Xtories

Convirtiéndome en cornudo

Él la tiene atada y vendada, y solo la liberará si confiesa cada traición. Pero mientras ella gime bajo sus dedos, él descubre que su propia complicidad ha sido el mayor placer de todos.

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María estaba botando encima de Alberto. Éste le amasaba las tetas y se dejaba montar por su particular amazona, disfrutando de un calentón fruto de la ausencia de su hija. Ella estaba muy cachonda, le pedía que la llamase puta y guarra entre otras, sobándose el clítoris o pellizcándose ella misma los pezones mientras se penetraba con el rabo de su novio.

Presos del placer e imbuidos por la depravación del momento empezaron a guarrear, Dios sabe si más de lo que debían.

- ¡Oh cariño! ¡Qué puta estás! ¡Cómo te gustan la polla!

- ¡Sí! ¡Oh! ¡Me encantan las pollas!

- ¡Zorra! ¡Puta! ¡Métetela guarra! ¿Te gusta mi polla?

- ¡Sí amor! ¡Tu rica polla!

- Ummm… ¡Qué puta! ¡Seguro que piensas en pollas todo el día!

- ¡Ohh! ¡Sí! ¡Pollas!

- Sí, zorra… ¿Quieres más pollas?

- No mi amor… ¡Ummm! ¡Ahh! ¡Sólo la tuya!

- Con lo puta y guarra que eres y lo cachonda que te pones, seguro que piensas en otras además de la mía

- ¡No mi amor! ¡Sólo tu polla me pone cachonda!

Alberto se intentó concentrar, notaba que la vagina de su esposa se dilataba más y más y sus movimientos eran más cachondos, si eso era posible

La empujó a la cama sin sacársela de dentro, siendo él el que ahora la follaba. Estiró la mano hasta el cajón, cogió dos esposas acolchadas y la encadenó al cabecero. También le vendó los ojos. Sólo se la sacó para observar a su esposa amordazada, desnuda, mostrando su piel blanca y grandes tetas, luego la mata negra recortada que envolvía su rojizo y empapado coño, moviéndose al son del roce de sus muslos inquietos

- ¡Mmm amor! ¡Sigue follándome! ¡Estoy muy cachonda!

Alberto sonrió ante su presa, lleno de morbo y con la cabeza en otras cosas. Le sobo la teta y le dio a comer dos dedos. La otra mano fue directa al chichi, que María expuso lo más que pudo para que la dedeara bien.

Clavándole un par de dedos se echó a comer tetas y luego el cuello, notando cómo boqueaba de placer. Metió un tercero y los curvó en su interior, soltando ella un gemido. Lo hacía lentamente, para desesperarla. Le habló en susurros al oído tapado por la venda

- ¡Puta! ¡Zorra! ¡Tienes el coño cedido de tantas pollas que te metes!

- ¡Ummmm! ¡Ahhh!

- Dime cuántas pollas te lo han follado

- ¡Ammm! ¡Ummm! ¡Sólo la tuya! ¡Ammm!

- No te creo…confiesa….guarra, puta…con lo puta que eres seguro que te follas a todo Dios

- ¡No! ¡Soy buena! ¡ummm!- Gimió haciéndose la modosita pero moviendo las caderas para meterse un poco de los dedos inmóviles en la entrada de su coño

- No te creo, creo que eres una putita y que me has corneado mil veces- Dijo él dejando lo que hacía para golpearle la boca con su polla. Ella besó y lamió el tronco duro.- Mira cómo me tienes sólo de pensarlo.- Le clavó los dedos y con el pulgar masajeó el clítoris- ¿Seguro que eres buena?

- ¡Sí! ¡ummm! ¡Ahhhh!

- ¿Siempre?

- ¡Ummmm! ¡Bueno, no siempre!- Dijo ella esperando una reacción de contrariedad, con la idea de confesar alguna travesura como masturbarse por cam con otros tíos cuando él no estaba. Sin embargo, lo que recibió fue tres dedos hasta el fondo de su coño, la polla buscando entrarle en la boca y un fuerte gemido de morbo de su marido

- ¡Ya decía yo! ¡Guarra! ¡Puta! -Le cogió la cabeza para hacerla mamar- ¡Cuéntame! ¡Uff! ¡Qué cerdo me pones amor!

Él casi estuvo a punto de correrse de lo que le ponía la idea de que su mujer le cornease, tuvo que sacársela de la boca para dejarla hablar. Siguió acariciándola y haciéndole un dedo muy lentamente manteniéndola cachonda para que no bajase el tono guarro

- ¡Dime puta! ¡Qué has hecho!

- Na…nada…sólo cerdear por internet…

- Mentira, seguro que te han follado

- ¡No, mi amor!- Dijo morbosa y sin convencimiento

- ¡Confiesa! ¡Quién te ha follado!

- Na…di….e…ummm…ahhh…lo…juro…ummm…

- No me mientas, cuéntame

- Ammm…ummm…ohh…no, que te enfadarás…

- ¿Ves? ¡Sabía yo que una puta como tú no puede estar sólo con una polla!

Lejos de enfadarse le demostró dándole de nuevo a mamar que le gustaba lo que oía. Se estiró, le abrió el coño y haciendo un rico 69 se lo empezó a devorar sin llegar a correrla. Estaba empapadísima

- ¡Dime! ¡Quien! ¡Cuándo! ¿Cuándo me he ido por trabajo fuera? ¿Metías a otro en la cama?

- No - Mintió, eso lo dejaremos para otra, tenía en mente la primera vez que le puso los cuernos, tema atenuado porque llevaban poco de pareja- Fue hace mucho…cuando empezamos

- Ummm…ya veo… ¿Quién? ¿Lo conozco?- Hacía suaves círculos en su clítoris

- Ohhh…ahh…así…

- Contesta

- Ahhh…ummm…ssss….sí….lo conocías…-- María recordó cada instante de aquel suceso

- ¿Quién?- Preguntó Alberto muy morboso

- Da….da…Darío

- ¿Darío? ¿Quién es Darío?

- Mi…ufff….amm….mi compañero…del postdoctorado

- No recuerdo…- Hizo memoria- ¿Darío? ¿El hippie ese de las greñas?

- Sí…ahhhhhhh…ohhhh….sigue…ummm me corro….

- Cuando fue, cuéntamelo- Dijo metiéndole los dedos dejando un rato en paz el clítoris para que no se corriera

- Cuando fuimos a la piscina de Mario- Mario era otro compañero suyo de la época

- Explícame…

- Él….ohh…él siempre había sido un cachondo y gracioso, siempre tonteábamos, pero nunca tuvimos nada. - Recordó a Darío, un jovencito por entonces muy atlético, con el pelo de rastas y perilla rubia oscura, pendientes y tatoos por todo el cuerpo.- Siempre andaba follándose a alguna…

- ¿Cómo lo sabes?

- Era un piso compartido con paredes de papel, las oía gemir y gemir…

- Sigue

- Cuando tú y yo empezamos, él parecía alegrarse por mí, pero cuando te vio que venías conmigo a la piscina me empezó a preguntar en la cocina- Recordó su bikini que poco cubría sus grandes tetas, realzando sus mejores atributos- Cosas como si estábamos bien y tal…al principio

- ¿Y después?

- Después…ummm…sigue….-Alberto había dejado de dedearla- Espera, suéltame una mano- Él obedeció y ella al instante palpó las piernas de su marido hasta dar con la polla, que agarró y pajeó- ¡Qué duro estás cabrón!

- ¡Sigue contando!- Pidió con más énfasis

- Después me preguntó en plan guarro, como siempre ha sido, nada raro en él…

- ¿El qué?

- Que si me follabas bien

- ¿Qué le dijiste?

- ¡Que sí! Uff…mi amor….- Lo pajeó con furia disfrutando de un dedo hurgándole las entrañas

- ¿Y?

- ¡Nada! Le dije que sí, y que volviéramos a la piscina….y…me cogió de la muñeca y me besó

- ¿Y tú?

- Yo…ah…yo no…

- No me mientas

- Yo....le…le devolví el beso…

- ¿Sólo eso?- Preguntó dudando

- Sí…bueno, me tocó un poquito

- ¿Dónde?

- Te…tetas…un poco….por encima…me las estrujaba…ufff… ¡Dame polla!- Pidió a Alberto tirando de su rabo hasta que se lo metió en la boca, y chupó y lamió como una fulana, soltándosela para tocarse las tetas tirando de los pezones

- ¡Puta! ¡Qué bien la chupas cabrona! ¿Sólo os enrollasteis y te sobó?

- ¡Ahhh! ¡Cariño!...no aguanto más… ¡Deja el tema y fóllame!-Dijo un momento sólo para volver a metérsela hasta el gaznate

- ¡No! ¡Cuéntame que me pone burro!

- Mmmm…cornudo cabrón hijo de puta…me tienes muy perra…sí, me sacó las tetas y me las sobó y comió

- ¿Y tú te dejaste?

- Sí…ufff…me puso muy cachonda, me tocaba el coño, yo le saqué la polla y lo pajeaba

- ¿Cómo la tenía?

- Ah…ohhh….grande…ufff…grande y dura…- Se la metió en la boca de nuevo chupándosela lo más profunda que podía

- ¿Te gusta su polla?

- No…yo…solo quería hacerle…una paja y que me dejara…como despedida- Decía eso pero su cuerpo reaccionaba al revés, abriéndose más de patas para que Alberto le clavase bien los dedos

- Zorra, te estás poniendo a mil sólo pensando en su polla.- Él le empezó a sobar el clítoris- Te gustó su polla ¿eh?

- Ummm…sí….

- ¿Más que la mía?- Se la metió en la boca y chupó y chupó para evitar responder, pero Alberto acentuaba sus palabras con una dura paja al coño de su esposa- ¿Más que la mía?- Asintió levemente-¿Se la chupaste?- No se dignó ni a dejar de mamar, sólo asintió- ¿¿Se la chupaste??- Volvió a preguntar con más énfasis por lo cachondo que estaba

- Mmmm…me agaché a chupársela y oímos ruidos. Nos metimos en el lavadero. Oí tu voz, y la de Mario

Alberto se movió por la cama, separando las piernas de Mari, colocándose entre ellas y apuntalando la polla en su empapado coño.

- Sigue…-le sugirió

- Puse la oreja en la puerta y sí, eras tú.

- ¡NO! ¡La mamada!

- So…solo…ummm, ah, hay amor qué rica polla, sí métemela- Alberto empezaba a penetrarla- Sólo se la chupé un momento, nos interrumpisteis

- ¿Te jodió no poder chuparla bien?- Mientras la follaba le puso tres dedos en la boca que ella chupó como si fuera una polla- ¿Y ya está? ¿Parasteis?- María negó sacando la lengua para lamer los dedos muy sexy

- Darío me abrazó desde atrás cogiéndome las tetas y restregándose, me mordía el cuello y me tocaba el culo…ahhh…ummm…sí…ufff….fóllame cariño…así…

La estaba follando lentamente para que siguiera contando, reprimiendo su inminente orgasmo

- Me…uff…me apartó el bikini…y me metió sus dedos…ahhh ¡Qué gusto! Quería chupársela pero no podía, no me dejaba así como estaba y…uff… me ponía cachonda oírte cerca y teniendo….ah…teniendo sus dedos en mi coño

- ¿Te folló con los dedos?

- Y…con…ahhhhh…ohhh…la lengua…se puso a comérmelo muy guarro, sólo lo bajó un poquito, ya sabes, como me pone tanto

- Mmmm…cómo estás amor…lo comía rico eh- Le desató la otra mano del cabecero

- Su polla…ummm…me la puso en el culo y la movía

- ¿Se pajeaba?- Asintió- ¿por qué no se la acabaste tú?

- No...no me dejaba…moverme…de la puerta…me decía cosas guarras y me besaba. Pero tuvimos que callar, abriste la nevera, justo al lado de la puerta

- ¿Se corrió la paja en tu culo?-María negó tímidamente

- Me…uff…me la…ammm…..oh….

- ¿Te qué puta? Ufff….cómo me tienes…¿Qué?- Exigía respuesta follándola duramente ya

- Me…la…metió…

- ¿por el culo?

- ¡Nooo!

- Mmm…zorra…umm…se puso el condón y te folló el coño...que rico…- María volvió a negar muy levemente- ¿No qué?

- No teníamos…- Dijo estirándose de las rodillas para abrirse más de piernas

- ¿Condón?- Asintió- ¿Dejaste que te follara a pelo?- Boqueaba y asentía

- Fue rápido

- ¿El qué?

- Nos…corrimos rápido…me lo folló rápido…y duro

- ¿Se sentía bien?

- Mmmm…sí…amor…oh…¡Qué polla más rica! -Alberto no sabía si hablaba de la suya en aquel momento o la de Darío

- ¿Tú te corriste?- Asintió mordiéndose el labio de morbo- ¿Te corriste con su polla?- Volvió a asentir más firme- ¿Cómo se notaba?

- Grande…caliente…me llenó…mucho

- ¿Te gustaba? ¿Más que la mía?- Ella se contuvo en responder- ¿Qué sentías?

- Ah…ohh…me sentía…muy llena…mucho placer…cuando la metía hasta el fondo…y me corrí….oh…

- ¿Y él? ¿Te ensució tu gordo culo de leche?- Imaginaba a Darío sacándosela, meneándola y corriéndose en sus grandes y blancas nalgas intentando aguantar su propia corrida, cosa casi imposible; ya notaba empezar a salir el líquido preseminal en el empapado coño de María. Casi le explota el corazón viéndola girar la cabeza de lado a lado.- ¿No? ¿Dónde se corrió él?

- De…dentro…se corrió dentro…en mi coño

- ¡¡Ahhh!! ¡¡Puta!!- Chilló y gimió Alberto dándole los últimos pollazos y llenándole el coño de semen a su esposa- ¡¡Se te corrió dentro!!- María se retorcía tirándose del pelo disfrutando también de su orgasmo- ¡¡Ahhh!! ¡¡Ahh!!

Cuando ambos acabaron, empezaron a relajarse. Alberto se la sacó y se estiró a su lado jadeando y sudoroso, no sabía qué pensar. Siempre le había gustado el rollo cornudo y durante el acto, había sido una pasada, pero ya después del calentón el pensar que otro se había follado a su mujer no le hizo tanta gracia. María se giró a besarle

- Cariño, ha estado muy morboso. No sabía que te gustaría…saber…estas cosas…

- Bueno- Dijo él contrariado

- Amor…no te enfades, sólo fue una vez, ya sabes que soy muy caliente, sólo fue un revolcón del calentón, yo te quiero a ti y me encanta contigo. ¿o es que te falta sexo acaso?

- No, para nada- Cierto era, follaba con ella siempre que quería, incluso más de lo que su lívido necesitaba- ¿Sólo fue esa vez?

- Sí mi amor- Le besó.

Cerrando los ojos para besarle, recordó las decenas de veces que folló con Darío las siguientes semanas, y no sólo con Darío; Recordó que cuando acabaron de follar aquella mañana y él le subió el bikini, Alberto ya había vuelto a la piscina con una cerveza en la mano. Ella y Darío se miraban sonrientes y avergonzados recomponiéndose cuando oyeron una voz gritar algo de la piscina, y luego a su amigo Mario, el anfitrión, decir “sí, ya voy espera que cojo un fregona”, y abrirse la puerta del lavadero. Los miró sorprendido, de arriba abajo, intuyendo lo sucedido. Después miró a Darío y le guiñó un ojo, cogiendo el cubo y la fregona y chillando “Ya voy”