La escala (Capítulo 5)
Óscar la dejó sola con el comandante. No por descuido, sino por orden. Y David ya sabe exactamente cómo se mueve Carla en la cama. La pregunta no es si lo hará, sino si podrá resistir la tentación de que le demuestren lo que su marido le ha contado.
La escala
Capítulo 5
Ahí me encuentro sola y en peligro junto al joven comandante.
- ¿Qué bebes, preciosa? - me pregunta señalando la barra para después relamerse observando mi escote.
- No, no quiero nada.
- Vale, yo voy a seguir con el champagne. ¿A qué está rico? Vamos mujer, una copita.
Pienso que no debería beber, pues ya esto demasiado vulnerable para que encima le ponga terreno libre a este hombre. Eso me puede poner en peor situación. Yo estoy bastante encendida, pero es que, con exceso de alcohol, pierdo la noción de todo.
Me sitúo tras ese fornido hombre y observo su atlética espalda. Se debe machacar en el gimnasio, porque he podido notar la dureza de sus brazos o su tórax, sin un aparente un gramo de grasa, todo fibra. Ahora recuerdo la de veces que Óscar me decía que su jefe se había ido al gimnasio y le había dejado solo en la oficina, pensé entonces que era un “caradura”, ahora lo corroboro, pero además porque iba al gimnasio para moldear ese cuerpazo.
David se vuelve y me sonríe una vez más con su blanca dentadura. La verdad es que está demasiado bueno, no me extraña que tenga locas a tantas chicas y no me quito de la cabeza esa polla que se vislumbraba bajo su pantalón cuando estuvimos arriba y estuvo a punto de mostrármela e incluso la noté dura contra mi cuerpo. Muevo mis piernas nerviosamente porque noto ese cosquilleo en mi sexo que está palpitante y nuevamente mojadito. ¿Será tan grande como me ha parecido?, ¿Cómo será esa cosa en vivo? Cuando me dijo lo que le medía me pareció que iba de “sobrao”, pero cuando me entrega la copa larga con el champagne, es inevitable que compare que ese tamaño se puede asemejar. ¿La tendrá así de gorda?
Me siento en un taburete y cruzo las piernas, creyendo que así se me parará ese cosquilleo de mi interior, pero creo que no se apaga con nada. Pienso en un momento en Óscar, recordando sus palabras, definiendo cómo es desnudo su jefe y es que casi me está provocando al máximo, teniendo en cuenta de que estoy muy vulnerable, no soy consciente de mis actos, he bebido, pero además estoy demasiado cachonda.
- ¿En qué piensas, preciosa? - me pregunta chocando su copa con la mía, a la que prefiero no dar un trago, pues creo que he bebido de más.
Por un momento su pregunta me deja aturdida, porque estoy pensando precisamente en su cuerpo desnudo y me alucina que sea tan descarado, algo que también me gusta, ¿por qué mi marido me ha dejado a solas con él? Me limito a no contestar, aunque creo que él puede leer mi mente.
David tras echarme otro buen repaso a mi anatomía, se sienta frente a mí con esa mirada descarada a mis curvas. Tengo que reconocer que me gusta esa forma de mirarme. El hecho de que le parezca esa mujer tan deseable como bien me ha insinuado Óscar y el propio David con su desvergüenza, me pone mucho.
- Vaya suerte que tiene el bueno del capitán. - dice mirándome fijamente a los ojos y después al canalillo que muestra una buena porción de mis tetas.
- ¿Suerte? - pregunto jugando nerviosamente con esa copa que tengo entre mis dedos y calculando si su circunferencia puede ser como esos 16.
- Si, suerte de tener una esposa como tú.
- Bueno, yo también tengo suerte con él.
- Es un buen hombre y hacéis buena pareja, aunque creo que no sabe cuidar bien de ti.
- ¿Por qué dices eso? Óscar me cuida de maravilla – respondo ofendida.
- Pues hoy es vuestra noche y en vez de estar mimándote y acariciando todo ese precioso cuerpo, va y te deja aquí conmigo. Seguro que quiere que me sigas provocando y dejándome más cachondo de la que ya estoy con ese juego vuestro. ¿No tienes miedo? - lo suelta con su blanca sonrisa.
Es cierto todo lo que dice. Ahora no debería estar aquí sola, frente a él, más aun sabiendo lo que sabe, teniéndome tan caliente, tan sensible a todo.
- Se ha ido porque tú le has liado y se lo has ordenado claramente. Mi marido no desobedece una orden jamás y creo que eso también lo sabes - le digo con mi cara más seria, reprochándole por su actitud.
- Vaya, me pillaste. Es cierto. No puedo negar que me apetecía quedarme contigo a solas, pero bueno, él podría haberme dicho que no. Y sin embargo te deja aquí conmigo… creo que le excita más esa idea que la del hecho de estar follando contigo en el hotel.
Pienso durante unos segundos lo que dice, para volver a perguntarme si ha acertado de nuevo. ¿Puede ser que Óscar disfruta casi tanto o más con el juego de la provocación que con la de estar conmigo en el hotel que es donde deberíamos estar en este momento? Lo cierto es que tampoco puso demasiadas objeciones a esa orden, incluso cuando yo le suplicaba.
- Entonces. ¿No tienes miedo? - me pregunta acariciando mi rodilla.
- ¿De qué?
- De que te haya dejado aquí sola conmigo, provocándome.
- No, no te flipes, no te tengo miedo. Espero que te comportes. Yo no soy tu subordinada y además no me ha dejado aquí para provocar nada. No flipes tanto. - le digo muy seria, apretando mi mandíbula e intentando poner fin a sus más que insinuantes ataques.
- Bueno, mujer, no te enfades. Sé que a él le van los juegos... como a ti.
El chico pega un trago a su copa con una sonrisa malvada.
- No creas que me vas a poder manipular. Yo no obedezco órdenes, así que no, no tengo miedo.
- Jajajaja... sí, mujer, ya lo sé. Lo digo por si no tienes miedo de ti misma. - añade y se soba con descaro su miembro por encima del pantalón, pudiendo mostrarme de nuevo ese gran tamaño que se esconde allá abajo.
Estoy alucinada.
- ¿Nunca te han dicho que eres un cerdo? – le comento sin cortarme, como hace él.
- Bueno, hasta que se han acostado conmigo. Se quedan tan satisfechas que cambian totalmente. - afirma con su blanca sonrisa.
- Y un fanfarrón. - añado tras ese comentario de machito, dando por fin un trago a mi copa y es que se me queda la garganta seca.
- Perdona no iba de farol. Lo de follar bien, no sólo lo digo yo. Se lo puedes preguntar a cualquiera de las chicas con las que he estado.
- ¿Te follas a cualquiera, entonces? - le pregunto sonriente, siguiendo su juego.
- No, solo a las mejores. Hermosas mujeres como tú.
- ¿De mi perfil?
- No, tu perfil es insuperable. Nunca lo he hecho con una mujer como tú, esa es la verdad.
Le sonrío, no sé muy bien por qué, en el fondo me hace gracia y me gusta su juego de querer conquistarme con sus halagos, aunque no sé si es bueno admitir esa atracción y el perfil especial que dice sobre mí haciéndome sentir casi como un fruto más prohibido. Vuelvo a reconocer que ese juego de Óscar tiene su encanto, pero no sé yo... tengo miedo de perder los papeles. En el fondo, este cabrón va a tener razón y tengo miedo de mí misma.
- Siempre me han atraído las mujeres como tú y por mi experiencia he podido comprobar que sois muy ardientes, pero tú además eres tan explosiva en todos los aspectos... - añade sorbiendo de su copa y mirándome fijamente.
- No somos todas iguales y no creo que me conozcas tan a fondo.
- No, por supuesto. Hablo de lo que me ha contado tu marido.
- Ya estamos…
- Eso dice él, que follas cómo los ángeles, pero no sé si me dice la verdad, claro.
- David, por favor.
- Para eso tendríamos que follar. – afirma volviendo a admirar mis tetas.
- Tranquilo que eso no va a pasar. - le respondo negando con mi cabeza.
Noto mis carrillos arder y unas repetidas palpitaciones en mi sexo. Estoy con un calentón que con esas palabras se aumenta.
- Pues daría lo que fuera por follar a una mujer como tú. -dice acercando su boca a mi oído mientras acaricia mi rodilla.
- Tendrás que seguir buscando… - le digo sonriendo para que no se haga ilusiones.
- ¿Por qué no nos olvidamos de todo y subimos a follar al cuartito? - me suelta pasando su mano por mi cintura.
Reconozco que eso me enciende, pero pongo cara de enfado mirando a otro lado y retirando su mano. Sin duda ese parece su plan, liarme, liar a mi esposo y querer follarme.
- Por favor, prometiste portarte… ¿Qué te parecería que se lo contara todo a Óscar?
- Igual le gusta la idea de que me tengas así. - ríe.
Vuelve a tener razón. Seguramente Óscar disfrutaría viéndole tan caliente, en gran parte por mi culpa, pero sobre todo por la suya. Me imagino que en su día a día tiene que aguantar los desplantes de ese niño pijo que ascendió a comandante de una forma fugaz, mientras él ha ido poco a poco en su escala, teniendo que estar a sus absurdas órdenes. Para colmo, me lo imagino también en su comparativa, la otra escala, es decir lo de cotejar tamaños y desgraciadamente mi marido también sale perdiendo y sin verlo en vivo, lo estoy imaginando en pleno apogeo, vamos que Óscar me lo ha confirmado, que la suya en erección es más pequeña que la de ese chico en reposo.
- ¿Sigues pensándote en lo de ir al cuartito? - me pregunta, volviendo a apoyar su mano en mi cadera y acariciándola suavemente.
- No alucines, David. - disimulo bebiendo de mi copa, pero esta vez no retiro su mano... y es que noto su calor y ese tío me está encendiendo al máximo.
- Carla, me tienes a tope. Te imagino desnuda bajo ese vestido... - añade y vuelve a acariciar mi cadera avanzando un poco más hacia mi trasero.
Sujeto su muñeca para que no vaya más allá.
- De momento tendrás que conformarte con imaginarlo.
- ¿De momento?
Creo que enrojezco, porque he caído yo misma en mi propia trampa al decir eso. No era mi intención decir “de momento”, pero me ha salido del subconsciente, como el hecho de estar abarcando esa copa, asemejándola al presunto “tamaño” y me vuelve a pillar con la vista clavada en ese bulto.
- Me imagino teniendo esto dentro de ti. - añade sonriente sabiendo que estoy hipnotizada.
- David, por favor... - le insisto para que no siga con ese juego.
- ¿No te imaginas cómo te puede llenar esto? Sentirías una polla de verdad.
- No te pases, que ya no me hacen gracia tus bromas.
- No quiero molestarte, Carla, pero podría dejar de ser una broma y creo que alucinarías y yo también, por supuesto.
- Bueno, pues te vas a quedar con las ganas. - afirmo mirando a otro lado pues ese miembro se ve tan grande...
- Tú también te lo pierdes, nena. - insiste dibujando ese glande que se percibe claramente en su pantalón, lo que indica que efectivamente no lleva ropa interior.
- Si, prefiero perdérmelo. Ya tengo a mi hombre para eso. - le digo dando un nuevo trago de mi copa pues noto los calores subir por todo mi cuerpo y la única forma que tengo es beber, aunque no sé si es muy buena idea.
El comandante consulta su reloj y luego me mira a los ojos de esa forma tan intensa, sin decir nada.
- ¿Qué? - le digo.
- No, que estaba pensando cómo es Óscar en la cama... tú ya sé que eres buena, pero ¿él?
- No te voy a contestar a eso.
Pienso en cómo debe ser hacerlo con otro que no sea mi marido y es que él ha sido el único que ha estado dentro de mí... no sé si es bueno o es malo, pero creo que nuestras relaciones son satisfactorias, no tengo queja. Es verdad que a veces él acaba antes que yo y que soy mucho más fogosa, necesito más acción, pero el sexo no es sólo eso, es el juego, la calentura... algo que siempre le gusta regalarme, ponerme por las nubes y luego de hacerme imaginar que estoy con ese otro hombre de turno... ¿qué más quiero?
- Si no contestas, lo das por hecho. - dice el chulo del comandante.
- ¿El qué?
- Que no es tan bueno como tú.
- Yo no he dicho tal cosa.
- Claro, pero estoy seguro de que Óscar no te da lo que pides... y no lo hace como yo
- Bueno, eso no lo sabes.
- Es cierto. Tendrías que probar conmigo para comparar.
El tío desde luego sabe cómo usar sus cartas y a pesar de su juventud, se le ve una gran experiencia en la seducción y debe estar preparado para todo tipo de respuesta. No quiero entrar “al trapo”, pero ya no estoy muy segura de sí le estoy siguiendo el flirteo, por complacer las fantasías de mi marido y las mías, porque el propio juego me calienta más. El caso es que David parece un buen jugador… uno de esos a los que no les gusta perder.
- Si comparases, me elegirías a mí. Ya sabes que él no tiene una como esta. - vuelve a tocarse de forma obscena, con cierto disimulo y mostrando ese pene enorme bajo su pantalón.
- Eso tampoco lo sabes.
- ¿Quieres comprobarlo por ti misma?
- No. - respondo nerviosa.
Miro hacia la pista de baile, aturdida por las palabras de David y al mismo tiempo queriéndome evadir de esa red que me atrapa.
- También sé que eres una buena bailarina. - me dice, esta vez acariciando mi pantorrilla y apretándola ligeramente.
- Sí, bueno, es mi profesión, no puedo hacerlo mal. - digo segura.
- ¿Mejor que follar?
Niego con la cabeza sin querer responder a eso, ni seguirle el juego, a ver si se cansa, pero en realidad para no caer en sus tentaciones.
- De lo que estoy seguro es que bailo mejor que él. - dice de pronto.
- Muy seguro estás de todo. - respondo meneando mi cabeza.
- Sé que Óscar es un pato bailando. Yo soy un crack también en eso. Te lo demuestro. - dice otra vez con altanería.
En ese momento se levanta y tira de mí haciendo que tenga que saltar de mi taburete y dar pasos seguidos con mis tacones pues casi me caigo en ese ímpetu. Cuando me quiero dar cuenta está abrazado a mí en el centro de la pista de baile.
- ¿Pero qué haces? - le digo al notarle pegado a mí.
- Pues demostrarte que lo hago mejor que tu maridito. Supongo que eso si podemos hacerlo juntos.
- No sé si... - intento decir algo, pero el hecho de sentirme abrazada de nuevo por ese hombre me pone como una moto.
- Sólo estamos bailando... - añade y se aprieta a mí.
La música empieza un ritmo más rápido que precisamente él maneja bien, pues me hace danzar de una manera muy profesional, tanto que me siento como si volara bajo sus fornidos brazos. Me hace girar, para después pegarse completamente a mí, o volverme a girar en cada tramo de esa canción machacona y ponerse después a mi espalda con su paquete pegado a mi culo, todo sin que yo tenga casi que moverme, solo seguir sus hábiles pasos. No cabe duda de que sabe bailar con destreza y que tiene fuerza, pues me maneja como si yo no pesara nada. Ser profesora de baile me ha dado en todo este tiempo la habilidad de saber si alguien tiene madera de bailarín y desde luego, ese chico sabe hacerlo... ahí no miente.
De pronto la música se pone más melosa y esta vez quedamos unidos de frente en un baile más romántico. Vuelvo a notar esa dureza en mi tripita y sus dedos acariciando primero en mi espalda desnuda y después jugueteando con el comienzo de mi culo. No puedo negar que el gusto que tengo sigue en aumento con tanto baile, tanto mareo y sus hábiles manos que no dejan de rozarme por tantos sitios. Unas veces acaricia mi mejilla para dedícame una sonrisa, otras mi espalda y otras incluso más abajo, adentrando sus dedos en la fina tela del vestido y rozando lugares que no debería tocar, pero lo hace con el disimulo de no ser vistos.
- Entonces, ¿lo hago mejor que él? - me pregunta en un susurro.
- Sí, bueno… esto sí, a Óscar no se le da bien el baile, pero no tiene por qué ser en todo. - afirmo.
- No, claro, ya te digo que para eso también tendrías que probarme. Cuando quieras comparamos.
- En otra ocasión
- Te tomo la palabra.
- Era una forma de hablar. - añado viendo que no se rinde fácilmente.
Seguimos bailando y el abrazo con ese hombre me hace sentirme a gusto, a pesar de que debería estar con las uñas en posición de ataque y nerviosa con su sola presencia, pero no estoy segura de sí quiero complacer a Óscar con ese juego de seducción que no va a ninguna parte o simplemente porque realmente me encanta sentirme seducida por él. Me dejo llevar por la música y por los brazos de ese hombre.
- Aunque no podamos follar, recuerda que tienes una deuda pendiente conmigo. - me dice en un nuevo susurro en mi oído.
- ¿Cual?
- Tus braguitas, ¿recuerdas la promesa? - añade mirándome muy cerca de mi cara, con su boca a muy pocos centímetros de la mía.
- Sabes que no llevo. - respondo y nada más decirlo me doy cuenta de que suena a provocación más explícita.
- No me lo recuerdes que me pones malo. Pero no me gustan las deudas, así que a ver como pagas esta. Si no es con tu tanga, a ver que me regalas.
A renglón seguido me da un piquito y al notar sus labios tocar los míos otro escalofrío me invade. No soy capaz de decirle nada, porque me ha encantado, aunque debería pensar en cruzarle la cara. Ese chico, además, sigue tan pegado a mí que noto esa dureza entre nosotros y eso no apaga mi calor interno, precisamente, más bien al contrario. Ese bulto que tengo pegado contra mí se nota duro y grande... ¡Dios!
- Date por pagado. - le digo.
- ¿Eso? Es un casto beso.
- No tan casto...
- Quiero algo tuyo.
- Pues no tengo más prendas para darte, pues no llevo nada debajo que no sean las medias. - vuelvo a decir inconscientemente, sin medir del todo mis palabras que al chico le deben parecer retadoras.
- No me tientes con eso, que me pondría mucho verte cómo te las quitas.
Niego con la cabeza, pero me dejo mecer por ese bailarín.
- Bueno, podrías enseñarme tus tetas y demostrarme que son naturales. - suelta con esa sonrisa lasciva.
- Ni lo sueñes. - mi respuesta es seca pero ese chico sigue aferrado a mi cintura, atrapándome contra él.
Lo que me faltaba es enseñarle las tetas a este tipo. Una cosa es el juego de seducción que mi propio marido propone y otra muy distinta ir tan lejos, algo que ya no le agradaría tanto.
- Entonces de una mamada ni hablamos… - comenta él pegando su pelvis más fuerte contra mí haciendo que note esa dureza.
- ¿Sabes que eres un auténtico cabrón? - le digo muy seria, pero sin evitar pensar lo que debe ser tener una polla como esa en la boca.
- No, si lo digo para comprobar que la chupas divinamente, que eres tan buena y especial como dice tu marido. - vuelve a las andadas.
- Oye, no creo que Óscar haya sido tan explícito en eso. - le respondo mirándole a los ojos con ciertas dudas.
- ¿Tú crees? Siempre farda conmigo con eso que le haces.
- Mentiroso. No puede ser… - digo negándolo, aunque en el fondo sí que debe saber más de lo que imagino.
- Te lo juro. Me dice que eres la mejor mamadora del mundo, aunque lo dudo. - me reta.
Me gira en ese baile en el que todo me da vueltas, incluso mi propia gestión de mí misma.
- ¿En serio te dice cómo lo hago? - replico separando mi cara y mirándole fijamente a esos enormes ojos verdes - ¿no me estás tomando el pelo?
- Hasta ahora no te he mentido. Mira, si estás dispuesta, te lo relato cómo él me ha dicho muchas veces y tú me dices si estoy mintiendo.
Su boca vuelve a estar demasiado cerca de la mía y parece que va a besarme. Por un momento estoy deseando que lo haga.
- Dime… a ver. - respondo totalmente incrédula para que me cuente esos detalles y noto que mi coño se humedece más.
- Primero le das tiernos besitos por toda su largura, luego un chuponcito en la punta de su capullo, para después bajar con la lengua hasta sus huevos. Te metes uno y después otro en tu boca y te das golpecitos en la cara con su polla, haciendo sonar esa dureza en tu mejilla, para luego tragártela hasta la garganta. ¿Es eso verdad? - dice adentrando más su mano en la parte baja de mi espalda, llegando a rozar mis posaderas. En ese momento le agarro de la muñeca y le obligo a que detenga ese avance.
- Te lo estás inventando.
- ¿Tú crees? A tu marido le vuelve loco que le pongas a cien con tus labios, jugando con ellos, incluso con tus dientes, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos.
En cuanto a su relato, opto por callar, para no quedar en evidencia y sigo bailando en silencio con ese chico, sin llegar a creerme que Óscar le haya podido contar semejantes detalles y prefiero que no siga inventando, dejando el juego zanjado, porque sé que yo acabaría perdiendo en alguno de sus continuos envites. De momento, ha acertado de lleno en mi forma de hacerle las mamadas a Óscar. Lo ha descrito a la perfección.
- También me quedaré con las ganas de saber si tu coño es tan estrecho y cálido como él dice. - añade David, con sus directas desvergonzadas.
- Ya vale, por favor. ¿Qué te has pensado que soy? Deberías respetarme - le digo enfadada, aún más conmigo misma al saber que sus palabras consiguen estremecer cada poro de mi piel y no quiero perder el control, llevo mucho sin follar…
- Mujer, no te molestes… solo estamos hablando y únicamente de lo que me ha dicho tu esposo, que puede ser todo mentira, claro. Sino me hubiese hablado tanto de ti.
Por un momento pienso que Óscar le ha hablado demasiado, eso es cierto, tanto o más de lo que debiera, hasta el punto de relatar nuestras intimidades. Sin embargo, le rebato:
- Me parece que eres un embustero y te lo estás inventando todo. Estoy segura de que Óscar no puede haberte contado esas intimidades de mí.
- ¿Acaso tu postura preferida no es la del perrito? Te gusta ponerte a cuatro patas y que él te folle por detrás agarrado a tus tetas y tu pelo para correrse dentro, algo que te encanta... dime que no.
- ¡Ya, basta! - respondo empujándole y separándome de él.
Estoy asustada, porque todo lo que ha dicho es totalmente cierto. Esa es mi postura favorita, porque siento cómo me llega más adentro y cuando se corre dentro es algo que me vuelve loca... creo que eso ya son demasiadas casualidades como para que se las invente.
Desde luego, tengo que dejar este juego de una vez y decidida me giro y avanzo unos pasos dispuesta a dejarle allí plantado, pero él me coge por la muñeca.
- Pero, Carla… ¿A dónde vas?
- Me voy al hotel y espero a Óscar allí. - le digo secamente pues no quiero seguir escuchándole.
- Pero ¿sola?
- Sí, le hago una llamada y le espero allí y...
- Pero, mujer… - suplica él, queriendo retenerme. - No quiero que te enfades. Estamos jugando al juego de Óscar. – me dice al verme tan alterada.
De nuevo pienso en ese perverso juego, que ha traspasado todas las lineas rojas. Consigo zafarme de su brazo y avanzo decidida a la salida, pues esto me está torturando por dentro… pero justo en el instante en el que casi estoy en la puerta, me paro en seco dándome cuenta de algo que me deja totalmente en shock. Cuando me giro, él viene hacia mí.
- ¿Te lo has pensado mejor? - me pregunta sonriendo con chulería al tiempo que acaricia mi cintura.
- No.
- ¿Qué ocurre, entonces? - me pregunta David viendo mi cara de preocupación.
- Mi bolso. No lo llevo encima. Está en el coche. Lo dejé allí cuando entramos en la discoteca - respondo al darme cuenta de que lo coloqué bajo el asiento pensando que sólo tomaríamos una copa en este lugar.
- Ah, eso. Vaya, peor es que lo hubieras perdido. - me tranquiliza David.
- Sí, pero tengo allí mi teléfono, mi monedero y la llave del hotel. Todo.
- Bueno, eso tiene solución. Por el teléfono no te apures que puedes usar el mío, el taxi te lo pago yo y la llave te hacen otra en la recepción. Ningún problema.
- Sí. Es verdad. ¿Podrías llamar tú a Óscar y decirle que le espero en el hotel?
Noto en la cara de David una sonrisa tranquilizadora.
- Espero no haberte incomodado. - añade el chico - ¿No te lo estabas pasando bien conmigo?
Hago un silencio, porque me mira tan cerca que tengo ganas de besarle.
- No, solo quiero irme y ya. - le comento incapaz de mirar a esos ojos y que vuelvan a seducirme.
- Claro, preciosa. pero por favor, no quiero pensar que estés enfadada conmigo. Sólo estábamos en el juego que tanto pone a tu marido. La idea es calentarme y que me haga una paja a tu salud. ¿No?
- Sí, no sé... - respondo aturdida.
- Pues eso lo has conseguido, lo de calentarme digo... porque la paja a tu salud, de fijo que cae esta noche.
Siento un escalofrío por todo mi cuerpo imaginando a ese chico desnudo, meneando su enorme polla por mi culpa.
- No. Estoy más enfadada con mi esposo por haberte contado todo eso de mí. Son cosas tan nuestras… tan íntimas. Me parece muy fuerte.
- ¿Entonces es todo verdad?
- Sí - respondo ruborizada, aunque no sé muy bien porque he confesado eso.
- Uf, vaya. Pero no, no debes enfadarte con él. Me lo ha contado como amigos y compañeros que somos, en un momento de intimidad y creo que no debía haberte contado…
- Déjalo, es igual.
Me toma por la cintura y sus ojos se clavan en los míos y vuelvo a sentir sus dedos en mi espalda y un escalofrío que me recorre por todo el cuerpo.
- Quiero que me perdones, Carla. La culpa es mía, porque quería saber si todo era verdad y eso me resulta tan morboso… además pensé que te gustaba el juego que nos traíamos. Siempre me ha dicho que os gusta eso- añade con su deslumbrante sonrisa.
- Bueno, no tan intensamente... - digo y es cierto, pues nunca fuimos tan lejos.
En el fondo, parece sincero, aunque no sé hasta qué punto dice la verdad, el caso es que cualquier cosa que dice ese chico me pone a cien y saber que mis intimidades le excitan, también me pone a mí.
- No pasa nada. Simplemente quiero esperarle allí. ¿Le llamas, por favor? - le insisto con cierto tartamudeo.
- Por supuesto. Ya tendrás ganas de que vuelva. Pero debe estar de camino todavía. El cuartel americano está alejado. Déjame que lo intento.
En ese momento David, marca con su Smartphone el número de Óscar y espera respuesta. El detalle de David me parece caballeroso. ¿Estaré equivocada con él?, ¿Al final el lobo no será para tanto y está sólo tomándome el pelo y siguiendo ese estúpido juego de Óscar?, pero… claro que sepa esos detalles íntimos míos, desde la peca o esa forma de hacer una mamada, por no hablar de que me gusta que mi esposo me folle a lo perrito, tirando de mi pelo y que se corra dentro... que lo diga así, con ese descaro no es muy normal.
- Hola Óscar. ¿has llegado a la base americana? - oigo decir a David. - Carla quiere irse a vuestro hotel a esperarte allí.
El comandante se retira a un lado, intentando hablar pues la música está alta. Al cabo de un rato veo que se ríe, no sé lo que habla con Óscar, pero le resulta bastante divertido por su cara y sus risas que se convierten en carcajadas y sus miradas furtivas a mi boca y a mis tetas. ¿Qué estará diciendo el otro? A estas alturas de la noche, no estoy segura de sí mi marido es consciente de todo lo que está pasando.
- Quiere hablar contigo - dice de repente, extiendo su mano con el móvil.
- Hola, amor - oigo a Óscar al otro lado, aunque tengo que gritar para hacerme entender.
Por un momento parece que se pierde la conexión y luego escucho su voz.
- ¿Cariño?
- Óscar. Te espero en el hotel, ¿vale? - le respondo casi a gritos.
- ¿Pasa algo?, ¿Estás bien?
- Sí, es que yo prefiero esperarte allí. ¿Cuánto tardarás tú?
- Estamos en el control de entrada de la base de los tíos estos. Me queda un ratillo. ¿No tendrás sueño? Recuerda que tenemos un tema pendiente - me dice como si me hubiese olvidado tal cosa.
Lo último que puedo sentir es sueño y aunque haya bebido más de la cuenta, estoy muy despierta y excitada como para querer dormir. Lo único que deseo es que mi maridito vuelva cuanto antes. Necesito apagar este calor…
- ¿Te incomoda calentar al chico? Si es por eso, sabes que no estoy celoso… cariño. Al contrario, ya sabes cuanto me gusta. - añade Óscar al otro lado de la línea como si tal cosa, muy confiado conmigo.
- No, solo quiero estar allí relajada esperándote. Prefiero no jugar...
- Vaya, yo que estaba imaginando que estaba loco contigo y que sueña con ese cuerpito. ¿Acaso no le tienes caliente y babeando?, ¿no te estará molestando?
Tardo en responder, porque molestar no sé si es la palabra y tampoco puedo decir la verdad, porque no dejo de pensar en las intimidades que le ha contado a ese chico, con cosas que son muy nuestras, como la postura que usamos, la manera en cómo le hago una mamada y tantas cosas. Como tampoco le puedo contar como he notado su polla dura entre nuestros cuerpos mientras bailábamos o como me ha sobado el culo a base de bien en aquel cuartito.
- No Óscar, se está portando bien. - añado retirándome a un lado para que el otro no me oiga. – simplemente quiero que estemos juntos, tú y yo. Es nuestra noche.
- Y yo. De todos modos, cariño, no puedo dejar que vayas sola al hotel. Son casi las dos de la madrugada. - comenta.
- Pero... quiero esperarte allí. Tengo ganas de encontrarme contigo. No tardes, por favor. - le ruego para que se dé cuenta de lo ansiosa que estoy.
- Yo también amor, pero sola no puedes ir. Le he dicho a David que te acompañe. Yo tengo aquí un rato, los americanos están muy borrachos, tengo que ayudarles a llevar a uno que no se tiene en pie y aún estoy en el control de acceso, ya sabes cómo son los americanos y hay fila. Creo que en media hora estoy de regreso.
Lo último se oye entre ruidos, como si se fuera a perder la llamada. Miro a David que me sonríe como si todo le saliera a pedir de boca, estoy sin bolso, sin dinero para un taxi, sola en una ciudad que no conozco... ¡sin mi marido!
- Por favor, no te vayas sola tan de noche. - me ruega Óscar insistentemente, aunque se entrecorta.
- De acuerdo, voy con David. ¿Te quedas más tranquilo?
- Claro. Además, así le pondrás todavía más loco por más tiempo.
- Eres incorregible, cariño, de verdad. - le digo mirando de reojo al otro que no quita la vista de mi culo.
- Pónsela bien dura a ese y que sueñe contigo esta noche. - añade mi hombre - ¿harás eso por mí?
Lo que Óscar no sabe es que ya se la he puesto dura varias veces, llegando a notarla yo misma. Tras colgar el teléfono David vuelve a sonreír mirándome con sus ojazos electrizantes.
- Vamos, cuando quieras, preciosa. - añade agarrado a mi cintura.
Continuará...
Sylke
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
La fiesta que lo cambió todo
Celeste siempre creyó que su vida sexual había terminado con la rutina del matrimonio. Pero esa noche, en medio del bullicio de una fiesta de…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Enseñándole a mi esposo a ser un buen cornudo
Ana siempre tuvo el cuerpo para enloquecer, pero Hugo descubrió que su verdadera pasión no era poseerla, sino verla perderse en los brazos de otro.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Apuesta perdida = CUERNOS
Marc no es el marido celoso que esperabas. Cuando Pelayo toca a su esposa en público, él no se enfada, sino que apuesta.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
Enseñándole a mi esposo a ser un buen cornudo 2
Hugo siempre soñó con ver a su esposa con otro hombre, pero nunca imaginó que el placer de ser un cornudo lo llevaría a perder el control.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
La Renta 1/2
El casero no es solo un hombre de negocios, es la fantasía prohibida que Alejandra no puede sacarse de la cabeza.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoCuckold
- Hetero: Infidelidad
La entrenadora personal IV
La pantalla del móvil vibra con la voz de su esposa, pero sus ojos solo pueden ver a Alejandra y a la desconocida que espera en la cama.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldVoyeurismo oculto