Xtories

El Cumpleaños de Flor

Nunca imaginaste que tu esposa te pediría que la miraras mientras la llenaban otros. Esta noche, la cocina se convierte en un escenario prohibido y el silencio de la casa encierra un secreto que cambiará todo.

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Te acomodás detrás de la puerta entreabierta que da al patio, con el corazón martilllándote en el pecho. Desde tu escondite, tenés una vista perfecta de la cocina donde Flor se ha posicionado estratégicamente. La luz del atardecer se cuela por la ventana, bañando su figura con un resplandor dorado que resalta cada curva de su cuerpo.

Flor está apoyada contra la mesada, vistiendo apenas un vestido veraniego escotado y muy corto que deja adivinar el contorno de sus pezones y el nacimiento de sus pechos, debajo apenas le cubre el culo. No lleve puesta ropa interior. Se muerde el labio inferior con anticipación mientras revuelve distraídamente un vaso con gaseosa.

"¿Seguro que quieres hacer esto, mi amor?" te pregunta elevando la voz para que la escuches desde tu escondite. "Todavía podés arrepentirte..."

Apenas termines de confirmarle que sigues adentro, el timbre suena con un eco que parece resonar directamente en tu entrepierna. Flor sonríe, se alisa el vestido y camina lentamente hacia la puerta principal, contoneando sus caderas de manera exagerada, sabiendo perfectamente que la estás mirando.

Cuando abre, se encuentra con los tres albañiles: Diego, el más joven y fornido; Ramiro, de mediana edad con barba tupida; y Nelson, el alcalde, de contextura más delgada pero mirada intensa. Están aún con sus ropas de trabajo, manchadas de polvo y cemento.

"¡Hola chicos!" exclama Flor con fingida sorpresa. "Gracias por venir a revisar esa gotera... pasen, pasen."

"Buenas, señora", saluda Diego, evidentemente nervioso mientras pasa el umbral. Los tres ingresan a la casa, intercambiando miradas de confusión cuando notan que Flor está prácticamente sola y vestida de forma tan provocativa.

"¿Su marido no está?" pregunta Ramiro, mirando alrededor con cautela.

Flor suelta una risita mientras los guía hacia la cocina. "No, mi novio se fue a jugar al fútbol con los pibes. Estamos solos..." dice, dejando que esa última frase quede flotando en el aire cargado de tensión. "¿Les puedo ofrecer algo para tomar? Hace mucho calor hoy, ¿no?"

Desde tu posición, notás cómo los tres hombres se miran entre ellos, confundidos pero claramente interesados. Nelson, el alcalde, parece ser el más perceptivo. "¿Segura que solo nos llamó por la gotera, señora?" pregunta con una media sonrisa.

Flor se acerca a la heladera y se inclina exageradamente, dejando que su pollera se levante lo suficiente para mostrar que no lleva nada debajo. "En realidad..." susurra girando la cabeza para mirarlos, "hoy es mi cumpleaños, y quería darme un gustito especial". Desde tu escondite, observás con la respiración agitada cómo la escena se desenvuelve de manera diferente. Flor no se desnuda completamente como imaginabas, sino que juega con los límites de la insinuación, un arte que domina a la perfección.

Los tres albañiles la rodean como lobos hambrientos mientras ella se apoya contra la mesada de la cocina. El escote de su vestido veraniego parece tener vida propia, revelando y ocultando sus pechos en un baile hipnótico que los mantiene a todos en vilo. Cada movimiento suyo hace que la tela se deslice un poco más, amenazando con liberar sus tetas por completo.

"¿Les gusta lo que ven, chicos?" pregunta Flor con voz melosa, llevándose el pico frío de la botella de cerveza a los labios. "¿O prefieren algo más... concreto?"

Diego, el más joven, se relame los labios con nerviosismo. "Señora... digo, Flor... estás más buena que comer dulce de leche con el dedo."

Ella suelta una carcajada musical y arquea la espalda, haciendo que uno de sus enormes pezones rosados se asome traviesamente por encima del escote. Nelson, el mayor, no puede contenerse y extiende una mano callosa para acariciar la piel expuesta de su hombro.

"Cuidado con lo que tocás", lo provoca ella, pero no se aparta. "Todavía no te di permiso."

"¿Y cómo conseguimos ese permiso?" pregunta Ramiro, acercándose por el otro lado hasta quedar a centímetros de su rostro.

Flor gira la cabeza y lo mira directamente a los ojos. "Preguntándome muy, muy amablemente..."

Sin romper el contacto visual, Ramiro se inclina y susurra algo en su oído que no alcanzás a escuchar, pero que hace que Flor se estremezca visiblemente. Ella asiente lentamente mientras el albañil desliza una mano por su cintura.

"Dale, morocho", murmura ella. "Mostrales a tus amigos cómo se trata a una mujer."

Ramiro la besa en el cuello mientras sus manos expertas recorren su cuerpo por encima del vestido. El movimiento hace que el escote ceda un poco más, revelando casi por completo uno de sus pechos turgentes. Diego y Nelson observan, hipnotizados, mientras sus propias manos viajan hacia sus entrepiernas para acomodarse las evidentes erecciones que deforman sus pantalones de trabajo.

"¿Sabés qué es lo más lindo de cumplir años?" pregunta Flor, mirando directamente hacia tu escondite por un instante fugaz. "Que uno puede darse todos los gustos que quiera."

Te quedarás en tu escondite, con el corazón martillándote en el pecho mientras la escena ante tus ojos se transforma en algo más intenso y carnal. Flor, con esa sonrisa traviesa que tanto te enloquece, se da vuelta y apoya las manos contra la isla de la mesada, ofreciéndose a los tres hombres que la rodean con miradas hambrientas.

"Chicos, es mi cumpleaños y quiero un regalo especial", ronronea ella, levantándose lentamente el vestido hasta la cintura, revelando la piel morena de sus nalgas redondas. "Quiero que me cojan... por turnos."

Diego, el más joven de los albañiles, traga saliva ruidosamente mientras Ramiro y Nelson intercambian miradas de complicidad. Es Nelson quien da el primer paso, acariciándole el culo con manos ásperas por el trabajo.

"¿Estás segura, preciosa?", le pregunta al oído, pero su mano ya se está desabrochando el cinturón.

Flor asiente y separa más las piernas, arqueando la espalda para ofrecerse mejor. "Totalmente segura... pero ponete un forro, ¿sí?"

Con una mirada traviesa, extiende su mano donde tiene guardados varios conservantes. "Tomá, ponételo", le ordena con voz suave pero firme.

Mientras Nelson se enfunda su verga gruesa y venosa, Diego y Ramiro se acercan a Flor. Uno le acaricia los pechos que se asoman por el escote caído mientras el otro le besa el cuello. Sus manos recorren el cuerpo de tu novia como si fuera un territorio por conquistar.

"Me vuelvo loca", gime Flor cuando Nelson finalmente se posiciona detrás de ella. Lo ves escupirse la mano y refregar su pija por toda la concha de Flor, lubricándola antes de empujar lentamente.

Desde tu escondite, podés ver cómo la verga de Nelson va desapareciendo dentro de ella, centímetro a centímetro. Flor suelta un gemido largo y profundo, cerrando los ojos con una expresión de placer absoluto. "Ay, dios... qué bien la metés..."

Diego y Ramiro se desabrochan los pantalones y comienzan a masturbarse mientras observan la escena, esperando su turno. Sus pijas erectas sobresalen de sus manos callosas, anticipando el momento de hundirse en tu novia.

Flor gira la cabeza y con un gesto invita a Diego a acercarse. El joven albañil obedece, hipnotizado, y ella toma su verga con una mano, guiándola hacia su boca. Sus labios se abren para recibirlo mientras Nelson mantiene el ritmo detrás.

"La tenés muy grande, pibe... no me va a entrar toda", murmura ella antes de engullir lo que puede, haciendo que Diego suelte un gemido gutural.

Ramiro se acerca por el costado, acariciándole las tetas mientras espera pacientemente. Cuando Nelson acelera sus embestidas, Flor suelta la pija de Diego y lame sus labios. "Cambio... quiero probarlos a todos."

Con una coordinación sorprendente para ser la primera vez juntos, los hombres rotan posiciones. Ahora es Ramiro quien se posiciona detrás, hundiéndose en ella con un gruñido de satisfacción, mientras Nelson ocupa el lugar frente a su boca. Flor alterna entre una pija y otra, chupándolas con entusiasmo mientras una de sus manos desciende para tocarse el clítoris.

"Voy a acabar", anuncia con voz entrecortada después de varios minutos de este baile carnal. "Me están cogiendo tan bien que voy a acabar como una perra..."

Su cuerpo se estremece con espasmos violentos mientras un orgasmo la recorre de pies a cabeza. Pero los hombres no se detuvieron. Cambian de posición nuevamente, ahora con Diego enterrándose en ella mientras los otros esperan su próximo turno.

Los minutos se convierten en una hora de placer desenfrenado. Los tres hombres la han poseído varias veces, rotando posiciones, probando diferentes ángulos, haciendo que Flor llegue al clímax repetidamente.

"Chicos, estoy por acabar", anuncia finalmente Diego, quien en ese momento la está penetrando. "¿Dónde la querés?", pregunta con voz tensa.

"En la cola", responde Flor sin dudar, mirando de reojo hacia tu escondite. "Y ustedes en mi boca."

Diego se retira de su concha y, con cuidado, presiona la cabeza de su pija contra el año de Flor. Empuja suavemente y, cuando esté a punto de acabar, se retira para derramar su semen sobre las nalgas de ella, marcándola con hilos blancos y espesos.

Nelson y Ramiro la toman suavemente del pelo para arrodillarla entre ellos. Sus vergas palpitantes apuntan a su rostro, y ella abre la boca con anticipación. Ambos acaban casi simultáneamente; parte del semen entra en su boca y el resto se derrama por su barbilla y sus pechos. Flor traga lo que puede, relamiéndose los labios con satisfacción.

"Feliz cumpleaños a mí", susurra con una sonrisa satisfecha, mientras los tres hombres recuperan el aliento, todavía incrédulos ante lo que acaba de suceder.

Los albañiles terminan de vestirse en un silencio cargado de complicidad y cierta vergüenza post-orgásmica. Nelson, el alcalde, es quien toma la iniciativa de despedirse mientras se acomoda el cinturón del pantalón de trabajo.

"Gracias por... eh... por todo, Flor. Feliz cumpleaños", murmura, impidiendo mirarla directamente a los ojos ahora que la lujuria ha dado paso a la incomodidad.

Ramiro y Diego asienten, intercambiando miradas furtivas entre ellos mientras recogen sus herramientas olvidadas en un rincón. La puerta se cierra tras ellos con un golpe seco que resuena en el silencio de la casa.

Apenas se alejan sus pasos, salís de tu escondite en el patio. Flor está acuclillada contra la mesada de la cocina, con el vestido arrugado y manchado. La leche que corre por el mentón y por sus tetas, el pelo revuelto y una sonrisa felina en los labios. Al verte aparecer, sus ojos brillan con una mezcla de satisfacción y picardía.

"¿Te gustó el show, cornudito?" te pregunta con una risa burlona, mordiéndose el labio inferior mientras se acerca lentamente hacia vos. Su cuerpo exhala el aroma mezclado de su perfume y el sudor de cuatro cuerpos entrelazados.

Antes de que puedas responder, te toma de la camisa y te atrae hacia ella, besándote profundamente. El sabor salado y amargo de los otros hombres aún permanece en su boca, y sintió cómo tu verga responde instantáneamente a punto de explotar en tu mano.

Sus dedos ágiles descienden hasta tu entrepierna, encontrando tu erección y apretándola con fuerza mientras sus labios continúan devorando los tuyos. "Mirá cómo te pusiste", susurra contra tu boca. "Te calentó verme cogiendo con otros, ¿no? Te gustó ver cómo me llenaban toda, cornudo de mierda".

Sin soltar tu pija, Flor se desliza hacia abajo, arrodillándose frente a vos. Con una destreza practicada. Te mira desde abajo con esos ojos color miel que ahora parecen líquidos por el deseo, mientras su lengua recorre lentamente toda la longitud de tu verga.

"Sentí cómo me quedó la boca después de chupar tantas pijas", murmura antes de engullirte por completo mientras se masturba con la otra mano.

El placer es tan intenso que tenés que apoyarte contra la pared para no caer. Sus labios, los mismos que minutos antes se la chupaba a desconocidos, ahora te devoran con hambre renovada. El contraste entre la vulgaridad de la situación y el amor que sentía por ella intensifica cada sensación.

De repente, Flor se detiene y se levanta. Con un movimiento rápido, te empuja hacia el sillón de la sala y te hace caer de espaldas. Se levanta el vestido hasta la cintura y, sin ninguna ceremonia, se sienta sobre tu verga, hundiéndose completamente en un solo movimiento fluido.

"¿Te gustó verme así? ¿Te gustó ver cómo me cogían entre tres?" te pregunta mientras comienza a cabalgar sobre vos, sus pechos rebotando con cada movimiento, todavía manchados con rastros blanquecinos del semen de los albañiles. "Decime que te gustó, cornudo... decímelo".

"Me volví loco", confesás mientras tus manos aferran sus caderas, guiando sus movimientos. Era imposible no notar en sus nalgas la pegajosa acabada de aquel albañil.

Flor se inclina para besarte nuevamente, abrazándote con fuerza mientras aceleras el ritmo. Sus gemidos se vuelven más urgentes, más primitivos. "Voy a acabar de nuevo... acabá conmigo, Tin... llenáme la concha de leche...".

Tus caderas se mueven en perfecta sincronía con las de ella, y sentís cómo su interior se contrae alrededor de tu pija en espasmos violentos. Es todo lo que necesitas para liberar tu propia tensión acumulada, vaciándote dentro de ella con un gemido gutural que parece arrancado desde lo más profundo de tu ser.