Xtories
Confesionesjun 2025

No lo puedo creer 2

Siempre supo que su esposa tenía un lado oscuro, pero nunca imaginó que el juego involucraría su propia ropa interior y su sumisión total. Esta vez, ella no solo lo domina, sino que redefine los límites de su matrimonio con un placer que él no sabía que poseía.

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Como les conté en un relato anterior, mi mujer me coge en una noche inesperada. Me coge como si yo fuera una mujer y ella mi hombre. Y aunque yo nunca lo admitiré, me encantó ser su nena. Pero lo que pasó después no se me hubiera, ocurrido nunca.Pasaron varios días hasta una nueva noche de sexo. Pero esta vez no fue iniciada ni pergeniada, por mí, sino fue ella la que planeo la escena y la llevo a cabo. Nos acostamos como lo hacíamos siempre, ella leyendo, yo con mi radio. Yo me había quedado impresionado con la otra noche y no me sentía pteparado ni seguro, después de lo vivido, me había pegado mal, el hecho de que me gustara el rol de mujer y de sumisa. Me había masturbado en la ducha rememorando esos sentimientos y esas sensaciones, y la cabeza no paraba de pensar. Sentirme penetrado, aunque sea por un par de dedos, como me excitaba sus mordidas en mis pezones y su lengua besándome en la boca como su fuera un hombre, me hicieron fantasear cosas para lo que no estaba preparado.Que aún no lo puedo creer A los pocos minutos de haber empezado con la rutina de irnos a dormir, ella me dice: - ¿Estás dormido? –Me preguntó con voz de gata en celo. Negué sin darme vuelta y ella no agregó nada, Siento ruidos de cajón que se abría y se cerraba, y ruido de celofán, que se arrugaba, y ella que se movía como acomodándose, destapándome y destapándose.Me doy vuelta cómo para protestar, pero ella me intercepta y me anticipa. – tengo unos regalitos para vos y un poquito para mí también. Pero vamos de apoco, primero esto. – Busca debajo de la cama, tantea con la mano y levanta una tanguita negra y roja, y da una risita buscando mi complicidad. Vuelve a tantear de bajo de la cama y saca un corpiño muy pequeño, que hacia juego con la tanga. Yo pensé que se iba a poner esas prendas pero no hacía nada que insinuara eso. Mis ojos estaban muy abiertos y asombrados, cuando deduje que esas ropitas eran para mí. Un escalofrío subió por mis piernas hasta llegar a mí nuca y un montón de fantasías recorrieron mí cabeza. Me levantó la playera con la que dormía, y yo me dejé poner el corpiño que me hacía como si tuviera tetas. Luego hizo lo mismo con mi calzoncillo y me clavó la tanga ente mis nalgas. Yo estaba tan sorprendido, tan excitado, tan impresionado con la situación que no podía creerlo. Sin embargo mí pija no se paraba. Sentía el tacto de esa ropa interior rozando mi piel, y mi excitación me hizo alucinar de placer. Cuando terminó de acomodar mi polla y mis huevos en esa mínima porción de telita que iniciaba la tanga, me pidió que me parara y le muestre para ver cómo me quedaba. Me da cosa. – le dije, ruborizándome. No te hagas la tontita y muéstrame. – Timidamente Me levanté y me fui a parar de su lado de la cama, con pasos muy cortos, cómo si fuera una nena que está siendo retada. Ella se acercó me acomodó un poco y me pidió que me de vuelta. Lo hice dejando mi cola a su mirada. Me dio una nalgada y me dijo -te queda muy bien. ¿Te sentís mi mujercita? Moví la cabeza asintiendo y ella se sonrió como satisfecha. Me pidió que vuelva a recostarme y fue ahí que la vi. Ella llevaba puesto un calzoncillo mío pero con un bulto que se hacía presente. Cuando terminé de escrutarlo ella lo sacó y era una verga enorme con todos sus detalles. unido a ella con un juego de correas, que daban el tono de algo sado. Y sí I que esta sado todo lo que estaba pasándonos. Se lo agarró con una mano lo empezó a sobar como si se e estuviera pajeando. -¿Querés tocarlo? - Me preguntó con esa sonrisita diabólica que se le escapaba y sin saber por qué se la agarré. Era muy real al tacto. Y empecé a pajearla como si fuera de verdad. Ella gozaba con mis movimientos y noté que tenía un suplemento que le rozaba el clítoris. Yo quería llevármelo a la boca pero ella no me lo pidió. Sus manos se acercaron a mi cintura y empezaron a acariciar mi piel. –Tenés una piel tan suave sos una hija de puta. Tu piel es de nena. Y me tocó las tetillas levantando el corpiño hasta llegar a mis pezones que ya estaban erguidos. Los pellizcó y yo me ericé toda. Ya me sentía toda una mujer, su mujer. Me subió el corpiño hasta dejar mis pequeñas tetitas al aire y me las empezó a chupar como si fuera un bebé. Yo me movía sin quererlo, y sin dejar de pajearla por su polla de siliconas. No sé i si eso le daba placer o era solo morbo Pero yo seguía, porque tenía que recompensarla por el goce que estaba dándome a mí.Al fin, me besó en la boca con un beso intenso y me acomodó en cuatro. - como perrita. - me dijo. Y me embadurnó la raya del culo hasta el ano y luego embadurnó su pene con aceite de coco. Un aroma intenso llenó la habitación en segundos. Se puso detrás de mí,corrió la tira de la tanga a un costado, apuntó la cabeza de su pija e mí agujerito y lo hizo resbalar por mi hondura. No se pudo contener, y llegó hasta el fondo de mí alma. Grité como nunca y hasta ella se asustó. Nos quedamos inmóviles y ella sintió un poco de culpa y mucha lujuria. Porque después de unos segundos se empezó a mover despacio por dentro de mí. No supo meterla de a poco y se dejo llevar. Me cogía y yo lloraba de dolor, pero no parecía importarle o no se daba cuenta. Trate de no quejarme, ya que se notaba como le gustaba y a mí me gustaba hacerla gozar. Poco a poco me fui calmando y a sentir, como me penetraba de nuevo mi esfínter.

Una verga enorme me estaba perforando el culo y me estaba gustando y mucho. me empcé a mover yo para recibir y abandonar en movimientos acompasados. Ella también gozaba como loca porque gemía y me clavaba las uñas en mí cadera, como si no pudiera creerlo. Dio una ráfaga de grititos aspirados para dentro, como cuando acababa con mi verga en su conchita y se dejó caer en mi espalda. Pero su polla seguía dentro de mí. Muy de a poco la fue sacando y se hundió a mi lado. Sus piernas temblaban y yo también temblaba toda. Cuando se recuperó, fue al baño a limpiarse y a sacarse el vergón y volvió a la cama. Yo sentía mí culo abierto dolorido y jugoso por el aceite de coco pero muy satisfecha, mi mujer me había hecho suya de una manera muy especial. Me arregló la tanga empapada y el corpiño encada tetita y me abrazó. La leche que tenía en esa tanguita era impresionante, pero me gustaba sentirme mojadita. No sé como pudo salir tanto semen si no se me paro siquiera.- ¿te gustó, mi amor? ¿estuviste llorando? -sí... Y sí. Me gustó pero me da miedo. – le confesé y agregué. –Me da miedo lo que se te pueda ocurrir el día de mañana. – Ella se sonrió y me dio un besito tierno en los labios. – No tengas miedo que la estamos pasando genial ¿o no me digas que no te gusta este juego? Me acurruqué entre sus pechos y me quedé así dormidita. Pensé que esto no iba a poder contárselo a nadie y esperaba que ella tampoco lo haga.Y esta es mi confesión. Espero que les haya gustado, como me gustó a mi escribirla y confesarme.