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Triosmay 2025

Una ejecutiva para mi marido

Sara sabía que Luis la había excitado con otros hombres, pero esta noche la venganza será dulce. En el bar del hotel, una rubia de mirada penetrante y figura irresistible se cruza en su camino. Lo que empieza como una conversación en la barra se transforma en una invitación prohibida a la suite, donde los límites del matrimonio se desvanecen entre el deseo de dos mujeres y la pasión de un hombre.

jovenesalegres10K vistas9.0· 6 votos

NOTA DE LA AUTORA: Este relato se puede leer de forma independiente, aunque tiene más contexto si se lee antes el relato "Unos jovencitos para mi mujer" de jovenesalegres.

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La noche envolvió la ciudad con su manto oscuro, mientras Luis y Sara, el matrimonio apasionado, regresaban de una deliciosa cena en un restaurante cercano. La excitación aún latía en sus cuerpos tras la intensa experiencia de esa mañana, donde Luis había cumplido la fantasía de Sara de tener una aventura con otros hombres.

Sara, con su belleza cautivadora, decidió prolongar la noche en el bar del hotel mientras Luis, cansado pero satisfecho, se retiró a la habitación para leer un rato antes de dormir.

La joven esposa, con su cabello negro como la noche y su piel clara resplandeciendo bajo la tenue luz del bar, se sentó en uno de los taburetes y pidió al camarero un "gin tonic", su bebida favorita. La atmósfera del lugar era acogedora, con una música suave que invitaba a la relajación.

En ese momento, una mujer entró en el bar, captando la atención de Sara. Era una rubia de ojos azules, con una figura impresionante que se adivinaba bajo su traje ejecutivo. Se sentó justo al lado de Sara, y el camarero se acercó para tomar su pedido.

—Un gin tonic, por favor —pidió la recién llegada con una voz suave y sensual.

Sara no pudo evitar mirarla con curiosidad. La mujer debía tener su misma edad, aunque su apariencia era tan fresca y radiante que podría haber pasado por una estudiante universitaria.

—¿De viaje de negocios? —preguntó Sara, rompiendo el hielo.

La rubia sonrió y asintió. —Sí, soy directora de Marketing y estoy aquí para una conferencia. Natalia, encantada —extendió su mano presentándose.

—Sara, un placer —respondió, estrechando su mano y sintiendo una corriente eléctrica recorrer su cuerpo.

—¿Y tú? ¿También de viaje de negocios? —inquirió Natalia, mostrando interés.

—No, estoy aquí con mi marido —dijo Sara, sonriendo al recordar la aventura de esa mañana—. Pero él se fue a leer al cuarto y yo he preferido quedarme un rato más.

Natalia asintió comprensiva.

—Entiendo, a veces es bueno tener un poco de tiempo para uno mismo. ¿Y qué te trae por esta ciudad? —Sara se sintió cómoda con la conversación y decidió ser sincera.

—Bueno, digamos que mi marido y yo estamos explorando nuevas experiencias —dijo con una sonrisa pícara mientras Natalia arqueaba intrigada una ceja.

—¿En serio? ¿Qué tipo de experiencias?

Sara se acercó un poco más a Natalia, bajando la voz.

—Digamos que esta mañana Luis me ha hecho un regalito bastante íntimo —susurró, sintiendo un escalofrío al pronunciar esas palabras.

—¿Un "satisfayer"? —preguntó sonriente.

—No exactamente... más bien varios jovencitos...

La rubia se quedó boquiabierta, pero rápidamente recuperó la compostura.

—¡Vaya! Eso sí que es una experiencia única... ¿Y cómo fue? Yo no sabría hacer con tantas pollas.

A Sara le gustó el desparpajo de su nueva amiga. Sonrió y se pasó la lengua por los labios, recordando los momentos intensos.

—Fue increíble... Me sentí deseada, adorada por esos hombres. Fue una sensación de poder y placer que nunca había experimentado.

Natalia se mordió el labio inferior, visiblemente excitada por el relato de Sara.

—Suena... excitante. Nunca he tenido una experiencia así... no sé si me atrevería a probarlo.

La conversación fluía con naturalidad, y ambas mujeres se sentían cada vez más cómodas. Sara se dio cuenta de que Natalia era una mujer apasionada y curiosa, y no pudo evitar sentirse atraída por ella.

—¿Y tú? ¿Has tenido alguna aventura fuera de lo común? —preguntó Sara, sintiendo una creciente curiosidad por conocer más a esta enigmática mujer.

Natalia sonrió misteriosamente, dejando la pregunta en el aire...

La mujer, con una mirada penetrante, se inclinó un poco hacia Sara, creando una atmósfera de intimidad entre ellas. Su voz, suave y cargada de una sensualidad innata, resonó en la pequeña burbuja que habían creado en el bar del hotel.

—Viajar por trabajo tiene sus ventajas y desventajas —comenzó Natalia, con una sonrisa enigmática—. A veces, la soledad puede ser abrumadora, pero también te da la oportunidad de vivir experiencias únicas.

Sara, intrigada por las palabras de Natalia, se acercó un poco más, sintiendo la calidez de su cuerpo y el aroma afrutado de su perfume.

—¿A qué te refieres? —preguntó Sara, con una curiosidad que iba más allá de la simple conversación.

Natalia tomó un sorbo de su bebida, saboreándola lentamente antes de responder.

—Bueno, digamos que he tenido encuentros interesantes en mis viajes. A veces, cuando la soledad aprieta, una se anima a explorar nuevas posibilidades.

La confesión de Natalia encendió una chispa de excitación en el interior de Sara. La idea de que esta mujer, tan segura de sí misma, hubiera vivido aventuras secretas la cautivaba.

—¿Encuentros? ¿Con quién? —preguntó Sara, sintiendo cómo su corazón latía con más fuerza.

Natalia se relajó en el taburete, como si estuviera recordando cada momento con placer.

—Con desconocidos... A veces uso aplicaciones de citas, otras veces simplemente conozco a alguien en el hotel. La verdad es que he tenido suerte y he encontrado a algunos hombres muy atractivos y apasionados.

Sara imaginó las escenas que Natalia describía, sintiendo un calor creciente en su cuerpo. La idea de tener aventuras ocasionales la excitaba, y más aún escucharlo de los labios de esta mujer tan enigmática.

—¿Puedes contarme algún caso interesante? —insistió Sara, con una sonrisa pícara.

Natalia no se hizo de rogar y comenzó a relatar una de sus experiencias más memorables:

—Recuerdo una vez en París. A través de una aplicación de citas me encontré con un hombre francés, alto y apuesto. Quedamos en un bar cerca del hotel. La conversación fluyó fácilmente, y antes de que me diera cuenta, estábamos en mi habitación, explorando nuestros cuerpos con una pasión desenfrenada.

Sara escuchaba atenta, imaginando la escena en su mente. La idea de un encuentro casual en una ciudad extranjera la llenaba de morbo.

—¿Y qué pasó después? —preguntó, ansiosa por conocer más detalles.

Natalia sonrió, saboreando el recuerdo.

—Después de esa noche, nos volvimos a ver un par de veces más durante mi estancia en París. Fue una aventura intensa y apasionada. Resulta que era un hombre casado con un matrimonio perfecto.

Sara se mordió el labio inferior, sintiendo cómo la excitación la invadía.

—Suena increíble... ¿Y aquí en España? ¿Has tenido alguna aventura local?

Natalia asintió, sus ojos brillando con una luz traviesa.

—Sí, de hecho, hace unos meses tuve un encuentro con un hombre español que trabajaba en este mismo hotel. Creo que hoy no trabaja o quizás ha tenido turno de mañana.

La idea de que Natalia hubiera tenido un romance con alguien del hotel excitaba aún más a Sara.

—¿Y cómo fue? —preguntó, sintiendo cómo su voz se volvía más ronca.

Natalia se acercó un poco más a Sara, susurrando:

—Fue salvaje y apasionado. Nos encontramos en el bar, como nosotras ahora, y cuando terminó su jornada, terminamos en mi habitación, haciendo el amor hasta el amanecer. Era todo un empotrador.

Sara se estremeció al escuchar las palabras de Natalia. La idea de tener un encuentro en el mismo hotel la llenaba de morbo.

—¿Y nunca has tenido un encuentro con una mujer? —preguntó Sara, con una curiosidad que iba más allá de la simple curiosidad.

Natalia se quedó en silencio por un momento, como si estuviera decidiendo si compartir ese secreto. Sus ojos azules parecían brillar con un fuego interno. Finalmente, respondió con una sonrisa traviesa:

—No, aunque debo de admitir que la idea me resulta tentadora.

Sara se sintió aliviada al saber que Natalia compartía su curiosidad. La idea de explorar su sexualidad con otra mujer la había rondado en la mente desde hacía tiempo, y ahora, frente a esta enigmática rubia, la tentación era irresistible.

—Yo tampoco he tenido experiencias con mujeres —confesó Sara, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza—. Pero siempre he sentido curiosidad. Y después de lo que mi marido organizó esta mañana, me gustaría devolverle el favor de alguna manera.

Natalia arqueó una ceja, intrigada.

—¿Devolverle el favor? ¿Qué tienes en mente?

Sara se mordió el labio inferior, sintiendo la excitación recorriendo su cuerpo.

—Bueno, tal vez podríamos... explorar nuestra curiosidad juntas y darle una alegría a mi marido. ¿Te gustaría?

La atmósfera en el bar se cargó de tensión y deseo.

Ambas mujeres se miraron a los ojos, compartiendo un momento de conexión intensa. La idea de un encuentro íntimo entre ellas se volvía cada vez más real.

—Me voy a la habitación —anunció Sara, su voz temblorosa. —¿Te vienes?

Natalia no dijo nada, sólo sonrió.

Terminaron sus bebidas, y Sara se levantó del taburete, sintiendo una mezcla de nerviosismo y excitación.

Natalia se puso en pie, sus altos tacones resonando en el suelo del bar y simplemente la siguió.

Caminaron juntas hacia el ascensor, sus pasos resonando en el silencio de la noche. La tensión sexual entre ellas era palpable, y Sara se preguntaba qué les depararía la noche.

Las puertas del ascensor se cerraron, encerrando a Sara y Natalia en un espacio íntimo y cargado de deseo. Sara, impulsada por la excitación, pegó su cuerpo al de Natalia, sintiendo la suavidad de su piel y el calor que emanaba de ella.

—Estoy deseando que lleguemos a la habitación —susurró Sara, mientras sus labios se encontraban con los de Natalia en un beso apasionado.

El ascensor subió lentamente, y en ese breve viaje, las mujeres se entregaron a un beso intenso, explorando sus bocas con una urgencia creciente. Sin darse cuenta, llegaron al séptimo piso, y el ascensor se detuvo.

Caminaron juntas hacia la habitación, sus tacones resonando en el pasillo. Sara abrió la puerta, y se encontró con una escena inesperada. Luis, su marido, estaba sentado en el sofá de la suite, leyendo un libro.

—¡Sara! —exclamó Luis, sorprendido—. ¿Quién es tu amiga?

Sara, con una sonrisa pícara, la presentó:

—Luis, ella es Natalia. Natalia, mi marido, Luis.

Natalia saludó con una sonrisa seductora, mostrando una seguridad que cautivó a Luis.

—Encantada, Luis. Tu mujer ya me ha contado el regalo que le hiciste esta mañana.

—¡Oh! La verdad es que lo disfrutó...

Las dos mujeres se sentaron en el sofá, quedando Natalia entre medias del matrimonio. La tensión sexual era palpable, y Sara, sin perder tiempo, se inclinó hacia Natalia, capturando sus labios en un beso apasionado.

Luis, sorprendido pero excitado por la situación, se acercó a Natalia, acariciando su cabello rubio y deslizando sus manos por sus hombros.

—Me alegra que hayas venido —susurró Sara en el oído de su nueva amiga.

Natalia se estremeció ante el tacto de Luis. Éste desabrochó la blusa de Natalia, revelando un sujetador negro que resaltaba sus pechos firmes, naturales y voluptuosos.

—Cariño, Natalia ha venido a ayudarme a compensarte por tu regalo de esta mañana...

Luis no pudo resistirse y acarició los pechos de Natalia, sintiendo su suavidad y firmeza por encima de la prenda íntima.

—Gracias mi amor. Me encanta... Y tú Natalia, ¡estás buenísima!

Natalia gemía entre los besos de Sara, disfrutando de la atención de ambos.

Luis le terminó de quitar el sujetador, y sus grandes pechos salieron a la luz. El matrimonió se amorró cada uno a un pezón, y lo chuparon como si fueran terneros en periodo de lactancia.

—Sois una pareja muy apasionada —dijo Natalia.

Sara le quitó la falda, dejando a la vista un tanga negro. Acercó lentamente su mano y la comenzó a masturbar con la maestría y acierto del placer que sólo una mujer puede dar a otra mujer.

Mientras, Luis besaba a Natalia en la boca y le tocaba los pechos con las dos manos.

—Ayúdame, cariño.

Luis se arrodilló junto a su mujer entre las piernas de Natalia. Le quitaron el tanga, revelando un sexo depilado y húmedo. Besó su vientre, bajando lentamente hasta llegar a su entrepierna. Natalia gimió de placer mientras Sara la saboreaba con delicadeza. Ambos juntaron sus cabezas frente al sexo de la chica, y sus lenguas bailaron chochando y hurgando en su clítoris. La invitada gemía y les acariciaba las cabezas.

—Oh sí, comedme así el coño... —dijo entre gemidos Natalia sin pudor.

La pareja se turnó haciéndole un cunnilingus mientras que la acariciaban a cuatro manos sin cesar.

—Ahora te toca a ti. Quiero que le comas la polla a mi marido.

—Si me lo pides así... —dijo Natalia arrodillándose frente al borde de la cama.

Luis se puso de pies, y su esposa le bajó el pantalón. Metió una mano en el calzoncillo y sacó el pene erecto. Sara lo sujetó por la base, mientras que con la otra mano acercaba la cabeza de su amiga.

Natalia se metió la punta en la boca sin dejar de mirarle a los ojos.

—Así, cómesela bien...

Sara le sujetaba el pelo hacia atrás mientras la besaba el cuello.

La joven ejecutiva fue acelerando el ritmo haciendo disfrutar al hombre. Después, Sara le sujetó la cabeza y la ayudó con el movimiento de succión.

—¿Te gusta cómo te la chupa, cariño?

—Sí, es increíble...

—Túmbate cariño, que he tenido una idea...

El hombre obedeció, y Sara indicó a Natalia que se encaramara encima, en la postura del 69. Ambos empezaron a chuparse mutuamente, pero para sorpresa de todos, Sara levantó las piernas de su marido y hundió la cabeza entre sus nalgas. Pronto, su lengua encontró su ano. Las dos mujeres tenían las cabezas muy juntas mientras que una hacía una felación y la otra un anilingus. Sara ascendió para chuparle los testículos a Luis ante la atenta mirada de su invitada. Pronto, ambas convergieron en el prepucio, mezclando sus lenguas contra el falo y chupando alternativamente la polla del hombre. Pasados unos minutos, Sara volvió a pedirle a su nueva amiga que cambiara de postura.

—Ha llegado tu hora. Natalia, túmbate bocarriba por favor, que ya es hora de que mi marido te reviente el coño.

La aludida emitió una risa nerviosa mientras se acomodaba en la cama con las piernas bien abiertas.

Luis le acarició los labios inferiores con la punta de su pene sin llegar a penetrarla.

Sara se acercó se interpuso entre aquellas dos piezas destinadas a encajar. Primero le lamió la punta del miembro a su esposo para luego, encaramarse encima de Natalia y colocar su propio coño sobre su cara.

—¡Vamos allá! —animó sintiendo la lengua de la mujer sobre su sexo.

El hombre no se hizo de rogar e introdujo lentamente su polla hasta el fondo de aquella mujer. Quietos en aquella postura, Sara comenzó a lamerle el clítoris, sintiendo cómo ella reaccionaba completamente excitada.

Luis comenzó un rápido mete-saca ante los gemidos de la joven.

—¡Así, vamos! ¡fóllatela bien! —increpó su mujer.

Ésta bajó un poco su succión para lamer el lateral del pene mientras se introducía sin parar en aquella vagina extramatrimonial.

—Venga, que yo también quiero —soltó Sara colocándose a cuatro patas al borde de la cama.

Natalia se inclinó hacia delante para ver qué pasaba, e imitó a su amiga, colocándose en la misma postura justo al lado.

Ambas mujeres comenzaron a besarse con pasión hasta que Luis sujetó a su mujer por las caderas, y comenzó a follársela de forma salvaje.

—¿No has tenido suficiente con todas esas pollas esta mañana?

—¡No!

—¡Pues toma! —gritó acelerando el ritmo.

En un momento dado se la sacó, y sin avisar, se la metió a Natalia repitiendo la intensa follada.

—Tengo una sorpresita más... —dijo Sara poniéndose en pie y yéndose al baño.

Luis frunció el ceño pero siguió bombeando sin parar.

A los pocos minutos, Sara regresó con un cinturón del que sobresalía un consolador. Se terminó de ajustar el arnés y pidió paso a su marido.

—¿Qué haces? —preguntó Natalia, aunque fue demasiado tarde.

Pronto Sara comenzó a penetrarla con aquel dildo de color negro

Luis se pegó a la espalda de su mujer besándole el cuello y manoseándole las tetas. La pidió que se quedara quieta un momento para, penetrarla.

Con un ritmo marcado por el hombre, los tres comenzaron aquel tren de penetración lleno de placer.

—Estáis hechos unos pervertidos —dijo Natalia.

—Y bien que te gusta —contestó Sara dándole un cachete en las nalgas.

—¿Por qué no le das a tu marido con eso?

Sara se giró para mirarle sonriente, pero este negó.

—Dejad mi culo tranquilo —respondió—, aunque creo que el de Natalia merece nuestra atención...

Sara se tumbó bocarriba y Natalia se subió encima de ella para cabalgarla. Mientras lo hacía, Luis jugueteaba con sus dedos, impregnados en lubricante, contra su ano.

Cuando sintió que la mujer estaba lista, comenzó a meterle su polla lentamente por el culo.

La pareja comenzó una doble penetración con su nueva amiga, quien gemía sin parar.

Cuando el trío no pudo más, paró un momento para beber agua.

—Cariño, ¿Cómo quieres correrte?

—Dentro de su coño, si a las dos os parece bien.

Natalia, con los cabellos pegados a la cara por el sudor asintió y se tumbó bocarriba. Luis se la metió de golpe, sin miramientos, y comenzó a follarla con fuerza en la postura del misionero. Sara le lamía y amasaba sus grandes tetas mientras la cara de su marido comenzaba a reflejar que estaba a punto de acabar.

Ella le besó en los labios, y él comenzó a derramar con fuerza una potente eyaculación en el interior de Natalia.

Pasados unos segundos se separaron, aunque Sara se acercó al sexo de la chica. Comenzó a lamerlo, tragándose los fluidos que manaban por la abertura.

Los tres se fueron a la ducha entre risas y agotados, enjabonándose y rozando los tres cuerpos.

Se despidieron, intercambiando los contactos, con la promesa de repetir otro día.

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