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Interracialjun 2025

La Venganza de la Verga Monstruosa

Bajo la fachada de madre ejemplar, Patricia esconde un hambre insaciable que su marido no puede saciar. Cuando la venganza de Braulio llega en forma de un monstruo de carne y venas, la casa se convierte en un campo de batalla de lujuria donde todos quieren ser el favorito.

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Patricia, a sus 47 años, empuja el cochecito de su hijo de dos años por el parque, con una sonrisa de madre ejemplar. Pero bajo esa fachada, su coño arde como un volcán. Ser mamá no ha apagado su lujuria; al contrario, su hambre por pingas enormes ha crecido. Braulio, su marido, es un padre decente, pero su pichita mediocre la deja insatisfecha. Cada noche, mientras él ronca, Patricia se mete los dedos hasta el fondo, imaginando las pollas monstruosas de Mutombo y Samil partiéndola en dos. "¡Joder, necesito una verga de verdad!" gime en su mente, corriéndose en silencio.

Un día, harta de la rutina, llama a Mutombo mientras Braulio está en el mercado. "Papito, ven ya, mi chocho te extraña," susurra, con la voz temblando de calentura.

Mutombo llega en minutos, la agarra por la cintura y la tira sobre la mesa de la cocina. "Sigues siendo la misma zorra, ¿eh?" gruñe, sacando su verga negra, gruesa como un tronco y venosa como una cuerda.

Patricia se moja al instante, sus tetas gordas apretadas contra la blusa. "¡Ay, Mutombo, qué pinga tan divina!" chilla, abriendo las piernas como puta en celo.

Él la embiste sin piedad, metiéndole toda la polla hasta el fondo de su coño empapado. "¡Joder, sí, rómpeme el coño!" grita ella, sus nalgas temblando con cada golpe. Patricia se corre como loca, sus gemidos resonando en la casa. Pero no sabe que Braulio, que olvidó su almuerzo, ha vuelto y la está viendo desde la puerta, con el corazón roto y la rabia creciendo como una tormenta.

La Transformación de Braulio

Braulio no dice nada y se va en silencio, pero su orgullo está hecho pedazos. La imagen de Patricia con Mutombo lo quema por dentro. Decide que no va a perderla otra vez. Busca en internet y encuentra una clínica clandestina que ofrece un procedimiento experimental para agrandar vergas. Sin dudarlo, paga una fortuna y se somete a la cirugía. Tras semanas de recuperación, su polla es ahora un monstruo de 30 centímetros, gruesa, venosa y lista para la guerra. "Ahora sí, Patricia, vas a suplicarme," piensa, acariciando su nueva arma.

Una noche, después de acostar al niño, Braulio lleva a Patricia al cuarto. "Amor, tenemos que hablar," dice, con un tono serio que la desconcierta.

"¿Qué pasa, Braulio?" pregunta ella, desprevenida.

Él se baja los pantalones y deja caer su nueva verga, un pedazo de carne que parece de otro mundo. Patricia se queda con la boca abierta, sus ojos brillando de lujuria. "¡Dios mío! ¿Qué mierda te hiciste?"

"Esto es por ti, puta. Para que no necesites a esos cabrones," gruñe Braulio, acercándose con una mirada de depredador.

Patricia, aunque sorprendida, siente su coño chorrear al tocar la polla, pesada y caliente como un hierro al rojo. "Es... jodidamente increíble," murmura, lamiéndose los labios.

Braulio la empuja a la cama, le arranca la ropa y la penetra lento, estirándola como nunca antes. "¡Ay, Braulio, me estás partiendo en dos!" chilla ella, mientras él la folla con furia, sus bolas golpeando contra su culo nalgón. "¡Sí, papito, destroza este coño!" Patricia se corre una y otra vez, gritando como perra. Por primera vez en años, Braulio la deja temblando de satisfacción, pero ella sabe que su hambre no se sacia con una sola verga, por grande que sea.

La Competencia Caliente

El chisme de la nueva polla de Braulio corre como pólvora. Mutombo y Samil, que han seguido follando a Patricia a escondidas, se enteran y aparecen en la casa, listos para reclamar su territorio.

"¿Así que ahora tienes una pinga grande, cornudo?" dice Samil, mirando el bulto de Braulio con desprecio.

"Sí, y Patricia es mía, pendejos," responde Braulio, desafiante, con una confianza que nunca había tenido.

Patricia, siempre la zorra insaciable, interviene con una sonrisa traviesa. "Chicos, no peleen. Me encantan todas sus vergas. ¿Por qué no me follan todos juntos?"

Mutombo y Samil se miran, dudando. La idea de compartir no les gusta, pero sus pollas ya están duras. Braulio, cachondo y sin ganas de retroceder, asiente. "Si la puta quiere pinga, que tenga pinga."

En minutos, están desnudos en el salón. Braulio la mete por el coño, metiéndole cada centímetro de su nueva verga. Mutombo se apodera de su culo, taladrándola con brutalidad. Samil, con su polla aún más grande, le llena la boca, empujando hasta hacerla atragantarse. Patricia está en el paraíso, con tres vergas monstruosas destrozándola. "¡Siii, papitos, me están reventando!" gime, babeando y corriéndose sin parar, su cuerpo temblando de placer.

Pero las desconfianzas empiezan a surgir. Mutombo nota que Patricia chupa la verga de Samil con más ganas, mientras Braulio gruñe que ella aprieta más el coño con él. Samil, por su parte, cree que Patricia lo prefiere por su tamaño, pero no está seguro. "¿Cuál es su pinga favorita?" se pregunta cada uno, mientras la follan con furia.

Norma y los Celos

Norma, que siempre ha competido con Patricia, escucha los gemidos desde la calle y entra sin avisar. Ve a Braulio follando como toro y se moja al instante. "¡Joder, Braulio, qué pedazo de pinga!" dice, quitándose la ropa y mostrando sus tetas gordas y caídas.

Braulio, perdido en la lujuria, no se resiste. Mientras Patricia sigue con Mutombo y Samil, Norma se arrodilla y chupa la polla de Braulio, tragándola hasta la garganta. "¡Qué rica verga, cabrón!" gruñe, masturbándose con una mano.

Pero Norma no está solo cachonda; está celosa. Nota que Patricia recibe más atención, y la idea de que Braulio, con su nueva polla, prefiera a su amiga la quema por dentro. "Esa zorra no va a quedarse con todo," piensa, mientras chupa con más fuerza, decidida a demostrar que ella es mejor puta.

Benito y Leo se Unen

Benito y Leo, ahora en una relación abierta pero cada vez más posesiva, llegan y ven el desmadre. "¡Esto es una locura, papito!" dice Benito, mientras Leo lo pone en cuatro y le mete la verga por el culo. "¡Ay, sí, rómpeme el culito!" chilla Benito, pero sus ojos están fijos en la polla de Braulio.

Benito se acerca, con su caminar amanerado. "Déjame probar, papi," suplica a Braulio, quien, en pleno frenesí, lo deja chupar mientras sigue follando a Norma. Pero Leo, viendo a Benito babeando por otra verga, siente una punzada de celos. "¿Y yo qué, maricón? ¿No te basta mi pinga?" piensa, embistiendo más fuerte.

Las desconfianzas crecen. Benito empieza a sospechar que Leo está más interesado en Patricia, mientras Leo cree que Benito prefiere a Braulio. Cada uno se pregunta: "¿Quién es la putita favorita? ¿Quién tiene la mejor verga?"

El Giro Bizarro

En medio de la orgía, con el aire apestando a sexo y sudor, Patricia suelta una bomba que detiene a todos. "¡Estoy embarazada otra vez!" jadea, con Mutombo todavía en su culo y Samil en su boca. "Son gemelos. Uno es de Braulio y el otro de Samil, porque me cogieron el mismo día."

Todos se congelan. "¿Qué mierda?" dice Braulio, sacando la polla de Norma.

"Es raro, pero los médicos lo confirmaron," explica Patricia, todavía cachonda, con la verga de Mutombo palpitando en su ojete. "No sé cómo pasó, pero estoy preñada de los dos."

Mutombo, furioso, grita: "¡Yo te he follado más que nadie! ¿Por qué no es mío?"

Samil, con una sonrisa de cabrón, responde: "Porque mi pinga es la mejor, pendejo."

Braulio, sintiendo su orgullo renacer, añade: "Mi nueva verga no se queda atrás. Patricia es mía."

Norma, celosa, interviene: "¡Esa zorra no merece todo esto! Yo también quiero una pinga así."

Benito, no queriendo quedarse fuera, chilla: "¡Y yo! ¡Samil, Braulio, fóllenme a mí también!"

Leo, frustrado, gruñe: "Todos están locos por las vergas de esos cabrones. ¿Y yo qué?"

La habitación se llena de gritos, insultos y gemidos. Nadie sabe quién es el favorito, y las desconfianzas se disparan. Patricia, en el centro de la tormenta, se relame, disfrutando del caos. "Que peleen por mi coño," piensa, tocándose mientras los observa.

La Tensión sin Resolver

La orgía continúa, pero las grietas entre los personajes se hacen más profundas. Mutombo empieza a planear cómo desplazar a Samil, seguro de que Patricia aún lo prefiere por su conexión pasada. Samil, confiado en su polla suprema, trama cómo mantener a Patricia solo para él. Braulio, con su nueva verga, cree que puede reconquistar a su mujer, pero teme que ella siempre busque más.

Norma y Benito, consumidos por los celos, susurran en un rincón. "Esa puta de Patricia no puede quedarse con todas las pingas," dice Norma. "Tenemos que hacer algo."

"Siii, mami," responde Benito. "Vamos a joderla. Si Samil viene, será nuestro."

Leo, mientras tanto, observa desde un lado, con la mente trabajando. "Si no puedo tener a Patricia, encontraré la forma de meterla en problemas," piensa, recordando que sabe demasiado sobre sus aventuras.

Patricia, en medio de todo, sigue siendo follada por las tres vergas, pero su mente está en el futuro. "Con gemelos de Braulio y Samil, voy a tener a estos machos peleando por mí para siempre," piensa, sonriendo mientras se corre otra vez.

La casa está llena de gemidos, nalgadas y el sonido de pollas entrando y saliendo. Nadie sabe quién ganará esta guerra de lujuria, pero una cosa es segura: la ciudad seguirá temblando con sus deseos desenfrenados.