Xtories

La escala (Capítulo 7)

Sabe que es una trampa diseñada por su propio marido. Sabe que David es el jefe prohibido. Y aún así, al ver la realidad desnuda de ese cuerpo, la razón se desvanece.

Sylke5.7K vistas9.5· 19 votos

La escala

Capítulo 7

Recojo el conjunto y tras meterme en el baño, me desnudo completamente, me observo en el espejo pudiendo notar en el reflejo mis carrillos encarnados, mis pezones erectos y mi sexo empapado. ¡Estoy como una moto!, ¡Maldita sea! Exclamo presa de mi propia calentura ¡no se imagina cómo estoy!, ni por supuesto tampoco se puede imaginar cómo está su joven superior en la habitación... ¡Desnudo! y tampoco debe sospechar cómo es este conjunto sexy, más atrevido que nunca.

Al fin y al cabo, David tiene razón y voy a hacer feliz a mi marido, poniendo a ese chico cardiaco con ese conjunto de lencería.

Me pongo el pequeño sostén transparente donde los pezones se vislumbran con claridad y el pequeño tanga que por tapar no tapa casi nada, pues mi rajita se percibe muy bien y por atrás se cuela entre mis glúteos. Luego me pongo esas suaves medias negras, con el liguero. La batita-camisón tapa un poco más, pero es todo un reclamo erótico para cualquiera, más todavía para ese hombre que me espera allá afuera. Me ato el lazo que cubre ligeramente mi pecho quedando abierta y mostrando mi cuerpo como toda una invitación al pecado. Me vuelvo a mirar en el espejo, me giro y veo mi culo alzado gracias a los tacones de aguja ¡Parezco toda una zorra!, como sé que le encanta a Óscar. ¿Le gustará tanto a David? ¡Dios, no... esto es una locura!

No sé porque estoy cediendo a las peticiones de ese chico y más aún a las perversas intenciones de mi marido en su afán por calentar a su sátiro jefe. Por un instante me entran dudas para salir del baño, sin creerme que Óscar acceda, pero estaban claras sus intenciones. Me miro en el espejo por última vez viendo esa figura tan seductora que quiero mostrar a ese desconocido. Para mi marido es un conjunto sensual, pero para ese chico es una pasada ¡Parezco una auténtica puta! ¡Definitivamente he perdido el control!

Salgo por fin y avanzo en un meneo de caderas provocador y llego hasta la cama donde permanece sentado David que al verme se levanta como un resorte. Por su cara, no hay duda de que le he impactado y mucho pues al ponerse de pie su enorme polla está totalmente tiesa apuntándome.

- ¡Dios! – exclamo al ver ese grueso pene venoso totalmente erecto.

Es increíble, el tamaño es mucho mayor de lo que había imaginado, una polla larga y sobre todo gruesa, no sé, creo que estoy soñando...

- ¡Carla! - dice dándome la mano haciéndome girar por completo frente a su sedienta mirada.

Ese chico me hacer dar vueltas que con lo que he bebido y mis zapatos de tacón, me provoca cierto mareo, hasta que me pone frente él. Mis pezones están duros y se transparentan del todo. Me da otra vuelta y se queda fijo en mi culo y lo que permite mostrar esa batita semi transparente.

- Estás increíble, Carla. - añade girándome de nuevo frente a él, con la intención de ¿besarme?

- Gracias, pero ya has visto demasiado. - respondo empujándole antes de que ese cuerpo divino contacte con el mío, pues no quiero ni por asomo perder la cabeza y eso que estoy medio borracha.

Cuando quedo frente a él y me sujeta de las manos, mis ojos se van a su enorme miembro, completamente tieso, apuntándome. ¡Es gigantesco! ¿Podría ser el más del doble de gruesa que el de Óscar? Siempre le gusta jugar a la escala, comparar... sus casi 12 centímetros, frente a los más de veinte que tengo delante, pero lo que me asusta es su grosor, su tremendo grosor, con sus venas marcadas, sus enormes huevos, ese glande gordo y brillante...

Me giro con intención de darme la vuelta y meterme en el baño, pero noto su cuerpo desnudo pegarse a mi espalda. No puedo evitar ese calor que invade todo mi cuerpo y especialmente mi chochito que está que arde, al sentir esa polla rozándome y la siento dura. No soy capaz de soltarme de ese abrazo. me encanta sentirme cobijada por ese hombre y sus fornidos brazos, a pesar de que gritos en mi cabeza dicen que huya al baño.

- Eres increíble, Carla - me susurra en el oído y noto todo mi cuerpo temblar con ese contacto increíble de su cuerpo.

- Gracias, David, creo que ya hemos rebasado los límites - incapaz esta vez de soltarme de ese cálido abrazo.

- Es verdad, tienes razón. – dice separándose de mí.

Me quedo extrañada, incluso enfadada conmigo misma por haberle dicho eso, estaba tan a gusto… era un estremecimiento continuo…

- Gracias, Carla por hacerme este regalo. Seguramente Óscar te comerá en cuanto llegue. Yo lo haría ahora mismo. - añade con su voz temblorosa.

Me giro y compruebo, de frente cómo sigue con su polla totalmente tiesa y vuelvo a admirar ese cuerpo.

Me encanta saber que le llego a excitar como dice, pero también yo, imaginando que es él quien me devora realmente.

- Bueno, me voy a ir… - me dice de pronto.

Creo que mi cara debe ser un poema, observando su cuerpo desnudo y esa enorme polla apuntándome. ¿En serio se va a marchar?

Se agacha para recoger la ropa de la cama, pero veo que sigue totalmente empalmado por mi culpa y yo estoy más caliente y borracha, por lo que absurdamente le pregunto.

- ¿Te vas?

- ¿Quieres que me vaya? – dice dejando la ropa esta vez en el suelo y quedándose muy cerca de mí.

Su cuerpo es increíble. Él, sin duda, sabe la respuesta, ve mi cara, sabe que estamos jugando con fuego, por mucho que mi marido se empeñe en esta locura. Por fin pienso con criterio y sensatez diciendo entre dientes:

- Creo que es mejor que te vayas.

- De acuerdo.

Él obediente, me sonríe con intención de volver a recoger su ropa del suelo, pero antes de hacerlo se gira hacia mí y me pregunta:

- Carla, ¿Puedo pedirte un último favor?

- ¿Qué?

- ¿Puedes quitarte la batita? - me pregunta cuando ya está él deshaciendo el lazo que la sujeta sobre mi pecho.

- No, de eso nada, David. - le respondo sosteniendo esos brazos fuertes que tanto me atraen y separándolos bruscamente de mí.

- Vamos, sólo para ver lo que tendrá Óscar en un momento. - insiste visiblemente cachondo con la intención de quitarme esa fina prenda.

- No, David, habíamos quedado que te enseñaba esto y todavía no sé ni cómo he cedido a tu petición… - añado mirando esa erección a punto de tocarme.

- Tú hazte a la idea de que soy él.

- Ya, pero no lo eres… - respondo sin evitar comparar esa musculatura con el cuerpo de mi esposo, que está bastante lejos de un cuerpo tan perfecto del que tengo delante de mis ojos y de esos bíceps que estoy acariciando casi instintivamente. Eso por no hablar de un miembro descomunal, que desde luego me partiría el coño en dos.

- Solo te pido ese favor... sabes que Óscar te lo permite - me suplica.

Ambos sabemos que es cierta la perversidad de mi marido y seguramente estará encantado de que le muestre a su comandante, mi cuerpo medio desnudo, sabiendo que sólo será él quien me tenga al completo, que además le daré por ese gusto de pasarle por las narices a su jefe, que me verá pero no me catará.

Resoplo con un cachondeo que invade mi cuerpo y dejo caer la batita por mi espalda mostrándole a ese chico mi cuerpo apenas cubierto por un pequeño sostén, unas braguitas y unas medias con liguero que son todo un reclamo sexual, pues se transparenta todo.

- ¡Dios! - exclama él y me vuelve a abrazar.

Esta vez noto su piel pegada a la mía, su enorme verga se abriga en nuestros cuerpos, notando como la humedad baña mi tripa…

- Eres un sueño, Carla. – me dice suspirando.

Yo le empujo, en un último afán por poner cordura y en ese preciso momento David, gira hacia la cama quedando sentado a los pies de esta, frente al espejo de cuerpo entero, y al estirar su mano hace que yo también gire y caiga sobre su regazo de espaldas a él. Puedo percibir ese bulto en mi culito y veo como ese rabo es más grande de lo que aparenta y cómo se inserta entre mis muslos. ¡Madre mía! Esa largura se extiende rozando toda mi rajita que ahora mismo está palpitante y con ganas de ser “atacada”. Nos miramos a los ojos en el espejo y ambos podemos ver el deseo reflejado, aunque yo debo mantener mi compostura, soy una mujer adulta, casada, la mujer de su subordinado y mucho mayor que él, soy yo la que debe poner sensatez a todo esto... Ese chico está desnudo y yo prácticamente.... también.

- Eres maravillosa, Carla. – añade, acariciando mis caderas sin dejar de mirarme a través del espejo.

Me encanta estar sentada sobre él mirándonos así, mientras yo instintivamente muevo mi culo adelante y atrás, sintiendo esa dureza cada vez mayor bajo mi culo. ¡Qué gustito estar sentada sobre esa cosa tan grande!, ¡No puedo parar de rozarme continuamente!, ¡Esta locura me trastorna! ¿Qué estoy haciendo? ¿Es esto realmente lo que quiere Óscar?

- Esto no está bien… - le digo mirándole a los ojos a través del reflejo.

- Esto está muy bien. - añade él.

- Soy la mujer del capitán, estamos casi desnudos... - digo intentando razonar lo irrazonable.

- Vamos, con eso me estimulas más.

Las caricias de David pasan por mis piernas, luego mis caderas y después mi cintura, llegando casi hasta mis pechos, pero solo rozándolos ligeramente con sus pulgares dibujando la forma que hace mi sostén.

- Eres un sueño, Carla. ¿Has visto lo dura que me la has puesto? - me dice apretando su pelvis contra mi culo.

- Yo…

- Estás ardiendo ahí abajo. Noto tu calor - añade susurrando junto a mi oído.

- Deberías irte, David.

- ¿No te imaginas tener esto dentro de ti? - me pregunta en un susurro en mi oído haciendo un movimiento de su pelvis y clavándome aún más esa enorme cosa entre mis muslos.

Son muchos días sin sexo y ahora estoy casi desnuda sobre ese cuerpo despelotado del jefe de mi marido.

Me tendría que levantar, mandarle a la mierda y que se vaya de mi habitación, sin embargo, él también es un sueño para mí, aunque me resista a decírselo Las manos de ese chico juegan por la parte externa de mis pechos. ¡Cuántas veces hemos fantaseado Óscar y yo, que un chico me poseía y él disfrutaba viéndome gozar! Pero aquello era una fantasía, un juego de dos amantes que se dejan llevar por los sueños… Me miro en el espejo y veo vestida como una puta y mi cuerpo ahí, vulnerable ante ese tío que no es precisamente mi marido, sino su superior. Pero ¡Está tan bueno!

- Vaya canalillo más atrayente. - dice acariciando esa parte con sus dedos. - No me extraña que Óscar flipe con las cubanas que le haces.

- ¿También te habló de eso? me cuesta creer que te haya dado tantos detalles. - le respondo casi tartamudeando

Soy incapaz de retirar su mano que sigue dibujando el valle que forma la unión de mis pechos ni tampoco de dejar de mover mi pelvis sobre esa polla que está albergada bajo mi sexo. “Esto no es follar, ¿verdad?” - me digo a mí misma

- Ya te he dicho que tu marido me lo cuenta todo. Me ha dicho que cuando mete su polla entre estas perfectas redondeces, es algo increíble y por lo que alcanzo a ver, debe serlo... - añade dibujando el contorno de nuevo.

Noto mis carrillos arder y mi reflejo en el espejo lo delata. La verdad es que mi calentura, sus toqueteos y esa frase que según dice, le ha confesado Óscar, me logra encender todavía más. Siento, además de vergüenza, que eso de calentar a su jefe, ha traspasado la frontera de lo que pueda ser más o menos “normal”.

- Bueno, creo que ya he pagado mi deuda con creces, ¿no? - digo levantándome de su regazo e intentando parar sus avances junto a los míos propios, pero al hacerlo él muy hábilmente había soltado el corchete de mi sostén y mis pechos salen liberados de esa liviana prenda.

- ¡Madre mía!, ¡Qué tetas! - dice al verme con ese reducido tanga semi transparente como única vestimenta además de los tacones de aguja y las medias con el liguero.

Instintivamente me cubro el pecho, avergonzada, tapando con mis dedos los pezones, pero él no deja de mirarme de esa forma que me derrite. Está ahí sentado, con esa polla enorme y yo no puedo controlarme del todo. Se levanta y acercándose a mí, acaricia mi espalda al tiempo que me besa sobre mi hombro desnudo y me veo reflejada en el espejo abrazada por ese hombre. ¡Dios!

- No, por favor. - le ruego viendo su cara junto a la mía, pero no logro apartar esos fantasmas de mi cabeza.

- Vamos, Carla, no haré nada que tú no quieras que haga. - añade sosteniendo mi cintura con sus grandes manos.

- David, esto que estamos haciendo no está bien….

- ¡Qué culo, es redondo, Carla, perfecto, tan respingón, ¡tal y como lo describe tu marido! Más de uno mataría por follarse ese culito- añade acariciando mi nalga suavemente con su mano.

- Hemos ido muy lejos, David… creo que esto a Óscar no le gustaría. Por favor, vete.

- Seguro que le encanta verte así conmigo.

- Bueno, David, ya está bien. - digo al fin, sacando cierta responsabilidad y le empujo hasta que quedamos ligeramente separados mirando nuestros respectivos cuerpos.

Esta vez no cubro mis pechos y ese chico tiene clavados sus ojos en ellos mientras yo observo su maravillosa desnudez y esa rígida verga que me mira desafiante, como sus ojos.

- ¿Sabes? Creo que tu maridito quiere que me lo enseñes todo, aunque no te veo capaz.

- No, David. – digo tapándome los pechos con los antebrazos mientras me escanea todo el cuerpo con su mirada atrapante.

- ¿Hacemos la prueba?

- ¿Qué prueba?

- Le llamamos y le preguntamos.

- No. – digo rotunda, pues no sé cómo le voy a explicar esto.

David coge el móvil y marca el número de mi esposo, poniendo el “manos libres”, pero la llamada se corta, por la famosa frase “fuera de cobertura”.

- Olvídate, David. - añado nerviosa

Pienso en cómo voy a ser capaz de explicarle a Óscar la situación en la que estamos, seguro que eso no le hace ninguna gracia.

- Espera, que le mandamos otro mensaje al capitán, que eso si le llega.

Desnudo, observo como va tecleando y yo sigo tapando mis pechos, con una calentura que noto arder mi coño, fija en su descomunal erección. En ese momento gira el móvil y me enseña lo que ha escrito.

“Estoy desnudo en tu habitación delante de tu mujer y no quiere enseñarme la famosa peca.”

Lo lanza y yo doy un grito.

- ¡No, David!

- Espera mujer… a ver qué dice.

Noto el corazón palpitar en mi garganta, esperando que mi marido despierte de esos sueños locos que tiene al darse cuenta de que su jefe está desnudo delante de mí y yo casi… podría mosquearse mucho y con razón. Esto está fuera de lo normal.

Sin tiempo a nada, llega la respuesta y David tras sonreír me enseña lo que ha escrito Óscar.

“Hola David. Dile a Carla que te enseñe esa peca, que será un placer para mí”

David teclea en un nuevo mensaje:

“¿Estás seguro? Se tendrá que desnudar del todo, ¿en serio no te importa?”

“En absoluto, me encantaría que la pudieras ver desnuda. Te iba a impactar”

La respuesta de Óscar es alucinante, tanto como la sonrisa de ese hombre desnudo y con esa erección descomunal.

- ¿Te das cuenta? Es él quien te invita a hacerlo y sé que lo estás deseando. – me dice.

- Lo has interpretado mal. No creo que haya dicho algo como eso. - respondo sin quitarle la mano de mi culo esta vez.

- Vuelve a leerlo tranquila. Yo creo que está claro. Quiere que me provoques con tu cuerpo desnudo.

Miro a David totalmente impresionada, sin creer lo que acabo de leer por segunda vez en el mensaje de Óscar y está claro que quiere que me desnude frente a su jefe, para demostrarle que tengo la dichosa peca ¿Habrá perdido la cabeza? Esto no es provocar, se sale de toda lógica.

- ¿Y bien? - me apremia el chico, sentado en la cama y acariciando su polla lentamente que es una lenta masturbación.

Estoy anonadada viendo cómo se pajea lentamente frente a mí.

- Sí, ha dicho que sí… pero lo siento, no me voy a desnudar. - añado mirando mi cuerpo que casi lo está.

David sonríe para añadir:

- Si no estuvieras esperando a tu marido, la cosa sería distinta. ¿Verdad?

- No sé por qué. - añado con mis brazos en cruz cubriendo mi pecho.

- Si Óscar no existiera, ahora mismo estaríamos follando en esa cama. ¿O no?

- Muy seguro estás.

- Completamente. No hay más que ver cómo te movías encima de polla cuando estabas sentada sobre ella y cómo me miras ahora, mientras me hago esta paja en tu honor.

Noto el calor subir por mis mejillas y me separo de ese hombre queriendo mantener la distancia y negar sus palabras.

- Es enseñarme tu cuerpo, nada más. No veo que eso tenga nada de malo, te recuerdo que sólo haremos lo que tu quieras que hagamos.

- No, David. No voy a quitarme eso. - respondo con la mayor contundencia que puedo, aunque suena ridículo, pues prácticamente estoy en pelotas ya.

David está ahí, a pocos centímetros de mí, en pelotas y su enorme verga balanceante a escasos centímetros de mi piel. Nunca he visto nada igual, un miembro firme, robusto, venoso, con una gran cabeza… se ve tan bonito, tan perfecto… ¡Dios, qué maravilla! No quiero compararlo con el de Óscar, pero es inevitable, es impresionante... ¡enorme!

- ¿Te gusta? - me pregunta al verme embelesada

No respondo, sólo me quedo fijamente mirándola.

- ¿A que nunca has tocado una polla como esta? - afirma orgulloso agarrándola por su base y meneándosela incesantemente, apuntándome con ella.

- No… - respondo con un hilo de voz, totalmente impactada.

- Tócala, ven, comprueba por ti misma que es real y que está así de dura por tu culpa. - me incita acercándose mucho más hasta que ese glande impacta ligeramente contra mi tripita.

- ¡No! - respondo casi en un grito separándome de ese miembro robusto al que no puedo dejar de mirar.

Quiero sacar ese fantasma de mi cabeza, pero es que ese pene es demasiado bueno como para ser verdad. No he visto nada parecido… ni por supuesto tiene nada que ver con el de mi esposo, muy lejos de la perfección y grandeza del que tengo ahora delante. ¡Se ve tan apetecible!, ¡Dios, estoy medio borracha, medio desnuda, medio loca!

- Vamos, si no quieres desnudarte del todo, lo entiendo, pero estás deseando tocarla. Es toda tuya. Seguro que luego te arrepientes de no haberlo hecho- insiste apuntándome con esa verga tiesa.

¿Arrepentirme? Creo que ya lo he hecho, pero ¿y si tiene razón? ¿y si nunca en mi vida vuelvo a tener nada así, tan cerca?

- No puedo hacer eso. - contesto, aunque es lo que realmente me apetece, tocarla, sentirla entre mis dedos.

- Vamos, Carla, estás loca por hacerlo. Pero entiendo que te sientes cohibida por tu marido. ¿en otras circunstancias te habrías desnudado y me estarías tocando?

- No.

- Vamos Carla, te encantan las pollas grandes... y esta te está gustando. Confiésalo. Sé sincera.

- Sí - contesto casi en un hilo de voz sin dejar de mirar impresionada ese enorme falo.

- ¿Si que te gusta, o que encantaría tocarla? Vamos Carla, es solo tocar...

No sé por qué lo hago, pero tiene razón, no puedo estar más tiempo sin saber que se siente al tener algo así entre mis dedos. Necesito comprobar si eso es real y mi mano en un acto reflejo se estira hasta alcanzar ese rotundo miembro venoso.

Sentirla entre mis dedos es algo increíble, lo que siempre hemos fantaseado Óscar y yo, ahora es real... y es tan grande, tan terso, tan duro… Definitivamente eso hace que mi cuerpo se estremezca y mi mano se deslice arriba y abajo por puro instinto, ofreciéndome ese glande enorme una y otra vez. ¡Es flipante...Estoy pajeándole!, ¡Maldito Óscar! - me repito una y otra vez.

- Bien, nena, eso es… tienes una manita deliciosa. - me dice al tiempo que aprovecha para acariciar mi culo con todas sus ganas.

Sólo Óscar me llama nena y es él quien puede hacerlo en nuestros momentos más íntimos.

- Esto no está bien, esto no está bien - me repito sin cesar, pero sin detener mi paja a ese extraño. No soy capaz de soltarla. Siento el grosor que apenas me permite cerrar la mano como hago con la de mi esposo.

- Óscar estará contento sabiendo lo dura que me la pones. - añade para incitarme.

Tengo ahí a ese hombre totalmente desnudo y está tan bueno, que ya no soy capaz de poner un criterio razonable, ni siquiera intento recordar que soy una mujer adulta, responsable, casada, mayor que él, parece que solo recuerdo que tengo que ponerle cachondo y vaya si lo estoy haciendo. Le tengo aquí desnudo y le estoy masturbando. Sí, ¡Le estoy masturbando!

Mientras yo sigo agitando mi mano, mis ojos continúan clavados en ese enorme rabo, mientras David sigue sobando mi culo sin que yo sea capaz de recriminarle. Estoy hipnotizada y demasiado cachonda. Esas manos me están matando de gusto y creo que ya no voy a ser capaz de parar esto.

Le miro a los ojos un segundo y veo ese deseo que yo misma debo reflejar en los míos. Sigo meciendo ese enorme y duro cilindro con mi mano, sintiendo esa rigidez que se mantiene firme sin apenas permitirme cerrar mi puño. No se puede comparar con la de Óscar, ni muchísimo menos… eso me llenaría por completo, no cómo la de mi marido ¿Cómo será tener eso adentro?

Continuará...

Sylke