Fantasías de un Cornudo, la manosearon en el metro
El vagón se vacía, las puertas se cierran y el ruido del tren cubre los susurros prohibidos. Ella sabe que es arriesgado, pero la mirada de los desconocidos la enciende. Esta vez, no hay vuelta atrás.
Subimos al último vagón del metro y este venía solo con dos chicos sentados en el otro extremo, así que nos sentamos del otro lado y a los pocos segundos se cerraron las puertas y el vagón comenzó a moverse. Miré a Gabriela y su rostro lucía algo enrojecido y miraba para todos lados; era obvio que estaba nerviosa.
—Tranquila, Gabriela
—Es que estoy ansiosa, no sé qué esperar.
—Si va a pasar algo, pues se va a dar solo, no te preocupes.
Llegamos a la siguiente estación, las puertas se abrieron y solo entraron tres jóvenes y se sentaron a la mitad del vagón y uno de ellos volteó a vernos y después le dijo algo a los otros dos, pero no hicieron más bulla y algo me dijo que esos jóvenes también buscaban algo y de nuevo las puertas se cerraron y el tren emprendió la marcha y a los pocos minutos el vagón se detuvo e hizo un ruido extraño como si dejara salir gas y después de eso las luces bajaron de intensidad. Gabriela en ese momento me volteó a ver y yo le dije:
—Tal vez sea el momento, ¿quieres intentar algo?
Gabriela miro a todos en el vagón y para nuestra sorpresa los dos chicos que venían del otro lado tenían su propia fiesta y eso de cierta forma motivo a Gabriela y sin decirme nada se levanto y camino hacia los tres chicos y cuando estuvo justo a su lado se sujeto del tubo de arriba con ambas manos y de quedó quieta como si se estuviera ofreciendo a ellos y por unos instantes los tres jóvenes miraron sorprendidos si voluptuoso cuerpo y en especial sus piernas y uno de ellos que se veía que era el mayor puso su mano sobre la pierna de Gabriela y ella al sentir el tocamiento de aquel desconocido pego un brinco y el tipo pensando que se había equivocado de inmediato retiro la mano pero Gabriela le dijo,
—No, continúa.
El tipo, teniendo la aprobación de ella, ya con más confianza volvió a poner la mano sobre su muslo y continuó acariciándoselo, y ella miró a los otros dos tipos y les dijo:
-¿ustedes no me quieren tocar?
El tipo que estaba a un lado de su otra pierna, sin perder tiempo, metió su mano bajo la falda de Gabriela y comenzó a acariciar su muslo, pero ya de una forma más atrevida y en ese momento noté que el rostro de Gabriela se ponía bastante rojo y se le dibujaba una sonrisa; sin duda lo estaba comenzando a gozar.
—Qué bonitas piernas tiene, señorita.
-¿te gustan?
-claro,
Gabriela volteó a verme y después miró a los tipos y les dijo:
—¿Quieren ver bajo mi falda?
Los tres al unísono dijeron que sí y Gabriela en ese momento soltó el tubo y llevó sus manos hasta su falda y se la levantó lo suficiente para que el triángulo de su tanga quedara a la vista.
—¿Qué les parece, muchachos?
Los tres tipos clavaron sus miradas en el diminuto triángulo de tela que se asomaba entre las piernas de Gabriela y el mayor de los tres no lo pensó dos veces y le dijo:
—¿Y te la podemos quitar?
—Claro, chicos,
Aquel chico metió sus dedos entre la tanga de Gabriela y su piel y comenzó a jalársela hacia abajo hasta que logró dejarla a la mitad de sus muslos y su depilada pelvis quedó a la vista y Gabriela les dijo:
—Bueno, chicos, tenemos poco tiempo,
El mismo chico que le había bajado la tanga la jaló hacia el medio de los tres y metió su mano entre sus piernas y comenzó a frotar su vagina lentamente, provocando que Gabriela lanzara un gemido.
-!aaaayyy!,
Los otros dos, al tener a Gabriela ya lo suficientemente cerca, comenzaron a manosear sus piernas y sus nalgas y ella, al sentir las seis manos recorrer su intimidad y su cuerpo, solo comenzó a mover sus caderas y a gemir.
-!aayyy...siii..que bieenn..mmhhh!,
Todo estaba saliendo excelente, Gabriela estaba gozando tremendamente y yo tenía ya una erección tremenda y en ese momento me acordé también de que el vagón podría moverse en cualquier momento, así que aproveché que Gabriela volteó a verme y le hice una seña con la mano para que se apurara y ella, entre jadeos, les dijo:
—Vamos, chicos, háganme terminar.
El que le estaba frotando la vagina aceleró sus movimientos y Gabriela, al sentir los tocamientos ya de forma más rápida, dobló sus piernas y, sujetándose de los hombros de uno de los jóvenes, lanzó otro gemido.
-!aaayyyyyy...siiiii!...¡no pares!,
Aquel chico aceleró sus movimientos y los otros dos comenzaron a besar los muslos de Gabriela y ella, apoyada en los hombros de aquellos tipos, comenzó a gemir cada vez más.
-¡aayyy...siiii..asiiiii...daleee!,
Para ese momento, Gabriela ya tenía la falda en la cintura y los otros dos chicos apretaban, sobaban sus nalgas y hasta de vez en vez le daban de nalgadas.
-¡aaayyy...aayyyy...siiiii...maas!,
Gabriela sin duda estaba llegando al clímax y yo tenía una erección tremenda y, a los pocos minutos, Gabriela lanzó un gemido más fuerte.
-¡aayyy...ssiiiiiiii....yaaaaaa!,
Gabriela había terminado en la mano de aquel desconocido y con la respiración agitada, me volteo a ver y en ese momento el vagón comenzó a moverse y vi cómo los tres desconocidos le acomodaban la falda y ella, como pudo, se salió de entre los asientos y con paso lento caminó hacia mí y se sentó a mi lado y lanzó un suspiro y los dos contemplamos en silencio cómo el vagón llegaba a la otra estación y los tres chicos bajaron sin decirnos nada y sin mirar atrás y, cuando el vagón emprendió de nuevo la marcha, le dije,
—¿Qué te pareció?
Gabriela, con la respiración aún agitada, volteó a verme y me dijo:
—Fue... fue... excelente
En la siguiente estación bajamos del vagón y le pregunté a Gabriela,
-¿y la tanga?,
Gabriela miro hacia sus piernas y simplemente me dijo,
-no lo sé,
salimos de la estación y noté que a Gabriela aún le temblaban las piernas, pero por la sonrisa que tenía en el rostro sabía que le había encantado la situación.
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