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Dominaciónjul 2025

Katalina y su amor

Albert creyó que burlarse de la pequeña polla de Federico era un juego inocente. No supo que Katalina no perdona insultos a su propiedad, y que su castigo involucraba hielo, dolor y un juguete que no podría extraer fácilmente.

rosameler2.6K vistas9.7· 6 votos

Katalina era una mujer millonaria, con sus videos porno cuyo hermoso rostro ocultaba, realizaba toda clase de dominación femenina. Aunque con condiciones, no enseñaba nunca su cara, aunque pixelada se apreciaba incluso su belleza. Y la otra era no estar nunca desnuda.

Federico era su marido, quien siempre llevaba a cabo los azotes por parte de su mujer. Su cuerpo delgado y estatura baja era perfecta. Su pene, lejos de ser algo vistoso, era diminuto junto a unos testículos que caían pesadamente. No tenía vello pues Katalina decía que eso solamente era para hombres.

Sin embargo, en su casa eran muy cariñosos. Federico se dispuso a mear, y cuando terminó, sintió las manos de su mujer acariciar su pecho desde atrás. Ella agarró la diminuta polla para sacudirla, haciendo que cayesen las gotitas y poco a poco se fuese poniendo dura. Aunque no ganaba demasiado.

—Cariño, ¿Cómo puede ser que la tengas tan sumamente pequeña incluso dura? —ahí de nuevo, su humillación.

Federico levantaba la cabeza a medida que su gran mujer le masturbaba, apretando suavemente los huevos, palpándolos…sintiendo esa fragilidad. El hombre llevó las manos a su cabeza y su esposa comenzó con la mano libre a penetrar su ano lentamente. Estaba limpio, por orden de ella.

—Se nota que te he dado mucho por culo, apenas tengo resistencia para entrar—continuó masajeando el interior del culo de su chico mientras también masturbaba su diminuta polla obligándolo a gemir como un perro y sacar la lengua.

—Voy…voy…voy…a…—los ojos se iban poniendo en blanco a medida que su cuerpo empezaba a sacudirse por el enorme placer.

—¿Tan rápido? —sonreía ella—. anda…córrete mi pequeño niño—dijo sensual.

A pesar de tener una polla muy pequeña, soltaba unas grandes cantidades de semen que mancharon el lavabo y que tendría que limpiar más adelante.

—Buen chico—le dio un par de azotes en las nalgas antes de salir.

Muchas de sus amigas se preguntaban como era capaz de aguantar a un hombre con un pene tan pequeño y aunque lo humillaba en los vídeos, ella lo amaba. Y tampoco mostraba su rostro. Katalina amaba esa relación y rechazó a hombres con la polla más grande.

Esa noche, Katalina se masturbaba en su cama completamente desnuda y a la vista de su hombre, quien tenía una jaula de castidad puesta. No le quedaba otra que tener un orgasmo por el culo y ante la mirada de su mujer, cabalgó una enorme polla. Los gemidos inundaban la habitación. Pero también los desprecios de ella, llamándolo impotente, pichacorta, polla pequeña…algo que aumentaba el placer en ambos.

Federico gritó antes de caer de rodillas pues había tenido un enorme placer. Katalina empapó toda la cama y se quedó tumbada antes de chasquear los dedos. El hombre se arrastró hasta ella, se metió entre sus piernas y comenzó a comerle el coño mientras su esposa lo sujetaba del cabello.

—Tu diminuta polla no da mucho placer…ni la siento…pero oh cariño…tu lengua…eso es…vamos…sigue así y no pares…jodida polla pequeña—Federico aumentó el ritmo hasta que su mujer quedó saciada y agotada.

Uno de esos días de calor, Federico estaba desnudo, mirándose al espejo. Katalina llegó con un precioso vestido rojo y lo besó con lengua mientras sus manos se deslizaban por todo su cuerpo.

—Te amo mi pequeño hombretón—susurró ella besándolo de nuevo.

—Y yo a ti—él hizo lo mismo.

Katalina apretó ligeramente sus huevos, provocando un gruñido por parte de su hombre, antes de sonreír.

—Por muy hombre que sea uno…cuando lo agarran de aquí…todavía recuerdo esa patada en los cojones que le di a aquel idiota machito que se echó a reír por tu pequeña polla. Uff…como se retorcía de dolor mientras las chicas y yo nos reíamos de él.

Se agachó y comenzó a besar su trasero, introduciendo su lengua mientras con la mano le sacudía su pequeña cosita. Federico levantó la cabeza y separó las piernas a las órdenes de su amor. Pronto empezó a suspirar y gemir, con su mujer haciendo aquel trabajo.

—Venga…lo estás deseando—aumentó el ritmo y no aguantó más que unos pocos segundos más, salpicando el espejo—. Gracias por la comida.

Ella se lavó la boca antes de marcharse a una fiesta con amigas.

Katalina disfrutaba de la fiesta con estas cuando las zorras de algunas de ellas comenzaron a besarse con algunos chicos. Ella bebía por su parte apartada, viendo como pronto empezarían a follar. Uno de esos hombres, Albert, se acercó a ella sin la parte inferior de su ropa puesta, dejando a la vista su enorme polla.

—Venga nena, vamos a divertirnos—le dijo sensualmente y agarrando su pene.

—No gracias, ya tengo un hombre en casa

—¿Ese polla pequeña del cual me han hablado?.

Se echó a reír y dijo que perdía el tiempo con él. Katalina lo miró con rabia, apretando los dientes y puños. Sus amigas que habían escuchado todo pensaron que pobre de ese hombre por insultar a su esposo.

Katalina acercó el vaso con hielo ya que se lo había tomado todo a los huevos del hombre que abrió la boca al sentir el frío. Luego, le arreó un fuerte rodillazo al vaso que se apretó con los duros hielos contras los testículos. El grito de dolor del hombre aumentó el placer de sus amigas quien veían todo con una sonrisa.

El idiota cayó al suelo y la miró enfadada.

—Hija de puta, te voy a romper el culo con…¡AAAHHHHH! —una de las amigas de ella que había terminado de follar, le pateó los huevos desde atrás.

—Me parece que te has confundido con nosotras—dijo Katalina colocándose un dildo.

Las amigas dejaron de follar ante la mirada de algunos hombres quienes se llevaron las manos a las pelotas, como sintiendo el dolor de éste. Amarrado, lo colocaron en cuatro y de nada sirvieron sus súplicas o gritos cuando Katalina le perforó el culo varias veces antes de dejarle el pene de plástico dentro y con él chillando de dolor.

Al regresar a casa, encontró a su marido en la habitación quien se puso en cuatro.

—Oh no cariño, hoy me siento contenta…serás tú quien me de por el culo—sonrió antes de desnudarse y dejando el cuerpo de diosa a la vista de él.

Federico penetró el culito tan bueno de su esposa quien le relató lo sucedido. Un polvo de apenas un minuto, pero que, sin duda, fue el mejor de Federico.

Por su lado, Albert estaba en el hospital ingresado con un fuerte dolor de huevos y culo ante las miradas de las enfermeras quienes reían por la situación. No era para menos pues tardaron rato en poder sacarle el dildo y bajar la hinchazón de sus testículos que colgaban pesadamente y eran tan grandes como pelotas.

Fin