Xtories

La primera vez que… Hice un gang-bang-Tomo 7

Nunca imaginó que su cuerpo pudiera albergar tanto placer. Pero cuando la puerta se abre y entran los primeros, la regla de tres deja de existir. Esta noche, el límite no es el dolor, es la capacidad de seguir gritando.

bhorio3.1K vistas9.6· 5 votos

Recordaréis un primer bukkake. Si habéis leído la historia es difícil de olvidar. Yo seguía un poco aturdida y entreoía a los chicos, que seguían haciendo planes. Cuando recuperé la fuerza en las piernas me levanté. Mi marido me dijo:

- Cariño, creo que deberías ducharte pero no te preocupes, de aquí no se va nadie.

Me fui al baño, no estaba segura de querer volver al salón ¡Me había corrido once veces en menos de una hora! Tenía que ducharme porque lo estaba poniendo todo perdido. Iba dejando un reguero de lefa. El agua caliente me relajó y al frotar mi coño con la esponja me di cuenta de que mi cuerpo estaba en condiciones de darme aún más placer. Quería más sexo.

Precavida, fui al dormitorio y me coloqué un but-plug muy mono, con colita de zorra. Quería ir preparando mi culo. También me puse unas pinzas en los pezones, pero sólo para darme gusto. No habían trabajado mis tetas, aunque estaba dispuesta a arreglar aquello. Volví al salón. Allí seguía mi marido, charlando con aquellos ocho tíos. Todos tenían el rabo blando menos dos. Cuando entré se hizo el silencio. Meneé las tetas y me di la vuelta:

- ¿Os gusta lo que me he puesto?

Mirando fijamente a mi marido dije:

- ¡Qué vergüenza, sólo dos pollas tiesas! Bueno, parece que éstos van a ser los primeros en follarme.

Me tumbé sobre la mesa, con las piernas colgando, un rabo duro se levantó, preparado para clavármela.

- ¡Eh, no corras tanto, que quiero recambios!

Ya estaban todos rodeando la mesa, un chico empezó a lamerme el coño, dos me estrujaban las tetas, otro me metió la polla, aún flácida, en la boca. Duró poco blanda. De repente sentí que alguien me quitaba el tapón del culo.

Mi clítoris se iba hinchando con cada lametón, con cada pellizco en mis pezones. Mis manos buscaban pollas para pajear. Todas estaban duras y yo las quería en mi coño.

Cómo no, también era la primera vez que un rabo que no era el de mi marido me follaba desde hacía treinta años. Recordé a Ricardo, aquel compañero de trabajo en la habitación del hotel, los dos bastante borrachos. Evidentemente no fue el polvo de mi vida, pero esto era otra cosa. Yo estaba solo aturdida por los once orgasmos que había alcanzado, pero tenía el pleno control de mi cuerpo, mi mente y… ¡Mi sexo!

- ¡Venga, folládme!

No fue necesario repetirlo, un rabo penetró en mi coño y empezó a embestir con tal fuerza que tuve que agarrarme a dos pollas para no perder el equilibrio, pero casi me caigo de la mesa cuando el animal que me estaba follando empezó a correrse y con cada chorro me la clavaba más dentro. Noté la presión en mi útero y yo también me corrí. Aunque no estaba preparada, no pude evitarlo. Con su último golpe contra mi vulva mi marido lo apartó. Al salir su polla la leche que me había descargado empezó a escurrir por mi coño, pero duró poco porque el cabrón me hincó la tranca mientras gritaba:

- ¡Te vamos a reventar el coño a lefazos, puta!

Yo estaba aturdida, con una polla en la boca que me entraba hasta la garganta y pajeando a otros dos mientras mi marido me follaba, pero tenía claro que quería más.

- ¡Chicos! ¡En esta postura tengo un agujero inutilizado y eso no vale! ¡Quiero una polla en el culo!

- ¡Serás zorra! ¡Eso está hecho! Dijo mi marido.

Entre cuatro me levantaron de la mesa y me sentaron en el sofá, aunque entre el sofá y yo estaba uno de los negros y su polla me perforó el culo hasta el estómago. Inmediatamente otro tío apoyó la pierna en el asiento y me clavó la tranca en el chocho. ¡Por fin doblemente penetrada! Sin contar la polla que tenía en la boca y que fue la primera en correrse, llenándome la garganta de lefa. Aquellos chorros, junto con la excitación de sentir dos pollas en mis agujeros, hicieron que mi cuerpo se tensara y, gritando como una puta, alcancé un maravilloso orgasmo. Probablemente mi cara de placer fue demasiado para el que me follaba porque sentí que su tranca se había puesto durísima y empezó a latir soltando toda su lefa en el fondo de mi coño. Yo seguía corriéndome.

Mi marido, erre que erre, apartó al que me follaba cuando vio que había terminado y metió su rabo en mi chocho, ya inundado.

- ¡Joder si hay lefa aquí dentro! Gritó.

Y empezó a clavar la polla cada vez más profundamente.

- ¿Te gusta sentir el rabo de este negro en el culo de tu mujer mientras me follas, cielo?

- ¡Puta, puta, sí, puta!

Dijo mientras yo miraba su cara en la que se veía una inminente corrida. Así fue. Con un último empujón hincó la polla hasta alcanzar mi útero y empezó a correrse. Noté cada uno de sus chorros de leche. Nunca se había corrido así y yo sólo tuve que agarrar la polla que tenía más cerca y metérmela en la boca para conseguir otro orgasmo, que duró y duró porque sentí que la enorme polla que me enculaba también empezó a soltar toda la lefa de sus cojones.

- ¡Cariño, tengo que dejar que este chico salga de mi culo y sustituirlo por otro! ¡Dos pollas de refresco, por favor!

Sí, aún quedaban ¡Tres! pollas tiesas.

Esta vez me senté de frente con un tío que la clavó en mi coño mientras otro, por detrás, me enculaba. Eran los más mayores del grupo. Una tercera polla se puso a mi lado y me empezó a follar la boca. Mi marido apareció con una cámara y se puso a hacer fotos.

- Cielo, estás preciosa con tres rabos en tus agujeros. ¡Vosotros! ¡El último en correrse está automáticamente invitado al próximo gangbang, que será pronto!

Los tres empezaron a moverse más despacio ¡Aquello era intolerable!

Aparté la polla que tenía en la boca y les dije que no le hicieran caso al cabrón. Grité que solo podría repetir quien más gusto me diera. Inmediatamente volvieron a clavarme sus rabos a buen ritmo. Sin embargo, el que me follaba la boca apartó mi mano de su polla y, dando un salto, se puso sobre mi espalda. No tenía claro lo que iba a hacer hasta que sentí que su verga, durísima y empapada con mi saliva, se coló en mi culo ¡Dos pollas en el mismo agujero y mi coño bien atendido! No era ya consciente de las oleadas de placer que recorrían mi cuerpo, sólo la tensión que sentía con cada golpe de esas pollas en mis entrañas. Noté que a uno de los que me enculaban se le ponía más dura y me la metía más dentro ¡Se iba a correr!

- ¡Dame tu lefa, córrete en mi culo! Grité mientras simultaneé mi orgasmo con el suyo.

Los otros dos, hiperexcitados también endurecieron sus trancas y aceleraron sus envites. Me estaban destrozando, pero mi orgasmo continuaba, seguía creciendo y llegó al máximo cuando ambos empezaron a bombear lefa en mi coño y en mi culo.

- ¡Dios, inundadme, llenadme con toda la leche que quede en vuestros huevos!

Terminaron cuando yo aún seguía estremeciéndome. Fue sin duda el orgasmo más largo e intenso de mi vida. Mi marido insistía:

- ¡Sacadlas poco a poco! ¡A ver cuánta lefa le ha cabido! ¡Tú, putón, no empujes, deja que escurra esa leche!

Los tres se apartaron y de mi culo y mi coño empezó a fluir un continuo chorro de lefa. Estaba completamente llena y feliz.

Aquellos tíos fueron vistiéndose y saliendo de casa. Mi marido les pidió a todos el teléfono.

- ¡No será la última vez que nos veamos! Les decía.

En efecto no fue el último gangbang. Yo había descubierto qué significa ser la reina entre muchas pollas, tenerlas para mi placer y mi marido había descubierto la excitación de ver a su mujer follada por extraños y llena con su lefa.