Gracias por venir el otro día a la inauguración, trayendo a vuestros amigos. Me hizo mucha ilusión.
- Nada, mujer, fue un placer y me alegro de que hayas tenido tanto éxito. Para eso están las buenas vecinas... para hacernos favores mutuos. - dije como si tal cosa per con toda mi intención.
La chica asintió con su bonita sonrisa y al verla sentí que era perfecta para mi plan.
- Por supuesto Silvia, cuando necesites algo... Aquí me tienes.
No sé por qué, pero cuando dijo eso, creo que mojé mis braguitas. Me excitaba tanto con la idea de verla cabalgando sobre Juan...
- Bueno, pues aquí sigo poco a poco... la verdad es que estoy muy ilusionada con este proyecto, pero me ha sorprendido ver a tanta gente en estos días. - añadió ella sin saber lo que rondaba por mi mente calenturienta.
- Yo creo que con tu simpatía y tu forma de ser... conquistas a todo el mundo. - dije muy directa.
- ¿Tú crees? No sé yo...
- Vamos, eres una preciosidad, Tatiana, simpática, cariñosa... tan abierta.
- Ay, vaya, Silvia, me vas a hacer enrojecer.
La chica era una auténtica monada, además ella misma nos había dicho que había hecho sus pinitos como modelo, algo que no era extraño, pues tenía un cuerpazo.
- No, no, Tatiana... no lo digo yo sola... mi marido se quedó prendado contigo. - dije con efusividad.
- ¿Tú marido? - dijo asombrada.
- Si, no dejó de hablar de ti toda la tarde... bueno, no es para menos, no se lo puedo reprochar, eres preciosa.
- Ay, Silvia, definitivamente me vas a ruborizar.
Aquello era un hecho y los carrillos encendidos de esa chica, le hacían todavía más atractiva. No es que me gusten las mujeres, pero vamos si yo tuviese sexo con alguna, sería una chica como Tatiana. Y volví al ataque:
- No, lo digo de verdad y cuando mi marido lo dice, es que es verdad. Es alguien muy crítico a la hora de valorar la belleza, pero contigo, fue como si hubiera visto algo único.
La chica no sabía qué decir, supongo que no se esperaba que yo, la mujer de Juan le fuese con aquella sinceridad, que no era del todo mentira, aunque realmente yo lo estaba exagerando.
- Bueno, tú has sido modelo, estarás acostumbrada a que te regalen los oídos. - le comenté.
- Bueno, si... no, no sé...
- No me digas que no.
- No, bueno, lo que pasa es que estoy algo sorprendida ¿no te pones celosa de escuchar esas cosas de tu marido?
Supongo que esa sería la conducta en la mayoría de las mortales, pero a mí, el solo hecho de que los dedos de Juan se posaran en ese trasero me ponía cachonda perdida. Ojalá fuera algo más que una fantasía en mi mente.
- Al contrario, me gusta que a Juan le atraigan las mujeres bonitas. Además, no le falta razón, pues estoy de acuerdo y te lo digo porque soy experta en fotografía de modelos.
- ¿En serio? No lo sabía.
- Bueno, estoy algo oxidada con la cámara, pero en su momento trabajé mucho en el tema, para varias agencias.
Aquello no era una mentira, aunque no era la fotógrafa principal, más bien era la ayudante del fotógrafo, pero sí que se me da bien el tema, además de ser uno de mis hobbies.
- Pero bueno, al final, me vine a vivir aquí con Juan y dejé todo atrás, incluida mi ciudad y mi trabajo como fotógrafa. - añadí.
- ¿Dejaste todo por amor? - me preguntó ella sonriente.
- ¿Acaso no lo dejarías todo por un hombre como Juan?
Ella se limitó a sonreír y no hacía falta que lo corroborase, porque sus ojos lo decían todo. A la chica le gustaba mi marido.
- Vaya ¿y ya no haces fotos? - me preguntó.
- Bueno, por divertimento, ya sabes, para las redes y tal. ¿Quién sabe? Igual podría presentar mi trabajo y volver a empezar en alguna agencia.
- Claro. No lo dejes, Silvia.
Ni me creía que todo estuviera saliendo tan bien, pero el hecho de ver rodar aquello con tanta facilidad me hacía sentir un cosquilleo por todo el cuerpo, incluso notaba mis pezones endurecerse. Lo cierto es que dejé mi trabajo y la cámara solo la usaba para mi placer personal, siempre me ha encantado... Y de vez en cuando hacía algún retrato, incluso tuve una exposición de bodegones en un centro cultural, vendiendo alguna obra.
- Por cierto, Tatiana ¿estarías interesada en un book promocional?
- ¿Un book? - preguntó ella, mientras secaba unas cucharillas.
- No podría pagarte, pero bueno, yo te lo haría gratis y quizás te pueda servir para un futuro proyecto y a mí me vendría muy bien practicar con la cámara y con un cuerpo como el tuyo. Seguro que con eso tengo la mitad hecha.
- No sé...
- Bueno, si no es para un book, puedes usar esas fotos para tu Instagram... o para tu novio.
- ¿En serio lo harías, Silvia? - dijo ella interesada.
- Claro. Si te apetece... claro.
- Sí, sí, encantada, si me haces un buen book, tienes el desayuno pagado el resto del año.
- No, no... no tienes que pagarme. En serio Tatiana, nos hacemos un favor mutuo. Tú obtienes las fotos y yo me renuevo disparando ¿Te doy un toque mañana?
La chica aceptó de mil amores y ni me creía haber conseguido eso de forma tan rápida, llegando a pensar que por qué no se me había ocurrido antes. Intenté disimular, pero mis manos temblaban.
Al día siguiente a la hora señalada, Juan estaba ordenando su despacho cuando sonó el timbre.
- ¡Voy yo! -. Grité desde el salón con los nervios a tope.
Abrí la puerta y ahí me encontré en el rellano a Tatiana. Estaba deslumbrante con un vestidito corto de lunares y esa cara de niña buena, que le daba un aspecto inocente y a la vez tan sensual.
- Hola - dijo la joven algo tímida.
- Ven, pasa -. le respondí con una amplia sonrisa.
La cogí de la mano y la llevé rápidamente hacía del despacho de mi marido.
- Mira quién ha venido – comenté a Juan nada más cruzar la puerta.
Mi marido nada más verla se quedó asombrado, ya que no se la esperaba. Ella también se sorprendió al ver a Juan sin camiseta y luciendo unos vaqueros ajustados, que le hacían un culo increíble. Todo estaba saliendo rodado. Pero ver a los dos, que sin duda se gustaban mutuamente, mirarse de aquella manera, era lo más.
- ¡Ey! Hola - dijo mi esposo observando o Tatiana de arriba abajo y luego de reojo a mí, como si quisiera saber qué demonios hacía ella ahí.
- Hola - respondió ella algo tímida, pero sin apartar la mirada del cuerpo de Juan y es que creo que ella tampoco se esperaba que él estuviera en casa, con los pectorales al aire.
El primer contacto había surgido mejor de lo esperado, pude notar claramente la atracción del uno hacía el otro y solamente con eso ya me puse cachonda.
- Tatiana ha venido a hacerse unas fotos. - le dije a Juan.
- ¿Para promocionar el negocio? - dedujo él.
- No, cariño, algo más personal, más íntimo y sexy. - lo lancé como un dardo envenenado.
Aquello lo solté sin miramientos y noté la cara de confusión de Tatiana y la sonrisa inevitable de mi marido.
- Pues eso, así de paso desempolvo un poco mi cámara y dejo de hacer fotos a mariposas y flores. - comenté mirando a ambos de reojo.
- Es muy buena. - añadió él orgulloso de mí.
- Bueno, con una modelo así, no puedo fallar... - dije estrechando su cintura y apretándola contra mí regodeándome delante de él.
Hubo un pequeño silencio, roto por el carraspeo de Juan que añadió sin apartar la vista del cuerpo de la chica:
- Me parece perfecto.
- Nos vamos a mi despacho, cariño. - comenté.
Ambas salimos del cuarto, no sin que antes Tatiana echara un último vistazo a mi marido y que esté a su vez no apartara la vista del culo de ella mientras nos marchábamos. ¡Qué pasada!
- Perdona, no sabía que mi marido iba a estar medio desnudo. - dije mintiendo y con toda la mala intención.
- Tranquila, no me ha molestado para nada - contestó y luego se debió quedar cortada por decir eso, casi sin darse cuenta.
Al poco rato comenzamos nuestra sesión de fotografía encerradas en mi despacho, realizando fotos sobre todo de su dulce cara de niña buena o de cuerpo entero, pero de manera inocente. Lo cierto es que Tatiana tenía un cuerpazo y no era de extrañar que la clientela del bar estuviera más que contenta con su sola presencia sirviendo cervezas o cafés... cualquier excusa era buena para ver esa sonrisa y ese par de tetas tan bien puestas y entre ellos, por supuesto, Juan.
- ¿Por qué dejaste lo de ser modelo? - pregunté sin dejar de sacar fotos a la chica que parecía muy resuelta en sus poses, bastante profesional.
- No sé, supongo que no tuve mucha suerte y decidí cambiar de camino - contestó y pude ver algo de aflicción en su mirada a través de mi objetivo.
- ¿Suerte? Podrías haber tenido mucho éxito y se te da muy bien.
La chica agradeció mi halago con una sonrisa, pero quiso corregirme.
- Uf, no, Silvia, no te creas, hay mucha competencia y para dedicarse a eso hay que tener mucha suerte. Hay muchas chicas guapas por ahí que lo hacen mil veces mejor.
- ¿Pues qué quieres que te diga, chica? Me encantas y deberías volver a intentarlo - añadí parando de fotografiarla y lanzándole una cálida mirada
- ¿De verdad lo crees? - preguntó con una leve sonrisa.
- Claro, algo entiendo de esto. Para empezar, eres fotogénica, tienes un estilazo increíble y bueno, reúnes todas las cualidades de una modelo.
- Quizá me sobre algo de peso para eso. - dijo ella mirando hacia abajo.
Miré a esa chica y su cuerpo era perfecto, con las curvas divinas, alejada de las modelos excesivamente flacas, podría ser perfecta para muchas campañas publicitarias, como las que yo había hecho tiempo atrás.
- De eso nada. Eres perfecta. - lo certifiqué.
- Vamos, Silvia...
- Es cierto. Trabajé en modelos de lencería y tú serías la candidata ideal.
- ¿En serio?
- Ya te digo que no sólo lo digo yo, como ojeadora profesional, lo hablé el otro día con Juan y lo corroboró, me dijo que tienes un tipazo y que llamas muchísimo la atención. Serías ideal para un proyecto así.
La preciosa chica se sonrojó de nuevo.
- ¿Hablaste eso con Juan? - me preguntó ella algo aturdida.
- Si, hija, ya sabes que no soy celosa, pero entre tú y yo.
Agarré su mano, acercándome a ella y le dije en un susurro:
- Le tienes loco.
Noté que la chica estaba más que sorprendida e incluso avergonzada por decir eso, pero, aquello me daba pie a entender que a ella también le molaba mi marido y con solo saber eso se me ponían los pezones durísimos, notando latir mi coño.
Tatiana se quedó unos segundos callada y yo aproveché el momento de indecisión, sin querer tensar la cuerda mucho más.
- Venga, vamos a aprovechar ya que estamos metidas en faena - comenté con confianza, tras unos cuantos disparos.
- Vale - respondió tras un segundo de duda.
- Posa lo mejor que sepas - exclamé riendo - déjate llevar y olvídate que estoy aquí.
Creo que ambas nos fuimos tomando confianza y la sesión de fotos dio un giro en ese momento. Tatiana comenzó a posar de manera más sugerente, subiéndose el vestido, inclinándose para remarcar su escote y cambiando completamente su cara de niña buena a gestos más sensuales.
- Voy a abrir la puerta para que entre otro tipo de luz indirecta - dije de manera muy profesional, pero con una excusa de ir poniendo el listón un poco más arriba.
Abrí la puerta de mi despacho deseando que se diera una pequeña casualidad, esperando que surgiera, y el destino se alió conmigo y lo quiso así. Ni me lo creía.
- ¡Más sexy! - grité riendo justo en el momento en el que escuché a Juan pasar cerca de la puerta pues parecía intrigado.
Aunque me hice la desentendida, pude observar de reojo como mi marido paró en seco y empezó a observar. Él miraba la sesión desde su posición creyendo que yo no le había visto.
- ¡Quítate el vestido! - le ordené a Tatiana.
- ¿Segura? - preguntó coqueta mirando más allá de mí, a mis espaldas, a la puerta, aunque ella tampoco debía ver a Juan, pues la luz de los focos le daba de lleno en la cara.
- Segura. Te digo que soy experta en este tipo de fotos. - respondí, confieso, que muy excitada por la situación y sobre todo de saber que Juan lo veía todo desde su escondite.
- Pero no sé...
- Ya te dije que para algo de lencería ganarías un pastón, te lo digo como profesional. Hice muchas campañas y sé de lo que hablo. - ahí mentí, pues no había trabajado tanto en ese sector concretamente.
Yo lo tenía decidido, iba a ir a por todas y esa era la primera vez que daba unos pasos para cumplir con mi deseo, con esa fantasía loca de ver a mi marido con otra, sabiendo, además, que ambos se gustaban y quién mejor que Tatiana.
La situación era clara. Los tres, por separado, sabíamos lo que estaba pasando en ese momento. Tatiana, creo que con riesgo de ser descubierta por Juan y con sonrisa pícara, dejo caer su vestido a sus pies y quedándose en un precioso conjunto de ropa interior negro.
- ¡Qué maravilla! - dije y era cierto, aquella chica ganaba sin ropa.
Tatiana, algo cortada al principio, se sintió a gusto con las fotos que le fui enseñando en el visor y empezó a posar de una forma desinhibida hasta convertirse a algo erótico inimaginable. Todo esto bajo la atenta mirada de mi marido.
- ¿Te atreves a algo más picante? - sugerí.
- ¿Más? - preguntó sorprendida, pues estaba en ropa interior.
Giré mi cabeza hacía atrás con disimulo y pude ver a Juan, muy atento, para luego volver a centrarme en Tatiana y observar su sonrisa de confianza. Ni ella era consciente de ser observada por él, ni Juan sospechaba que yo lo controlaba todo.
- Es que me da algo de corte. - dijo la chica
- Además de la lencería, soy experta en fotografía erótica. - dije mintiendo como una bellaca.
- ¿Sí?
- ¡Ahá! - afirmé notando un cosquilleo por todo mi cuerpo.
Ella ladeó la cabeza y yo afirmé con toda la seguridad del mundo.
- Tranquila, que Juan no te va a ver. - dije sabiendo que él estaba a nuestra espalda, pero de alguna manera necesitaba dar pie a ese juego que iba calentándome y creo que calentando a ambos.
La chica al final se decidió, soltando primero su sostén y luciendo sus mejores poses con tan sólo un tanga. Sus tetas tan bien puestas eran una maravilla. Yo disparé con mis dedos temblorosos, porque miraba de vez en cuando a mi retaguardia de reojo y veía que mi marido se tocaba el paquete sobre sus vaqueros.
- Genial Tatiana, se nota que sabes lucirte y tienes un tipazo alucinante -. comencé halagando a la chica.
- Gracias - contestó ella con una sonrisa algo nerviosa.
- De verdad, tienes un cuerpo increíble, quiero verlo al completo - añadí marcando seguridad de forma autoritaria.
- No sé, Silvia... - dudó ella.
- Te lo dice alguien que sabe de esto. El resultado te sorprenderá a ti misma. Y, además, le podrás dar un regalo increíble a tu chico - añadí.
Mis palabras de ánimo, mis frases profesionales y mis halagos a lo que ese escultural cuerpo ofrecía en las fotos, le llevaron a Tatiana a quitar su última prenda, bajando de forma tímida su tanga, precisamente colocando su culo hacia la puerta, algo que debía dejar una visión increíble a mi esposo y dejando la prenda en una silla, Tatiana se quedó totalmente desnuda.
- ¡Espectacular! - seguí alabando mientras no dejaba de fotografiar a esa hermosa chica. - No creo que ningún hombre o mujer fuese capaz de resistir a tus encantos.
- Tampoco será para tanto, Silvia - contestó sonriendo algo tímida, pero se iba soltando, viendo que yo controlaba las poses de forma muy profesional y al tiempo se las iba enseñando.
Ella se había puesto colorada con alguna, pero le gustaba tanto la idea que se animaba a poses cada vez más sensuales.
Aquello era apoteósico, casi como un sueño sabiendo que el cuerpo desnudo de esa chica era admirado por mí, pero sobre todo por mi marido y pensar que podría verlos follando juntos me ponía a tope, decidí dar un pasito más en la conversación.
- Si mi marido entrara por esa puerta no se si sería capaz de evitar que se abalanzara sobre ti - comenté sabiendo que Juan me estaba escuchando.
- ¡Ay, qué vergüenza! - dijo la chica cubriendo sus pechos por un momento.
- No me extrañaría que se volviera loco y se dejara llevar por esas curvas.
- ¡Ay, Silvia! - añadió llevándose la mano a la boca.
- Siempre que tu quisieras claro - comenté finalmente.
Esa vez Tatiana no contestó, pero su silencio y su sonrisa nerviosa, me dio a entender que estaría encantada de acostarse con mi marido, al menos así quise entenderlo dentro de mi alocada mente.
Las poses de Tatiana se fueron sucediendo una tras otra, en distintos ángulos, asegurándome de que Juan no perdía detalle. De hecho, en un momento dado ella debió notar algo y miró hacia la puerta, pero no vio nada, desde su posición, cegada por los focos, pero yo si veía en donde estaba él.
- ¿Algún problema? - le pregunté.
- No, pero al estar la puerta abierta... no sé...
- Ya te digo, que Juan estaría encantado, si es por eso... relájate y déjate llevar.
Noté cierta turbación en las poses, ya que de vez en cuando miraba hacia la puerta y aunque yo estaba casi decidida a pedirle a mi marido que me echara un cable, pensé que igual era demasiada tensión para la chica y aquello podría romper la baraja antes de repartir todas las cartas.
Muy a mi pesar, Juan no apareció y creo que Tatiana en el fondo se sintió algo defraudada por eso, porque lo fácil hubiera sido que Juan entrase allí se despelotase y se follase a esa preciosa chica sobre la mesa del despacho, pero nada de eso ocurrió.
- Hemos acabado por hoy, puedes vestirte ya si quieres - dije acercándole la ropa a la chica que se movía desnuda por esa habitación ante la atenta mirada de mi esposo. - en cuanto añada unos retoques te las envío para ver si te gustan - continué hablando y repasando tomas mientras Tatiana se vestía.
- Vale.
- Y tranquila que nunca enseño mis fotos a nadie, ni siquiera a mi marido, eso ya depende de ti por si algún día te apetece enseñárselas - dije con tono burlón.
Tatiana soltó una carcajada nerviosa mientras se terminaba de vestir. Cuando salí del despacho, Juan ya había abandonado su estratégica posición y disimuló sentándose en el sofá viendo la tele, aunque el bulto bajo su pantalón parecía querer decir otra cosa. Me despedí de mi modelo y ella saludó a Juan, de una manera que hizo que todo mi cuerpo se estremeciera.
- ¡Hasta mañana, Juan!
- Adiós... hasta mañana. - soltó él algo dubitativo.
Le di dos besos a Tatiana y me quedé un poco mosqueada pensando si ella se había dado cuenta de todo. Cerré la puerta tras de mí y me fui quitando el vestido y toda la ropa, que fui tirando por el salón, ante la atenta mirada de Juan que alucinaba conmigo.
- ¿Qué haces cariño? - me preguntó al verme en ropa interior.
- Uf, cielo, la sesión me ha dejado cachondísima. - le confesé.
A continuación, después de desnudarme ante él, me arrodillé entre sus piernas y tirando de sus vaqueros le dejé despelotado ante mí, para agarrar su polla que estaba notablemente dura y tiesa y me la metí en la boca.
- ¡Uf, cari! - dijo él con un suspiro.
- ¿Te ha puesto cachondo a ti también?
- ¿Qué? ¿Cual? - intentó decir, pero yo sólo metía esa polla en mi boca y es que la sesión con Tatiana me había puesto como una moto sabiendo que Juan estaba tan cachondo como yo viéndolo todo.
- Vamos cielo, no disimules... - repliqué sacando su miembro de mi boca por un instante.
- No sé a qué te refieres.
- Hijo, ¿qué va a ser? El cuerpo desnudo de esa mujer.
Mi marido negaba, pero yo sabía que mentía, cada vez que yo le repetía que le había visto, que estaba claro y sobre todo cuando me subí a horcajadas sobre él y comencé a cabalgarle, decidí al final hacer como me creía su mentira.
- Pues es una pena que te lo hayas perdido – le susurré al oído mientras movía mis caderas sobre él. - Te hubiera encantado -.
Juan no decía nada, tan solo soltaba leves suspiros.
- Tiene las tetas más bonitas que he visto en mi vida - dije agarrando sus manos y llevándolas a mis pechos.
Mi marido seguía sin decir ni una sola palabra, pero sentía como su polla palpitaba dentro de mí.
- Y un coñito depilado que hasta a mí me han dado ganas de comérmelo -. añadí comenzando a cabalgarlo con fuerza.
Mis manos se aferraban a su nuca, mientras mi cuerpo se dejaba caer sobre esa polla tiesa y cerrando los ojos, escuchando sus gemidos, quería pensar que era esa chica la que estaba sobre él. Juan se corrió casi al instante con mis últimas palabras, soltando un fuerte gemido, y el hecho de hacerlo tan rápido me hizo tener a mi otro orgasmo increíble, sabiendo que me estaba llenado de leche pensando en Tatiana.
Cuando descabalgué de esa polla él me juró y me perjuró que no había visto nada, que incluso quiso dejarnos intimidad y llegó a hacerme dudar, de que realmente no hubiera visto nada, pero yo sí le había visto a él, me quedaba tan claro que no entendía por qué me mentía y creo que eso también me ponía, porque incluso después de haberme corrido, saber que Juan estaba cachondo con esa chica y que se había empalmado y se había corrido tan rápido no me dejaba ninguna duda y ese era un primer paso para poder intentar un avance de otro tipo, lo que no sabía era como darlo, pues él no me lo ponía fácil, pero ese engaño era saber que me era infiel, al menos en el pensamiento.
Esa noche vimos una peli, que yo había elegido, pues era bastante erótica y le solté a bocajarro:
- Cari, ¿qué te ha parecido Tatiana? Es muy guapa, ¿verdad?
- Sí, claro que lo es.
Volví al ataque para ver por donde salía:
- Entonces ¿No la has visto? ¿seguro que no te has acercado a verla cuando estaba haciéndole las fotos del book?
Juan se puso nervioso, pero contestó rápidamente:
- Ya te he dicho que no, cielo.
- Pues tiene un cuerpazo formidable, con ese coñito rasurado, mmm, y esas tetas. - le picaba yo.
MI esposo miraba la tele, como si no me escuchara, pero yo ataqué de nuevo:
- ¿No te follarías a una chica como Tatiana?
- ¿Qué dices? - soltó él como si aquello fuera una barbaridad.
- Es preciosa, seguro que folla como los ángeles... y esas tetas... cómo se deben mover.
- Cariño, no empieces con tus cosas. - me cortó él.
Entendí que él no quería dar el paso y lo mejor era yo la que veía cosas que realmente no tendrían por qué pasar, aunque no fui capaz de concentrarme en lo que veía, sólo imaginaba la cara de Juan viendo el cuerpo desnudo de Tatiana, a la que nombré varias veces, pues tenía cierto parecido con la chica de la peli y por mucho que él lo negase, esa chica le ponía nervioso, eso era innegable, pero cuando le dije que me iba a la cama y él me dijo que tenía que acabar unos informes... fui yo la que me quedé observando cómo se metía en su despacho, cómo cogía mi cámara y cómo empezaba a ver las fotos, una a una, mientras se tocaba.
Decidí acompañarlo desde la intimidad de las sombras y comencé a acariciarme yo también viendo como mi marido se ponía cachondo con otra mujer. No sé quién de los dos estaba disfrutando más de esa extraña situación, lo que si sabía es que mi coño goteaba viendo como mi marido se pajeaba con fuerza con las fotos de Tatiana, hasta tal punto que tuve que taparme la boca para ahogar mis gemidos de éxtasis, justo en el momento en el que Juan, soltando un largo suspiro, llegó al orgasmo corriéndose en el embaldosado suelo.
Corrí a la habitación para no ser descubierta y me puse a pensar en cómo avanzar con eso, por muy negativo que se pusiera, estaba claro que me mentía y que su cuerpo le pedía otra cosa.
Al día siguiente, tras haber mandado a Tatiana algunas fotos que había editado con su extraordinario cuerpo, ella me respondió que a pesar de que le gustaron mucho las fotos y que era una buena fotógrafa, no quería repetir la sesión, ya que estaba muy liada con el bar. Aquello me dejó algo fría, la verdad y a lo mejor yo fui demasiado deprisa, quizás el ansia de querer que sucedieran cosas, sobre todo después de ver a Juan repasando las fotos de la cámara y masturbándose con ellas.
Le pregunté a la chica si es que no le habían gustado las fotos y me contestó que le habían encantado, pero que sabiendo que estaba mi marido allí cerca, no se sentía cómoda, lo que me dejó claro que iba a ser un imposible por su parte y por la otra también sentí un bajón, pensando en si todo lo que pasaba por mi cabeza era una locura y mi marido no iba a ser capaz de hacer nada con nadie que no fuera yo.
De pronto, Juan pasó por el salón, precisamente cuando yo dejé de hablar con la chica y me vio pensativa, preguntándome:
- ¿Hoy no viene Tatiana a la sesión?
Aunque sabía no iba a producirse, aquello sí que volvió a darme un estímulo por todo mi cuerpo llegando a sentir un cosquilleo en mi entrepierna y quizás no estaba tan equivocada, lo que quizás había ocurrido es que no elegí bien a la candidata.
Continuará...
Ray & Sylke
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